Sirvienta se escribe con S.

Advertencia: lo que viene a continuación es fetichista y bastante enfermo, si van a leer están advertidos.

Siesta toco la puerta de la habitación de Louise y Saito.

Saito habia mandado a llamar a Siesta, pese a ser entrada la noche, lo que le preocupaba a la sirvienta, nunca habia llamado antes a esas horas, ¿Por qué era? ¿Tal vez estaría molesto con ella por algo que habia hecho? ¿O habia algo que habia olvidado hacer?

-pasa Siesta. –dijo Saito tras unos instantes.

-mando llamar Saito-san. –pregunto Siesta entrando en la habitación.

Saito estaba sentado en un cómodo sofá de respaldar alto, tenía una cadena en sus manos, lo que llamo rápidamente la atención de Siesta.

Al mirar alrededor Siesta noto que la habitación estaba pobremente iluminada por solo unas cuantas velas, haciendo que el lugar donde ella estaba se viera bien, pero Saito estaba parcialmente en las sombras mientras que lo que estaba detrás del simplemente no se podía ver.

La sirvienta estaba empezando a preocuparse.

-sí, te mande llamar, rápida como siempre Siesta, aunque preferiría que temporalmente que me llamaras Lord Hiraga.

La espalda de Siesta se enderezo, aún más de lo que normalmente andaba. –lo que ordene, Lord Hiraga. –respondió Siesta.

-bien Siesta, ¿te sientes cómoda?

-no, realmente no. –respondió Siesta de manera sincera.

-bueno, vamos a hacer algo para solucionar ese problema, puedes empezar desnudándote.

Siesta dio un paso atrás, sorprendida por la repentina orden -lord Hiraga. –dijo.

-no tienes nada que temer Siesta, no te lastimare de ninguna manera, asi que obedéceme por favor.

Para Siesta esto era como una repetición de lo que habia pasado con el conde Mott, tan solo que en lugar de un cerdo despreciable, esta vez el que le estaba pidiendo hacer esto era el héroe que la habia salvado, asi que decidió obedecer, ella lo deseaba, si perdía esta oportunidad posiblemente jamás se repetiría.

-lo-lo que ordene, Lord Hiraga. –dijo Siesta desatando su delantal y quitándolo.

Luego de eso paso al botón de su cuello y con dedos temblorosos lo abrió, paso a los siguientes, tardo un par de minutos por culpa de sus manos temblorosas pero finalmente lo logro, y se quitó el uniforme, quedando en sus botas, una blusa de seda y sus bragas, la chica estaba temblando levemente, sus pezones estaban erectos y se notaban atraves de la blusa.

-ya-ya está.

-yo te veo bastante vestida todavía, empieza quitándote las botas.

Siesta se agacho para hacer como Saito decía.

-no, asi no, apoya tu pierna en esa banca alta, luego acaricia tu pierna hasta llegar a la bota.

Siesta asi lo hizo, sintiendo su piel escarapelarse mientras lo hacía, podía sentir la mirada de Saito recorriendo su cuerpo.

Una vez se habia quitado las botas, Saito le ordeno que se quitara la blusa, sus pechos se sentían increíblemente ansiosos, quería se Saito se pusiera de pie y se los estrujara de una vez, solo con la mirada de Saito bastaba para ponerla increíblemente caliente, podía sentir como la tela de sus bragas se estaba mojando.

O al menos eso fue hasta que Saito le ordeno que se las quitara, la mirada del chico se centró en su vagina, él se lamio los labios al ver la bonita y pequeña vagina de Siesta, sin ningún vello púbico ahí, expectante, deseando perder su virginidad.

-bien, ahora que ya estas desnuda, sobre ese ropero ahí unas prendas, póntelas.

Siesta dio un paso al ropero y reviso lo que habia en el.

Eran unos guantes largos de seda roja, unas medias largas que llegaban a la mitad del muslo del mismo material, pero que dejaban la mitad del pie descubierto, y unas especie de corsé rojo de cuero que hacía que sus pechos desnudos resaltaran aún más de lo que normalmente lo hacían, dejando su mitad inferior desprotegida y deseosa.

-¿está seguro de esto, Lord Hiraga?

-¿a qué le temes Siesta? ¿A mí?

-a usted no. –respondió Siesta sinceramente. –pero si lady Louise se entera.

