Notas de autor: Al final decidí seguir las ideas que tenía porque FT se acabó y me duele el corazón, además mis bebés merecen más fluff y yo sacar todo el fluff que me quedó.
Si ya hablé de la euforia de enamorarse, hoy toca: Koi No Yokan. De origen japonés y se usa para referirse a esa sensación que se tiene cuando, tras conocer a una persona, los dos saben que van a enamorarse irremediablemente.
Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece, es de Hiro ―gracias por la OTP― Mashima.
Forelsket
Koi no yokan
You don't let me down when I feel your love.
You don't let me down when you hug and kiss me, baby.
You don't let me down when I think of you.
You don't let me down when you keep loving me, baby.
En silencio la ve caer derrotada sobre la barra del gremio, un aura oscura la rodea y él no tarda en acercarse debido a la preocupación que se instala en su pecho.
Gray se cruza de brazos y ladea un poco el rostro para verla mejor, la analiza antes de preguntar. Juvia balbucea de forma cómica e inentendible y hace pucheros con la boca, refunfuñando por algo y sin percatarse de que él está parado a un lado. Hasta ahí, le parece que se ve adorable pero de pronto frunce el entrecejo al notar un par de lágrimas que se escapan de los ojos de la maga.
A diferencia de él, ella es más dramática para mostrar sus sentimientos, si Juvia está mal, se nota de inmediato. La conoce bien y puede afirmar que además de la tristeza que se percibe en su rostro, y por la vibra que la rodea, está más fastidiada y molesta por algo que él desconoce... y si ella sigue sin darse cuenta de que él se detuvo a su lado, debe de ser por algo grave.
La maga suelta un suspiro y termina por ocultar el rostro entre sus brazos, queriendo amortiguar sus lamentos.
Él siente que su alma se suspende en un montón de acciones por hacer cuando la escucha sollozar. Gruñe con frustración, no le gusta verla así y menos quedarse paralizado sin poder ayudarla. Solo tiene una opción: estirar su brazo para que ella no se hunda. O la a saca de ahí o se hunde con ella. Que él se acercó de inmediato porque la miró triste y al no tener la reacción esperada por parte ella, que se diera cuenta que estaba ahí, que le sonriera con fuerza a pesar de que estaba decaída. Tiene que ayudarle a sumar alegría, tiene que hacer algo para animarla lo más pronto posible.
―Hey…
Juvia da un pequeño respingo al escuchar su voz y se remueve un poco, al grado de que alza su rostro para que se vea la mitad del mismo. No se trata de una alucinación y en efecto, Gray está ahí. Tampoco sabe qué hacer, tan sumida está en su pensamiento que se siente culpable por olvidarse de todos a su alrededor.
Su dedo índice le da un suave golpecito en su frente, haciéndola cerrar los ojos conforme él la toca.
Se sorprende y no sabe qué hacer.
―Gray-sama… ―despacio, abre los ojos con asombro cuando siente que deja de tocarla. Juvia lleva su mano hacia su frente, sintiendo un cálido cosquilleo en la zona. Su corazón se siente reconfortado porque él está ahí.
Gray le sonríe ampliamente ante su confusión. Se olvida de los nervios y de la vergüenza para solo centrarse en su principal objetivo; animarla. Mientras que Juvia se emboba ante la maravillosa imagen frente a ella.
Se siente como la primera vez que vio el cielo despejado y ahora, nuevamente, gracias a él puede revivir ese momento. Mágicamente se siente un poco mejor, con más ganas y optimismo de esperar a que las nubes grises dejen de tapar el sol y que los rayos de este, atraviesen las últimas gotas de lluvia para formar un hermoso arcoíris.
―¿Estás bien?
Desvía la mirada, un poco avergonzada, para rehuir de su examinación. Gray apoya su mano sobre la barra, insistiendo a su manera y Juvia se encoge en su asiento porque aunque no quiera huir, no encuentra fuerza para hablar de frente.
―Ju-Juvia… ―balbucea insegura, buscando qué decir ―Juvia está bien ―siente que se inclina más hacia ella, incrédulo de lo que le dice ―es solo que… llueve ―completa con un hilo de voz.
Es tonto sentirse así. No le gusta darle molestias y preocupaciones en vano. Se encoge de hombros mientras que el rostro comienza a arderle gracias a la vergüenza causada por su revelación. Ella no puede ocultarle nada, lo sabe, pero tampoco es como para mortificarlo con una nimiedad.
