Era viernes y Potter no había dado señales de vida. Lo esperó el miércoles con el desayuno puesto en la mesa por los elfos y no apareció. Lo mismo ocurrió el jueves y el viernes. Eran las ocho de la tarde y el moreno no había dado señales de vida en todo ese tiempo.

Al principio pensó que "esa cita" que tenía se había "complicado", pero tantos días ya era demasiado. También pensó que le había tocado doblar turno en el trabajo, aunque él no sabía en qué trabajaba Potter porque nunca se lo había preguntando. Tal vez le había pasado algo y estaba en el hospital...y claro ¿Quien iba a avisarle de que el imbécil de Potter estaba hospitalizado?

Se sentó en el diván de la biblioteca dispuesto a evadirse un rato de un inmerecida preocupación, pero ya se había leído todos los libros de allí y no le apetecía repetir ninguno.

Quizás y sólo quizás podría leer alguno de los periódicos que Potter le había dejado en el sillón del Solarium...

-Basta ya-se dijo a si mismo en voz alta-no vas a leer ningún periódico del imbécil ese, no te vasa preocupar por él...es San Potter, seguramente esté con las Comadrejas o tirándose a alguna de sus admiradoras.

Aquella línea de pensamientos le llevó a maldecir su suerte una vez más. Potter, el perfecto novio que toda bruja imbécil desearía presentar a sus padres. Seguramente las engatusaría con esa historia suya de cómo había matado a Voldemort y antes de que pudiesen darse cuenta, ya les estaría quitando las bragas. Patético.

En cambio él, tenía que verse encerrado en su jaula de oro, con sus libros y sus elfos domésticos, todos el día vestido de pies a cabeza, sin sentir en su piel nada más que dolor.

Sin poder sentir nuca más ningún tipo de calor humano, sin nadie que le acariciase, ni que le besase...sin nadie a quien no le diese asco ni huyese de su aspecto. El aspecto de un monstruo.

Desenguantó su mano derecha en la soledad de su biblioteca y la observó a la contraluz de las velas. Aún era blanca y casi normal, aunque tenía pequeñas cicatrices aquí y allá, casi minúsculas. Su mano derecha estaba casi bien, si no fuera porque a la altura de la muñeca comenzaba un auténtico rosario de cicatrices de quemaduras que se extendían a lo largo de todo su cuerpo y que ocupaban también la palma de su mano, haciendo que no tuviese sensibilidad allí.

Aunque de bien poco le servía la sensibilidad sin nadie a quien tocar o que le tocara a él. Hacía casi tres años de la última vez que había estado con alguien. Y sabía que a partir de entonces ese sería el único recuerdo verdadero de alguien tocando su piel. Besando sus hombros y susurrándole palabras al oído mientras sentía como su orgasmo se aproximaba.

Siempre tendría un lugar especial en su corazón para su gran amigo Blaise, él era otra de las cosas que la guerra, Voldemort y el maldito Mundo Mágico le había arrebatado. Había muerto a manos del Señor Oscuro al enterarse este que ayudaba a la Orden del Fénix. Él también lo había odiado por aquello, pensando que lo había utilizado para dar información a Potter y los suyos, pero odió aún más a Voldemort por matarlo a sangre fría, sin una sola oportunidad de defenderse. Blaise, su mejor amigo...el único que lo había llegado a conocer un poco.

Así pasó el rubio el fin de semana, entre paseos al Solarium, autocompasión barata y preguntas acerca de la ausencia de Potter.

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Llegó de nuevo el lunes y Draco ya se encontraba desayunando en el Solarium, mirando con recelo el segundo servicio que los elfos habían colocado y que iba destinado a cierto moreno que acostumbrara a desayunar allí desde hacía un tiempo, pero que tampoco había aparecido aquella mañana.

-Teby-llamó al elfo-haz el favor de quitar este servicio de la mesa, me molesta.

-Señor, amo, señor, pero el señor Harry Potter, señor, él...¿No va a desayunar?-aventuró con miedo el elfo.

