Segundo capi ^^ Difrutenlo. Espero que no me haya quedado feo. La pareja es buena, pero la escritora a veces se lía escribiendo -.-U
Se me olvido poner el Disclaimer:
Hetalia no es mio, sino de un maravilloso y malvado hombre que disfruta torturando a los demás países mientras babea por Japón hasta el punto de querer foll*** ... Y de hecho, ya lo hizo. Fue al punto más alto de Tokio, se tumbó allí y *** (?)
...
*Echa un vistazo al lime-mini-lemón que escribió. Se sonroja. Se va a esconder dentro de una cajita de tomates*
Deuda Carnal
La puerta estaba entrecerrada, por lo que solo tuvo que darle un ligero empujón para que esta se abriera por completo, revelando una lujosa habitación. La iluminación era ligeramente tenue, pero muy adecuada a la hora de crear un buen ambiente. Daba un toque mágico a la estancia.
Los muebles tenían un diseño clásico, pero bastante sofisticado.
Antonio recorrió el lugar con la mirada, con aire prudente. Al dar un paso al frente y cerrar la puerta con cierto temor, captó por medio de sus sentidos una dulce fragancia, que impregnaba la habitación. Olía a rosas. Era realmente embriagante.
"Ya era hora" - interrumpió una voz salida de la nada.
Antonio se sobresaltó. Giró la cabeza hacia un lado, hasta que sus ojos captaron la figura de un hombre de cabellos dorados, que sostenía una copa en su mano derecha. Sus vivaces ojos contemplaron al español como si se tratase de la más deliciosa presa, y embozó una sonrisa enigmática, ante la mirada atenta y tensa de su invitado.
"Arthur …"
Si, allí estaba ese rubio, tan hipnotizante, tan peligroso, tan ... en cierto modo ... bello.
Antonio deseó abofetearse a si mismo por pensar en ... cosas raras como esas. Se hubiera abofeteado ahí mismo en ese mismo momento, pero probablemente, Arthur acabaría mirándole como si estuviese loco, y con razón. Y antes muerto que darle la razón ... asi que se contuvo.
"Es temor lo que tiñen tus palabras, Antonio." – dijo con cierta burla y un leve acento británico. Se fue acercando con aire misterioso hacia él, de forma extremadamente lenta. Eso no hacía más que provocar la frustración del moreno. Le hacía sentirse acorralado. – "Vaya, vaya, Antonio. Cuando no juegas al poker eres mucho más fácil de leer. Tu expresión muestra justamente tu confusión y tu rabia. Que interesante ..."
"Ten" – dijo el susodicho seriamente, adoptando de forma repentina una actitud firme e inalterable. Todo sea por llevarle la contraria. – "Este es tu dinero"
Enseñó un maletín repleto de billetes y lo tiró sobre el piso de mala forma.
Arthur apenas le dio un mero vistazo al pesado objeto. Mas bien lo ignoró, dejando claro que no realizaría ni el más mínimo ademán de recogerlo.
"Creo que ahora mismo te hace más falta a ti, ¿no?" – habló el inglés, que seguía acercándose, para desasosiego e incertidumbre del mayor. – "¿De verdad estás dispuesto a renunciar a tu fortuna y el dinero que el viejo italiano muy caritativamente te entregó?" - En su camino hacía él, Inglaterra pisó el maletín sin ningún escrúpulo, ante la expresión estoica de su invitado, que por dentro lo maldecía.
"Antonio … El héroe salvador de su querido nietecito, gastando dinero, muy caritativamente obsequiado, en apuestas de todo o nada, como un loco ludópata … ¿No le dijiste al viejo que lo ibas a invertir en un buen negocio y les cederías parte del beneficio, pequeño mentiroso? … Oww … ¿Sabes la decepción que se llevara, verdad?"
Arthur estaba ya peligrosamente cerca. Cara a cara. Sus rostros a escasos centímetros. Antonio no entendía porque el menor tenía que ponerse tan cerca ... no era necesario en absoluto ...
En esa íntima distancia, dos orbes, dos abismos de verde selva y brillo cautivador, se lanzaron miradas perdidas en el limite del desafió y el anhelo de algo prohibido. Nunca sus iris parecieron brillar con tal intensidad ni sus pupilas representar tan oscuro abismo, como ahora lo hacían, tan cerca el uno del otro.
