Toda su vida había tenido muy mala suerte, estaba consciente que muchas personas habrían caído en depresión, pero no ella, ella no podía darse ese lujo cuando su pequeña hermana dependía de ella.

Su familia siempre estuvo bien posicionada social y económicamente; por lo que muchas de sus amistades y pretendientes eran tan falsos que terminaban haciéndola sentir como alguien que solo valía por su posición familiar. Se había llevado grandes decepciones.

Pero sin duda, los peores golpes los recibió en casa. El peor había sido cuando su madre se suicidó, ella nunca supo la razón de aquella decisión, pero le dolió en el alma que les abandonara. Su madre era su única amiga, su confidente, quien siempre le escuchaba y la mimaba cuando se sentía triste. No estaba preparada para perderla con solo 16 años.

Su padre era reservado y nunca sintió la confianza de expresar lo que con su madre si podía. Pero eso no significaba que con su hermana no pudiera tener esa comunicación, quien desafortunadamente para el colmo de sus males, había enfermado poco después del fallecimiento de su madre. Le habían detectado leucemia. Siempre lo adjudico como una reacción en cadena a la depresión que su hermana sufría a causa de la pérdida de su madre, afortunadamente el dinero de su padre sirvió para conseguir la mejor atención, y si bien además influyo que el cáncer no fuera tan agresivo, estaba agradecida de la posición económica en la que se encontraban, pues su hermana salió adelante, quizá con atenciones que tendría que tener el resto de su vida, pero eso no quitaba que ella se encontrara perfectamente para seguir con una vida normal.

Al estar en esos hospitales se dio cuenta de la dificultad de muchas personas, algunos quedándose sin hogar para cubrir costosos tratamientos, otros más sin siquiera poder continuar con atención médica. En un principio no quiso imaginar el sufrir de las personas con bajos recursos, pero luego supo que no podía vivir con una venda en los ojos, fue por ello que empezó por hacer caridad en los hospitales más pobres, hasta que finalmente se decidió, ella quería ser médico y ayudaría a las personas. Su padre ni se inmuto ante su decisión, ya que después de lo que habían vivido ahora solo deseaba que sus dos hijas fueran felices, por eso había decidido alejarse a un pequeño pueblo donde el aire era fresco y libre de contaminación, los productos orgánicos abundaban y la gente era más amable. Quería eso para sus hijas. Tampoco era como si quisiera mantenerlas cautivas, sabía que Hinata tenía que vivir en la gran ciudad para cumplir sus sueños, esperando que eventualmente ella misma regresara para vivir con ellos en la tranquilidad de aquel lugar.

Hinata había decidido dejar varias comodidades, sin coche, sin lujos, y sin usar su apellido, ella realmente deseaba ser una persona que fuera tratada por ser Hinata y no una Hyuga, y lo había conseguido. No era como si a sus compañeros o profesores les importara, la trataban igual que a todos y le exigían lo mismo, por lo que de inmediato le agrado aquel ambiente. En ese lugar pasaba desapercibida, tenía algunos pretendientes, pero realmente ninguno era de su agrado, por lo que se mantenía al margen.

A sus 22 años, jamás había ido a una discoteca, y esta vez sus amigas la habían obligado a ir "no todo en la vida son estudios, también debes divertirte", su rubia amiga se había encargado de vestirla y peinarla, le parecía exagerado el modo de vestir en aquellos lugares pero al final termino cediendo, quizá tenían razón en que tendría que estarse divirtiendo en su vida universitaria.

Realmente había estado aburrida hasta que un par de chicos llegaron a su mesa. De inmediato sintió que sus pómulos se encendieron, el chico rubio le había gustado, nunca antes había creído en el amor a primera vista y sin duda él tenía todo lo que a ella le gustaba, quizá sonaba superficial, pero ese chico tenía todo el físico que ella podría soñar y que decir cuando él se quedó platicando con ella sin pedirle bailar, solo platicando, justo lo que a ella le gustaba y sin duda su personalidad era aún mejor.

Era claro que él no tenía idea de quien era su familia, y eso fue un plus para que se sintiera halagada de que él la tratara tan bonito por ser ella misma. Se había ofrecido a llevarla a casa y ella sentía que estaba en un sueño donde había encontrado a su príncipe azul, jamás se había sentido tan emocionada por estar con un chico como ese día.

