London After Midnight


"Kuroshitsuji" no me pertenece, sino a Yana Toboso.


Chapter II ‒ Oberon, Satan or The Death


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De alguna manera, no era lo que había esperado. Aunque Arthur no sabía exactamente qué era 'lo que había esperado'.

El hombre invisible, con sus carcajadas destempladas cómo cristales hechos añicos... era la criatura más hermosa que Arthur Doyle había visto jamás.

Extraordinariamente alto, una figura esbelta y elegante, enteramente ataviada de negro... Su rostro devastadoramente bello, pese a estar surcado por una notable cicatriz. El cabello, larguísimo hasta lo inverosímil, aparecía del color de la plata... y resplandecía tenuamente, cómo si la luz de la luna incidiera sobre él.

El hombre sonreía, sardónico y cautivador, su labio superior delicado y vertiginoso, mientras que el inferior resultaba voluptuoso, sensual... Casi impúdico. La clase de boca cincelada que sólo posee el glorioso Apolo de Belvedere, o que uno sólo imagina en la sonrisa perversa, lasciva, del Príncipe de las Tinieblas.

No obstante, el verdadero prodigio... sin duda estaba en sus ojos. Eran de un verde sobrenatural y milagroso, ardiendo indómitos y burlones, ornados de espesas y negrísimas pestañas. Las esmeraldas resultarían apagadas, deslucidas, absurdas por comparación... Había alguna clase de encantamiento fatal en ellos.

...

Incapaz de sostener la mirada de aquella criatura inaudita, Arthur jadeó. "¡Mírame a los ojos, Arthur Conan Doyle!", había exigido el desconocido... Pero Arthur sencillamente no podía, ¡no podía! Este ser era demasiado abrumador... Esplendoroso y lejano cómo Draco sobre el Londres después de la medianoche.

‒Oberón, Rey de las Hadas, se presenta ante ti.‒Anunció, con una elegante reverencia, aquel hombre inconcebible.

‒¿Lo eres...?

‒¿Lo creerías?

Entonces, el desconocido estalló nuevamente en carcajadas. Fueron tan descontroladas, enloquecedoras, como acostumbraba...

‒Simplemente bromeaba. Deberías aprender a reír más, niño.

Las sienes de Arthur palpitaban violentamente, y tenía la boca dolorosamente seca... Pero se obligó a sí mismo a preguntar, con un hilo de voz:

¿Cuál es tu nombre...? ¿Qué quieres de mí?

El hombre de los ojos de un verde incandescente frunció los labios cómicamente:

‒Eres directo, vaya que sí. Supongo que no te interesan las charlas de cortesía... por lo menos con la clase de desconocido que puede materializarse de la nada ante tus ojos, cómo surgido de un relato de Mary Shelley o su equivalente. Escucha... todo el mundo se dirige a mí cómo 'Undertaker'. Con eso basta.

¿Undertaker...?

Arthur sintió un feroz escalofrío que, cómo una caricia helada y burlona, se extendió sinuoso por su espina dorsal... El estremecimiento fue por desgracia bastante notable (¿siempre tenía que mostrarse ridículo? ¿Incluso en un momento tan solemne y sobrecogedor cómo este?), e hizo sonreír al autoapellidado... Enterrador.

‒¿Por qué estás aquí...? ¿Por qué has venido a buscarme?‒Musitó el joven, tratando de controlar su respiración.

‒¿'Venido a buscarte'...? ¿Es que sabes más de mí de lo que yo esperaba? La Muerte puede 'venir a buscarte', en efecto; en cualquier momento, ya sabes. Y de hecho lo hará, indefectiblemente. Y yo... ¿no soy acaso La Muerte? Soy un shinigami, niño. O, dicho en otras palabras, más literarias, algo que pueda sonarte familiar... Un Grim Reaper. La Parca con su guadaña, cómo en los cuentos de hadas, podrías decir.

...

Se hizo el silencio. Un silencio espeso cómo la miel o la sangre.

Arthur se mareó. Incluso la tenue luz de su despacho le pareció excesiva de pronto, oprimiéndole... Sus pulmones dejaron de recibir oxígeno, y sintió que el suelo venía a su encuentro...

Pero no se desmayó.

Aunque la inconsciencia habría resultado una bendición.

Tras segundos de desmoronamiento, en los que se tambaleó al borde mismo del síncope, el muchacho reunió fuerzas, a la desesperada, para musitar (empapado en sudor frío):

‒¿Entonces... es eso? ¿Has venido... a llevarme contigo...? ¿He de morir?

