CAPITULO 2
Sasuke no fue capaz de dormir en toda la noche, tras la confesión de Sakura y decir algunas palabras, dio media vuelta ante la respuesta entrecortada y salió de la casa escuchando un angustioso lamento de su esposa.
Gracias a su rinnegan viajo hacia un lugar lejos de la aldea, donde nadie pudiera verlo ni mucho menos interrumpir su demostración de ira; se sentía asfixiado por la rabia y, en aquel recóndito lugar asignado a sus sentimientos, se sentía lastimado, nunca se le habría pasado por la cabeza que la pelirrosa fuese a hacer algo como aquello. Él, que cometió error tras error, y que creyó en personas que nunca debió seguir, pensó que Sakura sería su ancla y su hogar, su lugar seguro y que con ella nunca conocería la traición, pero el pedestal que con tanto esmero logro que fuera puesta por el Uchiha cayó al dejar que otro hombre tocará lo que le pertenecía a él.
Los días que a su vista el mundo era gris, volvían y no sabía cómo detener las emociones que embargaban su alma; mucho tiempo atrás, mientras recorrió el mundo ninja con una nueva perspectiva, aprendió a valorar cosas que en su mundo de venganza nunca pudo apreciar. Pensó en su familia y en Itachi con nostalgia pero sin el rencor que antes lo atormentaba, solo podía guardar los momentos felices junto a la familia que perdió en trágicas circunstancias; también, al visitar otras aldeas, recordaba la villa y al equipo 7, las misiones atrapando gatos, sus peleas con un rubio imperativo y los coqueteos de una pequeña pelirrosa. Eran Naruto y Sakura quienes ocupaban gran parte de sus recuerdos más felices y nostálgicos, siendo la última con gran sorpresa, inicialmente, quien se adueñaba de gran parte de sus pensamientos y de forma constante se hacía presente en sus sueños; muy tarde descubrió que había aprendido a valorar sus esfuerzo y el amor que le profesaba, y aunque inicialmente estuvo reacio a admitirlo a sí mismo, la Haruno fue una de las principales razones para que volviera a la aldea.
Cayendo al suelo con las energías agotadas y su alrededor destruido, recordó su llegada a la aldea, el cómo fue recibido por un efusivo Naruto y una llorosa Sakura, quien tímida no sabía si acercarse a abrazarlo como lo había hecho inicialmente el rubio. Y para sorpresa de los presentes, fue el pelinegro quien se acercó, poniendo su única mano sobre la cabellera rosa y acariciándola con una suavidad que no se creía posible realizar. Ese simple gesto logro que Sakura se lanzara a sus brazos y apretara su cuerpo, sintiendo el llanto en sus ropas, pero sin importarle y apretando su cintura mientras sentía, extrañado, como su cara adquiría el rubor propio de la vergüenza al saberse observado por Naruto, quien sonreía pícaramente frente a él.
Tras ese primer encuentro se suscitaron más reuniones entre los tres, hasta que un día solo fueron Sasuke y Sakura juntos caminado por la aldea, aun podía recordar las miradas de los aldeanos y los otros ninjas de su generación, algunos sonreían alegres, pero había quienes con disgusto no aprobaban la relación que se iba forjando a la vista de todos. Los señores Kizashi y Mebuki Haruno fueron los principales opositores, quienes ignoraban al Uchiha y concertaban citas de su hija con otros ninjas y aldeanos del país de fuego; a la fecha Sasuke y sus suegros no se llevaban muy bien, gran parte de esa aversión hacia el pelinegro creció tras su regreso con una Sakura cargando un bebé y el anuncio de que eran esposos sin haber tenido la oportunidad de ver a la pelirrosa con el traje de novia, pues no existían fotos de aquel momento. Rememorando, Sasuke admitía su error en ese aspecto, pues Mebuki no le dirigió la palabra por muchos tiempo y en la actualidad, tras su regreso, había adquirido la delicadeza de saludarlo con un ademan y pocas palabras; en cuanto a su suegro, este adoraba a su nieta, pero le desagradaba el papá de la misma, entre más alejados estuvieran era mejor.
