¡ACTUALIZACIÓN!
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(El Maleficio)
- Los Recuerdos de una Granger.-
Hermione bajó del coche cuando su madre se detuvo bruscamente, la mujer sonreía mientras su hija veía perpleja lo que sería su estancia durante los próximos quince días, la castaña no podía creer lo que estaba viendo.
El terreno era enorme, pero muerto.
Jean Granger le había prometido a su única hija, unas vacaciones inolvidables ¡Oh, claro que si serían inolvidables! La antigua leona dio un paso al frente mientras usaba una mano para cubrir su rostro de los molestos rayos de sol.
- Mamá… Dime por favor que esto es una broma…- dijo la joven girándose hacia la mujer que se detenía a su lado y se recargaba al cofre del coche.
- No cariño, no es ninguna broma… estaremos solo tú y yo en la antigua casa familiar ¡Ya era hora de que alguien viniera! Mira ¿alcanzas a ver la casa? – señaló la mujer mientras extendía el dedo a la lejanía, Hermione puso los ojos en blanco.
- Por supuesto mamá, puedo verla ¡No hay nada más a su alrededor que llame mi atención! Además… que… ¡Merlín mamá, esto es horrible, me has traído al medio de la nada a limpiar una casa vieja de madera podrida y…!
- ¡Hermione, por favor! Esta casa tiene más de quinientos años, perteneció a nuestra familia… no tienes ni idea del enorme sacrificio que he hecho para recuperarla… - la voz de Jean Granger fue como un latigazo para Hermione.
- ¿Gastaste todos nuestros ahorros…para recuperar esta casa vieja, mamá? ¡Genial, fabuloso! ¡Pude haber pasado mis vacaciones en el mundo mágico pero No, aquí estoy con mi madre en medio de la nada, por una casa vieja!
- Estas comportándote como una chiquilla Hermione, creí que eras más que eso cariño, vamos, sube al coche, verás que la vamos a pasar bien…
- Ay mamá, lo lamento mucho… ¡Pero no creí que fueras capaz de hacernos esto! – Jean sonrío ante la actitud infantil de Hermione, la mujer deseó que Harry y Ron vieran a su hija en esos momentos.
La joven bruja podía comportarse como toda una adulta la mayor parte de su vida, pero Hermione aún era joven, y muy a pesar de sus vivencias durante la Guerra, la castaña continuaba teniendo diecinueve años y eso no lo cambiaba nadie, su comportamiento era bastante errático más no imposible, a veces era una adulta y otras, como esta, era una niña.
Jean escuchó el golpe de la puerta del coche cerrarse con fuerza, la mujer sonrío mientras sus ojos volvían hacia la casa.
El rostro aburrido de Hermione se mantenía así mientras su mirada estaba fija en el paisaje nulo que cruzaban en coche, ahí no había nada más que escombros sobre la tierra seca, la joven sacó la cabeza por la ventana y sintió el viento fresco, menos mal, había pensado la muchacha mientras regresaba su atención hacia el libro que tenía entre las piernas, el auto se detuvo y la castaña no pudo evitar levantar la cabeza.
La casa en sí, era preciosa, quitándose claro, quinientos años de antigüedad, Hermione pensó en un hechizo para repararla, pero la mirada que le envió su madre le indicó que sabía lo que estaba pensando y no estaba de acuerdo con ello.
- Traje ropa vieja para sacudir, escobas y un montón de bolsas para los escombros, Hermione, quita esa cara por Dios ¡Te encantará la casa una vez limpia! Lo prometo.
- Mamá… yo te prometo que estas serán las peores vacaciones de nuestras vidas… además ¡No hay nada alrededor, no hay otras personas con las que convivir, ni bibliotecas ni nada!
- Hermione, no necesitas una biblioteca, ya la traes contigo en tus maletas además vinimos a pasar quince días nosotras solas ¿Cuántas veces no me reclamaste por que no pasábamos tiempo juntas? Además, esta casa siempre ha sido mi sueño, cuando era niña venía mucho aquí con la abuela… cuando la tía la vendió no pude perdonárselo nunca… ahora vamos a ver la casa, elegirás tu habitación y nos pondremos a manos a la obra…
- Si mamá, por supuesto…- contestó la muchacha mientras abría la puerta y se bajaba.
Hermione se estremeció de repente, Jean ya estaba en la entrada de la vieja casa, hasta donde ella estaba pudo escuchar el crujir de la madera vieja, la muchacha dio un paso al frente y una vez más esa sacudida meció su cuerpo internamente, la bruja de rizado cabello levantó la mirada, entrecerró los ojos para concentrarse mejor.
- Me estoy volviendo loca…- se dijo, pues la joven había creído ver algo moviéndose tras una de las ventanas.
Hermione siguió a su madre hasta el interior de la casa, no había ningún tipo de corredor, simplemente al abrir la vieja puerta Hermione y Jean se habían encontrado justamente frente a los escalones a su izquierda estaba el comedor y a la derecha la sala, la casa se veía pequeña por fuera, pero por dentro era realmente espaciosa.
- Vaya… Es más vieja de lo que la bisabuela me había contado…- comentó la mujer mayor, Hermione comenzó abrir las puertas y ventanas, permitiendo a la luz exterior entrara a esfumar las sombras, ese lugar realmente necesitaba que el viento soplara y soplara, el olor a viejo estaba matándola.
