Hola gente querida del mio cuore! Cómo están? Me extrañaron? No pasó mucho tiempo, pero espero que sí… jiji! Porque yo sí los extrañé mucho!
Bueno, aquí estoy nuevamente dando acto de presencia con una nueva actualización. En esta ocasión les traigo un cap donde poquito a poco vamos empezando a conocer el pasado de nuestros adoradísimos protagonistas. Pero no se adelanten a sacar conclusiones, aún queda bastante por saber…
Quiero agradecer inmensamente a las bonitas y fieles lectoras y seguidoras que ya dejaron sus primeros comentarios y me agregaron a sus alertas, en verdad me alegra y me emociona hasta los huesos que se entusiasmen y enganchen con lo que hago, así que GRACIAS TOTALES a todas ellas :)
Aclaro también que de ahora en más voy a ser menos 'colgada' y voy a responder uno por uno los mensajitos que me vayan dejando, si bien hay gente con la que me mantengo en contacto habitualmente, a algunos por ahí les he dado las gracias o respondido muy indirectamente, y creo que lo mínimo que puedo hacer en retribución por su interés es transmitirles 'personalmente' mi agradecimiento.
Bueno, sin más para agregar por hoy los invito a leer el DOS en paz y espero que no dejen de contarme qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Besotes y abrazotes per tutti!
Bell.-
:: Capítulo Dos ::
En otro lugar…
Era una cálida mañana de sol, hacía pocas horas que había amanecido y Darien estaba en la terraza de un edificio contemplando la imponente vista de la ciudad donde había vivido durante los últimos ocho años.
Había llegado allí siendo muy joven, estando lleno de ilusiones y deseos de realizar una vida satisfactoria, de concretar proyectos profesionales, de alcanzar metas personales, de sentirse seguro de sí mismo y de las decisiones que había tomado a lo largo de su vida.
Sin embargo últimamente las cosas no estaban resultando ser como él esperaba. Su carrera estaba pasando por una etapa difícil, las posibilidades laborales no eran las mismas que hace un tiempo atrás, y se le había presentado una nueva oportunidad de volver a su país natal para empezar de nuevo.
Y si bien ya tenía una decisión tomada, no podía dejar de sentirse confundido, ofuscado, intranquilo, recordando tantas cosas de su pasado que aunque creía superadas volvían a imponerse en su vida con infinidad de recuerdos, algunos gratos, otros no tanto.
Y pensaba en ella… Se preguntaba cómo estaría, cómo sería su vida actual, si aún se acordaría de él y de lo que habían vivido juntos, si realmente habría sido una buena idea haberle avisado que regresaba, si todavía lo esperaría.
Mientras revisaba por enésima vez el buzón de su correo electrónico en su celular para no encontrar ninguna respuesta al mensaje que le había enviado horas atrás, recordó el día que la conoció.
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Diez años atrás…
Una tarde, Darien regresaba de la universidad y caminaba tranquilo por las calles de Tokio recorriendo el mismo trayecto de todos los días. Cuando pasó por una pequeña librería que no había visto antes, sino que parecía haber sido inaugurada hacía muy poco tiempo, decidió pasar un momento para conocerla ya que era un gran aficionado a la lectura.
Era un lugar muy sencillo, con enormes y viejos estantes de madera repletos de libros de todo tipo, nuevos y usados, clásicos y desconocidos. Se detuvo un rato en la sección de novedades y comenzó a leer concentrado algunos títulos de las estanterías. Y cuando encontró un libro que le llamó la atención, ya que parecía tratarse de una edición especial que no conocía, quiso tomarlo para curiosear, pero alguien se le adelantó.
Sin darse cuenta otra persona había posado su mano en el lomo del libro antes que él y accidentalmente rozó su dorso con los dedos. —Lo siento —se disculpó nervioso y cuando dirigió su mirada hacia ella quedó cautivado al instante. Se trataba de una jovencita con uniforme de escuela y dos chonguitos en el cabello que le daban un aspecto muy infantil e inocente.
Ella lo miró a los ojos con timidez. —Descuida, tómalo tú —le dijo con una leve sonrisa y un suave rubor en su rostro.
Darien percibió una repentina e inexplicable tibieza en su pecho al encontrarse con su mirada, tenía unos ojos tan claros y expresivos que lo deslumbraron sobremanera, y lo observaba con tanta ternura y calidez que se sintió más nervioso todavía. —Yo… yo…
Ella enseguida echó a reír al ver cómo ahora él se sonrojaba y titubeaba al hablar. —¿Vas a llevártelo? —preguntó risueña.