-Si voy a desayunar, Teby.

Draco volvió su cara rápidamente hasta encontrarse con los ojos del moreno. Estaba ojeroso y más despeinado de lo normal. Además¿llevaba puesta la misma ropa que el lunes?

Y...¿qué era aquello que tenía en el cuello?

No sería...no, imposible, no podía ser. ¿era un chupetón?

Toda la ira que había estado dormida durante bastante tiempo resurgió, roja y brillante. El maldito de Potter se daba el lujo de prescindir de él para pasar cinco días follando como un conejo, sin dar señales de vida mientras él se preocupaba de su salud y seguridad. El maldito de Potter podía darse el lujo de follar como un loco y luego volver a hacer su acción de caridad con él.

-Vete de mi casa-siseó como el primer día que Harry había puesto un pie allí.

-Draco...siento no haber podido venir estos días. Verás he estado muy ocupado, ha ocurrido algo, pero ya se ha solucionado. Verás tu t...

-¡Sal de mi casa!-otra vez la ira ganado a sus nervios-¿acaso te crees que puedes venir aquí cuando te plazca? ¿ir y venir? Yo no soy tu puta obra de caridad, Potter, no te necesito, sal de aquí, vete de mi casa y déjame en paz de una maldita vez. Te he aguantado durante casi tres meses día tras día.

¡Mi vida no gira en torno a tí!

Harry tampoco venía de muy buen humor. El haber estado seis días casi sin dormir ni poder cambiarse de ropa no era plato de gusto de nadie.¿Y ahora que llegaba aparecía ese malcriado de Draco a formarle un número?

-No, tu vida no gira en torno a mi, es la mía la que gira en torno a tí. Dos años mandándote lechuzas hasta que al final tengo que colarme en tu casa para verte. Todos los días trayéndote el periódico, que todavía no te has dignado a leer, todos los días desayunando, intentando hablar contigo encontrándome solamente con tu ironía.¿Crees que es divertido?

-¡Ah, claro!, lo olvidaba. El Gran Potter que hace el gran favor de venir a hacer una visita a un pobre lisiado. ¿Cuánto de debo por tu magnanimidad? Nunca te he pedido tu ayuda, Potter, ni quiero nada tuyo. Vete de nuevo a la cama de la zorra con la que has pasado estos días y olvídame. Vuelve a tu idílica vida de héroe. Sal de mi casa y no vuelvas nunca más.

-Así que todo se trata de eso. Estás celoso.

Aquella frase hizo que a Draco se le revolviesen las tripas.

-¿Celoso?, no me hagas reír, Potter ¿de que podría estar yo celoso?

-De la "zorra esa" con la que me he estado revolcando seis días según tu-el moreno avanzó hasta acortar bastante la distancia entre los dos.

-Sal de mi casa, Potter-volvió a repetir el rubio.

En cambio, Harry hizo oídos sordos a la petición de Draco, más aún, acortó en varios pasos la distancia que todavía los separaba.

-Mírame a los ojos y dime que no es por eso.

-¿Qué? ¿cómo te atreves?

Al sentirse bastante atrapado por la proximidad del cuerpo del moreno y la mirada inquisitiva de este, el rubio sólo vio una opción posible;Huir.

Pero antes de que eso ocurriese, los reflejos de buscador de Harry actuaron, atrapando a la escurridiza serpiente del brazo, afianzando su agarre y haciendo que esta voltease para mirarla a los ojos de forma directa.

-Responde a mi pregunta-demandó Harry.

-¿Cómo puedes creer siquiera que estoy celoso de ti?-desafió Draco.

Una sonrisa bastante ladina, más propia de un Slytherin que de un Gryffindor asomó en los labios del moreno.

-Conmigo no te van a funcionar esos trucos tuyos, Malfoy. Tú, no estás celoso de mi, estás celoso de "esa persona" con la que he estado toda esta semana y que por su culpa no he podido venir a verte. Reconócelo.

