Bueno algunas de las explicaciones.

Por si no os habéis dado cuenta, este fic es un Universo Alternativo muy alternativo.

Gracias a Tracy y su reto…otro SNARRY… Totalmente SNARRY
Harry mandado a Slytherin ( o algo similar) La trama de esta historia queda como sigue: Harry es un empata, muy inteligente e independiente. Conoce la magia desde siempre. Legalmente pseudoemancipado a los 11 años, y casado antes de entrar en la escuela con Severus. El único de los tutores citados en el testamento disponible. Matrimonio tan solo formal y de conveniencia, para evitar cualquier posible interferencia o influencia de Dumbledore. En principio, un matrimonio platónico. Ambos saben que es algo solo temporal, una manera de proteger mejor a Harry, y hay una clausula que permite disolver la relación tan pronto como Harry tenga 20 años y Severus tenga al menos un heredero.

EL ATICO OLVIDADO.

Pese a la acuciante curiosidad del adulto en conocer los detalles, Harry solicitó que tomaran algo, alegando que estaba sediento y hambriento. Severus accedió. Era razonable, a esas horas la mayoría de los humanos estaban cenando desde hacía rato. Los duendes trajeron de inmediato una bandeja repleta con pastelillos de carne, empanadillas, canapés y pastas, zumo, una buena tetera y tazas de té, además de un vaso de sidra fresca para Severus, y media hora más tarde, el niño accedió finalmente a contarle toda su historia. Dejando en la mesa su casi vacío vaso de zumo de calabaza y naranja, el chico centró sus resplandecientes ojos verde esmeralda en los casi negros del adulto y comenzó a hablar.

-No puedo estar por completo seguro de las razones, aunque tengo mis sospechas, pero tras la muerte de mis padres, Albus Dumbledore me dejó al cuidado de mi tía Petunia. Hubo un tiempo en que mi tía anheló el don de mi madre, haciéndola envidiar celosamente lo que ella no tenía. Su deseo insatisfecho se tornó en amargura y resentimiento. Si ella no podía tenerla, sin duda la magia era algo repulsivo y despreciable. Aunque llena de rencor y secreta envidia, Petunia teme y desprecia la magia; y el sentimiento es aun más fuerte en Vernon, su marido, cuya máxima aspiración en la vida es ser normal. Perfecta y absolutamente normal. Hasta poco después de cumplir dos años y medio, mi lugar en su casa era la alacena bajo la escalera, y mi cama, la canasta de mimbre en que Albus me dejó en plena noche en el umbral de su puerta. La mejor política para mi salud era mantenerme el mayor tiempo posible fuera de su vista y por tanto de su mente. Cuando mi primo Dudley comenzó a ir al parvulario, a mi me fue denegado ese privilegio. Mi tío adujeron que mi salud era frágil como para enviarme al parvulario. Sin embargo, con mayor movilidad y libertad, accedí al único lugar de la casa del que ninguno de los otros tres habitantes de ella parecía ser consciente. El ático. Mi magia se llevó hasta la trampilla, y esta se abrió para mí. Solo para mí. Dentro encontré entre otra serie de cosas, la extensa colección de libros de mis abuelos, el primer baúl escolar de mi madre con todos sus libros escolares muggles y los de mi abuela; sus libros de Hogwarts, perfectamente ordenados y empaquetados.

Harry tomó un sorbo de zumo y se aclaró la garganta. Nunca había contado nada de esto a otro ser humano.

-Con cierta instigación de mi parte, mi tía me permitió mudarme al ignorado y abandonado ático, donde aun podían olvidarse más de mí, y pretender la mayor parte del tiempo, ignorar y omitir mi mera existencia. Lo cual funcionaba bien para mí. Salvo para las obligatorias vacunaciones, apenas puse un pie en la calle hasta que llegó el momento de iniciar la enseñanza primaria obligatoria. El primer día de clase, mientras los otros niños trabajaban en sus primeras letras, sumas y restas, le entregué a mi maestra una cuartilla con un fragmento de Ricardo III, la famosa batalla de Bosworth y su desgarrado: "Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo" en una correcta caligrafía. En ese momento, comenzó un continuo tira y afloja, entre mi evidente capacidad muy por encima del sistema escolar, los férreos deseos de mis tíos de normalidad…y el reconocimiento y dinero que un genio en la familia podía suponerles.