El desconocido... No, 'Undertaker'... volvió a romper en estrepitosas carcajadas. Y Parca o no Parca, Arthur sintió el impulso irresistible de arremeter contra él... ¡Porque decididamente ya era demasiado por una noche! ¿De nuevo este perturbado se permitía burlarse alocadamente de él, después de haberse introducido furtivamente en su casa...? Era de todo punto inconcebible... Un atropello, un... un...

Las risas cesaron tan bruscamente cómo habían comenzado; en seco. Arthur, desconcertado, no tuvo tiempo de gritar airado, cómo había querido, y menos aún de tratar de embestir a Undertaker... lo cual hubiera resultado decididamente peligroso, de todos modos. ¿Agredir a la mismísima Muerte...?

‒Eres una de las personas más divertidas que me he encontrado jamás. Por eso estoy aquí, de hecho. Te vi en la mansión del conde Phantomhive, durante los asesinatos... Y supe que debía dedicarme a observarte con más detenimiento, porque ibas a depararme muuuuy gratos momentos de diversión.‒Confesó, sin la más mínima turbación, Undertaker. Tenía el descaro del Diablo, la indolencia y despreocupación más propasadas que imaginarse pueda...

‒¿Estás... diciéndome... que sólo has aparecido aquí esta noche... para reírte de mí a gusto?

Undertaker pareció reflexionar unos segundos, con un dedo sobre los labios; Arthur se dio cuenta entonces de que sus uñas eran negras, y extraordinariamente largas. Pero, aunque este detalle debería haber resultado desagradable, antiestético, en él simplemente se mostraba cómo una extravagancia más, otra particularidad siniestra y caprichosa. Eran unas manos níveas, elegantes; hermosas cómo el resto de su extraordinaria persona...

‒¡Sí!‒Zanjó la reflexión, alegremente.‒¡Eso mismo quería decir! Pero ¡consuélate! Por lo menos no he venido a 'llevarte conmigo'. No vas a morir... aún. ¿No te hace sentir eso mejor...?

¡No!

Sí...

Bueno...

Arthur se sentía infinitamente aliviado, infinitamente colérico, e infinitamente lábil. Todo al mismo tiempo.

‒Nunca imaginé que a La Muerte le agradara tanto embromar...‒Se aventuró a mascullar.‒No casa con la figura encapuchada de negro, que oculta celosamente las cuencas vacías de sus ojos; ni con la 'funesta' guadaña que "tanto siega la vida del emperador cómo la del infante huérfano", ni con la Danse Macabre después de la medianoche...

Touché.‒Undertaker enarcó una ceja, indolente y elegante al mismo tiempo. Aquel sencillo gesto resultó sorprendentemente sensual... ¿Cómo podía mostrarse tan cautivador?, se preguntó, sin poder evitarlo, Arthur. ¿Tan hermoso... y tan terrible? Porque todas estas chanzas no le hacían parecer menos temible... Si la desesperación por finalizar este encuentro de pesadilla no le diera alas a Arthur, si alguna clase de milagrosa fortaleza interior no le estuviera sosteniendo de alguna manera... la mera presencia de este hombre bastaría para volver loco de temor a cualquiera. Hablaba en un tono aparentemente ligero y cortés, pero algo amenazador, cruel, subyacía tras su fácil sonrisa. 'Algo' que latía traicionero en lo profundo de sus imposibles ojos verdes...‒Pero cómo puedes ver, yo no soy ningún triste saco de huesos: ¿por qué debería comportarme, pues, cómo tal? Mi carne es cálida y mi sangre quema... ¿Debería renunciar a la risa, incluso aunque las mismas calaveras no hacen otra cosa más que sonreír? Recuerda esto, siempre: no-hay-nada-más importante-en este-mundo-que-la-risa. No importa si eso te hace ver cómo una luna demente... siguiendo su propia órbita, danzando incongruente por el espacio. Al final, tan sólo quedarán esas risas del pasado inalcanzable y deslumbrador... Y eso es algo que nadie podrá arrebatarte jamás: ni La Parca con su guadaña y su reloj de arena, ni Dios en su gloria, o Satán entre llamas eternas.‒Hizo una pequeña pausa; sus ojos fulguraban... Y Arthur se ahogaba en ellos, obligándose a sí mismo a sostenerle la mirada en esta ocasión, dolorosamente fascinado a su pesar...‒De todos modos, al margen de esto... ni siquiera soy La Muerte en 'singular', ya sabes. Hay muchos otros shinigamis... Recolectores de almas.

