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Desde lo más hondo de su ser, hubiera deseado jamás volver a ese lugar.
Estar frente a esa ostentosa y oscura mansión, sabiendo cómo operaban sus trabajadores y los clientes del interior, le producía nauseas, quería poder decir "no soy yo, esto es parte del pasado" pero no podía, era incapaz. Por más fugaz que fue su vida en ese hogar de los horrores, estaba terriblemente marcado.
Su arrepentimiento era incalculable.
Sí, Kurama se arrepentía de algo, por más que esa historia perteneciera a Youko más que a él. Irónico, el intentando cambiar y el destino lo hacía arrastrarse nuevamente a su lado más odioso.
- ¿Estás pensando en el pasado?- Dijo Hiei, a su derecha. Él ya se había dado cuenta de la turbación de su compañero y lo dejo ser, hasta que la paciencia se le acabo- ¿Que te he dicho? Si te quieres mentir, vete con tu madre a seguir con tu estúpida farsa.
Siempre usando su lenguaje hostil... Con toda la razón. Mirar a otro lado y fingir que eso no fue parte de él, de Youko, seria ser cínico.
Hiei le dijo algo similar cuando le toco enfrentarse a un monstruo que tomo la apariencia de Cuervo Negro, tergiversando su pasado para corromper su amistad.
"Todos guardamos recuerdos dolorosos de nuestro pasado".
- Sí, es verdad- susurro Kurama, cerrando los ojos por un momento para abrirlos con decisión hacia la mansión conocida como "Subastas de Jack".
- Es nuevo escucharte arrepentido por algo.
- Youko también se arrepiente; eso es un logro.
El Jaganshi dio por zanjado el tema y fue el primero en dar el paso hacia el cuartel enemigo.
- Espera, no podemos entrar tan fácil, Hiei.
- ¿Propones entrar a escondidas?
De repente, el kitsune le sonrió, una sonrisa que debería pertenecer a Youko por lo maliciosa y traviesa que era. A Hiei le gusto verlo de ese modo, le recordaba que no estaba con un humano sensible, no, su compañero era un ilustre demonio que aun tenia trucos bajo la manga.
- Sí, como ladrones.
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- ¡Que te quedes quieto!
- ¡Mas rápido, debemos alcanzarlo!
- Si ya sabemos dónde va...
- ¡Cuidado!- Señalo una montaña de roca.
En una maniobra desesperada, Botan dio un brinco hacia el cielo, sujetándose fuertemente de su remo. Se salvaron de chocar por apenas dos centímetros.
Aterrada, Botan intento echar a Yusuke a empujones.
- ¡Casi nos matas!
- ¡Eres tu quien conduce el remo como loca!
- ¡Tú me dijiste que aumentara la velocidad!
- Debes o perderemos a Kuwuabara- Le recordó Yusuke, un poco nervioso al no encontrar a su amigo pelinaranja por ningún lado- Vaya que tiene energías para correr.
- No puedo creer que dejaras a Kuwuabara ir por su cuenta por el Makai y empezar a pelear antes que tu- Insinuó Botan, impresionada.
- Es para que me evite el estorbo, nada más. Ni que fuera a vencerlos a todos- Se excusó, cuidando que su cabello no le diera en la cara por la velocidad en la que iban- Vuela mejor, ¿Quieres?
- Tú también podrías correr un poco, ¿no crees?
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El interior de "Subasta de Jack" era un condominio repleto de asientos y lugares estratégicos para presenciar un espectáculo, igual que escenario de teatro antiguo.
En uno de los asientos, Booshi mimaba su sombrero de vaquero con cariño. A su lado, Koros Matador mantenía el ceño fruncido, frustrado por lo acontecido días atrás.
Una bala rompió el aire, cuyo objetivo era el cráneo de Booshi. El chico evito el roce estirándose sobre el respaldo de la silla, viendo de revés a su única compañera femenina, cuya pistola echaba humo.
- No me distraigas, mujer. Estoy esperando.
- Uuf- Bufo ella, con disgusto- Ni siquiera nos pagaran por eso.
Su patrón ignoro su comentario y se fijó en el decorado que tenía adelante, escondido debajo de una cortina color noche, imaginándose lo que pasaría.
- Ya recibimos la lana, patrón. ¿Porque seguir aquí y perder el tiempo?
- ¿Tu qué piensas?- Quiso oír su opinión, mirándola bajo las solapas de su sombrero.
- ¿Ese hombre espera para tendernos una trampa?
- Somos libres, mujer. Vete si quieres y luego te aviso como resulto.
- ¿Esta seguro? Comparta su opinión conmigo también, somos un equipo.
Timadora espero que le respondiera por un largo rato, sin resultado alguno. Siempre terco y obstinado.
- Como diga, me iré. Le dejo al Ilusionista.
Ella se dio la vuelta con una palma abierta en despedida, abandonando el lugar.
- Mujer, tú eres la canela del arroz.
