Ha pasado casi un mes desde que publique el primer capitulo y la demora se debe a varios contratiempos y el tener que rescribir el capitulo varias veces debido a que no esta conforme. aun así no estoy seguro de haberlo hecho tal y como quería. en todo caso espero que disfruten del capitulo y espero traer los siguientes con mucha más rapidez.
Celestia recorría los pasillos del castillo acompañada de un unicornio a su izquierda, un poni terrestre a su derecha y un pegaso volando a un lado sobre la cabeza del segundo, a suficiente altura como para no ser una molestia, cada uno de sus acompañantes llevaba papales consigo. El poni terrestre los balanceaba en su lomo, el pegaso los sostenía entre sus cascos y la unicornio los levitaba con su magia.
—Quiero informarle princesa que el uso del Bit como un remplazo al uso de las gemas está siendo muy bien recibido en nuestro reino. — Comentó el pegaso tratando de evitar que se le cayeran los papeles.
— ¡Princesa! ¡Princesa!— Llamaba su atención el poni terrestre. — Nos llegó un mensaje de la Princesa Amore. — él cogió un carta de la pila en su lomo y procedió entregársela
Celestia lo recibió sin olvidar agradecerle y procedió a leer su contenido.
— ¿Sucede algo malo?— Pregunto la unicornio a su lado.
—oh, no es nada SugarDust. — Decía Celestia en un tono tranquilizador. — La princesa Amore solo quiere saber cómo me encuentro e invitarnos a Luna y a mí a una celebración en el Imperio de Cristal.
SugarDust liberó un suspiro lleno de alivio. Ella vestía con un brial de un suave color amarillo que hacía contraste con su pelaje púrpura, así como un tocado de un naranja claro que no chocaba con su cuerno y dejaba ver su crin blanca.
—Es bueno saber que nuestras relaciones con el imperio de Cristal siguen en buen estado. Por cierto princesa…— comenzó a buscar entre los papeles que levitaba. — Nos llegaron unos informes que hablan de la presencia de un grupo de Grifos nómada en varias zonas de Equestria.
— ¿Ha habido alguna clase de inconvenientes con su presencia, ataques o quejas por parte del pueblo?— Preguntó Celestia en un tono serio.
—No realmente, solo se los ha visto interactuar con algunos pueblos cuando quieren hacer intercambios por víveres.
—Entonces no hay de qué preocuparse, aun así quiero que se me siga manteniendo informada sobre sus actividades. No podemos ser los suficientemente cuidadosos. — Respondía en un tono más relajado.
—Oh, su majestad. — dijo el pegaso al parecer al recordar algo. — Hay ciertos rumores extraños sobre el príncipe Blue Dream y la princesa Golden Dream.
— ¿Qué clase de rumores?— preguntó preocupada.
—Bueno parece que han estado pasando, mucho tiempo juntos e incluso parece que no pudieran despegar las miradas uno del otro. Sus consejeros son los que tienen que llamar su atención para que continúen con su trabajo.
Ella se rio ante aquel comentario. Acción que hizo tornar la expresión del pegaso en una mueca confusa e hizo que el poni terrestre alzara una ceja. Solo SugarDust la acompañaba en su risa.
—Si no me equivoco Blue Dream y Golden Dream se han casado hace poco. Creo que deberían dejarlos disfrutar un poco de su luna de miel. — dijo ella dejando aún lado su forma recatada de hablar. Al percatarse de ello afinó su garganta y se dirigió a sus acompañantes que la miraban con curiosidad.
—Muy bien, ¿Que es lo que sigue en la agenda?
La conversación entre los cuatro prosiguió en la misma dirección. Cada problema o situación nueva que la joven Equestria lidiara debía presentarse ante la Princesa Celestia. Una joven gobernante, pero una capaz al fin y al cabo. Sus seis meses en el trono habían sido uno de los más prósperos desde la fundación de la nación. Aun así ella no alardeaba y tampoco quería quedarse con todo el crédito, puesto que en su opinión tanto la Princesa Luna como el consejo de las tres tribus eran responsables de mantener a la joven nación a flote.
—No olvide que dentro de tres días vendrá los representes de las tres tribus para su reunión…—Empezaba a decir el poni terrestre.
Celestia se detuvo ante un portón resguardado por un par de guardias en armaduras de cuerpo completo.
—Por favor informen a las sirvientas que enciendan las velas y antorchas. No falta mucho para que deba bajar el sol.
