Notas: Woah, he regresado de la iluminación jaja. Para ser breve en mi tardanza, debo decir que estuve delicada en cuestión de salud visual. Tuve una infección en los ojos y blablabla 0 pc, móvil, y vida cibernética. Subí el anterior capítulo con ayuda de una amiga sólo porque no quería perderlo, y well, me sorprendí cuando ella me avisaba la cantidad de personas que les había gustado la idea. No soy de actualizar muy seguido porque mi ritmo universitario es agitado, siempre actualizo mensual o promedio de quince días, pero trataré que con éste sea diferente. Agradezco a todas las personas que dejaron su huella, y más abajo responderé los guest :)
Añadiré una pequeña sección a mi descripción en la biografía para notificar los avances de la historia, y en cuanto tiempo actualizaré de nuevo para que sea más cómodo para ustedes. Otra cosa que anunciar es que, como dije anteriormente, no soy muy especializada en comedia. Mayormente escribo drama y esos géneros fanáticos a la sangre de los feels jaja así que aunque este no sea el caso, deben saberlo, porque realmente no esperé que les causara gracia mi limitado humor x'D
Sin más, gracias de antemano por leer.
DISTURBIO SOCIAL
Capítulo 2: Instagram en llamas.
.
.
La llegada en su primer día a Tailandia habían sido perezosas horas, muertas y vacilantes, que no incentivaron ninguna actividad. Había dormido en más de la mitad del viaje, ahogándose en un sueño sin mucha profundidad producto de un cansancio temporal que avasalló sus huesos.
Su mente no rehuía de aquel nombre, de aquella esencia que tanto le daba gusto a su vida y, no podía evitar que el recuerdo de esa temporada jugueteara entre sus párpados, hasta despertarle las desafortunadas lágrimas de nostalgia.
Yuri suspiró en el secreto de sus pensamientos, tenía que dejar eso, librarse de esas cadenas que lo hicieron dependiente a Victor Nikiforov y seguir caminando. Debía resistir, aun cuando ese patinador ruso fue la primera persona a la que quiso aferrarse, y fue su iniciativa anterior a dividir sus caminos.
Phichit yacía a su lado en una animada conversación que no llegaba a sus oídos, mientras viajaba entre las pestañas de su Smartphone con diestra maniobra. A Yuri le causaba cierta gracia esa efervescencia, confianza y alegría que empujaban los pasos de su amigo. Poseía una llameante pasión y convicción que no dudó en elevarlo entre los seis finalistas del Grand Prix Final. Verlo ahora le dio cierta certeza que Celestino debió sentirse feliz cuando él abandonó Detroit y cedió su lugar a ese tailandés, después de todo, aún en la derrota; Phichit seguía decorando sus labios con una gran sonrisa.
Desde que sus pies rozaron ese país donde no conocían el amor en hielo, su amigo se había encargado de distraer y acaparar su mente con todas las ocurrencias que se les cruzaron por enfrente. Entre preparativos, planes, tours, shopping, y demás repertorio de turismo que sirvieron de contrapeso para dejar descansar al otro patinador ruso ganador de cinco medallas de oro que yacía al otro lado del mundo. Claro que el agotamiento que trepaba por sus tobillos en repetidas ocasiones, ahuyentaba el sueño fácilmente y lo encerraba en los pensamientos que tanto quería eludir.
"Victor, ¿qué estás haciendo?", fue la primera pregunta que se trazó en su mente, cuando veía por la ventanilla del avión.
El mismo día que llegó, quiso escribirle y contarle esa locura a la que lo habían arrastrado para ser participe. Sin embargo, no habían pasado menos de quince horas desde que Victor había regresado a Rusia, cuando ya las etiquetas en Instagram, Twitter y fotos en Facebook anunciaban en el regreso del héroe nacional y pentacampeón del mundo a la alfombra de hielo.
Todo aquello le hizo retroceder. La inseguridad lo había tomado entre sus redes, y lo obligaron a reprimirse en el sumiso silencio al ver a su ídolo —no, ya no era Victor— volver a desplazarse como un ángel de plata que danzaba al son de su propia inspiración y talento.
Aquella melodía que juntos habían encendido.
Nuevamente una pantalla, kilómetros, y continentes, los separaban, mientras un locutor recitaba con euforia el regreso de la leyenda viviente.
Victor se veía diferente, tenía una expresión serena y una sonrisa que cubría la franja de sus delicados labios que parecía brillar en consonancia con la escarcha de plata donde sus pies desfilaban. El hielo siempre había apoyado con su velo de gracia la imagen de aquel ruso, como si quisiera hacerlo parte de su propio lienzo y bañarlo de natural perfección al guiar aquellos pasos que expresaban la nueva música que viajaba con delirantes notas por su cuerpo. No era sobre hielo, era del hielo.
Ser receptor de aquella figura que tomaba en sus redes de seducción y las encantaba con su música, tiñó las mejillas de Yuri quien se sentía nuevamente como un niño, capturado por ese príncipe que hipnotizaba a cualquiera con sus bailes. No sabía cómo él podía ver tan claro las letras, estrofas, versos de cualquier historia que Victor quisiera contar. Desconocía si era por su excéntrica admiración, o era esa conexión innata que los había atado en una nueva relación.
Victor Nikiforov había regresado. Se había subido de nuevo al pedestal.
Ya no sabía cómo dirigirse a él de forma natural, era como si una barrera se fuera abierto entre ellos y él se sentía incapaz de atravesar. Los dedos le temblaron en la pantalla, rozando la imagen digital y tras ver la lluvia de publicaciones dedicadas a su ídolo. Se preguntó si realmente Victor querría otro mensaje de él, si lo necesitaba tanto como su persona. Y, al ver el silencio compartido de su entrenador, entendió que la respuesta era no.
