Lentamente abrió los ojos; un hilillo de saliva colgaba de su boca. Veía con dificultad, su cabello estaba enredado y le dolía el cuerpo. No era muy cómodo dormir en un sillón. Se levantó y miró la hora: 14:27. Tenía tiempo de sobra para darse un baño, preparar las maletas y hacer algo con lo que se refería al inglés.
Dejó correr el agua en la bañera, la cual desprendía un sofocante vapor caliente. Buscó una pequeña botella a medio llenar y arrojó unas gotas de su rosado contenido en el agua. Era una esencia de rosas o algo así, cosa que relajaba mucho al francés. Se quitó las vestimentas e ingresó lentamente a la bañera. Se dejó llevar por el placer que le provocaba. Cerró los ojos y hundió la cabeza, hasta que todo su cabello se vio envuelto por el líquido.
Una hora después ya estaba listo, vestido y perfumado para la ocasión. Buscó una maleta y comenzó a escarbar en el clóset; llevaría una chaqueta, tres o cuatro camisas y poleras, pantalones, zapatos y muchos, muchos accesorios con los que combinar la ropa. Y obviamente ropa interior llamativa, unas cadenas, maquillaje, lubricante –nunca se sabía lo que podía pasar, pero si nos referimos a Francis…- y una cámara fotográfica.
De un momento a otro llegó a su mente la idea de que debería reservar un avión, sólo para él y sus amigos, con la máxima seguridad posible, todo el que entrara allí no podría salir jamás a menos que él quisiera…o tuviera mucha fuerza. Y claro, también había que preocuparse de la seguridad de sus vidas, con un paracaídas para cada uno. Y alguna que otra especificación técnica, como el irse por el camino más largo –que cosas no podría hacer en un avión completamente cerrado, diez y tantas naciones completamente desprotegidas y un frasco con vaselina- y tener una azafata.
Al cabo de 15 minutos, después de una pequeña discusión con la asistente del aeropuerto tenía todo listo y dispuesto. Se dirigió a la cocina con maleta, una gran maleta en mano, buscó un saco de papas que tenia bajo un mueble, tomó un sartén del mismo y salió de la casa. Subió a su ato y arrojó todo en os asientos traseros. Encendió el motor y tomó rumbo a un especial lugar…
El inglés se hallaba sentado en un sofá azul con las piernas cruzadas, curiosamente viendo un programa que trataba de cocina; lo podía ver por la ventana. Con sartén y saco en mano entró por esta en cuclillas hacia el británico, con el máximo de silencio posible, para llegar a esconderse tras el respaldo del sillón. Arthur logró notar un cambio en el ambiente, que de pronto un potente olor a rosas inundara el salón no era muy normal que digamos. Tuvo un leve presentimiento, hasta que sus sospechas se hicieron mayores al sentir la presencia de alguien más en la habitación, justo atrás de él. "No, por amor de Dios, que no sea él, por favor", pensó. Comenzó a girar la cabeza con temor, debía confirmar sus dudas. Se encontró con una macabra y oscura sonrisa. El rostro del inglés se tiño con en frió blanco, incluso tuvo intensiones de gritar, pero pronto todo en su mente, y visión, se fue a negro.
18:32
El británico por fin despertó. Cuando tuvo la noción de que se encontraba sentado en un avión lleno de gente y ruido, y con nada más ni nada menos que junto a un especial francés, lanzó un desgarrador grito, que llamó la atención de todo aquel que allí se encontraba, y saltó de su asiento, con la intensión de correr en dirección a la puerta, pero una suave mano que de la muñeca lo atrapó interrumpió su propósito.
-Ya es tarde, Arthur-exclamó el francés. Los ojos de Inglaterra se pusieron blancos-otra vez-, pero sin perder la energía, comenzó a vociferar.
-Tú, TÚ, WINE BASTARD! ¿Qué me hiciste? ¿Cómo diablos llegué acá? ¡Me golpeaste, eso hiciste! ¡Y lo más probable es que te hayas aprovechado de mí! ¡Maldito, te mataré!- y como dicen, del dicho al hecho hay poco trecho, se abalanzó sobre el ojiazul para ahorcarle y gritarle innumerables improperios más en su idioma natal.
Ante tal alboroto, Ludwig y Antonio, que también se encontraba allí, corrieron impedir un muy probable homicidio, al tiempo que un albino de rojos ojos reía con sus fastidiosos "kesesesese" y un sádico ruso disfrutaba de la desgracia ajena. Los pacificadores sujetaron a Arthur con todas sus fuerzas, mientras que el francés se incorporaba, había caído al suelo.