Sus tres acompañantes hicieron una reverencia respetuosa y se retiraron con excepción de SugarDust quien se le acerco y le susurro algo al oído. Aquel acto hizo que los otros dos la miraran con una cierta sospecha combinada con una pisca de envidia.
—Pueden retirarse caballeros. — Celestia comenzó a decir. — SugarDust tiene algunos asuntos pendientes.
Las puertas se abrieron dejando salir a varias ponis con delantales blancos sobre sus sencillas ropas.
—Todo está listo su majestad— informo la que parecía ser la líder entre ellas.
Tanto Celestia como SugarDust agradecieron para después entrar y cerrar la puerta tras ellas.
La habitación era una espaciosa, decorada con finos muebles, cuadros de exquisito acabado así como otras peculiares piezas de arte. Todas y cada una de ellas regalos de embajadores que trataban de una forma u otra tener a Equestria de su lado.
Ambas salieron al balcón donde se encontraba en una mesa tallada con bellas decoraciones florales en las patas. En el centro de la mesa se encontraba una tetera de porcelana de cuello delgado, así como varias tazas boca abajo sobre una bandeja de plata y unos cuantos platos apilados. Todo esto rodeado por varios postres desde galletas a pastales así como pies y tartas.
— ¿Te importaría?—Preguntaba Celestia mientras se dirigía al barandal.
—Oh, claro. — SugarDust tomó con su magia la tetera y sirvió dos tazas de té para luego servir un par de pasteles de chocolate.
Celestia mantenía sus ojos cerrados mientras que su cuerno brillaba con un aura dorada casi translucida. A pesar de que llevaba cierto tiempo dedicada a esta tarea, no era una que pudiera ser subestimada. Si perdía la concentración por unos instantes el sol terminaría dando giros erráticos y quien sabe de lo que sería de Equestria en ese caso.
El sol bajó y abrió los ojos para ver como la luna ascendía lentamente. Sonrío al ver el trabajo de su hermana y volteo en dirección a SugarDust, comprobando que ella tenía todos los preparativos hechos así como las velas y el candelabro del centro se encontraban encendidos.
Usando su magia levito la taza llena de té y tras darle un sorbo, mordió con una peculiar voracidad la rebanada de pastel casi acabándola de una sola mordida.
Sugar disimulo su sonrisa y afino su garganta de una forma ceremoniosa cerciorándose de que Celestia se diera cuenta.
—Sé lo que me dirás Sugar…— Comenzó a hablar con la boca aun llena. —Esto no es muy propio de una princesa. — pasó el pastel para deformar su rostro en un mueca burlona.
—No te preocupes Tia. — Dijo Sugar con una sonrisa cómplice. — Solo estamos las dos así que no tienes que preocuparte.
Celestia le agradeció con la mirada y soltó una largo, pesado y cansado suspiro, por unos instantes parecía que su alma entera saldría por su boca.
— ¿Por qué todos los días tienen que ser así?—
—Fue decisión del consejo de los tres que tanto tú como Lulu sean las gobernantes de Equestria. — Sugar hablaba mientras rellenaba la taza de Celestia. Su tono de voz fue uno dulce casi maternal
Celestia sabía que tenía razón. Cuando le informaron de aquella decisión la acepto con dignidad y se contuvo de hacer un escándalo no, un berrinche. Tanto ella como su hermana eran muy jóvenes y tener que llevar el peso de un país sobre sus hombros era algo que no querían ni debían hacer.
¿Porque ellas estaban obligadas a cumplir con esa tarea?
La respuesta estaba grabada en sus costados. El sol y la luna grabados en ellos las hacían acreedoras de una habilidad de la cual era necesaria cientos de unicornios, pero el saber eso no la hacía feliz.
Ya por si solo la relación de las dos hermanas con el resto de los ponis había sido difícil. Para ellos era complicado entender cómo era posible que existieran ponis que al parecer tenían reunidos en ellos los atributos de las otras tres tribus. Esto hacía que el relacionarse con el resto del pueblo fuera un asunto de lo más complejo. Sin tener que hacer mucha memoria, Celestia podría recordar varios momentos incómodos o ya de lleno triste que compartió con su hermana en sus años de potrancas.
Y ahora con el peso de las tiaras en sus cabezas sus pocas amistades fueron cortadas de su vida de golpe. La única que quedo a su lado fue una peculiar unicornio de los viejos días a quien parecía no impórtale para nada esa clase de problemas y que logró por merito propio ser nombrada una de las asistentes personales de la princesa del sol. Tal vez Sugar era tan dulce como su nombre indicaba fue un pensamiento que se fue tan rápido como vino de la mente de la joven blanca Alicornio.