Esa vez, dejó el móvil a un lado, y se enterró en la confidencia de la almohada siendo víctima de sus propias fluctuaciones. Era inevitable huir de la farándula, escaparse por los rincones cuando Victor era el tope en cada anuncio en las redes sociales, televisión y entrevistas que mostraban su alzamiento nuevamente en el patinaje.
Ya había pasado una entera semana que le habían calcinado el tiempo para pensar y, las horas de descanso, cuando Celestino formalizó el evento a través de una entrevista oficial directa de Italia. Las preparaciones dieron pie a un minúsculo público que seguían a Phichit, pero como era de esperarse, su fama no alcanzó los suficientes horizontes para atraer a otra multitud. Él tampoco era precisamente una celebridad, no era muy apegado a las redes sociales para sociabilizar, y era por ello que no tenía contactos a los cuales recurrir en esos casos.
Escogiendo por otro plan B, decidieron atraer a la fanaticada al llamar a sus amigos nuevamente. Entre ellos, lo que no llegaron al GPF y que eran su voto de esperanza para darle más peso al homenaje artístico que deseaban hacer. Yuri había entendido el motivo de su Phichit y sus ansias de ampliar el amor que el compartía con su país, incentivándolo a apoyarlo en cada momento que lo ameritase.
Para probarlo, había decidido enseñarle cómo realizar el salchow cuádruple y añadirlo a su lista de saltos para la siguiente temporada. Aún no lo dominaba completamente, pero su entusiasmo dictaba que faltaba poco para que fuera suyo ese salto.
Celestino había llegado un par de días después, sometiéndolos a un espartano entrenamiento para realizar un número juntos que sería la apertura del evento. Al principio, había sido divertido patinar de nuevo al mismo ritmo que Phichit, sin embargo, al volverse concurrentes los tropiezos y los errores, se dieron cuenta de una cosa:
No se sincronizaban.
No había compatibilidad en ellos y, por sorprendente que fuera ese detalle, terminaban chocando o cayéndose antes de la segunda mitad.
No era como había sido con Victor, y aún con eso en mente, Phichit no se rindió. No dejó que esas limitaciones los hicieran retroceder, animándolo a él también para seguir intentándolo. Yuri se preguntaba si acaso su entrenador ruso le sermonearía por los errores novatos que cometían, y ese resalte de pensamiento le hizo impulsarse sobre sus debilidades para coincidir. No quería decepcionar a Victor, había decidido quedarse por él, dando toda su energía y pasión para seguir representando las L que lo definieron en esa temporada.
Las prácticas concibieron un fruto de medio número que no anticipaba fallas, pero aún había mucho que realizar. La noche anterior, asfixiado por sus nervios nacidos de estar en tierra desconocida, había decidido patinar Yuri on ice para recordarse que aún la esencia de Victor vivía en él. Bailar ese programa lo conectaba con sus sentimientos, y por estúpido que fuese, le daba la esperanza que aquel pentacampeón estaba esperándolo como él.
No había percibido la presencia de Phichit merodearle y mucho menos ser capturado por su videocámara cuando finalizó su rutina, imaginando que su entrenador estaba observándolo. Intentó explicarle en vano a su amigo que no era lo que parecía, que realmente no le dedicaba el perfomance a él, pero era tanta la ebullición de jovialidad que terminó riéndose quedamente.
Oyendo un ladrido que lo atrajo a la realidad de ese momento, Maccachin permanecía a su lado, prácticamente ordenándole que le acariciara el pomposo pelaje. Victor lo tenía bien consentido, eso era un hecho.
Ese caniche logró llegar un día después del primer día, en un vuelo personal que fue costeado por su desbancado bolsillo. A diferencia de su dueño, él no gozaba del potencial y libertinaje poder monetario para derrocharlo, y sólo porque sabía que valía la pena, era que se cubrió ese gasto. Prefería tener a Maccachin a su lado y velar por su cuidado, lo había prometido después de todo.
Phichit se había enamorado del caniche en cuanto éste le saltó encima para cubrirle el rostro a largas lamidas, lo que había acarreado una sesión de fotos diariamente en todas las posiciones posibles. Yuri sabía que Victor no era celoso con su mascota o, al menos, eso esperaba. Realmente dudaba que le molestara que Phichit ya tuviera un álbum de mil imágenes en su galería y las compartiera en su perfil de instagram. Creía que ni siquiera se enteraría, puesto que no lo seguía en publicaciones y eso para él era un respiro más a sus pulmones.
Notificarle a su entrenador que había hecho viajar a su mascota hacia otro país le revolvió la consciencia las primeras noches, es decir, el perro no era de él. Y aun cuando sabía que podría molestarse, prefirió reservarse el secreto. Después de todo, regresarían antes que Victor que, por como juzgaba en la televisión, éste tenía su mundo abarrotado de entrenamientos para su regreso. Decirle, significaba atraerlo, tenerlo como clavel ahí en Tailandia, y eso figuraba otra distracción que quería evitar. Quería egoístamente que se concentrara nuevamente en el patinaje, que diera lo mejor de sí, demostrando el valor del título que coronaba su nombre.
"Todo lo hago porque me importas, Victor… Porque quiero verte una vez más patinando para otros…", Aun a costa de que su más grande deseo era estar con Victor para siempre.
