CAPITULO 1: EL DESPERTAR

CAPITULO 1: EL DESPERTAR

19 de Abril.

Terry se pasó la mano por el rostro, y la incipiente barba le hizo pensar que debería haberse cambiado y afeitado. Cinco días llevaba sentado junto a la cama de Candy, mirándola…rezando…pidiendo un milagro para que ella pudiera despertar del coma, cansado de pensar una y otra vez sin hallar explicación al por qué se encontraba en aquel lugar.

Después de buscarla durante cuatro largos días, recibió la llamada que estaba esperando para saber de su paradero. Cuatro largos días de rabia, de resentimiento, de frustración…más de la que había sentido en toda su vida. Pero contrario a su pensar, la llamada no le había quitado un peso de encima…

La policía había notificado que el auto de su mujer se había salido de la carretera, que había chocado contra un árbol en plena tormenta y que la habían trasladado hasta un hospital en Newark, Nueva Jersey. ¿Qué demonios hacía su esposa en una carretera del estado de Nueva Jersey?

No quería hacer la pregunta, y tampoco le agradaba la idea de encontrar una respuesta. La miró con detenimiento: su cabello rubio esparcido sobre la almohada, la palidez de su rostro, su frente, con una hilera de puntos en el nacimiento del pelo. Lo único que deseaba era que ella despertara, que le sonriera de nuevo, como sólo ella sabía sonreír. No le gustaba verla atada a todos los cables, tubos y sueros. Una enfermera entraba a la habitación cada hora para tomarle sus signos vitales, y comprobar si había alguna respuesta neurológica. También, por la mañana, un fisioterapeuta la visitaba para mantener sus músculos en buen estado.

Personalmente, se había encargado de que tuviera lo mejor, pero el mejor de los tratamientos no había logrado hacerla despertar. Después de cuatro largos días de mirarla en ese estado, vio como levemente se movían sus dedos sobre la sábana. Su brazo se movió como si de una especie de milagro se tratara. Terry contuvo el aliento cuando notó que sus párpados se abrían lentamente para mostrarle los ojos verdes que ya conocía.

-Candy, Candy-le susurró-. ¿Me escuchas?

-¿Don…dónde estoy?-preguntó con debilidad.

-En un hospital de Newark. Te accidentaste en el camino.

-¿Newark? Pero no estaba en un camino, estaba en mi graduación. ¿Cómo llegué hasta Newark?, ¿dónde esta mi madre?... ¿Y tú…quién eres?

Terry se quedó sin habla, y fue cuando supo que algo muy malo había ocurrido. Ninguna de sus preguntas le pareció algo bueno.

-Candy, soy yo, Terry. Es imposible que no me reconozcas sólo porque no me he afeitado.

Ella lo miró con curiosidad y detenimiento.

-No te conozco. No entiendo que estoy haciendo aquí-trató de levantarse pero el dolor la hizo desistir de la idea y el monitor pitó a la vez que ella se llevaba la mano derecha a la frente y cerraba los ojos con fuerza.

Terry pulsó tres veces seguidas el botón de aviso.

-Recuéstate, Candy, no debes levantarte aún.

El simple roce de su mano con su cuerpo, apenas cubierto por un camisón, fue como un choque eléctrico. Abrió los ojos otra vez, y lo miró confundida.

-¿Quién eres?-le preguntó.

Terry comprendió que debía decir algo más que su nombre por el tono de voz que ella usó.

-Soy tu marido.

La confusión de su rostro se vio reemplazada por una expresión de alteración bastante obvia. La voz temblorosa de ella rompió la tensión.

-Llama a un médico, por favor. Ahora mismo.

Terry estaba acostumbrado a dar órdenes, no a recibirlas. Pero cuando entró la enfermera, hizo lo que Candy le pidió.

Una hora más tarde, todavía caminaba de un lado a otro en el pasillo, mirando la puerta de la habitación en la que su esposa era examinada. Sus ojos se cruzaron con un rostro familiar que se acercó a él.

Archibald Corwnell era su primo, pero también su amigo. Archie, su otro primo, Alister, y él habían pasado varios veranos juntos en la granja de su tía en Texas. Archie visitaba con más frecuencia a Terry que Stear, pues vivía cerca de Boston; Stear en cambio, se había hecho cargo de la granja Cowrnell.

Archie le había notificado que pasaría por el hospital para visitar a Candy. En ese momento, la llegada de su primo le pareció un consuelo.

