-Ven conmigo, vamos a la sala de reuniones. Allí, cada vez que ocurre algo nos informamos las unas a las otras.-Dijo Jimena mientras ayudaba a Valeska a levantarse.

La pelirroja se miró los pies cayendo en la cuenta de que no estaba descalza: tenía unas botas que le llegaban a medio muslo, y que quedaban cubiertas en parte por la túnica.

-Jimena,- dijo con voz baja,- ¿quiénes son las otras chicas que han comprado?

La otra sonrió antes de contestar:

-No puedo decírtelo, Fauna nos ha dicho a todas que estemos calladas.

Aquello sorprendió a Valeska, pero no le dio importancia. Lo único que quería era saber si aquella niña estaba bien, pero no quería preocuparse demasiado por si las cosas iban mal y no volvía a verla.

Salieron de la habitación y Valeska vio que se trataba de un edificio con muchas habitaciones. Cuando salieron fuera, lo que vio la dejó boquiabierta: un barullo de chicas de distintas edades correteaban, gritaban, o paseaban de un lado a otro. ¡Estaban en la cima de un árbol! Era un árbol gigante, como los que salían en los libros de historia de hacía cientos de años, y sobre sus ramas había varios edificios. Allí arriba todo tipo de animales que jamás había visto se paseaban sin inmutarse con la presencia de las chicas: ardillas negras, pájaros del tamaño de un alfiler, una especie de jaguar azul…

-Son animales casi extintos.-Jimena, a espaldas de Valeska, prácticamente le había leído el pensamiento.-Aquí han encontrado un hogar, porque los árboles milenarios no se pueden talar, son inmunes al fuego y escalarlos es imposible. Para llegar a la cima de un árbol milenario hay que volar o encontrar el camino por las raíces. A los humanos nos costaría siglos encontrar una raíz hueca entre tantas, pero por suerte la Hermandad la encontró hace ciento cincuenta años. Bueno, en realidad la primera hermana no la encontró, más bien fue guiada por un waluria.

Valeska estaba escuchando cada palabra de Jimena a la vez que disfrutaba del aroma a fresas que crecían en un lugar que aún no lograba averiguar, pero cuando pronunció el nombre de los waluria la sonrisa se le borró del rostro.

-¿Un waluria?

-Sí, la primera hermana lo rescató cuando era un cachorro y a cambio el waluria le enseñó este lugar. Dicen que los waluria son nativos de estos árboles.

Valeska asintió. Ella solo había conocido a un waluria en su vida, y fue el que mató a su madre hacía cuatro años.

Los waluria eran muy conocidos, pero poco vistos. Eran lobos del tamaño de un caballo con alas de pájaro y cabeza y patas de jaguar. Lo poco que se sabía de ellos era que eran solitarios, y que rara vez se unían a un humano. Cuando esto sucedía, el propio humano podía montar sobre los waluria y comunicarse con él sin necesidad del habla.

Avanzó por la rama que conectaba los dormitorios con lo que parecía la zona central, una plazoleta en la que había algunos bancos. La rama por la que caminaba debía de medir por lo menos cuatro metros de ancho, y sobre ella habían colocado barras a ambos lados y unas tablas sobre la rama redonda. Por un momento buscó los clavos con los que hubieran unido las tablas y las barandillas al árbol, pero sólo encontró una especie de cemento de color naranja.

-¿Qué es eso?

-Es resina milenaria. Cuando se endurece es tan fuerte como el diamante, pero nadie sabe que aún existe.

-¿Por qué?

-Porque para extraerla se necesita ir a la raíz hueca de un árbol milenario.

Cada pocos metros Valeska se paraba y le preguntaba algo a Jimena. Todas sus preguntas giraban en torno al lugar: qué era ese material, por qué aquello estaba hecho así, cómo era que lo otro tenía esa forma… Llegaron a la mitad de la rama y Valeska miró a su izquierda: en otra rama que salía de la plazoleta había un edificio de tres pisos, en el que cuatro mujeres plantaban guardia. Le llamó la atención porque aparte de aquellas cuatro guardianas no había nadie correteando a su alrededor.

-¿Qué hay allí?

-Es la habitación de Fauna, nuestra líder. También está su despacho, y la habitación de la heredera.-De pronto Jimena cogió a Valeska por los hombros y la sacudió.-¡Este año Fauna decidirá quién se va a convertir en heredera!