Sin decir nada, Gray fija la mirada en la ventana más cercana. Sonríe con amargura sin saber qué decir para levantarle el ánimo. Es cierto que ese día ha llovido sin parar, a veces disminuye la intensidad pero luego la lluvia arrecia.
Revuelve su cabello con frustración. ¿Qué decir? ¿Se pone a explicar el fenómeno meteorológico que hay ese día para que ella no se culpe?
―Juvia…
Ella se levanta de su asiento y agita la cabeza para interrumpirlo. Gray achica los ojos cuando ella lo voltea a ver, parece determinada y movida por algo.
―No es lo que cree, Gray-sama ―suelta una risita nerviosa al percatarse de lo que él supone ―Juvia no se culpa por la lluvia ―sonríe cuando escucha un suspiro de alivio por parte del mago, se alegra de escucharla afirmar eso ―pero es que a Juvia le gustaría hacer… cosas en este día en especial… ―completa nerviosa.
―¿Cosas? ―le cuestiona curioso.
Juvia asiente con un poco de entusiasmo.
―Sí… cosas, Gray-sama ―un tenue rubor cubre sus mejillas.
Cosas como invitarlo a salir, lo pensó toda la noche. Ella ha querido, ha soñado, ha deseado con tanta fuerza tener una cita con él tras la confesión de que ella era importante para él. Pero justo al día siguiente, cuando despierta más decidida que nunca a invitarlo a una cita romántica, el mal clima derrumba su esperanza.
Juvia ha esperado paciente por ese momento y cuando al fin está al alcance de sus dedos, quiere aferrarse con fuerza de él. No por miedo pero si antes no lo soltó, ahora menos lo hará ya que sus ilusiones se han concretado.
Antes eran líquidas como el agua de su magia y ahora se moldean con la magia de hielo de Gray para solidificarse.
―¿Qué tipo de cosas? ―se sigue preguntando qué es lo que Juvia quiere hacer, ¿salir a una misión? ¿Tomarse algún descanso? ¿Alguna actividad al aire libre? Tiene que ser algo donde la lluvia sea su mayor impedimento, aunque él es de los que piensan que eso no nada como para detenerse.
Ella abre la boca para responder pero la termina cerrando y deja sus mejillas llenas de aire. Pierde fuerza y trata de animarse internamente, tiene que decirlo. Su rostro se pone completamente rojo y luego exhala, evitando verlo.
―A-a Ju-Juvia… a Juvia le-e gusta-taría salir hoy con Gray-sama ―se impacta ante sus palabras. No es la primera vez que ella toma la iniciativa de invitarlo a salir, pero sí es la primera vez tras haber compartido un beso. Y ahí cambia todo―. Pero es obvio que no se va a poder…
Culmina con decepción. El mago de hielo se queda sin habla… así que eso es lo que Juvia tiene en mente. Nota que su mirada destella insegura, una parte de ella está contenta por decírselo y la otra está triste por no poder realizarlo.
¿O tal vez tiene miedo? Sabe que no hay prisa para ninguno y que ambos prefieren quedarse suspendidos en esa especie de burbuja para disfrutar de la euforia inicial de reconocer sus sentimientos.
Aún no se atreve a más, pese a prometérselo a él mismo, porque se sigue sonrojando y se siente avergonzando con facilidad cuando está a su lado. No obstante, también es cierto que está lejos de sentirse incómodo por las mariposas que revolotean escandalosamente en su estómago, admite que ya no puede negar lo que siente. Su mundo gira cada que la ve reír o cuando ella le dedica sonrisas únicas ―y exclusivas―, o por las miradas que comparten con complicidad, porque los dos tienen un secreto que no quieren decirle a los demás.
Juvia está dispuesta a mantenerse a su lado, aceptando el ritmo que pueden llevar, o que él le puede ofrecer mientras que se acostumbra a lo que antes quiso descartar, y que ahora es peor, porque en el plano mental se siente más conectado a ella. Que si Juvia se ríe o no, las razones tras sus estados de ánimo, terminan influyendo en el suyo. No puede sacársela de la mente y menos cuando ella lo abraza o se cuelga a su brazo, siente cosquillas en la piel cuando la tiene cerca y una repentina alegría lo inunda cuando lo llama por su nombre.