-¿Acaso no te gustó mi sorpresa?-preguntó la pobre víctima del ataque.
-¿Cómo pudiste hacerme esto, wine bastard?-aún seguía forcejeando, aún tenía ganas de continuar ahorcándolo, quería asesinarlo y alimentar a los perros de Ludwig con sus restos.
Antes esto, Alemania se cansó del alboroto y decidió poner orden en el lugar.
-¡Ya basta! ¡Inglaterra, compórtate y siéntate! Y tú Francia-señalándolo con el dedo índice- ¡deja de comportarte como un niño pequeño! ¡Dejen de pelear como dos idiotas!¡Hay que mantener el orden!-se había puesto rojo por toda la energía que utilizó en el reto.
-¡Bravo, Doitsu! Eres muy valiente-Italia le aplaudía con toda fuerza y alegría.
-¡Tonto hermano! Deja de hablar así de ese idiota cabeza de patata-claro, si España estaba, obviamente Lovino no faltaría, era algo así como un pack 2x1. Pero el menor de los gemelos no prestó atención.
El inglés, al ver las cosas que era capaz de hacer Francia, largó a llorar. Cubrió su rostro con las manos, tratando de disimular su estado, mas los sollozos , en los que descargaba rabia e impotencia, no se podían esconder.
Una familiar mano se posó en su hombro.
-Calma, Arthur, estoy aquí para ayudarte si lo necesitas- Dos azules ojos se dejaban ver tras unos transparentes cristales. Su dueño le ofrecía una reconfortante sonrisa, prácticamente perfecta.
Un resignado británico alzó la vista, en busca de la mirada de su compañero. Le tomó la mano y con un gesto de agradecimiento, le constestó.
-Thank you, idiot-y volvió a esconder el rostro.
Pasados unos segundos, en los que no hubo palabra alguna, su acompañante expuso unas últimas palabras.
-Ahahahaha, hasta ese estúpido de Francis te lo logra mentir- la insoportable risa burlona del americano no logró contenerse. Le sacudió el cabello con la mano y se sentó…atrás, para comenzar a molestar al pobre de Kumajirou, rodeado por los brazos de su dueño, obligándolo a comer hamburguesas que había ordenado exclusivamente para ello.
Toda esta escena fue observada por China, que con mala (o podría decirse buena?) suerte estaba sentado en las últimas butacas, acompañado por Iván. Todo el tiempo notó la alegría que el ruso sentía al momento de la pelea, cosa que lo disgustó.
-Oye, Rusia…-
-Da?-el mencionado le dirigió una de sus tiernas sonrisas.
Se produjo un momento de silencio, pero Yao no dudó en romperlo.
-¿Por qué te hace tan feliz la desgracia ajena-aru?- frunció el entrecejo.
La sonrisa de Rusia se esfumó al instante, estaba extrañado. Ocasiones anteriores le habían salido con la misma interrogante, pero…China?
-¿Por qué preguntas eso, da?-los ojos violeta de la gran nación se abrieron mucho más de lo normal, aguardaba con temor la respuesta.
-Porque-el oriental cerró los ojos, tomó la suficiente cantidad de aire que creyó necesaria y le comunicó lo que sentía-…porque eso es muy feo-aru. Primero debes ponerte en los zapatos del otro-aru. Siempre se debe ayudar-aru, hacer todo lo posible para que sean felices-aru –una lágrima se deslizó por la suaves tez del …nunca me ha gustado la gente así-aru- Con suavidad, Rusia le acarició el rostro, a modo de retirarle la humedad-…y tú…tú-aru…no eres la excepción-aru-Yao se levandtó del asiento para alejarse de su compañero, dejando con la mano estirada a Iván, quien lo siguió con la mirada-.
-Per Yao…-susurró el ruso. Hubiera querido pararse y seguirlo, explicarle todo y quizás, besarlo, pero sabía que eso podría empeorar las cosas. Sólo escondió la cara tras su bufanda y cerró los ojos con fuerza, al igual que los puños.
Mientras tanto, China había dirigido el paso hacia las primeras butacas del avión para hablar con Arthur.
-Inglaterra –san, vi desde allá todo lo que pasó-aru, y creo que lo mejor-aru, es olvidar todo para hacer el viaje menos tenso-aru…y después podrías vengarte de Francis-aru- le sonrió y fue a tomar asiento tras Antonio, pronto hundió la vista en el oscuro paisaje que se le ofrecía.