Archie vestía un traje de etiqueta. Aunque siempre decía que vestía así de elegante por su trabajo en la multimillonaria fundación familiar, el vestir un traje de etiqueta para ese momento no tenía una excusa creíble; aunque Terry ya se había acostumbrado a verle siempre elegante, algo típico y característico de su personalidad. Cuando estuvo junto a él, palmeó su espalda antes de hablarle.

-¿Cómo está ella?

-Recién despertó. El médico la está examinando.

-¡Esa es una buena noticia! ¿Crees que le den de alta pronto?

-No me recuerda, Archie.

-¿A qué te refieres con eso de que no te recuerda?

Terry le respondió con un tono indescifrable, cabizbajo.

-No sabe cómo me llamo. ¡No recuerda que soy su marido!

-Estarás bromeando…eso de la amnesia sólo existe en las películas. ¿Crees que esté mintiendo por…?

Archie no pudo terminar la pregunta, porque justo en ese momento el médico salió de la habitación. No era difícil deducir que Archie trató de decir con palabras lo que él mismo estaba sospechando. El médico ganó toda su atención cuando estuvo frente a él.

-Sr. Grandchester, vamos a mi oficina, allí podremos hablar con más tranquilidad.

-Podemos hablar aquí, doctor. Él es mi primo y puede escuchar todo lo que tiene que decirme usted. ¿Por qué mi esposa no sabe quién soy?

-Las contusiones en sus costillas sanaran pronto, igual que las puntadas en su frente, pero el asunto de su memoria es otro.

-¿Qué quiere decir?

-No podemos saberlo, y tampoco podemos afirmar o negar si ella recobrará su memoria o si jamás podrá recordar el pasado.

-¿Dice que nunca recordará que soy su esposo?

-No puedo decirle si su amnesia se debe a un trauma del accidente o a un daño físico por el mismo. Según parece, la Sra. Candice recuerda todo hasta el día de su graduación en la universidad. No recuerda nada más después de eso. Imagino que se conocieron después, ¿no?

El significado de aquellas palabras le afectó bastante a Terry.

-Nos conocimos un día después de su graduación, en la fiesta que organizó su madre para celebrarlo.

-¿Podría haber algún motivo por el cual ella no quisiera recordar su relación con usted?

-Un segundo-intervino Archie-usted está diciendo...

El médico no le permitió continuar, pero le habló directamente a Terry.

-Estoy diciendo que, si quiere ayudar a su esposa a que se recupere, debe examinar la situación objetivamente. Lo físico y lo psicológico siempre van de la mano.

-¿Cree que esté mintiendo?

El doctor se volvió hacia Archie con una expresión seria, antes de contestar a su pregunta.

-La joven que acabo de examinar está asustada. Cree tener 21 años cuando en realidad tiene 26, porque no sabe como llegó hasta aquí, y porque no recuerda al hombre que dice ser su marido. No sé porque usted puede pensar que ella está fingiendo, pero su pulso y su respiración me aseguran que el pánico que sufre es real. Traten de no ponerla al tanto de todo, puede sufrir un colapso nervioso. Será lo mejor que recuerde todo por sus propios medios.

La realidad de Candy le hizo sentir a Terry que le había caído un piano desde un cuarto piso. Si antes su matrimonio necesitaba explicaciones, ahora no había ya nada. No tenían un matrimonio, no tenían una relación, ni siquiera el derecho que un mugroso papel de notaría podía darle como su esposo.

-Voy a pedir que la trasladen a una habitación normal y la tendré en observación hasta mañana. Si no hay ninguna complicación, le daré de alta el domingo. Aunque ella no deja de preguntar por su madre. Sería conveniente que regresara a casa con algún familiar.

Las palabras del médico trajeron a Terry a la realidad otra vez.

-La madre de Candy murió hace 3 años. No tiene más parientes. Yo soy su única familia. Regresará a casa conmigo.

Horas después, Terry yacía frente a la puerta de la habitación de Candy. Se sentía molesto consigo mismo por no poder controlar la mezcla de sentimientos que sentía: rabia, frustración, nerviosismo, impotencia, y esa sensación de haber sido traicionado y aún así, el deseo de verla recuperada, regresando con él a casa. Su mente ansiaba saber porque se había marchado…con quién habría estado. Pero ahora, debía ser paciente. Candy no podría responder sus preguntas si ni siquiera podía recordar su matrimonio.

