Para que se entienda mejor, cada capitulo estará dividido en minicapitulos, viñetas o como quieran llamarles, que separarán un momento de otro (leí hace poco un libro con esa tecnica y me pareció bastante atractiva)
Recordaré que se clasificarán a los hombres según sus cualidades o defectos, por ejemplo si un hombre es molestoso será calificado como "pastel molestoso".
Capitulo I:
Pastel Ladrón, Pastel Traumado
Pastel Ladrón
— ¿Desea algo para tomar, señorita?
—No, muchas gracias. Quizás después, estoy esperando a alguien
Ginny tomó el clavel rojo que estaba sobre la mesa y reafirmó lo que había estado pensando desde que llegó al restaurant: Mataría a Luna.
Luna había sido la encargada de ayudarla a volver a su vida normal. Primero, la ayudó a recuperar su trabajo, luego a cambiar de estilo y su misión actual era conseguirle novio, cosa que aun no le agradaba del todo. Como ambas trabajaban en la misma oficina, para ella le era simple organizarle a Ginny alguna cita con el peluquero o algún hombre que se mostrara interesado en ella. Hace dos días le había contado que sabía de un hombre que quería conocerla, su nombre era Santiago. En un principio se rehusó a reunirse con él, no tenía ánimos para ver a nadie, pero Luna le había insistido tanto, que finalmente aceptó.
Bufó exasperada. Su amiga le había dicho que para que Santiago la reconociera, debía llevar un clavel rojo como el que en ese momento tenía entre sus dedos, el problema es que no solo ella tenía uno como ese, sino que todos los claveles que había en las mesas de ese lugar eran iguales. Luna la había engañado. ¿Y si mejor se iba?
—Tú debes ser… – de repente algo o más bien, alguien tapó la escasa luz que recibía en ese lugar.
Ginny sonrió complacida y todas sus ganas de irse se fugaron inmediatamente. Era en verdad un hombre muy guapo, alto, de cabello y ojos castaños y una mirada muy seductora. Se acercó con su chaqueta sobre el hombro y con paso lento pero seguro.
—Ginny. Yo soy Ginny – le respondió riendo nerviosa –Tu eres Santiago, mucho gusto.
—Si, claro, Santiago. Mucho gusto. ¿Nos sentamos?
—Claro – comentó mientras se sentaba – Creía que sería extraño que me reconocieras por el clavel, pero, bueno aquí estamos.
—Te entiendo. Además en todas las mesas hay claveles del mismo color
—Si. Cosas que se le ocurren a Luna
—De hecho, mi clavel se me quedó en el auto. Los nervios me traicionaron
Ginny rió. Sentía que podía compartir con él de un momento agradable solo debía dejarse llevar por las circunstancias.
—Yo igual estaba nerviosa – aun con el clavel en la mano, comentó – Luna me ha hablado mucho acerca de ti, o sea me ha hablado, pero no mucho, un poco… es decir, no tanto, pero me ha hablado de ti, quiero decir que no me ha hablado poco, pero... me ha dicho lo justo y necesario para que se mantenga el misterio y bueno tu sabes… tu y yo, en la cita – Ginny se trabó en sus propias palabras.
—Por cierto, no creas todo lo que te dice Luna, porque te puedo asegurar que exageró todo lo que dijo de mí. ¿Pedimos algo para comer? – Ginny solo le afirmó sin quitar la sonrisa de su rostro. Santiago llamó al mesero – ¿Qué vas a querer?
—Lo mismo que tu.
Aprovechó un momento en que él estaba distraído y le envió un mensaje a Luna: "Amiga, eres la mejor. Santiago es muy guapo".
El mesero no había tardado en volver con sus pedidos, cuando recibió la respuesta de Luna: "Llévalo a tu departamento"
Ginny no podía estar más complacida, Santiago era todo un caballero y además sus temas de conversación eran del interés de ella. Tendría en consideración la opción de llevarlo a conocer su departamento.
Suspiró agitada.
—Eh… en el congelador hay cervezas y… si quieres te puedes sentar en el sillón – jadeante y nerviosa, habló Ginny.