-¿No hay heredera? Como su hija o algo así…

-Fauna no tiene hijos, ninguna de nosotras puede tenerlos.

Aquel detalle aclaraba el por qué Jimena se había puesto así de eufórica: como ella le contó al momento, cualquier chica de la Hermandad podía convertirse en heredera.

Su compañera siguió parloteando sobre los requisitos para ser heredera, cosa que a Valeska no le importaba, pero no dijo nada. Llegaron a la plazoleta y una chica morena, con el pelo rizado y porte orgulloso se les acercó.

-Ya has despertado por lo que veo.-Se dirigió a Valeska.

-Sí…¿Y tú eres?

-Katrina.-Contestó hinchando el pecho.-Voy a convertirme en la heredera.

Jimena puso los ojos en blanco.

-Kat, eso no lo decides tú. Además, hay chicas mejor preparadas que tú.

-¿Como quién? ¿Tú? ¿Tu hermana?

-Valeska.-Contestó cruzándose de brazos. Al oír aquello la pelirroja la miró incrédula, y Katrina se echó a reír.

-Sí, ya, claro. No es ni miembro de la Hermandad y se va a convertir en heredera.

-Eh...-Valeska intentó decir algo, pero Jimena y Katrina estaban metidas en una conversación muy intensa.

-Yo creo que sí, porque ya viste cómo se portó con la niña. Una heredera ha de sacrificarse por los demás.

-¡Por favor! ¡Ya la viste cómo acabó!

-Pero ella aguantó la paliza.

-Sí, inconsciente. Necesitamos una heredera despierta, bonita.

Siguieron discutiendo. Valeska las observaba intentado hacer algo, pero por otro lado le parecía divertido que Jimena creyera por un momento que iba a convertirse en heredera, mientras que Katrina era la típica chica que perseguía sus metas sin dudar en luchar. Aunque fuera una prepotente, claro.

-A ver, a ver, ya, tranquilas. -Al final terminó separándolas cuando la discusión iba camino de algo más que palabras.-Jimena, tenemos que ir a ese sitio…

-La sala de reuniones.

-Eso. Venga, vamos.-Tiró ligeramente del brazo de Jimena dejando con la palabra en la boca a la morena.

En dirección recta desde las habitaciones, y atravesando la plazoleta, salía otra rama más en la cual había un edificio redondo. Era bastante grande, con ventanas de gran tamaño. Se podía percibir una especie de gradas en las que seguramente las chicas se sentarían. Entraron y lo encontraron vacío.

-Valeska, espera aquí.-Dijo Jimena dejándola sola.

-¿Y la gente? ¿Por qué te vas?

-Órdenes de Fauna.

Cerró la puerta a sus espaldas dejando a Valeska en el centro del edificio. Era muy alto, y alrededor de ella había, efectivamente, gradas, con una mesa al fondo, sobre dos escalones, a unos metros de Valeska. Todo era de madera con alfombras rojas de bordes dorados. En la mesa central había tres sillas, y tras ellas un par de ventanales separados por lo que parecía un escudo con un waluria esculpido en oro blanco.

Suspiró y se sentó en una de las gradas, en el peldaño más bajo. Tendría que empezar pronto a ganarse la confianza de la Hermandad para que la llevasen fuera del árbol y así escapar, pero también se preguntaba cómo iba a llegar hasta Iepar, cómo sobreviviría y qué haría para encontrar a su padre.

De pronto escuchó que la puerta se abría, y al girarse vio algo que años más tarde ella describiría como "la mejor visión de la semana":

-¡Estás aquí!-La pequeña niña de ojos grises se lanzó a sus brazos. Valeska no pudo reprimir una sonrisa de alivio al verla, ni una carcajada cuando la tuvo entre los brazos. A pesar de que los moretones le dolían no se quejó, porque toda su atención en aquel momento fue a parar a la niña.

Esta se separó de Valeska, y mostrando sus dientes de leche le dijo:

-Me llamo Odalyn, ¿y tú?

-Yo soy Valeska, qué alegría que estés bien.

Se volvieron a abrazar, mientras la mayor le acariciaba el pelo a Odalyn.

-Odalyn, ¿a ti también te han comprado?

-Sí, pero cuando llegamos nos separaron. A mí me bañaron otra vez y me dieron sopa. ¿A qué es chulo mi vestido?-Dio una vuelta sobre sí misma mostrando su amarillento vestido, con unos zapatitos grises.