Antes de entrar a la habitación, se prometió a si mismo hacerla recordar. Haría lo posible, y hasta lo imposible por ayudarla a recuperar su pasado junto a él, para tratar de seguir con sus vidas, para tratar de salvar su matrimonio.

Empujó con cuidado la puerta y sintió que debió tocar primero. Era difícil pensar que era un extraño para ella. Al momento de entrar, la vio sentada en una silla junto a una pequeña ventana. Ella se volvió al escuchar sus pasos.

-El doctor Hobart me dijo que mi madre murió hace tres años, por un ataque al corazón a causa de una enfermedad cardiaca de la que nada sabía. No me aclaró nada más. ¿Qué hice con su mansión? ¿Guardé algo de ella? ¡No puedo creer que alejara todo lo que era importante para mí!

En su rostro se evidenciaban las lágrimas, y Terry trató de situarse junto a ella. Tenía deseos de acariciar sus dorados rizos, de decirle que todo estaría bien, pero no tenía idea de cómo lo tomaría ella.

-Vendimos la casa de tu madre, no tuvimos otra opción. Tú seleccionaste las cosas que querías conservar. Escogiste varios muebles de su dormitorio y los colocamos en una de las habitaciones para invitados de nuestra casa, y también te quedaste con sus joyas y un armario lleno de sus recuerdos. Las cosas que ella guardaba de tu padre también las guardaste tú. Todo está en nuestra casa, Candy.

-Nuestra casa-Candy sacudió su cabeza levemente-. El doctor Hobart dice que quieres llevarme a casa contigo.

-Creo que eso puede ayudarte a recordar más rápido. Además, no tienes otro sitio a dónde ir.

-Pero no te conozco. ¡No puedo ser tu esposa cuando ni siquiera puedo recordar haberme casado contigo!

Iba a ser difícil, él lo sabía, pero ella, con sólo una afirmación, ya había levantado un muro de 20 metros entre ellos…un muro diferente al que los había separado en los últimos meses. Aún así, Terry se inclinó hacia ella, sintiendo esa atracción que siempre había entre ellos.

-Tal vez no me recuerdes, Candy, pero si me conoces. En el fondo, tu mente sabe quien soy.

Ella lo observó en silencio, tratando de analizar sus palabras y de reconocerlo en ellas.

-Te has afeitado-habló ella con suavidad después de un rato.

-Pensé que si me mostraba como en realidad soy me sería más fácil convencerte de regresar a casa conmigo.

-Al menos eres sincero-reconoció ella con una sonrisa.

-Es lo que siempre trato de hacer.

Cuando ella posó ambas manos sobre su regazo, sintió que estaba en presencia de la misma Candy de siempre, la mujer que deseaba más que a ninguna otra. Pero luego recordó que la mujer frente a él estaba muy lejana de ser la esposa que siempre tuvo a su lado.

-¿Tengo mi propio dinero? ¿Logré ser una pintora profesional?

Candy se había licenciado en Artes, pero su pasión era la pintura. Aún así, nunca le mencionó que deseaba trabajar como pintora profesional, aunque sí tenía su propio estudio repleto de pinturas y óleos en uno de los salones de la casa.

-El dinero de tu herencia está invertido. Nunca necesitaste trabajar porque mis negocios marchan muy bien. Pintar no ha sido tu mayor interés en los últimos años. Haces muchas labores de caridad…con mi madre.

-¿En qué trabajas?-preguntó después de asimilar todo lo escuchado.

-Soy analista de mercados financieros y director de mi propia empresa.

-Entonces, si no quisiera regresar contigo, no podría pagar un departamento.

El desafió que pintaron sus ojos con el nuevo planteamiento era algo que Terry no había visto hasta entonces.

-Tienes tu propia cuenta en el banco.

-Pero eres tú quien ingresa el dinero en esa cuenta.

La que era su esposa no preguntaba esas cosas. Su esposa no discutía con él.

-Sí, soy yo quien deposita el dinero. Mi padre también lo hizo con mi madre. Nunca ha sido un problema para ti. Y con respecto al departamento, si te marcharas a vivir a un entorno desconocido, no tendrías ningún incentivo para recordar.