Le había dado un beso a Santiago y no sabía si era por la falta de práctica o sus nervios, pero había terminado muy cansada. Torpemente recogió unos platos sucios que tenía sobre el mostrador de la cocina, tropezó y se golpeó con la mesa, mientras era observada por Santiago con lujuria. Podría apostar a que se la estaba imaginando desnuda. Él se acercó y la besó. Ginny nuevamente se zafó.
—Este es mi departamento – Encendió la luz nerviosa, sonriendo agitada.
Santiago se estaba quitando su sweater. Ginny no dejaba de exhalar suspiros gimiendo, él la besaba y a ella le gustaba, pero su departamento era un desastre para tener sexo en esos momentos. Tomó un par de toallas sucias que había dejado colgadas en el sillón antes de salir a la cita y las escondió tras su espalda. Él tomó su rostro entre sus manos buscando sus labios y retrocedieron, mientras que con una diestra mano comenzó a bajar el cierre del vestido rojo, ceñido al cuerpo, que Ginny estaba ocupando.
—Si quieres me voy – dijo Santiago aun deseoso de tener a Ginny, pero un tanto desilusionado al ver que ella rehuía de él.
— ¡No! Nadie ha dicho que te vayas, pero ¿sabes? Si quieres puedes escuchar un poco de música o ver televisión – le enseñó la radio que guardaba escondida en un mueble y la televisión que colgaba desde la pared – yo vuelvo en unos momentos. Lo que pasa Santiago es que yo hace mucho que…
— ¡Ey, tranquila! Yo no veo televisión – pasó por alto el último comentario de la pelirroja y la tomó por la cintura.
—Entonces juega en el computador, pero por favor déjame ir… vuelvo de inmediato
—No quiero jugar en el computador – comentó insistente.
— ¡Ay! – Exclamó y se deshizo de los brazos masculinos que la rodeaban – No demoraré
Corrió a su habitación, pero cuando estaba por llegar a la puerta, se devolvió sobre sus pasos y lo volvió a besar, para finalmente irse a su habitación.
Nerviosa era una palabra demasiado pequeña para describir su estado anímico en esos momentos. Estaba más que excitada, más que extasiada, era una sensación que no podía describir y además de todos sus pensamientos revueltos, debía cambiarse la ropa interior. Lo admitía. Esa tarde cuando salió a encontrarse con Santiago no pensó que las cosas marcharían tan bien al punto de llevarlo al departamento a tener una noche de pasión, por lo que solo utilizó lo primero que encontró. Eran lo que todos conocemos como calzones de abuela. Nunca se le habría pasado por la mente que sería capaz de volver a tener una relación con alguien en tan corto tiempo, mucho menos teniendo en cuenta que hace solo un mes había terminado su relación con su ex novio, con el cual estuvo más de ocho años.
Ginny fue al baño y rió. Al parecer había valido la pena todo lo que había tenido que hacer en la tarde para prepararse. De solo recordarlo reía.
Luna le había mandado un mensaje recordándole que debía depilarse para ir a la cita. El tema de la depilación era sin lugar a dudas algo fastidioso. Debía buscar los ingredientes de la poción depilatoria, luego hacer la poción y finalmente untársela en los sectores que quería depilar. A pesar del tedio que representaba aquello era prácticamente su obligación hacerlo, al menos así le decía su amiga. Había agitado su varita para encender la cocina y puso a calentar la mezcla que ya había preparado esperando su cocción, mientras tanto fue en busca del vestuario idóneo para la cita a la que iba a asistir por petición de Luna.
Tanto había sido el tiempo transcurrido entre vestido y vestido que ni cuenta se había dado cuando de pronto comenzó a incendiarse el caldero en el que tenía la poción. Aun en ropa interior corrió a la cocina, buscó entre las gavetas paños y tomó desde una manezuela el tarro, caminando con él con paso seguro rumbo al pasillo fuera de su departamento y gritando en todo momento "¡Fuego, fuego!". En el apuro por extinguir las llamas, la puerta de su departamento se cerró, y ante el incesante escándalo que formó, el vecino llamado Harry que vivía en su piso, alarmado, salió a atender su llamado de auxilio, junto a dos amigos.
