Estamos en el Segundo capitulo y la historia apenas comienza a si que no coman ansias, jajajajaja, bueno pues espero que lo disfruten y nos leemos abajo.


Capítulo 2

Una nueva tierra comenzaba a tomar forma a la distancia, sería su nuevo hogar, encontraría ahí una nueva familia, tendría todo lo que una jovencita soñaba, pero sobre todo lo tendría a él, a el hombre de su vida, el elegido de su corazón, Terrece era todo lo que una señorita bien podía desear.

Terrece no había insistido en dormir con ella después de su primera noche a bordo, y ella agradecía interiormente el no haberse equivocado sobre el, sabía que a pesar de lo que todos dijeran él era un caballero, en ese momento ambos sonreían mirando por la borda hacia el "viejo continente" que sería su hogar de entonces en adelante, Candy mantenía en su mente todos los momentos vividos en aquel barco, los guardaría como un gran tesoro de sus primeros días como "esposa", no habían salido mucho a cubierta, solo por la noche, terrece le había confesado que no le gustaba mucho la vida social y que por ello prefería mantenerse alejado de los eventos sociales que se realizaban en el barco, ella acepto, sobre todo cuando él le dijo al oído que no deseaba compartir su belleza con nadie, pero aun así habían compartido momentos maravillosos observando las estrellas por la noche y escuchando el oleaje del mar quebrándose al paso del barco, el clima estaba un poco frio pero el la cobijaba con su abrazo haciéndola sentir el calor de su amor, una amor tan grande y eterno como el ancho mar, pero ahora que estaban a punto de llegar a su nuevo hogar… seguro todo sería diferente, el tendrían que realizar alguna serie de festejos para su presentación como futura esposa del futuro duque, y por supuesto sería presentada a la reina en un evento del palacio, estarían muy ocupados cumpliendo con todas las invitaciones a los diferentes eventos en su honor, pero lo que a ella más le importaba de todo aquello, era que todo Inglaterra sabría pronto que ella era el amor de terrece y él era su vida.

-Porque sonríes de esa manera mientras me miras?.- le pregunto el poniéndose un poco serio.

-Pensaba que te ves hermoso cuando tu pelo esta libre y no bajo esa gorra de capitán que tienes que usar.

-MM, no te preocupes, en cuanto lleguemos a tierra no tendré que usarla más, además he pedio licencia indefinida para pasar más tiempo contigo, no quiero tener que dejarte ahora que te tengo solo para mí...- le besaba en la mejilla y ella se sonrojaba al notar que un par de personas que ya habían subido a cubierta los observaban.

-Terrece, no es adecuado hacer eso en público…- comentaba en voz baja y sonrojándose ante el atrevimiento.

-Tienes razón, mejor, será mejor que vayamos al camarote para ver si ya está listo el equipaje, apenas lleguemos a tierra deseo ser el primero en bajar al puerto.- la tomaba de la mano para que caminara junto a él.

-Pensé que seriamos los últimos, no debes quedarte hasta que todos se hayan ido?.- pregunto, pues siendo el capitán debía entregar un informe de que todo había salido bien y si no estaba presente, como elaboraría dicho informe?.

-No, mi segundo al mando se encargara de todo, nosotros tenemos que partir de inmediato porque me esperan en un lugar que será muy importante para ambos.

-Una sorpresa?!- pregunto emocionada.

- sí... si, eso exactamente, una sorpresa.- dijo el apresurando el paso al ver que la mayoría de los pasajeros ya estaban llenando los pasillos para asistir al comedor en lo que seria el ultimo desayuno abordo.

-Qué bueno, tal como lo pedí… todo está preparado.- al entrar en su camarote, con una expresión de alivio veía que sus pertenencias estaban listas.

La pequeña valija de viaje que llevaba candice, estaba preparada junto al elegante equipaje de terrece. habían sido solo un par de vestidos y alguna ropa de cama que ella llevara, por ello también se había visto aliviada de no tener que aparecer tanto frente a los demás pasajeros, pues todos hubiesen notado que repetía demasiado su vestimenta, a bordo no hubo forma de conseguir algo más para extender su guardarropa, pero eso también cambiaria, estaba segura que terrece comprendería el apuro con el que tuvo que escapar de casa y por ello no había podido llevar más de su vestuario normal, pero ahora que sería su futura esposa tendrían que renovar su guardarropa por completo… un pendiente más que agregar a la lista.