"¿Sabes? Podría perdonar tu pequeño desliz y dejar que te lleves tu parte. La que apostaste ... hasta el último céntimo"
Antonio frunció el ceño de forma casi imperceptible, conservando esa mascara invisible que impedía vislumbrar su autentico sentir.
"Sé muy bien que tus favores tienen un precio, Arthur … Llévate tu premio. No lo quiero."
Arthur sonrió, a sabiendas de que el español estaba muriendo por dentro al renunciar a ese botín por culpa de la prudencia y el orgullo.
"Así que crees que ese sucio dinero es lo único que me interesa, ¿no? ..." - preguntó con calma, tirando la copa despreocupadamente hacia un lado, lejos de donde estaban. Antonio oyó como el objeto de vidrio caía y se fragmentaba en pedazos, pero ni siquiera se inmutó. No apartó sus ojos de Arthur en ningún momento. No podía apartar su mirada. El fuego comenzaba a correr por sus venas al perderse en esos dos profundos abismos de verde fulgor. No sabía si la llama que le abrasaba era ira o algo más. Solo sabía que le quemaba las entrañas y despertaba sus sentidos hasta rozar el límite de su ser. Y mientras más los admiraba, más se perdía a si mismo, por lo que bajó la cabeza y desvió su mirada, mientras ese hombre continuaba hablando, sin perder detalle de la situación.
"Dinero ... "- murmuró Arthur con cierto desprecio - "Material inanimado, reemplazable y aburrido. No sabe amar, ni dar cariño, ni confianza, ni siquiera ... pasión. Su tacto no es suave, ni cálido ... ¿Todo lo contrario a tí, no? ... ¿Y si te dijera que ese montón de dinero vacio no es el premio que quiero?" – susurró al moreno, en un tono repentinamente enigmático y serio. Acercó aún más su rostro, rebasando el limite de la intimidad. Su nariz rozaba la punta de su nariz, produciendo un ligero cosquilleo con el delicado roce. Arthur llevó una mano hacia el torso del mayor y lo acarició sutilmente con la punta de sus dedos. Casi podía notar a través de la fina piel de sus yemas el desbocado latir de un corazón, que no atendía a razones, prejuicios o pudor alguno.
"¿Y si te dijera ... que puedes pagar tu deuda de otra forma más ... fogosa? ¿Te gustaría eso? ¿Hm~?"
Antonio le escuchaba con atención,con la cabeza gacha y sus ojos ampliados por la sorpresa, intentando conservar su calma. Aun así, su corazón comenzó a latir como loco cuando el inglés apoyó su mano derecha sobre el lado izquierdo de su cadera y su otra mano elevó su barbilla, provocando el cruce de dos miradas salvajes. El moreno trató de darle un empujón, sorprendido ante los actos del rival. No obstante, Arthur no dudo en empujarlo primero, acorralándolo inesperadamente contra la pared. Su mano volvió a posarse en su cadera y su cuerpo se pegó al siempre cálido y ardiente cuerpo del español, impidiendo la huida. Su mano libre volvió a apresar su barbilla y ,al levantar su rostro con un rápido movimiento de muñeca, pudo apreciar un leve brillo de temor y desconcierto centelleando en su iris. Y en medio de ese deslumbrante brillo, un tinte de inocencia, nunca mostrada al rubio durante ninguna partida. Era sumamente hechizante ...
... y él siempre tuvo debilidad por los hechizos ...
Arthur se inclinó de nuevo, susurrándole al oído, tal y como hizo anteriormente. Sus cálidos labios rozaron el lóbulo de su oído … Antonio se estremeció. Su cuerpo se tensó ante el contacto inesperado. Su toque y su voz insinuante rompieron en mil pedazos la máscara que ocultaba su ser. Sus verdaderas emociones quedaron fatalmente expuestas, dando paso al asombro y a un leve sonrojo que comenzó a teñir sus mejillas. No entendía por que su cuerpo reaccionaba así, tan predispuesto y acalorado por un simple contacto.
De pronto unos labios de suave textura y pecaminoso sabor chocaron con los suyos, exigiendo una caricia posesiva y una lucha por el dominio. Antonio comenzó a gruñir como protesta durante el beso, clavando las uñas en la espalda del rival. La furia y el desespero dominaban al moreno ... hasta que el calor de ese cuerpo lo envolvió. La textura de esos labios le animaban a ceder ante el placer. Sus manos perdieron fuerza, deslizándose por aquella espalda. Un gemido escapó sin su permiso para morir en la cálida cavidad de su enemigo.
