A/N: Hey! salkdjaslkdjsalkdjksadjsajd awwn estoy feliz porque veo que les gustó el fic! Les traigo este capi con mucho amorts, y perdón si no puedo actualizar tan seguido, es que a veces la universidad y otras cosas me consumen mucho tiempo... pero pueden contar con que seguire el fic. Por el rinharu! -corazoncitos gays-
Y bueno, les dejo el capi y agradezco por sus lindos reviews ^^ sigan comentando! asi me doy cuenta de si les gustó y me motivan mucho, en verdad :3
'Incómodo' sería una palabra amable para describir la atmósfera durante la cena. Haru y Rin evitaban mirarse, y Rin apretaba la mandíbula cada vez que Nagisa hacía algo para pervertir al inocente de su amigo: las risas coquetas, los roces 'accidentales', las miradas con doble intención. Y lo peor es que parecía que Rei ni siquiera se daba cuenta. Al otro lado de la mesa, él y Nagisa conversaban y reían como si nada, como si se hubieran conocido de toda la vida. Por supuesto que Rei no era ajeno al mal humor de su amigo; es más, no dudaba que todo el restaurante se hubiera dado cuenta porque Rin parecía emanar un aura negra que asustaría a cualquiera. Pero Rei no dejaría que le arruinase la velada. Después de todo, se supone que habían salido a cenar para relajarse y divertirse, ¿no?
A Rei le agradaba mucho Nagisa. Aunque, debía admitir, que sí lo sacaba un poco de balance la forma tan desvergonzada en que se comportaba algunas veces, tomándose confianzas con tanta facilidad, pero supuso que así era su estilo. Entonces no veía porqué Rin parecía tener tanto problema con eso... ¿Tal vez estaba celoso? No en una manera romántica, sino más bien platónica: Rin siempre había sido protector con sus amigos, y más ahora que se había vuelto entrenador del club de natación de Samezuka.
La gota que derramó el vaso fue cuando a Nagisa se le cayó su tenedor —accidentalmente o a propósito, eso sería un misterio para siempre— y él y Rei se agacharon al mismo tiempo para recogerlo. Sus manos se tocaron y sus ojos se encontraron, y Nagisa soltó una risita tan natural y adorable que hizo sonrojar a Rei.
Rin golpeó la mesa con sus puños y, sin decir más, salió refunfuñando del restaurante.
Rei suspiró. "Disculpen," les dijo a Haru y Nagisa antes de seguir a su amigo.
"Rin-senpai, ¿qué te pasa? Eso de allá no fue nada hermoso," se quejó Rei apenas alcanzó a Rin.
"Rei, ¡¿qué no te das cuenta de lo que ese rubiecito está haciendo?!"
"¿De qué hablas? ¡Nagisa-kun sólo está siendo amigable!"
"Oh, ¡no me jodas!" espetó Rin echando chispas. "¡Nagisa sólo quiere coger!"
"¡¿Queeeeé?!" el rostro puro y casto de Rei se tiñó de todos colores cuando Rin soltó aquella palabra indecente —y nada hermosa— con tanta facilidad, mas de inmediato su vergüenza fue reemplazada por indignación. Inhaló profundamente, tratando de dominar sus instintos. Después de todo, tenía que ser comprensivo con Rin y sus problemas de irritabilidad. "Rin-senpai, aprecio lo que estás tratando de hacer, pero creo que te estás pasando un poco. No porque seas homosexual significa que todos lo son."
Rin abrió los ojos como platos, mirando a Rei con incredulidad.
"Rei, ¡¿qué...?!" bufó, frustrado. "¡¿No crees que con más razón me doy cuenta de quién es o no es?!"
Rei se encogió de hombros.