-A mí me metieron en una cama. Es muy bonito, te tengo envidia.-Le guiñó un ojo.-A mí solo me han dado esta túnica y las botas.

Se sentaron en las gradas a hablar. Valeska le preguntó quién era la otra chica que habían comprado, y Odalyn le dijo que era una chica rubia, de la edad de Valeska. A los pocos minutos de entrar la niña la puerta se volvió a abrir, esta vez con la silueta de una chica rubia, de ojos azules, vestida con la misma ropa que Valeska. La tercera esclava.

Sin decir nada se colocó en el centro de la sala, donde antes había estado Valeska. Esta agarró de la mano a Odalyn y la llevó también al centro al oír un jaleo acercándose. A los pocos segundos, montones de chicas que hacían comentarios sobre ellas comenzaron a entrar por la puerta. Tras ellas, vestida con una capa oscura, entró una mujer de pelo blanquecino, seguida por Jimena, Lorena, Katrina y una chica de pelo blanco. Lorena y Katrina se quedaron en la puerta, la cerraron y cruzaron los brazos a sus espaldas, y las otras tres mujeres pasaron por delante de las tres chicas y se sentaron en la mesa enfrente del escudo: la que portaba la capa negra en el centro, a su derecha la chica del pelo blanco y a su izquierda Jimena.

Algunas chicas seguían hablando por lo bajinis de las tres jóvenes, pero Valeska sólo alcanzó a oír un rumor de su cara morada.

-Bienvenidas.-Habló la mujer mayor y el murmullo de la sala cesó.-Una de vosotras estaba inconsciente, por lo que me presentaré de nuevo. Mi nombre es Fauna, líder de la Hermandad de la Cacería. Fuisteis compradas en el mercado de esclavos, pero no lo sois. Sois libres. Estáis aquí porque he decidido daros la oportunidad de pertenecer a la Hermandad, oportunidad que no suelo dar. Por supuesto, no estáis obligadas a aceptar, pero si aceptáis seréis instruidas en el arte de la caza.

Mientras aquella mujer hablaba, Valeska notó que Odalyn le apretaba la mano. Le devolvió el apretón.

-Ahora, una por una, decidiréis si entrar o no.-Tomó un papel de la mesa y miró a Odalyn.

-Odalyn, eres huérfana, y tu orfanato fue saqueado hace un mes. Has sido vendida a un amo al cual saquearon hace poco más de una semana, y ayer te compramos en el mercado de esclavos.-Vaya, Valeska no tenía ni idea del infierno que debía de haber pasado Odalyn, tan pequeña y ya con esa historia.-Acércate, Odalyn.

La voz de Fauna era autoritaria pero suave. Odalyn miró a Valeska, quien le dijo:

-A mí no me preguntes. Es tu vida, tu destino y tus decisiones. ¿Recuerdas lo que te dije sobre el miedo?-Ella asintió.-Sólo tú.

Odalyn soltó la mano de Valeska y se puso enfrente de Fauna.

-No tengo a dónde ir.

-Aquí cuidaremos de ti. Es como una familia.

-Mi familia no existe, pero puedo daros una oportunidad.

La niña miró hacia atrás, esta vez sonriendo. Valeska reconoció para sus adentros que la niña tenía valor, aunque con la mirada le dijo todo. Odalyn firmó, como pudo, un papel que la nombraba miembro, y entonces volvió al centro.

-No me arrepiento.-Susurró la pequeña.

-Nunca lo hagas.-Aquellas palabras quedaron encubiertas por un leve alboroto por la incorporación de la niña a la Hermandad de la Cacería. Fauna puso orden y prosiguió.

-La siguiente eres tú, Trianna.-Valeska miró de reojo a su izquierda. La rubia se acercó con paso firme hacia Fauna, y sin inmutarse se dispuso a firmar el papel.-Espera.-Trianna paró.-Primero hay que leer tu historia.

Valeska pensó qué cosas sabrían sobre ella. ¿Tendrían alguna noticia de su padre?

-Trianna, fuiste la heredera de una familia aristocrática del norte de Iepar.-Claro, ahora Valeska entendía por qué no había ni saludado antes.-En un saqueo tu casa se vio afectada de modo que fuiste raptada. Te compramos en el mercado de esclavos junto con Odalyn. ¿Quieres decir algo?

La rubia miró despectivamente a Valeska, y luego a Fauna.