Tuvo que tomar valor para ser ella quien diera el primer paso, No podía creer lo mucho que le había gustado, quizá fue por ello que le dio miedo que se fuera y no volviera a verlo, lo más sensato era pedirle su número, pero darle un beso fue lo primero que se le ocurrió, afortunadamente él había respondido, e incluso después de intercambiar números telefónicos recibió mensajes bonitos y la invito a salir al día siguiente.

Jamás había disfrutado tanto de una salida como esa, su compañía fue tan maravillosa y cálida que se sentía entre nubes, él se la paso besándola y tomando sus manos, y ella lo permitió, él de verdad le gustaba mucho. Tuvo miedo cuando estaban por despedirse, sabía que el regresaría a Osaka, lugar donde le dijo que estudiaba, y ella temía que fuera esa la última vez que lo vería, por lo que dándose ánimos se atrevió a pedirle que fuera su novio, ¿loco?, fue loquísima aquella petición, recién lo conocía como para pedirle algo así, pero a ella le gustaba mucho y no había necesidad de esperar, temía ser rechazada, pero no fue así, el rubio se había portado tan galante y tierno que ella creía ya se estaba enamorando aun cuando apenas le acaba de conocer.

Cada fin de semana, él fue a visitarla y ella cada vez se fue enamorando más, la llenaba de detalles y la trataba con excesivo cariño, estaba seguro que la química que tenía con él era irrepetible, por lo que aun cuando trataban de no ir tan rápido, siempre terminaban fajando en su sala. Estaba segura que ambos trataban de no acelerar las cosas, pero era todo un reto cuando la atracción que sentían era de tal magnitud.

Estaba segura que a él era a quien quería regalarle su virginidad, y el hecho de que la respetara tanto, la hacía adorarlo y enamorarse cada día más, seguramente cuando el momento llegara sería muy bonito.

Su mundo de felicidad se vino abajo demasiado pronto. Era viernes y Hanabi había llegado desde muy temprano a su casa, tenía cita con el oncólogo para ver que todo marchara bien y le había acompañado con el médico, al parecer las cosas no andaban tan bien, habría que hacer nuevamente estudios para comprobar que el cáncer no hubiera regresado. Hanabi se mostró tranquila y Hinata tuvo que tomar la misma postura, aunque por dentro quisiera llorar de miedo, tenía que ser fuerte, por ella.

Tan pronto como llegaron a casa, Hanabi le pidió explicaciones – ¿Quién te ha dado tantas flores y osos de peluches?, vaya, incluso chocolates – y acto seguido había probado aquellos finos dulces. Hinata supo que hablarle de su novio sería la mejor idea para olvidarse por un momento del estado de salud de su pequeña hermana.

Le relato a grandes rasgos su noviazgo y lo enamorada que estaba de él. Hanabi quiso que le mostrara alguna fotografía, y justo en ese momento supo que no tenía ninguna, el tiempo que pasaba a su lado siempre pasaba tan rápido que nunca pensaban en tomarse fotos

– No te preocupes, eso lo arregla Facebook – le había dicho su pequeña hermana, ella era todo tecnología, siempre encontraba todo por internet, y a Hinata realmente le daba un poco de pena que ella era quien siempre le enseñaba de ese mundo. Hanabi le pidió su nombre, y en la barra de buscador lo coloco "Naruto Uzumaki", no había resultados.

– ¿No lo tienes en tus amigos? – había preguntado su pequeña hermana.

– Yo no tengo Facebook – le recordó.

– Cierto, cierto.

Hanabi había pasado un buen rato intentando encontrarlo, lo había buscado por el nombre, por medio de la universidad donde estudiaba, y no encontraba nada, hasta que finalmente cuestiono si conocía a algún amigo del rubio. Hinata recordó entonces el nombre del chico con quien lo había conocido en aquel antro – "tiene un amigo llamado Kiba Inuzuka". Eso fue suficiente para que su pequeña hermana lo buscara, entre varias sugerencias con fotografías, Hinata reconoció al chico, con esto dio paso a que Hanabi entrara a su perfil y comenzara a buscar entre sus fotografías que afortunadamente eran públicas.

