2.

Ginny se sentó en el suelo sintiéndose más agotada que nunca, hacía una semana que ensayaban una incontable cantidad de veces, y realmente habían progresado, en especial Harry, el cual debía hacer el papel del bello príncipe. La pelirroja observó como Cho miraba al chico con un brillo extraño en los ojos mientras él hablaba con otros de los alumnos que actuarían en la obra. Ambos se besaban varias veces en escena, mientras que ella sólo lo haría una vez, mientras él durmiera.

Hasta en los cuentos de hada su historia de amor era desdichada, maldita suerte.

La profesora de estudios muggles volvió a llamar a todos los alumnos para continuar con la obra, habían quedado en el regreso de la princesa y su próximo casamiento con el príncipe. El vestuario ya estaba hecho, y Ginny vestiría una hermosa cola de sirena en un principio, muy diferente a la que portaban las que habitaban en lago negro; su cabello lo llevaría decorado con hermosas flores marinas y luego ya de humana usaría lindos vestidos usuales de otra época.

La pelirroja, tomada del brazo de Harry, fingiendo debilidad en las piernas, observó como Cho se acercaba al príncipe, y como este, asegurándose de que la sirenita estaba firme, se acercaba a la muchacha morena y la besaba en los labios, anunciando el futuro matrimonio que terminaría por romperle el corazón a la sirena.

La siguiente escena, constaba de una simple charla de Ginny con sus hermanas, instándolas a matar al príncipe por haberla lastimado, luego de haberse arrepentido, llegaba el tan ansiado beso de toda la obra.

El beso de la sirenita con el príncipe.

Él dormía abrazado a su hermosa esposa, mientras la sirena lo miraba con ternura, despacio, sintiendo en carne propia lo que la propia sirena sentía en su corazón, Ginny se inclinó sobre Harry depositando sus labios sobre los de él, descubriendo lo cálidos y suaves que eran. Harry abrió los ojos y la observó un momento muy fijamente, como queriendo decirle algo, como queriendo retenerla. Sin embargo el ensayo debía continuar, y ella debía convertirse en espuma e irse con las olas del mar, tal y como finalizaba la obra.

McGonagall y la profesora Charity Burbage elogiaron a los alumnos que interpretarían la obra. Harry les sonrió agradecidos, pero corrió detrás de Ginny cuando ella se estaba yendo.

- ¡Ginny!- la pelirroja se giró en el pasillo sonriéndole de forma afectuosa al chico.- ¡Estuvo bastante bien el ensayo!- Ginny asintió continuando caminando.

- Es la primera vez que hacemos la obra de corrido- sonrió-. Igual no estoy conforme con lo que hago, creo que debería practicar más, pero…

- Practiquemos juntos- le dijo Harry-. Yo tampoco me siento seguro con el poco tiempo que tenemos- agregó algo nervioso-. Preferiría perfeccionarlo un poco, al fin y al cabo somos los que más hablamos- Ginny lo fulminó con la mirada-. Bueno, yo hablo, tú sólo actúas…

- No sería tan mala idea… podrías decirle a Cho, tal vez…

- Eso no hace falta, su papel no tiene mucha importancia- la interrumpió Harry sin ignorar la radiante sonrisa que ella le dedicó-. ¿Qué dices?

- Le podríamos pedir ayuda a Hermione, ella conoce bastante de esto.

- No sé si ella quiera…

- ¡Yo la convenzo! ¿Te parece bien esta noche, en la sala de menesteres?

- Me parece perfecto- Ginny asintió con un susurro despidiéndose con su mano del chico.

Ginny no tuvo que esforzarse mucho en convencer a Hermione, la chica aceptó gustosa la tarea que le habían encomendado. Ron también estaría presente, no se perdería por nada del mundo a su mejor amigo haciendo semejante payasada. Esa semana Harry había cambiado de una forma impresionante, ya no lo notaba tan amargado, y con Hermione sospechaban que se debía a la inminente cercanía con Ginny, y los momentos que debían compartir.

Hermione tomó a Ron del brazo y lo arrastró hacia las cocinas en busca de algo de comida; sus amigos se perderían la cena, de eso estaba segura, por lo que era preferible que los cuatro tuvieran una rápida comida fría en la sala de menesteres, de esa forma se distraerían el menos tiempo posible.