"Si por lo de Yamazaki-senpai, no—"
"¡Oh por Dios, no puedo creerlo!" vociferó Rin con voz aguda. Tomó a Rei por su camiseta y lo atrajo hacia sí, sacudiéndolo con violencia y luego azotándolo contra la pared. "¡¿Te molesta mi orientación sexual, Rei?! De todas las personas, ¡nunca pensé que tú—!"
"¡Rin!"
"¡Chicos, deténganse!" Nagisa lloriqueó desesperadamente, abrazando a Rei mientras Haru tomaba a Rin y lo apartaba del otro. "Rei-chan, ¿estás bien?"
Rei se acomodó la ropa y los lentes, mirando a Rin con silenciosa reprobación.
"Sí, Nagisa-kun, estoy bien, gracias."
"Rin," volvió a llamar Haru con tono preocupado. Rin miró a Rei perplejo, ahora que la rabia había abandonado su cuerpo, y el remordimiento cruzó su rostro. "Rin, ¿qué pa—?"
"Me largo de aquí," espetó Rin, cabizbajo, y apartó a Haru cuando éste trató de interponerse en su camino.
"¿Qué pasó?" inquirió Nagisa mientras observaban a Rin marcharse.
Rei negó con la cabeza.
"Nada. ¿Volvemos adentro?"
"Hmm... Bueno, si tú quieres," concedió Nagisa. "Haru, ¿vienes?"
"¿Eh? Ah, sí," murmuró Haru, aunque sintiera un extraño impulso de ir tras Rin.
Después de la cena —la cual obviamente ya no fue lo mismo ahora que Rin no estaba, pero hicieron su mejor intento por pasar un buen rato— Nagisa convenció a Rei de acompañarlos a una 'pequeña reunión' en casa de un compañero de escuela al siguiente día. Rei rechazó la invitación en un principio, argumentando que no conocía a la gente de la escuela de Iwatobi y que no estaría bien ir así, pero Nagisa era tan insistente que terminó cediendo. Después, se despidieron, y durante todo el camino a casa Nagisa no habló con Haru de otra cosa que no fuera Rei.
Al siguiente día, viernes por la noche, Rei se presentó algo tarde ya que no quería estar solo. Para su suerte, Nagisa ya estaba ahí, y salió a recibirlo después de que Rei le mandó un mensaje.
Cuando entraron, Rei se dio cuenta de que la reunión no tenía nada de pequeña, ya que casi todos los de Iwatobi y algunos otros que se habían colado de otras escuelas estaban ahí. Se encontraron con Haru, que los saludó. Mientras Nagisa trataba de tranquilizar a Rei y obligarlo a quedarse, Haru se perdió entre la multitud bailando, besuqueándose y bebiendo, además de consumiendo otras sustancias. Desvió la mirada con desinterés; si bien no era ajeno a ese tipo de cosas, no estaba de humor para ello. Pero, ¿no era ese uno de los síntomas que lo encasillaban en la dichosa depresión? Últimamente, no tenía ganas de nada.
Mientras luchaba por salir de la sala con toda la gente a un lugar más tranquilo, alcanzó a notar a Makoto por el rabillo del ojo. Estaba en el sillón, besándose apasionadamente con ese tipo... Shigino Kisumi. Haru puso cara de asco, cómo detestaba a ese chico. Pero no podía estar muy sorprendido, puesto que no era la primera vez que los veía así. Y a pesar de eso, cada vez que Haru le preguntaba a Makoto cuál era su relación con el chico de cabellos rosados, Makoto sólo sonreía y le decía la verdad: que eran amigos con derecho, pero no tenía ningún interés romántico en Kisumi.
Pensando en esas cosas, Haru salió al patio. La música aún se escuchaba ahogada desde la casa, pero al menos Haru ya podía pensar con tranquilidad.
La puerta se abrió y alguien se sentó a su lado en las escaleras de la salida. Era Makoto.
"Haru. Hola," saludó amablemente. Sus labios estaban enrojecidos y su cabello castaño ligeramente despeinado.