- Oh vaya, es de mi edad – afirmó su hermana

- No, él estudia veterinaria – dijo segura Hinata, lo recordaba perfecto pues lo poco que supo de él, tenía que ver con ayudar a perros de la calle. Quizá por ello le recordaría siempre, por ser una persona con la intención de ayudar a otros.

- Eh no, él estudia en el instituto Konoha, aquí dice, además tiene fotos recientes con el uniforme, incluso esta foto que es justo de ayer, mira – Hinata sorprendida, pudo ver que su hermana no se equivocaba, lucia prácticamente igual, solo que con uniforme. Un poco consternada, le pidió a Hanabi que siguieran viendo fotografías, hasta que finalmente lo visualizo.

- ¡Él es mi novio! – dijo con alegría, el simple hecho de ver una sonrisa de su adorado Naruto, la hacía sentir feliz y emocionada, en la foto estaba Kiba, Naruto y otro chico de cabello negro y largo. Ya estaba pensando en descargarla y tenerla de fondo de pantalla, cuando Hanabi la cuestiono.

- ¿Estas saliendo con un preparatoriano?

- No Hanabi. Él estudia física, ya te lo he dicho.

- Hinata, ¡por dios!, esta foto dice que la subieron hace una semana, tu novio también porta el uniforme del instituto Konoha – y así era, su rubio portaba el emblema de aquel colegio, además lucia exactamente igual.

- Debe haber una explicación – lo dijo más tratando de creerlo ella.

- Lee los comentarios de la foto – Hanabi estaba enfadada, ella por fin entendía que el rubio le había mentido, y eso no podía tolerarlo, su hermana era noble, una chica excepcional, quien se atrevía a mentirle de esa forma, sencillamente se ganaba su odio.

Los comentarios eran recientes, no más de una semana:

Shion: "Naruto esta guapísimo! ❤❤ ❤ , lástima que cerró su Facebook "

Temari: "El más guapo es Shikamaru ? Te amo bebe ❤"

Chouji: "¡Ay por favor, los tres están flacos y sin chiste!, ¿Qué les ven?"

Shion: "Callate Chouji!, ¿tú qué sabes del amor, si solo te la pasas comiendo? Aprende a Naruto, es tan perfecto B) ❤"

Shikamaru: "lov u tem"

Temari: "Eres tan flojo Shikamaru, por lo menos escribe las palabras completas :|"

Chouji: "Callate tu Shion, además por lo que sé estas en la friendzone jajajajaja xD"

Shion: "Deja que terminemos el cole, cuando entremos a la universidad JUNTOS ❤ ❤ ❤ , el será mi novio"

Profesor Asuma: "En lugar de andar de coquetos, pónganse a estudiar, porque así como van, seguro que ni se gradúan de la preparatoria"

Temari: "ups"

Shion: "Si, sensei, ya estoy estudiando :O "

Todo estaba más que claro, Hinata, no pudo evitar derramar lágrimas, ¿de verdad Naruto le había mentido? ¿por qué? Después de indagar aún más en el Facebook de Kiba, se dieron cuenta que así era, Naruto era un preparatoriano, al parecer de 17 años.

Hanabi se había ido pronto, tenía que darle la mala noticia a su padre, y más que nada prepararse para volver a someterse a un montón de estudios para confirmar o desmentir la teoría del oncólogo.

Hinata realmente estaba afligida, ese día era como si una fuerte tormenta callera encima de ella, una que tenía navajas y cuchillos desgarrando cada parte de su ser. No solo estaba preocupada y triste por su pequeña hermana, también estaba decepcionada y molesta por ser engañada de esa forma por la persona que amaba.

Debió pasar varias horas llorando, quizá sus lágrimas se acabaron, pues ya nada salía de sus ojos. "Sufrir y dedicarle tiempo a una persona que me engaña y claramente no me quiere, teniendo una hermana que me adora y que ocupa de mi". Se había decidido, Naruto Uzumaki se iría de su vida, no le daría oportunidad de nada, la había engañado, le había mentido, cuando ella había sido tan transparente y le había confiado tanto. Ese fin de semana lo pasaría en el pueblo donde vivía su padre y estaría con Hanabi en cada proceso médico. Se había colocado un vestido lila y unas sandalias a juego, su cabello estaba desordenado pero no se peinaría, el viaje seguro lo dejaría peor. En ese momento escucho que alguien llamaba a su puerta, supo de quien se trataba y con clara molestia se dirigió a la puerta.