-No sé si quiera recordar. No sé si quiero ir a una casa desconocida…con un hombre desconocido…

Terry notó el pánico que dejó entrever su tono de voz. Por un momento, se olvidó de las sospechas que tenía sobre su traición, y sólo pudo recordar el día en que se conocieron, las noches de pasión, la vida que habían construido juntos. La tomó de la mano antes de hablarle con suavidad:

-La casa es grande. Podemos dormir en cuartos separados. Y estoy seguro de que a Dorothy no le molestará quedarse por las noches hasta que te sientas mejor.

-¿Dorothy?

-Dorothy es nuestra ama de llaves. Ella y su marido, Tom, viven en una casa adyacente a los establos. Él se encarga de cuidar los caballos y los terrenos de la casa.

Candy apartó su mano y se separó de él levemente.

-El doctor Hobart dice que es posible que no recupere la memoria nunca.

¿Le molestaba su contacto?, se preguntó Terry antes de levantarse y dirigirse a la ventana, tratando de mantener su objetividad.

-El doctor también dijo que los recuerdos podrían volver muy pronto. ¿Te gustaría estar sola si eso sucede? Acabas de despertar del coma, Candy. No sabemos si tendrás repercusiones físicas, como mareos o dolores de cabeza. Dorothy puede cuidarte hasta que te recuperes bien si no te sientes a gusta conmigo.

Hizo una pausa para permitirle pensar.

-Esta bien, Terry. Regresaré a casa contigo. Creo que es lo más razonable que puedo hacer por ahora.

A pesar de todo, habían logrado llegar a un acuerdo. Un pequeño paso para un largo camino...

&

La mañana del domingo, Candy caminaba de un lado a otro en su habitación, deseando que el médico le diera de alta. Sentía que había recuperado fuerzas, aún cuando sus costillas le dolían, pero con algo más de tiempo sanarían por completo. Era difícil creer que sólo dos días atrás había estado en coma. Todo lo que el doctor Hobart y Terry le habían dicho todavía le resultaba difuso. Los únicos recuerdos que tenía concisos eran los de su madre…

Pensar en ella le removía el corazón, y se evidenciaba por las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. Había quedado huérfana de padre a los 16 años. Le dolía saber que la idea de caminar por la casa en la que había crecido, resultaba ahora absurdo.

Absurdo. Esa palabra tan se le empezaba a hacer frecuente. ¿No era absurdo también que se hubiera casado con un hombre como Terruce Grandchester y que no pudiera recordarlo? Su presencia emitía atracción, autoridad…y un atractivo sexual indiscutible. Su cabello castaño, sus extraños ojos azules, sus rasgos faciales firmemente definidos, sus labios…Candy podía jurar que aún sentía el calor del contacto de su mano cuando despertó, las mariposas en su estómago revoloteando cuando él la tomó de la mano.

Sus paradójicos ojos le enviaban señales de preocupación, otras de rabia. El día de ayer, no la había tocado. Sólo la observó desde la silla próxima a su cama, mientras le describía la casa que compartían, en Boston. Se sentía incómoda con él, y podía sentir que a él le sucedía lo mismo.

El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos, y se quedó estática por un momento, esperando encontrarse con la enfermera, pero sus ojos se cruzaron con la persona que estaba en sus pensamientos.

Ella vestida tan sólo con el camisón, se metió bajo las sábanas de la camilla. Terry suspiró como única respuesta.

-Estamos casados, Candy. Te he visto muchas veces con menos ropa que esa.

-Tal vez no me sentiría tan incómoda si tú no estuvieras tan vestido-alegó ella sin pensar realmente lo articulado.

No vestía elegante, pero Terry, con una camisa color crema, y unos pantalones marrones, ya le parecía muy masculino.

Él la miró sorprendido, pero luego le sonrió levemente con algo de picardía en sus ojos.

-¿Quieres que me quite la ropa?

Candy sintió como se ruborizaba, pero su verdadero motivo era la vergüenza que sentía de sí misma al reconocer que le hubiese gustado ver el torso desnudo del hombre frente a ella.

-Me gustaría tener algo de ropa para cambiarme-murmuró-. No puedo salir así…

Terry alzó la maleta de viaje que tenía en su mano izquierda y la colocó sobre la cama.

-Mi madre seleccionó esto para ti. Mi padre acaba de traerlo.

-¿Tu padre?

-Ha venido esta mañana en su avión. Es piloto de una avioneta. Hemos pensado que será lo mejor que viajes volando. No sería tan largo el viaje.

