Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto
Los garabatos y escritura, bien o mal redactada que puedan surgir de mi cabeza en estas líneas, son mías.
- Hablan- ... "piensan"
Alguien como tú.
Capítulo II: Encuentros no gratos.
"¿Y quién te crees que eres? Huyendo, Dejando cicatrices, recolectando corazones en un tarrón y despedazando al amor..." ~ Jar of Hearts – Christina Perri
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Abrió los ojos.
Respiraba con tranquilidad, casi con normalidad, había tenido una mala noche otra vez. De esas que no deseaba recordar porque no pasaba ni un minuto en que le picoteaba el corazón con preguntas sin respuestas, con sensaciones desconocidas que solo lograban hacer más tediosos sus días.
Suspiró, por aquello de que sabía que no volvería a dormir por mucho sueño que tuviera, por mucho que se esforzara.
Había pasado casi un mes desde que su corazón se había desquebrajado, y ella realmente se sentía perdida en el tiempo. Era como si el mismo se hubiese detenido en ese instante donde sus lágrimas sucumbieron ante el dolor, era como si las ganas de seguir adelante con todo lo que había planeado se hubieran esfumado.
Pero ella había tomado una decisión, tenía que seguir viviendo, el mundo no dejaría de girar por aquel acontecimiento que procuraba hundir en pensamientos. La vida seguía con o sin ella y ella deseaba seguir sin el rubio.
Se irguió hasta quedar sentada, y dejó que sus pies tocaran la madera fría que tapizaba el piso de su habitación.
No era como si ella fuera a detenerse por que Naruto pasó de ella.
"La vida es cruel... Nada ni nadie es lo suficientemente bueno..." Se repitió inconscientemente en su cabeza, dandose ánimos como cada vez que lograba levantarse de la cama.
Y es que aquellas palabras que para cualquiera serían eso, simples palabras carentes de significado especial, para ella eran el alimento de cada día, eran esas frases que el moreno le había dicho, la verdad que ahora perseguía, el pilar que la detenía cuando estaba a punto de desmoronarse, cuando lo veía, sonriente, lleno de vida, transmitiendo energía a todo su alrededor, enamorado.
Sasuke tenía razón, y ella iba a seguir su ejemplo, había tocado fondo ese fatídico día al que pensaba no volver, pero jamás olvidar, par varias razones demasiado extrañas como para pensarlas siquiera.
Había estado casi segura de haber escuchado aquella voz tan seria, tan neutral decirle que volverían a verse, pero había pasado tanto tiempo, al menos para ella, que realmente estaba empezando a convencerse de que todo había sido producto de su imaginación y del cansancio que le hacía malas jugadas.
Se detuvo frente a la puerta de su cuarto y tomó la chaqueta, se había cambiado y ahora se abrigaba mientras estiraba la diestra para alcazar la bufanda. Afuera hacía frío, mucho, había estado nevando toda la noche y seguramente las calles estarían cubiertas de esa nívea capa que haría relucir a la aldea en todo su esplendor.
Salía de la casa temprano para no ser cuestionada. Salía porque cualquier lugar era mejor que esa jaula en la se convertía su cuarto cuando sus pensamientos la aprisionaban, incluso aún más que las propias órdenes de su padre.
Iba a paso presuroso, tanto como sus pies lo permitieran, con el viento gélido azotando su humanidad, con las mejillas bien coloreadas por aquella sensación que el clima le dejaba en rastros, con los cabellos sueltos que arrastraba a sus espaldas en un vaiven infinito.
Prosiguió su andar con esmero aún cuando sus pies se atascaban en la gruesa capa de hielo confitado que iba poniendole obstáculos cada vez más tediosos.
Le gustaba demasiado aquella época del año pese a todo, le encantaba maravillarse con las lucecillas de colores que adornaban las casas con diversos adornos alusivos a las festividades de fin de año. Le gustaba sentir el soplo frío del viento en su rostro y respirar abiertamente el aroma a bosque mojado. Había ocasiones en las que se dejaba caer en algun lugar del bosque con tal de observar las colosales nubes grises que se mostraban imponiendo su poderío en el cielo, cubriendolo por completo con diversas tonalidades de aquel color tan neutro al que la gente tachaba de triste y melancólico.
Varias veces la habían sorprendido los diminutos copos de nieve que de la nada comenzaban a descender a la faz terrestre, siempre majestuosos, creando un espectáculo sin comparación en belleza.
Frenó sin pensárselo dos veces, estaba ahí, parada frente a la plaza, lo cierto es que todos en el pueblo acostumbraban a levantarse temprano pese al clima, pese a cualquier cosa que se interpusiera, no había obstáculos, la gente seguía con sus rutinas pese a todo. Y ahí estaba ella a media banqueta observando la gente movilizarse por la vereda resbaladiza, pero sus pies se habían detenido y su corazón estaba a punto del colapso, sentía una presión sobre todo su sistema nervioso, sus músculos comenzaron a tensarse, comenzaron a sentir la presión que el cerebro pretendía ejercer sobre ellos para hacerlos moverse, para hacerla salir corriendo.