"Oh, Makoto. ¿Y Kisumi?" inquirió Haru, desviando la mirada. Parecía que Makoto no estaba alterado, pero Haru todavía se sentía incómodo después de lo que había pasado hace poco. Makoto lo notó y torció los labios.
"Por ahí. ¿Qué tal la terapia hoy?" dijo, tratando de hacer conversación. Haru le preocupaba.
Haruka sólo se encogió de hombros sin mirarlo. Makoto suspiró. No lo estaba haciendo nada fácil.
"¿Conociste a alguien interesante?" volvió a intentar. La imagen de Rin apareció automáticamente en la mente de Haru, y no pudo evitar un ligero sonrojo. Aunque... ¿valdría la pena mencionarlo, siquiera? No era como que Rin hubiera demostrado excesivo interés en Haruka; es más, quizá hasta le desagradaba...
"Hmm..."
Como si lo hubiese invocado, la pantalla de su celular se iluminó al instante. Era un mensaje de WhatsApp, de un número que no tenía agregado pero como nombre aparecía: "Rin M."
Haru sintió una extraña emoción en el pecho y el estómago. ¿Cómo es que Rin había conseguido su número?
Oh, claro, el estúpido grupo de WhatsApp que la psicóloga Amakata los había motivado —obligado— a hacer...
Haru abrió el mensaje, ansioso. El ícono de Rin, en lugar de una foto suya, era una imagen de un tiburón. Irónico, porque Haru tenía un delfín en el suyo.
Rin M.: Hey. Se que es algo tarde, pero... Lamento haber sido un idiota ayer.
Haru enarcó las cejas. Rin estaba en línea, así que tenía que aprovechar.
Haru: Esta bien, aunque creo que deberias disculparte con Rei en lugar de conmigo
Rin M.: Si, ya lo hice
...fin de la conversación. Haru hizo una mueca, no sabía muy bien cómo seguir... Pero entonces Rin lo sorprendió.
Rin M.: Oye, estas haciendo algo importante?
Haru le echó un vistazo a Makoto por el rabillo del ojo. Pensó en la fiesta, en la gente divirtiéndose adentro, en Kisumi esperando por tirarse a su amigo y en cómo él no encajaba ahí.
Haru: No
Rin respondió rápido.
Rin M.: Quieres venir a jugar videojuegos o algo entonces? Vivo en un internado, pero no creo que haya problema
Haru sentía que el corazón iba a salírsele del pecho. Jamás se había sentido así; ni antes, cuando nadaba.
Haru: Ok
Haru: Pero espera, no le molesta a tu compañero de cuarto?
Rin M. está escribiendo...
Rin M.: ...no tengo compañero
Rin M.: Entonces, vienes?
Haru: Si, esta bien
Rin M.: Bueno, deja te paso mi ubicacion y el num de cuarto...
"¿Haru?" la voz de Makoto, moderadamente preocupada, hizo que Haru volviera a la realidad. Sonrió, si bien casi imperceptiblemente, dejando a Makoto impresionado.
"Creo que... sí," respondió al fin a su pregunta.
"¡Nagisa-kun! ¡Creo que sería mejor que me vaya!" exclamó Rei, luchando porque su voz se escuchara a través de la música.
"¡¿Quéeee?!" clamó Nagisa, ya acoplado al ambiente y bailoteando. Rei hizo un gesto de incomodidad.
"¡Éste no es el ambiente para mí!"
"¡Oh, vamos!" insistió Nagisa. "¡Te presentaré a unos amigos, y ya verás que la pasaremos bien!"
"¡P-pero...!"
Como siempre, Nagisa ya estaba actuando antes de que alguien pudiera ponérsele en contra. Se acercaron a una de varias mesas, donde al parecer había otros amigos de Nagisa porque los saludó con mucha efusividad. Les presentó a Rei, y los invitaron a unírseles. Dijeron que estaban jugando algo divertido. Rei se imaginó qué clase de juego era, ya que había muchas botellas y vasos en la mesa.