-¿Siempre decides por mí?-preguntó ella sin sentirse bien ante la idea de que su vida fuese controlada.

-Sólo estaba pensando en tu comodidad.

-No sé si me gusta la idea de volar en una avioneta.

-No es la primera vez que vuelas con él. Es un buen piloto.

-No recuerdo nada…

Terry se sentó en el borde de la cama de ella.

-Justo por eso, porque no recuerdas, vas a tener que confiar en mí.

-La confianza demanda tiempo.

-Y también práctica, como todo en esta vida. Podrías empezar con el viaje en la avioneta-le sugirió con un tono neutro.

Candy cerró sus ojos y respiró hondamente. Pensó en las circunstancias que enfrentaba y decidió que no tenía muchas opciones.

-De acuerdo, Terry. Empezaré con eso.

-Bien. Mi madre ha sacado de tu armario la ropa que hay dentro-le señaló la maleta.

Con lentitud, ella abrió el bolso que tenía en frente. Observó un jersey verde oscuro y unos pantalones negros. Estudió con aprensión la ropa que tenía en sus manos, pero aún eso era algo desconocido para ella, tal como la mansión de ambos que no recordaba.

-El doctor Hobart dice que no debes presionarte. Eso podría imposibilitar el hecho de que recuerdes las cosas.

-También dijo que hasta el mínimo detalle podría hacerme recordar todo.

-Me ha puesto en contacto con un neurólogo en Boston. Ya hemos hablado con él. Haremos todo lo posible e imposible para que te recuperes pronto.

El tono de voz de él denotaba preocupación. Tampoco él la estaba pasando bien. Se comportaba como un amable extraño, pero si iban a vivir juntos, tenía que responder muchas preguntas…tenía que preguntarle.

-Aunque no lo creas, lamento lo que has vivido, Terry. Sé que esto no es fácil para ti, pero…me gustaría saber más. De ti, de nosotros. ¿Por qué estaba en Newark? ¿Qué estaba haciendo allí?

La preocupación desapareció del rostro de Terry, y al instante su expresión se endureció.

-Hay muchas preguntas, de las que sólo tú tienes respuestas. Nadie más podrá responderte-le dijo con frialdad a la vez que se levantaba y rompía la cercanía entre ellos-. Debes vestirte. Yo me ocuparé de arreglar el papeleo.

La duda y la incertidumbre se apoderaron de ella cuando él abandonó la habitación. Por instinto, supo que si no tenía cuidado, aquél hombre sería una fuerza dominante en su vida, algo que no le había consentido a nadie jamás. Volvería con él a esa casa, pero su precaución estaría presente.

&

Un lindo camino adornado de verdes árboles era recorrido por la refulgente limosina que marchaba a la suntuosa mansión. Candy estaba acostumbrada a las cosas buenas, pero entendió que Terruce Grandchester tenía que ser un hombre muy adinerado para gozar de aquellos lujos.

Durante el viaje en la avioneta, el padre de Terry, Richard, se había comportado como un caballero con ella, asegurándole repetidas veces que era un experto piloto. Sentado frente a ella, en la limosina, le habló con una sonrisa.

-Mi hijo siempre ha sido muy perseverante. Me sentí algo decepcionado al saber que Terry no se uniría a mi empresa para iniciar la suya, pero la verdad es que su madre y yo nos sentimos orgullosos de él.

A Candy le gustaba la sonrisa de Richard, y la sinceridad que expresaban sus palabras. Padre e hijo mantenían una relación muy formal, pero se apreciaba un gran respeto entre ellos. Ella no pudo responder a su comentario, porque el conductor detuvo el auto frente al porche. Terry abrió la puerta y la ayudó a descender a ella.

Subieron las escaleras juntos pero no se rozaron. Richard los seguía en silencio. Cuando las puertas de la mansión se abrieron, Candy pudo distinguir a una mujer rubia y no tuvo problemas en adivinar que aquella mujer era la madre de Terry. Tenía los mismos ojos, y varios de sus rasgos eran iguales, aunque más suavizados.

Alargó una de sus manos hasta Candy antes de hablarle.

-Soy Eleanor, la madre de Terry. Me alegra que hayas regresado a casa, Candy. ¿Estás cansada por el viaje?

-Un poco-reconoció Candy.

Eleanor enlazó su brazo con el de ella y los cuatro juntos siguieron hasta el interior.