Lo siguiente que recuerda Ginny es que su vecino la llevó dentro de su departamento y le prestó una camisa para cubrir su cuerpo semi-desnudo. Luego, como ella no tenía llaves para volver a entrar a su departamento, le había pedido a Harry que la ayudara a pasarse del balcón de él al de ella.
Cada vez se convencía con mayor certeza de que la cita con Santiago había estado bien planeada. Se miró al espejo y de pronto recordó por qué había ido al baño.
Buscó entre la ropa recién lavada y encontró un conjunto que le agradaba pero aun estaba mojado. Tomó su varita y un aire caliente salió de ella. Debía secar la ropa lo antes posible y lo más importante, debía asegurarse de que Santiago no se iría o quedaría dormido.
—Santiago, en la cocina hay cosas ricas para comer – gritó desde el baño.
—No te preocupes, tenemos toda la noche – escuchó que le respondió
Pasaron más de quince minutos intentando que la ropa se secara, ya se estaba dando por vencida. Había tomado la decisión, no ocuparía ropa interior. Atrevidamente se sacó lo que llevaba puesto, alcanzó la bata que colgaba en la puerta, se la puso encima y salió rumbo a la sala de estar donde debía estar esperando el castaño.
—Santiago ¿puedes apagar la luz? – no recibió respuesta.
Abrió la puerta de su habitación, se quitó la bata, pero lo que se encontró no era lo que le hubiese gustado. No era Santiago, ni sus cosas, de hecho era la ausencia de las ultimas.
Su televisor y su radio, de lo que alcanzaba observar a simple vista, habían sido robados.
— ¿Santiago? – se preguntó confundida, aunque obviamente nadie le respondería porque Santiago, aunque en ese momento dudaba que se llamara de ese modo, se había ido con sus pertenencias.
Lo que Ginny no sabía es que en ese preciso momento, Santiago, el verdadero, la estaba esperando en el restaurant que habían acordado por medio de Luna, sentado en una mesa con el mismo clavel rojo que ésta le había dado para identificarse con la pelirroja. Esperando y esperando, ya más de cuatro horas.
Mamá
—Mamá, por tercera vez yo estoy bien – le dijo a su mamá por teléfono.
Hace dos noches que le habían robado y había decidido, esa mañana salir a caminar para ejercitarse. Ya había asumido que no podría recuperar lo que aquel hombre se había llevado. Ya venía de regreso, llegando a su edificio cuando su madre la llamó para saber cómo estaba después del robo.
—Nadie que en su sano juicio lleva a un ladrón a su casa, que le roba incluso hasta los calzones, puede estar bien, mi amor.
—Te dije que me confundí
—Entonces dime que estás confundida, pero no me digas que estás bien, porque eso no lo estás. Yo te voy a ayudar
— ¡NO! – Gritó – digo, gracias mamá, pero no es necesario. Además tengo mucho que hacer como para estar…
—Por eso mismo, yo te ayudaré – su madre la interrumpió.
—Mamá, estoy intentando olvidarme de todo esto que pasó pero con usted recordándomelo todo el día es un poco difícil.
—Ginny, te estoy viendo.- su madre hizo caso omiso a su comentario
Levantó la mirada y vio que su madre estaba afuera de su departamento junto a un grupo de personas, seguramente vecinos y aurores.
— ¡Mamá!
—Ven, Ginny – dijo dirigiéndose a ella, para luego girar a las otras personas a hablarles – Ella es la victima de la delincuencia, es cosa de mirarle la cara de traumatizada, mírela.
Escuchaba como su madre conversaba con el agente de la policía. Más que cara de asustada suponía que tenía cara de contrariada, incluso podría ser de furia, pero traumada no. Su madre no podía hacerle esas cosas ¡NO PODÍA!
—Señorita Weasley, necesito tomar su declaración
Amigas
"Cuando una mujer se entromete en la relación de una amiga, al instante se transforma en mi enemiga" Fue lo que le dijo Astoria antes de entrar al trabajo de Nicole, la alta y rubia mujer que se había encargado de separar a Ginny de Christian. Ella era instructora de Yoga.