Analizando la situación que se presentaba entre él y la familia de Sakura, se preguntaba si estos habían seguido concertando citas de su hija con otros hombres, y si fue en alguno de esos encuentros donde la pelirrosa conoció al hombre con quien se había besado y quien sabe que más. Ese pensamiento, el de Sakura con otro hombre, lo torturaba y su imaginación le presentaba miles de escenarios de su mujer con hombres sin rostros y en situaciones cada vez mas retorcidas.
Con un gruñido y el amanecer de fondo, se dispuso a volver a su hogar, tenía que hablar con su esposa, necesitaba saber que su corazón aun le pertenecía y, aunque ese error le destrozaba, reconocía que de saber que Sakura ya no lo amaba y se había enamorado de otro le destruiría, más sin embargo nunca fue un cobarde y no iba a empezar a serlo.
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Con terribles ojeras y los ojos hinchados, Sakura se encontraba en su oficina desde las cinco de la mañana, después de una noche donde solo pudo rodar en la cama sin conciliar el sueño. Había dejado el desayuno listo en la mesa y correctamente cubierto para cuando Sarada se despertara y, tal vez, Sasuke decidiera volver.
Ahogando un sollozo se dispuso a trabajar, revisando historias clínicas de pacientes que se encontraban internos en el hospital central, estaba tan concentrada que no se percató cuando su puerta se abrió y entro una despampanante rubia.
—Frente, no podía creer cuando el vigilante me dijo que habías llegado hace algunas horas… —entro parloteando Ino, parándose al lado del escritorio de la pelirrosa — Es increíble que vengas tan temprano, aun después de que sé que tu querido esposo volvió ayer de su misión —le sonrió picara al notar las ojeras. — y veo que la bienvenida se alargó, porque tienes la cara de alguien que no durmió en toda la noche.
Fue un comentario tan inocente, pero que removió todo el interior de Sakura, haciendo que enterrara la cara en los documentos sobre su escritorio y rompiera a llorar como cuando tenía 12 años.
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Después de haber llorado y ser consolada por una confundida Ino, quien no entendía por qué del llanto de Sakura, la última más calmada se limpió el rostro con una pañuelo y se sentó erguida en el sofá donde minutos antes Ino la había llevado para poder abrazarla y consolarla.
Transcurrió alrededor de diez minutos en silencio, donde la pelirrosa continuamente se limpiaba las lágrimas ya inexistentes y buscaba las palabras para desahogarse con su mejor amiga; por su parte, la rubia apretaba la mano de la Uchiha e intentaba adivinar que podía lograr que su frentona amiga llorara como una niña. Pensar en la vuelta de Sasuke y el comentario inicial hecho, del cual, al parecer, se sucinto el ataque de lágrimas la hacía crear una serie de teorías donde el Uchiha no quedaba bien parado y estaba dispuesta a ir a buscarlo y golpearlo, a pesar de conocer la magnitud del poder de este, todo por su querida frentona.
—Frentona, si ese Uchiha es el culpable de que estés así, te juro que voy y le corta las bolas para que aprenda a dejar de hacerte llorar — hablaba ofuscada la rubia, pensando lo peor del pelinegro—. Ya decía yo que no era buena idea que siguieras con ese tipo, es que dejarte durante 11 años después de dejarte con una pequeña niña; Kakashi debió dejarlo encerrado y que no conociera la luz del sol por lo menos el tiempo suficiente para que se repusiera, porque déjame decirte frentona que ese esposo tuyo no está bien de la cabeza. Nunca lo ha estado, la verdad. —ahora Ino gesticulaba sin parar y desbordaba las palabras sin controlarse—. Por eso yo decidí que ese hombre no era para mí, o sea frente, parece que no hubieras visto su arrogancia en la cuarta guerra, y como se fue de la aldea tras recibir el perdón por lo actos que cometió… sé que es el padre de tu hija, pero frentona, debo ser sincera y decirte que tienes un amplio abanico de admiradores, claro no más de los que yo tengo, pero ya sabes que tengo a Sai y eso, y pues tu podrías, no sé, intentarlo con otro… —pareció dudar— esta esté doctor Hibino, el de Kirigakure. No quiero ser imprudente, pero veo las miradas que él te lanza desde que llego, y he visto que no le eres indiferente.
Ese último comentario ocasiono un respingo en la pelirrosa, quien enterró la cara entre las manos y suspiro sonoramente.
—Ino, me equivoque.
La rubia la observo con la interrogante en la mirada.
—Yo… yo fui la que le falle a Sasuke-kun.