Y así comienza a desear. Gray desea sentir la calidez de la piel de Juvia y tiene la necesidad de buscar entrelazar sus dedos con los de ella, con discreción y a escondidas de todos y también tiene la ferviente urgencia de volver a tocar sus labios con los suyos.
Eso no se ha repetido, no ha tenido el valor de volverlo a hacer y tampoco han tenido mucha oportunidad o tiempo para aprovecharlo. Van lento pero a paso firme y primero están la cercanía y las pláticas íntimas de los dos. Comer y andar juntos, aprovechar el tiempo de su compañía, hablar de cosas triviales y encontrar agradables los silencios que pueden llegar a compartir.
Quiere días tranquilos y con aparente paz, porque fuera están bien y juntos, pero por dentro, lo que siente, comienza a dispararse por todo su ser y no puede controlarlo. Eso le agrada, de esa forma se siente vivo, pleno y feliz.
―E-so no es impedimento ―asegura, Juvia ladea el rostro.
―Juvia no quiere que el recuerdo de su primera cita con Gray-sama… ―pausa, dando por hecho que él aceptará ―sea opacado por la lluvia.
Por eso espera por un día más brillante, para que de esa manera se evoque al primer buen recuerdo que ambos comparten.
Gray arruga el entrecejo mientras la ve morder su labio inferior, apenada y desanimada. Toma aire y vuelve a negar, se puede ser feliz con o sin lluvia. Y oh, por dios, que ahora él es el romántico de los dos y jura que no puede decirlo porque le resulta vergonzoso, pero se lo va a demostrar, que eso no debe importar si están juntos.
―Ven.
Y sin darle tiempo de responder, la toma por la muñeca y la arrastra para salir del gremio.
―Yo lo siento ―murmura, un leve rubor cubre sus mejillas a tiempo que desvía la mirada al otro extremo de la habitación mientras le extiende una toalla para que se seque.
Juvia niega con una sonrisa.
―No importa Gray-sama ―cuando ella toma la toalla, Gray hace lo propio y termina sacándose todas las prendas húmedas y pesadas que lleva encima ―Juvia está bien.
La ve de reojo y la observa quitarse su gorro y su abrigo para comenzar a secarse. Suspira pesadamente, Gray quiere rechazar su bondad al intentar restarle culpa, porque es obvio que Juvia es el alma más noble del mundo al no señalarle, reclamarle e incluso negarse a la estupidez que la orilló a hacer.
Que él no se detuvo para pensarlo bien, es más ni siquiera lo pensó, simplemente le tomó la mano y la sacó del gremio para llevarla lejos de ahí. ¿Qué intentó? Animarla. Eso. Quiso demostrarle que la lluvia no era ningún impedimento para que ella y él pudieran ser felices.
El mundo no se detenía con una llovizna. Eso era, eso quería decirle y mostrarle. Claro que no pensó en qué hacer después de salir, ni a dónde dirigirse y menos lo que iban a hacer. Simplemente se dejó llevar por la corriente y eso nunca tendría buenas consecuencias.
Ella fue la que reaccionó ante la lluvia que alcanzó a salpicarlos apenas dieron tres pasos fuera del gremio, sin alcanzar a salir del techo. Lo detuvo y lo hizo ver lo que estaba haciendo.
―Gray-sama… ―de repente frenó, dejó de caminar e hizo que él hiciera lo mismo. Volteó a verla de reojo y ella siguió hablando ―a Juvia no le interesa mientras esté con Gray-sama… pero ella debe preguntar a dónde van porque…
Pausó y arrastró sus ojos hacia arriba para señalar el cielo. Gray tragó saliva y asintió, cierto, cierto… llovía. Los dos se exponían a la fuerte lluvia.
Se sintió idiota. En ese momento se dio cuenta de que no tenía ni idea de qué hacer. ¿Qué planes tenía? ¿Qué podían hacer ahora que se daba cuenta de que no sabía ni por dónde empezar? Trató de poner orden a sus ideas, era consciente de que iban a tener una cita y que era más romántica que nada.
Nada igual a sus antiguas invitaciones, ahora era un poco más formal porque él fue quien dio pie a eso.