Habían entrado con discreción cuando la clase ya estaba avanzada y se ubicaron en la parte posterior de la sala. Ahora tenía las piernas elevadas gracias a la pose que la rubia ordenaba, intentando mantenerlas en esa posición con muy pocos resultados. Era una mujer realmente guapa. Con cada movimiento que ella hacía se arrepentía de haber llegado a ese lugar y de lo rápido que la habían convencido. Las voces e imágenes en su cabeza eran claras:
—Hubieran visto a mi mamá, parecía loca ¡Llamó a todo el mundo! ¡Qué miedo! No quiero ser como ella cuando sea mayor ¿creen que es genético? Porque en verdad no quiero…
—Ginny tranquila, ya todas sabemos que a tu mamá se le escaparon los elfos de la cocina hace mucho tiempo* - Comentó Astoria tomando asiento.
Habían llegado a un café que quedaba cerca del trabajo de Luna y Ginny. Hermione no trabajaba porque prefería quedarse en casa cuidando a su hijo de un año y Astoria contaba con la fortuna de Draco para gozar de una vida tranquila.
—De cualquier modo Ginny, a ti también se te han metido un par de torsotoplos a la cabeza
—Además ¿en qué estabas pensando?
— ¡Ay, Hermione! ¿En qué estabas pensando? – Dijo con sorna Astoria – En lo que pensamos todas: ¡sexo!
—A mí el que me da pena es Santiago. Te esperó hasta que cerraron el bar – comentó Luna dejando su bolso a un lado.
— ¡Qué vergüenza! Me quiero morir… - la chica de cabello pelirrojo apoyo la cabeza sobre sus manos.
— ¡No digas eso! La única que debería morir es otra -
— ¡NO NOMBREMOS A LA INNOMBRABLE, POR FAVOR!
—Tampoco digamos lo que está haciendo con Monito – dijo sugerente Luna
—No me importa lo que esté haciendo Monito, digo él con e-e-e
Astoria y Luna la animaban para que completara la frase ya que el shock había sido tan fuerte que aun no podía hablar de ella sin tartamudear.
—e-e-e – tragó saliva - ¡ESA!
— ¡Muy bien! Por cierto Ginny, ahora sabemos que "esa" se llama Nicole.
—Nicole – logró murmurar.
Ahora todo le parecía más claro. Su mente volvió a esa noche de hace ya dos meses y escuchaba con claridad, con un eco que le parecía intolerable, el sonido de la palabra "Nicole" en los labios que por tanto tiempo habían sido suyos, la boca de Christian que no dejaba de repetir aquel nombre perteneciente a la mujer que le quitó parte de su felicidad.
—Ginny ¿estás bien? ¡Por favor, habla!
— ¡La volvimos a perder!
—Tranquilas chicas, estoy bien – dijo ya de vuelta a la realidad luego de aquel viaje al pasado – Ya pasó.
— ¡Qué bien! Porque yo ya sé donde trabaja – sonrió triunfante Astoria, compartiendo miradas cómplices con Luna.
Si tan solo se hubiese percatado en la sonrisa malvada que cruzó por la cara de sus dos amigas, quizás hubiese desistido de ir a aquel lugar en donde no solo le torturaban su corazón, si no que su cuerpo sufría las consecuencias del ejercicio.
De pronto escuchó un crujido… ¡un momento! ¿Eso había sido su espalda? Ahora ¿cómo saldría de aquel lugar sin que se diera cuenta? Llamó a sus amigas y utilizándolas de apoyo lograron escapar antes que ninguna otra mujer saliera de la sala. Astoria no se fue sin antes pinchar la rueda de la bicicleta de su ahora enemiga, mientras que Luna, solo soñaba con poner en práctica la posición del camello que había aprendido. Se escondieron a esperar como la rubia se frustraba al tener su bicicleta sin aire, pero eso no sucedió, ya que tras unos segundos de espera apareció Monito para salvar a su doncella en peligro. Subieron la bicicleta sobre el jeep que manejaba y se fueron sin siquiera percatarse de la rubia, morena y pelirroja.