Pensamiento que relajo su rostro pero era algo que no duró mucho tiempo.
— ¡Eso ya lo sé!—Gritó ella estrellando sus cascos fuertemente contra el suelo.
Sugar se sorprendió un poco pero evitó hablar y mantenía la mirada fija en su vieja amiga.
—Sé que es mi responsabilidad y la de Luna, aún así ¿Por qué nosotras? ¡¿Solo porque tenemos control del sol y la luna es suficiente para que nosotras que hasta hace poco no fuéramos más que unas niñas llevar estas tiaras?!—
Celestia comenzó a andar por la habitación manteniendo su iracundo soliloquio.
— ¡¿y para qué?! ¡¿Para que el resto de los ponis nos miren con miedo o por lo contrario crean que somos alguna clase de deidad?!— se detuvo al verse enfrente de un espejo y aprecio por unos instantes su reflejo.
Sobre su cabeza una tiara dorada con una gema purpura adornando en el centro. Su cabellera de multicolores pastel antes corto ahora se revelaba contra su dueña tapando uno de sus ojos. En el cuello una gargantilla dorada y calzado de oro en sus cascos. Prestó atención también a su rostro con las fosas nasales dilatada, unos ojos llorosos así como un ceño fruncido.
Cogió su tiara con sus cascos y rio para sí misma.
—Todos los gobernantes de todos los reinos se reirían al ver que una de las princesas de Equestria hace un berrinche como una potrilla. — se burlo de sí misma en un tono calmado casi inaudible.
No volteo hasta sentir el tacto de los cascos de Sugar sobre su crin acariciándola con cariño.
— ¿Te encuentras mejor?—
Celestia no se movió y regreso a su antigua postura.
—Tanto tú como Lulu tiene derecho de estar enojadas... pero si el maestro Star Swirl no le hubiera sugerido al en ese entonces consejo de las tres tribus que ustedes…
— Si… lo sé…. — respondía Celestia con pesadez. — Las cosas hubieran sido mucho peor.
Celestia usó sus cascos para retirar las lágrimas de su rostro. Exhalo un par de veces con fuerza y volvió a colocarse su tiara. Se miró una vez más en el espejo para cerciorarse de que nada estuviera fuera de lugar y volteó con las mejillas marcadas de un ligero rubor mirando en dirección a Sugar.
—No le dirás nada de esto a Lulu, ¿Verdad?
—No, si es que no lo deseas. Aunque creo que sería mejor si fueras igual de honesta con ella que como lo eres conmigo.
— ¡Por supuesto que no!— Celestia levantó la voz de manera inconsciente —Se que Lulu se está esforzando por su cuenta para mostrarme su fortaleza, lo último que necesita es a su hermana mayor derrumbándose.
—Solo espero que el que seas tan reservada con ella, no traiga problemas en el futuro. — Mencionó Sugar al levitar su taza de té y dar un largo sorbo.
—Hablando de ella…— Comenzó a decir Sugar para luego dejar la taza en su lugar. — ya debería estar pronto aquí, ya pasó casi una semana desde que nos llegó la carta que confirmaba su salida de Quinla.
—Quinla, ¿eh?...— Celestia una vez más libero un pesado suspiro al escuchar el nombre de aquella nación. Para luego dirigirse al sitio que ocupaba hace tan solo unos minutos atrás.
— ¿Nuestra situación con ellos es aun bastante tensa?
—Estamos en paz si a eso te refieres…— le respondía a su amiga. — Pero los ponis nunca hemos sido muy buenos aceptando las diferencias de los demás. Sobre todo después del incidente de hace diez años.
—No puedes culparte por eso Celestia. Si, fue un hecho lamentable pero éramos tan solo unas potrillas cuando todo ocurrió, no hay necesidad de sentirse responsable.
—Lo sé, lo sé…—Celestia jugaba con una rebanada de pastel a su alcance con un aire melancólico. — Pero ahora depende de mí el hecho de que a lo mucho termine con pequeñas discusiones.
—Por cierto…— Sugar comenzaba a servirse su segunda taza. — Yo nunca he visto a un Kirin ¿Cómo son?