El estar dos años casi sin contacto humano hacía que cualquiera perdiera habilidad en la dialéctica y Draco no era la excepción a esa regla. Viéndose incapaz de contestar al moreno algo digno de un Malfoy, optó por volver a su plan de huida inicial con iguales resultados, ya que el moreno aún continuaba agarrándolo fuertemente y sin pretensiones de dejarlo escapar.

-¡Déjame en paz!

Sin saber muy bien como, Draco se vio arrastrado hacia una de las paredes del Solaruin, aquella en la que estaba colgado un cuadro de su tío segundo Cygnus por parte de padre, aunque no era aquello lo peor de todo. Casi podría haber soportado la humillación de verse movido como un pelele por la habitación según el antojo del Gryffindor, pero para lo que no estaba preparado era para sentir.

Sentir de nuevo después de tanto tiempo.

Sentir sobre sus labios cómo el moreno posaba los suyos primero de forma violenta casi en un intento de descargar su rabia y coraje de aquella manera, para ,de repente, sentir sus labios ser acariciados por los otros, besados, sentir como una lengua húmeda se paseaba por su labio inferior intentando encontrar la entrada a su boca al tiempo que el agarre en su brazo se suavizaba para sentir unas manos tibias posadas a ambos lados de su cabeza.

Y el estaba quieto como una estatua. Porque todo aquello era producto de su imaginación y su soledad. Porque no era posible que Potter le estuviese besando como si la vida le fuera en ello. Porque la gente normal no besa a los monstruos y los héroes no son la excepción a esa regla.

Draco nunca supo cuanto tiempo pasó, ni en que momento abrió la boca ni mucho menos supo cuando Potter había logrado enredar su lengua con la suya. Pero ahí seguía, atrapado al lado del cuadro de tío Cygnus, con sus manos a los costados, con la boca completamente invadida y el pelo alborotado por las manos del moreno que parecía no necesitar aire para vivir.

Muy a diferencia de él que estaba casi a punto de desfallecer por el cúmulo de sensaciones-emociones que en aquel momento lo estaban golpeando.

Harry pudo sentir el temblor bajo sus manos, sabiendo que, aunque no quisiese, el beso tenía que terminar, al menos por el momento. Poco a poco, lentamente separó sus labios de los ajenos intentando exprimir hasta el último segundo de aquello, aún exhalando su aliento en la boca ajena. Abriendo sus ojos, intentó escrutar la mirada gris que aún permanecía muy cerca de la suya. Ni un grito, ni un insulto. Tan sólo dos orbes grises que lo miraban y lo miraban sin parar, intentando adivinar algo, aunque no supiera exactamente el qué.

Realmente no había podido resistirse más tiempo. Era verdad que la paciencia nunca había sido una de sus grandes virtudes, pero Draco también le había tocado demasiado las narices, aunque él tuviese parte de culpa;debería haberlo avisado, una lechuza;algo. Pero estaba demasiado enfrascado con Andrómeda y Teddy como para prestar atención a nada más que no fuese eso. Quizás debería de haberlo avisado, al fin y al cabo eran su familia. Pero Draco estaba celoso, el muy estúpido había pensado que se había pasado una semana follando con alguna tía, ¡por amor a Merlín si el era gay de la cabeza a los pies!¿de donde coño habría sacado Draco aquella idea?

-No son las mujeres precisamente lo que me gustan, Draco.

El rubio continuaba sin articular palabra. Tan sólo respiraba entrecortado.

-Draco...¿Acaso no has sido capaz de verlo en todo este tiempo?-Harry estaba perdiendo todo el control que se había prometido mantener hasta que el rubio fuese capaz de aceptar sus intenciones- ¿Quien en su sano juicio estaría dos años mandándote lechuzas y siguiéndote como un perro faldero?

Draco era incapaz de articular palabra.

-Toda esta maldita semana he estado encerrado en San tía Andrómeda tuvo un infarto, la encontré tirada en el suelo cuando fui a su casa a recoger a Teddy para pasar el día con él. Me he pasado estos últimos días como un loco del hospital a su casa cuidándola a ella y a mi ahijado, que por otra parte es tu sobrino.