-Le he pedido a Dorothy que nos prepare algo para almorzar. ¿Prefieres que te llevemos la comida a tu habitación?

Candy estudió el lugar en cuestión de segundos. El suelo reluciente de madera, la escalera curva, el gran espejo junto al armario de tallada madera. Nada en ese vestíbulo le parecía familiar.

-No lo sé…

-Creo que necesita adaptarse primero-exclamó una voz desde el umbral de la puerta que llevaba al salón.

Candy se topó con unos ojos marrones que parecían estudiarla, indagar en sus propios pensamientos.

-Él es Archie, mi primo. También te visitó en el hospital, pero no se presentó entonces para no confundirte con otro rostro desconocido. ¿Quieres acompañarnos en el comedor, o prefieres comer sola en la habitación?

La mirada de Archie era retadora. Él, al igual que los demás, conocía su pasado al lado de su esposo. Ella no. Tenía hambre, pero nunca lo habría dicho.

-Los acompañaré. Puedo descansar más tarde-contestó tratando de sonreír para ser convincente.

Terry la tomó de la mano para guiarla.

-El comedor es por aquí. Mamá, ¿te molestaría decirle a Dorothy que ya puede servir el almuerzo?

Había cogido su mano en un gesto protector, pero la sensación del contacto le había dicho a Candy en lo profundo de su ser que había sido amada por ese hombre…o al menos, se sentía atraída por él.

Mientras Dorothy servía la comida, Candy trataba de responder coherentemente cuando alguien le hacía una pregunta. Durante el almuerzo, el tema de la charla giró en torno a personas y sucesos que ella no recordaba. Se le hacía agotador el simple hecho de levantar su tenedor, y las costillas le dolían cuando respiraba.

Al servir el postre, la asistenta colocó un pastelillo de frutas en el plato de ella, y Candy se animó a hablarle:

-Se ve deliciosa, pero me gustaría comer el mío más tarde.

Dorothy, una mujer un poco mayor que ella, con una expresión de curiosidad la miró.

-Como prefiera usted, señora. Avíseme cuando le apetezca comerla.

Después de disculparse y regresar al vestíbulo, Candy se detuvo en uno de los primeros escalones. No sabía a donde ir. Se apoyó en la barandilla de madera de la escalera, sintiendo el cansancio adueñarse de su cuerpo. De repente, Terry apareció junto a ella.

-¿Te sientes bien?

Tratando de usar las pocas fuerzas que tenía, se irguió y cuadró los hombros.

-Sí. ¿Puedes decirme dónde está mi cuarto?

Él se acercó más a ella, y apoyó su mano derecha bajo su mentón para mirarla.

-Parece que estás a punto de desmayarte-la tomó en brazos sin ninguna advertencia.

-¿Qué estas haciendo? Puedo caminar yo sola.

-Antes no discutías por pequeñeces como esta. Y a no ser que estés dispuesta a que llame al doctor ahora mismo, te sugiero que cooperes.

-No voy a permitir que decidas por mí-replicó ella-. Tal vez no pueda recordar todo mi pasado, pero eso no me convierte en una inválida.

-No eres una inválida, pero sí una mujer que necesita recuperarse. ¿O es que ya olvidaste el accidente que sufriste?

Candy creyó notar una especie de rabia en sus palabras. Para mantener el equilibrio, le rodeó el cuello con ambos brazos, quedando su rostro muy cerca del suyo. El olor de su colonia mezclada con otro aroma masculino le aceleró el pulso y le hizo sentir una sensación parecida al aturdimiento. Aún así, se animó a preguntarle:

-¿Crees que en verdad tengo amnesia?

Terry no le respondió hasta llegar arriba. Se detuvo frente a la segunda puerta a la izquierda y allí la soltó con delicadeza.

-El doctor dice que no recuerdas. Tú misma dices no recordar nada.

-No has respondido a mi pregunta. Me gustaría saber la razón que te mueve a pensar que finjo no recordar nuestro matrimonio.

-No puedo responderte eso.

-¿No puedes, o no quieres, Terry?

Él alzó su mano derecha y le acarició la mejilla mirándola con intensidad.

-Eres muy diferente desde que despertaste del coma. Pareces la misma, tu voz suena igual. Pero eres diferente.

-No te entiendo.

-Creí que te conocía…pero ahora no sé si te conozco. Siempre fuiste muy tranquila, no protestabas, no cuestionabas mis decisiones.