Celestia cerró los ojos para hacer memoria. Solo los había visto hace ya una década durante un encuentro en donde ambas naciones trataron de resolver sus diferencias tras aquel incidente. Eran criaturas difícil de explicar, llamarlas ponis erguidos era una forma muy burda de referirse a ellos. Algunos poseían cuernos y otros no. Y de lo que llevaban ese atributo no todos los cuernos eran igual. Cuando más pensaba más diferencias recordaba la joven princesa.
Su mente divago y la llevó al recuerdo de tres Kirin que por su apariencia no parecían mayores que ella. El recuerdo se aclaraba más hasta que…
Unas trompetas resonaron por todo el castillo. Tanto Celestia como Sugar se acercaron al balcón que daba a la puerta principal. Desde allí lograron vera a un pequeño escuadrón de ponis de armaduras pesadas que pasaban el portón principal siendo liderados por el más pequeño de ellos.
La princesa Luna andaba con un trote firme y digno viendo a través de los orificios de su yelmo como el resto de los ponis en el castillo detenían cualquier actividad que estuvieran haciendo para dedicarle una exagerada venia.
Era una suerte para ellos que su yelmo no permitirá que se apreciara bien su rostro, porque así no podían ver la expresión de fastidio de la joven princesa.
Se detuvo al estar cerca de una de las sirvientas y usando su magia se retiro el yelmo dejándolo a la altura de sus cascos. Volteo en dirección de sus acompañantes y hablo con voz fuerte y clara.
—Eso es todo. Caballeros, pueden ir a descansar. Se lo han ganado. —
Los soldados respondieron con un solemne saludo y se dispersaron en diferentes direcciones. Una vez sola, la princesa de la noche se dirigió al poni terrestre que la había estado mirando desde el instante que se le acerco.
— ¿Podrías indicarme en donde se encuentre mí hermana ahora?—
La pequeña poni guardo silencio por un periodo de tiempo que le pareció eterno a Luna. La joven gobernante le dedico una larga y afilada mirada a su interlocutora porque esta exhibía señales clásicas que otros ponis habían mostrado con ella.
Las orejas caídas, la mirada baja y el cierto juguete de sus cascos con el empedrado.
Miró por el rabillo del ojo para percatarse de que el resto de las sirvientas la miraban con terror y lanzaban miradas de compasión para con su amiga desafortunada.
Luna no podía más que suspira de frustración y cansancio.
—ah…
—Su majestad…— Luna aparto la vista de la nerviosa sirvienta y miró a la unicornio que bajaba por unas grandes y ceremoniosas escaleras. Sonrió levemente al percatarse de que era Sugar.
—Su hermana. La princesa Celestia la está esperando en la sala del mirador. —
—Muy bien SugarDust iré en seguida. — dijo ella levitando el yelmo de el suelo y caminando en dirección a las escaleras.
—Permita que la acompañe. —
Tras aquel intercambio de palabras la charada de pomposas pretensiones había acabado. Algo que Luna agradecía de todo corazón.
El actuar de los ponis para con Luna era muy diferente que el trato dado a Celestia. Si bien muchos aun dudaban de confiar en las hermanas Alicornio, la gran mayoría habían sido convencidos por la forma cortes de expresarse así como de actuar por el bien de los ponis que la mayor de las hermanas solía mostrar. Aun sí muchos de los opositores de aquel co-gobierno se apoyaban en la poca facilidad y deseo de interactuar que mostraba Luna. Eso no era algo que en particular le disgustara, ella bien sabia que sus cualidades se centraban más en los campos de batalla que en una mesa de diálogo. No, esos temas se los dejaba a Celestia.
Por eso no era de extrañar que mucho antes de que fuera nombrada princesa, por merito propio lograra convertirse en capitán de la guardia nacional, ahora guardia real.
— ¿Cómo te fue en tu viaje? Y ¿porque el maestro Star Swirl no está contigo?— La unicornio entablaba una conversación al encontrarse solas caminando por un largo pasadizo.
—Ah… acabo de llegar. No puedes esperar a que me siente siquiera Sugar. — dijo en un tono exagerado y casi infantil. Así mismo fingía cansancio con un ademan.
Sugar rio un poco y con su magia trato de levitar la alforja que llevaba Luna atada sus costados. A penas el aura mágica la rodeo, Luna se alarmo y la sujeto con sus cascos impidiendo que se moviera.
—N-N-No te preocupes yo puedo llevarla. — respondió nerviosa.
— Esta bien…— Respondió confundida dejando la alforja en paz.