—No —reaccionó él al fin—. No, no —tomó el libro y se lo entregó—. Llévalo tú, yo sólo estaba mirando —respondió un poco más tranquilo.
—Gracias —ella recibió el libro con una sonrisa coqueta—. Adiós —y se alejó de él.
Darien permaneció absorto en sus pensamientos por unos instantes intentando comprender lo que acababa de suceder. ¿Habría sido una especie de alucinación? ¿Esa jovencita era real? ¿Alguna vez había sentido algo parecido? Estaba sorprendido de él mismo, jamás antes ninguna chica le había despertado tantas sensaciones con una simple y aparentemente inofensiva mirada.
Él siempre se había mantenido bastante escéptico con respecto a la idea del amor o el enamoramiento. Pensaba obstinadamente en que ese tipo de 'sentimientos' se parecían más a creencias sobrenaturales que originaban percepciones irracionales sobre características particulares que básicamente no tenían nada que ver con la realidad concreta.
Pero así y todo eso era lo que acababa de sentir, y su calculadora y estructurada mente, aunque desde una actitud bastante crítica, había relacionado sus inesperadas sensaciones con la idea del amor.
¿Acaso se estaría volviendo loco? ¿Cómo una chica común y corriente que jamás había visto en toda su vida lo había hecho cuestionarse a sí mismo de esa forma en cuestión de una mínima fracción de segundos? No podía ser cierto, definitivamente no.
De seguro el cansancio por la extenuante jornada de estudio que acababa de tener había nublado su juicio y nada de lo que había vivenciado durante esos cortos instantes había sido real. Sí, eso tenía que ser, esa era una explicación bastante lógica de lo que acababa de experimentar.
No quiso pensar más en el asunto, sacudió la cabeza para soltar los pensamientos y las sensaciones y salió del negocio lo más rápido que pudo. Retomó su habitual camino de regreso a su casa con la misma naturalidad de siempre, a paso tranquilo pero firme, con la mirada alta y pasando desapercibido, concentrado en su agenda mental de pendientes, todo fríamente calculado como siempre.
Hasta que pasó cerca de una plaza y de nuevo todas sus ideas y teorías se desvanecieron como por arte de magia al reconocer a lo lejos a la chica de la librería sentada en una banca con un libro en sus manos .—No puede ser —murmuró para sí al detenerse de repente—, es ella —y sin darse cuenta una enorme sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro al verla.
Decidió dejar de lado sus dudas e inseguridades y acercarse a ella para confirmar y comprender qué era lo que le pasaba.
Cruzó la calle, caminó algunos metros y cuando llegó a su lado se detuvo para observarla detenidamente. Ella estaba totalmente compenetrada en la lectura del libro que minutos antes acababa de comprar. —"El cortador de bambú" —leyó Darien en voz alta y al escucharlo ella alzó la vista enseguida—. Hola —la saludó con soltura.
—Hola —respondió ella con timidez y un nuevo rubor se encendía en su rostro.
—¿Puedo? —le preguntó él cortésmente al señalar el espacio vacío de la banca. La chica asintió y Darien se sentó junto a ella—. Hace un momento, en la librería, yo estaba… —quiso explicarle por si no lo reconocía.
—Sí, te recuerdo —agregó ella sonriente—. Ibas a comprar este libro.
—No, no. No iba a comprarlo, sólo estaba… Bueno… —Darien titubeaba nervioso y se sentía un completo tonto—. Es un cuento popular, en realidad lo leí varias veces —y prefirió optar por iniciar una conversación ligera.
—Yo también lo leí muchísimas veces —agregó ella—. Pero esta edición trae ilustraciones, mira —y le enseñó algunas páginas del libro.
—Vaya, son lindas —comentó él.
—¿Verdad que lo son? —comentó ella entusiasmada—. Son pinturas antiguas, me encantan las pinturas y los cuentos.
—¿Lees muchos? —preguntó él curioso.
—Sí, muchísimos, sobre todo los que narran historias sobre la luna y seres extraordinarios de reinos fantásticos y ese tipo de cosas, me encantan —agregó ella y soltó un largo suspiro.