Harry sabía perfectamente lo que tenía que hacer al igual que Ginny, las escenas repetidas varias veces eran cada vez más fluidas, Hermione notaba el cambio en cada gesto de su pelirroja amiga, al igual que en Harry. La escena del beso, el clímax de la obra había sido muy criticada por Ron, argumentando que su hermana no tenía por qué besarse con Harry, si al fin y al cabo nadie los iba a poder ver desde lejos.

A pesar de ello, nadie le hizo caso, y todos estuvieron de acuerdo en que esa escena realmente tenía que salir perfecta, ahí se veía la triste realidad de la sirena, que Ginny debía saber transmitir. Los labios de Harry, cada vez que le tocaba besarlo, eran cada vez más suaves y tentadores. Mentiría si negara las ganas que tenía de profundizar aquel contacto, cada vez que lo veía con los ojos cerrados…

La siguiente semana transcurrió con una velocidad alarmante, al día siguiente de la obra, los alumnos volverían a Londres para pasar las vacaciones de Navidad con sus familias, al menos, claro, que lo hicieran en el castillo. Harry y Ginny habían concertado un último ensayo los dos solos, el último entre ellos dos antes de presentarla a escena, con todo el colegio presenciando sus actuaciones. McGonagall con su increíble magia y la ayuda de los mejores alumnos en su materia, habían hechizado el escenario, para dar lugar a los diferentes paisajes que decorarían las actuaciones.

- Lo lamento…- susurró Ginny al entrar a la sala, Harry estaba sentado sobre una silla mirando hacia un punto fijo.

- No te preocupes- le respondió él con una sonrisa-. Sólo tienes unos minutos de retraso.

- Lo que pasa es que el idota de Dean me retuvo unos momentos- murmuró dejando su mochila en el suelo.

- ¿Dean insiste en volver contigo?- indagó el chico disimulando sus celos.

- Constantemente…- suspiró-. Pero no tengo la sangre tan fría como para decirle que estoy mejor sin él- le sonrió-. Pero no hablemos de Dean, ni de nadie más.

- ¿Acaso hay más chicos que te retienen en los pasillos?- le preguntó intentando ocultar su alarmo.

- Puede que si- contestó ella divertida-. Pero tú tampoco te quedas atrás, me doy cuenta de que Cho anda loquita por ti.

- Cho se enamora y desenamora según la estación del año- respondió.

- Entiendo que para ti sea difícil- le dijo Ginny mirándolo con algo de tristeza, pues ella creía que él aún estaba interesado en su ex novia.

- Y claro que lo es- dijo él, era molesto tener a esa chica detrás suyo a cada momento, él tan solo no quería saber nada con ella.

- En fin, vamos a lo nuestro- Ginny le mostró su brillante sonrisa y comenzó.

Las escenas transcurrían como agua en un río tranquilo, de forma lenta y pausada, con los tiempos de los demás actores inexistentes y los deseos de perfección que entre compañeros se habían contagiado. Harry no se podía creer que hacía dos semanas, estaba corriendo a su mejor amigo por todo el castillo con la intención de hechizarlo; ahora en cambio quería agradecerle, gracia a él había compartido más tiempo que nunca con su pelirroja hermana, y tenía muchas ganas de que la obra saliese muy bien.

Ginny bailó torpemente con él y gimió en silencio, tal como lo requería el personaje, hacía intentos inútiles para cantar, pero su voz no volvería, ella había pagado ese precio por una oportunidad de ser humana, junto al hombre que amaba.

Luego finalmente el final había llegado, Harry se encontraba fingiendo estar dormido, esperando a que la dulce sirena lo besara en los labios, como lo había hecho todos los días en la última semana.

Harry abrió levemente los ojos al sentir su cálido aliento sobre los labios, y observó como ella los mantenía cerrados, y como su infinita cantidad de pecas se esparcían por sus mejillas y su cuello, hasta un lugar recóndito más allá de lo que podía ver. De repente un impulso, un deseo que había sentido desde el primer día, pero que jamás se animó a expresar, lo tomó desprevenido. Ginny había apoyado sus labios sobre los de él, y Harry no podía desaprovechar esa oportunidad, que podía ser la última en total intimidad.