Sus cuerpos calientes parecían arder bajo llamas infernales, hasta transformase en cenizas, cayendo sin remedio en la tentación.
Durante el beso apasionado, las manos de ese rubio comenzaron a toquetearle, a vagar por su figura ... a invadir su intimidad ...
El buen sentido volvió de pronto a la mente del español.
Dios mio. ¿Qué estaba haciendo?
No.
Esto no podía ser.
No podía dejar que esto sucediera.
Esto estaba mal, estaba muy mal. Eran hombres. Eran enemigos. Arthur debía estar burlándose de él. Debía estar tomándole el pelo. Esto no era más que una táctica para enredarle y hacerle daño. Estaba seguro.
Esta pasión era falsa. Como la mascara que cubría sus autenticas intenciones.
"¡D-Detente, Arthur! ¡Para!" - dijo ese moreno, rechazando el beso e intentando liberarse del toque de esas manos codiciosas. - "¿Por qué haces esto?"
Ignorando por completo sus protestas, Arthur continuó, sonriendo ante la cuestionable resistencia del que había apresado en sus garras. No pudo evitar suspirar, cerca de su oído.
"Antonio …" – susurró sensualmente, respirando su fragancia dulce y picante, y arrebatando así la capacidad del moreno para resistirse a la pasión. Arthur se sentía acalorado. Sentía ganas de devorar a su presa. Tomarla por completo. Jadeó, lamiendo el lóbulo de su oído, notando el exquisito escalofrió que estremeció el cuerpo del mayor cuando hizo eso.
"Antonio … Si te dijera que te devolvería el dinero a cambio de mi anhelado premio, es decir, a cambio de tu cuerpo … ¿Tú qué harías?"
Mientras sus palabras en tono sugerente desarmaban la razón y juicio del joven español, la mano del rubio acariciaba su cintura, colándose entre la camisa para acariciar su espalda con entusiasmado deleite. No contento con tan solo eso, esa mano traviesa fue descendiendo ... y descendiendo ...
"¿Q-Qué estás? … ¿¡Dónde estás metiendo la mano!" - La voz de Antonio sonaba avergonzada. Trató de apartar al rubio, pero este no cedió.Es más, se arrimó más a él, comenzando a devorar su cuello con besos intensos y pequeños mordisquitos.
"¿Q-Qué me ... qué me haces? " - balbuceó sofocado.
Arthur sonrió divertido ante la pregunta. Era la primera vez que lo veía tan avergonzado y tan ... caliente. Apretó su cuerpo contra él en busca de fricción, mientras la mano juguetona agarraba con firmeza una de sus nalgas, disfrutando de la inmediata reacción del castaño, que dio un respingo y contuvo su aliento.
"¿Qué te hago?"- rió -" Lo sabes muy bien." - Su mano ascendió y ahora se colaba por sus ropas, deslizándose por la cálida piel en una caricia posesiva y fogosa, acariciando con pasión cada centímetro de aquella piel ligeramente bronceada.
Antonio reunió la poca voluntad que le quedaba e intentó empujarlo, procurando retroceder. Para su desgracia, o fortuna, la pared le impidió dar ni un solo paso hacia atrás. Empezó a retorcerse un poco, sin demasiado éxito.
"Aléjate ..." - murmuró casi sin aliento.
"No le diré a nadie sobre tu deuda. Te devolveré tu dinero. Es una promesa. Pero deberás pagarme el favor ... ya sabes con qué ... - habló entre jadeos entrecortados - Deberás pagarme hasta que quede satisfecho ... Dime Antonio ... Deuda por tu cuerpo. -sonrió socarrón -¿Qué decides?"
En los cristalinos ojos del aludido, surgió un brillo de duda. Una chispa de preocupación.
Antonio estaba indeciso. Aun así, una cosa tenía muy clara: Arthur le iba a engañar. Jugaría con él, como si él fuese una carta más en su baraja. Le destrozaría el corazón, fragmentandolo tal como esa copa, rota y sin uso. Tenía miedo. Y lo que más le desconcertaba es que no temía por lo que este hombre pudiera hacerle en esa noche prohibida, sino que temía por las verdaderas intenciones de este. Temía que quisiera destrozarle. Se sentía como si estuvieran jugando a otra partida de poker, y aquel hombre, el que ahora lo estaba volviendo loco con sus caricias, solo estuviese riéndose de él bajo una mascara de deseo y anhelo.