—Son temas interesantes —dijo él—. Es increíble que siendo leyendas y creencias tan antiguas aún hoy persistan y mucha gente siga creyendo en estas cosas, ¿no te parece?
—Sí, es cierto —reflexionó ella—. Pero yo creo que es bonito creer en una visión de la vida y la naturaleza donde un mundo 'encantado' realmente existe y que todos los elementos del mundo, rocas, árboles, ríos, nubes, todas esas cosas maravillosas y vivas que nos rodean, nos acogen y nos mantienen unidos en una misma totalidad. Y así nuestro destino como seres humanos está vinculado con todo eso y le da sentido a nuestras vidas.
—Una misma totalidad… ¿No es una mirada un tanto alienante? —preguntó él con escepticismo.
—¿Alienante? Esa es una sentencia muy cruel —respondió ella riendo—. Yo me refiero a otra cosa, a algo misterioso y muy poderoso que nos pone en sintonía y late desde nuestro interior para ponernos en contacto y vivir y movernos y fluir.
Él estaba impresionado con las ideas que ella planteaba y por la forma tan emotiva de expresarse. —¿Y qué sería eso tan misterioso y trascendental que nos mantiene unidos?
—El amor —respondió ella con un nuevo suspiro—. Y creo que muchos cuentos de hadas, leyendas, mitos reflejan todas estas cosas. Y son muy enriquecedores, no sólo por la forma literaria y la belleza estética, sino porque siempre han transmitido a través de los siglos, de los milenios, todas estas cosas, todos estos sentidos tan profundos y hermosos.
—El amor… —reflexionó él—. ¿Crees en el amor? —ella asintió sonriente—. Pues me parece que tienes una visión muy idealista y romántica de las cosas.
Darien no podía salir de su asombro al escucharla, lo último que pensó al comenzar a platicar fue en tener una conversación sobre este tipo de temas con ella. Siempre que intentaba acercarse a una chica bonita tenía que lidiar con una insulsa escena de coqueteo, pero esta vez se había topado con una situación bastante diferente e inusual. Definitivamente se trataba de alguien muy particular y especialmente sensible, y eso lo cautivaba cada vez más.
—Sí, soy muy romántica, demasiado. De hecho ése es mi segundo nombre —dijo ella con una risita pícara—. ¿Y cuál es tu visión?
—Bueno, verás, soy estudiante de medicina, así que mi mirada sobre "el amor" —dijo él haciendo el gesto de las comillas con los dedos—, es radicalmente distinta a la tuya —aseguró.
—¿A ver? —insistió ella curiosa.
—Bien —Darien meditó un momento para ordenar sus ideas y hablar con la mayor propiedad posible—. Yo pienso que el amor es un 'sentimiento' que siempre ha sido sobrevalorado, idealizado por poetas, pintores, músicos, artistas y nos han hecho creer que se trata de una fuerza imparable dentro de nosotros sin dar una explicación lógica de lo que realmente sucede —ella lo escuchaba con atención sin interrumpirlo—. Incluso también creo que hoy en día se trata de un producto de consumo más. Sin embargo a mí me parece que también es importante tener en cuenta la mirada científica del asunto, hay muchos estudios interesantes sobre esto.
—¿Por ejemplo?
—Mi novia me contó que…
—¿Tu novia?
—Bueno, ex novia —él carraspeó nervioso y continuó—. Me contó sobre una investigación que intenta demostrar la incidencia del factor bioquímico sobre la atracción romántica y el enamoramiento, donde explica que en realidad deriva de una mezcla de instintos básicos, procesos cognitivos y un 'cóctel' químico de hormonas que genera nuestro cuerpo.
—Vaya —reflexionó ella—, ¿y tú crees en eso?
—Me parece una explicación bastante razonable —respondió él con aires de superioridad.
—Y a mí me parece que si crees en todo eso es porque eres un amargado —bromeó ella y ambos rieron.
—De hecho ése es mi segundo nombre —bromeó él y volvieron a reír.
—A todo esto, ¿cómo te llamas?
—Darien —respondió él tendiéndole una mano—. Soy leo, adoro el chocolate y mi color favorito es el azul.
—¿Qué? —preguntó ella confundida.
—Sólo comento esto para alivianar un poco el tono de la conversación que estamos teniendo.
—Bueno, en ese caso —ella dudó por un momento y finalmente le siguió la corriente—, me llamo Serena, adoro los dulces y los videojuegos, me gusta pintar y mi color favorito es el violeta —tomó su mano para responderle el saludo—. Mucho gusto, Darien.