Ella había dicho sus intenciones y él fue quien lo inició todo. Ignoró el ardor de su cara tras darse cuenta de lo que hacía y cuando fijó sus ojos en Juvia, dejó de respirar. Ella estaba ilusionada, sus ojos brillaban alegres, de saber lo que harían o a dónde iban y él no podía decepcionarla. Tampoco quería. No tenía de que temer y menos echarse para atrás. Ya estaban ahí y… bueno. Él quería estar con ella, no era como si quisiera retroceder lo que ya había avanzado.
No importaban ya las definiciones románticas que lograban cohibirlo en el pasado. Había admitido lo importante que era para él, la había besado y ahora quería compartir un tiempo junto con ella. No era solo Juvia quien lo buscaba, él también tenía esa necesidad.
Pensó lo más rápido que pudo. Iban a salir. Por idea de ella y propuesta de él. Llovía y lo primero que tenían que hacer era protegerse de la lluvia y después ir a algún lado a comer algo… hablar y pasar el rato con ella. Pero, ¿en qué lugar? ¿A dónde podían ir si llovía? Descartados estaban el parque, la playa o algún lugar para comer… porque él quería algo íntimo, donde solo estuvieran los dos.
―A mi departamento.
Su voz sonó distorsionada y en un tono más bajo, pero supo que Juvia lo había escuchado perfecto, porque abrió los ojos con sorpresa y luego asintió contenta y ruborizada, de esa manera se sentía como si fuera la fuente de su completa alegría.
―Entonces vayamos ya… a Juvia le encantará estar con Gray-sama ―agregó entusiasta y Gray recuperó el valor, incluso la motivación al saber que estaba haciendo bien las cosas. Aunque era un hecho que Juvia, estaría feliz por lo que él decidiera, la maga era alguien bastante sencilla y ante lo improvisado, se iba a sorprender con todo.
También se lo agradecería y lo amaría. Amaría cada gesto que recibiera de su parte. Sonaba simple, pero para él era todo lo contrario. Juvia no se merecía cualquier cosa y él tampoco quería darle cualquier cosa. No quería desilusionarla y poner algo a su altura, era tan difícil que titubeaba.
Pero con su sincera sonrisa, se olvidó de todo y supo que no era tan malo ser un arrebatado de vez en cuando, ella estaba encantada con la espontaneidad de los hechos.
―Juvia puede compartir su paraguas con Gray-sama ―suspiró más enamorada que nunca.
Cierto. Esa mañana llovía cuando ella llegó al gremio e iba preparada. La vio alejarse para regresar al gremio y cuando volvió a salir, abrió un paraguas color magenta sobre los dos.
―Es pequeño ―dijo mientras se juntó a su cuerpo ―pero no importa, porque así Juvia estará más cerca de Gray-sama.
Alzó la mirada hacia el paraguas y asintió, en verdad era muy, muy pequeño.
Tan pero tan pequeño que caminaron casi pegados hasta su departamento. Juvia se abrazaba de su brazo y tarareaba feliz, mientras él sostenía el paraguas para cubrir a ambos todo lo que pudiera, aunque en ocasiones lo inclinó más hacia el lado de la maga…
Pero no fue suficiente y el reflejo de eso está en que ambos terminaron un poco empapados, más él que ella.
Vuelve la mirada a Juvia para verla detenidamente, su cabello está un poco mojado y la piel de sus brazos está húmeda gracias a la maravillosa idea ―al arrebato― que él había tenido.
Se queda ido mientras la ve terminar de secarse ―por fortuna no se había mojado toda su ropa y quedarse con su larga falda y el corsé verde que usa bajo su abrigo es suficiente― y acomodar la ropa que se quitó, para después ver cómo le dedica una amplia sonrisa. Es incapaz de decir algo, tampoco quiere interrumpir y terminar arruinando la pacífica imagen de Juvia frente a sus ojos.
Se ve linda y entretenida.
De repente siente calor al verla así y cae en cuenta que están solos y que…
―La ropa está un poco húmeda, Juvia va a esperar a que se seque… ―de repente se queda callada y la ve achicar los ojos, notando que él la está viendo fijamente― ¿Gray-sama? ―desciende lentamente la mirada por su cuerpo ―su-u ropa.
Agacha la cabeza para saber de qué habla, aunque es fácil adivinarlo.
―¡Maldición! ―exclama sorprendido, él y su estúpido hábito de desvestirse sin darse cuenta.