Apurando lo que quedaba de su vaso y evaluando el grado de confort de su oyente con su historia, Harry suspiró y añadió suavemente:

-Tengo una gran memoria eidética, lo que vulgarmente se llama memoria fotográfica, que me permite recordar con claridad todo lo que he leído, visto u oído. Aprendí a leer escuchando a mis padres, antes de dominar mi lengua para hablar correctamente. El resto, simplemente mucho tiempo y muchos libros. A la edad de comenzar la escuela primaria había memorizado todos los libros de educación primaria y secundaria, gran parte de la biblioteca de nivel universitario de mis abuelos, los diarios de mi abuela y mi madre y los tres primeros cursos de Hogwarts. La escuela estaba encantada de tener un "prodigio" entre sus alumnos, y mis tíos fueron felicitados, incluso recibieron una ayuda económica, una beca para hacer frente a mis necesidades "especiales".

Harry tomó un canapé de pollo y ensalada y lo masticó lentamente antes de proseguir, sin que los oscuros ojos dejaran de observarle. El chico parecía hablar de todo aquello con tanta calma…

-En el ámbito mágico, he aprendido a realizar toda clase de magia sin varita, puesto que no tenía una. Y también soy un empata, percibo los sentimientos, las emociones dominantes de la gente…y puedo influir en ellos, hasta cierto punto. Tal vez por tener una escapatoria no visible ni llamativa en mis habilidades empáticas, mi naturaleza mágica ha pasado mayormente desapercibida y mis tíos creían haber "extirpado las rarezas" de mi. Actualmente se niegan a costearme las matrículas universitarias, aunque tengo becas y solo tienen que pagarme un mínimo porcentaje. Mi prematuro paso al nivel universitario es demasiado para ellos; el miedo y el desagrado, los celos y la envidia son demasiado intensos para que pueda hacerles cambiar de opinión. Hasta ahora me toleraban a duras penas, pero no quiero ni pensar en que dirían si hubiesen visto en su casa la lechuza con la carta de Hogwarts…

El joven tendió el grueso sobre de familiar pergamino, en cuyo frente, en la inconfundible tinta esmeralda estaba escrita una dirección en la enrevesada y floreada caligrafía de la pluma automática:

Señor H. Potter

Ático Olvidado

Privet Drive, 4

Little Whinging

Severus meneó la cabeza y murmuró, haciendo cábalas en el interior de su cabeza:

-No necesitas hacer esto, Harry. Te ayudaré, por supuesto…de alguna manera lograré reunir el dinero que necesitas para tus estudios. Me llevará algo de tiempo, pero lo haré. Para disponer de algo de efectivo ahora, puedes pedir un reembolso de tu matrícula prepagada de Hogwarts…es evidente que no vas a necesitarla.

Sin dejar de mirar a su interlocutor, Harry murmuró calmadamente:

-Con el debido respeto, Severus, ya sé que la vida no ha sido muy amable con Ud. pero Ud. no tiene ni idea de lo que esto ha supuesto para mí. No sabe lo que es sentir, sentir con la intensidad y claridad de un empata, el odio, el rencor, el miedo o la envidia de los que supuestamente son tu familia. He pasado cada momento de los últimos 9 años, influyendo y modificando las emociones de los que eran mis guardianes, constantemente. Lo mejor que podía esperar de ellos era educada indiferencia, atizada por grandes dosis de envidia y rencor. Fomentando en mi primo un gran interés en las actividades deportivas y físicas, ofreciéndole su propio campo en que destacar, para que sus celos no progresaran más. Viéndoles gastar en Dudley la mayor parte del dinero de mis becas y premios. Quitándome de su vista y presencia, ocultando lo que realmente soy, todos los días, a todas horas…

Harry pareció perderse en los recuerdos por un momento y prosiguió con voz muy baja, los ojos clavados en sus manos entrecruzadas en el regazo:

-Aun así…me las he arreglado más o menos…hasta el último cumpleaños de mi primo. Mis tíos le llevaron al zoo con uno de sus amigos, y por una vez…me llevaron con ellos. No les quedó más remedio, porque se presentó inesperadamente una de mis tutoras para una visita de supervisión. En el serpentario…ocurrió algo. Era muy temprano, yo estaba observando a una de las serpientes, mientras mi primo y su amigo se quejaban de que los estúpidos bichos no se movían, demandando a su padre que hiciera algo. Descubrí que hablo parsel. La serpiente reaccionó a mis palabras y cuando Dudley se acercó como una apisonadora, empujándome y tirándome al suelo, me enfurecí…y el cristal del hábitat de exposición…simplemente desapareció…

Alzando la mirada hacia su callado interlocutor, el chico murmuró con ojos brillantes:

-Creí que podría esperar, pero… Sencillamente, ya no puedo manejar semejante cantidad de miedo, odio y aborrecimiento…aunque lo intenté con todas mis fuerzas… Mis tíos creen que estoy en un campamento de verano para intelectuales…No pienso volver con ellos. Absolutamente no puedo…

Severus se mesó los cabellos en un nada usual gesto de exasperación. Se sentía profundamente implicado, usualmente era mucho más frío y calmado, y ante la sombra de una sospecha, murmuró:

-¿Harry? Necesito saberlo…¿Has estado…manipulando mis emociones?

El chico denegó suavemente y susurró:

- Ud. es…especialmente difícil de interpretar… No es como la mayoría…sus emociones son…delicadas y sutiles. Las tiene muy dominadas…comedidas. Que pueda hacerlo no quiere decir que lo haga continuamente. Influir en Ud. sería como tratar de empujar un móvil con cientos de piezas engranadas y obtener un movimiento equilibrado al primer roce. Es un agradable cambio poder relajarme con Ud., simplemente sentirle… Solo he usado una ligera sugerencia calmante durante unos minutos al revelar mi identidad…como mera medida de precaución. Nada más. En ocasiones, súbitas emociones fuertes de extraños o multitudes pueden resultarme abrumadoras hasta que logro distanciarme.

Severus rezongó entre dientes. Su mente era el único ámbito de su vida que resultaba completamente privado…y quería que siguiera siéndolo. Harry aceptó la corrección con mansedumbre. El adulto continuó pensando, dando miradas ocasionales al niño…al jovencito que se sentaba frente a él. La protección otorgada por el sacrificio de su madre era de la mayor importancia según Albus… "Seguramente se podría estudiar alguna solución, no?"

-Harry…Dumbledore te dejó con tus tíos por una razón…

El joven se había tensado y sus ojos miraron con determinación al adulto:

-Lo sé…

Severus suspiró, agradecido de que el joven fuese tan comprensivo.

-…quería "moldear" a su mejor conveniencia mi carácter. Necesitaba un pequeño "héroe" para ocupar la primera línea de fuego, no? Un personaje público al que colgar todo el peso de esa maldita profecía. Un chivo expiatorio en el que descargar toda responsabilidad…

El adulto abrió la boca para protestar, pero Harry no le dio siquiera la oportunidad.

-Recuerdo cada palabra, cada gesto, Severus. ¿Le resulta familiar la frase "Por el bien mayor"?. He tenido 9 años para revisar todas y cada una de ellas. Albus me quería ignorante, infeliz, deseoso de afecto y aprobación, dócil, maleable y manipulable a sus pretensiones. Cualquier otro no hubiese sido más que un mero instrumento, un títere entre sus manos. La jugada era perfecta psicológicamente… pero no contó con mi memoria y mis cualidades. Ni con mi abuela.

Ganando volumen e intensidad en su voz, los verdes ojos llenándose de determinación a cada palabra, el joven empata añadió:

-No voy a ser el peón en la absurda estrategia de nadie, Severus. Ni siquiera de Albus Dumbledore. El hombre es un maestro de la manipulación y las medias verdades. ¡Lleva toda su vida haciéndolo!