¿Que diablos pasaba allí? ¿De que hablaba el moreno? Era incapaz de entender absolutamente nada. Aún se encontraba apresado contra la pared del Solaruim, con un Potter despeinado, con barba de varios días que le había raspado el rostro al besarlo y con olor a no haber tomado una ducha en condiciones en varios días, hablándole de cosas que su mente no podía llegar a entender...y lo había besado.

¿Acaso Teby intentaba envenenarlo con su poción contra el dolor? ¿Se habría pasado de la dosis recomendada y estaba sufriendo una intoxicación con alucinaciones?Eso tendría lógica, seguro que era eso. Tenía que ser eso, pero, tan sólo había un pequeño fallo en su plan. Hacía más de un mes que no tomaba la poción para el dolor, porque las cicatrices no le habían dolido en aquel tiempo.

-¿Teby está intentando envenenarme?-preguntó al fin el rubio.

-¿Qué?-con todo lo que le había dicho eso era lo único que se le ocurría preguntar al rubio-Draco...¿te encuentras bien?-Harry empezaba a preocuparse.

-Claro, mientras no me daba cuenta, ha debido de colarme las gotas de la poción en el té, o tal vez en el café, el sabor es más fuerte y lo disimularía mejor. Es la explicación a todo esto-el rubio continuaba en su disertación él solo-porque de otro modo no sería normal que yo haya tenido un arranque de celos, y que tú me hayas besado y tampoco es lógico que yo no te haya mandado un Avada por eso...Teby me ha tenido que envenenar y me he vuelto loco.

El moreno comenzó a reír como un poseso. Aquella reacción era lo último que podría haberse esperado del rubio. Cualquier cosa, un Avada, gritos, insultos, maldiciones...cualquier cosa menos que preguntase si uno de sus elfos domésticos lo estaba envenenando.

-Draco-dijo de nuevo el moreno cogiendo la cabeza del otro entre sus manos para obligarlo a enfocar su atención en él- Teby no te está envenenando, sería incapaz de hacer algo como eso. Todo esto es real, tal vez esta no era la mejor forma...pero lo hecho, hecho está.

-Tu...¿me has besado?-todo aquello no podía ser real, se decía a si mismo Draco.

El moreno sonrió de medio lado. Tal vez aquel terco y malcriado niño no era tan terrible después de todo.

-Si.

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Desde aquel día una extraña nube rosa se había instalado en la Mansión Malfoy. Draco ahora salía casi todos los días a pasear por los jardines e iba habitualmente a ver a los pavos reales albinos que en otro tiempo habían sido las mascotas de su padre, ahora exiliado junto a su madre a Suiza por un periodo de siete años "gracias" al Winzengamot. Aún no se atrevía a decirlo en voz alta, porque no terminaba de creerse que todo aquello no fuera solamente producto de su imaginación. Pero hacía más de dos meses que vivía en una extraña felicidad y el causante de la misma era nada más y nada menos que Potter.

Quien iba a decir que Potter era gay, más aún quien iba a decir que Potter hubiese esta más de dos años tras de él. Todo era demasiado...perfecto.

Aunque él se empeñaba en decirse a si mismo que aquello acabaría, que el moreno terminaría por cansarse de él. Harry no era de las personas que estaban acostumbradas a estar encerradas y él no podía salir al exterior. Además, ¿Qué clase de relación se puede llevar con una persona a la que no dejas que te toque y que te bese sólo en costadas ocasiones?

Nadie aguantaba eso y él lo sabía, tan sólo estaba esperando el momento en que el moreno se diese cuenta y se fuese para siempre. Pero sería mentira decir que mientras eso sucedía él no disfrutaba de ese porción de felicidad.