-Estoy dispuesta a todo menos a colaborar con ella.

Valeska suspiró pero se mantuvo callada.

-Bien, si ella acepta estaréis en grupos distintos. Con el tiempo acabaréis llevándoos bien, o de lo contrario una de vosotras será expulsada.

-No tengo problema si ella sabe cómo ha de portarse.-Ante aquel comentario Valeska se mordió la lengua, literalmente.

"Idiota…" Pensó.

Trianna firmó el papel y volvió al centro, bajo alguna felicitaciones de las chicas.

-Tu turno, Valeska.-La pelirroja se acercó con paso firme a Fauna.-Vivías con tu padre en un poblado en medio del bosque. Os asaltaron y te capturaron.

-¿Y mi padre?

-No lo sabemos, desapareció esa noche. Pero seguramente haya muerto.

A pesar de que la voz de Fauna era lo más dulce posible, Valeska no pudo evitar sentir una punzada de dolor al escuchar aquella frase que había evitado durante aquellos días.

-Mi padre no está muerto.-Dijo con voz firme aunque por dentro se le empezó a formar un remolino de nervios.-Es fuerte, habrá escapado.-Intentó que su voz no se tornase temblorosa, y apenas lo consiguió.

Fauna le concedió un instante de silencio antes de rebatirle:

-No dudo de la fortaleza de tu padre, pero reconoce que cuando un preso no está enjaulado es porque está muerto.

-O ha escapado.

Fauna suspiró, viendo la fuerte convicción de Valeska, aunque en realidad sabía lo que la joven estaba pensando. Por su parte, y siendo la cruda verdad, Valeska no creía a ciegas que su padre estuviese vivo, más bien se intentaba convencer de que no se había quedado sola en ese mundo. Aquello había quedado oculto a los ojos de todas, excepto de Fauna, que en secreto comprendió la lucha interna que se libraba en Valeska. Lo valoró positivamente, pues en vez de intentar convencerla de que su padre había muerto como habría hecho en cualquier otra situación, esta vez dejó que Valeska aceptara lo que era más posible y, a su juicio, lo que había pasado.

El corazón le latía a mil a la pelirroja, pues el solo hecho de tener que discutir sobre si su padre seguía con vida le provocaba calor, nerviosismo e incomodidad. Suspiró nerviosamente, viendo que cada vez le iba a ser más difícil controlarse y no echarse a llorar. Estaba vivo, eso era lo que quería creer.

En la sala algunas chicas cuchicheaban dando su opinión. Valeska tomó aire de nuevo, esta vez soltando todos los nervios en ese suspiro, relajándose, descubriéndose a sí misma que no le importaba que la vieran nerviosa. No importaba si con ello conseguía mantener la verdadera calma.

-No tengo ni idea de qué ha sido de mi padre, pero hasta que no acepte su muerte, si es que ha muerto, creeré que aún vive. -Ahora su voz era firme de nuevo, y su mirada transmitía frialdad. Para la sabia Fauna, aquella era la mirada de la convicción.-Mi respuesta es no. No acepto entrar, ya que he de ir a buscarle, sin embargo, tengo una petición.

Aquello sorprendió a todas las presentes, incluida Fauna. Primero, porque todas esperaban que aceptase entrar, segundo, porque Valeska le había hecho una petición, cosa que nadie se atrevía a hacer, ni siquiera las más antiguas hermanas. Por ejemplo, Odalyn se agarró fuertemente el vestido, mientras que Trianna se quedó boquiabierta.

-Sólo prometo escucharte.-Dijo Fauna reclinándose hacia atrás en su butaca.

-De alguna manera me gustaría serviros por un tiempo, hasta acumular algo de dinero, para poder partir en busca de mi padre.-No se oía ni una mosca, todas estaban escuchando hasta el latir de Valeska.-Puedo limpiar, cortar leña, enseñar a Odalyn y a cualquiera que lo necesite a leer y escribir, cualquier cosa.-Ahora no tenía la firmeza de antes, pues sabía que Fauna tomaría la decisión y que en ella estaba su destino.

La líder se quedó pensando unos segundos, se levantó de la butaca seriamente y habló a la chica del pelo blanco:

-Bariel, enséñale la lavandería.-Ante aquellas palabras Valeska sonrió boquiabierta, al igual que muchas chicas, pero no pudo decir nada. Entonces Fauna la miró.-Quédate el tiempo que necesites.