—Mucho gusto, princesa de la luna.
—¿Princesa? —preguntó Serena sorprendida. Darien sonrió y le señaló la portada del libro que tenía en sus manos donde había una ilustración de Kaguya. Ella comprendió a qué se refería y le agradeció el cumplido con otra sonrisa.
—Entonces si te gustan los dulces, ¿aceptarías que te invite un helado? —preguntó él con timidez.
—¡Claro! —respondió ella entusiasmada.
Y entre bromas, helados y risas siguieron conversando el resto de la tarde.
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Darien sonreía melancólico al recordar aquella conversación y esa manera tan particular de conocerse, y no pudo evitar sentir mucha nostalgia.
Desde aquel día se habían convertido en grandes amigos, compartían muchísimas cosas, intercambiaban libros, ideas, y cada vez que estaban juntos conversaban y discutían sobre distintos asuntos por horas. Y por supuesto también se divertían, se reunían con amigos, salían, paseaban, platicaban y bromeaban.
Entre ellos se había forjado una amistad tan profunda y genuina, se complementaban en todo, a pesar de ser tan diferentes, y se querían muchísimo, aunque por mucho tiempo sólo creían que se trataba de un afecto en términos amistosos.
Pero con el paso del tiempo otros sentimientos comenzaron a surgir, aunque ninguno de los dos estaba dispuesto a reconocerlo.
Estaba tan perdido en sus pensamientos y sus recuerdos que demoró en darse cuenta de que alguien había llegado a la terraza para buscarlo. —Doctor Chiba —lo llamó su amigo haciéndolo regresar a la realidad.
Darien volteó al escucharlo. —Doctor Furuhata —dijo esbozando una sonrisa—, ¿ya despertaste?
—Sí, el dolor de cabeza no me dejaba dormir —comentó Andrew riendo y se apoyó en la baranda junto a Darien. La noche anterior se habían reunido con un grupo de amigos que querían despedirlos y había bebido un poco de más—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Despidiéndote de la gran ciudad?
—Algo así —respondió Darien al volver a perder la mirada en la vista que tenía enfrente—, contemplando la ciudad que nunca duerme. Hace tantos años que vivo aquí y sin embargo no deja de impactarme su belleza.
—Nueva York es hermosa a todas horas —agregó Andrew también nostálgico—. Y tienes muchas cosas de qué despedirte, ¿verdad? Muchos recuerdos, muchos amores —dijo con picardía.
—Tampoco tantos —Darien intentó evadirse.
—Vamos, desde que te conozco te he conocido a más de una 'novia'.
—No todas fueron precisamente 'novias'. Lo que pasa es que tú eres demasiado serio y disciplinado, amigo, podrías divertirte un poco más.
—Yo no soy como tú, Darien, no me gusta involucrarme con mujeres por diversión. Lo que pasa es que aún estoy esperando conocer a la chica indicada, ¿entiendes?
—Comprendo, es que yo ya la encontré, sólo que las cosas no resultaron salir muy bien que digamos —Darien hizo una larga pausa—. Pero es cierto, he vivido muchas cosas aquí y no va a ser fácil dejar todo esto atrás —suspiró con pena—. Y también resulta muy movilizador regresar a Tokio, no voy a negarlo, allí también me esperan muchas cosas importantes —y volvió a revisar su teléfono.
—¿Aún no te responde? —preguntó su amigo.
—No —respondió Darien con tristeza—. Dudo que lo haga, es muy orgullosa —y sonrió de lado al guardar de nuevo el teléfono en su bolsillo.
—Bueno, amigo —dijo Andrew tras una nueva pausa—, lamento interrumpir tu momento meditativo, pero abajo hay un verdadero desastre. Necesito que me des una mano para limpiar y ordenar un poco, así este departamento vuelve a ser habitable.
—Está bien, enseguida bajo y te ayudo —dijo Darien y Andrew le dio una palmada en el hombro y se fue dejándolo solo otra vez.
Darien permaneció pensativo por un rato más, y otro recuerdo vino a su mente.
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Dos años después de conocer a Serena, y de sostener una amistad cada vez más sólida y profunda con ella, Darien aún no se percataba de que las cosas estarían a punto de cambiar rotundamente.