—No, frente, cualquier cosa que él haya hecho no es culpa tuya, no puedes seguir queriendo cubrirle la espalda…
— ¡Ino! —exclamo en tono fuerte Sakura, para que su amiga la dejara hablar — Yo… mmm… no sé cómo decirlo… pero cometí una estupidez — se recostó contra el sofá, tapándose los ojos con el antebrazo—. Bese a Ayato.
— ¿¡QUÉ!?
Y ese fue el grito que se escuchó en toda Konoha antes del mediodía.
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Sakura llego agotada a la casa, tras un caótico turno lleno de gritos y reclamos por parte de Ino, quien antes la había alentado a cambiar a su esposo por uno de sus tantos admiradores, le chillaba y le preguntaba que rayos había pasado por su cabeza para hacer aquello a Sasuke-kun. Tras más gritos y llantos, las amigas se abrazaron e Ino la animo a hablar con Sasuke largo y tendido para aclarar la situación y hacerle partícipe de sus sentimientos y pensamientos, pues la señora Uchiha amaba al pelinegro y estaba muerta de miedo de que Sasuke la dejara por su error.
Ingresando a su cuarto, se quitó la blusa, dirigiéndose en sostén y el pantalón blanco hacia el cuarto de baño donde se lavó la cara y quedo observando su reflejo, recordando la conversación de la tarde con Ayato.
—Adelante —pronuncio tras escuchar los golpes a la puerta de su oficina.
Más sin embargo nunca espero encontrar a la persona con la que menos tenia deseos de hablar.
—Ayato, ¿en qué te puedo ayudar? —hablo controlado el nerviosismo y continuando con la labor interrumpida por los golpes, donde firmaba documentos que anteriormente había revisado.
El mencionado frunció el ceño mientras observaba a la pelirrosa, quien parecía concentrada.
—Necesitamos hablar, Sakura.
Sakura soltó el lapicero con el cual firmaba y levanto la mirada, observándolo fijamente.
—Si es por algún asunto de índole laboral soy toda oídos, de lo contrario debo pedirte que te retires, pues como puedes ver estoy atareada de trabajo.
—No seas niña Sakura —replicó él, con ira contenida, haciendo que Sakura abriera los ojos sorprendida—. Quieres aparentar que nada sucedió y te escondes de la realidad con la excusa del trabajo, cuando fuiste una participante activa de lo que sucedió hace unas noches en esta oficina.
—Tú no entiendes… no era yo en ese momento —se levantó y empezó a caminar por la oficina, sin permitir que sus ojos hiciesen contacto con los ojos plata del hombre— no sé cómo permití que la situación se saliese de control, pero tú nunca debiste besarme, por Dios, soy una mujer casada… y tú lo sabias.
—Tú también lo sabias y eso no impidió que me devolvieras los besos.
Se acercó a Sakura, tomándola de los hombros para que se mantuviera quieta,
—Dígame doctora Uchiha, ¿en qué pensaba cuando me devolvió los besos? ¿Qué suele pasar cuando una mujer permite a un hombre que la toque así como me lo permitió? —Se acercó un paso, acariciándole los hombros, hasta que una mano se deslizo en su nuca, masajeándole los músculos tensionados de la zona—. Tú me deseabas tanto como yo te deseaba a ti… como te deseo— susurro ronco para acto seguido besar a una estupefacta pelirrosa.
Un trueno interrumpió el momento, haciendo sobresaltar a Sakura, y que empujara con excesiva fuerza al médico, quien se estrelló contra la puerta.
—No vuelvas a tocarme…
Volviendo en sí, Sakura se tocó los labios con la yema de sus dedos, abrumada por la situación que estaba viviendo, y contrariada, al percatarse con nostalgia que desde hace más de 7 meses sus labios no eran tocados por su esposo.
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Nadie podía decir que el último de los Uchiha era un hombre de bares, pero ese día al parecer todos hablaban de como vieron al portador del sharingan ingresar en la zona roja de Konoha. El pelinegro se encontraba bebiendo mientras su mirada parecía vacía ignorando a cada una de las mujeres que en esa zona trabajaban con sus cuerpos. Él no quería cometer un error como el que había hecho su esposa y tenía a su matrimonio colgando de un pequeño hilo. Su lealtad estaba con su familia, con su esposa, así esta no lo mereciera.