La chica del pelo blanco se levantó y, una vez que Fauna hubo salido del edificio, habló. Tenía la voz autoritaria, y su pelo blanco, liso y largo le llegaba a la cintura. Sus ojos eran azules, y pálidos como su piel. Tenía la cara afilada, y daba la sensación de ser uno o dos años mayor que Valeska.

-Sígueme.

Fue detrás de ella, despidiéndose con una mano de Odalyn. Tras ellas comenzaron a salir las demás jóvenes, pero Valeska sólo pensaba en una cosa: la benevolencia de Fauna. Quería volver a hablar con ella, agradecerle que la dejara, y también quería que le explicara por qué las habían comprado a ellas y no a otras, además de que sentía curiosidad por saber qué pensaba Fauna sobre su "otra opción", a saber, la de rechazar a la Hermandad y volver a las calles, al mercado de esclavos, o donde quisiera que llevaran a las que rechazaban la oferta. A sus ojos, esa no era una opción, y prácticamente estaban obligadas a aceptar ser miembros. Sin embargo, ella se quedó pensando en que ella misma lo había rechazado, pero no se encontraba en las calles, sola y desprotegida. Esa era otra cosa de la que hablar con Fauna, siempre y cuando encontrase la oportunidad.

Siguió a la chica llamada Bariel por la plazoleta y por una rama, la que llevaba hasta el edificio con el cartel de "comedor". Ahora que lo recordaba, Lorena les había guardado sitio a Jimena y a ella, y se preguntaba si podría ir a comer. Hambre, desde luego tenía.

Resultaba que debajo del comedor había otra sala, la lavandería, donde se llevaban a cabo las labores de limpieza tanto de la ropa como del arsenal de la Hermandad. Valeska fue asignada junto con otras chicas, estas sí eran miembros, para limpiar el armamento ligero. La chica llamada Bariel se encargó de enseñarle a limpiar una bayoneta, pues tenía quince por limpiar después de esa. Cuando hubo acabado de enseñarle, le puso de nuevo el seguro.

-En media hora será la hora de comer. Hoy han retrasado la comida. Te presentarás limpia. Cuando acabes de comer vuelve aquí abajo para que las hermanas que estén aquí te enseñen a limpiar la plaza. Dormirás en la habitación en la que has despertado y mañana por la mañana te asignaré un nuevo dormitorio.

Dicho esto, Bariel desapareció de la lavandería. Valeska suspiró y continuó limpiando las bayonetas hasta que por fin acabó. Las chicas de la lavandería no eran muy habladoras, cosa que agradeció, porque entre el dolor, el hambre y la sensación de estar en el lugar equivocado a Valeska no le quedaban fuerzas para mantener una charla.

Finalmente guardó la última bayoneta debajo de una mesa, en un cajón y se puso en pie. Se sacudió y estudió su túnica asegurándose de que no estaba manchada. Echó un rápido vistazo a las chicas, que también acababan de recoger, y salió la primera por la puerta. Subió unas escaleras y apareció en el comedor: una sala rectangular con varias hileras de mesas y, al fondo, la mesa central. Fauna, Bariel y otra mujer adulta estaban sentadas en ella. El estómago le rugió, doliéndole. No recordaba a la mujer, de pelo negro recogido en un moño, así que supuso que habría llegado en ese momento. Buscó con la mirada a Lorena o a su hermana, y las encontró. El olor a carne del comedor la hipnotizaba.

-¡Valeska! ¡Te hemos guardado un sitio!

La pelirroja sonrió, y atravesando el comedor bajo miradas inquisidoras, se sentó en la mesa. Estaban sentadas con otras chicas que recibieron a Valeska con una mirada amable.

-Valeska, estas son Sofía, Claudia y Helena.

-Hola.

Valeska miró al plato mientras las otras hablaban. De comida tenían carne, parecido al cerdo, con una salsa fuerte y roja, con patatas. Sinceramente, aunque hubiese intentado seguir hablando con alguna de las chicas no lo habría conseguido. Tenía tanta hambre…

Pasaron los minutos, mientras las chicas comían y Valeska devoraba, hasta que Fauna llamó la atención de todas.

-Odalyn y Trianna, en pie.-Hasta ese momento Valeska no había caído en la cuenta de que esas dos tenían que estar allí también. Las jóvenes obedecieron. Estaban muy alejadas de Valeska.-Me complace presentaros a la sub líder, educadora y adiestradora de la Hermandad.-La mujer del moño se pudo en pie y habló.