En otra ocasión no le hubiera causado conflicto. Siempre le sorprende más el hecho de que cuando menos lo espera, ya no tiene nada encima. Pero en esa ocasión es diferente, porque se siente avergonzado, cosa que casi nunca le pasa.
Gruñe y no sabe cómo actuar. Él trata de explicarlo pero se queda paralizado y con una expresión de horror en el rostro. Juvia se ríe divertida por su exagerada reacción y lo termina contagiando, de esa forma el ambiente y la tensión se siente más ligera.
―Su ropa está más mojada que la de Juvia, Gray-sama ―sin darse cuenta, ella se había puesto de pie para recoger su abrigo y la camisa que había botado. La maga frunce el entrecejo, turbada y preocupada de que pudiera enfermarse.
Se sonroja más al pensar que había descubierto su estrategia pero ante la molestia y preocupación por parte de ella, sabe que su mente está en otra cosa.
―Estoy bien ―dice con seguridad, Juvia no parece convencida y está a punto de replicarle, por lo que se anticipa ―soy un mago de hielo y el frío no me molesta.
La ve con tanto detenimiento y casi con exigencia, que termina por soltar un suspiro de resignación para aceptar sus palabras. Gray sonríe satisfecho al ver su reacción.
―Pero deja eso, no tienes por qué levantar mi ropa ―añade poco después, Juvia se sonroja, se siente como si le hubiera llamado la atención tras haber hecho algo mal ―eres mi invitada…
Invitada. ¿Qué haría con su invitada?
Eso se debe aclarar pero ya.
Es su cita. La primera después del beso. La que da pie a algo más formal y concreto para su relación.
Lejos quedan las fantasías de Juvia cuando solía invitarlo, el tranquilo pero nervioso comportamiento de ella lo confirma.
―Juvia… ―ella alza el rostro al escuchar su nombre ―¿Qué te gustaría hacer? Sé que no hay mucho por hacer aquí encerrados en mi departamento ―cuenta decepcionado por las poco que tiene para ofrecerle ―pero creo que lo que se te ocurra es mejor que estar llorando en el gremio.
Tras oírlo, muerde su labio inferior. Ella también se siente nerviosa ante las expectativas. No ha tenido tiempo de aterrizar la información, pero la realidad es que están en una especie de cita. Él y ella. Gray-sama y Juvia. Los dos. Solos.
Ella tampoco quiere decepcionarlo, quiere que todo sea perfecto así que se toma unos segundos para pensar.
―Lo siento, yo no quise sonar así de duro… ―añade un poco después. Suspira y revuelve sus cabellos. ¿Cómo es que siempre termina expresándose tan mal? No sabe que es mejor, si no poder decir nada o escupir tantas palabras en un mal tono.
Juvia menea la cabeza para negar el hecho de sentirse ofendida por sus palabras. Ella sabe que actúa con la mejor de las intenciones y que no es tan bueno para expresarse verbalmente. Y por eso ella debe encargarse de eso.
Guarda silencio, fija su vista en la ventana y comprueba que no ha dejado de llover y parece que así seguirá por más tiempo… Bueno, eso no impide que haya un sinfín de cosas que cruzan por su mente.
Que bastante tiempo ha pasado hundida en su mundo de fantasía, ideando tardes perfectas a lado de su amor como para quedarse sin opciones. Que Gray-sama no tema, Juvia no lo va a desilusionar… Ella lo va a ayudar.
―De verdad yo no tengo ni idea ―Gray sigue hablando tras su silencio ―fue un impulso y no lo pensé… así que creí que tú… que tú podrías tener algo en mente, lo dijiste ¿no? Habías esperado por este día ―gruñe frustrado. Un sonrojo se apodera de sus mejillas mientras se pregunta una y mil veces qué es lo que está diciendo, Juvia está quieta y se preocupa de haberla lastimado con sus palabras ―olvídalo, no sé lo que digo… solo quería animarte y estar contigo.
Estar con ella. Con Juvia. Gray-sama quiere estar con ella y está dispuesto a dejarle la parte romántica.
Su corazón se llena de ternura con sus palabras. Su amado Gray-sama solo quiere animarla y en el camino, le cumple uno de sus más dulces sueños. Pero no es solo por ella, sino que también lo hace por él. Se lo dijo por la noche y ahora, sus acciones sostienen sus palabras.