El escritor trataba con desesperación de asimilarlo todo. Se sentía extenuado, le flaqueaban las rodillas... tan sólo deseaba tenderse en su cama, en el dulce alivio de la oscuridad. Recostar su ardorosa frente en las almohadas... y soñar, quizás, con aquellos ojos verdes, palpitantes...

‒¿Y a ellos... no les importará... que hayas, ah... 'desvelado tu verdadera identidad' con el único fin de reírte de un pobre escritor frustrado cómo yo?‒Se maravilló de su propia audacia. La desesperación y una clase de fatal curiosidad lo espoleaban, por antitéticos que parecieran ambos acicates. Pero estaba jugando con fuego... y lo sabía.

Undertaker sonrió distraídamente.

‒Yo no les pertenezco. Por lo menos, ya no. Soy un 'renegado', ¿sabes? Voy por libre...

Estupendo.

Definitivamente, la noche mejoraba por momentos.

Una criatura sobrenatural 'desertora', 'actuando por su propia cuenta', decide confiarle al primer humano que se le cruza por delante cómo actúa una especie de Organización Secreta de la Muerte...

‒¿Esto no significará que ahora 'sé demasiado' y ellos van a tener que liquidarme, verdad?‒Inquirió, tímidamente, Arthur. Temió un nuevo aluvión de carcajadas, y se puso rígido; pero Undertaker tan sólo se limitó a negar con la cabeza, sin añadir más. Arthur tendría que conformarse con eso...‒Y... ahora... ¿qué pasará?‒Murmuró, dejando caer las pestañas, azorado.

‒¿Qué quieres decir, niño?

‒Bueno... realmente 'te has reído de mí' esta noche, tal y cómo deseabas. Si... de verdad no quieres nada más de mí... simplemente vas a marcharte ya, ¿no?

Undertaker lo miró de reojo, cómo un felino; y de improviso... salvó la distancia que lo separaba del joven, y le alzó el mentón con un dedo:

‒Acabas de herirme, niño.‒Susurró, pausadamente. Algo latía equívoco en su mirada... más que nunca.‒ ¿Me estás echando...? ¿En una noche tan fría? Pareces demasiado adorable para eso, con tus largas, claras pestañas... No, no bromeo: hay algo dulce en tu rostro, en la forma en que te sonrojas, cómo ahora...

Arthur se ahogó. La proximidad de aquellos ojos verdes le hizo perder el mundo de vista... ahora sí se sentía verdaderamente listo para desmayarse cómo una virgen en un relato folletinesco. ¿Algo 'dulce' en su rostro, había dicho este monstruo que se permitía tocarlo sin ambages, inclinado sobre él...? ¿'Largas pestañas'?

‒¡Escucha...!‒Comenzó Arthur, bruscamente, desviando su rostro. No soportaba... que Undertaker lo tocara... por nada del mundo. Su piel ardía tras el contacto, y el corazón parecía a punto de escapar de su pecho por la boca...‒Yo nada sé; sólo soy un escritor fracasado que malvive cómo puede. Es cierto, estúpidamente siempre esperé vivir una aventura... Algo cómo lo de esta noche, quizás: un encuentro con un ser de otro mundo. Pero ahora que es real... sólo quiero que termine. No es lo mismo leer esto en un folletín gótico que... que sentirte cerca. Que ver tus ojos arder... más verdes que los del Mephistopheles de las viejas leyendas alemanas que me contaba mi aya cuando niño. Sus ojos de ángel caído no debían brillar ni una décima parte de lo que brillan los tuyos... Es estúpido que me haya venido esto a la mente ahora, lo sé... Pero el caso es que sólo quiero que todo acabe. No soporto más... magia.

‒¿Cuando vives para siempre, por qué vives?‒Repuso, sencillamente, Undertaker.

‒¿Qué...?