"¡Umm, Nagisa-kun, yo no bebo!" le advirtió al rubio. Nagisa volteó a verlo con cara de decepción.
"¡Aww, anda, Rei-chan! ¡Serán sólo unos tragos!"
Rei torció los labios. Los demás parecían muy divertidos, riendo a carcajadas y conviviendo. Pero Nagisa, Nagisa lo miraba expectante. Y aunque no le agradaba para nada la idea, Rei terminó cediendo, porque Nagisa era agradable y no quería caerle mal, y porque bueno... eso es lo que hacían todos los chicos de su edad, ¿no? Porque no importaba qué tan fuertes eran tus convicciones, siempre era incómodo que cuando rechazaras amablemente el alcohol, las drogas o el sexo los demás te dirigieran esa mirada de decepción, de 'qué aburrido, qué santurrón, qué exagerado eres,' como si el hecho de que no bebieras/cogieras/fumaras arruinara la diversión de los demás. Como si se los estuvieras impidiendo.
Y Rei no quería una mirada así de parte de Nagisa.
Así que se sentó en la mesa con los demás desconocidos y al lado del rubio, y el juego comenzó.
Se llamaba "Nunca" y consistía en decir frases como:
"Nunca he salido de Japón."
"Nunca me he hecho un piercing."
"Nunca he ido a un concierto."
Si la afirmación era cierta, tenías que beber un trago de sake. Pero claro que las preguntas inocentes sólo iban al principio, y Rei llevaba todas las de perder con lo moderada que había sido su vida... al menos hasta ese día.
"Nunca he besado a nadie."
Trago.
"Nunca he tenido sexo."
Trago.
"Nunca he cometido un crimen."
Trago.
"Nunca me he emborrachado."
Bueno, de eso, ya no estaba tan seguro. La habitación comenzaba a dar vueltas y Rei se sentía mareado, pero extrañamente divertido. Todos reían, disfrutaban, y por primera vez, Rei no estaba fuera del grupo. Sintió una caricia en su muslo, y volteó sobresaltado. Nagisa le sonreía pícaramente, apoyando su cabeza en su hombro. Rei tragó grueso. ¿Qué le estaba pasando? Nunca había sentido su corazón alocarse de esa forma, y jamás se imaginó que sería por un hombre...
Qué diría Rin si los viera.
Pero de pronto, eso no importó. Los labios de Nagisa lo atraparon en un beso ardoroso y desesperado, y Rei respondió con la misma avidez. No entendía muy bien qué estaba pasando, y tampoco le importaba. Sólo sabía que la calidez de Nagisa contra su cuerpo y la humedad de su boca eran algo sumamente placentero, y de lo que no se podía conformar.
Ni siquiera le importaron los aullidos emocionados y las gotas de alcohol que los demás les lanzaron ante su descaro. Se separaron por un momento y se miraron con lujuria, incapaces de contenerse. Se tomaron de las manos y esquivaron, si bien algo torpemente, a la multitud que bailaba. Se encerraron en el primer cuarto que encontraron, y esa noche, Rei le dijo adiós a su inocencia.
El sonido de su celular hizo que Rin sintiera mariposas en el estómago. Haru le había mandado un mensaje avisándole de su llegada. Se paró enfrente de la puerta de su dormitorio y tomó un respiro.
A pesar de que sabía a quién se encontraría del otro lado de la puerta, se sonrojó al ver a Haru ahí parado y esperando por él.
"Llegaste," afirmó Rin asombrado, como si todavía no se lo creyera. Haru se encogió de hombros, algo nervioso.
"Sí."
"¿Te vas a quedar ahí toda la noche?" espetó Rin. Ouch. Eso no había sido muy educado, pero Haru lo alteraba y no sabía muy bien cómo manejar sus emociones. No obstante, a Haru no pareció molestarle. Pasó al cuarto. Rin le ofreció algo de tomar o de comer, y sacó algunas botanas y refrescos.