-precisamente por eso te llame, mi esposa es demasiado arrogante, necesita que alguien le castigue, que le enseñe humildad, yo podría hacerlo, pero no soy tan apropiado como tú para hacerlo.

-...eh?

Saito tiro de la cadena que llevaba en sus manos.

Siesta llevaba un tiempo preguntándose qué pensaba hacerle con esa cadena, ¿amarrarla? ¿Azotarla? ¿Quizás estrangularla? Habia oído que la sensación era muy erótica siempre y cuando no se excedieran ya que una podía terminar... bueno, ahorcada.

Pero se sorprendió cuando de detrás de su sofá, amarrada al extremo de la cadena estaba Louise, completamente desnuda y roja en un punto increíble.

-¡señorita Louise! –dijo Siesta sorprendida.

-Siesta, toma la cadena. –dijo Saito extendiéndole a la sirvienta la cadena dorada.

Siesta obedeció, aunque de manera dudosa.

-en el primer cajón de ese ropero encontraras dos objetos, unas esposas, y un fuste.

Louise tembló al escuchar esas palabras. –e-el fuste?

Saito rio un poco. –ojo por ojo, no me importa quedar tuerto.

El chico le dio las instrucciones a Siesta de ponerle las esposas a Louise, luego que le quitara la cadena del cuello y la sujetara a las esposas.

-muy bien, ahora Siesta mira arriba.

Siesta levanto la vista y vio una argolla colgando del techo.

Siesta busco una silla y siguiendo las instrucciones de Saito e hizo pasar la cadena por la argolla y luego tiro.

Tiro, hasta que Louise tuvo que estar parada de puntillas, sus brazos estirados al máximo, su espalda curvada hacia atrás en un delicado arco, su pecho pequeño desapareciendo por completo por la posición que se habia forzado a asumir.

-muy bien, ahora, azótala en el trasero. –dijo Saito.

-por favor Saito, azótame tu mismo, esto es muy vergonzoso. –pidió Louise.

-no, Siesta comienza.

Siesta cogió el fuste, y lo torció un poco. –lo siento Louise. –dijo la sirvienta, mientras golpeaba, de una manera muy cuidadosa a la chica.

Louise se sobresaltó al sentir el fuste en su piel, pero no le dolió realmente.

-eso fue demasiado suave. –dijo Saito. –hazlo más fuerte.

-pero...

-¿Cuántos años tuviste que soportar las malcriadeces de Louise y los otros nobles? Usa esta oportunidad. –dijo Saito.

Cuando el joven dijo esto, Siesta levanto nuevamente el fuste y lo bajo con fuerza sobre Louise, esta salto, adolorida, y eso le hizo que sus brazos se aliviaran un instante, antes de tener que cargar nuevamente todo el peso de su cuerpo.

-¡otra vez!

Siesta la volvió a azotar, sus pechos brincaron con la fuerza de su brazo.

Louise soltó un pequeño grito de dolor.

-¡otro más!

Siesta repitió el proceso, una y otra vez, y se estaba excitando, de una manera que nunca lo habia hecho, estaba disfrutando infligir dolor en el pequeño cuerpo de esa chica, disfrutaba ver su piel desnuda cubriéndose de sudor, la humillación que le estaba causando, era simplemente intoxicante para ella, deseaba continuar pegándole y haciéndola gritar, ya no necesitaba que Saito le indicase que hacer ella continuaría hasta sacarle el ultimo delicioso grito de dolor a Louise.

En un momento sujeto la cadena y jalo aún más, haciendo que Louise quedara colgando sus pies a un par de pulgadas del suelo, sus muñecas lastimadas por soportar todo el peso de su cuerpo.

Cuando Siesta la volvió a azotar el cuerpo desnudo y cubierto de sudor de Louise empezó a rotar como un trompo.

Saito se preocupó, Siesta con ese último golpe le habia sacado sangre a la pelirosada.

-bien, ya basta. –dijo Saito al cabo de un rato, Siesta soltó la cadena permitiéndole a Louise pararse nuevamente, pero no se detuvo y le dio un azote más.

-Siesta, te dije que te detengas. –dijo Saito serio.

-lo siento, estoy excitada, muy excitada. –dijo Siesta, sudorosa ella también por el ejercicio que habia hecho, su cuello mojado con sudor era increíblemente tentador, Saito deseaba morderlo y tomarla, pero todavía no habia acabado la previa.