-Desayunemos, en cuanto vengan por el servicio también recogerán nuestro equipaje, seremos los primeros en bajar del barco, así que debemos estar preparados.

Terrece era un mandón, pero un mandón adorable, y más cuando sonreía de esa manera que ponía a sus piernas a temblar y la dejaba deseando una de esas sesiones de húmedos besos que compartieran en su habitación durante sus días sobre el mar, el sonrojo volvió a aparecer en su rostro y al parecer alerto a terrece sobre sus deseos, pues él se acercó y comenzó a besarla como si ella fuera el desayuno.

-No puedo espera a estar en tierra para poder disfrutarte por completo…- susurro a su oído y ella sintió que su cuerpo se estremecía.

El carruaje que los llevaba no era lo que ella esperaba para el hijo de un duque, había algo raro en el comportamiento de Terrece, parecía como si no deseara que nadie supiera que estaba de regreso, habían tomado un carruaje de alquiler y ya llevaban un buen tiempo en este, cruzaron casi toda la ciudad y se dirigían a un barrio bastante común y a las orillas de la misma. Lo poco que veía por entre la cortinilla cerrada no hablaba de ningún castillo o casa de ciudad, era más bien un barrio donde los vendedores ambulantes estaban en cada esquina, pasaron un pequeño mercado y ahora se dirigían a lo que parecía un edificio decente de varios pisos pero no lucia como una casa particular o semejante, se detuvieron frente a este.

-Hemos llegado señor…- el conductor se bajaba para comenzar a desatar el equipaje. Pero, para su sorpresa solo su maleta esperaba al pie de la puerta cuando bajo del carruaje ayudada por terrece, y era la de ella, se volvió a verlo sin poder ocultar su confusión.

-Gracias, lleve por favor lo demás a la dirección que le dije… y entregue esto.- Terrece ignorando la expresión en el rostro de Candice se dirigió al cochero y le dio un pequeño sobre con una nota que había escrito durante el camino y ocultado en el bolso interior de su chaqueta.

-No es ese tu equipaje?- pregunto no logrando contenerse más y tratando de que no se molestase por la pregunta.

- No, son algunas cosas que me encargaron unas amistades, debo entregarlas y me temo que no podre estar hoy contigo como planeamos… pero te prometo que mañana a primera hora estaré contigo para ya no separarnos…- le decía tomándole la cara entre sus manos y besando su frente.- no te preocupes te dejo en buenas manos, la casera es una vieja muy amable que conozco desde niño… casi es como si fuera mi segunda madre, por eso te he traído aquí antes de llevarte con mis padres, ella te prepara como debe ser.

Terrece acaricio la nariz de la joven y esta le sonrió creyendo en sus palabras, comenzó a alejarse en cuanto una anciana apareció al segundo llamado en la puerta, la mujer miro a candice de pies a cabeza y sonrió con burla y lastima… después le indico que la siguiera sin mostrar mucha simpatía.

El lugar no era lo más elegante que ella hubiera visto, tenía algunos detalles que mostraban el paso del tiempo, pero por lo menos era limpio, no podía decir con certeza cuantas personas vivían en aquella vivienda ni cuantas habitaciones tenia, subieron un par de largas escaleras y estaban a punto de llegar al último piso, en este había solo una puerta que al igual que las demás de los diferentes pisos estaba cerrada… todo era tan solitario. En cuanto llegaron a la puerta de doble hoja, la anciana saco una llave del bolso de su falda y abrió cediéndole el pase… la habitación era el último piso de aquel edificio y lo abarcaba por completo, era como una casa en miniatura y estaba decorada de una manera muy diferente al exterior, los cortinajes eran de telas finas y elegantes, acorde con lo que ella estaba acostumbrada en casa de los Andrew, había solo una habitación… la estancia era enorme y muy bien decorada, una hermosa y cómoda tumbona recubierta de rojo terciopelo estaba colocada muy cerca de la ventana, no pudo dominar su tentación de probar su suavidad, corrió a sentarse en ella y la brisa entraba por completo ahora que la anciana la había abierto, era tan cómoda que se recostó al sentir de pronto el cansancio del viaje y el ajetreo del carruaje… sin pensarlo se quedó profundamente dormida y no noto el momento en que la mujer salió de ahí dejándola sola y … encerrada bajo llave.