Ella siente que lo ama más a cada segundo, a cada segundo un poco más, y esos sentimientos se intensifican al escucharlo hablar. Quiere saltar a sus brazos y rodearlo con los suyos, exclamar lo mucho que lo quiere pero mejor reprime sus emociones, solo un ratito más, para darle seguridad.
Que es raro escucharlo decir tantas palabras, pero Juvia sabe que es debido a los nervios. No quiere decepcionarla y ella tiene que demostrarle que jamás lo hará. Su amor jamás la decepcionará. Además, le está cediendo toda la iniciativa y ella no tiene ningún problema en encargarse de las palabras de amor, las caricias y menos de las citas.
Ella ayudará a Gray-sama. Siempre. Siempre. ¡Juvia vive para su amor!
―Gray-sama… ―voltea a verlo por encima del hombro, sus labios se curvan hacia arriba ―¿Qué le gusta comer en los día de lluvia? ―le sonríe dulcemente y él se siente completamente desarmado.
Dubitativo, entrecierra los ojos y antes de responder analiza a su pregunta. ¿Qué se le ha ocurrido a Juvia? Él no puede imaginarlo.
―Podemos tener un picnic, Gray-sama ―gira sobre sus talones, sin borrar su sonrisa, para verlo.
―¿Un picnic? ―cuestiona. No pueden salir al parque, asume que sería dentro de su departamento… él sonríe. Definitivamente, hizo lo correcto.
Asiente feliz, ansiosa y contenta de que lo pregunte. ―Podemos poner una manta frente a la ventana y comer algo mientras hablamos… ―sus manos ahuecan su rostro mientras sacude sus caderas al destilar pura ilusión.
Es fácil contagiarse y compartir la visión que tiene de ese momento. No le sorprende porque es Juvia, Juvia es romántica y soñadora por naturaleza.
Toma una respiración honda y termina por aceptar. ―Suena bien.
La escucha aplaudir contenta y exclamar a los cuatro vientos que a él le gusta su idea. Gray admite que con ella las cosas jamás serán aburridas. Juvia es pura luz y alegría y aunque por fuera lloviera, dentro de su casa tenía un enorme sol, que está encantado por poder brillar a su lado.
Se conforman lo que hay en su departamento y para su buena suerte, cumple sus respectivos antojos para los días de lluvia.
Con un poco de pan dulce, helado y algo de café ―eso último solo para Juvia―, inician su velada. Ella ha colocado una manta frente a la ventana y de esa forma, los dos tienen una buena visión de la calle y el cielo para ver llover.
De reojo la observa taparse con una sábana blanca y se sienta a su lado, a pocos centímetros de distancia pero de alguna forma siente que está demasiado lejos, mas no hace nada para acercarse.
―¿Le gusta Gray-sama?
Gira su rostro para verla. Juvia alza un poco los hombros, ansiosa de escuchar su respuesta.
―¿La verdad? ―Juvia afirma y siente que su alma pende de un hilo cuando lo ve recargar su espalda en el sofá y respirar profundamente, de forma pensativa ―es… es agradable ―se sincera esbozando una sonrisa.
En primera porque no sufre por el calor o el sol y en segunda porque se siente tranquilo a su lado.
Juvia siente que su corazón se encoge ante sus palabras y está feliz por su logro. No puede evitar sonrojarse y sonreír satisfactoriamente.
―¿Y a ti? ―pregunta luego de unos segundos, donde no deja de observarla.
Juvia medita su respuesta, ladea su rostro hacia un lado y Gray sonríe ante su curiosa expresión.
―A Juvia le gusta estar siempre con Gray-sama… ―responde de manera risueña ―es verdad que Juvia al principio se lamentaba del clima pero Gray-sama le demostró que estaba equivocada, que no había razón para sentirse triste… y por eso ella tomó la decisión de hacer que este lugar se sintiera como si fuera un brillante día… ―como en el día que se conocieron.
Gray es su constante recordatorio del cielo despejado, en todos los sentidos. No hay tristeza o amargura que no desapareciera como una nube gris ante los rayos de sol.
Oh, el picnic improvisado. De ahí viene su idea. El aludido se ríe en automático tras sus palabras, la maga se cubre un poco más con las sábanas.
―Y ahora Juvia está feliz de estar con Gray-sama, sin importar la lluvia o el sol.
