Disclaimer: Los personajes originales le pertenecen a Arthur Conan Doyle, esta versión le pertenece a Steven Moffatt y Mark Gatiss.


NdT: Siento que debería poner advertencia, es mi primer fic con escenas tan... tan... bueno, lean, ¡no digo más! Gracias Runa por el beteo *u*


Capítulo 2: Besos


Greg estaba sentado en su oficina con la cabeza inclinada hacia atrás. Su nariz había dejado de sangrar pero todavía tenía un rasguño a lo largo de su mejilla. Presionó hielo, envuelto en un pañuelo, contra la sensible piel y suspiró.

—Se te ve bastante guapo con el rostro rasguñado, Gregory.

Greg levantó la mirada y sonrió. Mycroft Holmes entró en la oficina sonriendo y se sentó elegantemente frente a Greg.

—Hola —dijo Greg.

—Escuché lo que sucedió —dijo Mycroft, haciendo una mueca de dolor cuando observó mejor a Greg.

—¿Está tan mal? —preguntó Greg.

—Bueno, tu nariz está ligeramente inflamada y tu mejilla también, pero esta al parecer se curará dentro de tres semanas

—Que encantador —gruñó Greg.

—No está tan mal —intentó Mycroft.

Greg rodó los ojos.

—No te preocupes, Mycroft. No es como si estuviera tratando de impresionar a alguien.

Mycroft sonrió.

—¿Todavía no has hablado con Millie?

—No —Greg suspiró—. Y no quiero. Sigue reclamando saber dónde estoy todo el tiempo y cree que le soy infiel con todos. Ella es la maldita que me está engañando.

—¿Por qué simplemente no le pides el divorcio? —preguntó Mycroft?

Greg hizo una mueca.

—Lo siento, eso fue grosero.

—No, tienes razón. Debería —suspiró—. Pero ella se quedaría con todo, y tendría que encontrarme un nuevo lugar y… Dios —suspiró nuevamente—. Mi vida es un gran caos.

Mycroft sonrió cálidamente.

—Siempre estoy aquí para ayudar, Detective Inspector. Siéntete libre de quedarte en mi casa esta noche, o todo el tiempo que necesites.

—¿En serio?

Mycroft asintió.

—Pero necesito ropa.

Mycroft sonrió de lado.

—¿Piensas que voy a todos lados desnudo?

Greg rió entre dientes. No, Mycroft estaba lejos de estar desnudo. Vestía un traje de tres piezas todos los días y se veía bastante guapo en él.

Con una pequeña sonrisa, Mycroft dijo:

—Vámonos, Gregory. Estoy seguro de que a tus superiores no les importará que salgas temprano hoy.

—¿No les importará? —preguntó Greg.

Mycroft negó con la cabeza.

—Si es así, tendrán que responder ante mí.

Greg rió.

-oOo-

El apartamento de Mycroft era muy grande, muy costoso y muy agradable. Tenía una vista hacia Londres que brillaba en la noche. Mycroft de repente se encontró al lado de Greg, entregándole una botella de cerveza.

—Oye, esta es mi favorita —sonrió Greg, dándole un sorbo a la botella.

Mycroft sonrió.

—Sí, lo recordé. Pensé que debía comprar algunas, viendo que siempre te apareces por aquí.

—Tú me invitaste —señaló Greg.

Mycroft sólo sonrió.

Se movieron hacia el sofá y Mycroft echó un vistazo a su televisor de pantalla panorámica. No había nada que ver, por lo cual se dedicaron a conversar. Greg bebiendo cerveza, Mycroft vino.

Greg miró su reloj y se dio cuenta que eran las cuatro de la mañana. Se habían quedado hablando durante casi cinco horas.

—Maldición —dijo—. Debería ir a dormir un poco.

—Dormir es aburrido —comentó Mycroft, dando un sorbo a su vino.

Greg rodó los ojos.

—Ustedes, los Holmes, son raros.

—¡No soy raro! —protestó Mycroft y Greg rió. Mycroft colocó su copa de vino sobre la mesita y cruzó sus brazos—. No soy raro.

