1. Pesadillas.
-No volveré a acercarme a ti hasta que sepa que no voy a hacerte daño.
-Edward…
-No…- le besó en la frente- te haré más daño.
Respirando angustiada y empapada en sudor, Bella se incorporó del amasijo de sábanas y mantas que era su cama de otra noche más de pesadillas. Tres meses exactos de pesadillas desde esa fatídica tarde, una semana después de su fiesta de cumpleaños, que Edward había desaparecido de su vida. En las paredes de su habitación aún quedaban los huecos de las fotografías que había arrancado para no ver su perfecta cara que le hacía más y más daño. Y aún no se lo podía creer.
No se podía creer en que se había convertido su vida desde hace tres meses cuando lo tenía todo. Un novio perfecto, tan perfecto que rallaba la divinidad, un ser de culto que sólo tenía ojos para ella y que luchaba con sus demonios internos, con su propia naturaleza, para estar juntos y protegerla. Tenía un montón de amigos, una familia que la acogía como parte de ellos, con los que compartía un enorme secreto. Y tenía un futuro que le esperaba.
¿Y ahora que tenía? Solamente pesadillas.
En estos tres meses se había alejado de todo. Ver a los Cullen, que iban y venían desde la marcha de Edward a ese lugar donde estuviera y no se mezclaban con el pueblo más de lo habitual, le hacía crecer ese agujero en el pecho que Edward se había llevado al irse con su corazón. No había vuelto a hablar con Alice, que con la nube de misticismo que le rodeaba le recordaba tanto a su hermano huído. No quedaba nadie a la salida del instituto. No escuchaba música, ni leía libros, ni veía la televisión…
No vivía, en definitiva.
Sólo añoraba, lloraba y tenía pesadillas.
Sorbiendo la nariz, se volvió a recortar en su cama. Se dio cuenta que se había quedado dormida con la lamparilla encendida y estiró el brazo para apagarlo, pero al tirar de la cuerdecilla que desactivaba la bombilla miró, como si nunca lo hubiese visto, la marca con forma de media luna que James al atacarle le había dejado, testigo mudo de que en realidad Edward había existido lo mismo que los vampiros en su vida.
Si le hubiese dejado, su hubiera dejado que el veneno se extendiera como era su deseo, ahora mismo estaría con Edward. Ella sería uno de los Cullen. Eso hubiera traído mucho dolor, como haberse despedido de Renee y Charlie, pero estaría en el único sitio de la tierra que deseaba. Con él. Pero, ¿por qué no lo hizo?
Eso, hoy, tres meses después, tenía una respuesta más fácil que nunca se había atrevido ni a pensar: porque Edward no quería pasar la eternidad con ella.