Estaba seguro. Esto iba a acabar mal.
Pero ... no tenía otra opción.
"... No se lo digas a Romano ... No se lo digas a su hermano. No se lo digas a Imperio Romano ... "
Arthur sonrió. Al fin había conseguido lo que deseaba desde la primera vez que perdió frente al moreno. Desde la primera vez que quedo cautivado por él.
"Eres mi premio, Antonio. I want you ... I want you ... I want you"
Y así, caricias y besos dieron comienzo.
Tan solo la luna fue testigo de la más ardiente noche de pasión.
I want you ...
-.-.-.-.-
Varios meses después ...
-.-.-.-
Antonio gimió, desnudo y jadeante, tumbado en una amplia cama de sabanas rojas. Sus manos se aferraban con fuerza a esas suaves telas y sus gritos de placer amenazaban con despertar a todos los que se hospedaban en ese hotel. Se aferraba con tal fuerza que sus uñas comenzaron a lastimar sus propias manos, dejando marcas. Poco le importaba. Lo único que importaba en ese momento era ese fuego, esas sensaciones intensas proporcionadas por ese increíble sexo, ardiente y salvaje, que lo llevaba a la locura.
Volvió a gemir como un poseso cuando el miembro duro de su rival y amante se introdujo en él de golpe, llegando aún más hondo dentro de su ser.
Los jadeos de Arthur no se quedaron atrás, quien murmuraba obscenidades a la vez que lo penetraba con fuerza, excitado por esa voz sensual cargada de protestas, gemidos y palabras lascivas. Miró al español. Parecía extasiado. Temblaba de forma extremadamente apetecible y exquisita contra él, estimulándole con el prohibido roce de su piel.
El sudor resbalaba por sus cuerpos, victimas de tan sublime deleite. Las gotitas se deslizaban por sus músculos bien formados y sus torsos agitados que clamaban desesperados por aire.
Dos pares de carnosos labios chocaron. Se sentían suaves, fuertes, poderosos e intensos. La exorbitante excitación nacía con tan solo el roce de ellos.
Dos cuerpos se entregaban con rabiosa pasión. Se sentían, se descubrían, se comían a besos, húmedos y calientes.
En determinado momento, Arthur golpeó violentamente una zona en el interior de Antonio que provoco que este se estremeciera violentamente y soltara un profundo grito de puro placer. En ese instante, la placentera sensación cegó la razón del español, que gritó el nombre de Arthur entre quejidos y gemidos, mientras sus uñas se clavaban en la pálida piel porcelana. Arañó su espalda, escuchando como Arthur gimió sumido en el éxtasis de un equilibrio perfecto entre el goce y el dolor.
No tardaron mucho más en llegar al orgasmo, que golpeó con contundencia sus cuerpos sudorosos, obsequiándoles la mayor sensación de satisfacción que habían experimentado.
...
Una noche más.
Como muchas otras noches anteriores. Su rival no parecía aburrirse nunca de aquella situación. Es más, cualquier excusa era buena para aumentar la deuda. Para mantenerlo encadenado a él ...
Antonio se encontraba ahora tumbado en la cama, acostado de lado y envuelto en sabanas. A su lado estaba Arthur, quien lo tomaba por la cintura y apoyaba la frente en su espalda.
El inglés estaba muy calmado, e incluso pensativo. Antonio no pudo evitar preguntarse que estaba pasando ahora mismo por su cabeza.
"¿Pasa algo?" - preguntó gentilmente.
Sin embargo, Arthur permaneció callado, hasta que ...
"Antonio ..." - susurró de repente.
El aludido amplió sus ojos ante la inesperada sinceridad en el tono de voz de su amante.
Arthur simplemente suspiró. Solo diría esto una vez, así que esperaba máxima atención.
Debía hacerlo ...
Debía ... confesarlo ...
Había llegado la hora de deshacerse de su máscara.