Nunca, ni en sus más extrañas fantasías habría podido ver una situación semejante. Nunca se le hubiese ocurrido pensar que al moreno le fuesen los tíos, jamás lo había visto tontear con ninguno en los años de colegio, es más, siempre lo recordaba colgado de alguna estúpida como Chang o la hermana de la Comadreja, aunque desde luego que Harry sabía como besar a un hombre, a Draco no le cabía duda de su experiencia. Lo cual, indefectiblemente, le llevaba a pensar que si Harry sabía besar, también sabía hacer otras cosas, cosas que con él jamás podría hacer, porque ni por todo el oro que se guardaba en las Cámaras de Gringotts, él, Draco Malfoy consentiría desabotonarse siquiera el primer botón del cuello. Ni desenguantaría sus manos. Porque no era posible, Harry no podía verlo tal y como él era. Eso jamás pasaría.

Y esa actitud, él sabía muy bien, nadie la aguantaría.

Sabía que sólo podría aspirar a conformarse con las migajas de lo que quisiesen darle. Había perdido el derecho de exigir hacía mucho. Y aunque aquello le hería el orgullo y le partía el poco alma que le quedaba, él no era de piedra y necesitaba cariño y calor humano¿Acaso era tanto pedir?

Tal vez se estuviese aprovechando un poquito de Potter....pero él también lo utilizaba como obra de caridad y eso a él nadie se lo sacaba de la cabeza.

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Así pasó otro mes más, donde los paseos por los jardines de la mansión eran una constante en ambos. Harry charlaba y charlaba, muchas veces de trivialidades y cosas sin importancia. Todos los días acudía desayunar con su periódico debajo del brazo y cada día saludaba a Draco con un suave beso en los labios a modo de "buenos días" y aunque las primeras veces el rubio se sintió más que incómodo ante la cercanía del contacto, no lo rechazaba ni mucho menos.

Ese beso de buenos días se había vuelto un clásico y Draco lo echaba muchísimo de menos los fines de semana cuando el moreno se iba a la Madriguera con las comadrejas. En realidad no solo echaba de menos el beso de buenos días, el fin de semana se le hacía eterno y mayoritariamente pasaba su tiempo recostado en el diván de la biblioteca, casi sin comer, soñando despierto y releyendo pasajes de sus libros favoritos

En cambio Harry estaría hinchándose de comer, jugando Snap explosivo, utilizando su escoba para perseguir la snitch y miles de cosas más. En resumen;estaría divirtiéndose.

El lunes, como ya era costumbre, apareció con su periódico debajo del brazo, una sonrisa radiante y dispuesto a dar el beso de buenos días.

-Les he hablado de lo nuestro a los Weasley y me han dicho que quieren que vayas a su casa.

El cuchillo con el que Draco estaba untando la mantequilla en su tostada resbaló de sus dedos hasta estrellarse contra el plato. Otra vez volvía Teby a las andadas envenenándolo;porque no era posible que Potter hubiese hecho gilipollez semejante.

-¿Que?

-Bueno, ya lo has oído-dijo Harry intentando parecer calmado aunque esperaba una reacción semejante por parte del rubio-me han preguntado muchas veces por mis visitas a la Mansión y no me parecía correcto el mentirles, así que les hablé de lo nuestro y aunque reaccionaron casi como tú ahora mismo....bueno, quieren que vayas el próximo fin de semana a la Madriguera.

Draco soltó su tostada, limpió su boca con la servilleta y se levantó de la silla. El momento había llegado.

-Nadie te obliga a venir aquí, eres libre de irte cuando quieras así que no tienes que inventarte excusas estúpidas y pueriles.

-¿De que estás hablando?

-De esto-la mano enguantada de Draco abarcó el espacio entre los dos-¿Qué será lo próximo, exhibirme en el Callejón Diagón? No entiendo porqué has tenido que contarles nada.

-Porque son mi familia, porque los quiero y porque no veo el punto de ocultarlo más tiempo.¿Exhibirte en el Callejón Diagón?¿De qué estás hablando?

