- Prepárate, pronto vendrá tu padre a buscarte –dijo Katara, quien ya a sus cuarenta años se había convertido en una madre devota.
- Lo sé… ya llevo más de seis meses sin verlo… -la delicada y dulce voz de Rosali sonaba tan cálida que desentonaba rotundamente con el frígido aire que resoplaba en el Polo Sur.
De pronto Rosali divisó en los cielos la aproximación de un enorme bisonte: Appa, quien ya estaba demasiado viejo como para cargar siquiera a una persona.
Sobre él montaba un hombre, a quien ya habían crecido alguna que otra cana en su negra cabellera.
- ¡Allí está papá! –se alegró Rosali.
El bisonte bajó suavemente hasta llegar hacia la joven, detrás de ella se encontraba Katara, sonriendo dulcemente. Tras el transcurso de esos años había sido informada sobre muchos acontecimientos, incluido el hijo secreto que Aang engendró en Azula y por lo tanto… la falta de esterilidad en el monje. Por lo que la mujer debió a duras penas aceptar la maldición que había recaído sobre ella pero, de todas formas continuó con su vida y criando a su hija adoptiva... quien se había convertido en una educada señorita.
- ¿Ya te despedirás de tu padrastro, Rosali? –preguntó un hombre saliendo de la chacra en la que convivían Rosali, Katara y aquel hombre, quien conocía a Aang perfectamente después de haber contraído pareja con la maestra agua.
Rosali le dedicó una cálida sonrisa. El monje bajó rápidamente del bisonte para acercarse a la pareja.
- ¿Cómo te encuentras, Aang? –preguntó aquel hombre poniéndose de pie al lado de Katara.
- Bien –respondió dulcemente el monje, no había por qué guardar rencor, Katara estaba ahora felizmente emparejada con ese tal "Reik"… ambos se veían muy felices juntos, y no había cosa que pusiera de mejor humor a Aang… la felicidad de otras personas.
- Vámonos, cariño –dijo Aang tomando de la mano a su querida hija.
Rosali se despidió de Reik y su madre, a quien abrazó dulcemente, confirmándole que volvería al Polo Sur en unos cuantos meses.
- Adiós bonita, compórtate y manda saludos a Zuko y Mai por mi –Katara abrazó nuevamente a Rosali.
La muchacha se montó sobre Appa junto con su padre y ambos se perdieron en la vista del horizonte.
- Ahhh… -Rosali colocó sus brazos detrás de su cabeza relajadamente y se echó sobre la montura que Appa traía encima-. Por fin veré a tío Zuko y tía Mai. ¡Ya quiero sentir el calor que emana sol de la Nación del Fuego!
- Si… es hermoso… -Aang sonreía libremente, como un verdadero nómada a pesar de estar ocultándole demasiados secretos a su querida hija… Rosali aun no sabía la verdad, Aang rogó a Katara, Zuko, Mai, Sokka y los demás que jamás contasen a Rosali sobre su adopción… pretendía que ella jamás se enterase de tal, y todos accedieron, se sentía culpable por haber dejado pasar el tiempo y no haberse percatado de que su pequeña se convertía cada día en una bella mujer… el tiempo pasó demasiado aprisa para el maestro aire y jamás notó la necesidad de relatar la adopción de Rosali a la muchacha, peor ahora le parecía mejor guardar ese secreto en una pequeña caja que jamás nadie abriría y todos estuvieron de acuerdo, creían que la muchacha ya era demasiado adulta como para enterarse de la verdad en ese momento: dolería demasiado. Todos estuvieron de acuerdo en que Aang y Katara debieron confesárselo de pequeña pero, al no haberlo echo, el tiempo ya había pasado y ahora era muy tarde. Aang tampoco había comentado a su hija adoptiva sobre su verdadero hijo. Él no tenía ninguna información sobre el joven, creía que después de diesiocho años de espera... Azula ya habría echo de las suyas con él. Por lo que no valía la pena entusiasmar a Rosali con un futuro indeciso e incierto.
De todas formas Rosali había notado alguno que otro aspecto físico que no concordaba con ninguno de ambos padres… por un lado estaba el aspecto de la cabellera, su padre tenía el cabello negro como la piel de una pantera, su madre castaño como la corteza de los árboles… y ella… cabellera rubia y rizada que llegaba hasta mediados de la cintura. Los ojos de su padre eran de un hermoso color grisáceo, los de su madre: azules como el mismo océano, y los de ella… oscuros como la noche. Su madre era morena y su padre de tes blanca, mientras que ella poseía un color rosáceo en todo su cuerpo.
