Guerra Apocalíptica
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® Menciono que el ambiente del Potterverso, en especial la era Post-Hogwarts no me pertenece sino a "nuestra" madre, la Señora Rowling. Los personajes desconocidos son de mi completa autoridad.
El siguiente long-fic participa en el "Amigo Casi Invisible" del foro Hogwarts a traves de los Años.
© No pretendo plagiar ni una historia, y espero de antemano que ninguna se me copie.
Este es un regalo para la pequeña Looney23.
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Actualización: Miércoles y/o los fitness de semana.
Capítulo 1: Jamás dudes de los simples objetos.
«...la Muerte le preguntó al hermano menor qué deseaba. Éste era el más humilde y también el más sensato de los tres, y no se fiaba un pelo. Así que le pidió algo que le permitiera marcharse de aquel lugar sin que ella pudiera seguirlo. Y la Muerte, de mala gana, le entregó su propia capa invisible.»
(Entrega del manto de invisibilidad)
En el interior de un edificio, exclusivo para cosas científicas, dos almas entran a una de las areas, para verificar el proceso de su proyecto. Se trata de una pareja; señor y señora, ambos de una edad que no pasa los cuarenta y tantos años, el hombre usaba ropa vieja y un casco de obrero blanca, a diferencia de la mujer que vestía elegantemente con gafas de marco delgado y negro. Obviamente, usaban sus batas blancas de laboratorio. A paso lento, se acercan al barandal donde, sus vistas se clavan al piso de abajo. Varias personas se hallan sentadas frente a unas computadoras de alta tecnología.
―¿Como vamos con el proyecto, señores? ―Pregunta la mujer mediante un comunicador.
―Ya casi estamos listos ―sin alejar la vista de la pantalla―, y por cierto, les tengo información que podría ser útil para completar con la misión.
El señor y la señora se miran en contados segundos y ella se dirige al elevador, llevandola hacia abajo. Una vez las puertas del ascensor se abren, es recibida con una reverencia o un simple saludo militar. Al final debe subir unos peldaños para quedar cara a cara con un señor canoso y con unas cuantas arrugas alrededor de los ojos.
―Y bien McGuiller, ¿Cuál es la información? ―Pregunta con severo tono de autoridad.
―Señora... ―la nombrada se le queda viendo seriamente y este no hace sino tragarse su propia saliva― ¡Quise decir! Señorita Whuttleford, hallamos un espécimen o no estoy seguro de que sea... el punto es que "eso" hace cosas inexplicables. Po-podríamos usarlo para terminar lo que su familia inicio.
Whuttleford enarca una ceja y con un ademan, indica a que el misterioso objeto o espécimen sea traído al cuartel. Al cabo de unos minutos, se hace presente un muchacho con algo en sus manos, suave a simple vista. Chrimson se acerca y lo desenvuelve, revelando una especie de frazada color negra. El hombre que estaba arriba vio lo que había pasado. Al ver eso no podía ni asimilarlo y ella, ni se diga, pues su mandíbula se desencajó y sus pupilas se hicieron más pequeñas.
―¿Acaso creyeron... QUE SOY IDIOTA? ―Estalla, provocando casi un huracán―. He venido trabajando en este proyecto desde la muerte de mi padre, tan solo me hace falta algo para que se complete y viene usted a decirme que sus divinos hallazgos lo guiaron hacia ¡Una estúpida manta!
―Señorita, si me permite explicar...
―NO HAY NADA QUE EXPLICAR ANCIANO. ESA MALDITA COSA PARA LO UNICO QUE ME SIRVE ES PARA CUBRIR MI CAMA Y ABRIGARME EN LAS NOCHES, NO PARA UNA MISION CIENTIFICA... ASI QUE DEJE ESO DONDE LO ENCONTRO O, ECHECELO A SU PERRO PULGOSO ¡QUE SE YO! ―Se aleja con cólera― Y se lo advierto, jamás vuelva a mencionarlo, ¿me escucho? ―Al no recibir respuesta, la mujer siguió su camino por el elevador, llegando donde estaba su colega.
―¿Que paso? Te oí gritar como loca, ¿Acaso, viste o escuchaste algo que te molesto?
―Por supuesto Chrimson. Acabo de ver un pony que canta canciones de cuna ―junta sus manos mientras pestañea un par de veces y muestra una patética sonrisa.
―Pues qué raro, juraría que vi una manta o una alfombra.
La mujer solo exploto más, metafóricamente hablando ―PERO CLARO QUE ERA UNA MANTA, IDIOTA CIEGO... Sabes que, iré a dar una vuelta ¡Y ni se te ocurra seguirme! ―dicho esto, la fémina salió echa una furia.
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Whittleford caminaba sin rumbo fijo por las calles del Valle de Godric. Seguía molesta por el acontecimiento de la frazada; si McGuiller creía que eso era una solución para terminar con su proyecto, pues estaba muy equivocado... Se detuvo por un segundo, creyendo ver algo. Al girar su cabeza, se da cuenta que estaba cerca de una reja pintada de color negro y mas allá se encontraban varias piedras grisáceas clavadas sobre el césped y, eso no era todo, cada una de estas cargaba con una gran variedad de flores. La mujer estira su brazo y, de un rechinido logra abrir la puerta, permitiéndole entrar al cementerio. Seguía caminando sin saber hacia dónde se dirigía, su vista se detuvo por un segundo en una tumba, cuya inscripción ponía "Ignotius Peverell" y debajo se alcanzaba a ver un dibujo que jamás había visto en su vida. Un triángulo alrededor de un circulo y adentro una línea en forma vertical.
