Hola gentita!

Muchas gracias por leer este fic. Y a los que dejaron comentarios igual un apapacho fuerte.

Después de 10 años, Hermione, Draco y Harry, se mirarán las caras… como se comportarán. Serán personas maduras, de acuerdo a su edad? O aún se comportarán como adolescentes furibundos?

Y para rematar… con la tensión que sólo puede acarrear un baile.

Disfruten el cap.

Gise.

Y como siempre menciono, tómense un tiempito y perpetúen su visita por aquí.!!

Déjen su review!


CAPITULO 2. EL PEQUEÑO DRAGON

– Si nunca hubiese conocido a Harry y a Ron, seguramente Ron estaría vivo. Tal vez Ginny no se habría arriesgado a preparar la boda. Estaba obsesionada con no perder el tiempo. Es obvio pues, si Ron no tuvo la oportunidad de confesarme su cariño. Pero sólo consiguió ser blanco fácil. Tal vez ninguno hubiese muerto si yo no hubiese nacido…

Bueno tampoco voy a ser tan arrogante de pensar que todo es mi culpa –suspiró hondo. Se movió ligeramente en el agua. Las burbujas casi habían desaparecido y la luz de las pequeñas velas perfumadas empezaba a languidecer. Salió con parsimonia de la tina. Tomó el albornoz blanco del colgador y se lo puso. Bajó la cabeza, pasó una toalla por sus crespos cabellos, la enredó en ellos y se incorporó. Salió del baño refunfuñando

¡Rayos! Por qué dije que sí... No tengo ni una pizca de ganas de salir. – pateó furiosa la cesta de ropa de su habitación. Caminó despacio por ella, friccionado la toalla sobre su cabello y se detuvo frente a la amplia cama. Detuvo el movimiento de sus manos. No podía quitar el ojo de aquel vestido marfil que estaba sobre el lecho. Junto a él como complemento un pequeño chal de gasa del mismo color.

Me sentiré desnuda con esta cosa, nunca debí aceptárselo a mamá.

Recordó fastidiada como Fleur y su madre se habían confabulado para convencerla de usar aquel vestido.

– Pero cariño –había suplicado su mamá–. Si es un vestido tan hermoso y elegante. Tiene un corte perfecto. No se compara para nada a los atuendos que normalmente usas. Fleur hizo un considerable esfuerzo en acompañarme a escogerlo. Se enteró que Harry me ayudaría y puso el grito en el cielo…

– Haggy te hubiega escogido una sábana y le creagía un agujego paga tu cabeza –le había contando espantada la francesa. Hermione hizo una mueca semejante a una sonrisa al recordar el incidente.

– Y hasta elegimos estas sandalias de tacón y su correspondiente bolso de mano –y agitó los zapatos de pequeñas tiras plateadas y la pequeña carterita–. ¿Acaso no son lindos?. Sé que no estás acostumbrada a usar este tipo de prendas, tu closet parece el de una colegiala, no se compara en nada al de tus primas o….

– Mamá, no se compara para nada, porque yo no voy de fiesta en fiesta. Mi guardarropa es muy casual. ¿O acaso piensas que voy a ir al Ministerio con un traje de cóctel y zapatos de tacón aguja? – le había interrumpido con tedio.

– Pero hijita, Harry es una persona famosa, lo quieras o no. Y si ahora tú eres…. Bueno prácticamente su esposa – carraspeó incómoda–. Lo lógico es que presenten una imagen acorde con dicha situación.

– Harry no es una estrella de cine, y no estamos prácticamente casados mamá –se había acercado a ella y tomado de las manos con cariño–, Ya te dije varias veces, que no pienso casarme aún con él. Al menos por ahora, no está dentro de nuestros planes. Recién estamos empezando una relación, y te expliqué también cuando me mudé con él, que si lo hacía se debía en gran medida a lo que pasó con Ginny. Aunque nunca pensé en vivir con alguien antes de casarme, creo que los tiempos no andan muy convenientes como para esperar mucho ¿verdad?, a pesar de que muchos censuraron mi decisión en aquel entonces–. Le dio un beso, dado media vuelta y sentado frente a su tocador. Estuvo absorta viendo su imagen.

Aún ahora, Parvati y algunas chicas siguen murmurando por lo bajo, las muy hipócritas. Seguramente les hierve la sangre no estar en mi pellejo…

¿Yo vanidosa?...sólo eso faltaba había pensado.

– Hija, vamos, debes estar elegante para la cena de más tarde –la sacó de su ensoñación –Y este vestido esta espectacular. No es ni recatado ni tampoco provocador. Además finalmente Harry lo aceptó. Aunque dice que el vestido que el propuso era mucho mejor.

¿Lo aceptó? Ummm, ese también es uno de los puntos que debo aclarar con Harry, además del hecho de querer vestirme como su tía Petunia.

Regresó al presente. Se levantó con cuidado del tocador donde estuvo recordando. Había terminado de maquillarse. Ni muy recargado ni tan invisible, justa medida se dijo. Volvió a mirar a aquel vestido de corte recto pero exquisito. Sujeto por dos trencillas plateadas, finas. De textura como seda pesada, confeccionada para dar énfasis al cuerpo de la usuaria y no tanto al mismo vestido. Apenas un ligero vuelo se extendía a partir de los muslos hasta terminar con pequeñísimas ondas.