-Yo soy Flora. Seré vuestra entrenadora y os asignaré las tareas de exploración y cacería cuando llegue el momento.

Una punzada de malestar empezó a revolverle el estómago a Valeska. Se imaginó a la pequeña Odalyn matando a otra persona.

-Yo soy Trianna.

-Sé quienes sois.

-Ah.

Valeska se reprimió de mirar a Odalyn. ¿Qué habría pensado ella? ¿Sería consciente de lo que tendría que hacer en un futuro? ¿Y si ese futuro no estaba lejos?

-Más tarde hablaremos. Comed y descansad.

Dicho eso se volvió a sentar, como Fauna. Las demás volvierona comer, pero Jimena notó un gran cambio en el apetito de Valeska. No dijo nada, pues no entendía a qué se debía, pero se lo imaginaba.

Durante el resto de la cena, la pelirroja prácticamente se mantuvo ausente, pensando en sus cosas. Tenía que hablar con Fauna, tenía que hacerlo. Quería aclarar sus dudas, además de que el apetito se le había ido con el tema de Odalyn. Cierto, tenía que hablar con Odalyn, y decirle que fuera fuerte.

Pero…¿Desde cuándo se preocupaba así por ella? Sí, ella quería evitar cualquier contacto con los otros esclavos para no tener ningún malestar si algo ocurría, pero Odalyn...A pesar de que se había querido distanciar de ella, cuando despertó se preguntó por ella, en la Sala de Reuniones se había sentido orgullosa de ella, se habían abrazado incluso. Seguramente, si no hubiese tenido tanta hambre habría buscado a Odalyn primero.

Aquel pensamiento la asustó. Si se encariñaba mucho con la niña acabaría quedándose, y sabía que tenía que ir a buscar a su padre, Erik. De momento estaba allí para coger fuerzas y conseguir algo de dinero, pero después se iría, y no podía permitir que ese sentimiento de protección que crecía dentro de ella aflorase.

Un mes, se dijo. Estaría como mucho un mes, porque Fauna no le había dado límite. Un mes y se iría. Hasta entonces hablaría lo imprescindible con Odalyn, y se dedicaría a hacer las tareas que le mandasen.

-Valeska.-De pronto Lorena la interrumpió. -No sé qué es lo que te ocurre, pero si estás cansada vete a dormir, o a dar un paseo. Si quieres te acompañamos, pero necesitas distraerte. Creo que ha sido un día muy completo y que por hoy basta de preocupaciones.

Valeska se quedó boquiabierta. Al final iba a resultar que ese malestar, aparte del dolor de las heridas que ella tenía, era comprendido por algunas chicas y todo.

-Bueno, creo que iré a dormir.

-Descansa.-Dijo Lorena.

-Si necesitas algo avísanos.-Jimena se levantó y la acompañó por el comedor. Algunas chicas se giraron, incluida Odalyn, quien se despidió con la mano, pero Valeska la ignoró. Fauna vio aquello, al igual que Flora, Bariel, y casi todo el comedor.

-Lo que sea.-Terminó Jimena una vez que estuvieron fuera.-Valeska asintió.

-Gracias, Jimena.

La morena fue a decir algo, pero en vez de eso recibió un abrazo de Valeska. Cuando se separaron ninguna sabía qué hacer. Jimena, por un lado estaba sorprendida, aunque entendía perfectamente la confusión de Valeska: no saber qué hacer, ni a dónde ir, ni cómo hacer para encontrar a su padre. También estaba el detalle de que no había saludado a esa niña que esa tarde la agarraba de la mano. Seguramente la pequeña fuera la razón por la que había dejado de comer. Pero todavía no entendía por qué, exactamente. Por otra parte, Valeska se estaba sorprendiendo a sí misma con tanto abrazo ese día. Pero lo aceptaba. Aceptaba que ella, cuando estaba agradecida, lo demostraba.

-Bueno, me voy.

-Sí...Buenas noches.

Se despidieron y Valeska tomó rumbo a la rama de las habitaciones. Era la rama de al lado del comedor. No hacía frío, a pesar de que era de noche y el viento soplaba, pero era cálido. Fue lentamente, no como ella caminaba normalmente, respirando profundamente y dejando la mente en blanco. Lorena tenía razón, ese día había sido suficiente. Mañana trabajaría, y a las pocas semanas se iría. Pero en aquel momento tenía que distraerse.