Cuando abrió los ojos estaba casi en penumbras, solo una vela a punto de consumirse por completo alumbraba un poco sobre una de las diferentes mesillas de la estancia, se restregó un poco los ojos para terminar de desperezarse más el sueño que sentía seguía siendo pesado, se obligó a ponerse de pie y buscar una vela de repuesto en el cajón de la misma mesa para encenderla antes de que la otra se apagase, en cuanto tuvo un poco más de luz comenzó a caminar en la habitación para dirigirse al dormitorio que aún no conocía. La cama era enorme y con un elegante dosel en color azul obscuro y puntilla dorada, las mantas de la cama eran en seda y hacían juego con el dosel y las cortinas de terciopelo… un mueble al pie de la cama le recordó la tumbona de la estancia, los ventanales eran altos y la cristalera que los cerraba brillaba con la luz de la vela semejando espejos, por supuesto había un mueble de tocador con un espejo enorme y rodeado de labrada madera, al final de la habitación encontró una pequeña puerta que suponía era el servicio de baño… se acercó para aprovechar y asearse un poco… la tina estaba preparada aunque el agua estaba ya fría, además era lo doble del tamaño a la que ella usara en la mansión Andrew, pero igual de fina, todo dentro del cuarto de baño era elegante y de buen gusto, la jarra del agua, el espejo, los cortinajes que fingían cubrir ventanas que suponía no existían, los juegos de toallas con la insignia de los Granchester bordada finamente… las tomo y acaricio el emblema… "Terry", pensó con un suspiro y acerco la mullida tela a su mejilla… el reloj de pie en la estancia anuncio las dos de la madrugada… aún faltaba tiempo para volver a estar con su amado… decidió que dormiría un poco pero con mayor comodidad, y empezó a desnudarse.

Cuando despertó sintiendo los rayos de sol sobre su rostro, se dio cuenta que casi era medio día, se puso de pie rápidamente pensando en que terrece debía haber llegado y no quiso despertarla, corrió al cuarto de baño para lavarse y vestirse, había tenido que dormir desnuda al no encontrar sus camisones en su valija, no entendía que pudo haber pasado con el par que llevaba, ni siquiera el que terrece le regalara apareció entre sus pertenencias… se vistió rápidamente colocándose el mismo vestido, esperaba que terrece estuviera descansado para llevarla de compras, lo necesitaba con urgencia.

Salió a la estancia retocándose el sencillo peinado que logro hacerse y esperando encontrarse con la mirada de Terrece, pero él no estaba, solo una charola con lo que seguro era el desayuno y en la cubierta de este un sobre con su nombre esperaban por ella, la letra era sin duda de su amado.

-"Pecosita… espero me perdones por tenerte tan abandonada, no he podido terminar los asuntos que me tienen alejado de ti, pero te prometo que iré a verte por la noche, mientras tanto disfruta de tu nuevo hogar y cualquier cosa que necesites… pregúntale a la vieja Mary Jane, ella tiene ordenes de darte todo lo que desees. Y para que veas lo sincero de mi arrepentimiento pronto recibirás una sorpresa que espero compartamos cuando estemos juntos… tuyo… Terrece."

La nota era breve para su gusto, pero sintió pena al pensar que su pobre terrece ya tenía tantos asuntos que resolver, ella no sería una molestia ni una carga, total, tendrían todo el tiempo del mundo para ellos, beso el trozo de papel y lo coloco a un lado para destapar el desayuno… todo se veía con buena cara y ella estaba hambrienta.

