Capítulo 1
Un pasado ahogado en el tiempo.
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¿Como saber que en tan solo un abrir y cerrar de ojos, tu mundo acabaría tal cual lo conoces?
¿y si para un pequeño niño... aquel cambio... no fuera para bien?
¿Como decirle que su destino giraría de la más extraña manera?
...
Pero quizás... solo quizás... al final del camino haya algo bueno.
Siempre dicen que al final de la tormenta hay un hermoso amanecer. Lastima que el aun tenga que esperar para poder verlo.
No sabía que había pasado, ni cómo había pasado. Pero sea lo que haya sido, lo aterraba.
Hace tan solo unos instantes habría jurado que se encontraba balanceándose de un lado a otro sobre un viejo columpio, el cual extrañamente ningún niño frecuentaba más que él. Podría decirse que era como su lugar secreto. Ja claro, cómo no. Un lugar secreto que ni siquiera es tan secreto pues a pesar de que nadie lo frecuentara, no era invisible para aquellas miradas indiscretas que rondaban en las cercanías.
No era tonto. Sabía cómo la gente lo miraba. Se percataba de su presencia al pasar frente a él y como sus ojos lo miraban de reojo. Conocía sus rostros, y de algunos cuantos hasta sabía sus nombres. La mayoría no eran desconocidos para él, pues eran los que susurraban a su espalda y quienes más ruido hacían.
Ellos eran los adultos de Konoha, y aquellos de rangos más altos como jounins y ANBUS. Uno que otro aldeano tal vez.
Era extraño, aquellas miradas… esos ojos… todos lo miraban de formas tan distintas pero similares a la vez que lejos de causarle comodidad, sus reacciones lo alteraban y causaban que un gélido escalofrió recorriera su espalda.
Si pudiera escapara de aquellos ojos, créanme que lo haría, pero… parecían estar en todos lados… acorralándolo como a un animal… haciéndolo sentirse como si no hubiera escapatoria alguna… y en efecto, no la había.
Al principio no había comprendido el significado tras aquellos ojos, pero conforme fue creciendo conoció sus significados, cada uno de ellos; pero… nunca entendió sus razones… nunca comprendió… ¿por qué a él?
Tristeza… pena… lastima… precaución… compasión… rechazo… temor… hay tantas palabras que podría usar para describir como lo veían que la lista seria larga si se atreviera a hacer una.
Tantas emociones, pero ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ DEMONIOS TENIAN QUE MIRARLO ASI?! ¿CUÁLES ERAN SUS RAZONES?! ¡¿POR QUÉ TODOS TENIAN QUE MIRARLO COMO SI SUPIERAN ALGO QUE EL DESCONOCIA?! El simple tema era capaz de sacarlo de sus casillas y dejarlo sin dormir por noches enteras hasta que eventualmente su cuerpo lo forzara a sumirse en un intranquilo sueño donde las mismas miradas y cientos más de ellas estarían aguardándolo en los más obscuros y recónditos lugares de su mente. Las partes más inquietantes donde no se atrevía a explorar. ¿y porque habría de hacerlo? Después de todo… aún era un niño.
Aun así… tenía la extraña sensación que si lo hacía… descubriría… algo…
La razón detrás de todo.
Es duro que muchas de aquellas emociones embotelladas en los ojos de adultos las tuviera que aprender un niño a tan joven edad, y no solo aprender, sino… ¡imagínense el dolor de vivir con ellas! ¡¿Cómo puedes pensar siquiera en ignorarlas cuando sabes que todas se dirigen hacia ti?! ¡y lo más frustrante, no entender el motivo de su existencia! ¡¿SABEN LO INSOPORTABLE QUE ES QUE NO PUEDAN RESPONDERTE UNA SIMPLE PREGUNTA?! ¿POR QUÉ TODOS LO EVADIAN? ¿Y ESAS MIRADAS DE LASTIMA? Se sentía como si aquellas personas conocieran su destino mejor que el mismo, y eso lo molestaba.
El aire contenido en sus pulmones escapo de sus pequeños labios con lentitud como si temiera que hacerlo con fuerza fuera a quebrarlo.