—Lo eres —Greg soltó una risita y se acercó más—. Eres tan raro como Sherlock.

Mycroft frunció el ceño y Greg sabía que lo estaba fastidiando. Pero es que el político era tan gracioso cuando hacía pucheros.

—Eres raaaaro —Greg rió, alargando la última palabra.

No lo soy —dijo Mycroft entrecerrando sus ojos. Se acercó más a Greg hasta que sus piernas se tocaron—. Tú, D.I. Lestrade, eres el raro. Permites que mi hermano revolotee por las escenas del crimen y te eclipse.

—¿Qué? —protestó Greg y Mycroft rió, complacido por la indignación de Greg—. Tú fuiste quien me secuestró y me preguntó si podía permitir que ayudara con los casos.

—Sí, y eso es lo que te hace aún más raro —se burló Mycroft—. Permitiste que yo te intimidara.

—¡No lo hice! —dijo Greg, poniendo su cerveza en la mesita. Se inclinó hacia adelante y golpeteó con el dedo el pecho de Mycroft—. No eres más que un acosador.

—Ciertamente no lo soy.

—¡Lo eres! Acosas a Sherlock y probablemente a mí también —Mycroft no dijo nada y Greg soltó una risita. El alcohol estaba ayudando a que ambos se relajaran—. Usted me acosa, Sr. Holmes.

—No lo hago.

Greg se inclinó más hacia adelante y Mycroft cuidadosamente se acercó a él

—Sí lo haces.

—No lo hago.

—Sí.

—No.

Sí.

No

—¡SÍ!

—¡NO!

Ambos quedaron ligeramente sin aliento de tanto gritar. Greg podía oler la colonia de Mycroft y eso estaba ocasionándole cosas extrañas en su estómago. (A Greg le gustaba, incluso si a Sherlock no). Mycroft sintió el aroma de la loción para después del afeitado de Greg y sintió pequeños escalofríos bajar por sus brazos.

Sus ojos quedaron atrapados y ambos pudieron ver allí una repentina necesidad. No podían apartar la mirada.

Y entonces, Mycroft se encontró inclinándose hacia adelante ligeramente y Greg copió su acción. Se detuvieron, a milímetros uno del otro, antes de que ambos se inclinaran hacia adelante.

Sus labios se juntaron suavemente y Mycroft sintió un gemido atravesarlo. Los labios de Greg eran suaves, cálidos y se presionaban contra los suyos sutilmente.

Greg se sintió suspirar, como si hubiera estado esperando ese beso toda la noche. Los labios de Mycroft sabían a vino y quería succionar todo el sabor. Greg alzó una mano y la pasó por el cabello de Mycroft, mientras que una de las manos de él se acunaba en su mejilla que no estaba lastimada

Sus labios parecían encajar y ambos hombres se encontraron disfrutando los pequeños besos, la tenue caricia de una lengua, y el sutil sonido de unos dientes que chocaban entre sí.

Y de repente, Mycroft se echó hacia atrás rápidamente, poniéndose de pie.

—¿Qué? —preguntó Greg sin aliento por el besuqueo. Y súbitamente cayo en la cuenta de que había estado besuqueándose con Mycroft Holmes.

¡Mycroft Holmes!

¡Hermano de Sherlock Holmes!

¡Y era un hombre!

—Lo siento —dijo Mycroft retrocediendo. Greg simplemente se quedó quieto—. Yo… Yo no debí… Lo siento.

—Es… Está bien —alcanzó a decir Greg.

—No, no está bien —dijo Mycroft—. No entiendo que está sucediendo.

—Bueno, yo tampoco —respondió Greg.

Mycroft se apoyó contra la pared, tratando de calmar su corazón.

—Nunca me he sentido atraído hacia otro hombre, nunca. Y nosotros solamente éramos amigos, nunca te vi de esa forma hasta que…

—¿Hasta qué? —preguntó Greg.

Mycroft suspiró.

