Me estaba durmiendo en la oficina mientras escribía esto, fue horrible así que si tengo fallos discúlpenme lo revisé y según yo ya esta correcto pero en serio llegué a un punto en que escribí "debe estar llorando" y cuando abrí los ojos me sorprendí...jajajaj que tétrico. Bueno, aquí da un aspecto general de su pasado, en próximos capítulos profundizaré ¿Habrá lemon más adelante? posiblemente si. Espero que lo disfruten.
La comida salió proyectada de la boca de Naruko quien sorprendido empezó a escupir la misma y toser exageradamente. Frente a él un joven le miraba algo nervioso, asustado.
—¿Qué dijiste, Onoda? —aquel viejo amigo había crecido apenas unos centímetros, sus rasgos ya eran de un joven adulto y había reemplazado sus lentes redondos por algo más cómodo pero seguía teniendo la misma actitud de otaku reservado. El chico de cabellos rojos y alborotados había llamado la atención de todos en el café donde estaban por lo que Onoda intentaba tranquilizarlo moviendo los brazos dramáticamente.
—B…Baja la voz, Naruko-kun…—estaba sudando frio por las actitudes melodramáticas del chico y eso que apenas habían empezado a charlar.
—No, dime que es una broma no puede ser cierto tienes que estar mintiendo —dijo hablando muy rápido y con voz alta tanto así que una de las dulces meseras vestida de maid tuvo que llegar a pedir que modularan su voz.
—Es solo una sospecha Naruko-kun… —el pelirrojo negó y antes de alzar la voz se tranquilizó acercándose al chico para susurrar.
—Aun cuando sean tus sospechas…bueno el simple hecho de que tu sospeches algo es porque es bastante lógico que pasará digo…eres muy despistado —Onoda fingió sentirse ofendido y lo dejó proseguir —pero tú sabes lo que pienso de ese sujeto.
—Lo sé es solo que… siento que pronto pasará —bajó la vista sonrojado y su amigo suspiró con desdén.
—Onoda, él no me parece un buen chico pero si te hace feliz está bien para mí —se cruza de brazos recargando la espalda en el asiento —si Midousuji te pide que te cases con él y aceptas quiero ser el padrino ¿Bien? —frunció el entrecejo mientras Onoda sonreía de oreja a oreja con un aura brillante a su alrededor.
—¡Sí! No sabes cuanta alegría me da Naruko-kun, me siento feliz de que me apoyes a pesar de todo… sé que siempre puedo confiar en ti —Naruko se subió en su nube de 'soy el mejor amigo que cualquiera puede desear tener' sintiéndose poderoso ante los halagos de Onoda — pero… me preocupa lo que te dije hoy.
—¿Hoy? …¿De qué hablas?—dijo regresando a la realidad.
—De Imaizumi-kun —el pelirrojo apretó los labios e intentó actuar natural —él…él no sabe de mis gustos y creo que tampoco le agradaría saber que he estado saliendo con Akira-kun.
—¿Akira-kun? Inclusive se hablan con confianza, vaya que van en serio —se burla ante el sonrojo de su amigo riendo como de costumbre —no creo que a él le importe mucho tus gustos pero no le agradará que sea Midousuji.
—Bueno, es una ventaja —ríe como siempre más animado mientras Naruko devuelve la sonrisa un poco melancólico.
En sus años en Sohoku nadie supo sobre aquel anillo ni el cómo había llegado al punto de "comprometerse". Antes de eso hubo una pequeña historia que mantuvieron en secreto de todos por miedo al rechazo, ni siquiera tuvieron un acuerdo o una relación ni hablaron al respecto solo que las cosas se dieron naturalmente, con eventualidad entre un par de besos inexpertos en pro de la curiosidad, caricias indiscretas e incesantes sonidos sugerentes cuando estaban solos los dos pero frente a todos actuaban como el par que siempre fueron: discutiendo, riñendo, haciendo un escándalo.
El cómo empezó todo era borroso para Naruko pero recuerda perfectamente aquellos momentos junto al pelinegro, aquellas caricias tímidas y el silencio de sus labios por miedo a emitir una palabra y que el otro cayera de golpe a la realidad tras descubrir que a quien le hacia esas cosas era a su propio compañero de club, su potencial némesis.
Aquellos encuentros pasaron algunas veces cuando se quedaban solos en el cuarto de bicicletas entonces a veces Imaizumi lo tomaba del brazo y lo arrinconaba contra los casilleros, otras veces Naruko cerraba la puerta tras él y lo jalaba del maillot. No había palabras, no había remordimientos, no había nada o al menos no debería pero el pelirrojo se sintió estúpido cuando se sentaba y observaba los cabellos negros del otro por largo rato, como se perdía en su caminar, como simplemente le parecía genial. No debía de sentir nada pero Naruko se estaba enamorando.
Tras caer en cuenta de lo que le pasaba las peleas entre ambos aumentaron como un mecanismo de autodefensa natural para no permitirse sentir más de la cuenta y esto fue notado por sus compañeros. Así, ellos decidieron hacer el intercambio para que arreglasen las cosas pero eso, ese anillo fue el detonante de su corazón, de su cerebro en los cuales quedó tatuado Imaizumi como su primer amor. Aquella confesión tan cursi fue lo que necesitaba Naruko para sentirse correspondido.
—…ruko-kun, Naruko-kun! —la voz de Onoda lo hizo volver a la realidad —te perdiste un rato ¿Pasa algo, Naruko-kun?