Sin notarlo termino con todo el desayuno, se sentía a reventar y el corsé la estaba matando… llamaron a la puerta y se apresuró a abrir deseando que fuera terrece, pero antes de que llegara, la puerta se abrió dando paso a la vieja Mari jane con una enorme caja envuelta delicadamente, sonrió al saber que era la sorpresa prometida, su Terry pensaba en ella tanto como ella pensaba en él, la anciana le entrego el paquete sin mucha ceremonia, vio hacia la mesa observando que las charolas estaban vacías, con un pujido de desagrado se dirigió a levantar el servicio y llevárselas, no hablo más de lo necesario para dar los buenos días e informarle del clima, Candice no quería que la consideraran una molestia así que se limitó a responder el saludo y no hacer mucho comentario sobre el frio que se aproximaba según le informo la anciana, la joven espero a que la mujer saliera y cerró la puerta, pero en cuanto dio un par de pasos para alejarse escucho el chasquido del cerrojo cerrándose, frunció el ceño y se convenció de que fue solo su imaginación, sin embargo recordó que ella no tenía una llave para asegurarse mientras estuviese sola, se vio indecisa entre si salir a preguntar por la llave a la anciana o correr a abrir el regalo de terrece, se decidió por lo segundo, después de todo la anciana no se iría y ella ansiaba ver lo que suponía sería un vestido nuevo.

La tapa de la caja cayo de sus manos al descubrir el contenido… no entendía el comportamiento de terrece… o lo que intentaba comunicarle regalándole aquellas prendas tan… tan… indecorosas y provocadoras… esta vez era un corsé con ligeros, la tonalidad roja y los detalles en encaje negro lo hacían lucir a un más provocador, era de suave seda estampada en negro, pero eso no lo hacía menos indecente…, no camisola, no camisón u otra prenda que le ayudase a cubrir las partes que quedaban desnudas de su cuerpo, solo un calzón a juego y demasiado corto para su gusto, las medias eran de un trasparente que ella no había visto… la bata para cubrirse era negra con estampados en rojo y un cinto del mismo color… pero tan trasparente, la cubría hasta los pies, pero la abertura al frente formaba un escote que se derramaba sobre sus hombros dejando descubierta la parte de sus senos que asomaban sobre el corsé, era como no traer nada encima. La imagen que le regalaba el espejo no le agradaba… parecía una de esas… meretrices que estaban dibujadas en los libros del área privada del abuelo Andrew y en la cual nadie esculcaba desde que este falleciera… solo ella y Anie habían entrado por curiosidad y a escondidas creyendo que encontrarían el secreto que les revelara su origen…nunca encontraron nada, pero si varios libros con aquellas imágenes de parejas y mujeres con muy poca ropa… y en posiciones… "indecentes", algunas sin prendas que cubrieran las partes pudorosas de su cuerpo.

Corrió al cuarto de baño para quitarse esa vestimenta que por curiosidad se había probado, las lágrimas cayeron sobre sus mejillas al no comprender la intención de aquel regalo y las palabras donde terrece le decía que esperaba disfrutarlo junto a ella… quien podría disfrutar vistiéndose de esa manera y tener la desvergüenza de compartirlo con su futuro marido….. Envuelta ya en su bastante maltratado vestido se tiro en la cama y dejo que el llanto la invadiera por completo por primera vez desde que recordaba, en américa nunca tuvo motivo de llanto ni de tristeza… comenzaba a extrañar a su hermana, a la abuela, a sus primos… a….

El llanto la venció y se quedó dormida sin saber cuánto tiempo transcurrió, fue el dolor de cabeza que la estaba matando lo que la despertó, cuando abrió los ojos sintiendo que su cabeza estallaría, lo primero que vio fue a terrece que apoyaba sus manos en la baranda del balcón, la brisa soplaba haciendo que las cortinas trasparentes descubiertas por las pesadas de terciopelo se movieran como en una danza… él supo que se había despertado pero no se volvió a verla, permanecía con el rostro serio y observando a la nada.

-Terry… cariño…- pronuncio llamándolo pero sintiendo que no podría levantarse para abrazarlo tal como lo deseaba en ese momento.

-Ese es el cuidado que das a los obsequios que recibes…- su voz era fría, Candy no esperaba una reacción así de su parte, pensó que él también se enfadaría al ver que en la tienda se hubiesen equivocado y mandado aquello tan insultante… porque ella seguía negándose a creer que él hubiese elegido "eso" para ella. Mas la actitud de Terrece le indicaba que la equivocada era ella, el corsé desgarrado estaba sobre el mueble al pie de la cama junto a la bata que partiera en dos.

-Estaba enfadada por el error que cometieron… no es posible que tu…

-Sabes porque los maridos engañan a sus mujeres?, porque muchos hombres prefieren ir a los burdeles?... precisamente porque ahí… las mujeres si lucen los regalos que ellos les obsequian.- la interrumpió y la miro con rabia.