—Yuri... —Una voz lo llamaba, anclándolo nuevamente a esa habitación en Tailandia—, ¿me estás escuchando?
—Ah…, no —se excusó, con una gota deslizándose por su sien—. Disculpa, Phichit-kun, ¿qué decías?
—Estás muy distraído hoy —rezongó su amigo, inflando las mejillas.
Yuri se rió nerviosamente.
—No es intencional —Bajó la mirada, viendo a Maccachin reposar el hocico en su regazo mientras él le lisonjeaba el pelaje—. Creo que extraño a mi familia.
—¿Y a Victor? —intentó adivinar el resto de la oración, y Yuri sintió como si le fuese arrojado un balde de agua fría.
—No, no, bueno, si lo echo de menos, pero… —se cortó, tratando de ordenar sus pensamientos pero ya Phichit se reía a cambio—. Estaba pensando en cómo llamar más público para el evento, no he puesto mi parte en eso.
—¡Yuri, deja de cambiar el tema! ¡Es claro que lo extrañas! —dijo a todo pulmón—. ¿Has hablado con él desde el GPF?
Las mejillas se le bañaron de vergüenza e intentó desviar esa verdad, pero con la boca abierta, las palabras no salieron. Tímidamente negó con la cabeza, y eso hizo que su amigo mostrara una expresión horrorizada.
—¡¿Están peleados?!
—No, claro que no.
—¿Ya no habrá boda? —Se levantó de la cama, tapándose las mejillas con las palmas—. ¿Es porque no ganaste el oro? ¿Ya no seré el padrino? ¡Había encargado un traje especial! —El pánico se fue grabando en cada línea de su rostro.
—Phichit-kun, no es nada de lo que piensas. Nunca estuvimos... comprometidos —dijo, con una sonrisa temblándole en los labios—. Victor está preparándose para su nueva temporada, debe dejar todo listo para cuando regrese a Hasetsu. Será difícil para él ser participante y a la vez mi entrenador y yo…
Agazapándose nuevamente para sentarse en la pared bordeada de almohadas, vio la tristeza reflejarse en la mirada de Yuri.
—¿No quieres que eso pase?
—No quiero que se esfuerce tanto por mí. —Su voz se deshizo de todo a la vez, miedo, añoranza, dejando el sucedáneo suplanto de un graznido.
Tras una sonrisa sencilla, Phichit palmeó el hombro de su amigo.
—¡Estoy seguro que Victor lo hace con todo el gusto, Yuri! —Intentó reconfortarle con sus palabras—. Todo el mundo sabe que ustedes se quieren mucho.
—¿Todo el mundo? —Yuri dirigió su atención a aquella línea, pensando en si debía indagar más.
—¿Ah, no lo sabes? ¡Muchas personas creen que ustedes son novios! —exclamó, y tras sacar su móvil, paseó en un par de páginas para después enseñarle la pantalla—. Sigo varios blog, y mira, siempre publican comentarios de que son una pareja potencial.
—Phichit-kun… —Le tensión se materializó en su rostro—. Esa foto… esa… —Señaló la pantalla con dedo tembloroso—, ¿la tomaste tú verdad? —Se espantó al ver el perfecto ángulo de la copa china, recordando aquel momento cuando él había pegado su frente con Victor diciéndole que no apartara la vista de él.
—¡No pude contenerme! —se carcajeó, acariciándose la parte trasera del cráneo, y tratando de disolver la expresión escandalizada de su amigo, su cerebro brilló en una idea—. ¡Ya sé! —Le atrajo la atención e incluso despertó a Maccachin con su exclamación—. ¿Qué tal si invitas a Victor a nuestro evento? Sé que no has querido involucrarlo, pero creo que es el mejor momento para hacerlo.
—¿Invitarlo?
—¡Sí! Eso te haría sentir mejor, ¿no? —Sonrió ampliamente—. ¡Además, eso sí atraería la atención de los medios!
A Yuri no le estaba gustando la idea por varias razones. La primera, su sacrificio de abstenerse a escribirle se iría al carajo. La segunda, era como aprovecharse de su fama y eso era algo que no deseaba hacer. Y la tercera...
¿Qué le diría al tenerlo en frente?
—Victor está concentrado en su reincorporación al hielo.
—¡Mejor aún! ¡¿Te imaginas?! ¡Victor Nikiforov patina en Tailandia! —Sus ojos se llenaron de brillo, asustando a la manada de Hamsters que reposaban en la cama y luchaban porque Maccachin no se los tragara—. ¡Muchos querrán verlo y estoy seguro que Victor desea también verte!
—Phichit-kun, no creo que...
Pero ya su amigo corría fuera de la habitación para notificarle a Celestino su idea magistral de invitar al pentacampeón del mundo, gracias al contacto "especial" que su amigo tenía con él.
Yuri suspiró y abrazó a Maccachin, sonriendo irremediablemente. Esperaba convencer a Victor.
—Si todo sale bien… —Le tomó de las mejillas cuando el caniche lamió su nariz—, verás nuevamente a tu dueño.
Cedió a su impulso.
.
.
.
"Eres como una mariposa vuelas y te posas vas de boca en boca fácil y ligera de quien te provoca." —Y la música seguía—. "Mariposa traicionera... como se la lleva el viento..."
Victor tomó la sexta bocanada en el minuto y medio que llevaba la canción. Tocándose el puente de la nariz, contando hasta diez, respiración profunda, tratando de estirar la poca paciencia que ya le quedaba. Era la decimatercera vez que Yurio repetía esa rockola.
Sabía que ese malcriado chiquillo lo hacía a propósito, claro que lo hacía con toda la intención de crisparle los nervios en ese afán de molestarlo con la expansión de abandono patrocinado por el otro infiel Yuri.
—Yurio, ¿podrías cambiar esa canción? —pidió, esbozando una sonrisa con pliegues forzados—. La has puesto desde que despegamos o puedes colocarte los auriculares.
—¿Qué? ¿Sabes español? —Le miró de reojo con el labio torcido, porque sabía que Victor tenía noción básica de ese idioma, lo que implicaba que sí, sí entendía la canción—. Los dejé y no la quitaré. Me gusta.
Un suspiro cansado se escapó de los labios del pentacampeón. Sólo un par de horas más, unas míseras horas más. No iba a caer en ese territorio, nunca se imaginó siendo blanco fácil para pequeñas bromas de un adolescente de quince años.
Decidió ignorarlo, reposando el mentón en el dorso de su muñeca deteniendo su mirada en el cristal de la ventana, pensando en qué estaría haciendo Yuri en ese momento. Si estaría practicando abiertamente la infidelidad, si se atrevía a bramar que le pertenecía a otro y, aun cuando no eran oficialmente algo, poco le valía. No importaba, desde el día que voló a Hasetsu le había puesto una etiqueta en la espalda con las palabras grabadas: Pertenencia de Victor.
Sólo que ahora se encargará de hacerlo público.
Estaba ansioso por llegar a esa tierra perdida y rescatar a la princesa que habían raptado. Muchos podrían llamarlo secuestro, pero él prefería llamarlo rescate.
—¿Y bien? —La voz de Yurio se levantó sobre la letra que ya Victor se sabía de memoria—. ¿Cómo cocinarás al cerdo? ¿A la plancha o empanizado?
Sonrió sin dedicarle la mirada.
—¿Qué dicen las noticias? —preguntó a cambio—. Apagué mi teléfono, Yakov no deja de llamarme.
—Explotaste las redes sociales, ¿qué esperabas? —murmuró con voz huraña—. ¿En verdad te casarás... con ese cerdo?
Victor tenía la respuesta en los labios antes de que le formulase la pregunta. Adoptó un tono de magisterio y ecuanimidad, como sacerdote de iglesia y se refugió en el frágil silencio. Sumergiéndose en el calor de su gabardina negra y esconderse detrás de la oscuridad de sus párpados, con esa curva torcida y petulante que surcó sus labios. A veces un silencio valía más que una respuesta. Sólo quería llegar rápido a Tailandia y, si para reclamar a Yuri como sólo suyo, tenía que hacer valer aquella insignificante broma, estaba dispuesto a hacerlo con todas la de la ley.
Ya Chris se estaba encargando de eso, después de todo.
Al oír el chasquido de lengua por parte del vándalo ruso, supuso que su mensaje implícito llegó. Siendo vía para regocijarse de la hilera de murmullos lenguaje no permitido para menores.
Las siguientes horas transcurrieron como una balada ociosa, lánguida y aburrida que adormecieron a los rusos antes que el avión descendiera a tierra firme. Victor nunca había estado en Tailandia y se preguntaba por qué Yuri, de todos los países del mundo, habría elegido irse a ese.
Con la nota mental de cubrir sus rostros con tapabocas y capuchas para evitar el revoloteo de la prensa, o al menos Yurio, a él ya le valía madres eso. Le gustaba llamar la atención después de todo. Claro, que ese fue el menor problema por el que tenía que preocuparse.
La seguridad de Tailandia los mantuvo retenido por el protocolo y burocracia que Victor atendió con la distinción y cordialidad. Tarea sencilla por su parte, porque estaba acostumbrado a visitar nuevas ciudades por su carrera artística. No obstante, por el otro lado, no predijo las siguientes palabras del oficial que los veía con mirada severa.
—¿Dónde está su autorización del representante a cargo? —Se dirigió a Yurio—. Sin una legalización de un responsable no puedo dejar pasar al menor.
—¡¿Ah?! —respondió Yurio, señalando el escritorio—. ¡¿Eres ciego?! ¡Ahí está!
Victor curvó las cejas cuando Yurio exclamó aquella altisonante, y viendo que con esa actitud no llegarían a ningún lado, se dirigió amablemente al hombre que había dejado el sello a un lado.
—¿Me permite ver un segundo los papeles y el pasaporte?
Sin responderle, el hombre aligeró las líneas cansadas de su mirada que se escondían detrás de un cristal que colgaba de su tabique. Abiertamente se notó que el efecto de Victor, galán de revista del año, envió la lengua al estómago del tailandés ante la voz y mirada oceánica profunda del ruso.
Recibiendo su pedido, y echándole un vistazo policial, su expresión se mantuvo sin cambios al entender la rigidez del sujeto. Suspiró, entrecerrando los ojos. Yurio como siempre causándole problemas gratuitos y facturados.
Decidió improvisar, y tomando el hombro de vándalo, lo atrajo a su cuerpo con aire sonriente.
—Es una equivocación, oficial, éste chico es mi hijo. —dijo finalmente, lo que implicó una nueva jugarreta y burla que dedicaría a ese chiquillo.
Evidentemente, Yurio no se quedó de brazos cruzados.
—¡Al diablo con eso! ¡Tú no eres mi padre! —explotó—. ¡Dios me libre de estar emparentado contigo!
—Yurio, qué cruel, después que te saqué del recluso de menores.
—¡¿Ah?! ¡¿A quién le dices recluso?! —Le tomó del cuello de la bufanda con el entrecejo fruncido, sin embargo, Victor sólo sonreía girando la cabeza hacia el espectador.
—Problemas familiares, se podrá haber dado cuenta —dijo, victimizándose y que el oficial pareció entender, regresando su mirada a los papeles. Aprovechándose de ese momento, se le acercó al oído "a su hijo", para traspasar una advertencia en susurro—. Yurio, sin autorización de tu abuelo, tendrás que regresarte a Rusia. —Y contuvo la curva que deseaba asomarse en sus comisuras—. Te enviaré fotos de la boda.
A Yurio se le borró la expresión, conteniendo su aire asesino y ganas de degollar a ese idiota. Pero ante la situación de haber olvidado su permiso, tuvo que tragarse el ácido de la irritación para exigirse a sonreír. Observó al tipo detrás del largo mostrador y se dijo que si no fuera un turista sin permiso, le fuese partido la cara.
—¿Y bien? —insistió el hombre, con una ceja alzada, tras el paréntesis prolongado.
—Qué fastidio —se quejó, rodando los ojos—. Aceptar de nuevo a éste viejo y borracho como mi padre, después que abandonara a mamá por un tazón de cerdo.
—Ese tazón de cerdo es tu futura madre. —remarcó Victor, con una sonrisa cosquilleándole en los labios.
—¡Prefiero morir!
Victor se dirigió al oficial que yacía entre las líneas de la vacilación.
—¿Acaso no ve el parecido entre nosotros? —Pegó su mejilla a la de Yurio—. ¿No es así, hijo?
Éste apretó los dientes que casi los agrietó, y obligándose a tragarse la humillación, tuvo que ceder.
—Sí..., padre... —dijo forzadamente, mirando con desdén—. Lo único bueno de ser hijo de Victor Nikiforov es que derrocharé tu cartera.
—¿Victor Nikiforov? —repitió el oficial, con una chispa repentina de interés y eso fue el alivio para los rusos.
—Googlealo, y deja de hacernos perder el tiempo —Yurio se cruzó de brazos lacónico—. Debo llevar a mi viejo a rehabilitación.
—Y yo a una escuela de modales —Victor le tensó el agarre en el brazo.
—Me parece que escuché su nombre en el canal de deportes —decía el hombre, volteándose a ver a uno de sus compañeras regordetas que pasaba por detrás con tazas de café—. ¿Conoces a Victor Nikiforov?
La mujer se detuvo, con ese uniforme ajustado que exhibía el poco cuidado de su figura, con aire displicente en su rostro.
—No sé, creo que es un patinador artístico, en las noticias no dejan de hablar de su compromiso —respondió sin mucho interés, sorbiendo el café que escupía volutas de humo.
El pentacampeón se rió un poco ante el comentario.
—Sí, pero es la primera vez que oigo ese nombre —afirmó el sujeto a cargo, y después de hacer varias consultas entre preguntas y llamadas, se confirmó que él era verdaderamente una celebridad.
—Mi prometida está esperándome —Decidió salir al paso con unas gotas de sarcasmo, cruzando los brazos en el mostrador—. Es casi un alivio que no me reconozcan, en estas vacaciones familiares.
—El patinaje no es muy popular aquí, es por eso que podrá gozar de tranquilidad —Selló finalmente los pasaportes.
—Eso es precisamente lo que deseo —Su mirada de azul insondable se profundizó—. Pretendo formalizar mi compromiso aquí.
Yurio rodó los ojos molesto, al menos, había usado su influencia para pasar.
.
.
.
Yuri se había refugiado en el baño de la habitación, después de armarse de una llamarada porción de valor para llamar a Victor. Pensó en todas las cosas que quería decirle, un discurso de prólogo o preguntas al azar, y era por ello que no sabía cuál era la página por la que debía comenzar.
¿Qué debía decirle en primer lugar?
"Hola, Victor, eh, ¿sabes hoy es un bonito día?"
No, Victor no era muy apreciador del clima. Si sólo hasta que estuvo en Hasetsu se percató que en el cielo de San Petersburgo las gaviotas atravesaban, bañando el aire de su canto. Tenía que pensar en otra idea.
"¿Qué tal tu regreso a Rusia? Phichit me dijo cómo te daban la bienvenida y...", no, creerá que lo estaba acosando por vías de Internet.
Descartó la idea. Debía ser lo más natural posible.
"Victor, ¿sabes?, no te dije antes pero me traje a Maccachin a Tailandia y te extraña mucho"
Esa era más natural y claramente mal improvisada.
No.
¿Desde cuándo llamaba para escudarse con el gran caniche que parecía feliz en esa tierra andina? Y lo peor, si hacía eso le podría causar el infarto a su entrenador cuando descifrara lo que era estar en Tailandia.
Quizás podía empezar diciéndole cómo estaba, eso hacían las personas normales, ¿no? O el típico y trillado: "¿cómo estás?", y el... "Te pienso en cada rostro que veo"
No, no, no.
Se cubrió el rostro con las manos cuando sus mejillas se tildaron de color. Suspiró, se estaba quedando sin ideas. Él nunca se le había sentado sociabilizar y menos con el ídolo que tuvo en un pedestal.
Bien, quizás podía preguntarle, ¿cómo se sentía volver al patinaje? ¿Qué se sentía volver a ser el número uno? ¿Aun te acuerdas de mí?
Vale, esa última se la reservaría. No estaba tan ahogado por sus emociones.
Decidió marcar, ya vería qué le diría y encontraría la manera de romper la barrera. Astillar ese hielo que se solidificó en esa fría semana. Después de todo, habían hecho muchas cosas juntos y Victor siempre lo acosaba con sus preguntas no actos para vírgenes de veinticuatro años. Que él lo hiciera por esa vez no tenía que ser motivo de vergüenza o reserva, ellos eran, ¿amigos, no?