Las lagrimas resbalaban por sus mejillas como lo hacían casi todas las mañanas, claro que nadie lo sabía. Ni siquiera su padre o su madre, o su padrino… o… el abuelo… nadie. Para todos el era como la felicidad andante, y planeaba que las cosas permanecieran así, aunque eso implique el quebrarse por dentro. Tal vez si sonreía todo el tiempo la gente dejaría de mirarlo como si fuera una clase de criatura moribunda.
Detuvo su balanceo. No había nadie a los alrededores en aquellos momentos.
Metió su pequeña manita por el cuello de su camisa y tomo el dije que colgaba de su collar. Ambas manitas cerradas en un fuerte puño, ocultando lo que se escondía dentro de ellas.
"Papi y mami dicen que no debo dejar que nadie lo vea. Dicen que es seguro para mi si no lo enseño. Que… si no lo muestro… tendré una vida normal… como cualquier otro. Pero… todos los demás muestran los suyos, incluso mi generación… ¿Por qué el mío es diferente? Acaso… ¿será por su color? ¿Significa que hay algo malo conmigo? ¿Eso es? ¿Qué acaso… significa que… VOY A MORIR? ¿ME PASARA ALGO? –Por un instante comenzó a alterarse y tuvo la brillante idea de salir corriendo y hacer un espectáculo en público. Pero no, eso no sería prudente, además de que sería vergonzoso. – Ugh… me pregunto… porque nadie quiere responder mis preguntas. Ni siquiera jiji"
Lentamente fue abriendo sus pequeños puños. Una brillante luz roja se escapaba de las comisuras de sus frágiles dedos. La intensidad hacia resplandecer sus dorados cabellos pintándolos de un rojo vivo. Casi podría parecer que su cabello ardía en llamas. Sus finas pestañas brillaban debido a las antiguas lagrimas que reflejaban la luz. Sus ojos azules confundiéndose con una noche estrellada.
Era hermoso. En sus manos podía verse un precioso cristal rojo. Mientras que los cristales del resto de las personas brillaban de un color azul, el suyo parecía como si hubiera fuego danzando en su interior. No era un rojo sólido, no. Más bien era como lava moviéndose de un lado a otro dentro del pequeño contenedor de cristal. Rojos, naranjas y amarillos resplandeciendo con intensidad. A decir verdad… tal vez estaba exagerando, pero… sentía que su cristal brillaba más que de costumbre y eso por alguna extraña razón lo alertaba, pero… ja no. Que tontería. Debía ser paranoico o algo por el estilo. Pero no, no. Esto de verdad lo inquietaba. Los cristales no solo brillaban hasta que su luz envolviera las manos por completo en un manto dorado solo porque si… espera… ¿QUÉ DIABLOS? ¿MANTO DORADO? ¡¿PERO QUE…?!
La luz estaba envolviendo sus manos cuando un terrible estruendo resonó.
Por un momento la brillante luz perdió importancia. Comenzó a escuchar el grito de cientos de personas, pero ¡demonios! No podía ver nada desde ahí.
Se subió al columpio y comenzó a escalar por las ramas que lo sujetaban hasta llegar a la cima. Pequeñas hojas y ramitas se pegaron a su cabello mientras escalaba, pero aquello era un detalle insignificante a comparación de lo que presenciaban sus ojos.
A la distancia, y me refiero MUY a la distancia podía ver que algo se aproximaba, y a medida que avanzaba se hacia cada vez más y más grande. Parecía como… una enorme muralla de piedra. Trato de enfocar sus ojos, pero en ese momento una terrible fuerza lo empujó hacia atrás, una gigantesca ráfaga de viento, haciéndolo caer. Sintió las fuertes ramas chocar con su cuerpo y las hojas cortando su cara hasta que aterrizo en el suelo boca arriba dándose un fuerte golpe en la cabeza que lo dejo aturdido.
Sabía que los gritos se hacían más y más intensos, pero estos se amortiguaron, siendo opacados por un horrible pitido resonando en sus oídos.
Un gemido de dolor escapo de su boca mientras intentaba ponerse de pie.
–¡N…a…..to….! ¡…aru…to…! –acaso… esa voz… ¿trataba de decir su nombre? Su cabeza giraba. No podía entender lo que llegaba a sus oídos hasta que estuvo a pocos pasos de él. –¡NARUTO! ¡NARUTOOOO!
Acaso era….
–¡OH DIOS, NARUTO! ! ¡¿ESTAS BIEN?!
–…¿ka-chan?...