"¿No hablas mucho, verdad?" dijo Rin mientras se acomodaban en el cuarto. No había gran cosa: literas, un escritorio, televisión, computadora y otras cosas. Rin le contó un poco sobre que solía tener un compañero, pero que por ciertas razones que no quiso explicar, él se había ido y Rin se había quedado con el cuarto para él solo. Haru lo escuchó con atención mientras cargaba el juego, era agradable tener una conversación normal con Rin.
Al fin, se pusieron a jugar videojuegos. Desde el principio Rin le advirtió a Haru que era sumamente competitivo. El pelinegro pareció indiferente al respecto; sin embargo pronto Rin se dio cuenta que había sido una impresión errónea. A pesar de que Haru era apático con la mayoría de las cosas, era una fiera cuando se trataba de competir, y más si tenía un rival a la altura como lo era Rin.
Pasaron un buen rato jugando. Cuando Rin perdía soltaba maldiciones y se enfurecía, mas luego al ver a Haru se avergonzaba de sus arrebatos y se disculpaba. Haru le aseguraba que no importaba, y de alguna forma, su aura tranquila —como el agua— parecía calmarlo.
Cuando era Haru el que perdía, no le daba mucha importancia. Pero, al notar la alegría exagerada de Rin, una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro, y entonces la derrota no sabía tan amarga.
Después de un buen número de partidas reñidas, Haru y Rin terminaron acostados en la alfombra de la habitación, mirando al techo y conversando de cosas triviales junto al otro. Quizá era porque ya era tarde y el ambiente era acogedor, pero Rin terminó desahogándose de sus problemas de control de ira.
"No sé qué me pasa," dijo frustrado. "Siempre estoy enojado, todo me molesta y no sé por qué. Nunca he sido precisamente paciente, pero... no sé cuando comencé a perder el control," suspiró con tristeza.
"Hey... está bien. Al menos buscas mejorar," lo consoló Haru. Rin frunció el ceño.
"Todos dicen eso pero, ¡¿de qué sirve si no mejoro?!" profirió. Luego pareció notar su pequeña explosión y bufó exasperado, frotándose el rostro con las manos. "Ves, lo estoy haciendo de nuevo. Ayer estuve a punto de lastimar a Rei. Lastimo a todos, y luego me molesto conmigo mismo por hacerlo, y... me he dado cuenta que hay gente que inclusive ha llegado a tenerme miedo, porque sólo me ven como un gran montón de rabia, y para ser honesto... ya no sé si tienen razón o no. Siempre hay rabia, la rabia nunca se va."
"Eres mucho más que eso, Rin," aseguró Haru. Rin volteó a verle, sorprendido. Sus miradas se encontraron y ambos se sonrojaron y volvieron a mirar al techo. Rin pensó en lo natural que se sentía hablar con Haru. Todo era fácil, no había necesidad de ocultar nada, ni siquiera la peor parte de sí mismo. Haru parecía aceptarlo de la misma manera en que Rin aceptaba su mustia compañía, sin forzarlo a ser más alegre o a hablar más si no tenía la necesidad de hacerlo.
"...Entonces, ¿eres el capitán del equipo de natación de Samezuka?"
Rin asintió. "Sí. Mikoshiba solía serlo, pero cuando se graduó hace poco, me dejó el puesto a mí."
"Oh."
"Sí. Es algo difícil, porque tengo que controlarme, pero me encanta nadar."
"Yo... también solía nadar," murmuró Haru con nostalgia. Rin lo miró con sorpresa.
"¿En serio? ¿Y por qué lo dejaste?" inquirió.
"Ya no me sentía libre haciéndolo," respondió Haru automáticamente. Su expresión monótona no cambió, pero Rin pudo percibir el deje de melancolía en su voz. "Demasiada... presión."
Rin sintió el impulso de preguntarle a qué se refería exactamente, pero se contuvo. No parecía que Haru estuviese muy cómodo con el tema.
"Qué mal. Deberías retomarlo. Tal vez podríamos nadar juntos algún día."
Haru no respondió. Rin respetó su silencio, y pronto, ya estaban conversando de nuevo. Hablaron por mucho rato de cosas triviales. Detalles de su vida, anécdotas y sentimientos. Esa noche, Haru escuchó la risa sincera de Rin. Era adorable.
"Me gusta estar contigo," confesó Rin, mirándolo de nuevo. "A veces me sacas de quicio, otras veces me haces sentir más tranquilo. Pero puedo ser yo, y no me juzgas. Y eso me gusta."
"Rin," suspiró Haru, azorado. "A mí... a mí también me gusta estar contigo."
Rin sonrió, y el gesto fue tan hermosamente sincero que Haru se inclinó más hacia él, involuntariamente, de modo que sus rostros quedaron a apenas unos pocos centímetros de distancia. Su corazón latía como loco, anticipándose a lo que estaba por pasar. Y entonces, Rin cerró lentamente los ojos...
Instintiva pero temerosamente, sus labios se rozaron. Los alientos cálidos se mezclaron y sus bocas se fundieron en un beso tierno e inocente, explorando la reacción del otro. Se separaron después de un efímero instante, con la respiración agitada —más por la emoción del momento que por el beso en sí, puesto que éste último había sido apenas un roce— e intercambiaron la misma mirada que denotaba fascinación por el otro.
Haru se inclinó hacia adelante, deseoso por más. Sin embargo, y a pesar de lo que se leía en sus ojos, Rin retrocedió levemente.
"No... Haru... no deberíamos, al menos no hasta que resolvamos nuestros problemas..." murmuró; y sin embargo, se dejó llevar por lo que sentía y permitió que sus labios se encontraran una vez más; tímidos, como niños de secundaria en su primera cita. Y así pasó la mayor parte de la noche, en medio del encanto de una conversación sincera y besos gentiles y reconfortantes, detrás de los cuales iba creciendo una gran pasión.
Cuando Haru abrió los ojos, estaba en la cama, y no había señal de Rin en la habitación.
"¿Rin...?"
Se puso de pie, adormilado, y fue a buscarlo. Al abrir la puerta, alcanzó a oír su voz proveniente del pasillo. Su rostro se iluminó al recordar la noche anterior, pero se detuvo al percatarse de que Rin hablaba por teléfono con alguien y no sonaba para nada contento.
"No, ¡entiende!"
Una pausa. El turno de hablar de la persona al otro lado de la línea. Y luego Rin, otra vez...
"¡¿Por qué no me escuchas?! Ya te lo dije muy claro. No quiero que vengas, ¡y no quiero verte!"
Haru se intimidó de la furia de Rin y decidió que no eran cosas en las que debía entrometerse. Así que se dio la media vuelta y volvió a acostarse, proponiéndose dormir un rato más hasta que Rin estuviera de mejor humor.
Después de otro largo periodo de sueño, Haruka despertó por la intensa luz que se colaba en la habitación. Revisó su celular: ya era la una de la tarde. Tenía unas diez llamadas perdidas de sus padres, de seguro alarmados por no saber nada de él. Les marcó para calmarlos y asegurarles que estaba bien. Cuando colgó, se preguntó dónde podría estar Rin. Era extraño que aún no estuviera en la habitación. ¿Debería buscarlo?
Haru vio una pequeña nota en el escritorio frente a las literas. Era de Rin.
Haru, tuve práctica de natación. Por favor, no me esperes.
—Rin
...y era todo. Haru se sintió decepcionado y preocupado, ¿estaría bien?
¿Qué había pasado con el chico abierto y cariñoso de la noche anterior?
De alguna forma, Haru supuso que lo mejor sería hacer caso de la nota e irse antes de que Rin regresara. A pesar de que quería verlo, quizá... quizá era sólo que Rin tenía cosas que hacer, ¿no?
Así que Haru se marchó, esperando por volver a verlo pronto.
Semana 2
No es que Haru estuviera desesperado, no.
No es que no tuviera nada mejor que hacer que revisar su celular cada cinco minutos, esperando porque cierta personita con un ícono de un tiburón le hablara de cualquier cosa. Y no es que él no pudiera escribirle, simplemente que... no sabía de qué. Y tampoco quería parecer una molestia, pero no podía evitar pensar que tal vez había hecho algo mal...
Quizá sería mejor dejar las cosas por la paz, y actuar como si nada hubiera sucedido. Porque después de todo, ¿qué importaba? Apenas y conocía a Rin, por supuesto que podía vivir sin él.
Y sin embargo, no podía controlar el nerviosismo que lo invadía al pensar en que lo vería ese día gracias a la terapia. ¿Cómo reaccionaría Rin? Tal vez se había molestado con él...
Haru se sentó en el mismo lugar que en la sesión anterior. El salón se fue llenando poco a poco; y quizá era por su aura intimidante y seria, porque nadie se sentó a su lado. Y Rin no llegó.
Amakata hizo acto de presencia, sonriente como siempre, y comenzó con la terapia. Haru no puso atención.
La sesión fue más productiva que la anterior, hablando en general. Algunas personas ya comenzaban a abrirse, pero otras —como Haruka— permanecían en su voto de silencio.
Ya había pasado algo de tiempo cuando la puerta se abrió y un borrón rojo capturó la atención de la visión periférica de Haru. Rin estaba en la puerta, respirando agitadamente. Su cabello estaba amarrado en una coleta y lucía húmedo al tacto. Haru supuso que venía de su práctica de natación.
"Lamento llegar tarde. Hola," saludó. "¿Puedo pasar?"
"Hola, Matsuoka-kun. Qué bueno que te nos unes, pasa," indicó Amakata. Rin lo hizo; no obstante, arrugó el ceño cuando notó que no había lugar más que al lado de Haru.
"Tsk," siseó con frustración. Haru sintió una punzada de dolor.
"Hey, Rin," susurró a forma de saludo. Las facciones de Rin se endurecieron aún más.
"Hey," respondió fríamente, sin siquiera mirarlo. Haru ya no supo cómo continuar, así que se quedó callado y preguntándose qué rayos había hecho mal.
La sesión fue tediosa. Rin se notaba inquieto, y eso ponía inquieto a Haru. Apenas Amakata les dio la salida Rin se puso de pie, como si estuviera huyendo. Haru, incapaz de contenerse, lo siguió.
"¡Rin!" lo llamó en el pasillo. Rin lo ignoró. Haru frunció el ceño y apretó el paso hasta alcanzarlo y tomarlo por la muñeca, ignorando a los pocos que se les quedaban viendo. Rin volteó con las facciones desencajadas y apartó su mano con brusquedad, intimidando a Haru.
"¿Qué?"
Haru bajó la mirada, triste.
"¿Hice algo mal?" inquirió con timidez. Rin se sorprendió por un instante, y luego desvió la mirada, desarmado por la transparente melancolía de Haru.
"No," respondió irritado. "Es sólo que..."
"Estás enojado," completó Haru, preocupado. "¿Por qué?"
Rin sintió la sangre hervirle en las venas. Deseó que hubiese algo cercano que pudiera golpear o con lo cual descargar su ira, pero no podía. Tenía que recordar que Haru no era el culpable de sus problemas psicológicos, y que no podía andar por ahí descargándose con todo mundo. Más cuando Haru ya tenía bastante con que lidiar.
Apretó los puños y volteó hacia otro lado, tratando de respirar profundo.
Calma... Contrólate...
"Nada, son cosas mías," respondió finalmente, apretando la mandíbula.
