Era imposible que tanta furia y odio estubiera dentro de un cuerpo. Lord Voldemort tenía que actuar y rápido. Reunió a sus mortífagos, para contarles un plan. Se infiltrarían en el ministerio de la Magia, modificarían la memoria de los pocos que tuvieron acceso a los objetos y luego se los llebarian.

La noche caía sobre Londres, sin darse cuenta de que un grupo de once personas encapuchadas y enmascaradas, atravezaba sus calles, dejando al igual que una tormenta, estragos, lo que los muggles creían que eran tormentas, pero eran magos, sedientos de poder, que querían servirle a su amo, a su maestro, de ese modo estos hombres, que buscaban protección, poder, o simplemente tenían miedo, se iban uniendo a el ejercito de este hombre, si así se lo podía llamar, para algunos, era peor que un diablo, era el mal personificado. Pero, hasa ahora eran once, solo una mujer.

Pero su amo, por la furia que le produjo, la intromición del ministerio, el robo de sus... cosas, no era el tipo de mago estúpido que deja que le lleven las cosas de su casa, no, él los iba a destruir. Ya estaba aburrido de ocultarse para reclutar, iba a atacar, iba a hacer sentir miedo, iba a transformar al "pacífico" mundo de magos, en un caos, él iba a ser más temido que cualquier otro, iba a ser el mejor y mas temible, nadie lo igualaria, nadie nunca antes estuvo tan serca de superar la muerte, ya la superó, pero no era suficiente con tener cuatro vidas más ademas de la suya propia, el quería siete, un numero tan poderoso como él. En su cabeza rondaban los horrocrux que estaban a salvo de cualquier hechizo estúpido del ministerio, el relicario, el diario, la copa y Nagini. La diadema y el anillo, estaban en el ministerio. Tenía que transformarlos cuanto antes en horrocruxes, no tenía otra opción.

Estaba rodeado por sus mortífagos, a su derecha, Bellatrix, a su izquierda Severus, después estaban Lucius, los Carrow, Rodolphus, Avery, McNair, Crabbe, Goyle y Rookwood. Y él, el el mas poderoso de todos...

Entraron en el ministerio, Crabbe y Goyle se quedaron a vigilar la entrada después de dominar al guardia de seguridad con un Imperius. Los Carrow, Avery y Rookwood, fueron al departameto de aurors, ya que como les habían contado McNair y Lucius, estarían Moody, con unos cuantos estudiantes, de guardia. Era el único punto debil del plan, los aurors, mientras tanto, Lucius y McNair los guiaron a la zona del departameto de aurors en dónde se guardaban los objetos confiscados o en investigación, Lucius y McNair, se quedaron haciendo guaridia en la entrada por si lograban escapar los que estaban con Moody en la sala de práctica.

Él, Severus, Rodolphus y Bellatrix, entraron. Se encontraron en un cuarto circular, lleno de vidrieras que contenían objetos aparentemente de magia oscura, y sobre unas mesas estaban los objetos etiquetados como "en investigación", allí logró ver su anillo, sobre un almohadonsito negro y a su diadema en una cápsula de cristal, estaba suspendida dentro de la campana nota: quiero decir, flotando, se acercó, lo miró detenidamente, vió que tenían unos cuantos encantamientos protectores.

-Severus... ¿podrías encargarte de el anillo?-dijo sin esperar una respuesta, vió como el hombre se acercaba, lo investigaba y comenzaba a decir unas palabras "desinvocadoras" y vió como funcionaba, era lo bueno de tener a Severus Snape en su ejército, era bueno "deshechizando" objetos, y rompiendo maldiciones. Mientras tanto, él se acercó a la campana de cristal que protegía la diadema, esta tenía mucha más protección que el anillo, así que se encargó él.

Ya habían pasado como veinte minutos, de hacer contrahechizos, y la diadema solamente había caido, ahora le faltaba hacer desaparecer la cápsula. Snape ya había liberado el anillo, el lo tenía en el dedo, mientras continuaba con la diadema.



Sintieron ruidos del otro lado de la puerta, gritos; algún hechizo dió contra la puerta que estaba sellada magicamete, pero era cuestión de tiempo que entraran, la primer parte de su ejército había sido reducída, después estaban McNair y Lucius, que eran buenos, pero, los que sabía que aguantarían mejor la batalla eran los que estaban con él en el cuarto, lo que tenían que hacer era evitar que lo desconcentraran.

-Alohomora

Nada sucedió, pero ya habian reducido a Lucius y a McNair.

-Muevanse de mi camino- se oyó la voz de Alastor Moody, un instante después, la puerta se abrió con un gran estruendo. Bellatrix, Rodolphus y Severus, ya estaban contrantacando.

-Crucio!- escuchó a Bellatrix gritarle a alguien.

Maldiciones y hechizos, volaban sobre su cabeza... Al fin dió con el último contrahechizo y la campana terminó de vidrio inofensivo, sacó la diadema, la guardó, y fue a salir por la puerta.

La batalla continuaba en la sala, y alguien le gritó a sus espalda.

-¡Riddle! ahora que tienes tu ejército huyes como un cobarde...
-JAJAJAJA... Alastor, ya te estas poniendo cada vez más viejo. No me probocas con decirme cobarde.
-Entonces, si no eres cobarde enfrentate, sabes que terminarás en Azkabán junto con los que haces llamar... ¿como? Mortífagos...
-No tengo tiempo para hablar, me voy...
-Avada Kedavra!- gritó Alastor, Voldemort lo repelió con un simple movimiento de su varita.
-No... no juegues conmigo.

Unos minutos despues se encontraron en una lucha, que terminó sacándole un ojo al auror. Dandole tiempo a Voldemort y a sus mortífagos de escapar (ya que Bella, Sev y Rodo, "reanimaron" a los que estaban medios desmayados).

Salieron del ministerio, y se fueron a la mansión. Allí Voldemort, decidió que tenian que cambiar de escondite.

-Lucius, creo que podríamos usar tu casa como base...
-Si señor, será un honor-dijo Lucius, aunque no lo parecía.