Una mujer de larga cabellera pelirroja que llegaba más allá de su la cadera llego hasta su lado y lo abrazo con fuerza, pero en un instante, ese abrazo estrangulador se detuvo por completo. Su madre lo alejo de ella, sujetándolo con fuerza y desesperación de los hombros para poder verlo por completo. Su vista se poso sobre el cristal que no había dejado de brillar ni en un solo segundo.
–¡¿QUÉ CREES QUE ESTAS HACIENDO?! ¡GUARDA ESO!
Su madre tomo el cristal y lo coloco de nuevo detrás de la playera del menor. A pesar de ello aun había rastros de luz colándose con el cuello de la camisa, pero al menos bastaría para que nadie se fijara en él.
–¡KUSHINA!
En un parpadeo ya había un hombre al lado de su madre. Tenia largo y brillante cabello rubio y ojos azules al igual que él.
–¡¿NARUTO ESTAS BIEN?! –El hombre se arrodillo para inspeccionarlo. Una mano temblorosa se colocó en su hombro.
–Minato… –El mencionado volteo a ver a su esposa. La mujer tenia un mar de lagrimas corriendo por debajo de sus grises ojos. Minato la miro confundido. –…mira… –Señalando a su hijo con la mirada, o mas bien, señalando a aquello que colgaba de su cuello.
Los ojos del hombre se ensancharon con horror. No, ¡NO! No su pequeño… ¡No lo permitiría!
–¿Qué haremos ahora? No podemos permitir que –so preocupación fue interrumpida por la dulce voz de su pequeño que los miraba con miedo en los ojos.
–¿Ka-chan? ¿To-chan? ¿Qué esta pasando? ¿Qué pasara conmigo? ¿acaso es algo malo? –Nuevas lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Acaso por fin… ¿todas sus dudas serian contestadas?
Minato y Kushina miraron su hijo frente a ellos. Ambos se apresuraron a abrazarlo mientras le susurraban cuanto lo amaban y que no se preocupara.
–No, mi pequeño, no es nada malo –claro que no podía decirle que no era nada, porque claramente su hijo ya sabía que en efecto significaba algo –No te asustes. No tienes por qué temer. No tienes que… ¿eh? ¿Minato? –Minato se separo del abrazo y se levanto del suelo. Levantando la mirada hacia el cielo, mirando el enorme cristal que flotaba encima de la ciudad. Apretó los puños con fuerza mientras que la determinación invadía su rostro.
–Kushina, sujeta a Naruto y no dejes que se separe de ti. Los llevare a los refugios.
–Pero Minato, ¿Qué vamos a hacer con… –El aire la abandono. Sus ojos se agrandaron. Comprendió cuales eran los planes de su esposo. Cerro los ojos con fuerza. No podía seguir llorando. Si lo hacia su hijo se aterraría aún más. No. Naruto y Minato necesitaban que fuera fuerte para ellos.
–¿Ka-chan?
–¡Naruto, vámonos! –Con un poco de brusquedad levanto a su hijo del suelo mientras que los tres comenzaron a dirigirse a los refugios. No podían perder tiempo. La ola se acercada cada vez más. Tenían que poner a Naruto seguro.
No paso mucho tiempo hasta que otra sacudida recorrió la tierra.
Kushina abrazo a Naruto para protegerlo de la tormenta de tierra que de pronto se hizo presente, mientras que Minato extendió sus brazos para cubrirlos a ambos de cualquier peligro que estuviera frente a ellos.
Con los ojos entrecerrados y la mano cubriéndole los ojos, intento ver más allá de todo aquel polvo.
Un estruendoso rugido resonó por todo el lugar.
Si creía que ya no podía escuchar aun más gritos de terror, estaba equivocado.
Levanto la mirada y su mandíbula callo. Su rostro palideció ante lo que presenciaban sus ojos.
–¿pe-pero q-qué…
Otro rugido.
Tapo sus oídos para amortiguar el impacto del sonido.
La nube de tierra se disipo dejando ver frente a ellos a un enorme zorro con 9 colas.
Lo que nadie vio fue una figura cubierta por los arboles hablando, dirigiéndose al zorro. Este lo escucho con atención.
–Tráemelo Kurama, antes de que Madre decida actuar y sea demasiado tarde.
El zorro asintió con la cabeza.
Sus ojos se posaron sobre el pequeño niño que ocultaba su rostro en el pecho de su madre.