Naruto, tras oír los rumores del nuevo visitante en la zona roja de Konoha, determinado fue hacia el lugar sin importar que su prestigio como Hokague se viera manchado, su amigo lo necesitaba y él no abandonaba a sus amigos; tenía que hacer algo, porque al paso que iban, el matrimonio de sus mejores amigos se iría a un hueco del que difícilmente podría salir alguna vez.
Tras ingresar a tres establecimientos, Naruto por fin pudo distinguir a su amigo, sentado en un taburete contra la barra observando su copa de sake. Paso su mirada por alrededor del local y pudo ver como un par de mujeres se comían con la mirada a su amigo, y otros tipos hablaban en murmullos mientras señalaban al Uchiha, frunciendo el ceño se dirigió hacia la barra, tomando asiento al lado del poseedor del sharingan.
—Hey, teme — saludo Naruto mientras negaba con la palma de su mano al cantinero que iba a servirle un trago al Hokague con una cara sorprendida.
—Dobe.
— ¿Cómo estas, Sasuke? — pregunto el rubio mientras observaba fijamente al Uchiha y le hacía una seña al hombre tras la barra para que se alejara de ellos, y así poder hablar con más tranquilidad con su amigo.
— ¿Cómo crees que voy a estar de saber que mi mujer se ha estado besando con un tipejo mientras yo no estaba? — hablo en un siseo lo suficientemente bajo para que solo fuera escuchado por el Uzumaki.
El rubio observo al frente, apretando los dientes y sintiéndose mal por su amigo; él había sido testigo de cómo Sakura besaba a otro hombre y le enfurecía ver como su mejor amiga parecía haber arrojado la toalla y roto unos votos que eran sagrados para las parejas. Puede que Sasuke haya estado viajando y su tiempo en la aldea, junto a su amiga no fuera el que necesitaban Sarada y Sakura, pero él había sido testigo y parte de la lucha constante que habían protagonizado en su tiempo de genin para conseguir que Sasuke volviera a la aldea y fuera, nuevamente, feliz. Él entendía la soledad que había embargado a su amigo, y de igual forma sabia como esta había menguado hasta desaparecer al formar una familia propia junto a Sakura; al Uzumaki le pasaba lo mismo con Hinata, está realmente agradecido y enamorado de su esposa, amaba tanto a sus hijos y aunque su situación no era la mejor por la cantidad de trabajo que tenía desde que había asumido el puesto de Hokague, siempre pensaba en ellos, no había segundo en que no estuvieran presentes en su mente y corazón; para Sasuke era igual, él amaba a su familia incondicionalmente y desesperadamente.
— ¿Cuantas veces no habrá besado a otros hombres? ¿Ese era el amor que me prometía? ¿Cómo ha podido hacer esto, Dobe? — Sasuke se bebió la copa de sake que descansaba en la barra y miro directamente a los ojos azules de su mejor amigo— cuando yo no estuve presente, dime Naruto, ¿te cogiste a mi mujer? Sé que estabas tan enamorado de ella que… — No pudo continuar porque el rubio le propino un puñetazo que tumbo al Uchiha de su silla.
—No sigas por esa línea, Teme. Estas borracho y no sabes lo que hablas, tu imaginación te está jugando una mala pasada, pero no por ello voy a permitir que dudes de Sakura y de mi — le hablo firmemente mientras lo levantaba de la solapa de su camisa y lo miraba a los ojos, que se encontraban desenfocados por la cantidad de alcohol ingerido. — Sakura se equivocó, pero te ama Teme.
— ¿Qué clase de amor es ese, que cuando se le presenta la oportunidad besa a otro hombre? Otro hombre probó los labios de Sakura, y ese otro hombre estuvo a punto de tomar lo que es mío. Sakura me pertenece y nunca, nunca la dejare ir. Ella es mía… Sakura es mía. — fue lo último que susurro Sasuke antes de quedar dormido entre los brazos de su amigo.
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Se despertó con un fuerte dolor de cabeza y los rayos del sol molestándole la vista mientras intentaba incorporarse en la cama, en ese proceso escucho la puerta del cuarto de baño abrirse y vio a su esposa con una pequeña toalla cubriendo su desnudez mientras una de sus manos se frotaba la cabeza con una toalla más pequeña, agitándola por sus mechones rosados y cuando sus miradas se encontraron, Sakura se sonrojo como cuando eran más jóvenes y no sabían los problemas de un matrimonio con un esposo fuera todo el tiempo y una mujer tan guapa que atraía varias miradas al caminar por las calles.
