Segundo capitulo arriba~
Agradecimiento a Ame-chan –la única que me dejo review- por tus opiniones, bueno, si, las tildes deben corregirse, pero es un fastidio usar el T9 en un celular Nokia C1 y no me da tiempo a darle una corrección en word cuando apenas voy a un cyber, igualmente, tratare de mejorar ese defecto. Gracias owo y si, Sinbad ataco a Judal e.é
Judal II
¡¿Como no lo había notado antes?! Debió imaginarlo o mínimo pensarlo, pero no, Judal se limito a querer creer que todo se debía a una extraña culpa por haber arrebatado la vida a la mujer que lo crio de niño. Quizás una confusión entre los felices recuerdos del pasado y los recuerdos del presente llenos de dolor y odio.
Kougyoku se cubría medio rostro con las largas mangas de su ropaje por la expresión de sorpresa que habitaba en sus dulces y delicadas facciones.
Si, sorpresa, una gran sorpresa.
- Hakuryuu-chan ¿T-tú..?
Hakuryuu, usando de apoyo un viejo tronco caído, se doblaba hacia adelante, devolviendo una cena y un desayuno que no consumió por las nauseas que lo atacaban constantemente los últimos cuatro días.
Judal retrocedió un paso, eso era asqueroso.
La mujer, una señora ya pasada de los cuarenta años de edad que encontró a nuestro trió de fugitivos semanas atrás y que les brindo ayuda y un lugar del cual resguardarse del frio, acariciaba la espalda del cuarto príncipe en un gesto de consuelo, le susurraba palabras de apoyo, diciéndole que aguantase un poco más.
Ay, santo averno, la que se armaba.
Judal, caminando cual gato enjaulado de un lado a otro, maldecía constantemente en voz baja. Alterado. El asunto no tenía que ver directamente con él, pero, si unía esta nueva información, encontraba una razón lógica por la que un grupo de soldados parecieron estar siguiéndolos la primera semana de escape.
Que hasta el más tonto lo entendería.
- ¡Embarazado! -soltó, al fin, chillando, la palabra que le picaba en la punta de la lengua
Hakuryuu, recostado en la improvisada cama construida de mantas y pieles, se encogió cual niño regañado, cohibido. No existía tanta necesidad porque se le recordase su deplorable estado.
- ¡Basta, Judal-chan! -Kougyoku, la única mujer del grupo, se levanto, con cada mano en la cadera, en una pose de regaño. Su primo se encontraba pálido, demasiado pálido- ¡Deja de incomodar a Hakuryuu-chan!
El magi lanzo chispas con la mirada a sus dos acompañantes- Debió decírnoslo -casi escupió, molesto
- Intenta comprenderlo, esto no es... tan simple -inquieta, se mordió el labio- imagínate estar en su lugar
Judal formo una mueca, dispuesto a que ese típico de "ponte en los zapatos de otro" no funcione en él. No era un blandengue sentimental después de todo.
Te quiero tanto que ya no se que hacer.
Pero luego, la imagen de cierta pequeñita corriendo por los pasillos de Sindria y destruyendo almohadones rellenos de plumas; simplemente le turbo. Oh claro, ponerse en su lugar ¿Qué hubiera pasado si esa niña habria estado en su interior cuando Sinbad le.. ataco?
Judal se estremeció por la idea.
Sinbad habría matado a su hija sin saberlo y él la hubiera sentido morir en su interior. No, eso, hasta para el magi, sería horrible. Abominable.
Inconsciente, acaricio su vientre. La niña no estaba allí, quizás, nunca estaría en su interior y él no la sentiría crecer. La culpa la tenía Sinbad. Ese rey estúpido era un traidor. Pero ya nada podía hacer. Para concebir a su mocosa necesitaba pasar por la cama del rey de Sindria una vez más, sentir sus ardientes caricias y los labios húmedos sobre los suyos.
Lastima que no tuviese ganas de pasar por ello.
-Además, Judal-chan -Kougyoku se cruzo de brazos, calmada al ver que pudiese ser que su amigo este reflexionando- si tú estuvieras pasando por lo mismo, morirías, hasta dramatizas un resfriado -aquella vez, el magi pareció al borde de la muerte
- ¡Oye-! -ese comentario le ofendió
- ¡Shut up! -cual conjuro lanzado, Judal permaneció callado
Hakuryuu se cubrió con una manta. Presentía que esos dos tenían una charla para largo tiempo. Y él, bueno, él tenía sueño, se sentía repentinamente cansado, agotado. Dormiría por un rato. Se lo merecía.