Haru lo observó, consternado. No quería dejarlo ir. Quería estar con él, quería ese sentimiento de felicidad natural como el de otra noche. Pero parecía que no era el momento.
"Bueno," se resignó. "Pero Rin, puedes hablar conmigo si quie—"
"Hasta la próxima semana, Haru."
Rin se dio la media vuelta, y Haru no pudo hacer nada para detenerlo.
Suspiró. Otra vez regresaban las noches de soledad.
"...es todo por hoy. Pueden irse," dijo Rei ante la clase. Guardó sus cosas mientras los demás se marchaban, echando vistazos nerviosamente a...
"¡Nagisa-kun!"
El rubio volteó y le sonrió a su asesor. Después de esa noche alocada de la que Rei sólo recordaba algunas partes, no habían hablado. Rei había despertado con una horrible resaca, pero Nagisa ya no estaba.
Los destellos que cruzaban su mente de la melena rubia desordenada y el cuerpo níveo y delicado eran suficientes para hacer sonrojar a Rei, a pesar de que todo estaba borroso. Pero había una cosa que Rei sí recordaba: la manera en que se había sentido al alcanzar el clímax con Nagisa.
Había sido indescriptible. Placer, corazones latientes. Gemidos, la mirada nublada de Nagisa, su vulnerable rubor...
Rei lo había pensado mucho después de eso. Él no era de ese tipo de locuras, pero por alguna extraña razón... No se arrepentía. Y no importaba qué tanto tratase de pensar en otras cosas, su mente siempre terminaba en los recuerdos de su noche con Nagisa, su primera vez.
Fue... extrañamente hermoso...
Aunque sí, debía admitir que se avergonzaba un poco de aquella experiencia. Se avergonzaba porque Nagisa le gustaba mucho, demasiado, y habían empezado mal las cosas. Por Dios, ¡apenas y lo conocía! Y la base de una buena relación era la confianza. Rei no era de aventuras, y su encuentro lo había confirmado: quería una relación con Nagisa. Quería conocerlo mejor. Quería algo serio y duradero. Lo único que le había impedido marcarle era el miedo a parecer desesperado, pero estaba convencido de lo que quería.
Supuso que Nagisa pensaría lo mismo. No importaba lo que Rin dijera, Nagisa parecía un buen chico. Sí, le gustaba divertirse, ¿y qué? Eso no significaba que no se le pudiera tomar en serio.
"Hasta luego, Rei-chan," respondió Nagisa, sacándolo de sus cavilaciones y dirigiéndose a la puerta.
"¡Espera!" clamó Rei. Se acercó, ruborizado. "Quería saber si no te gustaría salir a algún lado... Ya sabes, para conocernos mejor," propuso. Nagisa enarcó las cejas, asombrado, y luego miró al suelo, jugueteando con un mechón de su cabello.
"Ahh, sobre eso... Lo dices como amigos, ¿verdad?"
La expresión de Rei se descompuso.
"¿Qué?"
Nagisa se encogió de hombros, incómodo.
"Ehh... sí... Rei-chan, lamento si no fui claro, pero lo nuestro sólo fue algo casual. No me gustan las relaciones," lo miró. "Estás bien con eso, ¿verdad?"
Rei sintió como si alguien le hubiera dado una patada en el corazón.
Rin-senpai tenía razón...
"Ah... sí... está bien, supongo..."
"Gracias por entender," Nagisa sonrió a modo de disculpa. "Hasta la próxima clase."
"Bye," respondió Rei, cabizbajo y alicaído. Nagisa se fue y se incorporó con el resto de la clase, de seguro buscando una nueva presa. Y ahora solo en el salón, Rei se dejó caer en su silla.
"Ahh, ¡fui tan estúpido!" se desahogó, golpeando su cabeza con el escritorio. Y entonces lloró en silencio para tratar de liberar el insoportable dolor en su pecho.