Arthur, si bien nunca subió la mirada para ver a su compañero, puso atención en todo lo que este le aconsejó y, aunque fuera difícil de aceptar, era lo mejor que podía hacer, si no quería pasarlo peor. Y al regreso del viaje, una que otra fórmula mágica no le haría mal a ese bastardo francés.
Francis, que había estado todo este tiempo encerrado en el baño-debía arreglar todo lo que ese idiota británico había estropeado-, prácticamente haciendo como si nada hubiese ocurrido, fue y se sentó junto a Inglaterra, para continuar acosándolo. Y ya cuando se le pasaba la mano, un entrometido Estados Unidos interfería para "casualmente" interrumpir las intensiones del francés.
Pero habían más pasajeros en el avión~
En la fila del costado, a la cabeza, la pareja greco-japonesa no hacía más que descansar. Como comúnmente se encontraban: el griego durmiendo apoyado en el hombro del japonés, que también tenía intensiones de reposar, pero hasta el más mínimo ruido llamaba su atención. Incluso había ocasiones en las que el oriental quería levantarse, para ir al baño o conversar con alguna que otra nación; no obstante, Heracles, se esforzaba por retenerlo a su lado.
-Más pasta, per favore.
Una y otra vez, la pobre azafata ya no daba más con tanto pedido. "Este pasajero come y come como que si fuera a acabarse el mundo". Aún así, le ofrecía la orden con la más amplia de sus sonrisas.
-Italia, no deberías comer tanto-Alemania veía con preocupación las grandes proporciones de pasta que engullía el italiano.
-No-decía entre cada bocado-…no me va a pasar…nada…Doitsu…¿por qué no…no pides tú un poco? Mmmm.
-Mejor que no. Vas a terminar con dolor de estómago; aunque…podría solicitar algún poco de cerveza -Se levantó a medias de su asiento, buscando con la mirada a la aeromoza. Cuando dio con ella, le dirigió un gesto con las manos para llamar su atención.
-¿Necesita algo, señor?
-Eehhmm, sí…algo…quiero un poco de…-no le agradaba mucho la idea de dar la impresión de alcohólico-.
-¿Cerveza?
-¡Sí! ¡Eso!- "Acaso leyó mis pensamientos?"
-En un momento-y la azafata se internó en busca del pedido-.
-¡Y tráigame una también!...¿Quieres algo, Gilbird? Aaawww, que grandioso pollo eres, ¡somos tan awesome los dos!- la egocéntrica ex-nación se auto-elogiaba –claro, ¿qué más podría estar haciendo?- allí, atrás de du hermano. Dio media vuelta y apoyó los brazos en el respaldo del asiento.
-¡Hey, Austria! ¡Tira ese aburrido libro! Ni siquiera en vacaciones eres awesome. ¡Kesesesese!
El mencionado cerró el libro, utilizando uno de sus dedos como marca-páginas, y miró por encima de los lentes al prusiano.
-Por favor, métete en tus propios asuntos. Si me disculpas…-y continuó leyendo el ejemplar.
Gilbert, con lo cargante que es, extendió un brazo hacia el airstócrata con intención de quitarle el libro, pero…
-¡Aaargh! ¡Húngara del demonio que te atreves a golpear a ore-sama!- La muy atenta Elizabeta, de un sartenazo logró impedir una próxima invasión prusiana.
"Tenía razón, eh? Tremendo lío que tuve que hacer para poder subir un simple sartén, ¿ven que es necesario llevar uno bajo la manga? NADIE toca al señorito Roderich sin mi autorización."
Y al otro costado del avión…
-¡Oh! ¡Mira, Lovi, mira!- con insistencia, el español jalaba la polera del mayor de los italianos, sin apartar la vista de la ventana.
-¿Y qué demonios quieres que mire? ¡Está todo oscuro, idiota!
-Si te fijas bien, por allá se ven unas islas; mira, acércate.
El italiano acercó la cabeza al vidrio, quizás así Antonio dejaría de fastidiar.
-Sigue todo nublado, bastardo. Y déjame continuar con lo que estaba haciendo –se reacomodó en el asiento y posó la mirada fija hacia el pasillo.
-Eso te pasa por mirar tan tarde…-se giró para ver lo que "tan ocupado" mantenía a su Romano. Aún seguía observando la nada-. Pero ¡sólo estás mirando hacia adelante!- Pronto vio que, llevando hamburguesas en su carrito, la aeromoza se cruzó por el corredor meneando la cadera.- ¡Claro! ¡Le estás mirando el trasero! ¡Ordinario, PERVERTIDO!-le gritaba en la cara, estaba furioso. El italiano se alarmó ante tal situación, veía que el español fácilmente podría continuar con su ataque de celos, pero podía hacer nada, estaba totalmente avergonzado. Incluso la azafata. Sin embargo, Antonio calló, no pudo continuar, rompió en llanto. "Otro más", pensó Francia. Se acomodó y perdió la mirada en el tapiz nublado que por la ventana se veía.