Kouha I
En el palacio del Imperio Kou, una junta estaba a su intermedio.
Sinbad , acompañado de sus fieles generales sonreía ante la expresión seria de Ren Kouen. Apostaría gran cantidad de su fortuna a que ya más de la mitad de los generales y comandantes de Kou deseaban saltarle encima y aniquilarlo.
Después de todo, pedía algo que sabia causaría conmoción.
- ¡Cómo se atreve! -soltó uno de los comandantes, levantándose de su asiento estrepitosamente y haciendo que varias miradas se colocasen en su persona
El propio Kouha parecía un gato fiero a punto de lanzarse sobre el rey de Sindria. Koumei, con el abanico, cubría parte de su rostro y la expresión de enfado que resaltaba en sus facciones. Finalmente...
Kouen estallo en risas.
La sonrisa en el rostro de Sinbad desapareció para ser reemplazada por la seriedad. Eso no le agradaba. El ambiente, tenso anteriormente, se lleno de desconcierto.
- ¿Kouen-sama?
El hombre que actualmente obtuvo el cargo como tercer emperador, siguió riendo por varios minutos más. Solo creaba mayor desconcierto ¿Cuál era la gracia en esa situación? ¿Por qué el emperador reía? Nadie se atrevió a decir algo.
Kouen, luego de unos segundos, suspiro y sonrió como si hubiese obtenido una gran victoria.
Sinbad había pedido un trato económico con el Imperio Kou, un contrato comercial marítimo en el cual se le sedería más de la mitad de los beneficios obtenidos.
Como se esperaba, los generales y funcionarias habian saltado en sus sitios. Los de Kou, al ser una gran nación, llevaban la costumbre de salir siempre mayormente beneficiados, obteniendo el poderío sin trabas, pues los pueblos que decidían pertenecer a su poder se lo permitían.
Sinbad no era ese tipo de hombre con el que ellos buscasen formar contratos.
Después de muchos griteríos y súbditos a punto de lanzarse a atacar al bando contrario. Ren Kouen había accedido a la petición de Sinbad, a cambio, Sindria daría la oportunidad de permitir un acceso abierto a sus conocimientos.
Si, conocimientos. El conocimiento era el mayor poder. Y para Ren Kouen, quien era una persona que buscaba el conocimiento con pasión, era más que suficiente.
La reunión de aquel día termino lo más calmada que se pudo.
Kouha refunfuño, dirigiéndose a su residencia con pasos fuertes, siendo seguido por su grupo de magas que preocupadas, no dejaban de decir palabras que pudiesen calmar al joven tercer príncipe.
Con haberse deshecho de Al-Thamen los problemas no terminaban. Algunos estados bajo el poder del Imperio decidieron por revelarse al ver que, efectivamente, la nación que los había conquistado, estaba debilitado. Detener las revueltas fue un trabajo agotador que habia durado las primeras cuatro semanas. Aun ahora existía indicios de querer revelarse, pero se mantenían en linea. Los príncipes que se habían cansado durante la batalla parecían al fin haberse recuperado del todo.
Los cinco conquistadores de celda estaban completamente dispuestos a luchar por su nación de ser necesario. Deberian ser seis, pero Hakuryuu nunca mostro indicios de ser parte de ellos, de estar bajo las ordenes de su hermano Kouen.
No, tampoco era correcto decir que eran cinco. Ya solo cuatro quedaban.
Kouha se apoyo contra un árbol de varios años de vida, dejandose deslizar hasta quedar sentado sobre el pasto.
Cuatro...
En la batalla, nadie se habia librado de las heridas. Varias partes del palacio se empezaron a consumir por el fuego y los desastres parecian continuar, aumentando cada vez más. Kouha cargaba el cuerpo de Koumei, quien gravemente herido parecia estar al borde de la inconsciente, Kougyoku le ayudaba. Ambos menores ya no podian usar el equipo djinn, sus cuerpos estaban desgastados hasta el limite y ellos, al igual que su hermano mayor, tambien podrian caer en cualquier momento. El tercer príncipe se veía desesperado, al llegar a un lugar seguro, recostaron a Koumei en el suelo, pero este no reaccionaba, la profunda herida en su abdomen sangraba con abundancia y la piel lucia a cada segundo más palida. Kougyoku se mantenía parada, detras de Kouha, tambien preocupada, sin saber que hacer.