-Pero yo no soy…, Terrece, yo soy tu prometida y seré tu esposa… no soy una de esas mujeres, y cuando nos casemos… quizá entonces… si tu insistes en que vista así… no, yo no podría aceptarlo.- lo miraba llevándose una mano al pecho de solo pensar que el pudiera exigirle tal cosa.

-Exactamente esa es la respuesta de una esposa, por eso es que muchos hombres son infieles y prefieren buscar a alguien que si este dispuesta a complacerlos…

-Terrece, no puedes estar pidiéndome eso… tu y yo… no pertenecemos a ese grupo de personas… creo que el dolor de cabeza me está confundiendo… tú no puedes estar diciendo lo que creo que estoy escuchando…

-Me voy, regresare mañana y espero que entonces si aprecies mi nuevo obsequio…- el joven salió de la habitación y después de la pieza... dejándola sola.

Candy estaba muy confundida y el dolor de cabeza no la dejaba aclarar sus pensamientos… camino hacia la puerta lentamente para salir en busca de Mary Jane, y pedirle algo para calmar su dolor de cabeza, después vería la forma de comunicarse con Terrece y aclararían ese malentendido. Al primer intento supo que sería inútil tratar de abrir la puerta, estaba cerrada con llave. Débilmente comenzó a golpear y a llamar a la anciana… mas todo se obscureció y no logro auxilio.

Los sonidos al lado de su cama le indicaban que no estaba más sola, pero el placer de despertar y descubrir que su dolor de cabeza desapareció era aún mejor, sus parpados se elevaron y busco la causa de los sonidos que la habían despertado, la anciana Mary Jane acomodaba algo dentro del enorme vestidor, al parecer "alguien" se apiado de ella y decidió recompensar su absurda actitud con un maravilloso vestuario nuevo, Terrece era una ternura. Se puso de pie emocionada de por fin poder cambiar aquel "harapo" que llevaba puesto y que mostraba claras marcas de su constante uso.

Cuando llego a la puerta del vestidor, la anciana salía cargada con utensilios de limpieza, se asomó al interior ignorado la mala cara de la mujer y prometiéndose a sí misma que nada cambiaria ese buen humor que la invadía gracias al enorme detalle de su amado duque, pero la sonrisa y la alegría desaparecieron en cuestión de segundos al darse cuenta que el espacio estaba vacío y sin señales de ningún cambio, solo el otro vestido que ella llevara consigo colgaba de un perchero y se balanceaba en su soledad, no había nada más, ni siquiera sus camisones o su ropa interior… se volvió para cuestionar a la mujer antes de que esta desapareciera, pero la anciana parecía tener otras intenciones pues preparaba un brebaje y tenía a mano un montón de mantas blancas y limpias además de un cuenco con agua caliente y unas enormes tijeras… eso la asombro aún más que el guardarropa vacío, la mujer le acerco una delicada taza para te que humeaba con aquel brebaje pestilente.

-el olor no es muy agradable pero lo he endulzado para que el sabor no sea tan amargo, tómelo de prisa que no tengo suficiente tiempo, aún tengo que ir a ver cómo va la mujer del conde…- la mujer parecía no importarle mucho como se encontraba o porque había perdido el conocimiento.

-qué es esto?, si es para mi dolor de cabeza… no será necesario ya ha pasado…- tomo la taza pero la puso a un lado sobre la mesa más cercana.

-Mmhm…- se burló la mujer con un gesto de desagrado.- seguro la criatura es fuerte para que desde ya te esté provocando tanta debilidad…- dijo dándole la espalda y tomando de nuevo la taza que ella abandonara- bébalo hará efecto casi al instante, le he puesto doble dosis para que apresure al desecho….

- de que me está hablando?- preguntó asustada y confundida.

-Eres la fulana del duque no?, pues la orden de él es que ninguna de sus mujeres debe quedar preñada… no le gustan los niños y menos si son bastardos.- Dijo como quien habla del clima pero con un claro gesto de desprecio hacia ella.