-Siesta, bésala, en los labios.

Con lo caliente que estaba Siesta no lo dudo, Louise era mucho más baja que ella pero como estaba medio colgando no tuvo que agachase demasiado para alcanzar los labios de la pelirosada y la beso, de una manera muy agresiva, metiendo su lengua hasta el fondo de la boca de esta.

Louise se sintió ahogada mientras la lengua de Siesta acosaba a la suya, empujándola y tratando de quitarle su lugar.

Siesta la tenía sujeta de la nuca apretando con fuerza para evitar que siquiera intentara mover su cabeza para escapar.

La sirvienta presión sus pechos contra los de Louise, esas casi invisibles tetitas que no merecían ser llamadas asi, contra los magníficos melones perfectamente redondeados y firmes, restregando su superioridad sobre ella, insultándola, Siesta podría confundir ese patético cuerpo con el de un niño delicado, si es que tuviera un pene.

Siesta llevo su mano libre a la vagina de Louise y empezó a molestar su clítoris, apretándolo y retorciéndolo, causando que Louise gritara, o al menos lo intentara ya que todavía tenía toda la lengua de Siesta dentro de su boca.

La sirvienta rompió el beso porque necesitaba respirar, Louise una vez su boca libre no pudo evitar toser incomoda por todo lo que la medio japonesa habia hecho dentro de ella.

-Siesta~ Siesta~ -dijo Louise suplicante.

Ante esto la mujer mayor junto sus dedos índice medio y anular y lo hundió con fuerza dentro de la vagina de Louise, todo lo adentro que pudo.

-¡AH!

Louise soltó un grito, no muy diferente de los que soltaba mientras Siesta la estaba azotando, la chica levanto la cabeza, sus ojos desorbitados y su lengua afuera.

Siesta empezó a meter y sacar sus dedos mientras mordía su cuello con fuerza y con la otra mano mantenía a Louise lo más paralizada que podía.

Finalmente un chorro de líquido vaginal salió a presión de las entrañas de Louise, causándole una convulsión y ensuciando por completo la mano de Siesta.

Saito estaba en el borde de su asiento, disfrutando el espectáculo sobremanera, el bulto en sus pantalones parecía que iba a desgarrar la tela del pantalón.

Siesta saco su mano de la vagina de Louise y la metió en la suya propia, recogiendo sus propios fluidos que estaban acumulados y luego rompiendo el beso metió esa mano en la boca de Louise.

Esta empezó a lamer los dedos, tratando de captar todo lo que tenía en ellos, ambiciosa.

-suelta su cadena. –dijo Saito, su primera orden en bastante tiempo.

Solo habia un gancho que sujetaba la cadena a las esposas, Siesta deshizo este gancho y las piernas de Louise no pudieron sostener todo el peso de su cuerpo, cayendo de bruces al piso.

Louise se levantó lo que pudo y se arrastró hasta los pies de Siesta y empezó a lamerlos.

Siesta sorprendida por esto dejo escapar un leve gemido de placer mientras Louise hacia su trabajo eh iba subiendo, por sus piernas en esas medias de seda, gozando cada centímetro hasta superar la tela y llegar a la parte alta del muslo de Siesta, y siguió hasta la vagina de esta, causándole estremecimientos de placer a la sirvienta mientras que Louise lamia y degustaba cada molécula de sus fluidos que podía capturar.

Siesta sujeto la cabeza de Louise y la empujo más cerca de su intimidad, permitiéndole a la chica de pelo rosado que metiera su lengua aún más adentro.

Siesta estaba por tener un orgasmo, Louise estaba a punto de lograrlo, pero Siesta no podía permitirse terminar asi, tenía que ser según sus propias reglas.

Siesta le dio un rodillazo a Louise en el pecho, tirándola sobre su espalda.

Louise empezó a jadear, el golpe le habia quitado el aliento, Siesta se paró sobre ella y se sentó sobre su cabeza, poniendo su vagina sobre su boca.

Viendo esto Louise ignoro el estado adolorido de su cuerpo, y empezó a lamer y a morder nuevamente, explorando cada milímetro cuadrado con su lengua ansiosa.

