Disclaimer: Nada de esto me pertenece, que quede claro. Todo esto es de y su imaginación, excepto algunos personajes y el argumento. Sexo explícito, no en este capítulo.

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I: Amantes

Matrimonio de conveniencia

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Rosalie Lillian Hale (Cullen)

2 años después

El reloj comenzó a sonar, una estúpida alarma me sacó de mis sueños más preciados, abrí mis ojos de forma rápida, tenía que llegar a mi casa sin que mi marido sospechase nada. Me giré y pude contemplar a mi amante, a mi oso, a mi hombre mono dormido como si no hubiese escuchado nada; adoraba ser a él a quien viese nada más levantarme. Me alcé y salí de la cama, pude oír como Emmett gruñía, me metí al baño a arreglarme. No me pinte, sería raro llegar a casa maquillada, aunque no me extrañaba que Edward supiese que le engañaba, me moví el pelo, me sentía frustrada. En que me había convertido, me lleve la mano al vientre, sabía que hay dentro estaba pasando algo, sabía que estaba en cinta, pero no quería decir nada, podía ser de Emmett, o de Edward. La puerta se abrió dejando paso a un Emmett completamente desnudo, me enrollo por la cintura con sus fuertes brazos, yo eche mi cabeza para atrás apoyándola en su pecho, amaba a ese hombre, esta completamente enamorada del hermano de mi marido.

- Será mejor que me vaya- dije rompiendo el silencio-. Edward estará esperando, y Heidi no tardará en llegar de su viaje.

Hice además de irme, pero los brazos de Emmett seguían puestos en mi cintura, le suplique con la mirada que me soltase, y uno de los defectos de mi oso, es que todo lo que digo lo cumple. Me despedí de él besando su boca con ferviente pasión. Cerré la puerta de nuestro apartamento y me dirigí a mi auto. Mi teléfono móvil empezó a vibrar, y leí el pequeño letrero: CITA CON EL GINECÓLOGO. La verdad se acercaba, hoy sabría si realmente estaba o no embarazada, de quién, no lo podría saber todavía.

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Llegué a mi flamante mansión, las puertas se abrieron dejando paso a su dueña, mis zapatos de tacón chocaban contra el suelo, me saque mis gafas de sol y abrí al puerta de mi dormitorio, estaba vacío. Edward estaba con su querida Isabella, me daba pena Jacob, quien verdaderamente si quería a la chica, sonreí para mis adentros. Mi teléfono móvil volvió a sonar: Llamando Alice. Contesté nada más leer lo que ponía.

- Alice- grite emocionada-. ¿De verdad eres tú?

Escuche una risa de duende a través de mi móvil, sin duda era ella quien me llamaba. Cada vez tenía más felicidad en mi cuerpo.

- Creo que sí Rose- respondió ella con una sonrisa-, si no me han cambiado soy yo.

La puerta del dormitorio se abrió, dejando paso a mi actual esposo, quien me miró y giró su vista. A mí no me importo, aún así colgué a Alice y me giré a mirarlo.

- Hoy no voy a estar en casa- le dije-. Dentro de una hora tengo cita con el ginecólogo.

Edward abrió los ojos sorprendido, como si eso no se lo esperase. Pero era obvio que algún día tenía que pasar, nunca usábamos protección. Me metí a mi enorme closet y empecé a sacar la ropa que utilizaría en este día. Edward apareció detrás mía, con la mirada seria que siempre llevaba puesta, yo hice como si no pasase nada.

- ¿De quién es?- me pregunto.

Ni que yo supiese la respuesta, además podía ser una falsa alarma, aunque las nauseas matutinas fuesen uno de los síntomas. Respiré, no iba a darle ninguna contestación. Edward me agarro del brazo y me hizo mirarle a los ojos.

- Es del gilipollas ese o es mío.

Reí por como había llamado a Emmett, si supiera quien era no hubiese dicho eso, el problema es que él tampoco tenía derecho a quejarse, a Bella podía pasarle lo mismo que a mi. Saque lo que me iba a poner y unos tacones altos.

- Si supieses quien es el "gilipollas ese" como tu le dices no le llamarías así- dije riendo-. Además yo a Isabella no la insulto, no lo insultes a él.

Salí del closet y Edward me seguía, me estaba empezando a cansar de su jueguecito. Como decirle que no sabía de quien era, podía ser suyo, y también podía no serlo. Me empecé a quitar la ropa, Edward seguía mirándome, ya me había visto desnuda en diversas ocasiones. Note su mano en mi muslo desnudo, subiendo poco a poco. Su aliento en mi nuca, me estaba volviendo loca, me giró hacia él y empezó a besarme concupiscencia, a morderme los labios de forma obscena. Le desabroche la camisa haciendo que cayese al suelo, el empezó a desabrochar mi sostén, dejando mis senos al descubierto, él solo se desabrocho los pantalones. Su boca me recorría todo el cuerpo, yo solo soltaba gemidos, pero mi chip interior saltó, empuje a Edward y me levante.