-Hablo, de que no entiendo que haces aún aquí. Sabes de sobra que no iré a ningún lado ¿Las comadrejas invitándome? Antes el infierno vivo. Voy a ahorrarte el mal trago debido a tu buen corazón Gryffindor, vete de aquí y haremos como que estos últimos meses no han ocurrido. Tu feliz y yo también.

-¿Estás dejándome?-dijo levantándose de la silla el moreno para poder ir al lado del rubio-Draco, por Merlín, no entiendo absolutamente nada.

-No hay nada que entender, Potter. Todo está absolutamente claro. Te estoy haciendo un favor, ahora puedes ir corriendo a ver a tus amigos a decirles que a pesar de haber sido bueno y generoso conmigo, yo, te he abandonado. Tú eres el héroe y yo el malo de la película.

-Draco, te juro que hay veces que me dan ganas de estrellarte contra la pared¿Me estás dejando por hacerme un favor?-preguntó confundido-eso tienes que explicármelo.

¿Porqué se lo ponía tan difícil? Él le estaba haciendo un favor, lo dejaba libre de tener que ir todos los días a verlo, ya había saldado su deuda interior por el incidente de la Sala de los Menesteres. Ya no le debía nada, e intentar alimentar con besos y desayunos un amor ficticio, era algo que a la larga sólo le haría daño a él. Porque no podría abrir su corazón ni su cuerpo a nadie. Nunca más.

-De acuerdo, no vayas a casa de los Weasley si no quieres. No tiene porqué ser ahora, cuando estés preparado. Pero no me arrepiento de haberles hablado de lo nuestro, porque yo no tengo nada que esconder a nadie. Ni me avergüenzo de nada.

Aquellas últimas palabras estaban muy cerca de sus verdaderos miedos.

-No me vengas con tonterías, Potter ¿Que no te avergüenzas?

-Espera, espera ¿Te avergüenza estar conmigo?-fue la pregunta del moreno.

"Por amor a Merlín, más tonto y no nace solo"

-No soy yo el que se avergüenza, eres tú.

-¿Yo?

-Si, tú. ¿Quien querría salir con alguien que no puede salir de su casa?¿Alguien a quien no puede besar ni tocar? Nadie aguanta eso. Y tú, no eres la excepción.

-Y si no soy la excepción, ¿Porqué coño he estado persiguiéndote dos años?

-Sentimiento de culpa. Te sientes culpable por lo que pasó en la Sala de los Menesteres y esta es tu forma de resarcirlo.

-Entonces...según tú, lo que tenemos es porque me siento culpable. ¿No crees, que si eso fuera verdad tendría que estar metido en la cama de medio Mundo Mágico?

El rubio calló, porque realmente no sabía como contestarle.

Y Harry lo vio claro por fin de una vez. Vio el problema. No eran las quemaduras en su cuerpo, ni siquiera la vergüenza que tuvo que pasar ante el Winzengamot, era algo mucho más simple y a la vez problemático. Draco había perdido la fe en si mismo.

-Draco-intentó avanzar los pasos que los separaban, quería estar a su lado-las cosas no son así.

-Se perfectamente como son las cosas, Potter y te lo repito de nuevo. No tienes obligación de estar aquí.

-¡No lo hago por obligación!-el moreno comenzaba a perder la paciencia- lo hago porque quiero. Porque te quiero.

Ya esta. Lo había dicho. Lo que tan celosamente había ocultado durante tanto tiempo, lo que planeaba decir en un ambiente mas idóneo y romántico, lo había soltado sin previo aviso, en medio de una discusión. Al principio simplemente fue curiosidad hacia el rubio, curiosidad que asomaba a a través de la inquina que se profesaban mutuamente en el colegio. Curiosidad que comenzó a aparecer en sexto curso cuando lo seguía intentando averiguar lo que el rubio estaba haciendo para Voldemort. Durante la guerra, aunque sus encuentros fueron escasos, siempre estuvieron cargados de una carga demasiado fuerte. Primero en su Mansión, en esa misma Mansión donde ahora se encontraban, donde Draco los salvó de delatarlos ante Bellatrix y Voldemort y posteriormente en aquella maldita Sala de los Menesteres.