«En mi vida... no creo haber visto algo así.» Se subió un poco la manga derecha de su blusa, dejando a la vista un enorme reloj ―¡Escaneando! ―Una luz azul salió del reloj, escaneando la misteriosa imagen.
La luz se desvanece dando por completado el escaneo. Whittleford a punto de marcharse, escucha el sonido de unas ruedas en movimiento. Opta por acercarse un poco a ver quién o qué hacía tal ruido.
―Solo es una mujer ―se dijo a si misma en voz baja.
Portaba una larga cabellera con canas y miraba un punto fijo mientras tenía las manos juntas. Aquella anciana en su silla de ruedas no dejaba de ver cuatro objetos grisáceos, con unas inscripciones escritas y unas flores como adorno. Ella fue acercando más su silla hacia las dos lapidas del centro. La izquierda ponía "James Potter" y la derecha "Lily Potter". Al leer sus nombres, sintió una especie de punzada en su interior; nunca los pudo conocer, tal vez lo haga en el mas allá. Un sinfín de lágrimas recorrieron sus pómulos cuando, en contados segundos, vio la tumba al lado de aquel hombre. Se apreciaba con claridad las palabras "Harry James Potter. Amado esposo, padre, amigo y colega. Nuestro elegido y vencedor". Cabe destacar, que cada una tenía también las fechas de nacimiento y muerte.
―Los extraño mucho, abuelos... ¡Y a ti también, papi! ―La mujer no podía con el llanto, solo se detuvo cuando una mano recorría su espalda para reconfortarla.
―Ya no estés triste, ¿Sí?
Quien la estaba animando era un muchacho joven, de aproximados unos veintitrés años, sus cabellos castaños parecían estar desordenados por culpa de los fuertes ventarrones. Sus ropas estaban cubiertas por una capa negra con un escudo de colores rojo y dorado.
―No estoy triste Jamie... es solo que recordarlos, hace que se me explote el corazón. Además, me hubiera gustado conocer a mis abuelos ―deja salir un suspiro y con su varita realiza un accio (sin que Whitleford se diera cuenta); un cuadro se aparece frente a ella. Eran nada menos que James junto a Lily en sus épocas doradas, ambos sonrientes y abrazándose con mucho amor, ese, que empezaron a sentir en algún punto de sus vidas―. Te digo algo querido, me alegra saber que mi padre haya decidió honrar sus memorias, dándonos a mi hermano y a mi sus nombres.
―No olvides que yo también me llamo como tu padre, es decir... mi tatarabuelo ―habla el joven, sin dejar de apreciar la fotografía en movimiento.
―¿Que? No, tú te llamas James Harry,
―Pero ambos son sus nombres. Lo que pasa es que mamá tuvo la "brillante" idea de intercambiarlos. Además, no te olvides de tu bisnieta, también lleva Lily como su primer nombre... aunque prefiere enésimas veces que la llamemos por el segundo.
La ancianita y el joven terminaron la charla en medio de risas. Claro que para Lily era la puerta hacia una tos seca. Vuelve su mirada hacia la fotografía; con su varita hace aparecer otra donde salen sus padres. Harry y Ginny sentados en un sofá, ella sentada sobre las piernas de su papá, cubriéndose con la capa de invisibilidad; en las piernas de su madre, un niño pequeño con la primera snitch que atrapo su padre y en medio, estaba otro niño, pero de mayor tamaño con un pergamino entre sus manos.
Por otro lado, Whittleford quien no dejaba de observar, sintió como si mil espadas atravesaran su pecho. Con los puños apretados hasta ponerse morados y los ojos apunto de tornarse rojos.
―«Recuerda mi cielo. Siempre estaré con vos, en todo momento... Mira ―se quita del cuello un collar con un peridoto como adorno y lo deja sobre unas manos pequeñas y frágiles―, esto es para que no te olvides que te amo con todo mi corazón» ―ambas sombras terminan fundidas en un abrazo.
Cierra los ojos recordando. Unas sombras irreconocibles arrebatándole lo que más amaba en el mundo. Ellos, los que en algún momento le dieron la vida, ahora se hallan a miles de kilómetros bajo tierra. La joven seguía enjuagándose en sus propias lágrimas. Podía sentir algo de empatía hacia aquella mujer de la tercera edad. La única diferencia era que ni en su vida tuvo la dicha de poder pasar tiempo con sus padres, aún recuerda la sangre embarrando sus manos y su rostro.
Una vez tranquila, volvió a asomarse. Se encamina cerca a la tumba de Harry y sus padres, tenía esas ganas de ir con ella y abrazarla, pero lo veía imposible; ambas eran desconocidas para la otra. Su zapato pisa algo y se agacha para recoger. Se dispone en entregárselo a la anciana, dándose cuenta de que ella y el muchacho se habían ido y lo extraño fue que no se escucharon las llantas de la silla de ruedas moverse en medio del césped podado; no se percató del viento que despeino su cabello.
Bueno eso es todo. Oh por Dios, los científicos descubrieron la capa de invisibilidad. Lo sé, esa capa está más viva que Dumbledore y ¡Ya conocimos a la pequeña anciana Lily Luna y al tataranieto de Harry! En fin, nos leemos pronto, con otro objeto mágico, ¿cuál podría ser?
¡Un beso psicológico!
Pd: Ya estoy en la escritura del próximo capitulo