"Ahí estas"
El zorro comenzó a avanzar hacia el pequeño que temblaba de miedo.
Minato regreso a la realidad al ver el blanco del Zorro. No sabía de donde había aparecido ni por qué quería a su pequeño, pero estaba claro que no permitiría que se acerque a él.
–¡KUSHINA, SACA A NARUTO DE AQUÍ! ¡CORRAN! ¡CORRAN A LOS REFUGIOS!
Al ver a Kushina correr con su preciosa encomienda tomándole la mano, el zorro corrió disparado hacia ellos, pero antes de que pudiera llegar demasiado lejos algo le golpeo con fuerza el pecho haciéndolo retroceder.
Minato miro impactado a la figura que se hallaba de pie a su espalda, no muy lejos de ellos. Había un hombre con traje de pelea negro y casco, sosteniendo un gigantesco y largo bastón con los extremos dorados.
–…Hiruzen…
.-.-.-.-.-.
Kushina había corrido con Naruto tomado de su mano. Era peor de lo que imaginaba. Luces rojas en los cielos alertando a la gente. El sonido de campanas y sirenas resonando en el viento. La muchedumbre corriendo de un lado a otro intentando ponerse a salvo. El cielo se había tornado de un profundo color obscuro, con nubes de tormenta cubriendo el sol. Apenas si eran visibles los soldados que volaban sobre sus máquinas, advirtiendo a la gente y ayudándola a llegar a lugares seguros. Sobre algunas maquinas había más que solo soldados. Había familias de aldeas vecinas. Sus bandas con símbolos ajenos los delataban.
Imagino que serian los pocos sobrevivientes del caos que se acababa de desencadenar.
El pánico aumento cuando la gente comenzó a mirar a lo lejos. El pelaje y colas del zorro eran visibles sobre los más altos árboles que pudiera haber, y sus rugidos solo empeoraban a medida que pasaba el tiempo.
Intento abrirse camino a través de la gente, pero en un pequeño descuido, su mano y la de su niño se habían separado.
–¡NARUTOOOOOOOOO!
.-.-.-.-.-.
No sabía que había pasado, ni cómo había pasado. Pero sea lo que haya sido, lo aterraba.
Hace tan solo unos instantes habría jurado que se encontraba balanceándose de un lado a otro sobre un viejo columpio, y al siguiente instante estaba de pie sobre la plaza principal. La gente corriendo sin parar, empujándolo sin siquiera percatarse de su presencia.
Podía escuchar su nombre siendo gritado por su madre, pero por mucho que tratara, no podía ver la roja cabellera que tanto distinguía a su madre.
Fue un alivio cuando el mar de gente comenzó a disiparse, como agua filtrándose por algún agujero. Miro a su madre que lo buscaba y llamaba con desesperación al otro extremo.
Iba a correr hacia ella cuando de pronto, una brillante luz roja se posó sobre él, iluminándolo.
Miro hacia de donde provenía la luz. Era el cristal que flotaba sobre la ciudad, pero por alguna extraña razón su color azul había pasado a convertirse a uno rojo intenso.
Un susurro escapo de sus labios
"pero que bonito…"
No se dio cuenta cuando el dije de su collar comenzó a flotar en su cuello, como si también quisiera dirigirse hacia la luz donde pertenecía.
Los gritos de su madre comenzaron a perderse en la lejanía. Mientras más miraba la luz sentía como si sus preocupaciones y miedo desaparecieran, como si fueran recuerdos perdiéndose en la memoria. Su cuerpo comenzó a entumecerse. No podía dejar de mirar la luz. Era como si estuviera bajo una especie de hechizo, bajo un potente trance que nublaba su mente y juicio. Sus pensamientos comenzaron a desaparecer y todo a su alrededor comenzó a nublarse hasta extinguirse. Sus sentidos habían dejado de funcionar.
Lo único que existía en ese instante era la luz que lo señalaba y nada más.
Más luces que habían salido del cristal comenzaron a dejar de danzar, y con la velocidad de un rayo, todas ellas chocaron contra él.
Fue entonces que su mundo se torno de negro por completo. Como si el agua lo tragara y comenzara a hundirlo hasta lo más fondo del mar.
.-.-.-.-.-.