Vecino
En su vida constantemente estaban pasando cosas malas, porque si en un momento no le estaban engañando algún otro tipo de desgracia la afectaba. Ahora su columna era el motivo de sus pesares, estaba luchando para poder recoger sus llaves que se habían caído y producto de su dolor no podía tomar. Por suerte apareció su vecino, quien muy a su pesar se rió de ella y su condición, pero amable la ayudó y guió hacia el interior de su hogar.
—¡Tu no te aburres! – le comentó cuando abrió la puerta.
—¿De qué?
—No importa. – Ginny estaba por entrar a su departamento cuando se volvió.
—¡Espera! ¿Por qué no me lo dices directamente a la cara?
—Porque no lo quieres escuchar. Las mujeres como tu, no.
—¿Las mujeres como? Y ¿cómo se suponen que son las mujeres como yo?
Harry rió.
—¿Segura que lo quieres escuchar? – Ginny se acomodó en el sillón
—Por supuesto – Harry tomó sus piernas y comenzó a masajearlas para quitar el dolor.
—Pues, son necesitadas, ya sabes, andan en busca de un hombre.
—¡¿NECESITADA?! No tiene relación conmigo, digo estuve de novia ocho años ¡Ocho años! No estoy necesitada de un hombre solo porque salí una vez con un imbécil – entre conversación y conversación le era inevitable exclamar suspiros de dolor frente a los masajes otorgados por su vecino
—Ginny, tienes un letrero en la frente que dice: "Haganme daño". Se ve desde lejos. – Harry la miró atentamente y se levantó del sillón – Cuando terminas una relación, debes pasar a un estado de transisión por si quieres llamarlo de un modo
—¿Transición?
—Si, transición. Debes pasar de un estado a otro estado ¿me entiendes? – Harry sacó de la nevera hielo y lo envolvió en un paño para que Ginny se lo pusiera en su espalda – Debes pasar de esa relación fome que tenías con tu Monito…
—¡No le digas así! – interrumpió Ginny
—Como decía, debes pasar a estar soltera otra vez. – Acomodó a Ginny para dejar el hielo sobre el sector que le dolía y continuó – Es normal, a muchas mujeres les pasa
Las risas de Ginny se escucharon estruendosamente en su pequeño departamento pero no porque le causó gracia lo que dijo su vecino, sino que el frescor del hielo en su espalda le causaba cosquillas
—Ya, déjame. Muchas gracias, he aprendido mucho de tus "lecciones"
—Debes entender Ginny. En estos momentos tu estás vulnerable, sensible como dicen ustedes.
—Pero mis amigas…
—Tus amigas son todas unas histéricas que creen que lo saben todo y que lo único que quieren es tener a un hombre al lado.
—No tiene nada de malo estar en pareja – gruñó Ginny – Además si fuera malo tu no tendrías un desfile de mujeres en tu departamento.
—Pero eso es distinto...
Harry era productor de eventos y constantemente había muchas mujeres en su casa que audicionaban para ser promotoras
— ¡Obvio que es distinto! Porque nosotras no le tenemos miedo al compromiso, en cambio tu si.
—No confundas las cosas – ocupó un lugar vacío al lado de Ginny y la tomó por la cintura para ayudarla a estirar su espalda – Tu debes tomarte un tiempo para ti. No puedes estar siempre pensando en tu novio, digo en tu ex novio – corrigió cuando vio la mirada de la pelirroja – y su nueva novia.
— ¡claro! ¿Cómo no lo pensé antes? ¡Es tan fácil! – comentó irónica.
— ¿Sabes? – Harry volvió el rostro de Ginny para poder observarla mientras le hablaba – si buscas hombres desesperadamente solo lograrás que no te traten bien, serás como una alfombra.
Ginny lo miró indignada e iba a replicar, cuando Harry con un dedo tapó su boca.
—Mira, te lo diré de este modo: a los hombres no nos gustan las mujeres que intentan tener al primer hombre que encuentran. Se ve en su cara su desesperación. Nosotros tenemos una especie de radar para encontrar a ese tipo de mujeres.