El cuerpo de Sakura reacciono a la presencia de Sasuke como hace mucho no lo hacía, erizando todos los pequeños vellos repartidos por sus brazos y nuca mientras que el Uchiha no apartaba la mirada de la anatomía de su esposa, una esposa que había besado a otro hombre, no una sino dos veces, porque él los vio el día anterior en su oficina mientras quería ir a hablar con Sakura y solucionar las cosas, grande fue su sorpresa ver como el médico, a quien quería matar con las mismas ansias con las que quiso asesinar a Danzou y destruir la aldea, besaba a su esposa en un abrazo que no dejaba ni un milímetro de separación de sus cuerpos. Sasuke no lo soporto y se marchó del lugar antes de cometer una locura, desde que se había vuelto padre, había dejado un poco atrás sus impulsos y había aprendido a controlarse a sí mismo, y sabía que asesinar a un civil no le sería perdonado como sus crímenes en el pasado ni aunque su mejor amigo fuese el Hokague. Lo único que pudo hacer y por lo cual no podría ser culpado, fue lanzar un chidori al cielo, para que este bajara en forma de relámpago y golpeara de forma estrepitosa el suelo cerca a la ventana del consultorio de su esposa, por lo menos en el momento detendría cualquier intención que se estuviera creando allí.
Hacía mucho tiempo que Sakura no veía esa mirada en su esposo, una mirada turbia llena de deseos que la estremecían; en ese momento, de pie frente al Uchiha, quien no ocultaba lo mucho que la deseaba a pesar de todo, se sentía sucia por haber dejado que las cosas llegaran a un punto tan desastroso. Era su culpa lo que ocurría y era su idiotez por sentirse necesitada, amada y deseada lo que podría haber terminado con su matrimonio. Ella amaba de una forma que rayaba lo obsesiva a Sasuke, eran de esos amores que te quemaban la piel y te fundía el cuerpo, ella necesitaba que el Uchiha le demostrara su amor y toda esa pasión que tenía guardada en lo hondo de su alma.
Con incertidumbre y cierta timidez, fue Sakura la que acorto la distancia y apoyo sus manos sobre el pecho del portador del sharingan, suavemente y mirándolo a los ojos se inclinó a su altura mientras acariciaba su pecho hasta llegar a sus anchos hombros, donde se sostuvo demostrándole y rogándole con la mirada lo mucho que lo deseaba y lo dispuesta que estaba.
Sasuke frunció el ceño, observándola y con su única mano le arrebato la toalla dejándola desnuda y con una cara de sorpresa, la cual borro al tomarla fuertemente de la nuca y acercar su boca a sus labios, besándola con desespero, como castigándola con su lengua, dientes y besos; por alguna razón, no quería ser delicado como siempre había sido en el pasado, y tampoco considerado como lo fue hace ya 7 meses cuando volvió de su larga misión (aquella que había durado muchos más años). Quería ser brusco y demostrarle en la cama su furia. Le jalo el cabello para que inclinara aún más la cabeza hacia atrás y poder abarcar con su lengua la totalidad de su boca, mientras con su mano le apretaba la cintura, hundiendo sus dedos sin delicadeza, escuchándola quejándose, pero sin importarle realmente. Sakura era suya, siempre lo había sido y siempre lo sería.
La pelirrosa sentía el peligro como un afrodisíaco que flotaba en el aire de la habitación y se dejó hacer, permitió que Sasuke la empujara sobre la cama e inmediatamente cayera sobre ella, atrapándola entre su cuerpo mientras le apretaba el cuello entre su única mano y le besaba los pechos, entre mordiscos y chupetones fuertes. Ella solo podía gemir, perdida en las sensaciones que le otorgaba la brusquedad de su esposo, quien a pesar de todo no le hacía daño, por lo menos no un daño que no pudiera soportar. La mano que permanecía en su cuello la soltó, no sin antes regalarle una casi imperceptible caricia que le hizo cosquillas para después bajar por su cuerpo acariciándole los costados y posicionarse en sus caderas. Sakura, un poco acelerada le desabrocho la camisa de un tirón y le abrió los pantalones sacando su erección y tomándola entre su mano la apretó y la acaricio con parsimonia viendo fijamente la cara de su esposo, quien apretaba los ojos y gruñía entre dientes. Sasuke abrió los ojos cuando las caricias se hicieron más rápidas y detuvo con una mano purpura, una invocada con el chacra de su Susano, la de su esposa. Tomo las dos manos de Sakura, levantándolas sobre su cabeza y dejándolas allí, encerradas por la gran mano purpura, mientras que con su mano, la real, empezó a acariciar el pubis de la pelirrosa.