- Mamá… dijiste que solo era llegar y ponernos cómoda ¡No que encontraríamos todo envuelto en capas de polvo! – exclamó la castaña, la cual se había girado para encarar a su madre, Hermione entrecerró los ojos cuando la Luz golpeó su cara.
- Hermione, Merlín bendito… ¿quieres dejar de quejarte? – pidió la mujer ya exasperada por lo caprichosa que llegaba a ser su hija de vez en cuando.
- Ah, creí que estas vacaciones sin Harry y Ron serían entretenidas… pero ¡No! A Jean Granger se le ha ocurrido la genial idea de traer a su hija hasta el fin del mundo…- Hermione se interrumpió así misma cuando sintió una brisa helada rodear su cuerpo, se movió un poco y dirigió su atención hacia la puerta que estaba en un rincón de la sala.
- ¡Hermione Jean Granger… escoge una habitación por qué el resto de la mañana y tarde estaremos limpiando este lugar…! - las palabras de Jean se escucharon como un eco, Hermione pensó que ya estaría en la cocina iniciando con la limpieza.
- Esto será realmente horrible…- se decía la muchacha mientras comenzaba a subir los viejos escalones lentamente, a cada paso que daba la oscuridad se volvía más densa, la joven bruja se preguntó si realmente habría electricidad.
- ¡Mamá, este sitio está demasiado oscuro! - gritó Hermione tras detenerse a mitad de los escalones.
- ¡Lo siento cariño, esta casa no está adaptada con electricidad! Tendrás que bajar por las linternas!
- Genial, simplemente… genial…- susurró la muchacha mientras sacaba su varita mágica. – Bien Hermione, usar magia en el mundo Muggle es incorrecto, pero lo necesitas ya que tu madre te ha traído a un lugar incivilizado en contra de tu voluntad… así que usar magia es correcto en caso de emergencia, Lumus…- tras su corto discurso de cómo auto mentirse en situaciones extremas para hacer de su vida más fácil, Hermione continuó con su recorrido.
Había dos habitaciones al lado izquierdo del corredor y otras dos al lado derecho, más la que estaba al fondo del pasillo, Hermione abrió la primera del lado diestro y se asomó, la habitación era pequeña pero lo suficientemente grande, había dos camas cubiertas por sábanas blancas, la castaña supuso que lo que había en medio de ambas era una mesita de noche, la joven siguió con su camino.
La siguiente habitación, al lado izquierdo era una especie de biblioteca o algo así, la joven sonrío mientras entraba a esta, no era demasiado grande pero era suficiente, la joven levantó aún más la varita mientras veía los estantes altos llenos de viejos libros llenos de polvo, la castaña se acercó a uno de ellos y pasó la mano, se preguntó que tanto tiempo había pasado para que una habitación cerrada de puerta y ventana se llenara tanto de polvo, la joven se giró y encontró un pequeño escritorio, había en ella una lámpara de aceite lo bastante oxidado, Hermione se sujetó al respaldo de la vieja silla, esta chilló en el momento en que los dedos de la bruja hicieron presión sobre esta, Hermione suspiró, intentando controlarse, otra cosa más que debía sacar de ahí.
Crush…
Hermione se tensó en el momento en que escuchó la madera crujir, lentamente se giró, relajó sus músculos cuando no vio nada.
- Maldita sea, solo falta que…
PAFF
- ¡Merlín! – exclamó Hermione tras presenciar como la puerta se cerraba de un golpe, la muchacha dio un paso atrás hasta chocar con la orilla de la mesa, esta hizo ruido.
Hermione cerró los ojos y contó hasta diez, tenía que calmarse ya se había puesto demasiado nerviosa, definitivamente esa casa iba a volverla loca.
Jean levantó la mirada hacia el techo, podía escuchar los pasos de Hermione, pero algo andaba extraño, la mujer dejó de limpiar la mesa y fijó la mirada en la techumbre, había escuchado ruidos de pasos provenir de la planta de arriba, pero debió haber escuchado mal, pues aparentemente si no supiera que solo Hermione estaba arriba, habría creído que había alguien más en la casa.
Hermione abrió la última puerta, aquella que estaba al final del corredor, pero al girar la perilla se topó con que esta estaba cerrada bajo llave.
- Alohomora…- susurró la muchacha, inmediatamente el seguro de la puerta desapareció, la puerta que alguna vez había sido blanca, comenzó abrirse lentamente, Hermione dio un paso al frente y entró en la habitación.
Definitivamente aquella recamara había pertenecido a una mujer, las cortinas polvorientas aún se veían rosadas, ni que decir de las paredes tapizadas de flores color pastel, Hermione levantó la ceja bastante disgustada con el diseño, pero al fijar su atención a la cama sonrío, se veía bastante cómoda.
- Bien Hermione, por lo menos has encontrado tu recamara…- se dijo mientras abría las cortinas y la ventana de madera, fue precisamente en ese momento en que se dio cuenta que había sido exactamente en esa ventana donde había creído ver algo.