—Hasta que empezaste a contarme esas cosas de tu esposa… lo que decía de nosotros. Me dio curiosidad, y me hizo pensar que tal vez nos estábamos comportando de cierta manera que hacía que los otros creyeran que estábamos juntos. Y cuanto más lo pensaba, más me daba cuenta de que me sentía sexualmente atraído a ti.

Las cejas de Greg se alzaron exageradamente.

—Las charlas, las cenas, todo el tiempo que pasamos juntos —continuó Mycroft—. Los momentos más felices de mi día eran cuando conseguía verte, Gregory. Y cuando pensaba en ti… —tragó saliva y dirigió su mirada a su entrepierna—. No entiendo.

—Bueno —dijo Greg lentamente, pasando una mano por su cabello—. Supongo que no eres tan heterosexual como creíste que eras.

Mycroft frunció el ceño.

—Pero no pienso en todos los hombres de esta manera, para nada… Yo sólo… —volvió a tragar y continuó—. Sólo pienso en ti de esta manera.

Hubo silencio mientras que ambos hombres procesaban la información. Y entonces, Mycroft se dirigió hacia la puerta.

—Creo que deberías irte, Gregory. No deberíamos pasar más tiempo juntos. Es… es demasiado complicado. Tengo que averiguar porque me siento de esta manera.

Mycroft estaba parloteando pero Greg no escuchaba. Estaba tomando nota de como se había sentido durante el beso. Porque no fue culpa de Mycroft; Greg también se había inclinado.

Los latidos del corazón de Greg habían aumentado, su estómago revoloteó, su miembro se estremeció. Había querido besar a Mycroft… y le había gustado.

—¿Gregory?

Greg miró a Mycroft, quien ahora estaba al lado de la puerta, sosteniendo la perilla.

—Gregory, sólo vete, por favor. Yo… lo siento.

Greg se levantó lentamente y caminó hacia Mycroft. El hombre más alto mantuvo sus ojos fijos en Greg conforme se acercaba.

Cuando Greg se acercó lo suficiente, se empujó contra Mycroft y lo besó.

Sus labios se unieron y Mycroft se congeló, sus ojos muy abiertos. Greg mordió su labio inferior y Mycroft gimió ligeramente. Se movió para envolver sus brazos alrededor de Greg. Greg empujó a Mycroft contra la pared y ladeó su cabeza, Mycroft yendo hacia el lado opuesto. Sus labios se fundieron y los de Mycroft se entreabrieron ligeramente, permitiendo que Greg deslizara su lengua en su boca.

Ambos hombres gimieron y el calor sonrojó sus rostros. Las caderas de Mycroft se presionaron en las de Greg y sus erecciones chocaron. Greg movió sus manos para recorrer con sus dedos el cabello de Mycroft, acercándolo más. De pronto, la lengua de Mycroft estaba en la boca de Greg, explorando, saboreando.

Tuvieron que separarse para poder respirar. Jadeando, ambos quedaron mirándose el uno al otro, sus rostros de un color rojo brillante. Greg estaba muy consciente de su palpitante polla y una mirada a Mycroft le mostró que el político estaba en la misma situación.

—No entiendo —se arregló para decir finalmente Mycroft.

—Tú me gustas —dijo Greg—, y yo a ti.

—¿En serio? —preguntó Mycroft, mostrándose sorprendido de que Greg sintiera lo mismo por él.

—Sí, idiota —rió Greg—. ¿Por qué te besaría si no fuera así?

Mycroft asintió con lentitud.

—Pero ni uno de nosotros es gay.

—Bueno, ¿quizás en eso estamos equivocados? —intentó explicar Greg—. O quizás simplemente somos… No lo sé, Mycroft. ¿Realmente importa? Me gustas; eres divertido, inteligente, encantador, increíblemente peligroso y… —miró a Mycroft de pies a cabeza. Ahora al menos comprendía porque encontraba a Mycroft tan guapo en aquellos trajes—… y, bueno, eres sexy.

Mycroft sonrió al escucharlo.

—¿Eso crees?

—Oh, sí.

Con una risita, Mycroft dijo:

—Bueno… yo creo que tú eres… ehm, muy… apuesto.

—¿Apuesto? —preguntó Greg con una ceja levantada.

—Uhm… ¿sexy? —trató Mycroft.

—Buena respuesta —dijo Greg. Se empujó contra Mycroft y se encontraron besándose nuevamente. Greg arrastró a Mycroft hacia el costoso sofá y se dejó caer, atrayendo a Mycroft encima de él. Se retorcieron un poco y se acomodaron, la erección de Mycroft presionando la de Greg.

El político gimió cuando Greg pasó las manos por su pecho, deslizándolas por debajo de su camisa. Greg encontró la piel caliente y su estómago se encogió un poco cuando sintió un abdomen sólido y vello en el pecho.

Bueno, esto es diferente, pensó Greg.

Las manos de Mycroft localizaron el rostro de Greg y lo sostuvieron con delicadeza, sintiendo una ligera aspereza al contacto con su piel. Estaba acostumbrado a la suave línea mandibular de una mujer, pero la de Greg era fuerte, su manzana de Adam se movía conforme le besaba el rostro.

Muy… pensó Mycroft, …agradable.

Le gustaba, a ambos les gustaba. Había algo tan extraño, pero también familiar en besar a otro hombre.

Las manos de Greg se cruzaron con uno de los pezones de Mycroft y el hombre jadeó cuando Greg lo frotó, el pezón endureciéndose ante su toque. Mycroft se inclinó para besar la barbilla de Greg, sintiendo como pequeñas asperezas rozaban sus labios. Greg gimió suavemente cuando Mycroft besó y succionó su cuello antes de mordisquear el lóbulo de su oreja.

Tuvieron que detenerse para respirar, ambos jadeando, mirándose el uno al otro. Sus rostros sonrojados y los dos sintiendo sus erecciones presionando los pantalones.

Mycroft todavía estaba encima de Greg y sus codos descansaron a cada lado del D.I., sus manos sosteniendo sus cálidos costados. Las de Greg continuaban debajo de la camisa de Mycroft, descansando sobre su ardiente piel.

—Yo no… —comenzó Mycroft y tragó saliva. Haciendo que Greg tuviera ganas de besarlo nuevamente—. Uhm, ¿qué hacemos ahora?

—No estoy del todo seguro —admitió Greg, recorriendo con suavidad sus dedos por la piel de Mycroft. El hombre encima de él se estremeció—. ¿Qué te parece si sólo continuamos y… vemos a donde nos lleva?

Mycroft asintió e inclinó su cabeza hacia abajo para besar a Greg ligeramente. Sus labios estaban calientes y mojados cuando se besaron con suavidad, ambos con los ojos cerrados.

Greg recorrió con su lengua el labio inferior de Mycroft, ocasionando que sonriera encima de él.

—Que… uhm, agradable —jadeó Mycroft contra Greg.

Greg sonrió y lo hizo de nuevo, causando que Mycroft se estremeciera. Fue más allá y su lengua recorrió el interior de su boca, rozando la de él, forzando que ambos soltaran un ligero gemido. Sus lenguas bailaron una alrededor de la otra, tratando de dominarse, y Mycroft ganó.

Su lengua entró en la boca de Greg y Greg empujó su entrepierna contra la de Mycroft, sintiendo sus erecciones frotarse entre sí. Aquello mandó placer a todo el cuerpo de Greg y soltó un gemido.

Mycroft se empujó hacia abajo, moviendo sus caderas hacia adelante y atrás. Greg gimió de nuevo y Mycroft suspiró con placer cuando atraparon sus penes y se frotaron nuevamente el uno con el otro. Mycroft se inclinó hacia adelante para sostener el rostro de Greg, y las manos de Greg continuaron su búsqueda en Mycroft, moviéndose hacia su espalda.

Greg acarició la espina dorsal de Mycroft y el hombre volvió a estremecerse. Mycroft movió una mano para sumergirse dentro de la camisa de Greg, sintiendo un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. El vello del pecho de Greg era delicado debajo de sus dedos y sintió también su pecho bien formado y un pezón.