Se llenó los pulmones de aire y presionó la tecla llamar al extranjero por cobrar. Siguió las indicaciones, y para que después de un segundo, empezó a sonar el repique. Inmediatamente, al ver la foto de Victor en la pantalla con la palabra marcando, provocó que el pánico abordara su rostro.
No, no, no, no estaba listo. Estuvo a punto de colgar cuando una voz se oyó en la bocina de su móvil.
"¿Aloh? —Se le heló la sangre, y más al segundo siguiente, al oír esa pequeña y delicada risa europea—. Ja, ja, sólo bromeaba, actualmente no te puedo responder, deja tu mensaje en la contestadora"
A Yuri se le vino el alma a los pies.
¡Eso fue cruel, Victor!
Botando la respiración que aparentemente había contenido, se dejó caer en el tocador. Una repentina decepción le presionó el pecho y por un momento no supo qué hacer a continuación.
Victor debía estar entrenando para el nacional, no tenía tiempo para pequeñeces como esa. Debía decirle a Phichit que sólo ellos hicieran el número, y si Guang Hong junto a Leo de Iglesia participaban en el evento, podían llamar el suficiente público.
No era necesario molestar a Victor. Aunque él sólo deseaba oír de nuevo su voz.
Unos toques acelerados rompieron su tregua con el silencio, cuando Phichit se debatía entre la altivez en su voz que sólo decía un mensaje:
—¡Yuri, Yuri! —decía entre vítores contenidos—. ¡¿Por qué no me contaste sobre tu boda oficial?!
—¡¿Mi… qué?!
—¡Victor acaba de anunciar su boda contigo!
Yuri creyó que se desmayaba, si es que… No, olvídenlo, sí, se desmayó.
.
.
.
Mientras tanto en otro lugar del mundo…
Italia, ciudad de portales, pasajes y túneles que albergaban sueños, historias y sentimientos por personas que aún se conservan en la memoria.
Ahora, que se había desligado de Sara, su querida hermana, no sabía con exactitud qué hacer con el resto que llamaba vida. Suspiró con los pulmones cargados de recuerdos.
Michele Crispino se encontraba tirado a lo largo del sofá, con la cabeza en el brazo esponjoso cuando su teléfono vibró en la mesa que tenía en frente. Una vena de la sien se le prensó nuevamente, concentrándose en rechinar los dientes, lo ignoró. Ya sabía quién era.
El aparato siguió vibrando y vibrando, ejerciendo una danza sobre el vidrio, que le crispó los nervios sensibles que tenía. Michele perdió la falsa calma, abalanzándose hacia delante para callar el maldito aparato.
Lo que era peor, tenía una cadena de spam en su aplicación de Whatsapp que lo obligó a contener un grito que se arrastró por su garganta y murió en un suspiro. Abrió el chat y, presionando la opción de nota de voz, infló los pulmones para dejar salir de su bramido.
«¡Emil, deja de joder, maldita sea! ¡¿Qué no tienes otra cosa qué hacer?!»
Envió su delicado mensaje y antes de lanzar nuevamente su celular lejos, la respuesta en forma de voz llegó a su vista.
«¡Mickey, no seas aburrido! ¡Tenemos que apoyar a Phichit!»
Con el tic nervioso serpenteando en su párpado, Michele notó los horizontes a donde su paciencia podía expandirse. Y antes de bloquear a ese invasor de espacio personal, acosador, amante de sus gritos, otra nota llegó.
«¡Y así aprovechamos para estar en la fiesta de compromiso de Yuri y Victor! —Se oyó una risita de intermedio y prosiguió—. Chris me mandó una invitación. La tuya y la mía para ser más específico»
¿Invitación? ¿Boda?
Eso le causó curiosidad, si bien sabía que esos dos tenían una extraña relación, nunca pensó que llegara a reales extremos. Admitía que el Yuri on ice que había visto en la final, le había sacado una minúscula lágrima cuando entendió el mensaje que destilaba y fulguraba a través del cuerpo de Yuri. Eso lo había conmovido hasta el punto de ablandar el corazón que él decidió congelar.
«Vi la publicación de Victor, pero no creí que fuera cierto», terminó respondiendo.
«Es el boom en Rusia. Y Chris está invitando a los patinadores de éste GPF para la fiesta que están organizando. ¡Me alegra mucho por Yuri, debemos apoyarlos! »
Bueno, no era de extrañarse, Victor era una figura pública bastante reconocida y perseguida por la prensa. Más aún a su casa nacional, cuando había visto varias entrevistas a su entrenador Yakov, quien alegaba que sólo era una broma de su rebelde protegido y que nada de eso era cierto.
Pero el público opinaba otra cosa.
En menos de cinco horas de la publicación, facebook, Twitter, Instagram y cualquier otra red social se bañó de fotos de los patinadores "comprometidos" y material que se había filtrado relacionado con ellos. Las opiniones dictaminaban que hacían una tierna pareja, algunos lloraban por el codiciado ruso que abandonaría su soltería, así como también decían que Victor era el príncipe que se casaría con un plebeyo. También se veían a las fans hablando de algo relacionado con "Yaoi, hard +18", y al ver los comentarios había decidido no indagar. No quería perturbarse. Los fanaticada estaba loca, era una verdad irrefutable.
No tenía nada en contra de ellos, pero pensar en volver a entrar en el ajetreo del mundo artístico, no le entusiasmaba demasiado. Le recordaría que ya no estaba con Sara, y que ahora le tocaba divagar por cuenta propia en esos mares.