Como cuando se desnudó en el corra. No pensar en la realidad, desconectar, sumergirse en sus recuerdos de cuando estaba en Iepar.

Entró en las habitaciones y se fue a su cuarto. No recordaba cuál era exactamente, pero más o menos atinó. Se metió en la cama, oliendo a fresas silvestres, y le vino a la cabeza una idea: ¿dónde crecían las fresas? Tumbada en la cama, sin ganas de levantarse, buscó con la mirada por la ventana el arbusto que las saba. Nada, no lo vio. Bueno, pero el olor era intenso, así que no debían de estar muy lejos.

Se hizo un ovillo, como pudo, con las sábanas y se durmió.

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Hacía rato que todas estaban dormidas. Todas, excepto Fauna, Flora y Bariel. Se encontraban en el despacho de Fauna, tratando ciertos temas sobre la Hermandad.

-Flora, empezarás el entrenamiento de Trianna y Odalyn mañana por la mañana.

-De acuerdo.

-Bariel, tú te encargarás de Valeska.

-Entendido.

Flora miró mal a Fauna.

-¿Tienes alguna objeción?

Flora titubeó antes de contestar.

-No me da buena espina esa chica.

-¿Por qué?

-No sé, es extraño que alguien rechace a la Hermandad.

-Pero no es imposible.

-Ya, pero si no tiene a dónde ir.

Faura respiró con tranquilidad.

-Si quiere ir a buscar a su padre, tiene libertad para hacerlo. Simplemente me ha pedido trabajo para poder costearse el viaje, y no entiendo por qué debería de darle la espalda.

-Flora.-Habló Bariel. Ambas callaron para escucharla.-Las decisiones que toma una persona son responsabilidad de esa persona. Nadie puede decirle a Valeska que no busque a su padre, y nadie puede decirle a Fauna que eche a Valeska. Por otro lado, me encargaré de que no haga otra cosa que trabajar, que cumpla las normas y que no cause problemas. Tampoco me fío completamente de alguien que rechaza tu oportunidad, porque es arriesgarse también a que tú la rechazaras para el trabajo. Debe de estar muy segura de sí misma si prefiere arriesgarse e ir a buscar a su padre.-Se levantó de la butaca y saliendo del despacho dijo.-Cuando alguien está seguro de lo que quiere hace lo que sea por conseguirlo.

Bariel salió del despacho y se apoyó en la barandilla de la rama, mirando a las habitaciones. Tenía el doble de trabajo ahora que Valeska había llegado, porque como le ocurría a Flora y a ella, muchas chicas no se fiaban de la joven que había rechazado a la Hermandad. Si la rechazaba era porque tenía otros planes mejores, y se atrevía a llevarlos a cabo a pesar de no tener nada. Aquello desconcertaba a las chicas, y el desconcierto se convierte en miedo, recelo, rechazo.

-Por muy noble que sea tu deseo de encontrar a tu padre, asustas a las chicas. Eres valiente, de una valentía que no veía desde...-Resopló, cortando la frase.

-El miedo asusta incluso a los más valientes.-Fauna sorprendió a la peliblanca Esta se incorporó y puso cara de desconcierto.-Bariel, aprende esto y nunca lo olvides: el verdadero valor reside en el miedo.

-¿Qué quieres decir? ¿Que ella tiene miedo?

-¿Por qué no se lo preguntas?-Dijo la sabia Fauna sonriendo y entrando de nuevo en el despacho. La chica se volvió a apoyar en la barra.

Por un momento recordó su comienzo en la Hermandad, y ahora se encontraba en la cúspide, por encima de Flora, aunque por debajo de Fauna. Muchas veces la cabecilla le había ofrecido convertirse en heredera, pero Bariel continuaba respondiendo que habría otra chica que encajase mejor. Simplemente, no estaba interesada.

Suspiró mirando la ventana de Valeska. Bajo dicha ventana había crecido un matorral con fresas, pero cogerlas era imposible porque cuando te acercabas por alguna ramilla del árbol, el matorral se tornaba en pinchos defendiendo sus frutos.

Se estiró y puso rumbo a los dormitorios, mientras que en su mente se formulaba una pregunta que al día siguiente Valeska tendría que contestar: ¿de qué tenía miedo?