‒Una criatura inmortal cómo yo... vaga por la tierra a través de los siglos, sin descanso. Pude haber sido realmente, quizás, Mephistopheles, ¿quién sabe...? Pude haber atraído a la perdición a muchos, quizás realmente me agrade el color de la sangre... Porque tras semejantes océanos de tiempo, toda personalidad se desvía un poco, ¿no te parece...? Ah, no espero que una criatura pura e inocente cómo tú me entienda. El espanto que veo ahora en tus ojos me parece maravillosamente sano, y adorable. Porque yo soy un monstruo, niño... Y tú estás en mi poder. Haces bien en temerme... porque algo parecido a la 'desesperación' me acucia, y haré lo que esté en mi mano para obtener lo quiero... de ti. No existen demasiadas cosas capaces de agradarme y divertirme, de hacerme olvidar la sangre, y el tedio de esta existencia monocroma. Tú eres una de esas 'únicas cosas' que... me hacen reír. ¿Cuando vives para siempre, por qué vives...? Tú me diviertes, niño. Confieres vida a un pecho que es cómo una concha vacía. 'No hay nada más importante en este mundo que la risa', ella es la única certeza que me queda... de ser humano. Y me aferraré, Arthur Conan Doyle, a aquello que es mejor para mí. No vine aquí más que para pasar un buen rato en las sombras... un capricho más. Pero... he descubierto que los minutos transcurren muy dulcemente a tu lado, ya ves. Y me aferraré a eso. Así que no podrás expulsarme... Sé mi juguete, Arthur Conan Doyle.

El corazón de Arthur pareció suspenderse. A lo largo de esta noche horripilante había palpitado atronador, horrísono... para frenar en seco ahora, sencillamente. De alguna manera, creyó morir... porque una criatura sobrenatural y terrible le confesaba abiertamente, con su tono uniforme y gentil, que pensaba convertirlo en la marioneta de su existencia errabunda, desdichada.

‒Estás... loco...‒Alcanzó a farfullar, desfallecido.‒Acabas... acabas de conocerme... No ha pasado más que media hora... ¿Por qué deberías sentirte tan interesado por mí, pues? ¿Cómo... puede ser eso posible...? ¿En tan sólo unos... unos pocos minutos... has decidido que... doy alguna clase de sentido a tu existencia? ¿Y ya está? ¿Así de sencillo, maldito monstruo?‒Le costaba horrores respirar, pero con su último resuello alcanzó a lanzar un grito, desesperado:‒¿QUE QUIERES DE MÍ?

Su voz retumbó en el minúsculo estudio, abarrotado de papeles, con sus cortinas que ya amarilleaban y la vista del Londres dormido en el exterior...

Undertaker frunció sus labios cómicamente, con total despreocupación. Se apartó el cabello de luz de luna de los ojos con delicadeza, en un gesto elegante. Dios, monstruo o no monstruo... Era la criatura más hermosa del mundo.

‒Baja la voz, niño. No querrás que aparezca por aquí Scotland Yard, ¿verdad? Aunque eso conferiría publicidad a tus obras, y quizás te convendría. Amo tu personaje... Holmes es frío, aséptico. Sorprendente en su genialidad y mediocre en su empatía. Un genio extravagante y lejano... pero de todas formas siempre encantador. Compartes mucho de su mente analítica... aunque tú mismo no te des cuenta de ello. Realmente para ti no tiene sentido que en un par de minutos yo sepa que ocuparás un lugar especial en mi oscuro destino. Pero desde la primera vez que te vi en la Mansión Phantomhive hubo algo en ti que despertó mi curiosidad y mi hilaridad, y hoy siento que, de grado o por la fuerza, acatarás mi voluntad. Tenga sentido o no lo tenga, no puedes sustraerte. Quiero ver a dónde me llevará todo esto... Pero no tengas miedo, que vaya a instalarme en tu casa no es el fin del mundo. Soy silencioso... bueno, casi la mayor parte del tiempo; respetaré tus horarios de trabajo, y soy un cocinero bastante pasable... Y tu liliputiense habitación de invitados será suficiente. No necesitas ponerte dramático... No vas a poder echarme, pero no tienes nada que temer de mí. Quiero resolver el enigma que hay en lo profundo de tus ojos negros... ver si se trata de algo sólido, algo que yo pueda aprovechar, o sencillamente un espejismo. Ya ves que soy sincero contigo, que te digo las cosas tal cual son.

‒N-n-no p-puedes... ¡No puedes...! No hablas en serio...

‒Aunque siempre estoy riendo SIEMPRE hablo en serio, ¿no es eso curioso...?

‒¡QUEDARTE! ¡AQUÍ! ¡CONMIGO!

‒Tres palabras encantadoras, ¿no te parece, Arthur Conan Doyle? Escúchame y deja de hacer aspavientos: tu nombre será célebre un día. No me cabe duda...

‒¡Oh, sí! ¡Por supuesto! ¡Por eso estoy aquí casi muriéndome de hambre, deslomándome en una óptica misera! ¡Por eso los críticos utilizan mis páginas para encender la lumbre...!