Un suave viento helado erizó su piel cuando un extraño ruido de fuera le hizo volverse rápidamente, Hermione, con sus ojos abiertos de par en par, se quedó quieta con la mirada hacia la puerta, había visto una sombra cruzar de lado a lado.
- Mamá, te juro que si es otra de tus bromas de mal gusto, me largo de aquí… Sal de donde quiera que estés…- dijo la bruja fuertemente mientras daba un paso al frente.
Se dirigió hacia la salida, atenta a cualquier cosa que pasara a su lado, y con varita en alto, Hermione Granger puso un pie fuera de aquella habitación, el soplo de aire que se coló por la ventana abierta causó que Hermione diera un brinco y se girara hacia esta.
- ¿Mamá? – preguntó nerviosa la muchacha, Hermione vio las largas cortinas rosadas meciéndose de atrás hacia adelante.
La respiración era agitada y la joven bruja comenzaba a sentir el cuerpo sudoroso; detenidamente Hermione fijó su mirada en aquellas cortinas, la luz le golpeaba de frente, ocasionando que la habitación se viera aún más oscura a excepción de la línea de luz que llegaba como un camino hasta Hermione.
Y pasó, fueron escasos segundos que Hermione no pudo pasar por desapercibido, sus ojos se abrieron perplejos al notar la figura de una muchacha tras las cortinas, Hermione sintió como su pecho se inflaba, sus pulmones se encogieron y de repente el aire dejó de llegarles a ellos.
- Oh, Mierda…- masculló mientras se giraba rápidamente y corría por el pasillo hasta bajar a grandes zancadas por las escaleras, al girar hacia la derecha para ir hacia la cocina, se estrelló contra su madre.
- ¡Hermione, Dios mío! ¿Qué son esas carreras, cariño? – la mujer se puso de pie mientras la castaña se quedaba en el suelo, mirándola con asombro.
- Pensé que… estarías…arriba…- logró decir, Jean sonrío dulcemente.
- Me dejaste limpiando sola la cocina, anda, ve al coche y trae las cubetas, la escoba y el trapeador… - tras decir aquello, Jean se dirigió hacia la planta de arriba.
- ¡Mamá! – llamó Hermione mientras se ponía de pie rápidamente.
- ¿Si linda? – contestó la mujer.
- Ten cuidado, está muy… oscuro ahí…- le dijo, Jean sonrío y tras asentir con un movimiento de cabeza, se dio la vuelta y subió, Hermione tragó en seco.
¿Por qué no se lo había dicho, entonces? No lo supo con exactitud pero mientras abría la cajuela del auto de su madre, Hermione no pudo evitar levantar la mirada hacia aquella ventana.
Cosas muy raras estaban a punto de pasar, eso fue lo que Hermione había sospechado en el momento en que entró a esa vieja casa; era muy vieja, debía ser por ello, Hermione no era del todo escéptica con los asuntos sobrenaturales, sobre todo porque era una Bruja que para su corta edad, ya había visto demasiado, pero esa vez, por ese momento, la joven quiso pensar que lo que vio fue a causa de sus nervios por estar en una casa vieja.
Jean abrió la puerta de la recamara que había elegido para ella, no era como la suya, pero era agradable y acogedora, la mujer se acercó a la ventana que era pequeña pero fácilmente cabía por ahí, se subió a la cama que estaba a lado de esta y comenzó a quitar la cortina, al bajarse un fuerte ruido le hizo sacudirse, al girarse vio uno de los cajones del tocaron en el suelo, los ojos marrones oscuros de Jean se dirigieron hacia la puerta.
- Hermione, si estas intentando asustarme para que regresemos a la ciudad, déjame decirte señorita que no lo estás haciendo muy bien…- la mujer se acercó hasta donde estaba el cajón, se inclinó y lo levantó para colocarlo en su lugar, pero algo más en el suelo había llamado su atención, la mujer se agachó y lo tomó entre sus manos.
- ¿Pero qué es esto? – preguntó la mujer mientras veía el papel.- veintiocho de Marzo de mil noventa y seis…- Jean leyó la fecha, giró el papel entre sus manos y descubrió que aquello era una vieja fotografía, estaba borrosa a blanco y negro, la mujer sonrío al sentir que alguien se detenía a lado de la puerta, levantó la fotografía y…
- Ey, Hermione, mira lo que eh…- pero la mujer se detuvo al notar que estaba completamente sola, salió rápidamente de la recamara y buscó por ambos lados a su hija, estaba segurísima que había visto a Hermione de reojo.- debió ser mi imaginación.- intentó convencerse la mujer.
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Veintiocho de Marzo, y los recuerdos vienen a mi como agua fría sobre mi cuerpo, mientras veía a Jean tomar la vieja fotografía entre sus manos, me percaté que mis deseos más profundos necesitaban ser cumplidos, tal vez ella y Hermione… tal vez podría encontrar la paz verdadera si me ayudaran.
Realmente me sorprendí cuando vi a Hermione utilizar su varita mágica ¿Era una Bruja entonces? No pude evitarlo acercarme a ella, durante los cientos de años que llevo encerrada dentro del territorio Granger, jamás había visto a otra Bruja además de mi madre y yo, no después de esa generación, tal vez eso significaba algo.
De nuevo volví a sonreír.