Menos mal que no soy adicta a los chocolates ni a las pastitas….

Se lo colocó con cuidado. Lo que más le incomodaba era el hecho de no poder usar un brassier apropiado, ya que tenía un escote en la espalda, aunque no muy revelador, pero que limitaba el uso de dicha prenda.

– Cuando uno es joven, esbelta, audaz y la ley de la gravedad aún no afecta…. Le había dicho su madre, ante la pregunta obvia de ¿...¡¿sin brassiere?!

Chasqueó la lengua con fastidio. Aunque debía reconocer, ahora que se miraba al espejo concienzudamente, que no se veía mal. Es más, le asentaba de maravillas. No estaba ni muy apretado que no le permitiera movimientos ni tan suelto que no realzara su cuerpo. Se calzó los zapatos y colocó pequeñas gotas de perfume en sus muñecas y cuello.

–¡HERMIONE! QUE LLEGAREMOS TARDE –gritó Harry desde la cocina. Ya casi se acababa el whisky de fuego de su vaso y Hermione no asomaba ni la nariz fuera de la habitación.

El tampoco estaba ahora tan animado. Aunque quiso ir desde un inicio, casi por nostalgia y por la conversación con Dumbledore bueno, al menos por una "casi" diálogo con su retrato se dijo. Ahora se veía ante la expectativa de un gran grupo de gente deseosa de conversar con él y de investigar sobre su reciente vida privada. Y estaba el hecho de que Hermione iría vestida de esa manera… ¿Cómo no pudo evitarlo?. A pesar de que insistió, Fleur y su casi suegra habían decidido que ese era el vestido apropiado, prácticamente Hermione acudiría exhibiendo medio cuerpo y todos tendrían que notar su presencia.

Al primero que la coma con los ojos voy a––

Pero no pudo terminar sus pensamientos porque escuchó el sonido de la puerta al cerrarse. Salió de la cocina, deteniéndose en el umbral. Se quedó pasmado cuando vio avanzar a Hermione por el pasadizo hacia él. Estaba espectacular. Quizá demasiado espectacular.

.Partirle la cara con mis manos finalizó cerrando los puños.


El camino hacia Hogwarts les trajo muchos recuerdos. A diferencia de Harry, que había vuelto en varias oportunidades. Hermione no había vuelto a poner un pie en Hogwarts. Supuso que se debía a lo ocurrido con Ron. Siempre tuvo la idea que los pensamientos y sentimientos de ese entonces la abrumarían si volvía, aunque ahora se convencía más debió acudir mucho antes para calmar esas sensaciones.

Se detuvieron en Hogsmade y saludaron a la Sra. Rosmerta. Ella insistió en invitarles una taza de hidromiel con especias caliente, que rehusaron cortésmente, ya que estaban un poco retrasados. Hermione se lamentó usar el vestido por primera vez, a pesar de cubrir sus hombros con el chal, tenía algo de frío. Caminaron acompañados del silencio de la noche y por supuesto de la capa invisible de Harry hasta las rejas que separaban al colegio. Siguieron el trayecto acostumbrado, subidos en los carruajes, que para aquella ocasión habían engalanado con una cubierta de tapiz rojo sangre y con un toldo de estrellitas doradas.

Harry bajó de un salto el carruaje y se dirigió a la puerta entusiasmado como niño frente a una feria. Miraba a todos lados y ya había subido dos escalones cuando reparó que Hermione no estaba a su lado.

Inhala, exhala.. inhala, exhala… recuerda, él es así, comprensión, comprensión… casi como un mantra, susurraba Hermione, mientras bajaba como podía del carruaje. Aquel vestidito definitivamente no estaba pensado como para viajar en un carromato. Miró a Harry con gesto ceñudo, pero casi al instante se disipó el sentimiento, al ver la cara de compunción del joven.

– Lo siento, Hermione… es que…. sabes que no soy muy––

– Ya lo sé Harry. No te preocupes. Entremos, vale?

Avanzaron tomados de la mano. Un poco ansiosos, un poco expectantes. No sabían que tan fastuosa sería aquella cena. Y como serían recibidos. Llegaron a la gran puerta de roble del vestíbulo. Entraron silencios. No se escuchaba un bullicio muy alto, llegaban a ellos acordes de música suave. Se detuvieron pasos antes de entrar al gran comedor.

– ¿Estas lista?

– Lista o no, entremos –Hermione tomó aire, como si fuera a zambullirse en el lago del colegio y avanzó junto a Harry hacia el Gran Comedor.

Ambos se quedaron momentáneamente parados en el umbral. El Gran Comedor estaba realmente fastuoso. Habían pequeñas mesas en vez de las usuales, largas de madera, aunque estaban cubiertas con manteles de lino con los emblemas de cada casa. Estaban dispuestas a lo largo de todo el salón. Los centros de mesa eran pequeñas flores que despedían brillos, luces y fragancias discretas. Los grandes pilares estaban adornados con cintas de bellas tonalidades, tornasoles, reflejos, prismas. Subían como enredaderas verdaderas hacia el espacio. El cielo artificial estaba cubierto con estrellas fulgurantes y como siempre miles de velas, con luces multicolores flotaban por doquier. A un extremo un grupo de brujas y magos con túnicas plateadas y extraños instrumentos componían música celestial. Vio a varios conocidos. Fred y George los saludaron desde la barra de bebidas. Seamus hablaba con Dean a un extremo del salón. En una de las mesas Harry divisó a la profesora McGonagall que le hacía señas con la mano para que se acercaran.