Pero no fue así, sus pies no llegaron a reaccionar, entonces cerró los ojos, apretando con fuerza sus parpados mientras su cabeza manifestaba varios pensamientos que arremetían unos contra otros, quedándose fuera del alcance de su racionamiento, de sus probabilidades de actuar. Deseaba en ese momento ser tan invisible como siempre había sido, deseaba poder tener alguna especie de magia y hacerse desaparecer.
Para su mala suerte no era extraordinaria, eso era la verdad cruel para ella, no había ser alguno que pudiera salvarle, porque el destino o alguna fuerza mayor deseaba que sus pies siguieran estancados con aplomo, y que su cabeza se presionara para que no pudiese reaccionar, y no era invisible como ella esperaba, porque aquel chico, logró notarla.
-¡Hey Hinata! – casi gritó un poco eufórico, muy propio de él sin importarle a quien tuviese enfrente, eso ella lo sabía muy bien, después de observarle por tanto tiempo, podría decirse que le conocía, en silencio, pero de alguna manera lo hacía.
El rubio se acercó a saludar precipitadamente, mientras que la morena soltaba un suspiro cansino.
-E..Etto…- balbuceó la chica en un intento por corresponder el saludo, claramente fallido.
Se había puesto colorada, en automático sus mejillas habían reaccionado como de costumbre y eso le hacía sentir un malestar con ella misma, algo en el estómago le punzaba, sentía la necesidad de bajar la mirada, así que lo hizo, estaba huyendo de aquellos ojos celestes que la acosaban en aquellos momentos.
El Uzumaki la observó con detenimiento y dejó que su típico gesto de duda se posara sobre su rostro, estaba examinando su actitud, como siempre lo hacía, sin descubrir algo novedoso, después de tantos años Hinata Hyuuga seguía siendo extraña.
-Que bien encontrarte por aquí…- prosiguió él, intentando sacarle algunas palabras a la chica, y entonces sonrió, su sonrisa era sincera y galante, de esas sonrisas brillantes que sólo un Uzumaki podía hacer.
Hinata levantó la vista y cuando observó aquella radiante expresión inmediatamente la bajó de nuevo, sus ojos se mantenían observando el piso cubierto por la delgada capa de escarcha y ella pretendía seguir observando ese mismo lugar bajo sus pies, porque ver a Uzumaki Naruto sonreír de esa manera no era una opción válida si quería salir bien librada.
Sintió que su piel se ponía más fría de lo normal, aunque estuviese bien abrigada, aunque realmente no sintiera tanto frío como para que sus manos se pusieran más albinas de lo que ya eran. Sus mejillas estallaron en un rojo intenso que amenazaba con apoderarse de todo su rostro, el calor en el mismo seguía ganando terreno al igual que aquella molestia que se registraba en su interior, en la boca de su estómago.
¿Por qué no se iba? ¿Por qué tenía que haberlo encontrado justo en medio de la plaza a esas tempranas horas de la mañana?
Hinata suspiró para tranquilizarse y asintió con lentitud, aquel gesto sería más que suficiente para dar por entendido al rubio que sí le estaba escuchando, que no le estaba ignorando y de alguna manera, era una forma de corresponder sus palabras, aunque con sinceridad no sintiera del todo lo mismo.
La Hyuuga prácticamente había estado huyendo de él todo el tiempo, intentaba por lo más, no encontrarse con él, y si lograba verlo a distancia, tomaba otro camino para no tener que tropezarlo, y no le importaba tomar un sendero más largo o un poco desconocido, incluso había conocido nuevos pasajes, como ella solía decirles, que no había tenido oportunidad de explorar, nada riesgosos.
-Hinata, Naruto… lamento la demora- escuchó entonces otra voz, que la sacó de sus pensamientos por completo.
La peli azul subió la vista aun habiendo reconocido aquella voz desde el preciso momento en que había pronunciado su nombre, sabía exactamente que era Sakura Haruno la que había hecho acto de presencia.
Sintió que sus pies perforaban el piso, se sintió pesada y a la vez, podía sentir como la sangre parecía detenerse en sus vías arteriales, sabía que probablemente se había puesto pálida, como si hubiese visto a un fantasma, o peor, como si hubiese visto al monstro de sus pesadillas.
Ella nunca había tenido nada en contra de aquella chica de cabellos rosados, incluso seguía creyendo que ella era una buena persona, era fuerte a su manera, y había aprendido a ser gentil con el rubio, se había convertido en la mejor ninja médico de su generación. Ella era digna de Naruto Uzumaki. Pero también se había convertido en todo lo que ella no tenía opción a aspirar.
Hinata no pudo parar una torpe reacción de su cuerpo en gesto de protesta por la presencia de la recién llegada, lo hiso mediante un suspiro, uno más prolongado de lo normal, lleno de pesadez, de tristeza.
Naruto saltó de emoción y se dirigió velozmente hacia la peli rosada haciéndola de un abrazo encantador, envolviendo su cintura con sus brazos y atrayéndola hacia él con muchas ganas. Se acercó a su rostro y le besó en los labios con una calidez que destilaba amor.