Ahora las imágenes son claras, mientras miro a Jean estudiar la fotografía, sonrío al darme cuenta que se ha percatado de algo, la imagen no es otra más que una vieja fotografía mágica, donde Padre y Madre se están observando mientras Ian intenta molestar a Lisandro, me detengo cuando veo mi propia figura a lado de mi madre.
Los extraño, Papá, mamá, chicos…
Fue una mañana del décimo día del mes de marzo, cuando alguien llamó a la puerta, había sido Ian quien había abierto la puerta, ahora puedo decir que mi hermano se veía realmente reluciente.
- ¡Ey, Familia, miren quien nos ha visitado! – gritó Ian mientras abría aún más la puerta, los demás, quienes habíamos estado en el comedor, Madre se puso de pie seguida de Padre, Lisandro por otro lado levantó sus espesas cejas oscuras al ver a Henry Greyback entrar a casa, el hombre era demasiado alto para ser verdad.
- ¡Henry! – gritó mi madre con alegría mientras envolvía al enorme muchacho con sus brazos y este respondía el gesto.
- Señora Granger, Ian… ¡Ey, Lisandro que gusto verte de nuevo!
- Ajam…- respondió mi hermano mayor tras meterse la cuchara a la boca, no le gustaban mucho las visitas pero Henry era la excepción, al menos no torcía los labios y hacía el papel de majadero.
- Henry, que gusto verte de nuevo…- le saludé mientras me acercaba.
Henry Greyback era un hombre joven de veinticinco años, muchos no lo sabían, pero la Familia de Henry eran en su mayoría Hombres Lobo, una familia mágica además, adinerados y con un poder en el Circulo de Magos con suma importancia.
- ¡Ah, pero si es la pequeña Jean Mary! ¡Ven acá niña! – gritó mientras me levantaba en brazos y girábamos juntos, yo solo solía reírme ante el gesto de Henry, él era muy fuerte pero cuando me levantaba en brazos, parecía que sus fuerzas se evaporaban, una vez me dijo que temía romperme, yo solo respondí que eso era imposible.
- Vamos Henry ¿Qué te trae por aquí tan temprano? – preguntó mi padre después de un apretón de manos con Henry, Lisandro ya estaba a mi lado, cubriéndome los hombros con su brazo, no voy a negar que Lisandro e Ian eran celosos respecto a mi persona.
- Bueno señor Granger, mi padre envía esto… es una invitación para celebrar la llegada de la Primavera… - anunció Henry con una sonrisa en los labios.
- Oh, Henry, es maravilloso, muchas Gracias cariño ¿Y cómo están tus padres y hermanos? – preguntó mamá, todos estábamos alrededor de Henry cuando madre lo tomó del brazo y lo guío a la sala.
- Están todos bien, Elizabeth está bastante nerviosa con los preparativos…
- ¿Quiénes han sido invitados, Henry? – preguntó de repente Lisandro con un gesto bastante serio, él tenía entre sus manos el sobre, Henry sonrío.
- Bueno, ya saben que las fiestas de mi padre son un… poco excéntricas pero siempre invita a sus amigos…
- De la alta sociedad… - interrumpió Ian con una sonrisa en los labios.
- Ian… deja de hacer sentir incomodo a Henry.- pidió mamá.
- Oh, vamos Ian… no es exactamente como si ustedes no tuvieran nada… Si no los conociera demasiado bien no pudiera creer que ustedes son inmensamente ricos… aún sigo sin entender por qué les gusta vivir tan humildemente…
- Algún día te lo explicaré cariño… entonces dinos ¿Qué familias irán a la fiesta de tu madre? – preguntó Madre con una dulce sonrisa, la miré por unos segundos y finalmente la imité.
- Si, Henry… ¿Quiénes irán? Espero que los Weasley, tengo un tiempo que no veo a Billius y a Frederick… ¿Ya confirmaron los Nott o los Longbottom…? – estaba ansiosa, debo admitir, pero aquella fiesta era lo que había estado esperando, los Greyback llevaban toda la vida organizando aquella reunión incluso antes del nacimiento de Henry.
- Claro, hoy llegaron unas cuantas cartas, los Nott vendrán, tenlo por seguro, incluso los Malfoy están invitados este año…
- Espera, espera… ¿Los Malfoy irán a la fiesta de tu padre? ¡JA! Esa familia de arrogantes, no puedo creerlo…
- ¡Lisandro por Merlín! – exclamó ni madre.
- Lo siento madre, pero esos hurones son solo apariencia, si realmente fueran lo que la gente dice… ya se hubieran pasado por aquí a saludar ¿No crees?
- Vamos Lisandro, ya sabemos que los Malfoy viven de apariencias…nuestra casa no es lujosa, vivimos rodeados de trigo en lugar de flores y árboles…no tenemos un jardín normal… trabajamos nuestras propias tierras, usamos ropas de trabajadores y extrañamente usamos trajes de sastre…lo que nos deja fuera de su círculo social.
- Eso no significa nada… ahora Henry, dile a tus padres que pueden contar con nuestra presencia…- finalmente aceptó Padre.
- ¡Perfecto señor Granger, eso significa que veremos a la pequeña Jean Mary transformada en mujer! – Gritó Henry mientras se ponía de pie mientras mi familia se reía.
Su risa, esa risa que llenaba mi corazón de felicidad, esa risa que hoy en día solo es un eco de un tiempo perdido, uno que jamás volverá.
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No podía dejar de pensar en lo que había visto esa tarde, iba admitirlo, aún tenía miedo de subir a esa recamara pero por algún motivo, había algo en todo ese misterio que le exigía darle un seguimiento, Hermione no era un Auror, pero sí que estaba acostumbrada a actuar como tal, sonrío al recordar esos tiempo en que Ron, Harry y ella misma se saltaban los toques de queda y se lanzaban a nuevas aventuras.
Jean levantó la mirada del plato, ambas Granger habían estado intentando cenar a la luz de las veladoras, la mujer había encontrado unas cuantas lámparas de aceite que había verificado que seguían funcionando, para su suerte así era.
- Hermione…- llamó la mujer mientras se lamía los labios, la castaña levantó la mirada hacia su madre.
- Ajam….- respondió con un sonido pues tenía la boca llena de comida.
- No has… notado ¿algo raro en la casa? – preguntó la mujer, Hermione dejó el tenedor sobre el plato, inmediatamente.
- ¿Además de que está a punto de derrumbarse por qué es más vieja que tú y yo juntas? Si… que creo que hay ratas corriendo entre el suelo de madera… por qué hace demasiado ruido…- explicó la muchacha.
- Hermione, estoy al tanto que no estás contenta con esto, pero estoy hablando en serio, esta tarde yo… vi algo y pensé que eras tú pero…
- Yo vi a una mujer tras la cortina de mi habitación mamá…
Ambas quedaron en silencio cuando la ex leona soltó aquellas palabras.
- Hermione ¿No creerás que…?
- ¿Qué hay fantasmas? Ay mamá, estás hablando con una Bruja que tuvo como profesor un hombre lobo, se enfrentó a un par de gigantes… vio pegasos surcando el cielo… ¡Por supuesto que creo en fantasmas! – exclamó la joven mientras le daba un sorbo al jugo de naranja, Jean soltó un suspiro.
- Lo siento hija, pero me parece increíble que… - pero la señora Granger se había visto abruptamente interrumpida por unos golpes provenientes de la planta superior.
Jean y Hermione se pusieron de pie de un solo brinco, la silla de Hermione había caído estrepitosamente por el brusco movimiento, tras el ruido que provenía de la planta superior, Jean había tomado una de las lámparas de gas y salió de la cocina, ambas, madre e hija se dirigieron hacia las escaleras.
- ¿No pensarás en subir, verdad mamá? – preguntó Hermione quien estaba a su lado, Jean le miró de reojo.
- Eso no fue una rata Hermione, bien puede ser un intruso…- explicó la mujer bastante preocupada, fue en eso que Hermione sacó su varita y apuntó hacia arriba.
Hermione observó la veladora que estaba justo sobre el pommel de madera plana de la escalera, la flama se mecía de un lado a otro, con movimientos suaves y de repente violentos, la joven tragó en seco y apretujó la varita, ella no sentía nada de viento.
Jean comenzó a subir las escaleras una por una, tranquilamente con la lámpara con mano extendida al frente, los oscuros ojos de Jean reflejaban la brillante flama que se mecía de un lado a otro, Hermione iba justamente tras ella.
Ninguna de las dos se percató de la sombra que cruzó de la cocina hacia la sala, las mujeres continuaron subiendo hacia la segunda planta.
Conforme iban avanzando, Hermione y Jean sentían cada vez más pesada las sombras, el susurro del viento ululando por el corredor oscuro apenas iluminado por la varita de Hermione y la lámpara de Jean.
- Madre, deberías ir aceptando que fue una mala idea venir aquí, ahora.- comentó la castaña, Jean no dijo nada, solo siguió avanzando, la mujer abrió la primera puerta y verificó que nadie estuviera ahí, aparentemente la pequeña biblioteca estaba completamente a solas, Hermione dio un paso al frente cuando se detuvo. La puerta de su habitación se abrió lentamente. El chirrido de la vieja perilla hizo eco.
Jean se volvió hacia esta con evidente miedo en su mirada.
- ¿La vez mamá…? – Hermione intentó por todos los medios mantenerse en calma, pero no pudo, su voz se escuchó tan agudo que creyó incluso que había sido Luna la que había hablado.
Jean no dijo nada, se quedó simplemente con la boca abierta mientras veía la escena que tenía en frente.
Los rayos de la Luna entraban por la ventana que Hermione había dejado abierta, luz que iluminaba una oscura figura, Hermione dio un paso al frente con su varita en mano, agarrando valor de Merlín sabría dónde.
- Mamá… ¿Puedes mirarla? - preguntó nuevamente la castaña.
- Baja la varita Hermione, no nos hará nada…- fue la respuesta de la mujer, Hermione se volvió hacia su madre.
- Esta es su casa Hermione… ha estado aquí desde hace mucho tiempo…- continuó diciendo Jean mientras miraba a su hija.
- ¿Tú como lo sabes, madre?
- Esta tarde encontré una fotografía, tenía fecha, fue del veintiocho de marzo de 1096 Hermione… y ella aparecía en esa imagen.- explicó la mujer.
- Oh, Dios mío… eso es de hace como… ¿Novecientos años? – respondió una perpleja Hermione, Jean asintió con un movimiento de cabeza, ambas mujeres se giraron hacia donde había estado la silueta de la extraña mujer de la fotografía, pero cuál fue su sorpresa al no encontrarse absolutamente nada.
Hermione sintió el frío del viento rodear su cuerpo, la castaña y su madre se sobresaltaron cuando la puerta de la recamara de la ex leona había sido cerrada de un golpe.
- ¡Maldita sea! – gritó Jean llevándose la mano libre al pecho.
- Creo que deberíamos bajar e ir al auto madre y buscar un maldito hotel, lo siento pero creo que deberíamos ir hasta Wiltshire y olvidarnos de tus fabulosas vacaciones…- comentó la castaña mientras no apartaba la mirada de la puerta blanca.
- Vamos Hermione… solo son ruidos y sombras y…
- ¡Mamá! – exclamó Hermione realmente sorprendida por las palabras de la mujer.
Ambas, tanto madre como hija, se giraron hacia la dirección de las escaleras, Hermione estaba dispuesta a llevarse a su madre a rastras si era necesario, pero no se iba a exponer a un maldito paro cardiaco por culpa de un fantasma con el cual su madre posiblemente tendría pensado hacer migas. ¡NO! Ellas se iban ahora mismo.
Pero el destino quería otra cosa de ellas, por qué la sangre siempre llama a la sangre, Hermione y Jean pronto lo sabrían, todo sucedió lentamente mientras ambas mujeres se giraban, Jean con la lámpara en alto…
El tiempo se detuvo y sus corazones comenzaron a bombear sangre más rápido de lo normal.
Sombras y luz, mescladas en una lucha que ninguna estaba dispuesta a perder, Hermione abrió los ojos de par en par al ver el rostro de la mujer a escasos centímetros del de ella y su madre, aquella mujer, fuera quien fuera, compartía un parecido endemoniado con Hermione, a excepción de sus lizos cabellos que por las sombras se veía demasiado oscuro, Jean sentía su cuerpo paralizado y su mente se había revelado, nada en ella parecía querer obedecerle cuando sus pensamientos gritaban que corriera y salieran de aquel tenebroso lugar.
- Me siento tan…sola…- Se escuchó el metálico susurro que provenía de la nada y del todo al mismo tiempo, las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Hermione, cuando vio a la joven mujer frente a ella.
FZZZZUUUU
Lo último que Hermione y Jean vieron claramente, fue a aquel espectro soplar la lámpara, la oscuridad se hizo de un segundo a otro y el silencio parecía haber reinado a su alrededor, Hermione y Jean buscaron sus manos rápidamente sin ser conscientes de ello, al menos no del todo.
Hermione no podía ver absolutamente nada, con su respiración agitada y con el corazón latiéndole a mil por hora, la bruja no podía pensar en algo coherente, aquello era demasiado aterrador, intentó contar hasta diez para poder tranquilizarse, pero una agitada respiración justo al lado de su oído comenzó a hacerla sudar.
- Her…Hermione…- llamó Jean mientras se giraba hacia su hija.
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No quería asustarlas y en cambio era exactamente lo que estaba haciendo, miré sus rostros pálidos por mi presencia, no supe si lo hice por aburrimiento o por algo más, pero me era muy grato saber que la pequeña Hermione era una Bruja y que a pesar de ello, me temía.
Vi su rostro lleno de sorpresa cuando nuestros similares ojos se fijaron uno sobre el otro, y recordé que así debía haberme visto cuando lo vi por primera vez.
Fue precisamente ese veintiocho de marzo cuando conocí a Dominic y al resto del clan Malfoy, la familia que me condenó eternamente a la desgracia y el dolor.
- Te vez preciosa…- Estaba mirándome al espejo cuando la voz de mi madre me despertó de mi sueño, le miré, a Lenna Granger muy raramente se le había visto vestida tan elegantemente, sobre todo por qué la familia acostumbraba a trabajar sus propias tierras, no era que no me gustaran los lujos, pero lo único que me fascinaba de tener tanto dinero, era la colección de vinos mágicos y muggle de mi Padre, ni que decir de las peinetas de madre, Ian por otro lado se dedicaba en su tiempo libre a la construcción de maquetas, actualmente tenía como su proyecto personal la construcción de Londres Mágico, era de verdad un trabajo espectacular, yo le ayudaba de vez en vez, cuando Lisandro no estaba riñéndome por no ayudarle a mamá con la casa.
- ¡El carruaje ya llegó, Lenna, Jean, bajen ahora mismo! – la voz de padre se escuchaba desesperada, bastante gracioso para un hombre que era muy paciente.
- Vamos cariño, tus hermanos y tú Padre ya están listos y un poco desesperados, en especial Ian…
- Ian siempre está desesperado mamá.- le contesté mientras salíamos juntas de la habitación.
Madre llevaba esa noche un vestido color violeta claro, de mangas anchas y cortas, con su esponjoso cabello lacio recogido en un moño alto, enlazado con un listón del mismo color, observé a mi madre mientras bajábamos las escaleras, mi madre era una mujer muy hermosa a pesar de sus cuarenta años, pero más bello fue su espíritu.
Recuerdo vagamente los terrenos Greyback, solo sé que la mansión se encontraba justo en medio de un claro, barreras mágicas se levantaban invisiblemente a su alrededor, protegiendo a la familia Alfa reinante, Henry se encontraba justo a fuera de la enorme puerta, con su elegante traje oscuro, sonreía cuando vio nuestro carruaje detenerse justo en frente.
Padre fue el primero en bajar, seguido por Leandro e Ian, Madre sonrío dulcemente cuando Padre la tomó de la mano y la besó mientras le ayudaba a bajar, cuando una vez todos estuvimos bajo el carro tirado por corceles, nunca viajábamos en pegasos, pues las alturas le provocaban vértigo a madre; entramos todos juntos a la enorme mansión, pero antes de eso, un gravado en alto relieve llamó mi atención, era el escudo de la familia Greyback, dos lobos dándose la espalda formando un escudo con sus lomos y sus patas frontales mientras dos enormes espadas se cruzaban en medio de estos, lo más impresionante era el árbol que se levantaba tras ellos, entrecerré los ojos, si mal no recordaba, ese árbol ya lo había visto antes…
Si, justo cuando había sido asesinada.
Seguimos el camino de los pilares, las luces destellaban con gracia desde los candelabros de cristal, cuales flotaban graciosamente sobre nuestras cabezas, la música retumbaba suavemente por toda la mansión, fue cuando llegamos al gran salón, el baile había comenzado minutos antes, Henry e Ian charlaban animadamente cuando mi mente se perdió por completo.
Entre la gente se encontraba, no sabía si era un hombre o un ángel, nuestras miradas se encontraron una vez hubiera yo dado un paso hacia el gran salón, no sabría cómo llamarle a pesar de los años que han pasado, pero desde ese momento, mi mente no dejó de darle vueltas a aquel hermoso muchacho de rubios cabellos.
Sus ojos, desde la lejanía, justo más allá de los danzantes que giraban por la pista, quienes iban y venían como manecillas de reloj, pude apreciarlos, él me miraba fijamente, algo en sus grises ojos me parecieron sentir cierta familiaridad de su parte.
- Los Malfoy…- me estremecí cuando la voz de Henry interrumpió mi admiración por aquel hombre.
- ¿Disculpa? – pregunté intentando fingir inocencia.
- Jean, primeramente déjame decirte que esta noche, te vez hermosa…- yo sonreí al escuchar esas palabras.
- Oh, muchísimas Gracias mi apreciable caballero…- respondí yo mientras Henry me ofrecía su brazo, yo enganché mis manos entre sus musculoso brazo.
- Te decía mi querida dama, el grupo de rubios que están al otro lado de la pista es la Famosa Familia Malfoy, por supuesto, son una Familia de linaje puro de Magos y Brujas, el Patriarca Lord Malfoy es amigo de Mi padre, hacen negocios juntos hasta hace poco, no conozco muy bien a sus hijos…- decía mientras caminábamos por las orillas de la pista, alguna que otra muchacha se nos quedaban mirando, unas con amor hacia Henry y otras tantas con envidia, hacia mí por supuesto, Henry era un hombre muy apuesto, era elegante, estudioso, todo un caballero, pero sobre todo, era rico, y el glamour que poseía por ser un Lycann ayudaba demasiado.
A Henry jamás se le dificultó conseguir una mujer.
- ¿Y los Nott, han llegado ya, Henry? – pregunté mientras mi bello acompañante se detenía, se giró para mirarme y con una enorme sonrisa me respondió.
- Castor y Pólux ya se encuentran en la mansión disfrutando de los manjares, Jane… y el señor Nott por supuesto que debe andar por ahí intentando pescar algún proyecto.
- Oh, vaya ¡Mira, ahí está Castor…! – exclamé mientras me soltaba bruscamente del brazo de Henry, Castor y Pólux eran los famosos Gemelos Nott, los bribones sin vergüenzas que recorrían cada falda que se moviera en el mundo mágico, amaba a mis amigos, pero esa manía suya de perseguir a las vírgenes Brujas de nuestro mundo, era un defecto que aún no terminaba por asimilar, aunque ellos le llamaban cualidad, yo simplemente seguía negándoselo.
El cabello oscuro de Castor se mecía de un lado a otro mientras sonreía, me preguntaba cuántas veces le había oído decir a su padre que se cortara esa melena larga que rozaba sus hombros anchos, a su lado se encontraba Pólux, con su bello rostro cincelado de belleza sumergido en sus propios pensamientos fijos en los aperitivos en exhibición.
Sonreía mientras veía las espaldas de mis compinches de travesuras cuando niños, todo sucedió tan de repente; Debo presumir que a pesar de mi vida en el campo, mi destreza bajo la cubierta de los largos y pesados vestidos y la dureza cruel del corsé, mis movimientos poseían un toque de gracia y delicadeza, pero al intentar acercarme a los Hermanos Nott, un destello plateado llamó mi atención y de la nada las faldillas de mi vestido se entrometieron entre mis pies, inevitablemente me tropecé; El miedo se había apoderado de mí y la adrenalina comenzó a correr rápidamente por mis venas, cuando me v, una vez más sorprendida por lo sucedido, un par de brazos largos y fuertes me habían sujetado firmemente, levanté mi mirada.
