Capítulo 2: Trabajar

Pasaron dos semanas, Enji caminaba a lado de la vaca que jalaba la carreta para transportar y vender la leche en el pueblo más cercano, el pelirrojo miraba con incomodidad alrededor, tanta gente en un mismo lugar no le daba gracia, pero se guardaba sus palabras, debió de aprender eso rápido si quería ayudar a esa mujer, no era nada estúpido. Esperó por largo momentos a que las personas se acercaran a comprarle leche, pero todo el mundo le rehuía la mirada, tal vez fue mala idea que él vendiera el producto, hasta que una anciana se acerca.

Fue su primer cliente, luego vio que las personas empezaron a ponerle atención, Enji era un hombre de negocios, y gracias a sus modales que le fueron impuestos cuando fue joven, no le fue difícil hacer sentir a la anciana satisfecha con su compra, y sin darse cuenta, una pequeña multitud lo rodeó, Enji no era del tipo que sonreía pero eso no quiere decir que no pueda llamar la atención a su manera, acabando el día había vendido toda la mercancía sin ningún problema, tenía la pequeña bolsa lleno de monedas.

Enji sonrió, lo sentía como una pequeña victoria, miró a la vaca y le acarició en los costados, estaba tan feliz que no pudo evitar mimar un poco al animal, recordando los primeros momentos que pasó con ella.

Inko le sonreía mientras acariciaba su pelaje con tanta ternura, como si fuese su hija, la Señora le susurraba en la oreja al animal, y ella mugía como si entendiera las palabras de su ama, la mujer de cabellera verde miró a Enji que estaba un poco alejado de ellas, se veía incómodo, Inko hizo un gesto para que se acercara más, Enji bufó pero obedeció a la orden. Inko tomó la mano de Enji para colocarla en el hocico de la vaca

Su nombre es Mili, la llamé así porque ella sobrevivió en un incendio hace un tiempo atrás.

—…¿Mili?

De Milagro, Mili. —Respondió con una sonrisa, Inko la abrazó sin dejar de acariciarla. —Es mi única amiga. Por favor, cuídala.

Enji asiente.

El ex Rey miraba a todos lados, desconfiando de las personas que lo rodeaban, se sentía observado y apresuró el paso para llegar al Bosque de los Enanos, era más seguro perderse por ahí, había mucha vegetación y podía esconderse con facilidad. Después de unos momentos volvió la tranquilidad, alzó la vista para encontrarse con las ramas de los árboles infestados de hojas verdes, mirando como los rayos del Sol las atravesaban, convirtiéndolo en un hermoso paisaje, una ligera corriente de aire mueve su ropa y su cabello escarlata, volviendo a la realidad siguió su camino hasta la choza, siendo recibido por una Inko sonriente.

—¡Buen trabajo, Enji-san! Veo que te fue muy bien, estoy feliz. —Juntó sus pequeñas manos, dejando salir ese aire tan especial que la caracterizaba.

—Claro…

—Compré algunos ingredientes, hoy comeremos pollo con verdura ¿te parece? A los hombres les gusta la carne después de todo.

Enji asiente

Inko le sirve en un plato plano de madera, el pollo olí muy bien y la verdura tenía buena pinta, el hombre empieza a comer con algo de ferocidad, olvidando poco a poco los modales de mesa, Inko no parecía importarle en lo más mínimo de esos detalles, a diferencia de él, la mujer comía con más lentitud sin dejar de disfrutar la comida que ella hizo.

Terminando de comer, se fueron a dormir, Inko le había dado otro petate y una manta para que Enji y ella pudieran dormir más cómodos, al principio a Enji le costaba dormir ya que su cuerpo estaba acostumbrado a su suave cama de plumas, y un día para otro se encontraba durmiendo en el suelo, pero era mejor eso que nada.

Inko se durmió al poco tiempo, pero Enji se quedó despierto un rato más mirando su mano derecha, moviéndolo a cada rato con la esperanza de crear una pequeña llama de fuego…nada ¿Qué se le podía hacer? No sabía qué tipo de veneno le anexaron en su sistema, si no mal recordaba, Natsuo había dicho que podía durar meses e incluso años. Chasqueó la lengua, acomodándose para descansar, mañana será un largo día, tendría que ordeñar la vaca, cortar más leña, ayudar a Inko a sembrar los vegetales ¿Había ganado suficiente? ¿Cuánto duraría el dinero? ¿Debería de conseguir trabajo en otra granja para ganar más dinero? ¿Qué diría Inko al respecto?

Miró por encima de su hombro para encontrar a una Inko durmiendo con una sonrisa tranquila, sus mejillas estaban levemente sonrojadas y murmuraba algo que Enji no podía escuchar claramente. Movió su cuerpo en una posición más cómoda, ya le preguntaría cuando despierte, a él no se le dificultaba las tareas que requerían músculos, se había ejercitado desde los quince años, y por su complexión cualquiera aceptaría su ayuda.