Otro mensaje lo atrajo de nuevo a tierra, y al bajar la mirada, otro mensaje de Emil Nekola activaba su Whatsapp.
«¡Mickey, no me ignores! —decía—. Por cierto, ¿cómo se dice 'abajo' en italiano?»
Eso tiró nuevamente de su atención, descolocando su expresión.
«"sotto", ¿por qué?»
Sabía que esa pregunta suscitaría más respuestas y, más convivencia, pero algo dentro de él tintineaba que ese checo se había ensimismado tanto a él que ya se había acostumbrado.
El mensaje no tardó en llegar, con unas palabras que le prensaron el aire en los pulmones.
«Porque estoy sotto de tu casa. Asómate a la ventana»
La sorpresa hizo su territorio en las líneas de su rostro, y al entender lo que realmente significaba "sotto", salió disparado hasta el ventanal céntrico para corroborar ese infame mensaje que hizo que su estómago se fuera en picada.
Tropezó con la mesa, que usó su arte y su nata función de llevarse su dedo del pie. Soltó una maldición, trastabillando los obstáculos hasta llegar finalmente a su objetivo, jadeando como si hubiese sodo víctima de ejercicios matutinos.
Al asomarse por la abertura, ignorando la elegancia de la ciudad alzarse sobre el agua con puentes, fragmentos de belleza y ese medio de desplazarse en un flujo cortés, vio a Emil Nekola con los brazos alzados.
—¡Mickey, deja caer tu cabello!
A Michele se le contorsionó el rostro, aferrándose al marco de la ventana como si quisiera desprenderlo y no dejó que continuara, al arrojarle el primer objeto contundente que se cruzó con sus dedos.
—¡No me jodas! ¡¿Qué diablos haces aquí?!
Esquivando el recibimiento del anfitrión, Emil esbozó una sonrisa expansiva en sus labios, enseñando el perfil de sus dientes que brillaron con usual gracia. Marcó rápidamente en su celular y dejó que la llamada lo acercara más a su amigo.
Al ver la innecesaria llamada, Michele se llevó el aparato a la oreja y dejó que las palabras del visitante fluyeran.
—Ahora que Sara se fue, supuse que no te vendría mal algo de compañía. —dijo Emil con la tímida sonrisa y finalmente volver a su alegre personalidad—. ¡Vamos, ábreme!
—¡Ni muerto! —se rehusó rotundamente—. ¿Quién te dijo que necesito compañía?
Pero el checo no parecía desistir de su decisión y lo ignoró. Observándole con esa tonta sonrisa, mientras esperaba su respuesta.
Era oficial, no podría deshacerse de él.
Soltó un suspiro de resignación, gruñendo con el vestigio al trancar la llamada. Bien, no podía dejar al idiota en la calle, aunque la idea le era accesible sobre las intenciones de Emil. Se dio vuelta, encaminándose a la puerta, no percibiendo la pequeña curva que se dibujó en sus labios.
.
.
.
Más allá…
No lo podía creer, es que definitivamente no lo podía creer. Esa noticia de fuego que quemaba las redes sociales tenía que ser mentira. ¿Cómo era posible aquello? ¿Cómo Victor osaba a nuevamente adelantarse a sus pasos y clamar supremacía? ¡¿Cómo fueron capaces de dejarlo a un lado?!
Bien, no se llevaba con ningunos, ¡pero eso no era excusa!
—¡¿Por qué habrá una exhibición en Tailandia y no fui invitado?! —explotó finalmente JJ, al ver ese insignificante detalle unido a la gemela que anunciaba el compromiso de Victor Nikiforov. Debían tener relación, de eso estaba seguro, y si Yuri estaba involucrado significaba que Victor también.
—¿Por qué te importa eso? —cuestionó su novia que mantenía una concentración al limarse las uñas—. Es un evento sin prestigio.
Quizás fuera cierto, quizás tuviera razón, pero por un motivo que desconocía, no podía sentirse tranquilo. Si Victor fue invitado, ¿por qué él no? ¡Él era la estrella ahora!
¿Es que nadie se daba cuenta de la importancia de aquello? Ya Victor había anunciado su regreso, pero que hicieran un evento sólo para darle la bienvenida, era algo que no podía dejar pasar.
Victor, Victor Nikiforov, su eterno rival volvería a patinar y, eso significaba una oportunidad para derrotarlo en el hielo como quiso hacer en el GPF. Sólo así le enseñaría que su tiempo había pasado y que se dedicara a entrenar a ese lindo japonés que al parecer ahora era su prometido.
Necesitaba saber si era cierto. Necesitaba respuestas.
—¡Mamá, papá! —llamó, corriendo hasta ellos—. ¿Ya verificaron si es cierto?
Su madre que permanecía detrás del ordenador, tecleando rápidamente con dedos ágiles, mientras parecía buscar la respuesta a su pregunta.
—Eso parece, JJ —dijo ella tras una pausa—. Le escribí a Celestino. Yakov desmiente pero no da respuestas del paradero de Victor.
—Además, mira —Su padre señaló la pantalla—. Chris, Otavek, Leo de Iglesia, Guang Hong, y Yuri Plisetsky tienen ubicación de estar en Tailandia.
A JJ le entró el dramatismo en forma de pánico. ¿Y qué pasaba con él? ¡Él era el rey!
Sólo le llevó un segundo decidirse.
—¡Bien, me voy yo también! —exclamó y al ver las miradas horrorizadas de todos, añadió—: ¡Y no intenten detenerme!