Las piernas de Siesta no podían mantener su peso asi que tuvo que ponerse en 4 patas, sus pechos colgando deseosos de ser estrujados, desde el punto de vista de Saito el tubo una excelente vista de la vagina de Siesta siendo explorada por su esposa y sus bonitas nalgas separadas mostrándole su ano, como deseaba meter su pene en ese agujero, pero Louise le gano y maniobrando como pudo con sus manos aun esposadas metió un dedo dentro del ano de esta, estimulándola de esa manera intensa, hasta que finalmente Siesta termino y un poderoso chorro de fluidos ensucio toda la cara de Louise.

-muy bien Siesta, eres una buena sirvienta, ahora ven acá por tu recompensa.

Siesta se dio la vuelta y se dio cuenta de que Saito se habia quitado el pantalón y tenía una erección masiva y pulsante.

Siesta gateando fue hasta Saito y temblando con anticipación se acercó hasta el pene del joven.

-gracias Amo. –dijo Siesta.

-has sido una buena niña, te mereces una recompensa. –dijo Saito sonriente mientras acariciaba la cabeza de Siesta.

Siesta le devolvió la sonrisa, para luego mirar al pene del joven y empezar a lamerlo, dándole una cuidadosa atención a la punta.

Siesta empujo su cuerpo un poco más adelante para permitirse poner el pene entre sus tetas, y mientras subía y bajaba sus senos, apretándolos alrededor del pene mientras trabajaba en la cabeza con su boca.

Al cabo de unos minutos Siesta noto que Saito estaba por terminar y retiro sus senos para poder meter el pene completo en su boca, hasta el fondo.

-¡siesta! –dijo Saito, entonces soltó sus contenidos dentro de la boca de la sirvienta.

Esta recogió todo el semen en su boca y se lo mostro a Saito, por lo que recibió una palmadita en la cabeza, y luego se lo trago, para lamer los residuos que quedaban en el pene, volviendo a ponerlo duro en el acto.

-Saito~ ahora tómame a Mi~ -dijo Louise tirada en el piso con las piernas totalmente abiertas, con una mano en su vagina, manoseándose a sí misma.

-no Louise, tu estas castigada, pero puedes mirar mientras Siesta y yo hacemos el amor.

Saito se sentó en el borde de su sofá eh hizo que Siesta se sentara en su regazo, mientras la besaba apretaba sus pechos, cosa que ella tanto habia deseado, satisfaciéndolas a ambos por igual.

-¿estas lista Siesta? –Saito rompiendo el beso por un momento.

-si amo, hazme tuya.

Siesta levanto un poco sus caderas, suficiente para permitir que el pene de Saito entrara en su vagina.

Siesta sintió el duro miembro dentro de ella y como su vagina se encogía y abrazaba alrededor de él deseando exprimirlo antes incluso de empezar a copular, ella lo deseaba y estaba al máximo, y aun mas, sintiendo la mirada envidiosa de Louise pegada a su espalda, la chica de cabellos rosados seguía tirada en el suelo, observando como Siesta cabalgaba a su esposo soltando gemidos de placer.

Louise solo podía quedarse ahí, tirada en el piso, masturbándose en silencio, mientras la semilla de Saito ingresaba en la mitad japonesa.

-¡oh Saito! –dijo Siesta inundada en placer mientras sentía como las contracciones de su vagina llevaban el semen de Saito cada vez más y más adentro, buscando su útero, buscando impregnarla.

-Siesta... Siesta. –dijo Saito, acariciándola y disfrutándola.

-Saito. –dijo Louise cerrando los ojos, adolorida humillada y muy caliente.

-Louise ¿te gusta lo que ves?

Habia algo raro en como Saito dijo esto.

La pelirosada abrió los ojos.

Estaba en su habitación en la mansión, bien vestida, Saito habia estado haciendo algo y se detuvo para revisarla extrañado, y Siesta estaba en la puerta de la habitación con una bandeja de té.

-¿Qué paso Louise? Te distanciaste de manera extraña.

Louise confundida parpadeo un par de veces antes de contestar. –lo siento Saito, creo que estaba soñando despierta.

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Esto me vino a la cabeza y tuve que escribirlo, si no les gusto, aquel de ustedes que nunca haya tenido una fantasía sexual sadomasoquista que lance la primera piedra.

Esta es una de las dos versiones de esta historia, para que se hagan una idea de que va la otra versión, pensaba titularla Maid se escribe con M, si saben a qué me refiero.

Hasta otra.