La presión que sentía en su pecho se hizo más evidente, y giró la vista hacia la plaza para no tener que tragarse todo el dolor que sentía en la boca de su estómago, que punzaba con más ganas, estaba haciendo un intento demasiado grande por quedarse ahí parada, por no hacer un gesto brusco, por no salir corriendo y por sobre todas las cosas, tenía que evitar que las lágrimas salieran de sus ojos.
Sentía escalofríos en la espalda y sus manos comenzaban a temblar, su corazón se oprimía sin cesar y ella mostraba su mejor cara, era una Hyuuga después de todo, tenía que darse aires de serlo, tenía que dejar su rostro intacto pese a que se estuviera desmoronando por dentro nuevamente.
Sakura se despegó del chico con una sonrisa y le tomó de la mano algo penosa, la situación era demasiado incómoda con Hinata ahí presente, porque a la Haruno jamás se le había olvidado que aquella chica de largos cabellos había estado perdidamente enamorada de su novio, desde que tenía recuerdos de ella, siempre se había percatado de que era Hinata la que le sonreía amablemente a él, la que quería acercarse sin saber cómo, y la que se había dejado vencer por la timidez. A Sakura no se le olvidaba que lo más probable era que ella la estuviese pasando mal por su culpa, ella se sentía responsable del dolor que sabía que se producía en la morena.
¿Pero qué hacía ella para solucionarlo? Ella sólo había tomado esa opción que Naruto siempre le había propuesto, ella había decidido dejar todo atrás y darse una oportunidad de sonreír, darle una oportunidad a él de ser feliz y demostrarse a ella misma que podía seguir adelante pese a todo, porque justamente era el rubio quien siempre la había apoyado, y se había esmerado por estar ahí con ella pese a sus constantes desplantes y rechazos.
-Le estaba diciendo a Hinata que es genial encontrarla por aquí…- comentó Naruto para romper el hielo, viendo que las dos se habían quedado en silencio.
Hinata seguía observando la pequeña plaza en cuyo punto medio se encontraba un enorme árbol decorado con miles de lucecillas que se apagaban y prendían al unísono, mientras que la Haruno la observaba a ella, y se concentraba en cada detalle de su rostro, en cualquier gesto por muy pequeño que fuese que ella hiciera para poder percibirlo.
-¿Hinata-chan irá a la fiesta de Fin de año? ¡Tienes que asistir!...- proclamó el rubio con felicidad.
Ahí estaba otra vez aquella luz brillante y cálida como el mismo astro rey, aquel fuego vivo que se desprendía de la piel del Uzumaki y que ella podía ver con claridad pese a que no fuese una fuente de chakra. Esa sensación de calor que pretendía entrar en su espacio personal, y que quizá hacía poco más de un mes lo hubiese logrado, pero que ahora tenía una barrera que si bien no era tangible, era una colosal pared de Hielo glacial que la protegía de aquella luz que amenazaba con hacerle daño.
Sakura asintió sin saber que decir, seguía sintiéndose rara delante de la chica y eso le provocaba un pesar demasiado evidente en su expresión.
-No… n-no creo qu-que pu-pueda …- negó la Hyuuga tartamudeando en voz baja su respuesta, había concentrado todas las fuerzas restantes que tenía en hacer que su voz no se quebrara, y resultó un fracaso, había salido tan baja y tan cortada que sintió que sus pies se volvían de gelatina, estaba a punto de llegar al clímax y lo sabía, necesitaba apresurarse, necesitaba salir de ese lugar antes de que fuera demasiado tarde y que sus lágrimas arruinaran todo lo que había conseguido hasta ese momento.
-Seguramente Hinata estará con su familia, los Hyuuga suelen ser muy tradicionales…- exclamó Sakura esperando que Naruto no insistiera.
-¡Oh vaya!- dijo el rubio rascándose la cabeza – Podemos ir a hablar con tu padre…
El rubio se hundió de hombros y delineó otra sonrisa mágica y la peli rosa resopló casi enfadada.
-Hola chicos…- se escuchó una cuarta voz, una que Hinata había escuchado antes, aunque no muy frecuente.
Se trataba nada más y nada menos que de Tenten, la amiga y compañera de su primo Neji.
La castaña se había aproximado al notar la clara tensión que rodeaba a ambas chicas, había estado observando la escena desde el otro lado de la acera. Ella sabía de antemano lo que Naruto significaba para Hinata y eso la había detenido, porque podía presentir con claridad lo difícil que tenía que estar siendo hablar con él, y con Sakura era aún peor, por ello había decidido intervenir.
-Hey Tenten…- Saludó un Naruto animoso – Estamos decididos a ir a hablar con el padre de Hinata para que la dejen venir a la fiesta de fin de año…- prosiguió buscando apoyo moral en la recién llegada.