La mañana siguiente Enji se despierta primero, miró a Inko que dormía a lado suyo encima de su propio petate, y con una manta cubriéndola de la cintura para abajo, así que decidió avanzar con sus tareas empezando con ordeñar la vaca, Mili parecía muy contenta de recibirlo en su establo, y Enji cargaba en su hombro el cubo de heno y con su mano izquierda la cubeta de madera, colocándolo en el suelo, la vaca se alimentaba con mucha alegría, mientras que el pelirrojo apretaba con sus manos las ubres de esta, llenando el recipiente, después de guardar la leche, fue por el hacha para seguir con la segunda tarea, cortar leña.

Desahogando su ira en eso, no tardó en terminar y quedar satisfecho. Entonces un hombre que montaba un caballo lo miró asombrado, no por haber cortado la leña, sino porque sabía que en ese lugar vivía Inko con su hijo Izuku, después de que el chico se fuera, la mujer se quedó sola y existía un rumor que su esposo había muerto en un asalto, ya que este era un mercader reconocido. Fue a su casa para decirle a su esposa lo que vio, y esa mujer se lo dijo a otra y a otra, provocando que surgiera un nuevo rumor en el pueblo.

Inko tiene un amante

La mujer despertó algo cansada reincorporándose, se fue a la cocina para hacer el desayuno de su invitado y para ella, Inko sonrió con ternura y en una de los compartimientos sacó una cesta de pan, sirviendo un poco de leche para los dos y salió de la casa para avisar a Enji que estaba listo la comida, el pelirrojo escuchó el llamado y fue a verla. Desayunaron muy rápido e Inko se disculpó por despertar tan tarde, Enji negó con la cabeza mientras metía un trozo de pan a su boca.

—Quería preguntarte ¿podría buscar trabajo en otras granjas para ganar más dinero?

Inko dejó de comer para ver extrañada el hombre robusto, parpadeo un par de veces.

—¿Por qué? Lo estás haciendo muy bien.

—Bueno, me preocupa los impuestos, la comida, debemos de esperar hasta que la cosecha crezca, hablando de eso, terminé de sembrar. —Señaló con el pulgar encima de su hombro el huerto. —Ya les di agua también, no te preocupes, hay que pensar cómo conseguir alimento suficiente para el invierno, aunque falta un tiempo para eso.

Inko no sabe más que hacer, más que sonreír con nerviosismo.

—Eres un hombre muy serio, Enji-san, aunque también tienes razón, hay que estar preparados para todo ¿no? después de todo, la vida te da muchas sorpresas.

Enji miró por unos breves momentos a Inko, con una penetrante mirada que hizo a la mujer guardar silencio.

—¿Dije…algo que no debí?

El pelirrojo niega con la cabeza.

—Bien iré al pueblo a comprar lo necesario para hacer la comida de hoy. —Dijo Inko para retirarse del lugar con una canasta en su brazo.

—Todavía no me has respondido a mi pregunta.

Inko se detuvo y lo pensó por unos momentos, otra sonrisa surge en los labios de la hermosa mujer.

—Deja que lo piense, vendré más tarde.

Enji alza la ceja algo confundido, pero no dijo nada, suspiró cansado y levantó la mesa para lavar los trastes y darse un baño en el río que se encontraba cerca.

[…]

Llegando al lugar, se quitó la ropa que estaba roída, y metió su cuerpo a la helada agua, Enji odiaba todo lo relacionado con el frío, y sin vacilación se sumerge para acostumbrarse más rápido a la temperatura, se talló con sus manos su cuerpo para disipar el olor a sudor, ya después de que se adaptara al ambiente, se relajó un buen rato, desnudo miró a su alrededor apreciando la belleza que el bosque le brindaba, y entre los árboles vio algo que se movía, era blanco…parecía un caballo, Enji puso su atención al animal, sus pupilas se dilataron, no podía creer lo que estaba viendo…un unicornio, estaba cerca de él.

El ser mágico vio al hombre, y asustado, se fue corriendo dejando a Enji sorprendido.

[…]

Inko llegó al pueblo cantando una melodía, su presencia alertó a las personas que pasaban cerca de ella, la mujer no le tomó importancia y siguió su camino, hasta que fue interceptada por una mujer rubia de ojos ámbar, Inko sabía de quien se trataba, así que se dejó zarandear por esa hiperactiva mujer, e Inko le regalo una sonrisa.

—¡Inko!¿¡Por qué no me dijiste?!

—Buenas tardes, Mitsuki-san.

—¡Olvida los modales! ¿¡No sabes lo que el pueblo dice de ti!?