No paso mucho tiempo para que llegaran al salón en donde se encontraba Celestia. Ambas saludaron al par de guardias que custodiaban la puerta, para que luego estos la abrieran.
Una vez las puertas se cerraron Luna se acerco a la mesa. Dejo la alforja sobre ella y su yelmo en el suelo. Alzo una taza con su magia y Sugar respondió con un movimiento rápido y preciso llenándolo de té.
—Que bueno es regresar a casa…— Dijo tras inhalar el fuerte aroma de la bebida para dar un largo y pausado trago.
— ¿No quieres quitarte la armadura?— Celestia esbozaba una pequeña sonrisa mientras que Luna se miraba a sí misma.
—No, No… Estoy bien, es muy cómoda cuando te acostumbras. — respondió con los cascos detrás de su cabeza y riendo.
— ¿Cómo te fue en Quinla?— Luna dejo de reír al escuchar la pregunta de su hermana. Era tan solo unos cuantos centímetros más alta que ella, pero su porte la hacía sentir minúscula. Ella odiaba eso. sentía que su hermana se alejaba por completo, que aquella poni con quien jugaba hace tan pocos años era ahora solo una gobernante con asuntos políticos solo en su cabeza, sabía que era importante, sabía que sus pensamientos eran egoístas así que suspiró achacándolo al cansancio del viaje y entró en su tono formal.
—Es un país impresionante. Al parecer la mayoría de su territorio son montañas pero se las han ingeniado muy bien para conseguir los recursos que necesitan a base de intercambios con los ricos minerales en sus montañas. Me sorprende que no solo Kirin vivan ahí. He visto dragones, Grifos y hay un pequeño pueblo donde solo hay ponis.
— ¿Qué pasó con Star Swirl?
—Decidió quedarse. Cree que puede ayudar a mejorar nuestras relaciones con Quinla quedándose más tiempo.
—Hay algo que me inquieta hermana…— Luna había dejado de mirar a Celestia pera ver su reflejo en su taza de té.
— ¿Q-Que sucede?— Celestia tartamudeo un poco al ver a su hermana tan pensativa.
—El actual gobernante de Quinla, el príncipe Golden Mind, solo hable con él y me preocupa bastante. Sé que solo es mi opinión, pero tendría mucho cuidado al momento de hablar de política con él.
— ¿Por qué lo dices?— Intervino Sugar.
—Es solo un mal presentimiento… tal vez sea correcto ignorarlo.
—Lo tendré en cuenta. — Celestia había dejado su asiento y había colocado un casco sobre el hombro de su hermana, acto que funciono al verle el rostro y darse cuenta que este se encontraba más relajado.
— ¿Pero en Quinla no había una princesa y otro príncipe?— Agregó Sugar mientras rellenaba la taza de las princesas.
—Oh si…La princesa Crystal Key es una maniática de la guerra y estoy siendo amable.
— ¿Como tú?— Preguntó Celestia.
— ¡¿Qué he hecho para que pienses en eso?!— Luna se alarmó poniendo su peso sobre la mesa logrando que la taza cayera, esta evito romperse al ser salvada en el último minuto por Sugar.
—Uhmm no sé ¿Que tal aquel incidente con los nuevos reclutas?
—Regresamos a los dos meses y fue un gran entrenamiento básico…— Luna respondía algo avergonzada mientras que Sugar contenía una risa. — N-No estamos hablando de eso ahora…Pero debo admitir que compartimos ciertas cualidades aunque creo que exagera un poco. Me retó a un duelo a penas me vio. Acepte por supuesto pero lo deje en un empate. No sería bueno para nuestra imagen si le ganará a su princesa.
— ¿Y qué me dices…—
—Oh, es cierto… — Luna interrumpió a su hermana abriendo la alforja y colocando con cuidado su contenido.
Sobre la mesa yacían varios juguetes de madera, figuras de cerámica un poco deformes, arreglos florales algo secos así como también hojas de papel con caligrafía infantil.
—Tal vez tengamos problemas con los adultos, pero no creo que los niños nos guarden rencor. — Hablo Luna al ver que su hermana miraba la mesa con curiosidad.
Celestia sonrío al ver la despreocupada expresión de su hermana menor. Si bien sus relaciones con Quinla no eran las mejores, el ver que los niños de aquella nación recibieron con afecto a Luna le hizo sentir que aun había esperanza para ambos países.