-Oh…- comentó ella con un gesto de sorpresa, y siguió observando de reojo las facciones casi intactas de la Hyuuga, estaba haciendo honor a su apellido. – Bueno, no creo que sea lo más correcto…- la chica negó con la cabeza y se aproximó a la mayor de las Hyuuga – Neji te está buscando…-
Hinata levantó el rostro contrariada, no tenía idea de los motivos de su primo para emprender su búsqueda, y aunque esperaba que no se tratara de su padre, su corazón sintió un revuelo intenso que le hizo ver el panorama de manera distinta, era una señal, su señal de salida.
-D-debo irme…- dijo en voz casi inaudible mientras hizo una ligera reverencia para despedirse de manera cortés.
-Yo voy contigo…- mencionó la castaña emprendiendo el paso para seguirla al mismo tiempo que levantaba su mano para agitarla – Nos vemos chicos, lindo día…-
Hinata apretó el paso, era como si sus pies se sintieran tan ligeros después de aquella enorme carga que había tenido que llevar a cuestas, después de aquello que le había parecido una eternidad. Sus mejillas seguía arreboladas, y sus manos seguían temblando, sentía que su corazón no cabía dentro de su pecho y a la vez, parecía que el mismo se encogía hasta hacerse diminuto, se sentía extraña, como cada vez que lo veía.
-¿Estás bien? – preguntó Tenten una vez que se habían alejado de la pareja.
Hinata asintió aún con la mirada en el piso, sabía que no podía levantar el rostro sin dejar que las mejillas se le humedecieran de sus propios sentimientos.
-Neji no te busca…- comentó entonces, haciendo que la chica se detuviera, por lo que procedió a hacer lo mismo. – Creí que… necesitabas salir de ahí…-
La chica tragó saliva, deseaba poder aclararse la garganta para hablar pero sabía que no podía sin que se le infringiera la voz.
-Si necesitas hablar…- le propuso la castaña, con un amable gesto en el rostro, demasiado comprensiva, mientras colocaba su diestra en el hombro de ella – puedes hacerlo, te escucharé…-
Pero la mayor de las Hyuuga negó rotundamente en un gesto y como pudo hizo movilizar sus pies, lo más rápido que pudiera para salir despegada del lugar, comenzaba a correr con presteza para huir, quería estrellarse contra un árbol para tener el pretexto perfecto para soltarse a llorar.
Se sentía estúpida otra vez, y no le gustaba esa sensación, ella había estado evitando ese momento porque había decidido que seguiría su vida, que seguiría adelante y que valdría la pena, ella había asegurado que aquel día era su punto muerto del cual volvía a empezar, el cual no volvería a tocar ninguna vez.
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Se detuvo repentinamente y se llevó ambas manos a la altura del cuello, acomodando la bufanda lila que su hermana le había regalado su cumpleaños pasado. Reconocía ese lugar aunque estuviese vestido de blanco. Sentía como su corazón brincaba en automático cuando sus perlas llenas de lágrimas recorrían con más detalle el pequeño claro en el que hacía ya casi, o más de un mes no visitaba.
Era como si sus pies reconocieran la tierra bajo la suela de los zapatos, como si se hubiese quedado impregnado de aquella sensación de desconsuelo que acarriaba sus sentidos desorientados hacia un viejo y verdaderamente grueso tronco, donde ella había estado recargada, donde sus pies habían sido débiles y donde su cuerpo había colapsado por completo en señal de auxilio frente al forastero.
Inconscientemente arrugó la nariz y frunció los labios haciendo entrecerrar sus ojos dejando que pequeñas gotas de agua salada recorrieran sus mejillas sin poder hacer algo para evitarlo, una sensación aplastante comenzaba a apoderarse de su pecho.
"Esto debería ser más fácil..." Pensó para sí la peliazul, dejandose caer con cuidado sobre un pedazo de tronco que al parecer había sucumbido ante la fuerza de la realidad.
Sus sollozos se hicieron más evidentes y sus manos se enfrascaron en su rostro en un intento por hacerlas detenerse, otra vez estaba llorando, otra vez sentía aquel hueco en su pecho que se retorcía con ánimos de hacerla sentir miserable.
-Llorando otra vez…- escuchó aquella voz tan seca e indiferente que la hizo saltar en su propio lugar, sobresaltando cada uno de sus músculos y poniendo a trabajar veloz y precipitadamente a su corazón.
Era él, estaba completamente segura de que aquella voz tan espectral no había sido producto de su imaginación, que realmente no estaba loca. Giró la cabeza en todas las direcciones hasta no dar con la silueta de la que habían provenido aquellos vocablos.
Ahí estaba él una vez más, un tanto sorprendido de encontrarla de nuevo merodeando aquellos lugares, un tanto incrédulo por ser exactamente él quien se hubiese balanceado a ese preciso lugar, en la hora exacta.
-Etto...- soltó la Hyuuga mientras se llevaba ambas manos a los ojos y procuraba limpiarlos para posteriormente descenderlas al pecho, haciendo que sus dedos juguetearan entre sí.
-¿Qué es lo que pasa contigo? – Cuestionó él con aquel tono soberbio - ¿Es que acaso te la vives así?