Para él no era fácil decir lo que estaba a punto de decir, y aun así, no era capaz de acallarlo por más tiempo. Liberar esas palabras de la prisión de su corazón se había vuelto una necesidad. Debía, más bien necesitaba, liberar ese sentimiento ardiente que nació dentro de él. Ese deseo prohibido, impuro, que le obligaba a aceptar una condición sexual que no todo el mundo aceptaba. Amaba a un hombre … Y no a un hombre cualquiera, sino que amaba con ferviente locura a su rival. A Antonio, nada más y nada menos . El único que conseguía entretenerlo, emocionarlo e irritarlo en la misma cantidad, e incluso, el único en la actualidad capaz de enternecerlo con sus ocurrencias o con esas muecas graciosas que trataba de ocultar siempre que la partida no le era ventajosa. El único que lo volvía loco con cada noche de pasión que le entregaba.
Antonio ... Su cuerpo, su rostro, su carácter … todo le atraía en él. Inconscientemente apretó su cuerpo aun más contra el suyo. Antonio parecía estar demasiado confundido como para reaccionar.
"Antonio ... "
"Se que me deseas. " - dijo el moreno, intando ocultar su sonrojo. Desvió la mirada hacia un lado, un tanto molesto. Sabía que deseo era lo único que obtendría de ese rubio. Su corazón parecía enfermo ante ese hecho.
"Tu deuda está pagada" - soltó de pronto.
"¿Q-Qué?" - murmuró el moreno incrédulo. Volveó de inmediato, mirando asombrado a su ahora "ex-amante"
Era extraño ... hubiera dado lo que fuera por oir esas palabras. Eran la liberación de su cuerpo y su alma. Sin embargo ... algo no encajaba del todo.
"¿Acaso ... y-ya te has aburrido ... de mí?" - murmuró mirando a su rival a los ojos. Se le empezó a formar un nudo en su garganta. Había pasado justo lo que pensó que pasaría. Él se había enamorado ... y ahora su corazón seria roto en pedazos ...
Había jugado con él hasta que se aburrió ...
Lo sabía. Siempre lo supo.
Pero siempre ... caía ...
Antonio se iba a levantar. Necesitaba salir de allí. No obstante, el cuerpo de Arthur reposó sobre él y se lo impidió.
"Quédate ..." - susurró de pronto en su oído. El corazón de Antonio comenzó a latir como loco, quizás anticipando las palabras que pronto resonarían en sus tímpanos, llenándolo de una intensa sensación de felicidad.
" ... I love you ..."
Una confesión de amor no tardó en ser correspondida esa noche, y dos ases de corazones quedaron encadenados por propia voluntad en una sola mano y una sola baraja.
"I love you"
"Te amo"
¿Fin?
Aclaración:
- I want you: Te deseo
- I love you: Te amo
*Aún escondida en la cajita de tomates*
Final cursi~~ pero no lo pude evitar ... ¬/¬
Si a alguien le interesa una continuación, díganmelo y lo intentaré, pero primero debo actualizar el otro fic (con más lemon, esta vez más largo xD)
Bueno, también he estaba pensando en escribir un fic histórico, pero no sé en cual batalla podría basarme. ¿Tienen alguna idea? .Yo primero pensé en un fic sobre la Armada, pero ya hay fics sobre eso, con algún que otro error común -.-U La derrota de la Armada fue ( además de una metedura de pata gigante xD) un aliciente para construir mejores barcos y galeones, y para proteger mejor las costas españolas. Gracias a eso, se conservó durante más tiempo el poder, para bien o para mal, según se mire. No es que cayese el imperio justo tras la Armada, como leí en un fic. Esa batalla es la más que conozco, pero es un tema muy gastado, así que me gustaría escribir sobre alguna otra batalla. Si a alguien le interesa alguna en especial, díganmelo. El único requisito es que tenga alguna excusa para juntar a Uk y España, o en su defecto: Uk x Francia o España x Francia -w-
Para el que se haya quedado con ganas de saber todas las combinaciones de cartas, aquí les dejo un link: (quiten los espacios)
http :/www. poquer. com .es/ranking. html
o miren este video que explica muy bien como se juega:
http: / www. youtube. com/watch?v=mbnyWDpn0LQ
Por orden de importancia, las manos del poker son: Escalera Real, Escalera de Color, Poquer, Full, Color, Escalera, Trió, Doble pareja, Pareja y Carta más alta.
Es un juego lioso al principio, pero cuando se aprende se pueden ir previniendo las jugadas de los demás e intentar engañarlos. Es adictivo muaajaaja~~