Celestia desvió un poco su mirada en dirección a la alforja de Luna. En ella pudo notar que algo sobresalía. Reconoció la forma del objeto e interrumpió a la princesa de la noche, quien hablaba alegremente sobre los regalos recibidos.
— ¿Eso también te lo dieron los niños?
Luna reaccionó al ver como su alforja levitaba por la magia de Celestia, trató de impedirlo pero solo logro que su contenido cayera.
En el centro de la mesa yacía una pipa de madera de una cánula ridículamente larga y de cabeza pequeña, de hecho la pipa era casi tan larga como lo sería una espada corta.
—Ah…— Luna suspiro ante la mirada inquisitiva de Celestia
—Fue un regalo del príncipe Silver Lux, la vi llevándola a todos lados durante todo el tiempo que estuve en Quinla, me la regaló según él como una ofrenda de paz…— Respondió Luna
—Uhmm ¿Y por qué el príncipe de otra nación te da lo que parece ser una posesión tan valiosa?— Intervino Sugar después de haber guardado silencio por mucho tiempo.
Luna solo se encogió de hombros ante la mirada pícara de Sugar.
—Tia…—Empezaba a decir Sugar. — Tal vez una bod…
Antes que pudiera terminar de hablar un estruendo las hizo mirarse las unas las otras consternadas. Casi como un acto reflejo Luna se colocó su yelmo y tomó su espada.
— ¡¿Pero qué?!
— ¡¿Qué fue eso?!
— ¡Quédense aquí, iré a ver qué sucede!— advirtió Luna a las otras dos antes de salir a todo galope.
A penas salió por la puerta se topó con un guardia.
—Capitán el ruido vino de la biblioteca. — Informó el poni en armadura para luego correr junto con Luna. Mientras más recorrían más guardias se juntaban en torno a ellos.
—Capitán, la intrusa…
—Yo me encargo.— lo callo ella.
Finalmente llegó a la entrada de la biblioteca, se abrió paso entre sus guardias que rodeaban a una unicornio violeta.
¿Una ladrona, una espía tal vez una asesina? No importaba, Luna se encontraba demasiado acostumbrada a ese tipo de ponis que no podía importarle menos quien era y que hacía allí.
Se quitó su yelmo percibiendo que no se trataba de una gran amenaza.
— ¿Princesa Luna?— Preguntó la poni violeta con una confusión palpable que hizo dudar a Luna si en verdad se trataba de alguien que trataba de atentar contra ella o su hermana. Sacudió esos pensamientos de su cabeza y respondió con firmeza.
—Tú eres quien me debe una explicación, intrusa. —
Fue en ese instante en que se percató, su espada vaciló y sus ojos se abrieron. El resto de los guardias miraban expectantes a su princesa al ver que ella recién notaba algo particular en la invasora.
—Todos ustedes, largo de aquí…— habló quedo.
Los guardias se miraron unos a otros no sabiendo muy bien cómo responder.
—Que uno llame a mi hermana y el resto se retire.
Los ponis en armadura bajaron sus lanzas aun con movimientos dudosos.
— ¡HE DICHO LARGO!— La fuerte voz de la princesa resonó en la habitación obteniendo como respuesta un saludo formal y la rápida salida de sus guardias.
Cuando quedo sola con la "intrusa" dejo caer su espada al suelo y no le quietaba la mirada de encima.
Twilight miraba con cierto temor a la "princesa Luna" enfrente de ella. No sabía que pasaba o exactamente en donde se encontraba, el dolor en su cabeza no le ayudaba a pensar con claridad.
— ¡Eres un Alicornio! — exclamo Luna al abrazarla. Abrazo que devolvió pero sin terminar de comprender la emoción de la princesa.
— ¡No puedo creer que exista otro alicornio! pensé que Tia y yo éramos las únicas. — Luna se separó de Twilight mientras habla consigo misma con una emoción incontenible.
— ¿Espera? ¿Qué?...
Fue todo lo que alcanzó a decir antes que el dolor en su cabeza se expandiera por todo su cuerpo. Ya ni siquiera podía utilizar esa palabra, sentía como si una fuerza invisible tratara de aplastar sus órganos.
Colapsó en el suelo. Su visión se tornaba nebulosa, apenas lograba ver las expresiones de horror de aquella extraña rejuvenecida princesa Luna. Antes que perdiera la audición logró escuchar la voz de su vieja maestra.
—Tranquila Luna… creo que sé que hacer…
La voz no sonaba como recordaba, pero no importaba. Tan solo escucharla la hizo relajarse un poco.