Sin pensárselo dos veces tomó con una mano la cabeza de la chica, envolviendo sus dedos en el fragante cabello encendido de ella, y sin más la atrajo aún más a sus labios intentando besarla. Harry notó una leve resistencia por parte de ella, por lo que abrió los ojos encontrándose con unas orbes castañas mirándolo completamente sorprendida. Harry pensó en decirle algo, pero en ese momento las palabras sobraban. Nuevamente cerró los ojos y en acto de valentía la volvió a acercar, Ginny soltó un trémulo suspiro antes de ceder, y también dejarse llevar por ese cúmulo de sensaciones que llevaba dentro.

Los labios de Ginny sabían a gloria, su sabor era dulce, cálido, él jamás había tenido una sensación semejante, el aroma de su cabello contribuía notablemente a ese sentimiento, tantas veces lo había soñado, tantas veces había deseado hundir su nariz y dejarse embriagar por el bouquet de flores que tanto lo perseguía. Sin embargo tan rápido como empezó, se corto, o al menos él eso pensaba, porque podían haber pasado minutos o segundos que para él sería lo mismo en ese momento. Ginny se alejó de él dándole una extraña mirada, Harry no supo distinguir un atisbo de enojo ni de alegría, era extraño, diferente.

Completamente confundida, Ginny se puso de pie y torpemente tomó sus cosas de arriba de una mesa y salió con paso apresurado de esa sala, sintiendo como su corazón latía a mil por hora. Sin saber a dónde ir, pelirroja terminó en algún pasillo de uno de los tantos pisos de ese enorme colegio. No quería pensar ni quería sentir, sin embargo no pudo evitar llevarse unos dedos a los labios y sonreír.

- ¿Te pasa algo, Ginny?- indagó Delmeza al encontrársela junto al retrato de la Dama Gorda a punto de entrar a la Sala Cómún.

- ¿Qué?- su amiga la miró frunciendo el ceño y le tocó la frente con una mano.

- ¿Te sientes bien? Parecieras estar un poco acalorada…- Ginny se sonrojó un poco pero agradeció que la penumbra del lugar ocultara ese hecho.

- Tan sólo estoy pensando en la obra de mañana…

- ¿Estás nerviosa?- Delmeza le acarició con cariño el brazo antes de dar la contraseña y pasar por el retrato-. No te debes preocupar, estoy segura de que todo saldrá…- un chico se tomó de frente con ellas dos impidiendo el paso.

- Lo siento…- susurró Dean a Delmeza, pero al ver a Ginny sus ojos se iluminaron-. ¿Puedo hablar contigo?

- Ahora no…- Ginny desvió la mirada algo apenada, ya estaba cansada de la insistencia de su ex novio.

- Por favor- Dean juntó ambas manos sobre su rostro y volvió a insistir.

- Dean…

- Te prometo que será solo un minuto- Ginny asintió con un seco movimiento de cabeza, y lanzándole una mirada mortificada a su amiga volvió hacia atrás, quedando nuevamente en el pasillo del séptimo piso.

Dean le sonrió débilmente y con el más sumo respeto acarició las puntas de su cabello, como solía hacer cuando ambos estaban de novios, Ginny sintió como algo en su pecho se aliviaba y deseó abrazarlo, hundir su rostro en su pecho. Deseaba ser su amiga, ella realmente apreciaba mucho a ese chico, pero no lo suficiente para tener una relación más allá de la amistad con él.

- Lo siento, lamento haber sido tan celoso contigo, y además…

- Dean, yo…

- Espera, déjame continuar- le pidió él acompañando sus palabras con el movimiento de sus manos-. Yo te quiero, y te quiero mucho. Pero es que eres tan linda…

- Me honras con lo que me dices, pero no sé si...- se quedó callada al no saber cómo continuar.

- Dame otra oportunidad, te prometo que yo no voy a molestarte más con mis celos- le sonrió-. Aunque no te voy a negar que querré matar a más de uno mañana, cuando estés arriba del escenario- Ginny le sonrió con sinceridad y Dean tomó ese gesto como algo afirmativo, como que Ginny realmente quería volver con él

Sin meditar, acarició con regocijo sus brazos y la acercó a su cuerpo cubriendo sus sonrosados labios con los suyos, sintiendo el sabor de la chica, ese que siempre lo había maravillado. Ginny simplemente se había quedado de piedra, sin poderse creer lo que estaba sucediendo, Dean la besaba y ella no sabía que hacer…

Y de repente todo se repitió como si fuera un maldito déjà vu, su hermano y Harry aparecían en el pasillo y comenzaba la discusión. Ginny evitó mirar al chico de ojos verdes y simplemente ignoró a su hermano. Con una mirada triste miró a su ex novio y negó con a cabeza, Dean entendió perfectamente ese gesto, conocía bastante a esa chica, y había sentido su rechazo al beso. Simplemente ella no quería volver con él.