"Porca miseria, esta vez si que la embarré. ¡Qué problemas que me da este español, mamma mia!". Se le ocurrió una idea, pero esperó a que todo estuviera más calmado y que nadie le prestara atención, excepto Hungría.
-Oye…Antonio-aproximó el rostro al mencionado, quien le daba la espalda- ¿estás my enojado?
Silencio.
-España…¡contéstame, maldición!
-Déjame…-ni siquiera se dignó a dirigirle la mirada.
-Per favore, mírame…Antonio-le tomó el rostro con suavidad para observarle a los ojos.
-Lovi…tú sabes que no me gusta que hagas eso,sobre todo en público, pero…debo entender que eres así, por lo que tengo que aprender a…- un sorpresivo beso le quitó el aire. No fue uno tan largo, pero suficiente como para perdonarlo.
-M-Me…perdonas?
Antonio lo atrapó con un abrazo.
-Claro, mi Lovi. Te amo- "Fusosososo!"-.
- Y yo a ti, bastardo-con timidez le correspondió la muestra de afecto.
Nota: Hungría nunca los separó de vista.
-¿Quieres un poco de mi vino, Arthur?- le acercó la copa al inglés
-¡No! ¡Leave me alone, stupid! – lo empujaba , lo quería bien alejado de sí.
-Vamos. SÉ que quieres. No seas tímido-insistía con la copa.
Por suerte, Alfred apareció…otra vez.
-¡Hey, England! ¡¿Viste que ayer te derrotamos 4 a 2? Tu equipo de futbol a estado decayendo. ¡No pueden contra mí!-se había interpuesto a medias entra Francia e Inglaterra.-¡Ahahahaha!
-¡Fuck! Sólo es una crisis momentánea, pero como sabes, mi futbol es el mejor de todos- "Idiota, tenía que sacar el tema del partido ese…"
Francia, por su parte, había encontrado una nueva víctima.
-Y tú, mon petit ¿quieres?-otra vez con el mismo juego de la copa-.
-No, no, gracias…
Canadá si que estaba solo, no tenía quien lo protegiera…bueno, sí, estaba Alfred, pero con lo incompetente que es…incluso llegaría a estar mejor sin él.
-Vamos, te va a gustar. Toma un poco.
-No, no quiero…
Y así estaba el ambiente. Calmado. Sin peleas ni gritos. Pero no todo lo bueno dura por siempre…
Un brusco movimiento del avión estremeció a sus ocupantes.
¿Eh? ¿Qué ocurre?
Ya pasó, tranquilos.
Minutos después, otro con un poco más de intensidad, que logró romper el equilibrio de la azafata, despertar a Heracles y hacer caer a Gilbird de una barandilla. Preocupación en todos los rostros.
-Do-Doitsu, tengo miedo.
-Calma, ya va a pasar-el rubio rodeó con los brazos a Feliciano.
Ahora sí, un movimiento de mucha mayor intensidad…y que no se detenía.
Gritos por todos lados. Las mayores naciones se levantaron. Alemania abrió la puerta de la cabina. Lo que vio le provocó un escalofrío. Dos pilotos desesperados por tomar control sobre la máquina, moviéndose de aquí a allá.
-¡¿Qué, qué ocurre?-atrás de Ludwig apareció un preocupado Rusia, aguardando la respuesta.
-La máquina, la máquina-dijo uno de los pilotos-está estropeada. Con el apuro con que fue reservada…y la insistencia por arrendar una…no alcanzó a ser chequeada completamente…¡Prueba con esa palanca, John!
Alemania y Rusia se miraron. Sabían lo que iba a pasar. Corrieron al sector de los pasajeros para informar, pero una fuerza los impulsó hacia adelante.
¡Aaaaaaaahhhhhhh!
-¡El avión cae!-vociferó Ludwig.
Aquí está, la segunda parte del fic *0* Salió más largo de lo que creí. No voy a poner FrUK por si lo están sospechando, espero no decepcionarlos D: y ahora tengo que ponerme a escribir el próximo porque me ha dado paja de hacerlo, pero tengo la idea. Si no les gusta me dicen y allí veré que hago, aunque así me complicarían la vida TToTT. Ciao~ :3