Era mejor si no se quedaba, porque pronto recibiría la recompensa que le prometieron y no quería estar pensando en ella cuando sucediera lo inevitable. Así era mejor, solo tenía que esperar y entonces, gozaría de lo mejor.
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Mientras más corría, la desesperación se apoderaba de él.
Según Kurama, la opción más probable del paradero de Yukina se hallaba en un lugar llamado "Subastas de Jack", un aborrecible sitio en donde los demonios se vendían entre ellos.
Tan pronto oyó ese atroz destino, fue a buscar a Yukina a trote por el Makai. Todo ese rollo de subastas demoníacas le generaba repugnancia, sorprendiéndole en grande que Yusuke ni pestañeara, debió haberse acostumbrado a los demonios y los horrores que eran capaces de cometer. También, Kuwuabara tuvo la impresión de que Kurama se veía afectado, hablando de ello con amargura al otorgarles la dirección.
Hacia una hora perdió a Yusuke y a Botan en el camino pero poco le importaba, el salvaría a Yukina, no había de otra, aun sin la fuerza de Hiei, la autoridad de Yusuke o las estrategias sabias de Kurama, no podía pensar en nada más. Solo podía imaginar a Yukina encerrada en una jaula y siendo agredida por matones.
Si la suposición de Kurama era acertada, debía liberarla de ese horrible lugar antes que la vendieran como esclava, de mascota. Había escuchado cosas de lo más censurables y todavía no podía creer que, aun en el Mundo del Mal, fueran tan crueles entre ellos. Ni el consuelo de Kurama al decirle que ahora se vendían tesoros robados lo hizo sentir mejor. Por su amada Yukina no paro un instante, ni para descansar. Él tenía el hilo rojo del destino y gracias a esa unión irrompible la encontraría donde fuera y la rescataría de las perversas garras de esos comerciantes inmorales.
Sin embargo, debí detenerse en su trayecto.
Una presencia demoníaca se presentó ante él.
El ser era bastante extraño. Usaba un traje de clérigo totalmente blanco. Era tan alto como Kuwuabara, de ojos grises seductores y piel lechosa. Sus cabellos dorados traían un corte que daba la impresión de una bellota. De cuerpo bien construido y elegancia pulcra, lo único que desencajaba de su apariencia era la cámara de fotos que colgaba de su cuello.
El demonio se detuvo en seco al ver a Kuwuabara, como si este fuera un bicho raro.
- ¡Muévete! ¡Tengo prisa!
- ¿Para dónde vas, ningen?
- ¡Eso no te importa! ¡Quítate!
- Muy poco en este mundo llama tanto mi atención como para preguntar- dijo el individuo, con un gesto de manos lento y tranquilo- Me gustaría que me contaras.
- ¡No tengo tiempo! ¡Échate para otro lado!
Kuwuabara se exaspero porque el sujeto no se movió ni un milímetro. Impaciente, invoco su Espada Espíritu, ganándose una mirada apreciativa del extraño ser.
- No me esperaba eso- Susurro, con una media sonrisa de satisfacción- Que humano más curioso.
- ¡Que te quites, te digo!
El pelinaranja fue al ataque, dispuesto a cortar al demonio en dos. ¡No tenía tiempo que perder, había una doncella que salvar!
El yokai tomo la cámara entre sus manos y la poso frente a su impulsivo atacante, justo cuando se le venía encima. Capto al muchacho en el visor y oprimió el botón.
Kuwuabara quedo congelado en el lugar. Su arma desapareció y sus ojos se tornaron blancos. El extraño chasqueo los dedos ante el atónito rostro.
- Por favor, quiero unos minutos de tu tiempo.
Kazuma le contó todo lo que sabía, todavía con los ojos inexpresivos.
- ¿Así que eso pasa? Uhh...- Él se llevó un dedo a los labios, sugerente. ¿Una korrine estaría la Subasta? Sería la primera en mucho tiempo- ¿Y vas por ella solo, muchacho?- Kuwuabara le hablo de sus compañeros- Una historia maravillosa. ¿El Detective del Rekai y dos renegados? Se pone cada vez mejor.
El suspiro con gran satisfacción. Un aliento fantasmagórico se le escapó de los labios pero se lo trago antes que tomara forma. Se fijó en el pelinaranja con interés y le saco una fotografía, chasqueando sus dedos otra vez.
- Detective del Ningenkai, olvide que se ha encontrado conmigo y busque a su doncella. Cuando volvamos a encontrarnos usted no será capaz de lastimarme, ¿me ha entendido bien?
El inexpresivo Kuwuabara afirmo con la cabeza.
- Buen chico.
Kuwuabara parpadeo, de vuelta a la normalidad.
- ¿Que me paso?- Se preguntó al verse solo y con un fuerte mareo. Intento recordar porque sentía frío, confuso. Al final, recordó lo importante- ¡Yukina, te salvare!- Declaro a los gritos, regresando a la corrida.
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