Era el día de su cumpleaños número 22, y esa noche habían acordado encontrarse en el mirador donde siempre se reunían. Él había llegado a la hora pactada como era su costumbre, ni un minuto más ni un minuto menos, y la esperaba de pie junto a su motocicleta mientras contemplaba el reflejo de la luna y las estrellas sobre la bahía.
No podía evitar sentirse algo ansioso por ese encuentro, ya que tenía que comunicarle a su mejor amiga una noticia que si bien era muy buena para él en el sentido de que era algo que esperaba que sucediera hacía tiempo y tenía que ver con sus proyectos personales, también temía que afectara de alguna forma su relación con Serena. Ellos eran muy unidos, demasiado, y sabía que iba a ser difícil para los dos enfrentar esta nueva situación.
Mientras repasaba en su mente la manera más correcta en que creía podía transmitirle la novedad sin que resultase chocante o negativa, oyó la voz de Serena que lo llamaba a lo lejos. Volteó al escucharla y la vio acercarse corriendo y apurada.
Como siempre, ella llegaba retrasada, y aunque antes le molestaba muchísimo esa forma de ser tan despistada y volátil de ella, con el tiempo había aprendido a disfrutar y encariñarse con su desenvuelta y espontánea personalidad.
Darien sonrió contento al tenerla cerca y ella saltó sobre él para abrazarlo efusiva. —¡Darien! ¡Hola!
—Hola, princesa —dijo él al abrazarla con fuerza—. Pensé que ya no llegabas —y la mecía entre sus brazos con los ojos cerrados, se sentía tan tranquilo y feliz a su lado como cada vez que la veía.
Cuando se separaron un poco, pero sin soltar el abrazo, permanecieron un instante mirándose profundamente a los ojos, y sin decirlo con palabras ambos experimentaron una extraña sensación al verse de esa forma, como si pudieran darse cuenta de que ya nada era como antes y que tampoco iba a seguir siendo igual desde ese día.
Serena se sonrojó por la intensa mirada de Darien y se alejó de él. —Perdón por mi retraso —dijo con timidez mientras buscaba algo en su bolso—, es que me demoré terminando tu regalo —y le entregó un pequeño paquete—. Feliz cumpleaños, Darien —le dijo con una alegre sonrisa.
Él recibió el regalo y apenas lo desenvolvió la miró con una expresión de sorpresa y alegría imposible de disimular. Era un pequeño cuadro de un colorido mandala, una pintura hecha por ella misma. —Serena —estaba tan impresionado con el regalo que no podía articular palabra—, esto es… es tan… es…
—Es un árbol de invierno con la luna llena en el solsticio asomándose entre sus ramas y éstas son unas mariposas —explicó ella—, aunque no se entienda muy bien que digamos —dijo riendo.
—Es hermoso, Serena —dijo él mientras observaba detenidamente su regalo.
—Tiene muchos tonos azules, porque es tu color favorito —agregó ella.
—Y también violeta, tu color —señaló él.
—Ahora que lo miro mejor tú podrías ser el árbol, porque tiene muchas raíces que lo aferran a la tierra —Serena volvió a reír—. Porque eres tan terrenal y objetivo —dijo en tono irónico.
—Es cierto —él también reía—. Y tú vendrías a ser la luna, siempre tan soñadora y girando a mi alrededor.
—¡Qué presumido eres! —comentó ella molesta.
—¿Y las mariposas? —preguntó él curioso.
—No lo sé, las mariposas simbolizan muchas cosas. Libertad, amistad, amor… —y los dos permanecieron un rato en silencio mirando la pintura.
Darien reaccionó al fin y la abrazó emocionado. —Gracias, Serena, es un regalo muy bonito. Colorido y alegre como tú —ella al escucharlo profundizó el abrazo y soltó un melancólico suspiro—. Nunca cambies, princesa, eres una hermosa persona —él también suspiró—. Te voy a extrañar mucho —susurró bajito, pero Serena no llegó a escucharlo con claridad.
—¿Qué dijiste? —preguntó ella al separarse y mirarlo de frente.
—Nada —respondió él esquivando sus ojos y volvía a mirar la pintura.
—Bueno —dijo ella al soltar el abrazo—, ¿y qué hacemos ahora? ¿Tienes algún plan, 'señor adicto a las fiestas'? —bromeó.
—Pues no, no planeé nada para hoy. Sabes que no me gusta celebrar mi cumpleaños.