Su rostro albino se coloreó en sus mejillas más por la presencia del chico que por el propio clima y ella lo había notado, le estaba mostrando nuevamente la peor parte de ella. Bajó la mirada inconscientemente mientras que en sus adentros se repetía la cuestión del chico que no le quitaba los ojos de encima. Seguramente esperaba una respuesta y ella estaba lo suficientemente distraída pensando en su propia timidez, en la verguenza que se apoderaba de sus pómulos por la primera vez que había conversado con él, si es que a eso se le podía llamar conversación.
Había querido verlo, había estado sintiendo una sensación que la hacía sentirse más extraña que de costumbre, porque si pensaba y volvía a pensar sobre ello, sacaba a flote el deseo de verlo, bien fuera para pedirle disculpas por su comportamiento, o para comprobar que no estaba loca, y que en sus actos de demencia él le había casi jurado volver a verla. Pero el destino, si es que existía le estaba jugando demasiado chueco, le hacía verlo cuando menos se lo esperaba, cuando menos deseaba que apareciera porque estaba realmente frágil y a la merced del mundo. Mostrando la debilidad de su corazón.
Hinata simplemente negó y bajó la mirada, sin decir nada, perdiéndose nuevamente en sus propios pensamientos de vergüenza.
-¿En qué piensas? – preguntó nuevamente después de un largo suspiro de decepción.
Sasuke estaba inmóvil, arqueando la ceja derecha como seña de que seguía a la expectativa de aquella respuesta que no parecía querer llegar, no una vez que ella se sumergiera como en una especie de trance.
Arrugó la frente bajo sus desalideados cabellos y sus ojos la revisaban de pies a cabeza.
-Sigo aquí...- dijo él para hacerse saber presente y sacar a la chica de sus pensamientos.
-Lo si-siento...- se disculpó con las mejillas más coloradas, y desvió la mirada un par de segundos, volviendo a buscar su cuerpo y retirando su mirar, una y otra vez, como si no se animara a seguir viendole directamente.
-¿En qué piensas?...- cuestionó él, dando un paso más.
-En que to-todo debería ser más fácil...- soltó con aflicción la chica cerrando los ojos y apretando su abrigo entre sus manos. - De-debería ser más fácil si te has decidido...
Sasuke la observó detenidamente relajando el gesto, recordaba que era justamente en ese lugar donde la había encontrado llorando por el idiota de Naruto la otra vez, y nuevamente sus ojos mostraban lágrimas que sus palabras confirmaron como producto del mismo problema, aquella chica le parecía extraña, pero había algo en ella que lo hacía querer dar otro paso en lugar de emprender la marcha. Quería serciorarse de que todo fuera bien después de todo.
Quería ser de utilidad, y no sentirse tan incómodo como la última vez, deseaba que ella se abriera con él, poder comprenderla, pero era demasiado brusco como para lograrlo, seguía mostrandose demasiado seco. Soltó entonces un suspiro y se animó a intentarlo nuevamente, a darle un impulso a la chica, aunque no comprendiera demasiado bien el porqué.
- Bueno Hyuuga, precisamente por eso todo es más difícil...- profirió con un tono que a Hinata se le antojó lleno de sabiduría.
Sasuke la observó esbozar una diminuta sonrisa que hizo que se detuviera en seco, estaba siendo demasiado considerado con aquella chica al pretender asegurarse de que estuviera bien, a él le importaba un comino y no era como si quisiera tener algún lazo, por diminuto que fuera que lo hiciera regresar a ese lugar. Había sido una coincidencia y eso era todo, una que no tendría porqué repetirse.
Se dio la vuelta y anduvo sobre sus propios pasos con la determinación de salir del lugar, de volver a alejarse de esa aldea que lo incitaba a incendiarla, a quemarla viva y destruír todas sus ruinas, de verla completamente en cenizas.
-Uchiha-san...- se atrevió a llamarlo la peliazul cuando sus ojos plateados, aún cristalizados por las lágrimas, se alertaron de la posible fuga sin sentido del chico.
Sasuke se detuvo nuevamente al escucharla nombrarle, un tanto indeciso.
-No...- tragó saliva entonces mientras sentía como sus nervios comenzaban a tensarse y las palabras amenazaban con quedarse estancadas en la punta de su lengua - no...- hizo un esfuerzo que salió casi en un susurro mientras su rostro comenzaba a hervir como agua caliente - no se vaya...
Por fin lo había soltado después de tanto esfuerzo, estaba realmente avergonzada, sabía que no le podïa ver a los ojos, y también que no olvidaría sus manos rodeandola, dandole consuelo a su maltrecha alma.
El chico se giró un tanto extrañado por la repentina y poco común petición de la de ojos blancos. Estaba un tanto desconcertado por ello.
-¿Por qué quieres que me quede?...- cuestionó en seco, girándose sobre su propio eje para ver las reacciones de su rostro.
Hinata palideció más de lo normal y bajó la mirada en automático, sus palabras eran como un valde de agua helada en ese invierno. Y es que en cierto punto tenía razón, y era justamente ese el motivo de su silencio.
Él no tenía motivo alguno para quedarse, y estaba demasiado loca si deseaba entablar conversación con aquella persona tan diferente a ella, tan distante y poco comprendida. No era como si por lo acontecido el Uchiha repentinamente fuese a comportarse bien con ella, no era como si fueran amigos.