El destino es cruel, una criatura que goza de burlarse de los pobres mortales, y hoy me doy cuenta de cuan vil puede llegar a ser, beneficiando a unos y perjudicando a otros no importando la edad y el sexo, junto al amor y la muerte, el Destino no sabe discriminar entre hombres y Mujeres.
Mi respiración pareció acelerarse mientras nuestros ojos se cruzaban, Fue cuando pensé en fuego y agua, dos elementos completamente distintos, contradictorios, pero incapaz de verse involucrados sin el otro.
- ¿Se encuentra bien, señorita?
Su voz, Oh ese bello cantico masculino retumbó dentro de mis oídos, llegando hasta lo más profundo de mi corazón, abrí y cerré mis labios un par de veces hasta que mi voz finalmente se escuchó.
- Yo… Si, Gracias… lo siento…- Respondí torpemente mientras él me ayudaba a enderezarme, sujetándome por los hombros y la espalda.
No podía apartar mi mirada de él, no iba mentir ni a engañarme a mí misma, la Belleza de los Hermanos Nott solo eran una sombra comparada con aquel hombre, quien con su cabello medio largo y rubio aparentaba ser el Dios Apolo en su máximo esplendor, sabía que estaba sonrojándome así que me escuché mirando hacia otro lado, al levantar mi irada me percaté que Castor y Pólux nos observaban, mientras el menor de los gemelos, Pólux sonreía burlescamente, Castor simplemente miraba exactamente hacia el joven que me había ayudado, sus azules ojos parecían dagas, una profundidad aterradora había ensombrecido aquel par de zafiros hermosos.
- Bueno yo… debo... irme…- logré decir nerviosamente mientras daba un paso al frente, fue en ese momento cuando me percaté que él aún me sujetaba entre sus brazos, me giré hacia él con sorpresa en mi rostro, él sonreía cálidamente mientras me miraba, sus ojos, pensé, ese líquido color mercurio danzando brillantemente dentro de ellos.
- Por lo menos, permítame saber su nombre, Mi Lady… Soy Dominic Malfoy, a sus órdenes.- Y el tiempo pareció detenerse solamente para burlarnos de nosotros, de la Historia que vivimos juntos desde el momento en que respondí.
- Jane… Jane Mary Granger…- dije en un susurro, mientras me mordía el labio inferior mientras le miraba.
- Un verdadero placer, mi querida Jane Mary…- Me dijo mientras tomaba mi mano entre las suyas y depositaba un suave beso sobre mi mano envuelta en un guante blanco.
Después de eso solo recuerdo las risas de Pólux resonando a mi lado y la celosa mirada de Castor taladrándome el rostro. Y él fue un ángel, uno tan hermoso y deslumbrante que con su luz encandiló mi mirada y mi corazón, cuyo brillo me cegó por completo y me impidió ver lo que realmente era, Dominic Malfoy era un Demonio, cómo aquel mismo que cayó del cielo, que con su hermosura engañó a tantos, un hombre hábil para engatusar a sus víctimas y tonta fui yo por caer en esas redes del amor en las que me envolvió con sus dulces palabras. Un amor que me llevó a la muerte.
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Hermione escuchó a su madre gritar mientras ella se golpeaba contra el suelo, sintió una frialdad enorme envolver sus pantorrillas y un rápido jaloneo que la llevó directamente al suelo, Hermione soltó un gemido de dolor mientras buscaba a su madre con la mirada, la mujer se arrodillo a su lado cuando Hermione se quedó perpleja cuando comenzaron a arrastrarla por el pasillo.
- ¡Hermione! – gritó Jean Granger mientras salía corriendo hacia su hija, el cuerpo de la castaña fue arrastrado hasta adentrarse hacia la recamara del fondo, la puerta blanca se cerró de un golpe justo cuando Jean intentaba ir tras su hija, Hermione intentó ponerse de pie pero le fue imposible, una misteriosa fuerza le aprisionaba contra el suelo.
Y de un fuerte movimiento que provocó a Hermione un profundo dolor en la espalda, la joven bruja se vio girada en el aire, hasta quedar boca arriba y eso le hacía sentir mareada por los bruscos movimientos a los que había sido sometida; Hermione intentó encontrar algún medio para salir de ahí, pensó en algún tipo de hechizo que ahuyentara al espíritu que la perseguía a ella y a su madre, pero lo único que encontró fue una sombra sobre ella, n podía verle el rostro claramente, pero sabía que era una mujer, una mujer de rizados cabellos que serpenteaban alrededor de su cabeza.
- ¿Quién…Quien eres, que quieres de nosotras? – preguntó Hermione ya en estado de desesperación, las frías lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas cuando el espectro se acercó a su rostro.
- Quiero que encuentras a alguien… Alguien que me arrebató lo más preciado que tenía…- le susurró al oído, Hermione miró de reojo el rostro ensombrecido de aquella mujer.
- ¿A…a quien, que te robaron? – preguntó Hermione con voz temblorosa.
- A mi asesino…- contestó la extraña dama, fue cuando la leona lo vio, esos ojos marrones.
CONTINUARA...
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LOREMMAC Gracias Linda, hago lo posible por escribir historias que les vayan a gustar, un Saludos y nos leemos la próxima semana :*