Con una media sonrisa ladeada y mirándole con curiosidad, el largo cabello negro moviéndose suavemente con la apenas perceptible inclinación de su rostro hacia un lado, Harry murmuró:

-¿Cómo es que un profesor de Hogwarts, que además es Maestro de Pociones, necesita reunir dinero para algo tan nimio como las tasas de una matrícula universitaria muggle? ¿Acaso la escuela no le paga sus salarios? ¿No hay mercado para sus pociones? No…pero hasta Ud. se ha dejado manipular por las sutiles maniobras de Dumbledore…El Wizengamot pudo haberle exonerado de culpas por los "delitos" cometidos mientras espiaba, tal vez imponerle una multa…hay incontables precedentes legales y es lo habitual en estos casos. La ley, después de todo, es dictada siempre por el bando ganador. Pero no; Albus consiguió "convencer" al tribunal de "liberarle bajo su custodia", para asegurarse de que "tu arrepentimiento es duradero y sincero"…para "ayudarte y guiarte de nuevo al camino correcto"…

Harry contempló cuidadosamente a Severus, que le miraba con asombro y cierta aprensión, y añadió en un susurro:

-El tribunal estableció un plazo inicial de 5 años para esa "libertad custodiada y vigilada", revisable y prorrogable anualmente después si su "mentor" lo estimaba oportuno para su completa "rehabilitación"… de facto congelando su acceso a sus salarios y ganancias, otorgando a Albus facultad para pedir informes y controlar sus cuentas, y para asignarle "la cantidad que estime adecuada para sus gastos y necesidades personales"…haciéndole totalmente dependiente de él…

Severus bajó la mirada y preguntó, reprimiendo un escalofrío ante la literalidad de las palabras del joven Potter:

-¿Has accedido a las transcripciones del tribunal? Creí que estaban selladas…

Harry se encogió de hombros y murmuró, sin dejar de observarle, claramente estudiando tanto su respuesta física como emocional:

-Solo había que poner un poquito de empeño…mover algunos hilos…Sabía desde hace tiempo que necesitaba estar preparado para cualquier eventualidad. Los duendes, previo pago, son muy útiles, Severus. Las actas dejaron de ser secretas al cumplimiento de la sentencia inicial…que Albus ha prorrogado y renovado cada año, aportando sus propios informes verbales de carácter, e implicando veladamente que su opinión era la de toda la plantilla de la escuela…Ya ha expiado suficientemente su culpa, Severus.

Durante mucho rato, guardaron silencio. Severus desvió la mirada al suelo, sumido en una mirada retrospectiva a la interacción con el Director. Se llevó las manos a la cara, y se apretó el puente de la nariz, intentando atajar la inminente jaqueca. Albus había jugado con sus sentimientos y emociones…magistralmente, haciéndole rememorar una y otra vez sus sentimientos de remordimiento y culpabilidad, impidiéndole sanar y dejar atrás esas negativas emociones. Propiciando que el resentimiento y la amargura anidasen en su corazón, corrompiéndolo. Previniéndole de avanzar o implicarse emocionalmente con nadie; aislándole, volviéndole no solo dependiente…maleable y predecible, una marioneta lista a cumplir su voluntad…La traición del que había considerado su preceptor y guía dolía, lastimaba mucho, pero Harry tenía toda la razón…su continuado martirio ya era suficiente. Había expiado sus juveniles errores con creces.

El jovencito sonrió, notando el cambio, la subida de tono, el pico y el nuevo control en las emociones del hombre; sabiendo que este había llegado a una resolución. Quizás con un poco de suerte…en la misma tónica que él. Harry se inclinó esperanzado hacia adelante, dejando que la nueva confianza y la determinación del hombre resbalasen sobre él como un bálsamo; su enojo incluso, un sentimiento que por una vez no estaba dirigido hacia él, sino que era compartido…

Severus guardó silencio, pensando una y otra vez, intentando ver otra salida al aprieto en que ambos se encontraban, sin que su mente supliese una idea que garantizase, al menos para Harry, una independencia real. Miró a los verdes ojos, ojos tan llenos de esperanza e ilusión, aparentemente tan inocentes que le sorprendieron por un instante, haciéndole recordar la tierna edad de su dueño. Su vulnerabilidad legal ante otros. Su certeza sobre el camino a seguir aumentó y poniendo una mano encima de una de las de Harry, sobre su regazo, apretó suavemente y murmuró con convicción:

-Está bien.

El ojiverde sonrió radiantemente y abrazó muy tímida y desmañadamente al hombre susurrando en su pecho, los ojos quizás un poco demasiado brillantes:

-Muchas gracias Severus.

El hombre suspiró, rodeando con torpeza y una total falta de costumbre el cuerpo del chico y susurró:

-Lo haré Harry. Me casaré contigo.