La plaza principal se había vaciado por completo. Kushina por fin pudo vislumbrar a su hijo en el centro de ella, pero algo andaba mal. Una intensa luz roja lo señalaba y el no hacía nada para apartarse de ella.
Fue entonces cuando el hermoso color azul de sus ojos fue remplazado por un color carmín brillante. Era como si su hijo estuviera poseído.
Sin perder tiempo comenzó a correr hacia él mientras gritaba su nombre, tratando en vano de despertarlo de su trance.
–¡NARUTO! ¡NARUTOOOOOO!
Miro las luces dirigirse hacia el cuerpo del pequeño rubio a gran velocidad. Por un instante todo lo que pudo ver fue un resplandor blanco y nada más, pero pronto desapareció, dejando ver al pequeño inconsciente, siendo abrazado por la luz mientras esta comenzaba a atraerlo hacia la gigantesca bola de fuego roja.
La desesperación la consumió mientras obligaba a sus piernas a correr más rápido, pero un falso movimiento y Kusina termino cayendo al suelo mientras las lagrimas que desesperadamente había tratado de contener caían al suelo.
–¡NARUTOOOOOOOOOOOOO!
Una sombra corrió hacia Naruto, y con un movimiento hábil logro separarlo de aquella luz que buscaba apoderarse de él. Kushina distinguió la rubia melena y dejo salir un enorme suspiro de alivio.
–¡MINATO! –se puso de pie y corrió hacia su esposo que sostenía a Naruto en sus brazos. El pequeño tenía los ojos cerrados como si estuviera dormido.
La felicidad duro poco al percatarse de lo herido que Minato se encontraba. El hombre cayo de rodillas, pero sostuvo a su hijo con fuerza para no lastimarlo.
Preguntar como estaba era estúpido, así que pregunto lo que realmente aturdía su mente.
–Minato… ¿Qué sucedió? ¿Qué paso con ese zorro? ¿De donde vino? ¿Qué quiere de Naruto? Por favor… dímelo.
.-.-.-.-.-.
El tiempo se acababa, y sus almas estaban dejando sus cuerpos con rapidez. Una gigantesca garra se hallaba atravesando a ambos. La sangre brotando de sus heridas y bocas.
…
–Por favor Naruto, por favor… perdónanos… pero era la única forma de salvarte.
…
–Se fuerte, mi pequeño.
…
–Te amamos
…
–Toma nuestras vidas… mientras… aun… nos… pertenecen…
.-.-.-.-.-.
La sombra miro con desesperación. La ola estaba cercas, y si no actuaban ahora entonces todo lo que había hecho seria en vano.
–¡Kurama! ¡Ya no hay tiempo! ¡Tengo que hacerlo, de otro modo todo habrá sido en vano!
…
–Hazlo. Déjamelo a mí. Yo lo protegeré.
.-.-.-.-.-.
Sus ojos se abrieron con pesadez y dificultad.
Apenas si pudo ver una brillante luz a lo lejos y dos figuras siendo consumidas por esta. Antes de que la luz los consumiera por completo logro ver unos mechones rojos y amarillos
"¿Ka-chan? ¿to-chan?"
Después de eso, un horrible ardor le atravesó el vientre, un dolor que pronto se propago por todo su cuerpo. Como si por sus venas corriera acido. El dolor físico más insoportable que jamás había sentido.
Antes de volver a quedar inconsciente una voz lo llamo desde lo lejos. Podía escuchar los pasos correr hacia el a gran velocidad.
–¡Naruto!
"jiji"
La obscuridad lo consumió, y sin saberlo, a los restos de Konohagakure también.
Aquí esta la segunda parte! Ya había escrito el segundo capitulo con anterioridad y pensaba publicarlo el mismo día que publique la historia, pero me di cuenta de que estaría revelando mucha información que planeo mostrar más adelante a lo largo de la historia, así que reescribí el capitulo.
Posiblemente lean el capitulo y no entiendan muchas cosas y crean que todo es un disparate y que nada tiene sentido jeje No desesperen que las cosas se irán revelando poco a poco.
Quizás haya días en que tarde en actualizar, pero prometo que lo haré. Esta es una historia que de verdad me emociona y no pienso dejar de lado, pero porfa agradecería sus comentarios para que me den ánimos y sepa que les esta gustando la historia y que realmente esperan una continuación.
Por favor recuerden no poner comentarios negativos u ofensivos.
Que tengan un maravilloso día! (:
