Disclaimer: Kobato no me pertenece, punto. XD


"La primera vez que te conozco."

"Es un placer conocerte"

Las palabras resonaban en su cabeza. La imagen de aquella pequeña se reflejaba en sus orbes esmeraldas. Estaba feliz, rebosante de alegría, quizá con un ligero dolor en el pecho por todo lo que implicaba el verla de nuevo. Pero más que cualquier cosa estaba intrigado de pies a cabeza.

"Lo he tenido conmigo desde que tengo memoria. Su nombre es Ioryogi"

Él no podía explicarse cómo era que esa muñeco había regresado a los brazos de ella. Bueno, quizá podía darse una idea: Kohaku había dicho, que el deseo de Kobato era nacer, sin importar el tiempo, al lado de su persona más importante. Eso explicaría el porqué la había vuelto a encontrar un poco más grande de la edad que tenía cuando la conoció la primera vez. Pero aún quedaba lugar a otro problema.

Si lo que Kohaku había dicho era cierto, entonces Ioryogi no debería de estar allí, se supondría que habría regresado a cualquier fuera el mundo al que perteneciera, ya que Kobato había cumplido su deseo…

…¿O no?

-Fujimoto kun

Kiyokazu salió de su ensimismamiento al oír la voz de Sayaka. Hasta ése momento, se había concentrado en mirar a través de la ventana sin fijar la vista realmente en lo que había detrás de ella. Sentado sobre el sillón y recargado en el marco de la ventana, daba la impresión de que estuviese haciendo un berrinche por algo, y tal vez lo estaba haciendo.

-Sayaka, ¿Qué haces aquí? –cuestionó al verla

La mujer sonrió con ternura ante lo despistado del chico, pareciera como si nunca se hubiese dado cuenta de cómo fue que llegó allí, al jardín de niños Okiura.

-Fujimoto kun, ésta es mi casa, ¿ya lo olvidaste?

-¿Eh?

Se sobresaltó un poco al descubrirse, efectivamente, en un lugar que no era para nada su departamento.

-Lo siento –se disculpó apenado –he venido pensando en unas cosas y no me percaté de que había llegado aquí.

Sayaka asintió con paciencia, pues estaba preocupada por el castaño.

-¿Ocurre algo malo?

-No –se apresuró a negar para no preocuparla –no es nada que no tenga explicación

Sayaka frunció el seño.

-¿Explicación?, ¿no querrás decir solución? –sugirió

Él suspiro, clavando la vista al suelo, pensó que no tenía caso seguir ocultándolo. Y, honestamente, necesitaba hablarlo con alguien o perdería la cabeza.

-Hace cuatro años –comenzó con dificultad, temía el recibir la misma negativa de aquél entonces -te pregunté si recordabas a una chica, que debía estar en las fotografías del día de campo pero que había desaparecido, ¿recuerdas?

-…Sí –asintió ella, temía el que de nuevo aquella desesperación se apoderara del joven frente a él -¿qué pasa con ella?

Kiyokazu suspiró antes de responder.

-La encontré

-¡Eh? –ella se sobresaltó con la noticia -¿d..de verdad? ¿Estás seguro?

-Sí, de verdad –asintió él esbozando una pequeña sonrisa –te ves sorprendida, ¿esperabas algo diferente?

-Sí. No… -respondió bloqueándose sus propias palabras –Debo admitir que no creía en ella, pensé que la habías inventado. Perdona.

-Está bien –aceptó él

Aquella vez hace cuatro años, después de haber sabido la verdad por parte de Kohaku, había tenido problemas para asegurarles a todos y cada uno de a los que les cuestionó sobre la desaparecida chica, de que todo estaba bien y de que aún conservaba la cordura. Habían dejado el tema en que tal vez hubiese sido alguien del pasado de Kiyokazu, alguien a quien por algún motivo había vuelto a recordar sin fundamentos; o tal vez fuera que había visto a algo o a alguien que le hubiese despertado la memoria.

Sea como hubiese sido, todos dejaron pasar el asunto. Hasta este día en que él volvía a hablar de ella.

-¿Su nombre es Kobato chan? –le preguntó Sayaka, ya recompuesta de la sorpresa y con una sonrisa adornando su rostro

Él le devolvió la sonrisa.

-Sí. Hanato Kobato –respondió

-¿Cómo la encontraste?