Cierra los ojos y echa su rostro hacia atrás para sonreírle, él asiente conforme ella irradia alegría e inocencia con una sola expresión y, casi inconscientemente, apuña una mano sobre la palma de la otra para crear una pequeña escultura de hielo gracias a su magia.
―Juvia… ―susurra su nombre y ella alza las cejas al escucharlo, feliz de cómo la nombra. Lo siente especial ―ten… ―sin verla y tratando de esconder el rubor de sus mejillas, extiende su brazo en su dirección y deja caer su creación sobre las palmas de sus manos.
La maga de agua contempla la escultura que sostiene en sus palmas y parpadea encantada, admirado la belleza de la misma.
―Gray-sama… ―su voz suena ahogada por el encanto de su regalo ―a Juvia le fascina ―unas rebeldes lágrimas se asoman de sus ojos, él se remueve incómodo ante el anuncio de su llanto, se siente contrariado y se reclama por haber hecho algo mal―. En verdad, Juvia lo ama...
A él y a su detalle. Gray parece captar el mensaje porque se relaja y sonríe de medio lado, lleno de orgullo por todo su amor, cuando ella contempla la figura.
Es un pequeño sol de hielo. Es irónico pero ella lo encuentra hermoso; un círculo rodeado de llamas asimétricas, varían de tamaño, una más chicas que otras, pero conforme avanza la rueda, estas se alinean perfecto al trabajo artístico que Gray había hecho.
―Es hermoso… ¡Gracias! ―cierra su mano y acerca la figura a su pecho. Aprecia el detalle con cada fibra de su ser; estará nublado, lloverá todo lo que el cielo quiera pero ella tiene su sol y cielo despejado justo en la palma de su mano. Siempre lo ha tenido.
Ese es el mensaje de su Gray-sama, ella lo entiende a la perfección.
Tras una pausa. ―Uhm… Gray-sama… ―aún abraza su regalo y con el dorso de su otra mano, limpia las lágrimas que siguen brotando de sus ojos ―Juvia… Ju-Juvia quiere mostrarle algo.
Arquea una ceja, expectante por lo que hará.
Y sin dejar que él responda, deja la escultura de hielo en el suelo y estira sus brazos, la sábana queda colgada sobre sus hombros mientras pone su mano derecha sobre la izquierda de manera separada, para convocar un poco de magia.
Una espiral de agua aparece en medio de sus palmas, Juvia aprieta sus labios y es notable el esfuerzo que hace para que la espira de su magia cambie su forma.
Se inclina un poco para encontrarle forma.
―¿Un pez? ―pregunta divertido. Y tan pronto acaba de pronunciarlo, el hechizo de magia desaparece.
La maga suspira cansada y asiente, sonriente.
―Juvia está intentando cosas nuevas con su magia ―se avergüenza con su exhibición ―el agua toma la forma del recipiente donde está, pero Juvia trata de ser un poco creativa y como ella puede controlar el agua, buscó dibujar algo sencillo para luego copiar la figura con su magia y un pez fue lo más fácil para empezar… ―pausa insegura y aprieta sus labios antes de seguir hablando ―quizá a Happy le guste... aunque las figuras de Juvia nunca serán tan hermosas como que Gray-sama hace.
Descarta la idea rápidamente y le sonríe con ternura, es incapaz de decir de hacer algo más.
―Bueno… ―rascó la parte posterior de su cuello, un poco cohibido por sus palabras ―por tus planes y ahora que te gusta que esté lloviendo… ―atrae la atención de Juvia y pone sus manos en posición para crear algo más con su magia ―no me gusta actuar como si mi magia fuera un espectáculo o novedad pero… ―habla con falsa modestia ―¿Quieres un show de magia?
Juvia sonríe cuando él le extiende la nueva figura de hielo.
―Una flor ―es pequeña pero eso no le quita lo hermosa.
―Querías un día brillante, ¿no?
Le sonríe de forma coqueta y Juvia siente que los latidos de su corazón le aturden. Se pregunta si él puede escucharlos. Por Dios que lo ama tanto.
―A Juvia le gusta lo que ve… ―le guiña un ojo y se ruboriza cuando lo ve directo a los ojos. De inmediato, para jugar un poco, intercala la mirada entre la ventana y él.
Gray se desconcierta un poco, no sabe, o no se quiere dar cuenta, a lo que se refiere Juvia y sigue su mirada. Primero ve a la ventana y luego vuelve a él, sus ojos descienden por su cuerpo para quedar ruborizado por su descubrimiento: de nuevo se sacó la camisa.
