Leave your nightmares on the pillow

Parte I

No sabía cómo podía haberse dejado engañar de aquella manera. Sí, Tom necesitaba salir y conocer gente nueva, apartar su mente del hecho que Dickie le había usado y abandonado, pero una cosa era salir y tomar algo en un bar y otra aceptar acompañar a Fran y Alex a su grupo de estudio y divertimiento musical. No que fueran un grupo de música, era más bien… ¿qué le había dicho la chica? "Nos aprovechamos del primo de Meredith, que tiene un pequeño estudio y allí podemos tocar y cantar tranquilamente". Pues eso, que él no quería tocar el piano con gente a la que no conocía.

Apartó la vista del trozo de papel en el que había apuntado la dirección y observó el edificio una última vez; cuatro pisos, recién pintado de rojo con balcones negros, número 3 bajo A. Llamó al interfono y sin que nadie preguntara quién era le abrieron. Bajó los tres escalones y llegó a una puerta entreabierta, antes de anunciar su llegada echó un vistazo al reloj; cinco minutos antes.

-Hola, soy Tom. Fran dijo que viniera… —cerró la puerta y oyó a alguien acercarse.

-¿Tom? —esa voz le sonaba

-¡Peter!

-Vaya, no sabía que fueras tú el amigo de Fran que iba a venir hoy. El mundo es un pañuelo ¿eh? —el chico se le acercó y le tendió la mano a modo de saludo, Tom dudó unos instantes y finalmente la encajó.

-Tampoco yo sabía que fueras amigo de Fran y Alex —se separaron y se dirigieron hacia el sofá que había a su derecha. Era cómodo y suave, de un color crema muy claro que iluminaba el gris pálido de las paredes. El silencio les envolvía, Tom no sabía qué decir y Peter estaba bebiendo de un vaso que parecía contener zumo de naranja. Cuando el chico acabó de beber y dejó el vaso en la mesilla que había a su lado, volvió a hablar— Así que tú también tocas el piano ¿eh? —Tom asintió lentamente, no sabía cómo sabía eso Peter, pero supuso que Fran debía haberlo dicho en algún momento al preguntar si podía llevarle— Yo también, es por eso que tengo este local. Bueno, al principio era de mi hermano y mío, para que él pudiera pintar tranquilamente y no llenara la casa de olores extraños y yo pudiera practicar sin molestar a los vecinos— Tom sonrió, él también había tenido algún que otro problema a causa de sus prolongadas horas de estudio— ¿Cómo es que Fran te ha invitado?

Antes de contestar, Tom dudó unos instantes, pensando qué podía decir sin contar la verdad. Por suerte no hizo falta poner en marcha su gran imaginación e idear una mentira creíble y digna, alguien llamó al timbre. Peter se levantó y abrió la puerta; era una chica rubia, alta y delgada que hizo saltar la imagen de Marge, la novia de Dickie, en la mente de Tom y un escalofrío le recorrió la espalda. La chica saludó a Peter con dos besos y una sonrisa y entonces posó sus ojos sobre él.

-Meredith, éste es Tom, Fran le ha invitado —la chica sonrió cálidamente y se acercó a él.

-Soy Meredith Logue —le dio dos besos a él también y se sentó a su lado en el sofá, que se había vuelto ligeramente más estrecho al ocupar ahora a tres personas— Qué bien que venga alguien nuevo de vez en cuando, siempre es bueno conocer gente nueva —Tom asintió, pensando qué esperarían esos chicos de él; si era estudiar llevaba uno de los libros que tenía que leer en la mochila, si era tocar algo de música… Empezó a ponerse nervioso, las palmas de las manos le sudaban y tuvo que disimular mientras trataba de secárselas en los pantalones.

-¿Tú qué instrumento tocas?

-El violín ¿y tú?

-El piano.