-Por un caso de sucesión que la firma de abogados me dejó a cargo –explicó, de pronto sintiéndose animado de poder hablar de ello –acaba de heredar de parte de su abuelo una hermosa mansión en la prefectura de Kyoto.

-Increíble –exclamó asombrada –debió ser un gran shock para ti

-Lo fue –se rió

-¿Y? ¿Te reconoció en cuanto te vió?

Su semblante cambió al instante, su corazón se estrujó al momento de oír la pregunta, su mente formuló al instante la terrible respuesta.

No. No lo había hecho.

"Es un placer conocerte"

Se recordó de aquélla cálida sonrisa, que a pesar de su gesto amable le resultó indiferente.

Sayaka no tardó en darse cuenta del cambio de ánimo del chico, era evidente para ella que la respuesta a su pregunta era una negativa. Se recriminó mentalmente por haber formulado la pregunta, por haberse dejado dominar por la curiosidad que despertaba la mención de la chica, tanto, como si de verdad la hubiese conocido y estuviese ansiosa por saber cómo se encontraba. Por supuesto que eso no se lo dijo.

-Lo lamento Fujimoto kun –le dijo

Él negó a volver con la cabeza.

-Está bien –le sonrió con seguridad y el gesto confiado la sorprendió –no soy un niño como para desilusionarme por algo tan simple –le aseguró –es sólo que…

Su voz se apagó después de aquello.

"Su nombre es Ioryogi"

Sostuvo el recuerdo de la figura de aquél peluche azul y su semblante volvió a recomponerse, por ahora no podía darse el lujo de preocupar a Sayaka. Primero necesitaba asegurarse.

-Es extraño decir "un placer conocerte" cuando siento que llevo conociéndola todo este tiempo –se explicó sonriendo

Ella sonrió de forma comprensiva.

-Tal vez porque es la primera vez que de verdad la conoces

Él reflexionó en ese hecho y concluyó que así era, al menos en una parte.

-Sí, supongo que eso. –asintió

-¿Volverás a verla? –quiso saber ella.

Las reacciones que causaba esta chica de nombre Kobato en su pequeño hermano adoptivo, le daban la esperanza de que el mismo pudiese encontrar su propia felicidad, una que fuera sólo para él. Y, por más disparatado que sonara el asunto, estaba dispuesta a apoyarlo.

-Tengo que ir dentro de poco a darle los documentos oficiales de la cesión de bienes –respondió como quien no quiere la cosa

Ella lo notó al instante.

-¿Eso es malo?

-No lo es –murmuro –no para ella quiero decir –se corrigió

Ella volvió a sonreír al caer en la cuenta de cuál era el problema.

-Entiendo, después de esto ya no tendrás ningún motivo para ir a verla, ¿cierto?

Kiyokazu se sonrojó al instante, logrando el que Sayaka soltara un risilla burlona

-No quise decir eso –negó apenado, pero era obvio que estaba mintiendo

-Está bien –le dijo –pero ella necesita esos papeles, retrasándolo realmente tampoco consigues verla ¿o no? –él desvió la mirada, consiente de ese hecho en particular –y, por otro lado, podrías terminar provocando el que ella viniera a verte

-¡Ah! –él se sobresaltó al caer en cuenta del hecho –mañana mismo iré a verla –se excusó

Sayaka volvió a reír divertida.

-No te preocupes –le dijo poniendo una mano en su hombro –siempre hallarás una buena razón para estar cerca de la persona que quieres

-Yo no he dicho –intentó negar de nuevo sonrojado

-Sayaka

Ambos se giraron en dirección a la entrada, Okiura les miraba sonriente.

-Ya es hora de cerrar – le dijo

-Sí, en un momento voy –contestó –dejaremos la charla para después –le dijo

-Sí

-Y me encargaré de fastidiarte por teléfono para asegurarme de que vayas a verla

Por una vez, él decidió no responder, y sólo sonreír en respuesta.

Volvió a su departamento después de haber ido a cenar con Domoto. Lo mejor era descansar por ahora y, como Sayaka le había dicho, buscar la manera de poder seguir cerca de Kobato; quería descubrir si sería capaz de volver a convertirse en la persona más importante de aquella niña; quería volverla a sentir.