Ron siguió a Ginny hacia el interior de la Sala Común, Hermione que estaba sentada junto a la chimenea leyendo un libro, se levantó de inmediato al oler problemas.

- ¡Ginny!

- No quiero hablar ahora…- le dijo a su hermano soltándose de su agarre.

- Tan sólo dime una cosa- le pidió mirándola a los ojos-. Y te pido que me seas sincera- Ginny con los ojos brillantes pero evitando por todos los medios llorar asintió- ¿Has vuelto con él?

- No- susurró con la voz rota, conmocionada con todas las cosas que habían sucedido a la vez-. Y no me preguntes más, porque…- rápidamente subió las escaleras hacia su habitación y Hermione regañando con la mirada a Ronald, subió detrás de ella para tratar de consolarla.

Ron se giró mirando a su amigo, él cual se mostraba pensativo y muy sumido en sus pensamientos. Harry se sentó en una de las sillas dejando caer su mochila al suelo, totalmente confundido. Él había sido el que había comenzado el beso, pero ella le había respondido, de eso cualquiera se podía dar cuenta; pero al ver como Dean la estaba besando sintió como ese pequeño monstruo que habitaba en su interior, crecía de golpe rugiendo por justicia.

Dean entró a la Sala Común seguido por Seamus el cual lo miraba con preocupación, Harry observó como el segundo abrazaba al muchacho de tez oscura y le decía unas palabras de consuelo. ¿Acaso Ginny había terminado definitivamente con él?

El pelirrojo no dijo nada, y ambos en silencio se dirigieron hacia la habitación. Harry se acostó intentando dormir, pero el sueño tardó horas en llegar y antes de que se diera cuenta, su despertador estaba sonando y ya era hora de poner en marcha la función.

o0o0o

- Harry…- el aludido levantó la vista de su desayuno para ver a Hermione que lo estaba llamando.

- ¿Pasa algo?

- No- Hermione se sentó frente a él dejándose caer junto a Ronald-. Simplemente te quería desear mucha suerte, ¡y que te rompas una pierna!

- Mientras no se la rompa sobre el escenario- acotó divertido Ron.

- Idiota- Harry le arrojó con un cereal que se había caído de su plato y Ron lo esquivó.

- Espero que le hagas justicia a esa historia, siempre me pareció muy triste- dijo Hermione sirviéndose leche en su cuenco de cereal.

- No me importa- respondió Harry encogiéndose de hombros-. Yo sólo espero poder terminar con esto de una vez por todas- suspiró.

- ¿Y qué tal todo con Cho?- le preguntó Ron-. Como ahora tienen que hacer de pareja…

- Cho ya no me interesa… descubrí que es bastante rara, y prefiero no tener nada que ver con ella.

- Pues creo que ella no piensa lo mismo, esta última semana la vi bastante sonriente cuando hablaba contigo- acotó Hermione.

- ¿Te parece? Para mi solamente estaba siendo amable- sonrió-. Igual no importa, tengo mi mente en otros asuntos.

- Por cierto, ya que estamos hablando de parejas- Hermione miró con complicidad a Harry antes de continuar-. Dean le volvió a pedir una oportunidad a Ginny- Ron escupió su jugo en el rostro de Harry y este se limpió la cara con un movimiento de varita.

- Asqueroso…- Harry miró a Hermione y prosiguió-. ¿Por eso estaba tan alterada anoche?

- Parece que él quiso hablar con ella anoche y la besó sin que ella quiera- sonrió-. Y obviamente no se le escapó contarme sobre tu inoportuna interrupción, Ronald- el aludido se sonrojó y miró hacia otro lado haciéndose el desentendido.

- Ese tipo es un idiota, no podía dejar que Ginny volviese con él- murmuró.

- Hasta hace unos días te parecía un tipo genial, en especial luego de que elogió tu último entrenamiento- acotó Harry divertido.

- Eso es algo diferente, todo cambia cuando se meten con la familia… y tú lo deberías tener bien en claro- Harry empalideció de repente.

- ¿Por qué lo dices?- le preguntó Harry débilmente, sintiendo como el sudor frío empapaba su espalda.

- Pues por Ginny…

- ¿Qué?

