No tenía planeado hacer una segunda parte de esto y ahora, henos aquí, preparando uno o dos capítulos más. Cuando la inspiración llega...
Disclaimer: Teen Titans no me pertenece, es propiedad de DC.
Disfruten. :v
No Te Vayas, Grayson.
Raven yacía recostada sobre su cama con las rodillas a la altura del pecho. Miraba algún punto perdido en la oscura habitación, quizá al estante de libros o a alguna antigüedad suya. No podía conciliar el sueño. Algo no iba bien con Robin. Lo sentía abrumado e intranquilo. Las razones, que para ella eran desconocidas, causaban al joven líder una frustración sofocante que jalaba consigo a Raven.
Se levantó sin prisa, incluso con un poco de pereza y se acercó a su ventana. Afuera el cielo estaba teñido de estrellas, era una noche despejada. Desde su habitación podía observar el encuentro de la costa y el mar. El agua reflejaba las luces artificiales de la ciudad. Dejó salir un suspiro. Sus esperanzas de dormir un poco después de la pelea con Mumbo Jumbo se habían drenado por completo.
-Creo que no hay otra opción.- Dijo al aire en un susurro.
Caminó hacia la puerta, las sombras abrazando su cuerpo entre más se alejaba de la ventana. El desliz del metal al abrirle paso al pasillo le pareció muy ruidoso. Había olvidado su capa sobre la cama y podía sentir el frío del lugar acariciando sus piernas. Tampoco traía zapatos. Aquel lugar era tan familiar para los titanes… era su hogar. Eran familia.
Se detuvo ante la habitación de Robin. Antes de poder tocar, la puerta se abrió. Ahí estaba él. Entallado en unos jeans oscuros, converse viejos y una sudadera negra. Su cabello lucía despeinado, algunos mechones azabaches sobre su frente. Y mar. Como el que podía observar por su ventana. La máscara que él solía usar se hallaba en su mano derecha. Robin tenía los ojos grandes –o quizá era por sorpresa-, un poco felinos, cubiertos en una cortina oscura de pestañas.
Pasaron unos segundos estáticos, ambos mirándose a los ojos, el asombro parecía tatuado a sus rostros. Cuando reaccionaron, volvieron a esa apariencia apacible y desinteresada característica de ellos. Raven se percató de la mochila que colgaba del hombro del muchacho. Alzo una ceja y se cruzó de brazos. Robin dejó salir un suspiro de resignación y se hizo a un lado para que ella pasara a su habitación.
-Minimalista.- Dijo ella al observar su alrededor.
-Supongo…
El cuarto era color blanco, no parecía la habitación de un adolescente, llevaban viviendo juntos dos años aproximadamente y era la primera vez que Raven entraba en aquel lugar. La cama se hallaba pegada a la pared, debajo de la ventana, a un lado estaba una pequeña cómoda de tres cajones con una lámpara y un libro. En la pared contraria había un librero. En el centro de la habitación había unas cuantas pesas esparcidas en el suelo. Era todo.
-¿Te vas?- Preguntó después de unos segundos.
Él se tensó. Frunció el ceño y desvió la mirada. Caminó sin prisa al estante y tomó un libro de tapa roja. Era de Charles Dickens. Lo lanzó hacia Raven y ella lo atrapó sin dificultad. Miró extrañada al líder del equipo mientras este se acercaba a su cama dejándose caer sobre ella, a un lado tiró la maleta que cargaba. La joven abrió el libro donde había una marca y dentro encontró una fotografía y una carta.
Tomó la imagen para observarla mejor. Había un señor mayor de apariencia elegante. Usaba un smoking de pingüino negro, chaleco gris y guantes. A su lado había un hombre imponente. Su rostro era cuadrado, su cuerpo musculoso. Usaba un traje oscuro con corbata. En medio de ambos estaba un niño, sus ojos estaban alegres y tenía una sonrisa de oreja a oreja. Usaba unos shorts café claro en conjunto con una camisa blanca. Al fondo había una mansión y un jardín.
- Después de la muerte de mis padres, Bruce Wayne me adoptó.- Dijo Robin por lo bajo, se veía algo incómodo.- Me sorprendió que lo hiciera. Todos decían que era por empatía… Pero nunca estaba en casa y trabajaba hasta tarde. El hombre que está a mi derecha es Alfred. Pasaba más tiempo con él que con Bruce.
Se quitó los converse y cruzó las piernas sobre la cama mientras hablaba. Raven regresó su vista a la fotografía. Ese niño era él. Parecía muy risueño. Miró de nuevo al muchacho. Ahora se veía más serio. Lo observó mientras se frotaba la frente. De nuevo el vínculo entre ambos la hizo sentir la pesadez y frustración de Robin. Metió la fotografía en el libro cerrándolo con un poco de brusquedad. Se dirigió al librero para dejarlo en su lugar.