Greg se quedó sin aliento cuando Mycroft frotó su pezón y mordisqueó su labio inferior. Greg gimoteó y echó su cabeza hacia atrás mientras Mycroft lamía su barbilla, sus dedos continuando acariciando su pezón.

Las embestidas de Mycroft se volvieron más rudas y Greg se impulsó más hacia arriba, sus miembros ansiosos de rozarse. Mycroft gimió y succionó la piel de Greg, sabiendo que dejaría marcas, pero no preocupándose por ello.

Las manos de Greg salieron de debajo de la camisa de Mycroft y cogieron sus caderas, sus dedos introduciéndose dentro de los pantalones de Mycroft.

Mycroft dejó de besar a Greg y sus cabezas se apoyaron una en la otra, ambos gruñendo conforme se embestían. Greg podía sentir un orgasmo venir y lamió la barbilla de Mycroft, tratando de encontrar sus labios.

Mycroft jadeaba, sus músculos tenían espasmos y su piel hervía. Los labios de Greg repentinamente se colocaron en los suyos y el placer de duplicó cuando sus caderas se estrellaron entre sí.

Y de pronto, Greg estaba por venirse, gimiendo dentro de la boca de Mycroft mientras que el hombre más joven continuaba embistiendo. Se estremeció un poco y mordió el labio inferior de Mycroft, sabiendo que le dejaría una contusión.

Conforme el cuerpo de Greg convulsionó, la polla de Mycroft se retorció una vez más y se vino. Se empujó hacia abajo, duro, y sus manos sostuvieron los hombros de Greg con fuerza. Sintió que Greg le mordía el labio y una fuerte descarga de dolor recorrió su piel. La cual solo aumentó la excitación que estaba disparándose a través de su cuerpo por su polla.

Ambos quedaron sin aliento, los ojos cerrados y sus frentes descansando una sobre la otra. Mycroft pudo sentir que la piel de Greg quemaba debajo de él y supo que su rostro también estaría igual de sonrojado.

Los labios de Greg se acercaron tentativamente a los de Mycroft y compartieron otro beso suave hasta que Greg retrocedió.

—¿Qué sucede? —preguntó Mycroft.

—Estás sangrando —dijo Greg, su lengua recorriendo sus propios labios.

Mycroft se apartó y se sentó, levantando un dedo hacia sus labios. Recorrió su piel y cuando lo retiró vio sangre.

—¡Mierda, te mordí demasiado duro! —dijo Greg. Se puso de color rojo vivo y corrió a conseguir algunas servilletas.

Mycroft se echó a reír cuando Greg regresó y se sentó a su lado, limpiando el lugar que estaba justo debajo de su labio.

—Maldición —dijo Greg.

—¿Está tan mal?

—He dejado marcas de dientes.

Mycroft reflexionó al oír eso. Había estado planeando visitar a Sherlock el día de mañana, pero se preguntó si sería sensato ir a ver a su pequeño hermano con marcas de dientes clavadas en su piel.

—Está bien —dijo Mycroft cuando Greg continuó dando toquecitos a su piel. Mycroft sostuvo a Greg de las muñecas y sonrió—. Está bien, Gregory.

Greg aún estaba sonrojado cuando Mycroft se inclinó hacia adelante para besarlo. Greg le devolvió el beso, sus suaves labios contra los de Mycroft.

—Eso estuvo… interesante —se arregló decir Greg cuando se separaron. Su pene estaba flácido y lo sentía mojado.

—Sí —dijo Mycroft, mirando sus pantalones. Había una mancha húmeda en el frente—, lo estuvo.

—Me… me gustaría hacerlo de nuevo —dijo Greg, sonrojándose aún más. Mycroft sonrió. Estaba empezando a gustarle verle de esa manera—. Ya sabes, sólo si quieres.

—Lo disfruté mucho, Gregory —Mycroft sonrió y lo besó nuevamente—. Pero quizás deberíamos limpiarnos antes de continuar mordiéndonos el uno al otro.

Greg rió y permitió que Mycroft lo pusiera de pie.