‒Un día todo eso cambiará para ti... Arthur. ¿No ha cambiado ya toda tu vida esta noche? Pese a que ahora te lamentas de este encuentro, de que la magia se haya tornado real... nunca has dejado de esperar convertirte en el héroe de tu cuento de hadas. Digas lo que digas... y protestes lo que protestes, sabes que es verdad.

Arthur dejó de mesarse los cabellos con desesperación y detuvo sus histéricas idas y venidas por el despacho. Frunció el ceño y se mordió los labios, deliciosamente encarnados cómo la flor del granado. Undertaker se descubrió a sí mismo preguntándose si alguien habría besado 'cómo es debido' esa boca húmeda e ingenua... Se estremeció de pies a cabeza; no debía, DE NINGUNA MANERA, continuar por esos derroteros... Bajo ningún concepto.

‒¿Qué quieres decir?‒Espetó Arthur bruscamente, ajeno a la lascivia del shinigami.‒¿Que esto es cómo una especie de cuento de la Cenicienta...? ¿Una noche, 'tras el trabajo agotador y monótono', descubro a un 'Príncipe Encantador' de ojos 'más verdes que las esmeraldas', que me revela un mundo de encantamientos y prodigios...? ¿Así crees que me he convertido de repente en el héroe de una fabula, de un... un...?

No pudo finalizar su diatriba.

El 'Príncipe Encantador' consideró delicioso este discursito y quiso convertir en realidad el cuento de hadas. Undertaker no se guiaba sino por caprichos, por extravagantes antojos, y no sabía resistirse a la tentación. Resistirse al muchacho que tan inocentemente se le ofrecía...

Salvó la distancia que lo separaba de Arthur en una zancada, y tomó sus labios por asalto, introduciendo violentamente la lengua... Aferrando la nuca del escritor con fuerza sobrehumana, impidiendo así cualquier tipo de evasión.

Arthur se debatió instintivamente, por supuesto, con total impotencia. La lengua de Undertaker le sofocaba, se ahogaba... Trató de echar la cabeza hacia atrás, buscando librarse torpemente de aquellos dedos de hierro que lo atenazaban, pero esto sólo sirvió para que aquella criatura ahondara más el beso, si cabe.

...

...

Lo peor de todo, sin embargo, fue sin duda... que el cuerpo de Arthur Conan Doyle respondió a aquel contacto.

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¡Ey!, ¡regresé! ;3 Madame L'Ennui, got it memorized? (AXEL ;_;)

Well, well, well... veamos qué sucederá ahora, porque las cosas no van a ser precisamente sencillas para Arthur y Undertaker. ;3 Dejadme saber si os gustó el nuevo chap, please, los reviews son LOVE. (¿Seré también una escritora frustrada cómo nuestro Arthur? xDDD Esperad... ¿acabo de llamar escritor 'frustrado' a Sir Arthur Conan Doyle? ¿DE VERAS? xD)

Quisiera agradecerle infinitamente a Teddy Bear Moony su review. Significa MUCHÍSIMO para mí que me hicieras saber que te gustó n.n, fue la clase de primer review, tan lindo, que necesitas para matar los nervios. T.T ¡Un millón de gracias por la bienvenida! *Madame le envía muchos cupcakes en forma de gato* :3 Espero que el Lemon quede bien incorporado a la trama... es el primero que escribo (!). xDDD Hasta ahora sólo había abordado el Lime... xD Aish, la verdad es que temo el momento de publicarlo. u.u Nos leemos, thank you so much! ;3

Y graciasgraciasgraciasgraciasgraciasgracias multiplicadas indefinidamente para Guest. n.n Tus palabras me levantaron mucho la moral (y además, el día en que leí tu review estaba bastante deprimida u.u, así que te lo aseguro: me alegraste SO MUCH la tarde. T.T *Madame la achucha*); y ojalá el segundo capitulo no te haya decepcionado. ;) De corazón te agradezco que apoyaras esta historia, con su pareja alocada. xD Las ships convencionales no me llaman... EN LA VARIEDAD ESTÁ EL GUSTO. *-*

And thank you, RochuRobalo, por el Follow. :3 Estoy muy contenta de que me sigas. ;)

La próxima actualización será el... *saca el calendario* viernes 10 o el sábado 11 de Febrero. (Por cierto, en esta ocasión he publicado dos días antes de lo previsto porque estaré ausente. n.n) Dasvidanya! ;3 (VIKTOR NIKIFOROV, ¡te extraño! T.T)