N/A: He reciclado la historia original. Por favor, recomiendo que lean desde el primer capítulo. Gracias!


Llevaba tiempo sin verlas, pero se hacía complicado reunirse, puesto que las tres vivían en distintas ciudades. Hikaru fue la única que permaneció en Tokio luego de que se recibiera del bachiller. Umi, como hija de la familia Ryuzaki, fue a tomar lugar como CEO de la firma familiar en Osaka. En tanto que Fuu, obtuvo una beca en la Universidad de Nagoya. Hikaru era conocida como la Sensei Shido en el domo de su afilia y en su antigua secundaria donde repartía clases de biología y zoología, puesto que su carrera de grado fue en la última materia.

Las tres jovencitas estaban a medio camino entre sus veinte y sus treinta. Pero Hikaru mantenía sus aires juveniles, lo que le causaba cielo contratiempo para ingresar algunos pubs. Portar su ID era de suma importancia. Por alguna razón, había una ocasión especial para esta reunión. Pues como nunca, lograron organizarse sin mayor problema. De hecho Umi y Fuu indicaron día y lugar de la reunión. El lugar de encuentro era el observatorio de la Torre de Tokio, en cuyos nivel se hizo la firma de libros semanas atrás. Hikaru siempre estaba disponible para un reencuentro en Tokio, ella era local. Pero resultaba extraño que sus amigas pudieran el mismo día sin mayor complicación. Por otro lado, era una gran felicidad tenerlas de nuevo juntas.

Había sacado una moneda del bolsillo de su tapado para colocarlo en la ranura del binocular de la inicios de Noviembre y el frío se empezaba hacer notar en la ciudad o hacía suficiente frío como para usar tapados. Se sentía un espía mientras observaba a la gente desde su ubicación. Había una señora con un bebé en coche caminando por una calle, sonrió para si. Muchos árboles había perdido casi todas su hojas y las que no el viento se encargaba de arrebatarlas. Todo se volvió negro de repente, su tiempo se había agotado. Revisó sus bolsillos y no le quedaban monedas para colocar en la ranura, solo tenía billetes.

-Necesitas una?- escuchó el ofrecimiento cuando una mano sosteniendo la moneda que necesitaba apareció en su rango de visión. La voz era familiar, tan familiar que la reconocería en cualquier lado.

-Fuu!- Se lanzó a sus brazos.

- Por qué solamente ella recibe abrazos?- Hikaru levantó la vista y sonrió más ampliamente, haciendo su abrazo inclusivo de la otra joven. Por fin las tres estaban juntas. Bajando los últimos peldaños de la torre, Umi recomendó un lugar para tomar un café que tenía una bella vista hacia la torre. De hecho, había realizado las reservas esa misma mañana. Quiso asegurarse que tendrían la mesa con mejor vista. Tanto la castaña como la peliazul estaban por demás emocionadas. Era evidente que ocultaban algo. Pero la felicidad reflejada en sus rostros solo indicaba algo bueno.

En general, la reunión transcurrió sin mayores sobre saltos, pero en el ambiente se percibía algo más. Era inquietante pero agradable al mismo tiempo. Café negro, café con un poco de crema y café descafeinado. Unas galletas, unos bocaditos dulces y unas barritas de chocolate. El lugar era acogedor, inundado por un suave olor a canela en el ambiente. El sol empezaba a ponerse temprano atento a la época del año. La torre de Tokio con el atardecer de fondo se veían magníficos para coronar la reunión.

-Hikaru, amiga, quiero que tengas esto…- cualquier tema que se hubiera estado conversando se vio interrumpido por Umi que intercambiaba miradas cómplices con Fuu. Sacó de su bolso un sobre de papel madera, de contenido abultado y lo colocó sobre la mesa deslizando suavemente hacia la peliroja. Pero antes de que lo pudiera recibir, la mano de Fuu se interpuso.

-Umi, creo que primero deberíamos explicarle las cosas. No te parece?- La muchacha asintió.- Perdona Hikaru, y esperamos que no te ofendas, pues nos tomamos la libertad de … bueno.. hacer esto en tu nombre…y…

-Esta bien Fuu, ya le explico yo.- hizo una pausa con un leve suspiro- Cerca de un mes Fuu vio un anuncio en el periódico sobre unas audiciones para una obra de teatro y se puso en contacto conmigo.- Hasta el momento la mirada dudosa de Hikaru no desaparecía- Y pues, verás, creímos que era una excelente oportunidad para ti y te inscribimos. Di mi dirección para que me enviaran, ya sea el rechazo o la aceptación.

-Es que no queríamos que te desilusiones si llegaba a pasar lo peor- retrucó Fuu con preocupación-

-Efectivamente, pero esta mañana antes de tomar el tren a Tokio recibí este sobre de la compañía de teatro y que, ya ves… es muy abultado para ser un rechazo.- Hikaru no salía de su asombro. Por un lado le parecía interesante y hasta tierno el gesto de sus amigas, pero por otro no entendía por qué una obra de teatro- Por favor ábrelo!- La insistencia de Umi la llevó a casi arrancar el contenido del sobre.

Al inicio solo había comprendido que le habían aceptado para realizar las audiciones luego de pasar la selección previa. Adicionaría para el papel protagónico de una obra inédita de… Dejó de leer. Su cerebro le jugaba malas pasadas. De todos los nombres y autores en el mundo, no podía ser… Releyó nuevamente, sólo para confirmar que aún no estaba loca. Levantó la vista para mirar a sus amigas. le temblaba la voz. Arrojó todo y fue directo abrazarlas. De la emoción no podía hablar. Las tres estuvieron paradas estrechándose por bastante tiempo. Para cuando se separaron, Hikaru saltaba como loca, sacudía un delgado libreto, llamando así la atención del resto de los comensales del local.

-Hikaru, Umi, creo que estamos llamando demasiado la atención- destacó la castaña haciéndoles señas a sus amigas que bajaren el tono de voz y se sentaran. Para Hikaru ya nada importaba, en tres semanas tendría su audición para participar en una obra del Eagle Vision, su dramaturgo favorito. Como le explicaran sus amigas, regalo de Navidad por adelantado. El mejor regalo de toda su vida.