- Tus primos estrán encantados con tu próxima visita –le sonrió Aang, corrompiendo con el silencio de la joven pensativa-. Dicen que desean pasear contigo por toda la Nación del Fuego para que todos los hombres vean lo hermosa que eres… -Rosali sonrió ante ese comentario-. Pero yo no se los permitiré… tú eres muy pequeña todavía.
- ¡Papá ya tengo dieciocho y medio! –refunfuñó Rosali con gesto amargado. Su padre era demasiado sobre protector, demasiado "celoso" para su gusto al igual que su tío Zuko, ambos se la pasaban de aquí a allá limitándose a saber lo que ella hacía o no hacía. Habían echo una larga lista destinada a cualquier hombre que se atreviera a pedir la mano de la muchacha…
1. Tal hombre debía ser de su edad, ni demasiado anciano ni demasiado joven.
2. Debía lucir bien y ser educado.
3. Debía tener un trabajo y ser un hombre honorable.
4. Debía tratarla con respeto y cuidado como un verdadero caballero.
5. Antes de aceptar al joven, Rosali debía contar con la aceptación de su padre y su tío.
6. No mantendrían relaciones hasta el día en que contraigan matrimonio.
Eran demasiadas reglas… ningún hombre querría acercársele con Zuko y Aang vigilándolos, ya de por si debía soportar que todos los hombres que se acercaban a platicar con ella (porque la veían bonita) huían al enterarse de que aquella muchacha era la hija del poderoso Avatar y sobrina del Señor del Fuego.
Estaba ya hastiada por tanta sobreprotección… todas sus amigas encontraban a alguien a quien querer y por lo tanto también ella deseaba lo mismo, pero por como estaban tomando camino las cosas… lo dudaba mucho.
Platicaron sobre como habían cambiado las cosas los últimos años y demás... Rosali disfrutaba enormement de los momntos que pasaba en compañía de su padre. Finalmente llegaron a la Nación del Fuego luego de estar horas montados sobre Appa y volando por los cielos. Rosali se encontraba muy emocionada por tal, en la Nación del Fuego era eternamente verano, le encantaba el calor y los árboles con las copas verdes y fibrosas.
Zuko se hallaba junto a Mai y sus hijos, quienes ya con sus veinti tantos años eran todo unos hombres.
- Sobrina... -se alegró Zuko y la abrazó cariñosamente. Luego, toda la familia de la Nación del Fuego se dirigió hacia ella y la abrazaron dulcemente.
- Los extrañé a todos... -dijo la joven sonriendo.
- Tambien nosotros a ti. Anden, vengan... les tenemos un gran almuerzo a ambos -entaron a Palacio y luego de almorzar se pasaron la tarde conversando sobre lo vivido en ese año de ausencia para todos. Rosali se había enterado de muchas cosas nuevas: ambos primos estaban en relaciones muy serias con dos jovencitas, eso la entristeció, a ella no se le permitía conversar con ningún muchacho. Su padre la sobreprotegía demasiado.
Esa noche Mai llevó una taza de te a su querida sobrina, la habían instalado en una hermosa habitación. La encontró con gesto amargado.
- ¿Qué sucede cariño? -preguntó Mai sentandose a orillas de la cama y colocando el té sobre la cómoda.
- Nada tía.
La respuesta fue tan cortante que era obvio percibir algo fuera de lo normal. Ella solía ser una persona muy alegre pero extrañamente se encontró con los ánimos bajos ese día.
- Anda... tú sabes que puedes confiar en mi. Yo te brindaré todo mi apoyo en lo que necesites, cariño.
Finalmente Rosali contó a Mai lo que la estaba inquietando.
- Es mi padre, y el tío... me protegen demasiado. No digo que no desee estar en presencia de ellos, sabes que yo los quiero mucho, pero es algo incómodo. Yo ya soy adulta y merezco estar un tiempo a solas con un muchacho.
- Oh... ya entiendo la cuestión -dijo Mai.
- Sucede que ya tengo diesiocho años y apenas si he logrado hablar con algún joven y todo es por consecuencia de la sobreprotección de ellos.
- Te comprendo cariño, descuida... yo hablaré con ellos.
- Gracias tía -la muchacha abrazó a Mai.
- Descansa.
Luego de dar las buenas noches cerró silenciosamente la puerta.