-¡Cómo Peter y Alex! Al final tendremos que comprar otro piano…

-No, si yo no quiero… —empezó a decir Tom, pero el timbre volvió a sonar. Parecía que alguien no quería dejarle hablar. Fran y Alex habían llegado, ya estaban todos.

Resultó que el grupo de estudio y divertimiento musical no era algo tan horrible. Los cinco se juntaban alrededor de la mesa y se ponían a hacer deberes, pasar apuntes en limpio o, como en el caso de Tom, a leer. De fondo habían puesto un poco de música tranquila que acompañaba y no molestaba. Cuando alguno de ellos tenía una duda preguntaba a los demás, aunque ésta no tuviera nada que ver con lo que los otros estudiaban; o leían partes de sus trabajos en alto por si se entendía todo y, por supuesto, de vez en cuando se conectaban al facebook y cotilleaban entre risas. Fran le había contado que todos habían sido grandes amigos en el instituto y que una vez empezada la universidad habían seguido con aquellas sesiones de estudio para no perder el contacto. Tom les envidiaba, el ambiente confortable que se respiraba, las bromas y sonrisas, él nunca lo había experimentado; no con Fran y Alex, que era lo más cercano que había tenido a amigos, y por supuesto no con Dickie.

Dos rápidas horas después y con medio libro leído, llegó la hora de la verdad. Tal y como le había dicho Fran, en el estudio había un piano, que debía de ser de Peter, el violín de Meredith y una guitarra; nadie la tocaba, había sido un capricho de la hermana de Peter y allí había acabado, acumulando polvo. Los primeros en levantarse de la mesa y acercarse al piano fueron Alex y Fran, que según les contaron tenían que ensayar para una representación que tenían el próximo fin de semana. Tom sabía lo bien que sonaban, después de todo se habían conocido en la escuela de música, y además les había ido a ver un par de veces. Se sentó en el sofá junto a Peter y Meredith y sonrió animadamente mientras por dentro rezaba para que no le hicieran salir a él. Alex empezó a tocar el piano, suaves notas de ritmo tranquilo que adoptaron perfectamente su papel secundario bajo la dulce voz de Fran. La chica sabía cantar, lo hacía tan bien que si quisiera podría dedicarse a ello como profesional. Tom cerró los ojos y se dejó mecer por la melodía, después de todo era una canción de cuna. Abrió los ojos cuando el silencio les sobrevino a todos; Fran sonreía tímidamente, con las mejillas sonrojadas y mordiéndose el labio inferior nerviosa; Alex se había girado y les miraba con el mismo brillo expectante que la chica; Peter y Meredith tenían la boca ligeramente abierta y los ojos fijos en la pareja. Tom fue el primero en ponerse a aplaudir y los otros chicos se unieron rápidamente.

-Genial chicos, simplemente genial.

-Les vais a dejar a todos con un palmo de narices.

-Precioso.

-Muchas gracias chicos, hemos estado ensayando toda la semana.

-¿Algo más que queráis practicar? —preguntó Meredith, seguro que quería escuchar más.

-Lo siento, pero se nos está haciendo tarde y hemos quedado para cenar.

-Oh, ¡pues que os vaya muy bien!

Los chicos recogieron sus cosas y se despidieron de todos con besos y abrazos. Cuando la puerta se cerró Tom ya tenía las palabras en la punta de la lengua, él también debía irse, no esperaría a que le hicieran tocar nada. Pero no tuvo suerte, Meredith le cogió por los hombros y le llevó hacia el piano, le sentó en el banco y con una sonrisa le dijo que era su turno.

-Si estudiaste con ellos seguro que también tocas genial —la chica se sentó en el sofá junto a Peter.

-Puedo dejarte algunas partituras si no sabes qué tocar —ofreció el chico, pero Tom negó con la cabeza, respiró hondo y se giró de cara al piano. Acarició las frías teclas durante unos instantes, decidiendo qué tocaba. Finalmente cerró los ojos y dejó que sus dedos fueran los que decidieran.

Niea.