- No sé de quien es- aseguré-. Puede ser tuyo, o no.

Edward asintió y se volvió a vestir, yo me puse el conjunto señalado, e hicimos como que no había pasado nada. Cuando me vestí baje al comedor, Edward se encontraba allí, le di un beso lascivo, así era nuestra relación, puro sexo y belleza, eso era mejor que nada.

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Llegue al ginecólogo. Había llegado antes de lo previsto, pero un buen apellido y mucho dinero hacen maravillas, en seguida entre a la consulta del doctor. Un joven rubio entro y me sonrió, pero no me sonrió a la cara, era mis pechos lo que miraba, le dirigí una sonrisa falsa, y empezó a hacerme pruebas, todas innecesarias, debía darme un test que me lo hiciese y le diera los resultados, pero se dedico a manosearme, sería asqueroso.

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Emmett Cullen

Me quede solo en aquel apartamento, Rosalie y yo nos lo habíamos comprado para poder estar juntos, para tener algo nuestro. Era estúpido, me había enamorado hasta la médula de la mujer de mi hermano, era masoquista, pero no podía remediarlo, y ella tampoco. Hoy regresaba mi mujer, la flamante Heidi Cullen, me odiaba a mi mismo por lo lejos que había llegado esto, quería coger a Rosalie y huir con ella, lejos de todo esto. Me vestí y salí de aquel departamento, cerrando la puerta con llave.

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Llegue a mi mansión, donde todo Cullen vivía, y por que a mi mujer le gustaban todos eso caprichos. Heidi volvía de Italia, donde vivía toda su familia, hacía una semana que se había ido, y había sido la mejor semana de toda mi vida, con Rosalie sin preocuparme de que Heide me amonestara por lo que estaba haciendo. El ruido molesto no tardo en llegar, la voz de Heidi retumbó por toda la casa, su molesta voz hizo que los pelos se me pusiesen de punta.

- Cariñito- grito mientras se tiraba encima mía.

Empezó a besarme con pasión acumulada durante diversos días, mis hormonas se revolvían por mi cuerpo. Le correspondí al beso, le quite su camiseta, dejándola en sujetador, ella empezó a reírse de forma escandalosa, me habría asustado, pero el sexo es el sexo. El teléfono empezó a sonar, por lo cual Heidi y yo nos separamos.

- Hola- dije.

- Emmett soy yo- respondió mi hermano angustiado-. Es Rosalie.

En ese momento me temí lo peor, me juraba a mi mismo que si le había hecho algo lo mataba, por mucha sangre mía que llevase en su cuerpo. Intente tranquilizarme y sonar lo más natural posible, cosa que era poco probable.

- Ha ido al ginecólogo, sí es eso Emmett, creo que Rosalie esta embarazada- decía entre enfadado y contento-. Puede que sea mío, o puede que no, voy a ser padre de todas maneras Emmett, voy a ser padre.

Deje de respirar por un momento, había escuchado bien, podía ser padre, mi hermano o yo seríamos padres, note la mirada de confusión de Heidi en mi nuca. Termine de hablar con Edward y me gire a donde estaba mi esposa. Con su mirada me insistía en que le contase lo que pasaba, bufé y me revolví el cabello preocupado.

- Rosalie esta embarazada- afirmé-. Bueno no es seguro, ha ido hoy al ginecólogo.

Heidi sonrió y paso su lengua por los dientes, estaba disfrutando con esto, sabía que esto ataba a Rosalie a mi familia, mucho más que antes, esto estaba saliendo mal. Heidi me abrazó por detrás incitándome a seguir lo de antes, pero ya no tenía ganas. La aparté de mala manera y me fui de allí, quería estar solo un rato.

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Paseaba por un parque cercano al apartamento de Rose y mío. Me encontraba reprimido, el hijo de Rosalie podía ser mío. Me senté en un banco, tenía unas ganas de llorar superfluas, me pase las manos por la cara de forma cansada, miré al cielo buscando una respuesta, que iluso era. Tal vez debería alejarme de Rosalie, sé que ninguno seríamos felices, pero era lo mejor. Ella no iba a ser mi segundo plato, ni yo el de ella tampoco. Iba a cortar algo que no debió de haber empezado nunca. Saque mi móvil del bolsillo, empecé a marcar el móvil de Rosalie, me odiaba a mi mismo por ser cobarde, las lágrimas surcaban mi rostro desde hace un segundo. No quería alejarme de lo único que me hacía feliz, quería que Rosalie fuese mi vida. Colgué el teléfono y salí de aquel parque. Me deshice de todas las ideas de abandonarla, no la iba a dejar nunca.

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Nota de la autora: Y e aquí la continuación de este mini-ficc, espero que les guste. Gracias por su reviews, me alegra leer que son de lectoras de mis otras novelas, eso puede significar que les gusta como escribo y también les gustan mis historias. Bueno solo me queda actualizar otra historia, pero eso no será hoy. ¡Besssos de chocolate!