Los días en San Mungo rezando porque se recuperase de las quemaduras y los terribles días de juicio ante el Winzengamot en pleno. Todo aquello había ido haciendo mella en Harry, hasta que un día, lo vio claro. No era a Ginny a quien quería, no era Ginny quien despertaba en él esa fascinación casi enfermiza, no era a Ginny con quien deseaba pasear y charlar. Porque, aunque quería a Ginny, no era a amor lo que sentía hacia ella.

-¿No te das cuenta?, te estoy haciendo un favor-intentó de nuevo el rubio queriendo autoconvencerse de sus palabras.

-Draco-el moreno hizo inexistente el espacio entre ambos-sabes tan bien como yo que sólo es miedo-agarró sus manos enguantadas-sabes perfectamente que me da igual lo que haya debajo de estos guantes o de esta túnica, lo sabes mejor que yo-danos a ambos la oportunidad.

El rubio dudó por unos instantes. Era demasiado fácil caer en las palabras del moreno. Quería creer en las palabras del moreno. Porque muy en el fondo ansiaba que alguien lo rescatase de si mismo. Y tal vez Harry fuese ese alguien.

Pero como buen Slytherin que era, su mente le gritaba que no, que aquello no podía acabar bien en ninguna manera. Debía de resistir, aunque fuese una última vez.

-Esto...no, no puede salir bien de ninguna manera.

-No te estoy preguntando si crees que esto va a salir bien o no, Draco. Te pregunto si tu me quieres, aunque solo sea un poco.

El rubio calló.

Harry decidió quemar su último cartucho. Acercó su cara a la del rubio, lentamente, para darle tiempo a que se hiciese a la idea de la proximidad. Lo miró intensamente a los ojos, intentando transmitirle algo de su seguridad, acortó la distancia entre los dos hasta hacerla casi inexistente, hasta que sus labios casi se rozaban, hasta que sus alientos se confundían enviando chispazos eléctricos a lo largo de sus espinas dorsales. Hasta que el espacio no existió.

Y Draco supo cómo era un beso con amor. Porque él había compartido muchos besos en su vida y la mayoría de ellos fueron con Blaise y aunque había habido cariño y amistad, no había existido esa lengua de fuego que abrasaba su estómago por dentro. Tampoco ese ansia desmedida.

Después de tanto tiempo, Draco verdaderamente sentía renacer en su cuerpo el deseo como un animal que despierta de su hibernación y va buscando comida como un loco. Quería que Harry lo besase hasta caer desmayado por la falta de oxígeno. Quería que Harry jamás lo soltase, quería...quería poder deshacerse de su demonios internos y corresponderlo en cuerpo y alma.

Una lengua juguetona introduciéndose en su boca lo sacó de sus cavilaciones y lo obligó a concentrarse en aquellos labios demandantes. Lo cierto es que había perdido bastante práctica en el arte de besar. En sus buenos tiempos casi siempre era él quien comenzaba los besos y quien los dirigía y ahora se encontraba con que apenas si podía seguir el ritmo del moreno, casi como una Hufflepuff tonta a la que besan por primera vez.

Se descubrió a si mismo devolviendo ese beso con más pasión de la que se imaginaba podía poseer. Revolviendo el cabello negro entre sus manos y deseando poder quitarse sus guantes y sentirlo escurrirse entre sus dedos, aunque sólo fuera por una vez.

Deseó poder ser libre de sus miedos y corresponder al Gryffindor con la misma entrega que este le daba. Tal vez...algún día pudiese hacerlo. Tal vez, sólo fuese cuestión de tiempo. Tal vez...sólo necesitase de alguien que estuviese dispuesto a esperarle el tiempo necesario.

Casi estaba convencido que Harry podía ser esa persona. Porque aunque su mente gritase que eso no era posible, su corazón gemía de deseo y pasión por aquel Gryffindor que si saber muy bien cómo había conseguido adentrarse en su alma.