- ¡Y claro! Tú como un Weasley más, debes ayudarme a espantar a todos los moscos molestos que la rondan constantemente- le sonrió-. No es fácil siendo el único Weasley hombre en todo el colegio, mis hermanos están completamente de acuerdo conmigo.

- Ron no seas exagerado…- dijo Hermione.

- ¿Exagerado? Justamente tú me dices exagerado a mi- Ron chasqueó la lengua y a su vez se llevó un trozo de pan a la boca-. Todavía recuerdo lo loca que estabas para los TIMOs- dijo masticando-. Nos volviste locos. ¡Oye!- exclamó cuando Hermione le quitó el pan de la mano.

- Hazme el favor de comer con la boca cerrada- le pidió ella con voz cansina-, y no hablar hasta que hayas tragado.

- ¡Que pesada que te pones con los años!- Harry sonrió al vaticinar una nueva pelea entro sus dos amigos.

- ¿Me estás diciendo vieja?

- ¡Harry!- lo llamó Ron-. Me tienes que ayudar con esto, dile que tengo razón.

- ¡Tú no te metas, Harry!

Harry miró con demasiado interés su plato de cereal mientras se llevaba su cuchara a la boca, sin embargo su aparente tranquilidad no duró mucho, porque alguien a su espalda le tomó el hombro. El chico se giró a mirar a la persona que lo buscaba, y no pudo evitar que una rara sensación se instalara en su pecho.

- Buen día, Harry- le dijo Cho con una radiante sonrisa.

- Hola… hola Cho.

- Yo quisiera hablar contigo- susurró Cho con las mejillas deliciosamente sonrojadas, o al menos así lo hubiese pensado Harry hasta hacía un año atrás.

- ¿Conmigo?- Cho sonrió un poco más, mostrando de esa forma su nerviosismo.

- Si... eh- señaló hacia la puerta del Gran Salón-. ¿Te gustaría salir y caminar un poco?

- Si- Harry le sonrió-. Vayamos- el chico miró a sus amigos los cuales estaban muy enfrascados en su discusión de casi todos los días como para darle importancia a su ausencia.

Cho caminó delante de él, y Harry no pudo evitar perderse en su brillante cabello oscuro el cual bailaba sobre su espalda. Siempre le había gustado el cabello de Cho, era eso en lo primero que se había fijado de ella, y luego encontró otras cosas, que con el tiempo se fueron esfumando, dejando sólo su largo pelo, refulgente e incandescente.

La muchacha de ojos rasgados se detuvo en la entrada del vestíbulo, en un lugar algo oculto detrás de un enorme muro, dejándolos apartados de los demás alumnos que se dirigían al Gran Salón.

- Yo quería agradecerte.

- ¿Agradecerme?- indagó Harry extrañado.

- Por todo lo que te has esforzado para la obra. Realmente es como un sueño para mi participar en una historia tan linda- le dijo ilusionada-. El príncipe se enamora firmemente de la princesa a pesar del profundo misterio que envuelve a la sirenita- sonrió-, a muchos hombres les llama la atención eso.

- Simplemente hice lo que me dijeron que haga, Hermione siempre dice que una vez que estás metido en el baile, tienes que bailar…

- Hermione es una chica muy sabia- lo interrumpió Cho-. Parece estar bastante interesada en tu amigo Weasley.

- Eso era algo inevitable.

- Y eso me lleva a un gran dilema- Harry la miró extrañado-. Lamento no haber confiado lo suficiente en ti hace un tiempo…

- Cho, eso es algo pasado- le respondió Harry con suavidad.

- Con eso me alcanza- Cho tomó a Harry por el cuello de la camisa y buscó su boca con la suya, incitándolo de esa forma a que le devolviera el beso.

Ginny a unos pocos metros de ahí, sintió como el suelo a sus pies se comenzaba a desmoronar.


Respondiendo con la pregunta de unos cuantos, no, esta no es la historia que todos conocemos por la película de Disney, originalmente la sirenita no recupera la voz ni la bruja se hace humana. El príncipe se enamora de una princesa a pesar de tenerle mucha estima a la sirena, y finalmente la sirena decide morir convirtiéndose en espuma y luego en viento, deseando la felicidad del príncipe y su princesa. Si quieren leerla, métanse en algún buscador y busquen el cuento. Es bastante lindo.

Ahora sin más les dejo un beso muy pero muy grande.

Los quiero, Jor.