—Eres un amargado —Serena lo golpeó suavemente en le brazo sin dejar de reír.
—¡Y tú eres una cabeza de chorlito! —dijo él al desordenarle el cabello con la mano—. ¿Cuándo vas a dejar de usar estos chonguitos? Ya tienes 18 años, acabas de entrar a la universidad, te vendría muy bien un cambio de look —bromeó.
—¡Oye! —exclamó ella otra vez molesta—. Ya te dije cientos de veces que no te metas con mi peinado, es mi marca personal, mis chonguitos me hacen única y especial.
—Eres única y especial con o sin chonguitos, princesa —dijo Darien mientras ordenaba de nuevo su cabello con dulzura.
—¡Y tú eres un presumido! —bromeó Serena y ambos volvieron a reír—. Bueno, si no tienes planes entonces vamos a mi casa, mi mamá está reclamando tu presencia hace días. Dice que la tienes muy abandonada, seguro se alegrará de verte y consentirte en el día de tu cumpleaños.
—Está bien, vamos a tu casa, yo también echo de menos a tu familia.
—Bueno, ¿vamos? —Serena lo tomó de la mano para ir hasta su motocicleta.
—Espera —él la detuvo—. Antes de irnos quisiera… —suspiró con pesar—. Tengo que hablar contigo, Serena, de algo importante.
—¿Qué sucede? ¿Es algo malo? —preguntó ella preocupada.
—No, no. No lo es. Bueno, en realidad —Darien se rascaba la cabeza nervioso—, eso depende de cómo… porque yo… —titubeaba.
—¿Qué pasa, Darien? No me asustes —dijo Serena más preocupada.
—Ven —él volvió a tomar su mano y se sentaron en una banca que estaba cerca de ellos—. Bueno, lo que sucede es que… —suspiró con aflicción—. Que hoy recibí una noticia muy importante —no entendía por qué le costaba tanto decirle lo que sucedía y evitaba su mirada al hablar—. Se trata de algo que vengo esperando hace tiempo y por lo que me he estado esforzando mucho para conseguirlo. Y bueno, finalmente me respondieron y…
—¿La beca? —adivinó ella y él asintió—. ¿Para EEUU? —él volvió a asentir—. Vaya, es una muy buena noticia —dijo con una forzada sonrisa.
—Sí, lo es, al menos para lo que respecta a mis aspiraciones profesionales se trata de una excelente oportunidad. Pero… —la miró con una triste expresión—. Por lo menos tendré que estar allí durante un año, quizás más.
—¿Un año? —Serena intentaba procesar la noticia con calma—. ¿Y cuándo te irías?
—Dentro de un par de meses.
—Comprendo —se quedaron en silencio por un momento.
—¿Estarás bien? —preguntó él temeroso.
—Sí, no te preocupes —respondió ella con una gran sonrisa—. Estarás en EEUU, eso no quiere decir que no nos volvamos a ver, además tú siempre serás… —y se calló antes de terminar la frase. Lo miró a los ojos y al notar una expresión tan triste en el rostro de Darien sintió un repentino y punzante dolor en su pecho, pero optó por disimularlo—. Esfuérzate en tus estudios, Darien, es tu sueño ser médico y con esta oportunidad podrás hacerlo realidad.
—Serena, yo… —Darien se sentía fatal por lo que acababa de decirle y por imaginarse lo difícil que iba a ser para él tener que separarse de ella.
—Descuida, Darien —ella comprendió su preocupación—. Ya te dije que estaré bien —volvió a abrazarlo—. Bueno, ¿vamos? —dijo al ponerse de pie y tenderle su mano.
—Vamos —respondió él con una leve sonrisa y juntos partieron en su motocicleta.
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Darien se sintió más movilizado y confundido todavía al evocar tantos recuerdos sobre su princesa. Y al pensar en cómo sería volver a verla después de tanto tiempo y de tantas cosas vividas y dejadas atrás, dudaba de su idea de regresar. Pero ya no había vuelta atrás, pasara lo que pasara, encontrase con lo que se encontrase, ya era una decisión tomada, y no quería arrepentirse. Demasiados remordimientos ya llevaba a cuestas, y era hora de enfrentar lo que por muchos años no se atrevió a hacer.
Revisó por última vez su celular sin encontrar ninguna respuesta, y finalmente bajó a su departamento para reunirse con Andrew.