Avanzaron decididos, aunque todavía un poco cohibidos. Harry era conciente de que muchos pares de ojos estaban sobre ellos. Y le ardía pensar que muchos tendrían como motivo el vestido de Hermione. Sintió una puntada de celos dentro. Apresuró el paso y llegó a la mesa.

– ¡Harry! Que gusto me da verte… –emocionada, Minerva McGonagall rodeaba su mesa y le daba una inusual muestra de afecto tan palpable. Abrazaba a Harry con resolución.

– Yo también estoy contento de estar aquí – murmuró algo apocado –No venía hace mucho…

– Hermione Granger, me da mucho gusto verte a ti también –y otro abrazo igual de firme le fue dado por la anciana profesora.

– Por un momento pensé que no vendrían. Hagrid salió a esperarlos en la entrada. De seguro se cruzaron por el camino. Será mejor que vaya a buscarlo. Esta deseoso de poder abrazarte. Tomen asiento, que vuelvo en seguida –salía a toda prisa McGonagall

Como si pudiese uno cruzarse con Hagrid y no verlo… y encima debo esperar a que me rompa la caja torácica,riendo Harry se sentó a la mesa… obviamente sin jalar la silla de Hermione primero.

Minutos más tarde, con algunas copas circulando y la charla amena con los viejos profesores, Harry y Hermione estaban más a gusto y relajados completamente. La música sonaba tentadora. Se le movían los pies involuntariamente al ritmo de las melodías, pero sabía que Harry no era muy dado a bailar.

Parecía que era arrastrado al patíbulo por Parvati, recordó con un gesto risueño, aquel antiguo baile del torneo de los tres magos, donde ellos dos habían iniciado el Baile. Lo más seguro es que se debía a que él no era pareja de Cho Chang, y su semblante se suavizó.

–¡Pero miren a quien tenemos aquí! –se lanzó sobre ellos eufórica Parvati Patil. Vestía un vestido rosado algo ceñido que revelaba muy bien las curvas de la morena.

Caray, creo que entró en el vestido untada en mantequilla... especuló Hermione.

Se levantó y fue envuelta en un perfume dulzón, proveniente de su otrora compañera de cuarto. Luego se dirigió a Harry. Lo examinó, como se examina a una pieza especialmente apetecible de carne y se lanzó hacia él. Hermione sonrió divertida al ver la cara de vergüenza del muchacho por sobre el hombro de Parvati.

– Hermione –le miró con reprobación – aún no han ido a la mesa de nuestra casa. Vamos, hay varios de nuestro curso–. Y tomó a la joven del brazo y prácticamente le jaló hacia el otro lado del Salón. Harry les siguió un poco abochornado.

– Miren a quien traigo aquí –exclamó Parvati radiante–. Se hizo a un lado teatralmente y señaló a Harry y a Hermione. En la mesa hubo varios grititos de emoción y una que otra palmada.

Neville estaba sentado junto a una Luna que estaba con la vista fija en algún punto sobre su cabeza. El joven se levantó y fue a estrechar la mano de Harry con gesto de alegría veraz. Luego procedió a darle un beso a Hermione, no sin antes, tropezar con una silla cercana al acercársele.

Hermione saludó a Luna desde su lugar y la joven le devolvió el saludo con una sonrisa para volver a mirar las estrellas sobre su cabeza. Lavender estaba también en la mesa y cuchicheaba con otra joven, que inicialmente la castaña no reconoció.

– Harry, querido amigo, no me has saludado aún –y con un contoneo de caderas aquella mujer se dirigió a él. Le extendió la mano. Harry no supo que hacer, miró hacia ambos lados como buscando una respuesta. Cayó en la cuenta, tomó la mano de la mujer y se la llevó a los labios. Ella sonrío extasiada sin dejar de mirarlo.

–Eee.. Aún no has saludado a Hermione – declaró incómodamente Harry.

– Ahh.. Hola Hermione, no te había visto.

– Hola Romilda – si vieras que yo sí–. Exclamó con aplomo.

Después de un silencio incómodo, todos los Gryffindors se sentaron. Se miraron por unos momentos incómodos hasta que el inicio de la música los relajó.

– Harry, quiero bailar… – susurró Hermione en su oído.

– No por favor, sabes que no me gusta mucho, creo que vine con dos pies izquierdos desde el útero –respondió tratando de pasar el tema.

– Dale, Harry, aunque sea un par de piezas… –rogaba Hermione.

– Tal vez dentro de un rato… ¿vale?. –La asió con cariño de la barbilla y le depositó un suave beso.

– Uuuyyyy Hermione, si no lo viera no lo creería. ¿Quién diría que finalmente te quedarías con Harry?, Claro, después de todo, sólo quedaron ustedes. Era lo lógico –habló Romilda con argucia, aunque con tono muy suave y sutil.

– Harry se removió en su asiento. Hermione le tomó de la mano, como siempre que deseaba calmarlo.

– Tienes razón, quien diría que me quedaría con él. Hasta parece que le hubiese dado un filtro amoroso… Hay no, espera, eso solo lo haría alguna desesperada, con poca autoestima e inexistentes encantos. ¿No conocemos a nadie con esas características, cierto? –respondió inocentemente.

Romilda entornó los ojos y un brillo rabioso se extendió por sus pupilas. Suavizó el rostro y con la voz gélida y apocada contestó:

– Creo que no.

La tensión de pronto se vio interrumpida por la risa cantarina de Luna. Voltearon a verla inmediatamente. Neville estaba a su lado, con el rostro rojo como un tomate y con la mano aún extendida hacia ella.

– ¿De verdad me estás invitando a bailar? – rió de nuevo. Porqué Hermione está sentada al otro extremo de la mesa. Aunque si no te has equivocado, de seguro que me gustaría danzar–. Hizo a un lado su silla y depositó su mano sobre la mano de Neville. Este miró hacia el suelo por un instante, tomó aire y avanzó hacia la pista.

Hermione miraba encantada hacia la pista de baile, aún tenía ganas de bailar pero sabía que no serviría de nada insistirle a Harry. Él la miró dubitativo. Se le iluminó el rostro por un instante.

– ¿Que te parece si te traigo un rico vaso con ponche?

– ¿Ponche¿¿Ponche??, No pues Harry, sé bueno y tráenos tres Daiquiris de Durazno en esas copitas altas. Así aprovechamos y nos ponemos al día con los chismes –urgió Parvati que ya empujaba a Harry hacia la barra de bebidas y se sentaba en su lugar.

Lo último que vio Harry fue la cara de incomodidad de Hermione mientras caminaba hacia los cócteles.

Hermione asentía de cuando en cuando y sonreía tontamente. Sus pensamientos estaban en otro sitio, y no en aquella mesa, con sus ocasionales acompañantes.

Es como estar en un viaje astral sin haberme dormido

– Hermione¿me estás escuchando? – habló Parvati, visiblemente ofendida.

– ¿Qué?... este… perdón, es que me distraje con… con tu vestido. ¿A que no te he dicho aún que lindo está? –respondió con expresión encandilada.

Parvati mudó de expresión en el acto. – Verdad que sí… Y lo compré de oferta.. bla bla bla bla

Oh Dios…. Empezamos de nuevo

– Pero como seguía contando… vi a Draco Malfoy ayer en el Ministerio y…..

Hermione escuchó el nombre y alzó las cejas. Malfoy. Hacía muchas lunas que no pensaba en él. Bueno, pensar sería decir mucho. Recordó que después del sexto año, Malfoy no había regresado a Hogwarts. Se mudó con su madre de un momento a otro. Habían habladurías, rumores que había huido de los mortífagos y otras, que él se había unido finalmente a ellos. Luego se enteraron que estaba en Sudamérica incrementando aún más su fortuna. Nadie podría afirmar que estuviera inmerso en actos oscuros o en tratos con mortífagos o negocios confusos. Lo último que escuchó fue que se había mudado a Europa. Fuera de eso, hasta la semana anterior en la madriguera, no tenía ni idea que se había casado con Cho Chang.

– … y se ve más …no sé… como más maduro, con más sex appeal. Me encontré con él al inicio del baile. Y aún está más guapo y varonil, si eso es posible – terminaba Parvati.

– ¿Sólo más guapo? –refutaba Romilda. – Dios, está para comérselo con todo y zapatos. Hace rato me lo choqué accidentalmente en el vestíbulo y casi me le lanzó encima, pero el profesor Slughorn nos interrumpió y lo alejó de mí.

– Menos mal, porque si te encuentra la Chang, estarías frita… – agregó Lavender risueña.

– Ni que tuviera miedo de la engreída esa. – arguyó con énfasis.

Harry llegó con las bebidas justo a tiempo. Le alcanzó los licores a cada una y Hermione le miró ceñudo al recibir la suya y comprobar que estaba a la mitad.

– Es que me entretuve conversando con Fred y George–se disculpó–. Y estuve bebiendo un poco de ella…

Ya, que me vuelva unineuronal como Romilda si no fue porque no quieres que tome alcohol... pensó con agudeza

– Dale Harry, a que hora vas a bailar con nosotras –habló Parvati risueña–. Estamos aquí como plantas y tú no te animas a mover el esqueleto.

– Parvati.. yo.. es que…

Pero la suerte acompañó a Harry en ese instante porque divisaron que se acercaba hacia la mesa el profesor Slughorn, quien vestía una túnica de gala pomposa y una copa con líquido ambarino en la mano.

– Harry, querido amigo. ¿Por qué no has ido a saludarme a la mesa? – lo miró con gesto adusto, pero sonrió indulgente, como si Harry fuera un niño chiquito pillado en una travesura. Se había percatado que Harry tenía de la mano a Hermione.

– Srta. Granger, es un placer volver a verla –y tomó delicadamente la mano libre de Hermione y se la llevó a los labios con gesto galante. –Aún no he contado con el placer de su presencia en mi despacho en estos años. Estoy seguro que estaríamos muy a gusto conversando sobre cuestiones y proyectos importantes para el Ministerio. Tengo entendido que ahora está a cargo de un Departamento… –la miró esperanzado.

Oh vamos… ahora no… por eso tampoco pisaba Hogwarts

Harry captó la mirada de auxilio de Hermione.

– Y dígame profesor¿Severus Snape sigue aún dando clases en el colegio?.

– Bueno, pensé que tú sabrías mejor que nadie que él consiguió por fin la asignatura de DCAO.

Claro que Harry lo sabía, pero no se le había ocurrido una pregunta más interesante.

– Que les parece muchachos, si me acompañan a la mesa de Slytherin. No creo que las viejas rencillas entre las casas lo impidan. – avanzó unos pasos y espero.

Harry miró a Hermione y ella asintió rendida. Ambos caminaron junto a Slughorn con dirección a la mesa de los Slytherins.

Se sentaron concientes de las miradas de disgusto que se habían formado en varias de las personas sentadas allí. Slughorn hablaba con tranquilidad sobre planes, consejos y exhortaciones con Harry. De repente varios hombres de la mesa voltearon a un punto detrás de ellos. Una mujer hermosa caminaba hacia la mesa. Vestía un vestido strapless ajustado debajo del talle y que caía con buen gusto y exquisitez. Su piel blanca contrastaba con aquel vestido rojo. Llevaba el cabello sujeto en un coqueto moño. Tenía en la mano un cigarro con pitillo e inhalaba con elegancia. Miró a Harry profundamente con aquellos ojos rasgados.

– Hola Harry, que satisfacción me da encontrarte aquí. Y también a ti Hermione – sonrió Cho Chang.

Se saludaron formalmente y volvieron a sus asientos. Cho giró hacia Harry para empezar a platicar con él, pero se vio obligada a guardar silencio. La profesora McGonagall había llegado a la mesa y se dirigía a Harry con voz ceremoniosa.

– Harry, ya puedes acompañarme a mi despacho. Supongo que estarás deseoso de conversar con nuestro ex Director… ¿o me equivoco?. Si nos disculpas un momento, Horace.

Harry casi salta de su asiento, pidió permiso a los presentes atropelladamente y ni se acordó de hablar con Hermione. Ella miró decepcionada mientras él se alejaba del salón.

– ¿Te conté que estuve en París, Hermione ?. –giró hacia ella y empezó a hablar.

Hermione nunca tuvo nada contra Cho. Jamás sintió celos o alguna emoción parecida, aunque si le disgustó un poco que haya desistido de Harry tan fácil en quinto año. Ahora no la unía a ella más que un sentimiento de compañerismo por haber estudiado en el mismo colegio. Fuera de eso, no sentía ningún lazo o nexo con ella. Por eso al inicio dispuso toda su atención a su interlocutora pero conforme iba avanzando aquel monólogo, ya que los monosílabos de Hermione no contaban, terminó sólo por cortesía de escuchar la conversación. Se dio cuenta que ella había cambiado. Sus palabras eran cada vez más frívolas, huecas. Que, si su casa de verano en Marbella, su nuevo rancho en Perú, sus viajes por el mundo, su nuevo guardarropa, sus exquisitas joyas. La conversación volvió a interesarle cuando ella mencionó a Harry, pero no fue más que para insinuar que cuando él venciera al-que-no-debe-ser-nombrado, seguramente tendrá todo eso, porque se haría muy famoso, rico, envidiable, codiciado. Que no desaprovechara la oportunidad para atraparlo ahora y casarse con él para evitar que llegue más adelante una arpía e intente quitárselo y ganarse con todo el paquete. Le aconsejaba que lo atrape cuanto antes, que inclusive si ella quería, y se acercó a ella para susurrarle, podía darle algunos consejillos para ello.

Hermione miró por las mesas de los Slytherins y le sorprendió no ver a Draco. Aunque en el fondo se compadeció por aquella tortura diaria que debía ser vivir con una persona como Cho.

Que estoy diciendo, si Malfoy es otro engreído y arrogante.

Minutos más tarde, Hermione no podía ya con tanta tontería, estaba a punto de pararse y largarse de una buena vez de esa mesa. Harry no aparecía por lado alguno y se sentía atrapada. Y cuando se acercó a la mesa Justin Finch-Fletchley a saludarla y a invitarla a bailar, ella salió volando del lugar.

– Caray Hermione, tenías cara de estar mirando carreras de caracoles – le hablaba Justin, a la par que la hacía girar.

– ¡Justin, Por favor, me encanta bailar, pero no por ello debo recorrer toda la pista –se quejaba riendo Hermione.

– Bueno vale, pero tampoco es que vamos a bailar como Neville y Luna, que ya parecen que han muerto en la pista.

Hermione y Justin bailaban sin parar, ella estaba feliz y contenta. Conversaron de todo un poco. Incluso Justin le habló de su prometida, una chica muggle que conoció saliendo del Ministerio. Le costaba que los padres de ella lo acepten por eso había venido solo, pero que estaba muy enamorado de ella y que lucharía por ganarse el aprecio de sus futuros suegros, eso le había jurado a la joven. Hermione lo miraba con admiración por la manera tan valiente en la que se expresaba y lo alentaba a continuar para cumplir con su promesa.

Pero a la mitad de una canción, Hermione se percató que Harry estaba parado en una de las entradas al Salón, recostado sobre su hombro y con los brazos cruzados sobre el pecho mirándola malhumorado. Se sintió incómoda sin saber porqué. No estaba haciendo nada malo, pero la mirada de Harry la inquietaba. Trató de pensar empáticamente para deducir las razones por las que Harry tenía aquella postura adusta pero no encontró ninguna razón válida. Pero sabía que aquello no tenía nada que ver con la lógica.

Otra vez sus celos...

Apenas termine esta canción, me acercaré y hablaré con él, pensó de inmediato, pero no contó con que la profesora McGonagall volvía a acercársele y se lo llevaba por el corredor. Decidió mentirle a Justín fingiendo que estaba fatigada por tanto bailar y le pidió que la acompañara a la mesa de Griffyndor. Pero no contó con la llamada de Cho, que desde su mesa le hacía señas para que se acercara de nuevo a ella.

Como prisionero al patíbulo, Hermione caminó directo hacia el lugar.

– Y te comenté que ahora residiremos aquí, en Londres. No me termino de acostumbrar, porque debo ser honesta al decirte que ya estaba acostumbrada a no tener, digamos, raíces en ningún lugar, y ahora tengo que cambiar mi modo de vida porque Draco ha recibido una propuesta del Ministerio que dice que será provechosa para ambos.

– ¿Qué clase de propuesta? – interrumpió Hermione, y es que la mención de Draco y Ministerio en una misma frase había logrado captar su atención.

– Te soy sincera, no tengo la más mínima idea. El siempre se encarga de los negocios como debe de ser, yo sólo me ocupo de que todo marche de maravillas en mi casa y bla bla bla bla.

Hermione se desconectó totalmente de aquella plática, Rayos! Si sigo así pronto me volveré tarada... pero salió del trance al ver acercarse a Harry nuevamente al Salón. Pero para su sorpresa él no venía hacia ella, se iba hacia la mesa de Griffyndor. Se sentó junto a Parvati y se pusieron a platicar de lo más amenos.

¿Qué diantre..?

– Cho no se percató, o no quiso decir nada. Pero era obvio que Harry estaba ignorando a Hermione. Murmuró algo así como, déjalo, pero Hermione no era mujer de quedarse impasible. Sabía muy bien que estaba haciendo Harry y no iba a seguirle el jueguito. Se levantó con elegancia. Pudo ver a Harry mirarla de reojo, seguramente pensando que ella iría a buscarlo, pero observó también la cara de estupefacción de Harry al contemplarla caminando hacia la salida del salón. Salió hacia la fría noche.

Ya había llegado cerca del invernadero cuando sintió la mano de Harry cerrarse en su antebrazo. Se miraron en silencio por un instante. Hermione esta indignada y enfadada.

– Me vas a explicar o no, porque tenías que salir a bailar con ese idiota de Justín, Hermione?

– Yo no tengo porque darte explicaciones de un hecho común y corriente, o acaso debo explicarte como voy al baño o como me cepillo los dientes.

– Sabes a lo que me refiero Hermione, no me retes. No tenías porque bailar con él. Todos te estaban mirando.

– ¡¿Y que tiene de malo que salga a bailar con un compañero TUYO Y MIO del colegio?!

– ¡¿Cómo que, que tiene de malo?! No te das cuenta que lo único que él busca es tener algo contigo! –exclamó fuera de sí.

– ¿¡QUE¿Acaso es que me va a proponer matrimonio o hacerme el amor en la pista?. ¡' Harry por favor madura!, –Hermione estaba colorada por el esfuerzo. Apretó los puños con rudeza.

Los ánimos estaban caldeados. Hermione conocía a Harry. Pero no iba a ceder esta vez. Era conciente también que no iba a lograr nada en ese instante, si continuaban exaltados. Como muchas veces, respiró hondo y trató de serenarse.

– Harry por favor, déjame sola un momento. Luego hablaremos con más calma. No debemos hace una escena justo este día. Todos esperan verte adentro.

– Pero Hermione… –una señal de alarma empezaba a sonar en el fondo de su cabeza.

– Harry vete por favor –replicó con voz firme–. Luego hablaremos cuando nos hayamos calmado. Regresa al salón. Yo me quedaré un momento por aquí e iré en unos minutos. Necesito pensar bien las cosas.

Creo que la cagué… musitó Harry mientras se alejaba.


Porqué tiene que actuar de esa manera tan… tan… tan cavernícola… grrrr!

Hermione paseaba de un lado a otro por el invernadero. A la luz de la luna las plantas se veían un poco amenazadoras, pero Hermione conocía muy bien aquel lugar y sabía que lo único que podía hacerle daño eran las mandrágoras que eran minúsculos bebes bajo tierra en ese momento y el lazo del diablo que estaba encerrado en una urna de cristal.

Creo que estamos demasiado obsesionados el uno con el otro. Soy conciente que me he vuelto muy aprensiva con él. Tengo un miedo permanente que le pase algo y ….. muera –se estremeció sin querer– . Y la otra mitad del tiempo él me atosiga porque piensa que lo dejaré en cualquier momento por otro, por que cree que no podré soportar la vida que lleva.

Continuó adentrándose aún más cuando escuchó ruidos desde el fondo del lugar. Como vidrios rotos cayendo al suelo. Inmediatamente saca la varita y se puso en alerta. Avanzó con cautela, hacia el sector donde escuchó los golpeteos. Iba a lanzar ya un hechizo cuando divisó a lo lejos a un niño pequeño agazapado bajo la urna del lazo del diablo. Largos tentáculos estaban enredándose por sus bracitos. Lágrimas estaban brotando de sus ojos.

Lumus Solaris

E inmediatamente todo el invernadero se llenó de una luz brillante. El lazo del diablo retrocedió y Hermione lanzó otro hechizo sin perder tiempo.

Reparo

Y la urna de cristal volvió a encerrar a la monstruosa planta.

– ¿Te encuentras bien? –Hermione corrió hacia el pequeñito y lo abrazó. Cuando el niño se calmó ella lo observó con más detalle. Tendría 4 años a lo sumo. La piel era pálida aunque grandes manchas sonrosadas aparecían en ese instante por sus mejillas producto del llanto. Tenía pestañas enormes, sus ojos algo rasgados enmarcaban unos ojos intensos color del acero, del mercurio. Su cabello rubio estaba alborotado al igual que su túnica de gala.

– Déjame acomodarte la túnica –le habló dulcemente–. Se veía tan gracioso con aquella ropa elegante de gente mayor. Le alisó el pelo con la mano. Tenía tierra en la punta de la nariz y en las mejillas – Se quitó la delicada estola y la utilizó para limpiarle la carita. Dejó la prenda sobre unas ramas.

– ¿Eres una ninfa del bosque? – preguntó ilusionado.

– Pues me temo que no – sonrió ante tal pregunta.

– Heyda me contó que las ninfas siempre acuden al rescate de las personas perdidas en el bosque.

Hermione rió con la ocurrencia. El pequeño ya estaba repuesto. El mismo se había limpiado las zapatos y recogido la roca roja como sangre que había roto el cristal de la urna.

– Esta piedra es de mi papá, la tenía en su armario, la trajo de uno de sus viajes –la levantó orgulloso–. Me contó que sirve para romper cualquier cosa que quieras. La que sea. Así esté encantada. Por eso tenía que aprovechar y probarla.

– No creo que tengas edad para llevar una de esas cosas – le miró seria.

– ¿No le dirás a papá que la tomé… por favor, no le digas? – Sus ojitos volvieron a llenarse de lágrimas.

– Veamos, ven aquí y siéntate un momento –limpió con la varita unos bancos de madera y sentó al chiquitín junto a ella –¿Tu padre no sabe que tomaste prestada esa piedra?

– Nop

– Pero no pudiste tomarla tan fácilmente... a menos que haya dejado la piedra por ahí tirada –Ya empezaba a cogerle rabia a aquel hombre tan descuidado que dejaba objetos tan peligrosos al alcance de sus hijos–. ¿Te explicaron que esa piedra no es un juguete?

– Sip. Mi papá me lo dijo. – Miraba azorado el piso del invernadero –Me prometió que me traería algo que, que…no fuera nocigo para mi edad, pero como no se que quiere decir eso, la tomé prestada.

– Creo que tu papá quiso decir nocivo, y eso quiere decir que te traería algo que no te hiciese daño ni representara peligro para ti. ¿Me comprendes? –esbozó entre risueña y preocupada.

– Sip.

– Pero aún no me has dicho, como conseguiste la dichosa piedra – volvió a la carga Hermione, tratando de sonar molesta. Aunque obviamente no lo consiguió porque el pequeño la miraba con enardecimiento. Se había levantado de un salto y empezó su representación.

– Me escondí en el ropero de mamá. Cuando ella salió para una de sus fiestas, tomé las llaves mágicas que estaban en esa mesa esa donde se pinta y despinta todos los días. Baje las escaleras y me escabullí en el salón de trofeos. Heyda no me vio porque le estaba preparando a mi mamá un vaso con esa cosa que te pone graciosa. Me tiré como un mortífago al acechó y lu–

Hermione dio un respingo. Una cosa era escuchar la palabra mortífago en una conversación entre adultos que estaban relacionados con la guerra y otra era escucharla de labios de un niño.

– ¿De donde escuchaste esa palabra….?

El niño la miró intrigado

– Pues en mi casa.

Una especie de engranaje empezaba a funcionar en el cerebro de Hermione cuando observó con más detenimiento a aquel pequeño de cabello platinado, piel pálida y ojos de acero.

– ¿ ehh …… no me has dicho aún como te llamas y quien es tu papá….?

– Lucius –una voz que arrastraba las palabras sonó muy cerca de ella.

Hermione se sobresaltó. Esa voz… era obvio…

No puede ser…

– ¡PAPA! – alborotado el pequeño corrió hacia donde se encontraba Draco Malfoy.


– ¿Se puede saber que haces tú aquí sola con mi hijo? – siseó con autoridad en la voz.

Draco Malfoy se encontraba parado en medio del invernadero. Al llegar su hijo, se arrodilló hasta quedar a su altura. Intercambiaron breves palabras que Hermione no pudo escuchar. Inmediatamente miró a Hermione.

– Te hice una pregunta. –repitió irritado. Pero el que respondió fue su hijo.

– ¡Papi!. Ella me salvo. Creo que es una ninfa del bosque. Aunque también podría ser un "adimago", no le ves la gran melena de león papá?Susurró bajito aunque Hermione igual escuchó.

Hermione creyó ver una mueca parecida a una sonrisa en el rostro de Draco, pero al parecer fue sólo un destello de luz de luna, ya que volvió a mirarlo y continuaba con aquel gesto adusto.

Será mejor que me largue de aquí. Suficientes problemas para una noche.

No había avanzado ni un paso cuando escuchó desde la entrada uno sonidos entrecortados, parecían pequeños lamentos y sollozos. Se aproximaban hacia donde se encontraban los tres. Hermione trato de enfocar con atención para descubrir a la persona que estaba llorando claramente. No pudo distinguir nada y le sorprendió que Malfoy ni siquiera volteara a ver quien originaba tales lamentos.

– Amo, Amo Lucius, usted está aquí –la voz provenía de una elfina, de largas orejas, ojos saltones, nariz prominente muy similar a Winky, aunque ésta tenía una pequeña mata de pelo blanco y bien peinado y como ropa un pedazo de cortina a modo de delantal–. Soy una elfina mala, mala. Heyda perdió al amito, no podrá perdonárselo jamás. Heyda mala, debió cuidar mejor al amito. Merezco un castigo enorme, no comeré por 30 días, me tiraré por el balcón de la mansión, me perf–

– No necesitas hacer nada de eso – cortó apremiante Hermione. Se había dirigido presurosa hacia la elfina que se había arrojado a los pies del pequeño–. Todos cometemos errores alguna vez. Pero no necesitas lastimarte por eso. No creo que hayas descuidado con mala intención a.. a Lucius

Que raro decir ese nombre…

No eres una esclava –continuó acalorada–. Nadie tiene derecho a humillarte, ni a exigirte que te maltrates. Recuerda que no eres una prisionera, aunque te traten de esa manera –trataba de consolarla, aunque sin éxito según los sollozos aún más estridentes de ella, conforme había hablado. Se había arrodillado a su lado, indecisa si debía tocarla o no.

– ¿Estás tratando de amotinar a mi elfina, Granger¿Y frente a mis narices? –habló sarcástico.

La sola mención de su apellido en aquella voz, la remontaron inmediatamente a sus años de Colegio y de las tantas veces que peleó con Malfoy. Eso bastó para enardecerse.

– Lo que yo haga o deje de hacer es problema mío –se levantó en el acto. Miró a Draco directo a los ojos y se irguió lo más que pudo. –Sólo me limitaba a exponer mi punto de vista ante tan bárbara forma de esclavitud y salvajismo –espetó con vehemencia.

– Como podrás recordar –Draco seguía impávido ante las muestras de coraje de la joven. Se había adelantado hacia ella, pero guardando una distancia, a su parecer apropiada–. Lo que tú pienses o dejes de pensar, siempre me ha tenido sin cuidado. Y no veo porque tendría que cambiar esa situación. Ella es mi elfina y puedo hacer con ella lo que deseo. ¿Esta claro? – terminó con tono de voz que no admite réplica. La miraba con desagrado.

– Eres… Eres… – la rabia no la dejaba hablar. – Avanzó hecha una tromba, pero con cuidado de pasar lo más alejada de él.

Draco le miró inexpresivo. Vio como se alejaba apretando los puños con dirección hacia el Salón.

– ¿Porqué está tan enojada?. ¿Hicimos algo malo, papá? – Lucius jaló su pantalón imperioso.

La fuerza de la costumbre... pensó irónico

– Amo Malfoy… perdóneme, nunca más, nunca más volveré a perder al amito, es que la señora mando a Heyda a traer su cigarrera a la casa. ¡Soy mala¡Debo castigarme! – interrumpió gritando a todo pulmón la pequeña elfina.

Draco miró a su hijo sin contestarle. Vio que éste miraba misterioso a su elfina.

– Tú decide hijo. Ella es tu sirviente.

El niño se concentró por unos segundos. Levantó los hombros e hizo una mueca..

– Creo que le haré caso a la ninfa. ¡Heyda! –llamó y la elfina se arrastró hacia él–. No puedes castigarte, ni torturarte … y si lo haces… yo…yo…¡te mandaré a las mazmorras a pan y agua!. – Miró a su padre con expresión ingenua de suficiencia.

Draco le dedicó una sonrisa y le alborotó el cabello. Hizo una seña con la cabeza y la elfina y el pequeño salieron del invernadero. El estaba a punto de voltearse y caminar hacia la salida, cuando divisó algo entre los arbustos. Separó aquella estola transparente de las plantas y ya sea por inercia, curiosidad o morbo se la llevó al rostro. Aspiró.

Con que, así huelen las sangresucias.

Hizo un pequeño ovillo con la tela y la guardó en el bolsillo de su frac. Reanudó su marcha hacia el salón.


Metros más adelante, Hermione continuaba su loca carrera hacia el interior del castillo. Aún temblaba de furia e indignación.

Que se habrá creído ese arrogante…

Subía las escaleras con determinación

Tirano déspota presuntuoso

Llegó a las puertas del Castillo. Se detuvo un momento para recuperar el aliento. Se recostó en la puerta y cerró los ojos por un instante.

La imagen de Malfoy se formó en su mente.

Parvati tenía razón…..

Abrió los ojos horrorizada por aquel pensamiento.

Y a mi que rayos me importa!!!

Avanzó con determinación hacia el umbral. Pero se detuvo de inmediato.

– ¡Hermione!

El sonido de su nombre la había paralizado en el acto.


OMG!!

El primer encuentro entre Draco y Hermione…

Y Harry..ummm resultó medio troglodita el hombre…

No dejen de volver por aquí, pronto el sgte cap… CON LA CONTINUACION DEL BAILE!

Porque aún hay mucho pan por rebanar…

Y una que otra batalla.

Cuídense mucho y vuelvan otra vez.

– – – – – –

caray, me quedaré paralizada hasta la siguiente actualización… bueno, no hay de otra. Besos hasta la próxima.

H.J.G.