-No tienes que darme explicaciones, Robin.- Dijo desconcertando al joven. Sin mirarlo, se acercó a la puerta.- Esto está causando mucho conflicto en ti, aunque quizá deberías despedirte de los demás. Seguramente se preocuparán mucho si…
La mano de Robin la detuvo. Se volteó para mirarlo, azul contra violeta. Raven no era metiche. Si a ella no le gustaba que se entrometieran en su vida, no iba a hacer lo mismo. Él miró el techo unos instantes y luego caminó a la cama jalando consigo a Raven. Ambos se sentaron. Robin sabía que podía confiar en ella, que podía ser totalmente sincero. Y quizá si le debía una explicación ya que por su culpa estaba despierta.
-Rae, está bien. Quiero contarte lo que está pasando.- Aseguró.
Ella le observó unos instantes. Era la primera vez que conocía a Robin fuera de su papel de superhéroe. Dejó salir un suspiro. Se sentía halagada al saber que él confiaba en ella lo suficiente para contarle su historia…
-Si es lo que deseas… Adelante…
Él le dedicó una sonrisa.
-Cuando descubrí que Bruce Wayne era Batman pensé que estaba alucinando. Estaba buscando al asesino de mis padres por aquel entonces. Cuando le dije que quería ayudarlo se negó rotundamente… Pero quería ser yo quien se deshiciera de aquel criminal. ¿Alguna vez escuchaste de Los Graysons Voladores?- Preguntó. Raven negó lentamente.- ¡Éramos los mejores acróbatas de Ciudad Gótica!... Hasta que Tony Zuko mató a mis padres. Acogí el alias de Robin entonces. Ese hombre quedó tras las rejas gracias a la ayuda de Batman.
"Si Bruce Wayne no podía criarme, el justiciero de la noche lo haría… - Se quedó varios segundos en silencio. Su ceño se frunció profundamente y la frustración volvió a llenar el vínculo entre ambos- No quería ser el murciélago. Me fui de ahí en cuanto lo decidí, yo no soy Batman. Era lo que más anhelaba cuando niño… Pero crecer al lado de él me enseñó lo frío que podía ser. Me alejé completamente entonces y fue cuando llegué aquí. Los titanes, ustedes, me han devuelto la calidez que llegué a perder siendo su compañero. Sin embargo… aún me siento atado a él. Como si al ver mi sombra, viera al murciélago.- Calló unos instantes para después golpear la pared que estaba a su lado sorprendiendo a Raven.- ¡No se cómo desprenderme de Batman!
El rostro del joven estaba lleno de furia. Restregó su mano contra su cara en un intento inútil de deshacerse de la impotencia. Ella lo miro unos instantes sin moverse. Después, dudando, puso su mano sobre su hombro. Entendía perfectamente cómo se sentía Robin. Trigon tampoco había sido un padre ejemplar. Se acercó un poco más, deslizando su cuerpo sin prisa.
-No eres Bruce. Ni Batman. Ni Robin.- Empezó a decir Raven en una voz suave y queda.- Ninguno de esos nombres te pertenece.
Se levantó y caminó al armario. Sin permiso, abrió las puertas y tomó uno de los trajes que yacían colgados dentro. Él la observaba con curiosidad, aunque el dolor seguía tatuado en su rostro. Quizá, sólo quizá, con un deje de esperanza, como si Raven tuviera el poder para cortar las ataduras que tenía hacia el murciélago. Ella tomó un conjuntó y se lo lanzó al líder. Sus cejas casi se juntaban y su boca era una línea horizontal casi perfecta.
-¿Qué hac…?
- ¡Esto no eres tú!- Le interrumpió Raven. Si no empezaba a controlar sus emociones, iba a hacer volar algo dentro de aquel cuarto ajeno. Lo sabía. Sin embargo, no podía evitar sentirse molesta. Quería que Robin entendiera la gran diferencia que existía entre su padre y él.- Un traje, un alias…Jamás te van a definir, Dick…
Había leído el nombre en la carta dentro del libro. El rostro del muchacho no expresaba otra cosa más que sorpresa. Pestañeó tres veces, retirando la vista de ella. Miró el traje que yacía sobre sus brazos y piernas. Volvió a juntar las cejas, mostrando todos los dientes llenando su rostro en impotencia. Raven pensó que en cualquier momento empezaría a llorar. La verdad, no estaba muy equivocada. Los ojos azules estaban contorneados por un color rojizo.