—Entonces, según tu ¿qué debo hacer para que no me miren con ese "radar"?
—No te puedo decir eso, te enojarás.
Ginny le insistió urgida y Harry cedió
—Come un poco más de huevos fritos para que engordes las piernas y hazte una cirugía aumentándote el busto y el trasero. - Ginny suspiró exasperada y cubrió sus pechos - ¡te enojaste!
—No puedo creer que seas tan básico. – Harry se paró rápido de su lado temiendo ser golpeado.
— ¡Ginny, Ginny, Ginny! ¿Sabes qué necesitas tú? ¡Pensar como hombre! O es que ¿acaso aun esperas un príncipe azul, que pase por tu puerta y quede totalmente embelesado con tu belleza interior? No. Allá afuera está lleno mujeres así, hay muchas Ginevras Weasleys, tienes mucha competencia. – Se encaminó a la puerta y con la mano en el pomo, se giró para despedirse – Nos vemos. Recuerda, está lleno.
Escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, mientras una pregunta rondaba por su mente "¿Dónde mierda están los hombres?". Quizás, pero solo quizás, su vecino tenía la razón.
Oficina
—¿Todavía no has cambiado tu foto de perfil? ¡No seas tonta! – dijo Luna cuando revisaban el facebook de Ginny en el trabajo.
Ella salía dándole un beso a Christian en la mejilla.
—Debes cambiarla de inmediato. Esta es tu cara al mundo. ¡Todos deben saber que ya no estás en pareja!
—No es de mi convección entrometerme en conversaciones ajenas, pero desde acá veo que trabajan amenamente – comentó irónico Rolf.
Luna volteó los ojos exasperada.
— ¡Está pendiente todo el día de lo que hago! – Comentó silenciosa a Ginny, dándole la espalda a Rolf – Amiga, tienes muchas solicitudes de amistad. ¡Tienes que aceptarlas!
Luna se iba con paso seguro a su escritorio cuando recordó algo y volvió. Tomó la misma posición que en un principio.
— ¿Qué le digo a Santiago? Porque está muy interesado en conocerte, me llama mucho para saber de ti.
—Luna, necesito tiempo porque igual quedé impactada con lo que me pasó.
— ¿Tiempo? Si dejas pasar el tiempo lo perderás.
— ¡BUENOS DÍAS! – saludó Milena al entrar a la oficina
Luna corrió a su escritorio, tomó una bandeja que tenía un vaso con agua y unas pastillas y se lo ofreció a la jefa, a continuación entró a su oficina dejando el lugar libre para conversar. En eso sonó el celular de Ginny del banco recordándole que debía depositar un dinero.
—No entiendo por qué le sigues pagando la Academia al Monito.
—Porque cuando estábamos juntos me comprometí a darle el dinero y él luego me lo devolvía.
—Ahora tiene a otra persona que le pague la Academia – tomó el celular de Ginny entre sus manos y marcó el numero de Christian, pero la pelirroja se lo quitó antes de tiempo.
El sonido era constante, siempre ese pitido de la llamada en espera, nunca fue interrumpido por la voz de su ex novio desde el otro lado de la línea. Ya se imaginaba por qué él no contestaba y la imagen era bastante repugnante para ella. Nicole estaba sobre el mueble de la cocina, mientras su Monito la embestía con fuertes movimientos provocando que aun par de cosas cayeran al suelo. O quizás compartían un baño de tina, con aguas perfumadas y petalos de rosa para embellecer el momento.
— ¿En qué piensas? – Luna la sacó de su ensimismamiento
—Hola. Tanto tiempo. – escuchó la distante pero recordada voz de Christian.
¡no puede ser! ¡ES EL! Nunca se imaginó que sería lo que le diría una vez lo tuviera al teléfono
—Hola. Eeeh, yo..
— ¿Cómo estás?
—Yo… Bien
— ¿En serio?
—No sé, osea si… - Ginny escuchó una risa desde el otro lado.
—Es broma. Deja tu mensaje después del tono.