Estaba por irse a la cama cuando el pequeño caramelo rosa (como le había llamado Kobato antes de desaparecer hace cuatro años) brilló a la luz de la luna en cuanto apagó las luces de la habitación.

Lo miró detenidamente. El recuerdo de Ioryogi, el deseo de Kobato, el contrato con el cielo, bailando uno a uno en su mente. Sacudió la cabeza para despejarse de ellos y se recostó en la cama dispuesto a dormir.

-Tengo que descubrir porqué –se dijo –porqué es que sigue con él

Kohaku había dicho que Ioryogi era en realidad Iorogi un príncipe del mundo de los espíritus, pero que había sido Kobato quien había confundido el nombre al no poderlo pronunciar. Según él, Iorogi estaba pagando un castigo por haber intentado robar un ángel, su pago consistía en ayudar a Kobato a cumplir su deseo y protegerla de cualquier peligro. Si el deseo de Kobato había sido cumplido, no había razón para que él siguiera con ella.

Entonces, ¿por qué aún estaba allí?

Quería creer que el deseo de la chica aún no había sido cumplido, que en realidad (como ella le había dicho hacía tiempo) él era su única persona importante y siempre lo sería.

Cerró los ojos con ese pensamiento en mente. Con el corazón palpitando pesadamente, mientras su ser rogaba porque ésa fuera efectivamente la razón.


-Sí recibí los documentos esta mañana, me los enviaron por fax

La luz que bailaba en la habitación era demasiado tenue, apenas suficiente para mirar por dónde se pisaba pero no para distinguir los obstáculos. Kobato luchaba por aumentar el nivel de la luz, mientras hablaba por teléfono, pero sin éxito. La electricidad no funcionaba y las lámparas de aceite daba una luz amarillenta que equivalía a estar en penumbras.

La chica suspiró. Era evidente que no conseguiría más luz.

-No, aún no recibo los de la cesión de bienes -volvió a hablar al teléfono esperando atenta a la contestación -pero recibí un mensaje del abogado Fujimoto san, acordé verme con él mañana -sonrió

Desde el extremo opuesto a la habitación, sobre un antiguo sillón frente a la cama, el pequeño peluche azul miraba directamente , aunque sin ser descubierto, a la frágil figura de aquélla niña.

Esperaba paciente. Había esperado ya mucho tiempo. No había sido fácil encontrarla y había sido menos fácil encontrarlo a él. Él tenía una misión que cumplir, y hasta no asegurarse de que aquella Dobato (como le gustaba llamarle) fuera verdaderamente feliz.

-No hay problema, estaré bien

Observó cuidadosamente a la chica, intentando seguir la conversación armándola con las frases que escuchaba. Finalmente la llamada terminó.

-Buenas noches Hinata chan -se despidió -diles a Emi y Touko que las extraño, bye bye

Colgó el teléfono, y sólo hasta entonces Ioryogi se relajó. Debía volver a comportarse como un peluche.

-Bien Ioryogi san -le habló la chica mientras lo tomaba entre sus brazos, y se subía con él a la cama -es hora de dormir -sonrió

Se había acostumbrado a dormir así, y era una costumbre que no estaba dispuesto a romper; adoraba a esa chica más de lo que se permitiría admitir.

-Hemos tenido toda una ventura, verdad?, Ioryogi san -volvió a reír -hemos conocido a mucha gente -se recordó y sus recuerdos la llevaron al de Fujimoto san, ella parpadeó algo sobresaltada -ése abogado, Fujimoto san; es una persona agradable no es cierto?

Esperaba unos instantes, como si quisiera que Ioryogi respondiera a sus preguntas, cosa que, aunque se estuviese muriendo por hacerlo, el pequeño no haría.

-Lo sé -asintió la chica como si hubiese recibido la respuesta que quería -a mí también me resultó bastante familiar... -volvió a sonreír entonces -mañana que lo veamos de nuevo, se lo diré, qué opinas Ioryogi san?

De nuevo sin respuesta.

-Mañana -sonrió

No fue mucho después de eso que ella se durmió. Y él se dejó envolver por aquella conversación. Se desafanó de los brazos de ella y saltó a la cómoda que estaba al lado; la miró detenidamente y luego volvió la vista hacia la ventana.

-Sí -murmuró el pequeño -Mañana


A/N: A penas el segundo capi =P no sé si esta idea funcione, pero tengo fe en que sí. Read & Review please