Luego de unos minutos, Koumei ya parecia en los ultimos momentos de vida.
- Oniisama ya no...
- ¡Callate!
Kougyoku retrocedio, asustada por el tono de voz usado por uno de sus hermanos para dirigirse a ella. Kouha no queria escucharlo, que su hermana no se atreviese a decir que Koumei ya no poseía oportunidad de vida.
- Esto es tu culpa -Kouha tenía las manos hechas puños que se aferraban a las ropas del mayor- Si no te hubieras distraido en la batalla...
Kougyoku se cubrio la boca, espantada. Sabia a que se referia su hermano con esas palabras- Yo.. Yo no.. -Koumei le habia protegido
- Si no fueras tan debil, tan inutil.. -Un paso más hacia atras- No eres digna de pertenecer a la familia.. -sollozo, dolida- solo eres la hija de una prostituta -un paso más para atras- ¡eres una maldita paria!
Kouha lloro, Ka Koubun entro corriendo e inmediatamente reviso al príncipe herido. Kougyoku corrio, destrozada por el rechazo de su hermano, desapareciendo del lugar. Todas esas palabras eran ciertas. Ella siempre seria un paria, sin importar cuanto se esforzase, nada en el mundo cambiaria su origen.
Kouha se mordio el labio al recordar la atrocidad que cometio. Él no queria, en verdad que no queria pronunciar esas palabras. Era un día horrible, espantoso, varios de sus soldados habian muerto y la sola idea de perder tambien a su hermano lo devastaba. Tanta presión imposible de soportar. Y, buscando una liberación, se descargo en lo que pudo. Lo hizo y se arrepentia de haberlo hecho.
Ella no tenía la culpa, estaba tan o más agotada que ellos en esa batalla. Koumei habia actuado como cualquier hermano, protegiendo a su pequeña hermana.
Y él, el solo la ahuyentaba.
Koumei de milagro se salvo. Pero Kougyoku desaparecio. Se fue, ya no esta. Cuando el color volvio a la piel del segundo príncipe, Kouha busco con la vista a su hermana, pero ella no se encontraba.
Lo supo de la peor manera. Con su hermano fuera de peligro y con la batalla más calmada, pareciendo increiblemente que ya llegaba al final, fue a buscarla. En dirección al trono, esperando verdaderamente encontrarla, en el pasillo Hakuei estaba siendo atendida por Seishun, el sonido de armas se hizo más fuerte y Kouha las paso de largo. Su prima lo entendía, él debia seguir.
Cuando llego, a las justas el filo de un arma siendo girada en el aire se escuchaba y el ruck oscuro inundaba la habitación. Ren Gyokuen seguia viva. Aladdin junto a sus amigos estaban en el suelo, levantandose. Su hermano y el rey de Sindria se mantenian en pie, agotados. Gyokuen no podia alardear de estar mejor que ellos. La bruja de Al Thamen parecia poder dar un ataque más, fue en eso, cuando ninguno se lo esperaba, que Hakuryuu se levanto, alzo una espada.
Lo siguiente que Kouha recuerda es el grito de Ali Baba pidiendole al cuarto príncipe que se detenga y la cabeza de Ren Gyokuen siendo separada de su cuerpo mientras sus labios se movian, diciendo algo que él no podía escuchar pero que en Hakuryuu ocasiono que temblara. La voz de su honorable hermano gritando el nombre de su primo y el mismo, corriendo, pasando por su lado, escapando de algo invisible a sus ojos pero no al corazón.
Kougyoku se fue por su desprecio y Hakuryuu desaparecio luego de asesinar a su madre.
Ambos, desaparecidos. Ambos no volverian. La busqueda fue larga y cuando creyeron que al fin encontraron una pista para seguir, ese par se esfumaba, desapareciendo como la niebla.
Kouha cerro los parpados, exahusto, con el agobio de no poder enmendar su error. Pasaban los minutos y cada que parpadeaba parecia ver algo distinto. El árbol seco y sin hojas empezaba a revivir, se teñia de verde y las sombras moradas le hacian juego, las hojas jugueteaban entre ellas, felices. Otro parpadeo y las hojas, por los bordes, empezaban a teñirse en anaranjado.