—Nada es solo que pensaba….¿Por qué regresa? —Onoda parpadeó y levantó los hombros.
—Ya han sido algunos años, ya era hora de que volviera —dijo con una sonrisa que tranquilizó a Naruko.—oh, tengo que ir a casa ya, se nos fueron las horas charlando y seguro Akira-kun irá pronto.
—Te acompaño. Tengo ganas de tomar la vía larga —ambos salieron pagando y emprendieron la ruta en sus bicis. Eso es algo que no había cambiado, seguían siendo los mismos chicos en bicicleta de siempre. No habían considerado comprar un auto porque esas dos llantas podían llevarlos a donde fuera. Pasar por empinadas calles o por las más rectas áreas o las curvas cerradas, todo era una aventura.
—¿Crees que Imaizumi-kun haya cambiado mucho? —Naruko siguió pedaleando cerca de su amigo y lo pensó un momento.
—No creo, nosotros somos iguales aun así que él debe lucir exactamente igual —al menos para ellos el cambio de su adolescencia a sus ahora aproximadamente veinte años no había sido notoria porque habían estado en contacto todo ese tiempo pero cuando alguien se iba tanto tiempo en esa etapa los cambios podían ser inimaginables.
Llegaron a la casa del chico, en ese lugar vivía solo desde que había entrado a la universidad ya que le quedaba más cerca del campus, era gran cosa pero estaba bien para él teniendo lo necesario (además de llenarla de cosas de anime). Al mismo tiempo que llegaron arribó un joven de cabellos negros temiblemente alto y delgado. Su expresión no era tan tétrica como en años anteriores pero aun mostraba un poco de esa perturbación en su mirada. Bajó de su bicicleta y caminó con las manos en los bolsillos hasta los chicos.
—Sakamichi…—dijo el chico emitiendo una sonrisa que era todo menos amistosa —no esperaba encontrarte con alguien.
—Es Naruko-kun ¿lo recuerdas? —dijo sin notar la extraña tensión acercándose al larguirucho.
—Oh si, el sprinter. Ya teníamos mucho sin vernos, como medio año…—habló de la misma forma que hacia siempre con esa forma de emitir cada palabra —disculpa mi falta de memoria.
—He, ya, está bien —se talló los cabellos rojizos y alzó la mano —fue un 'gusto' volver a verte Midousuji, nos veremos luego Onoda —dijo subiendo a su bicicleta.
—Ven a visitarnos pronto —emitió Midousuji más por compromiso que por educación. El otro pasó de eso y asintió dando rumbo con su bicicleta. Atrás la joven pareja acomodaba sus vehículos en un aparcamiento especial que tenía Onoda asegurándolas mientras entraban a la casa del chico de lentes.
—Que pareja tan rara, no entiendo que vio en él Onoda —alzó los hombros y siguió su camino en medio de la noche pensando en todo lo dicho ese día.
Las luces pasaban lento, las estrellas estaban perdidas en el cielo y el clima helaba, debió haber llevado una bufanda. Iba en un llano pasando el puente cuando su bicicleta hizo un ruido que le hizo parar. La revisó, la cadena se había salido así que no era tan grave podía repararlo enseguida.
El viento helaba y justo en ese momento sintió como se le congeló la nariz ante la ráfaga presente. Decidió arrastrar unos pasos su bicicleta y tirarse sobre el césped cercano a ese lugar mirando las estrellas. Acababa de preguntarse qué rayos había visto Onoda en Midousuji sin cuestionarse antes que había visto el mismo en Imaizumi.
El clima le heló las manos y las metió dentro de su chaqueta sintiendo el frio metal del anillo ahí. Lo sacó de la bolsa y lo puso ante sus ojos viendo como brillaba. No estaba seguro de que había visto en el pelinegro pero algo que sabía es que no volvería a ver ello en nadie más por que amar era de débiles.
Se puso de pie y guardó el anillo en su bolsa nuevamente para alzar la bicicleta y echarse a andar. Ya deseaba estar en casa, tomar un té y meterse bajo las cobijas pero unos metros después de arrancar algo le detuvo los pasos, era un joven con bicicleta en mano Enfocó la vista al notar que el chico andaba a lado de su transporte sin subirse a él.
—Hey amigo, ¿Necesitas ayuda? —dijo gritando a unos metros hasta que se acercó lo suficiente. El joven era más alto que él, cabellera azabache y ojos pequeños y profundos a su vez. Naruko bajó la marcha hasta detenerse por completo ante el joven y enfocó la vista —hey…¿necesitas ayuda?
—Naruko…—al principio pensó estar alucinando por eso le hablaba como si fuera un desconocido pero esa voz y esa forma tan única de pronunciar su nombre le puso la piel chinita. Apretó los labios, pensó en retroceder y alejarse pero eso estaría mal y además le era imposible. Estaba petrificado ante el alto chico que estaba ante él. Tragó saliva y emitió levemente.
—Imaizumi… —entonces su corazón latió con tal fuerza que se sintió inútil, frustrado. Todos sus intentos por olvidarse de él se habían desplomado ante esa mirada, ante la sola pronunciación de su nombre.
Imaizumi había regresado y con él toda esa concentración de sentimientos que sintió hasta los dedos de los pies.
Huy, regresó Imaizumi! ¿Que pasará? No se, en serio no se todo sale al instante no tengo planeado nada(?) jajaja hasta la próxima semana.
-Yisus