Lentamente bajó el celular con una mirada perdida
—Monito cambió su mensaje. Ahora es divertido.
—¡Se acabó, no quiero más excusas! Hoy si o si saldrás con Santiago. Ahora ve como pagar el dinero que debes y te prepararás para la noche.
Cansancio
Ya había hablado con Milena, le había prometido que haría todo lo que ella quisiera con tal de obtener el adelanto que necesitaba para pagar su deuda con el banco. Tendría que llevar los casos más complicados de la empresa, como la gente que debía arriendo, gente que no quería desalojar algun lugar, es decir, los arrendatarios que son los "puntos negros" de este negocio. Eso significaba solo una cosa, desde ahora trabajaría el doble. Se sacó los zapatos mientras suspiraba y se acomodó en la cama. Sonó el celular. Era Luna.
—¿Estás en tu casa? No, no me digas, ya sé. ¿Qué te dije hoy en la mañana?
—Te juro que no doy más, estoy muy cansada.
—Sal de inmediato de ahí. No me obligues a ir por ti. La verdad es que no me importa si te atropelló un camión, te picó una araña, solo me interesa que te juntes con Santiago. Asi que, ahora te bañas, te perfumas y vistes muy linda y vas a verlo.- Luna cortó.
No le quedaba otro remedio que ir a ver al famoso Santiago.
Santiago
Suspiró. Esperaba no pasar por lo mismo nuevamente. Tomó una pastilla y tomó un sorbo de trago. Escuchó como unas mujeres cantaban en el escenario y aplaudió mecánicamente. Tomó otra pastilla.
— ¿Ginny?
La reacción fue inmediata, Ginny tomó lo primero que encontró y apuntó al hombre que había llegado y dicho su nombre.
—Tranquila, soy Santiago.
Ginny bajó el cuchillo que había empuñado.
Era un hombre bastante más alto que el falso Santiago y con el pelo castaño igual que el otro, aunque si debía comparar el verdadero era mucho más guapo que el anterior. Debía admitirlo cuando Luna le insistía en que saliera con su amigo pensó que sería un hombre entrado en edad y soltero, desesperado por estar con alguien, pero la visión de este hombre era una totalmente diferente.
—Talvés es un mal momento, podemos vernos otro día
— ¡No, no, no! – Se apresuró a decir – no es un mal momento. Perdóname no suele actuar así, pero recientemente me robaron y ¿por qué no empezamos todo de nuevo?
Se presentaron mutuamente, mientras Ginny insistía que no era violenta. Se sentaron. Rápidamente comenzaron una conversación, en donde Ginny le comentó anécdotas de su pasado.
—Creo que es divertido tu trabajo. Debes conocer muchas partes de la ciudad mostrando casas.
—Si, algo. – Comentó tomando un sorbo de su trago – Perdón, no te he preguntado sobre ti. Cuentame.
—No tengo mucho que decir, mi vida es mi trabajo. Trabajo, trabajo, trabajo
— ¡Supieras como es mi trabajo! Mi jefa es insoportable. Creo que todos los jefes son así, unos déspotas sin corazón, realmente yo digo, ¿acaso no tienen alma?
—Bueno – Santiago miró fijo y serio a Ginny – en mi caso yo soy el jefe.
—Igual creo que hay jefes que son la excepción – dijo rápido la pelirroja.
—Era una broma – rió y ella compartió la sonrisa.
—Pensé que había dicho algo malo – comentó mientras reía.
—No te preocupes, yo también digo cosas que no a todos les cae bien. Por ejemplo ¿te puedo decir algo, pero no te enojas?
—Si, claro.
—Creo que todas las mujeres están locas, cada vez peor. Son cada vez más impredecibles, indescifrables. Conoces a una mujer que es muy simpática pero al final resulta que es super exigente.
—Me da la impresión de que estás traumado con las mujeres.
—No, no para nada.
En eso comenzó a sonar al celular de Ginny. No contestó a pesar de que su acompañante insistió. Sonó nuevamente, era Monito. Otra vez más. Santiago optó por ir en busca de trago. Tenía un mensaje de voz. Lo escuchó
—¿Aló, Ginny? Es raro llamarte… bueno primero te quiero pedir disculpa…
—Christian – dijo con los ojos llenos de lagrimas.