—¿De mí? —Preguntó extrañada, Mitsuki la jaló a una calle estrecha y poco transitada para hablar con su amiga.

—¿Es verdad que tienes un amante? —Susurró, colocando su mano como una barrera para que nadie entendiera lo que había dicho. Inko parpadeó, sin entender hasta que por fin reaccionó y los colores se le subieron al rostro.

—¿¡Qué dices Mitsuki-san!? ¡Claro que no!

—¿En serio? Porque dijeron que vieron un hombre cerca de tu casa.

—Ah, es Enji-san.

—Oh, ¿y por qué estaba cerca de tu hogar?

—Bueno, hace semanas que lo encontré de camino a mi casa, estaba herido y cansado, así que lo lleve para cuidar de él, más tarde me preguntó que si podría quedarse para trabajar y ayudarme en mis tareas.

—Ya veo, ya veo. — Meditó Mitsuki —Parece que no tiene un lugar a dónde ir, debió de pasar por algo muy grave que lo dejara de esa manera. Bueno, ¿y dónde duerme?

—…Sabes que no tengo más que una habitación, así que…

—Duermen juntos.

—Lado y lado, no tengo opción.

—Hmp, bueno… ¿y qué vas a hacer hoy? Muchachita traviesa.

—Voy a comprar unas prendas para Enji-san pero…

—No sabes su talla

Inko asiente con tristeza

—Me ha ayudado bastante y quiero agradecérselo.

—…Nos la apañaremos, ven y te acompaño.

—¿Eh?

—¡Vamos! No quiero dejarte sola en esto. —Dijo con una sonrisa, llevando a rastras a su amiga.

[…]

Enji miraba con asco los restos de su traje, sólo vestía unos pantalones que había comprado de paso, recordando su pasado, los días en que fue Rey y no tenía que preocuparse si tenía ropa o no, miró por encima de su hombro para asegurarse si Inko regresaba, al no ver a nadie resoplo, sin más que hacer empezó a hacer lagartijas, olvidando que se había tomado el baño para quitarse el olor a sudor.

[…]

Mitsuki hablaba de manera animada con su amiga Inko, que cargaba una bolsa de tela llena de prendas para hombre y en la otra mano comida, ambas llegaron al lugar, Mitsuki emocionada por conocer al fin al misterioso Enji, tenía curiosidad de él, Inko parecía muy comprometida a cuidar de él, aunque su amiga alega que él es quien se encarga de ella.

—¡Mitsuki, espera!

—¡Perdona la intromisión! —Dijo para entrar sin pudor alguno a la vivienda.

Ambas mujeres abrieron la boca, estupefactas por lo que estaban presenciando, Enji sólo tenía un par de pantalones, dejando ver su anatomía atlética, Inko avergonzada se tapa el rostro con sus manos mientras que Mitsuki lo miraba para arriba y abajo, Enji estaba confundido por la reacción de ambas mujeres, miró su cuerpo y entendió lo que pasaba.

—Disculpa, ya no tengo nada que ponerme. —Dijo él, haciendo reaccionar a la mujer de melena verdosa.

—¡No hay problema! De hecho te compré ropa, pero no estaba segura de su talla…

—¿En serio? Gracias.

Enji miró el contenido de la bolsa con un brillo inusual en sus ojos, ya poco le importaba si las ropas estaban hechas de ciertos materiales o no, estaba tan desesperado de tener ropa limpia, sacó lo primero que tomó y se topó con una camisa de manga larga de color gris, era simple pero cómodo así que se lo puso, le quedaba bien y pudo escuchar como Inko suspiraba, aliviada de haber acertado con las medidas.

A Enji le dio un vuelco en el corazón, esa mujer lo daba todo para que él estuviese bien, y sentía que sus acciones no eran nada a comparación de ella, era tan…inferior, a pesar de que él era más grande, más fuerte…Desvió la mirada avergonzado de la situación, Inko y Mitsuki se dieron cuenta de su cambio repentino.

—Bueno. —Aplaudió con sus manos la rubia. —Ya me tengo que ir, tengo cosas que hacer en casa. Nos vemos.

—¡Cuídate, Mitsuki!

—¡Si!

[…]

Ambos adultos quedaron en un silencio sepulcral, el pelirrojo miraba el suelo sin decir nada ¿Que debería hacer? Un simple gracias no bastaría para pagarle a Inko, recordó que la mujer no le ha respondido su pregunta de tomar más trabajos para generar ingresos, levantó la vista para volver a pedir permiso a Inko, de nuevo las miradas se conectaron y el pecho de ambas personas se contraen, la peliverde alza la canasta llena de comida.

—Vamos a comer ¿sí? Debes tener mucha hambre, luego de tanto trabajo…

Enji asiente.

Y así fue como la paz volvió a reinar en la pequeña choza.