-Está equivocada!- su voz mostraba su molestia- yo soy la prometida del hijo del duque y además… aun… aun… soy virgen… y lo seré hasta mi noche de bodas…- sin dejarse intimidar por las miradas sarcásticas y la sonrisa de burla de la mujer Candy dejo la taza sobre la mesa de noche con más fuerza de la que pretendía, derramando un poco del líquido.

-Vaya, vaya, así que una virgen…, entonces tus mareos, dolores y desmayos son por tu mal nutrición… mira que estas flaca en comparación a las voluminosas mujeres que acostumbra el duque…- dijo sin mostrar ningún cambio en su animosidad y recogiendo las mantas que llevara.- debe ser verdad que eres virgen cuando se tomó la molestia de remodelar esta vieja habitación… y vaya que pidió lo mejor para las decoraciones…- la mujer tomo el balde de agua y se dirigió al servicio de baño para deshacerse del líquido, Candy estaba asombrada de la actitud de la mujer… actuaba como si su trabajo fuera igual diariamente.

-Usted… usted pensó que yo…, que intentaba hacer con todo eso?...- sus rodillas temblaban pero no quería que la mujer lo notara, aun así se apoyó un poco en uno de los pilares de la enorme cama.

-que más… sacar el estorbo… es lo que piden todos cuando traen a sus queridas a vivir aquí… el duque es estricto con eso… como ya le dije no le gustan los niños y menos cuando aún no está casado…

-Se refiere usted a… al duque de Granchester… el padre de mi prometido?.- pregunto atragantándose con la palabras y sintiendo que el corazón se le saldría por el temor a la respuesta.

-JAJAJAJAJAJA, sí que debes ser virgen, o por lo menos actúas de maravilla fingiéndote inocente, Terrece Granchester es conocido en estos lugares como "el duque", al igual esta un conde y varios lores de la nobleza inglesa… cada uno de los otros pisos tiene dos habitaciones y estas pertenecen a las meretrices en turno…, aunque el dueño del lugar es el duque… y presta las demás habitaciones a sus parranderos amigotes… claro con la condición de que de vez en cuando lo dejen dormir entre los muslos de sus concubinas…

-Usted debe estar equivocada… Terry, Terry no es esa clase de hombre… él es un caballero, el hijo de un Duque!- su corazón latía con tanta fuerza que coloco su mano en el pecho por miedo a que este le formara un agujero y saliera disparado, aquello tenía que ser una pesadilla, aquella mujer no podía estar diciendo la verdad.

-Piensa lo que quieras… a mí me pagan por hacer el trabajo, no para convencerlas de su "integridad"…, por cierto hay un par de paquetes que te dejo el duque, están en el salón de estar, también te traje comida… pensar que quedarías débil después del "trabajo", así que te prepare solo cosas ligeras, si deseas algo mas solo tienes que usar el cordón de la campanilla y alguien vendrá, todas somos de confianza para el duque así que no importa quien acuda, te darán lo que desees y la próxima vez que necesites algo usa el cordón y no grites como desquiciada golpeando la puerta, las demás son visitadas con constancia por sus hombres y las dejan agotadas… desean descansar.

La mujer salió de la recamara y se dirigió a la salida de aquella enorme pieza pero candice la alcanzo antes de que abriera la puerta.

-Quiero la llave.- ordeno deteniendo a la vieja por el antebrazo, esta se sacudió con desagrado y la miro con desprecio haciéndola retroceder un par de pasos.

-Las llaves las tengo yo por órdenes explicitas del duque… si desea que le dé una copia tendrá que pedírselo primero… pero dudo mucho que la quiera en las calles… sobre todo ahora.- la mujer volvió a sonreír con burla y salió cerrando la gruesa puerta tras de sí y cerrando con la llave, Candy estaba atónita, no sabía que pensar o que sentir, se giró y vio tres cajas iguales a la que encontrara el día anterior… no tenía que adivinar lo que había en ellas… ya lo sabía.

El día termino y ella moría de aburrimiento, Terrece no se presentó como lo prometiera… se levantó de la tumbona en la que se recostó para observar el atardecer y esperar por su prometido, pero las estrellas y la luna ya brillaban con intensidad y el no daba señales de que pudiese aparecer… nuevamente, sintiendo el corazón a punto de romperse en añicos se dirigió a la recamara para tratar de dormir, pronto llegaría un nuevo día.