—… por llamar tan tarde, me imagino que debes estar durmiendo porque tu no eres buena para salir…
—¡No! Para tu información estoy en una fiesta – le gritó a la grabación
—…Supongo que me llamaste por lo del cheque, hoy no alcancé a depositar pero mañana a primera hora lo hago. Espero que no hayas tenido problemas
—No, no he tenido ningún problema, o sea ¿qué te importan a ti mis problemas?
—Bueno, yo me tengo que ir ahora. Espero que estés bien.
— ¡Estoy super bien! Estoy muy bien porque estoy con un hombre, con un hombre de verdad, no como tu – le gritó al teléfono nuevamente y un par de personas se giraron a observarla.
Cogió la copa de Santiago que contenía vino y se la tomó de un solo trago. Rió fuerte y caminó al escenario. Habló con el hombre que estaba encargado de poner las pistas del Karaoke y encargó una canción.
— Ese hombre que tú ves ahí
que parece tan galante,
tan atento y arrogante,
lo conozco como a mí.
De pronto vio acercarse a Santiago con dos vasos en la mano desde el sector del bar. Se quedó mirándola. La gente la apoyaba gritando y aplaudiendo.
—Ese hombre que tú ves ahí
que aparenta ser divino,
tan afable y efusivo,
sólo sabe hacer sufrir...
Tomó una bocanada de aire, cada estrofa le hacía recordar entrañablemente a Christian. Con todo el aire de sus pulmones entonó el coro, siguiendo de cerca por su público que con tan solo dos estrofas había logrado ganarse. La amaban, incluso había gente grabándola con su celular.
—Es un gran necio,
un estúpido engreído,
egoísta y caprichoso,
un payaso vanidoso,
inconsciente y presumido,
falso enano rencoroso
que no tiene corazón.
Gritó animando al público a que la siguiera en el coro nuevamente. Santiago la miraba horrorizado.
—Esta canción, está dedicada para ti, Christian Jones y para todos los hombres del mundo – suspiró y gritó - ¡PORQUE TODOS LOS HOMBRES VALEN CALLAMPA!
¿Chicas, quieren saber qué es lo que piensan los hombres de "Soltera otra vez" de las mujeres?
RON: (en la cocina dandole la comida a Hugo) Ahora te exigen ser sensible, tener dinero, ser metrosexual, durar una hora en la cama. Tienes que escuchar sus problemas pero no intentar solucionarlos porque en ese caso uno es un troglodita que no las entiende, que es un machista, que las mira en menos... Antes era todo mucho más fácil (sopla la comida del bebé. La deja sobre la mesa) Yo nunca vi a mi papá tratando de darme la comida.
HARRY: (preparando un asado en su casa) ¡No voy a estar con una mujer que me reclame por los gustos que tengo! No quiero que se enojen por lo que digo, por como lo digo, por lo que se supone que estoy pensando, por mi cara (Sonrie rodeado de mujeres) ¿Para qué?
DRACO: (en su compra-venta de vehiculos) Ahora hay muchos modelos nuevos compitiendo (abre la puerta de un auto a una mujer que entra) porque, por algo son más mujeres que hombres en el mundo. (piensa) Si yo estuviera con todas las mujeres que llegan acá, no pararía. (rie) Es que las mujeres son lo mejor que le puede pasar a un hombre, son todas muy lindas. Como decía mi papá: No hay mujer fea, hay trago suave
CHRISTIAN: (sonriendo, semidesnudo con su novia Nicole encima, se encoje de hombros)
VOCABULARIO: "Escapar los elfos de la cocina" - lo utilicé para el dicho "escapar las cabras pal monte".
Espero que les haya gustado. Para que sepan al final de cada capitulo la mayoría de las veces encontrarán algo por el estilo, los personajes hablando acerca de algo, hoy fueron los hombres.
Dudas, consultas, reclamos, lo que sea, se acepta via review o MP
Saludos
