Brenda al fin apagó su música y nos fuimos a dormir. Compartimos el dormitorio. Su mitad está llena de posters de BTS, la mía, de recetas y libros ilustrados de cocina internacional.

No tardé mucho en soñar. Me encontraba en una habitación sin ventanas. Hacía frío, y se sentía húmedo.

Una voz me llamaba, una voz masculina.

—¡Lucy! ¡Lucy dónde estás!

Me dio un vuelco en el corazón. Su voz sonaba herida, furiosa y desesperada:

—¡Lucy, te voy a encontrar! ¡No dejaré que te lastime!

Quería encontrarlo. Me atormentaba su dolor. ¿Quién era?