No iba quedar excluido. Nop, porque él era JJ y nadie se arriesgaba como él.
Continuará.
N/finales: Así es, señores, esto será una participación de cada personaje que tuvo su momento de tomarnos el corazón en el anime. Para quienes me preguntaron si habrá Yuri x Otavek, eso lo sabrán próximamente, pero si habrá Emil x Michael eso significa un 'Sí' escondido entre letras jaja. Disculpen si mi diccionario hizo de las suyas en el texto, escribir en cuaderno no fue una buena idea a la otra de transcribir x'D
En el próximo capítulo, habrá apariciones oficiales de otros personajes. Debo recordar que la pareja principal, of course es Victor x Yuri, pero no pude abstenerme en darle un momento a otras porque la historia me dio pie para eso. Y dije ¿por qué no? Después de plantearme un indicio de cómo llevaré los acontecimientos, quizás esto sea d capítulos, ya que se podrán dar cuenta escribo capítulos de 5k+ a 7k+ palabras jaja x'D
Aclaraciones:
1- Que Victor tuviera noción del español, fue basado cuando está en Barcelona y dice "Perfecto". Quizás es bueno saber que aunque hable fluido sólo tres idiomas, según la autora, al parecer tiene noción de otras.
2- Victor y Yuri no sabían que el patinaje no era reconocido en Tailandia, lo que es igual que no los conocían, salvo que del boom de la boda del ruso x'D
Otra cosa que añadir, es que como mencioné anteriormente, si realicé un oneshot basado en el capítulo 12 y quienes deseen leerlo lo pueden conseguir cómodamente en mi perfil como "Amor sobre hielo".
Agradecimientos a los usuarios por sus reviews: Rocio Dearleben, Nomchi08, TakaraiEuchan, CatherineDarcy, NUMENEESSE, PaddyAndKyuubi, Miu0, Serena Azul, Taurus95, Chiharuuu, kaoryciel94, haneko-chan, kaname lin-chan, Angeli Murasaki, azraqbahrir, Marigabi, Cherry Kiki, Ina-Stardust R (¡Qué sorpresa me dio verte por aquí!), julianasandoval26, Aly Zama, pacozam, Suteishi-gami Blue Fire, Kena Sofa, Kumikoson4, AraXD27, tomoyo-daidouji2005, Alhaja, Mitocondria, Kamui Vampire, Inannah.
Sus mensajes me hicieron reír, y realmente agradezco su linda opinión pero sobre todo que disfruten esta historia que es para todos ustedes. Reciban mi agradecimiento.
Respuestas a guest:
Moni chan: Jaja, gracias, yo también tenía la emoción inducida en las venas cuando escribí el fic J
Nazapi: Culpa de Victor que es un personaje que me hace escribir tonteras x'D Cuando se descuida el lobo mayor le roban a la oveja, en este caso un cerdo jajaj. Y sí, Victor tiene esa mente de saber molestar a Yurio con esa sonrisa inocente que presagia tantas cosas. ¿Por qué no los invitaron?, excelente pregunta. Hay que hacérsela a Phichit porque no los incluyó en su sueño jaja. Muchas gracias.
Zhaky: Oh, muchas gracias. Al principio creí que me excedía, pero me da un alivio saber que no rayé el ooc. Pero que sobretodo, te hizo pasar un buen rato, es la meta de cada autor :3 Siendo sincera después de ver el capítulo 9, y ver cómo Yuri extrañaba a Victor me hizo pensar "Oh, aquí puedo hacer algo". Incluyendo el momento final donde relucía el mismo sentimiento en el rostro de Victor, y cofcof, ese abrazo fue suficiente x'D Gracias por dejar review, lo aprecio bastante.
Guest(1): Gracias jaja me da risa como les dio risa mi Victor celoso. Fue una idea que relució en un momento donde no podía tocar nada y estaba muriendo de aburrimiento. Y doblemente gracias por dejar tu huella.
Guest(2): Sí, yo creo también. Aunque dudo que tenga algo contra Victor, se ve que le gusta sacarle fotos jajaj x'D
Guest(3): Jaja, las actualizaciones serán algo, ehm, tardarán un poco x'D
Guest(4): Aquí la tienes(¿?)
Yo: Sólo será una misión de rescate de parte de Victor, nada grave jajaj
Conejito7u7: ¡Aquí está!
Victoria: Sí, sí, la continuaré no te preocupes. Es sólo que tardo siempre en actualizar porque estoy trabajando y a la vez estudiando. Sólo en mis ratos libres me dedico a escribir.
Guest(5): Planeo actualizar de diez días y well, quizás más, pero no excederá el mes. Trataré de hacer aquello por la demanda del fic.
Ingrid: La paciencia de Victor es algo que me sorprendió bastante, debo admitir. Al principio, cuando sonreía ante los insultos de Yurio me causó demasiada risa. Y bueno, que Yuri no le haya dicho, es algo que llaman problemas entre pareja(¿?) ok, no xD Pero ya aclaré porque no le dijo. Me alegra que te haya gustado el fic J
Skydark Sun: Te daré más cada cierto período de tiempo, soy algo exigente(¿?) jajaj, es broma. Es lindo saber que te gustó, gracias por comentar.
Guest(6): Sorry por la demora, es algo que ya es como mi marca de agua D:
Gracias por leer y a todos por dejar sus reviews, fav follow. Motivan a cada autor a seguir y poder brindarles tanto a ustedes como a nosotros, ese gustillo aparte que nos dejó el anime.
¡Muchas gracias!