Sasuke sonrió un tanto divertido al ver la clara expresión de confusión que se apoderaba del cabizbajo rostro de la chica. La observó sumergirse en alguna batalla campal de pensamientos para poder buscar una respuesta apropiada.
Se sentía distraído, había algo en Hinata Hyuuga que lo ponía tenso, y esa sensación no le agradaba para nada, era la segunda vez que la veía así y también era la segunda vez que su cerebro se debatía internamente por tomar la decisión apropiada, aquella que por lógica era la de no continuar, pese a que le resultara agradable, pero aún estaba la otra opción, y era esa espinita que se quedaba clavada en su pecho, la duda.
En un par de movimientos sigiliosos hizo que sus pies recorrieran la distancia entre ambos y se dejó caer sobre el mismo tronco que ella. Le estaba costando quedarse al márgen de las cosas por más que se repitiera que él no tenía nada que ver con alguien como ella.
Pero le divertía hacerla confundirse, ver las múltiples expresiones de su rostro. Algo tenía ella que lo hacía querer mirarla a los ojos. Que lo hacía quedarse en lugar de marcharse.
-Es más díficil porque quieres lograrlo...- sentenció para sacarla de sus pensamientos.
Hinata se exaltó y se giró para verlo, estaba realmente sorprendida de escucharlo, de haberlo visto sentarse a una distancia bastante cerca.
-Porque entre más deseas algo, el reto se hace más grande...- continuó él con serenidad una vez captada su atención.
-Yo...- comenzó ella como pudo, sintiendo que su garganta se cerraba, actuando en su contra – n-no sé si po-podré...-.
-Claro que podrás...- afirmó el moreno - no es imposible, no es tu vida entera...- apresuró sus palabras, como si sintiera una especie de malestar en el estómago por el tema. - Los sentimientos de las personas cambian.
Hinata lo observó con detenimiento mientras que su memoria guardaba con presición sus palabras, estaba asombrada de aquellas cosas tan importantes para ella que el chico sabía, de la audacia que la hacía sentir tener ganas de seguir con la desición que había tomado.
La Hyuuga asintió en silencio, queriendo creer con todo el corazón que lo que el chico decía era verdad, que los sentimientos de las personas podían transformarse con el tiempo. Que el dolor desaparecería cuando lo encontrara en la calle y que no huiría de él nunca más.
Quería que esos sentimientos dejaran de existir, porque aprisionarlos con todas sus fuerzas dentro de su pecho la esfixiaban y le dolía demasiado.
-Han sido quizá unos años, en tu caso... - prosiguió él, rememorando imagenes de la chica, que en aquellos tiempos aún llevaba cabellos cortos que le sentaban bastante bien, siempre sonrojada, con la mirada perdida en el rubio. - Pero aún tienes demasiado que recorrer, tienes una vida por delante.
El Uchiha la miró fijamente, estaba captando los detalles de aquel rostro que se delineaba casi con perfección, notó entonces que el tono de su piel era demasiado parecido al suyo, y que sus ojos plateados, pese a su color tan simple, tenían una luz que se apoderaba de ellos, podía observar los suyos en aquella superficie, eran castos como seguramente la chica lo era, estaba su nariz que se arrugaba de vez en cuando haciendo una mueca un tanto graciosa, y sus mejillas arreboladas que se pincelaban de aquellos tonos rosas de diversos matices que le daban un reflejo más cálido, que la hacían verse más linda, y esos labios rosa pálido que siempre lo hacían detenerse a contemplarlos.
¿Había dicho Linda? Debía estar completamente demente, seguramente hacía dejado atrás la fina y delgada línea de la cordura al pensar semejante bobería. Y bueno, no era que la chica no le pareciera linda, o hasta cierto punto atractiva, y no hablaba de un físico que jamás había visto, sino un atractivo diferente, algo especial que no podía describir y que lo había hecho tragarse todos sus pensamientos vagos y arrastrar sus pies hasta ella.
Era el hecho de que él, Sasuke Uchiha no podía darse el lujo de admitir que cierta chica, quien quiera que fuese, le agradaba a tal punto de verla linda.
La Hyuuga se removió en su propio lugar, sintiendo como su corazón latía con fuerza, como si lo reanimaran, como si las esperanzas se encendieran en algún lugar recóndito de su alma.
-Sasuke-san es...- dijo ella, pausandose por la timidez que se reflejó instantaneamente en su rostro - una buena persona.
Sasuke se sonrió de lado, sus ojos sin luz inspeccionaron el gesto inocente mientras el suyo mostraba uno puro de malicia plena.
Ella estaba fuera de sus cabales si llegaba a pensar algo así de él, el demonio Uchiha desertor, un asesino con poderes extraordinarios, cuyo corazón se había podrido hacía bastante tiempo.
-¿Eso piensas de mí? - la cuestionó con algo de sorna en sus palabras.
Hinata asintió con una sonrisa en sus labios, con la bondad reflejada en sus ojos.
-No me conoces...- replicó él volteando precipitadamente su rostro. - No digas tonterías.
-Sasuke-san, me ha ayudado... no tenía p-porqué ha-hacerlo- continuó temblándole la voz mientras ella negando en un gesto pacífico – p-por eso estoy en deuda con usted.
El Uchiha volvió a girar el rostro hasta ella y la observó sin discreción hasta la cintura, recorriendo su bien abrigado cuerpo.
-No digas estupideces...- soltó él una vez más - No quieres estar endeudada conmigo...
-Cuando Uchiha-san necesite hablar con alguien...- aclaró ella con una dulce sonrisa en sus labios - puede contar conmigo.
Sasuke volvió a desviar la mirada incómodo, estaba incrédulo de las palabras de la chica, como si le hubiese tomado la confianza necesaria para llegar a ese punto, como si él lo necesitara más que ella.
-Debo irme...- dijo él, levantándose repentinamente.
Hinata se sobresaltó y llevó ambas manos al pecho, ahora la duda la embriagaba y se reflejaba en sus ojos nerviosos que se mantenían fijos en el perfil del rostro del chico.
-¿Vo-Volveré a verle? - profirió en voz baja, con un sonido tan quebrado y lleno de temor que llegó a dudar de que él la hubiese escuchado.
Estaba bastante acongojada. La verdad era que la Hyuuga no tenía grandes amigos con quien contar, ella jamás había sido tan apegada a sus compañeras ya que por algún motivo bastante extraño, se sentía incómoda, se sentía extraña y más rara que cualquiera de ellas. Y pese a que su equipo, Kiba y Shino eran su mayor soporte, pero la vergüenza que sentía al hablar de sus pensamientos, de la profundidad de sus sentimientos le provocaba un pesar que la hacía negar cualquier contacto con ellos. No quería que se enterasen por ella misma de su propio dolor inconsciente que día a día parecía carcomerle, no quería que se compadecieran de ella y le miraran con los ojos brillantes, llenos de pena.
Sasuke la observó de reojo, sumergida nuevamente en sus propios pensares, había escuchado con claridad la cuestión y no se sentía capaz de dar una respuesta. Iba más allá de sus expectativas, ella le pedía más de lo que estaba dispuesto a dar.
Suspiró y arrugó la frente, los ojos blancos de la chica brillaban, deslumbraban una luz descomunal que lo hacía querer sentarse a admirarlos, pero sabía que de hacerlo, no se conformaría con ello. La chica era bastante bonita, era atrayente de una manera que no conocía y que tampoco podía darse el lujo de explicar y eso le revolvía el estómago, porque ella parecía necesitarlo, para sanar sus heridas.
-Probablemente...- se hundió de hombros él, para restar importancia al hecho de estar accediendo como un imbecil a sus peticiones, aunque muy en el fondo supiera sus propias razones.
Hinata sonrio satisfecha, un atisbo de esperanza se asomaba en sus ojos, ella quería seguir teniendo aquellas charlas tan amenas, que la llenaban de fuerzas para volver con la frente en alto.
El chico se aproximó repentinamente y se puso de cuclillas de tal manera que su rostro quedara a la altura del de ella, sus azabaches buscaron los suyos y al encontrarlos se clavaron fijamente en ellos.
No estaba tocándola porque sentía que estaba fuera de su alcance aunque estuviera justo delante de su fisonomía. No podía darse ese lujo por más que quisiera saber lo que se sentía.
-Siempre y cuando…- profirió con un gesto tosco – dejes de llorar –objetó como condición mientras arrugaba la frente en señal de evidente molestia.
Hinata asintió con lentitud, estaba grabando nuevamente sus palabras en su cabeza, para que le dieran valor, para recordarse que él debía tener razón.
El Uchiha se levantó y le dio la espalda, comenzó a caminar, estaba tornándose más nublado, tanto que estaba casi seguro de que comenzaría a nevar en cualquier momento.
Hinata observó cómo su respiración se manifestaba visible mediante humo que se desprendía de su boca. Se maravilló con aquel hecho, le encantaban ese tipo de cosas pequeñas, propias de la estación, pero aquello tampoco le distrajo lo suficiente como para observar la espalda del chico.
Sasuke había crecido, su espalda era más ancha, y su porte erguido le daba un toque distinguido, era como si por naturaleza fuera regio, aquella espalda lo hacía verse imponente y poderoso, seguramente había cargado con tanto peso sobre sus decisiones, y ella lo sabía, como media aldea cuando Naruto le había gritado frente al mundo al término de la guerra que se olvidara de todo, que nada importaba si él regresaba, que Konoha era su aldea y que sus puertas estarían abiertas siempre para él.
Sin embargo, al parecer el moreno pensaba diferente, porque había rechazado la oferta y se había marchado tan pronto como pudo, recordarlo era bastante penoso, y sin embargo, aquellos pensamientos se apoderaron de su mente, porque ella había presenciado la salida del Uchiha de los campos de batalla, mal herido, porque ni siquiera había deseado la ayuda de alguien de la aldea para que lo atendiese, porque su orgullo era tan grande como seguramente lo era el dolor que debía de haber sentido.
Hinata podía comprender aquello, pero no podía imaginarlo demasiado bien, con la claridad necesaria para brindarle un gesto de apoyo, simplemente sabía que estaba solo y que tenía demasiada curiosidad que satisfacer, sin embargo esperaba que el tiempo le brindara la oportunidad necesaria para cuestionarlo, y que la vida le alcanzara para hacerlo responder.
-¿Cuándo? – soltó de improviso con facciones afligidas.
Sasuke la miró por encima de su hombro derecho, deteniéndose nuevamente.
-¿Cuándo qué? – la cuestionó frunciendo el ceño.
-V-volveré a verlo…- de repente su necesidad de satisfacer todas sus preguntas había pesado más que la sensación de reconforte que él le hacía sentir.
-Cuando sea el momento…- dijo él en seco, sin nada que agregar, un tanto sorprendido por la pregunta.
¿Es que acaso ella deseaba verle pronto? Y en ese caso, ¿Por qué? No podía pensar en un motivo lo suficientemente bueno que fuera válido.
-Y… ¿Cómo s-sabré que es el m-momento? – tartamudeó de nuevo, con las mejillas azoradas de la vergüenza.
-Yo te lo haré saber…- concluyó él rodando los ojos.
Entonces, en un movimiento ágil, propio de su característico Clan casi extinto se flexionó para poder tomar el impulso necesario, haciendo repeler al piso de sus pies que salieron despegados hacia la corteza del árbol más cercano, comenzando a recorrer las ramas con destreza para no caerse, con una maestría que le permitía avanzar sin mirar atrás para dejar a la chica pensativa a una distancia prudente en tan sólo unos cuantos segundos.
Hinata podía no ser la más inteligente, y quizá no era tan distintiva, tan buena para hablar, y aún le desconsolaba saber que tendría que volver a la realidad, tenía que dejar aquel lugar que hasta el momento le había parecido un tanto mágico, acogedor pese a la estación. Tenía que seguir enfrentando el dolor que no se iba y la estancaba, pero también sabía que estaba deseosa de seguir, y que por difícil que le resultara sabía que podía dejarlo de lado.
Que algún día vería a Naruto de frente y podría ser capaz de sonreír abiertamente, que su corazón dejaría de sentirse hostigado y que volvería a ser libre, iba a poner en práctica las palabras del Uchiha.
Porque después de todo, había descubierto en aquel fugitivo una persona que estaba dispuesta a tenderle la mano, y también había descubierto que no eran sueños ni su imaginación le engañaba, porque si de algo estaba segura es que Sasuke Uchiha volvería a verla, y ella podría seguir estudiando esa capa de dureza que tenía sobre la piel para repeler a cualquiera, y seguiría aprendiendo de él lo que pudiera para continuar.
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Notas:
Estoy aquí nuevamente actualizando. Y me siento un poco mal por actualizar este y no E.P.E. Pero bueno, yo sé que dejaré todo de lado y me animaré a subirlo igual pronto, en cuanto lo sienta terminado.
Quiero agradecerles el hecho de haber entrado a leer esta historia, MUCHAS GRACIAS por darle una oportunidad, sobretodo a los que se animaron a dejar un Review, los adoro con el corazón y espero no desanimarlos con este segundo capítulo. Ojalá sigan la historia.
Que por cierto quizá a algunos les parecerá lenta pero, creo que es mejor así y no precipitar nada. La situación lo amerita. Los demás personajes irán saliendo conforme avance la trama. Me he decidido a cambiar el Rating de una vez, considero lo mejor, para que después no haya malos entendidos y cosas así.
Y bueno, me he sentido como Hinata en este capítulo, hace un par de semanas, creo que me siento rara al respecto.
Resulta que Hoy es mi cumpleaños, y en lugar de un One-shot (como el año pasado) me aventé con el capítulo, actualizo antes de salir a trabajar, lo cierto es que es casi un día normal, demasiado común, a veces pienso que sería asombroso que fuera diferente, motivo de celebración, ser una fecha 'notada' pero bueno, hay cosas y cosas. También es cumpleaños de mi amor verdadero aunque él no se dé cuenta, Jhonny Deep, ¡ Pfff qué felicidad!
Agradezco a: Kierinahana, Ania cough, Dark Amy-chan, Pochyy,, Kikuta- Madaren, Tsuki Tsurunga
Maribelteka: Como no tienes cuenta, por aquí te respondo. Muchas gracias por leerme aquí y allá, aquí está ya la continuación, espero que siga de tu agrado, eres grande, aprecio mucho tus palabras, bonita :)
En verdad muchas gracias por su apoyo y sus palabras de aliento que son las que me impulsan a seguir adelante, espero que este capítulo se merezca un comentario.
Dejar un comentario es totalmente Gratis y hace sonreír a alguien como yo. Si lo haces te llegará una rebanada de pastel, o quizá ¡Sasuke dentro de un pastel! Aunque no le gusten las cosas dulces jujuju! Uno puede encargarse de quitarle el betún de encima :D
Ary