Era cierto. Ella siempre había sido reservada y sumisa. Pero también sabía dirigir su vida. ¿Cuánto habría cambiado desde que lo conoció? ¿Por qué cambió, por él? ¿Por amor?

-No tengo ni idea de cómo era contigo. Realmente, no puedo recordarlo.

Después de unos segundos de silencio, en los que ambos se miraban con curiosidad, con recelo, posteriormente, Terry se apartó y abrió la puerta.

-Es nuestro dormitorio.

Candy avanzó hasta el interior. Tan elegante y formal como el resto de la mansión, la alcoba parecía la portada de una revista de decoración. La cama de madera cerezo, el tocador con un jarrón de cristal lleno de rosas en el centro, un joyero a un lado y al otro una fotografía de ambos. La fotografía de su boda. La habitación era grande, pero la cama parecía llenarla por completo.

Un pensamiento pasó veloz por su mente. Habían compartido esa cama. Cuando miró a Terry supo que él estaba recordando cosas que ella no podía recordar. Se preguntó si estaría pensando en lo que habían perdido o en algo que lo hiciera dudar de ella.

-Es un dormitorio muy lindo-habló para romper la tensión. Se acercó hasta la cama y se sentó en el borde.

Terry se acercó a ella con lentitud.

-Tu armario es el de la izquierda. Tus camisones y pijamas están en el lado izquierdo del vestidor. ¿Te gustaría cambiarte?

Candy supuso que él sabía cuál era su pijama preferido y dónde estaría guardado. Quería revisar el armario, pero sin la presencia de Terry frente a ella. Revisar la habitación sin que él estuviera presente le podría ayudar a concentrarse más.

-No. Prefiero descansar así un rato.

Señaló una puerta antes de hablarle otra vez:

-Hay un jacuzzi ahí, en el baño.

-Ya he tomado un baño antes de salir del hospital.

-Antes te gustaba tomar baños de sales.

-¿Contigo?-preguntó Candy, mirándolo a los ojos.

Creyó ver como él se ruborizaba unos momentos antes de contestar.

-No soy muy aficionado a las sales.

Un silencio algo incómodo entre los dos se hizo presente. La pregunta anterior parecía haberse quedado en el aire.

-Te ves algo pálida. Te dejaré para que descanses. Hay un botón en la pared, junto al buró. Dorothy lo oirá si lo pulsas y te dará lo que necesites.

-Agradécele a tus padres y a Archie por haberme recibido, aunque no entiendo mucho por qué vino tu primo aquí-la mirada de Archibald le decía que él tampoco creía en su amnesia.

-Archie y yo somos más que primos. Somos amigos. También se ha preocupado por ti.

-Y por ti.

-Seguramente. Recuéstate para que pueda cubrirte con la colcha.

La orden de Terry la hizo pensar en discutir, pero el tono de su voz había sido amable. Se quitó los zapatos y se acostó para que él pudiera cubrirla con la colcha que yacía doblada a los pies de la cama.

Su profunda mirada sobre ella le hacía imposible cerrar los ojos. Pensó en la facilidad con la que él la había levantado en brazos, en su duro y cálido cuerpo presionado contra el de ella.

-Gracias.

-¿Por qué?

-Por traerme aquí. Por tratar de entenderme.

-Pero no entiendo-el tono que usó él le dio a entender a ella que no se refería solo a su amnesia. Señaló con su cabeza el botón, nuevamente-. Llama si necesitas algo.

Con el mismo silencio, se alejó del lecho para salir de la habitación sin agregar nada más.

Notas finales:

¡Hola! Antes que nada, quiero agradecerles a todas sus palabras: me alegra que les haya parecido interesante el inicio del fic, y a todas le prometo que los capítulos ahora serán más largos; pues esta historia es un poco diferente a las que ya se han escrito, y puedo decir que habrá drama, amor y sobre pasión. Y antes de olvidarlo, quiero darle las gracias a la PknaPcosa, porque gracias a ella he podido publicar este fic. Lo hice como un regalo para ella y ahora que tengo su consentimiento para publicarlo lo hago, eso amerita un aplauso para ella, ¿verdad? :-)

Me despido y regreso en una semana, espero complacerlas y mantenerlas entretenidas. Cualquier cosa, ya saben, un review lo dice todo. ¡Nos leemos pronto!

Karlina.