Quizá había sido muy… ¿dura? No tenía idea. Era muy raro que acudieran a ella por consuelo. Lo suyo era aconsejar a los titanes porque se guiaba por la lógica, la razón y pensaba con la cabeza fría. Eso siempre facilitaba la forma de encontrar una solución al problema de sus amigos. Sin embargo se hallaba frente a Robin al borde de las lágrimas, sin saber bien cómo manejar situaciones como aquella. Observó al muchacho quien se había cubierto el rostro con su traje.
El silencio la estaba abrumando. Ya no distinguía bien entre cuáles eran las emociones de él y cuáles eran suyas. Cualquier sobresalto haría que Raven lanzara los libros del estante sin querer. Se relajó un poco cuando escuchó un pequeño sollozo, fue tan quedo que casi era inaudible. Se acercó dudando cómo proceder. Cuando estuvo suficientemente cerca de él, pudo sentir la mano cálida de Robin cerrándose en su muñeca, jalándola hacia él.
La maleta, olvidada al lado de la cama, se abrió escupiendo la ropa que se encontraba en su interior. Raven escuchó la risa del muchacho en su oreja como una pequeña briza. Frunció el ceño dando un pequeño golpe en el costado de Robin, sintiendo sus mejillas arder. Había perdido el control de sus poderes por la sorpresa, que no se le subiera a la cabeza. Aun así, devolvió el abrazó rodeándolo por la cintura.
-Muchas gracias, Raven.- Su voz sonaba tan clara y grave. Hablaba por lo bajo, seguramente si no estuviera tan cerca, hubiera tenido problemas para escucharlo. –Sé lo que tengo que hacer. Quiero que me ayudes… ¿Es mucho pedir?
Apretó el agarré que tenía en la espalda de Robin y levantó la vista al techo con una sonrisa irónica.
-¿Mucho pedir? Me insultas.- Respondió ella susurrando. El cuerpo de él se agitó contra ella y de nuevo escuchó la risa cerca de su oído.
-Gracias.
Se separaron sin prisa. Los brazos de Robin se deslizaron a un costado de Raven y sus manos sujetaron sus hombros. Seguían muy cerca. Ella podía sentir la respiración del muchacho contra su cachete. La repentina realización del hecho, hizo a una pesa elevarse del suelo y estrellarse contra la puerta de metal. Esta vez no hubo burla, sólo un mar azul claro observándola. Se sintió desprotegida debajo de aquella mirada. ¿En qué momento había crecido tanto? Ahora llegaba a la altura de su mentón.
-No te vayas, Grayson…- Susurró recordando aquella vez que él insistió para que se quedase. ¿Estaba bien que disfrutara ser la única que supiera su nombre?
Robin había cambiado tanto en el tiempo que se conocían. En realidad, todos dentro de la torre lucían diferente a como habían iniciado. Raven estaba consciente de eso más que nadie. Le gustaba observar a sus amigos. Sin embargo, sería ilógico negar que seguía más que a los demás al joven líder. El estruendo de un libro chocando con el suelo rompió el largo silencio junto a la voz somnolienta de Starfire al otro lado de la puerta.
-¿Robin? ¿Estás bien?
Tanto ella como él se alejaron rápidamente. Se miraron fijamente unos instantes, ambos rostros teñidos de rosa, luego Robin se lanzó a la cama sujetando el antifaz, colocándolo de nuevo sobre sus pómulos. Raven se dedicó a recoger el libro y mover la pesa del suelo. Tenía que controlarse antes de encontrase con su amiga, que aún llamaba preguntando por el estruendo metálico de hacía un momento.
Respiró profundamente y volteó hacia el muchacho. Este ya había metido la ropa de nuevo a la maleta, escondiéndola en el armario. Abrió la puerta y la recibieron unos ojos adormilados que se abrieron de golpe cuando la vieron a ella. A su lado ya se encontraba Robin que saludó sin problemas a Starfire, como si no hubiera estado un minuto antes al borde de las lágrimas y sonrojado.
-Uh, buenos días a los dos.- Habló aún confundida.- Sólo me acerqué porque pensé que te habías lastimado, Di…Robin.
En ese momento, bajo la mirada dudosa de Star, Raven se sintió terrible. ¿Qué hacía ella en el cuarto del interés amoroso de su mejor amiga? ¡En un simple payasito! Pero aún peor… ¿Acaso lo iba a llamar por su nombre de pila? ¿Por qué se sentía tan mal por eso?
¿Raven celosa incoming? Quizá, quizá.
¿Beast Boy siendo el pan de dulce que siempre ha sido? Yes, sin dudarlo.
¿Robin siendo coqueto? Es probable...
