Capítulo 2
Esta historia se trata de un chico y una chica; bueno, siempre existe un chico y una chica. Un chico rico y una chica pobre, o viceversa, como en toda novela. Y ahora le toca el turno de la chica.
Aunque realmente no hay mucho que contar sobre ella, porque simplemente no se sabe nada sobre ella. No es que sea un fantasma o una persona dibujada en la pared, solamente que su pasado es un misterio hasta ahora. Solo sabemos unos detalles: sus ojos son de color verde esmeralda y su cabello castaño claro.
Y que vino del mar.
Se preguntaran ¿cómo es que vino del mar? Solo imaginen la noche y la más brava de las tormentas juntas. Esas como si el mismo Neptuno, señor de los mares, hubiera provocado con su infinita ira. Ahora imaginen la mañana siguiente de la tormenta, donde todo está calmado y un brillante sol iluminando la costa devastada por ese temporal.
Ahora imaginen a nuestro chico, Syaoran, recorriendo esa playa marcada por el azote de la tempestad. Su casa no se encuentra lejos de allí, y nuestro joven la recorría para ver los daños y si podía echar una mano a los habitantes de la zona que habían sido alcanzados por las olas.
—¡Linda tormenta la de anoche, Syaoran! —dijo un muchacho moreno al verlo caminar.
—Sí, parecía que Neptuno se había enojado con nosotros —respondió el joven Li, alegrándose de verlo.
Aquel muchacho, que abrazaba a nuestro protagonista alegremente, se llama Koichi y es amigo de Syaoran desde pequeño, cuando él y su familia venia a pasar los veranos en esas playas. De piel tostada por el sol y alegre temperamento, Koichi se dedicaba a la pesca artesanal para ganarse la vida y mantener a su pequeño y travieso hermano Takuma.
—En el pueblo ¿están todos bien? —preguntó Syaoran algo preocupado.
—Están todos bien —respondió su amigo serenamente—, solo algunas casas y unos botes que resultaron dañados pero nada que no se puede reparar.
—¡Me alegro mucho!
No fue mucho el tiempo que se quedaron los dos amigos platicando, ya que el pequeño hermano de Koichi, Takuma, venía corriendo hacia donde se encontraban ellos, como si hubiera visto a un fantasma.
—¡Hermano, hermano! —gritaba el niño.
—¿Qué pasa, Takuma?
—¡Hermano, hay alguien muerto en la playa!
Ambos muchachos quedaron helados antes las palabras del niño, y sin perder tiempo fueron hasta donde se encontraba el difunto. Y efectivamente, recostada sobre la arena de la playa estaba lo que parecía una persona, la cual creería haber sido arrastrada por las fuertes olas hasta llegar a la costa.
Syaoran se acerco lentamente donde esa persona para notar que era una joven mujer. Cuidadosamente empieza a examinarla y se da cuenta que aun respiraba, débilmente pero aún lo hacía. Rápidamente la levantó entre sus brazos y la llevó hacia la mansión, mientras Koichi y su hermano corrieron en busca del doctor del pueblo, con la esperanza de que aun pudieran salvar la vida de la hermosa muchacha.
Como ya habrán adivinado, el destino ya jugó sus cartas y nuestro chico ya se encontró con nuestra chica. Ahora dirán que apenas los ojos de la joven se abran, se enamoraran perdidamente y se casaran como Dios manda. Lamento decir que se han equivocado, las cosas no serán tan fáciles para ellos dos y además la vida sería muy aburrida si todo fuera así de sencillo.
Pero sigamos adelante ya que hay mucho que ver entre nuestro chico y nuestra chica, la cual ahora recostada en una confortable cama en la mansión de Syaoran. Aunque no recobraba el conocimiento, el doctor del pueblo, un hombre llamado Hiro, la acababa de examinar y ahora la dejaba tomar un merecido descanso.
—Doctor, ¿Cómo se encuentra ella? —preguntó Syaoran, al verlo salir de la habitación en la que se encontraba la chica.
—Está bien ahora, tiene una fuerte contusión en la cabeza pero nada que reviste gravedad —dijo el facultativo, mientras se disponía a retirarse del lugar—. Vendré mañana a ver como sigue.
—Gracias por venir.
Poco después de despedirse del amable doctor, nuestro chico entra a la habitación para ver a su inesperada visita. La hermosa joven se encontraba aún dormida plácidamente. Syaoran, curioso de saber quién era esa muchacha de cabellos castaños, revisó las prendas aun empapadas pero no encontró nada. No tenía documentación que le dijera sobre la identidad de la chica. Ella solo tenía en su cuello un guardapelo de antigua apariencia, que al examinarlo detenidamente notó que la cerradura estaba trabada, así que no podría ver su interior.
Lo único que llamó su atención fue un nombre grabado en el reverso del guardapelo: "Sakura"