Un día, cuando todas las hojas cambiaron de color anunciando la llegada definitiva del otoño; Kouha creyo oir voces, cuchicheos, pequeños murmullos.
Era el mismo paisaje. Era un recuerdo de un tiempo distinto.
Un pequeño Kouha, sentado bajo la sombra del mismo árbol, las ropas que llevaba encima le cubrian demasiado y le quedaban grande. Enfrente suyo, dos niños correteaban. Uno pareciendo huir despavorido del otro. Sus hermanos mayores, jovenes, a un lado suyo. Recien entonces se percataba de Koumei, quien dormia apoyado sobre su hombro y que poco a poco lo empujaba, era solo una cosita pequeña que no podia con el peso del mayor. Mientras caía, alguien le sostuvo la espalda. Miro hacia arriba, encontrandose con un jovenzuelo.
- ¡Hakuren! -la voz infantil salio igual a un chillido.
El jovenzuelo, que resultaba ser en aquel tiempo el segundo príncipe le ayudo a no caer, y volviendolo a sentar, sujeto a Koumei, quitandoselo de encima y colgandolo en su hombro cual costal de papas.
Al futuro amante de las palomas se le escurría un hilillo de baba de entre los labios.
- Bien, me llevare a este hermoso chico a mi habitación -afirmo sobre el hombro al futuro secuestrado- la unica forma de despertarlo es con el beso de un apuesto y sexy príncipe~
Kouha exclamo un "Ah" en señal de comprensión luego de una sonrisita arranca suspiros por parte de Hakuren. Un "Ah" que fue intercambiado por un "Oh...". Por ser pequeño no significase que fuese poco inteligente.
- ¡Nii-san! ¡Nii-san! ¡Se llevan a Mei-nii! -grito
Hakuren se sobresalto en su sitio. El secuestro perfecto no existia y el más pequeño de sus primos acababa de delatarlo.
Kouen, quien escuchaba verdaderamente entretenido a Hakuyuu, miro hacia donde su hermanito gritaba y señalaba- ¡Koumei! -antes de ir a rescatar a su hermano, iba a darle una mirada de disculpa a su primo mayor. Más bien, el de la mirada y la sonrisa de disculpa era Hakuyuu. ¡El príncipe era colaborador, un complice del secuestrador!
La persecusión dio su inicio.
Kouen gritaba. Kouha saltaba. Hakuren huia. Hakuei recien llegaba y solo miraba. Kougyoku reia desde su escondite. Judal estaba encima de Hakuryuu luego de corretearle. Hakuyuu iba al rescate de su sollozante hermanito.
Y con tanto alboroto, los sirvientes se reunian a ver el espectaculo.
Finalmente, Koumei dormia en el hombro de su secuestrador.
Los murmullos acababan y ante lo que parecia una vision borrosa, aparecia Yunnan, sentado de cunclillas y observandole detenidamente.
De no ser por el árbol, Kouha hubiese caido para atrás.
Yunnan se acomodo el sombrero y manda para atras la pluma que le cubria una parte del rostro.
- Un milagro ha ocurrido -sonrie
- ¿Un mi..lagro? -el menor tartamudea, recuperandose de la sorpresa o eso intenta
Judal III (fragmento)
Los meses ya han pasado rapido.
Kougyoku salta de la felicidad. Mira una y otra vez al bebe que descanza tranquilamente en la cuna. No puede dejar de verlo, es una de las creaturas más hermosas que a visto.
- ¡Oficialmente soy tía! -chilla
Judal se deja caer dramáticamente en el suelo, asustado, traumado por lo que le ha tocado ver. Hakuryuu tiene una expresión de cansancio despúes de tanto ajetreo.
- ¡Tiene los ojos de Kouen oniisama! -otro chillido
Hakuryuu tiembla ante ese nombre. Judal mentalmente se dice que cuando la emoción inicial pase, regañara a la vieja bruja por mencionar al "inombrable".
- ¿Todo salio bien? -los tres se voltean, mirando a aquel hombre que a aparecido para verles- Estaba increiblemente preocupado -el hombre sonrie y algo en el corazón de Judal se agita.
Esa sonrisa y esos ojos con los que les observa, son tan parecidos a los de Sinbad.