El rostro de terrece mostraba una gran satisfacción, su sonrisa se extendía en su labios por completo, se arrojó aun lado de Candice que aun dormía y con el movimiento la sobresalto despertándola.

-hola cariño, dormiste bien?... porque yo dormí espléndidamente.- la decía tomando un mecho de su pelo suelto, la joven se envolvía en la sabana al ser consciente de su desnudez a falta de camisones decentes, después de todo dormía sola y nadie lo notaria, pero olvido lo que la anciana le dijera el día anterior sobre la llave, era lógico que terrece tendría una copia y podría entrar cuando quisiera sin necesidad de llamar a la puerta.

-Buenos días para ti también… puedo saber qué haces aquí?- preguntó sintiendo la sangre hervirle al ver la alegría que irradiaba el joven en contradicción a lo que ella había pasado durante los últimos días encerrada en aquel lugar y teniendo que vestir con lo que ya casi eran harapos.

- Te recuerdo que este es "nuestro nidito de amor". Así que tengo tanto o más derecho que tú para estar aquí, pensé que me recibirías con mayor alegría… como lo haría una verdadera esposa…- le dijo incorporándose para quedar frente a ella que ya se había sentado a la orilla de la cama.

-Quizá sea porque no soy tu esposa… hasta cuando me tendrás aquí?- pregunto poniéndose de pie y teniendo cuidado de que la sabana cubriera su cuerpo.

-Pero si prácticamente apenas hemos llegado… no me digas que ya tan pronto te aburriste de mí?...- pregunto alargando las palabras y ella noto que estaba alcoholizado.

-Estas bebido?.- pregunto alejándose un poco más… tratando de huir al servicio de aseo pero él se lo impido alcanzando a tomar una parte de la sabana que la envolvía y jalando de esta, Candy perdió el equilibrio y cayó al suelo.

-No, estoy ebrio de amor por ti…- le dijo acercándose y arrodillándose cerca del cuerpo de la muchacha, después comenzó a tironear de la sabana para arrebatársela…- y creo que ya he esperado demasiado para que me correspondas con la misma intensidad.

-Basta, basta, no te atrevas!- Candy sentía la desesperación invadirla, peleaba por la manta tratando de mantenerse cubierta y el empezó a reírse de sus inútiles esfuerzos.

-JAJAJAJAJAJAJA, vaya que la niñita tiene agallas, parece que aún no estas lista… volveré cuando estés dispuesta a recibirme como merezco…- le arrojo la sabana en la cara, no quería forzarla aunque sabía que no le sería difícil, Candy tenía algo que las otras no tenían y el deseaba que se lo entregara por voluntad, así que se giró y se dirigió a la salida, la joven se puso de pie con rapidez y lo detuvo del brazo, él se giró y la miro con ardor- Has cambiado de opinión?.

-Cuando me llevaras a conocer a tus padres?, creo que ya es tiempo de iniciar con los preparativos para anunciar nuestro compromiso.- ella lo soltó al notar la forma en que el la miraba. Quería aferrarse a una última esperanza de estar dentro de una pesadilla y que todo cambiaria, pero el silencio fue su respuesta, el salió sin volver a mirarla, el llanto apareció nuevamente en sus ojos como lo había hecho con frecuencia los últimos días. Con su mirada empañada observo que un par de cajas nuevas se habían agregado al montón que ya comenzaba a estorbar en el salón de estar.

Un suspiro doloroso salió de sus labios, se sentía derrotada, sus piernas se doblaron no por debilidad, sino por el peso que sentía sobre ella al tener que tomar una decisión, sus manos cubrieron su rostro ya húmedo, y sin realmente pensarlo pronuncio aquel nombre que llevaba encerrado en su pecho y que ahora reconocía la falta que le hacía volver a escucharlo…

-Albert…


y que tal les parecio?, espero que les haya gustado, y quiero agradecer a quienes me dejaron un review en mi primer capitulo, Josie, Azukrita, Glenda, Alex de andew y una mas que no me dejo su nombre pero que agradesco de igual manera su comentario.

Este es un Albert-Candy, y aunque nunca lo habia hecho he subido otra historia con el titulo de Destino que es un Terry-Candy a peticion de una fanamiga que me lo pidio. bueno espero que les haya gustado y espero sus comentarios, bendiciones y nos seguimos leyendo.