Miraba su rostro extasiado mientras le acariciaba ese pequeño botoncito que la hacía enloquecer y gemir como si nunca tuviera suficiente de aquel placer, arqueaba su espalda separándola del lecho mientras intentaba soltar sus manos de aquel fierro agarre; la furia de Sasuke era dirigida a ese cuerpo y ese rostro que tanto amaba, imaginándola así, pero con aquel doctor, no podía olvidar la imagen de ellos besándose ni las palabras de Sakura afirmando que había deseado estar con otro hombre. Nada le aseguraba que no hubiese pasado y su imaginación, desbocada y enloquecida por los celos, solo podía pensar que su esposa se había acostado con una variedad de hombres a lo largo de los años en los cuales él se encontraba viajando.
Sasuke la volteo sin delicadeza, posicionándola con la cara en la almohada y las piernas encima de sus muslos para penetrarla de una sola estocada, gruñendo mientras sentía las paredes interiores de su esposa apresándolo y mojándolo con los jugos de su excitación. Empujo fuerte y sin miramientos, soltando en esas embestidas toda aquella frustración que cargaba desde que volvió a la aldea y Sakura le confesó su crimen, porque para Sasuke Uchiha el besar a otra persona era considerado un crimen, en todos sus años de viajes por cientos y cientos de aldeas conoció infinidad de mujeres, unas más atrevidas que otras, muchas intentaron seducirlo y no cesaban en sus coqueteos. Pero él siempre fue fiel al recuerdo de su esposa y nunca rompió aquel juramento realizado cuando se casaron. Había sido tan iluso al pensar que Sakura estaría haciendo lo mismo que él, pensándolo, añorándolo noche tras noche. Quería lastimarla, porque él se encontraba seriamente lastimado, su corazón ardía y su oscuridad, la que había encerrado en un lugar lejano, muy al fondo de todo, quería volver y hacerla sufrir, pues él estaba sufriendo y era culpa de la mujer que gemía debajo suyo, ignorante de sus turbios pensamientos.
Con tres estocadas más, Sakura gimió sonoramente llegando al orgasmo y Sasuke se derramo sobre su espalda y trasero, mientras se acariciaba a sí mismo. Tras uno segundos de permanecer así, el pelinegro se acercó al oído de Sakura y susurro unas palabras que le helaron el cuerpo y el alma.
—Quiero castigarte Sakura, deseo tanto hacerte sufrir… así soy, siempre he sido un malnacido y tú me has roto, nunca nadie había tenido ese poder desde Itachi, pero tú Sakura, quien hablaba de amor una tras otra vez y me hizo promesas que me trague, traicionaste todo en lo que yo creía… creía en ti, en nosotros.
Sakura se quedó muda y todo su cuerpo, el cual estaba relajado tras aquel potente orgasmo, se tensó y las lágrimas saltaron a sus ojos, reconociendo las crudas palabras de Sasuke, que por más que lo negara eran ciertas, ella le había fallado a su matrimonio.
El Uchiha se levantó de encima del cuerpo de su esposa y se dirigió al cuarto de baño, abrió la ducha y apretó los puños contra la pared mientras el agua limpiaba su cuerpo, pero nunca su alma, la única persona que podía limpiarla se encontraba igual de sucia que él.
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He aquí el nuevo capítulo. La verdad tenía intención de actualizar cada dos semanas, pero debo sincerarme y decirles que tengo listos los capítulos en un 30% y la idea general y el final, más sin embargo he tenido bloqueos que me mantienen viendo la pantalla, releyendo la historia y mi mente se queda en banco, y es frustrante.
Espero que sean pacientes con mi historia, pues me hace mucha ilusión escribirla y saber que tengo lectores como ustedes.
Besos.