Su maldito hábito de stripper jugándole malas pasadas desde siempre.
La maga de agua se ríe divertida por su bochorno y agrega algo más para poder quitar la tensión. ―Hoy es más bonito que como si hubiera sol.
Suspira y ladea el cuello para relajarse, la ve morderse el labio inferior y lo incita a que siga con el espectáculo. Gray se concentra en hacer más figuras de hielo y Juvia lo observa fijamente. Lo hace sin batallar, pero arruga el entrecejo mientras imprime su magia para crear.
En verdad ama cada detalle y expresión de él. Cómo se centra en su magia y cómo le sonríe cuando le pasa una nueva figura, cada vez son más hermosa.
Puede exhalar corazones infinitos en ese momento. Definitivamente brilla más que cualquier día soleado, se siente mucho más cálido y sabe que no es gracias a la manta que está sobre sus hombros, es como si tocara la piel de Gray aun sin estar completamente cerca.
Suspirando, mira sobre la palma de su mano la última figura de hielo hecha por Gray. Un pequeño corazón, tan fino como el mismo cristal.
Todo su interior vibra mientras atesora el regalo. Está irremediablemente enamorada de él, lo sabe desde el primer momento en que lo vio.
―El corazón de Gray-sama ―susurra, atrayendo su atención.
Juvia se mueve un poco para quedar más cerca de él, no deja de verla. Ya no está cubierta por la manta y siente como su brazo roza el suyo mientras se sienta a su lado.
―Juvia siempre ha pensado que el corazón de Gray-sama es tan frágil como el cristal ―con cuidado, exhibe la figura para mostrársela. Gray comienza a respirar pesado conforme la escucha ―y por eso, Gray-sama congeló el camino hacia su corazón e hizo muros de hielo para protegerlo ―apoya su cabeza en su hombro mientras que él traga saliva, se siente expuesto ―pero ¿Sabe Gray-sama? Juvia es de agua y ella puede llegar hasta el final del camino… hasta su corazón.
Tiene el poder de colarse por cada grieta y de humedecer cual gotas de lluvia.
La maga invoca un poco de su magia para que simbólicamente el corazón hecho de hielo, flote y paulatinamente se derrita.
Se queda mudo e hipnotizado en la escultura de hielo que poco a poco se funde ante la calidez del agua. Se siente igual gracias a las certeras y dulces palabras de Juvia. Es una perfecta comparación para él. Y lo sabe, eso que siente por ella es irremediable.
Imposible de no sentirlo.
Está tan aturdido por su acelerado ritmo cardíaco que ni siquiera se da cuenta cuando Juvia se mueve para arrodillarse y secar sus manos en su falda para tomar su rostro y depositarle un corto beso en la mejilla.
Sin desprenderse del contacto, se aleja. Su cantarina risa lo atrae a la realidad. Abre los ojos con sorpresa. Todo le parece muy rápido y breve, que se lamenta. La ve de forma fugaz, su cabello se mece con gracia cuando ella echa su cabeza hacia atrás, sin parar de reír y de sonrojarse por su acción.
Gray piensa en los dos. Él es frío y lento para responderle y regresarle el cumplido o la caricia, pero Juvia no necesita más. Ella lo sabe y su corazón se dispara cuando siente que sus delgados brazos lo rodean por el cuello y se sienta a su lado para hundir su rostro en su pecho, sonriendo contra su piel.
Ella se siente tan cálida. Tan pero tan cálida que no duda en retenerla, necesita tocarla. Gray se inclina para presionar un suave beso en su cabeza y luego su mano va hacia su muñeca, para sostenerla firmemente mientras los dos observan la lluvia.
Un día leí el prompt en Tumblr y al siguiente me encontré con una foto en FB ―ahora solo vive en mi memoria― donde había un chorro de agua en forma de pez entre las manos de alguien. Y dije: why nooot!? Me derrito con esas cosas y las ideas se complementaron por conspiración del universo.
Creo que está OOC :x pero es tan kawawii, que me arriesgo, estoy conforme xdd. ¿Habrá más caps? Quizás, ideas hay... Agradezco el apoyo de los rr, en verdad no creí que alguien lo leyera por tedioso y largo.
Énfasis en:
―Well, our plans got rained out, and I know you love it, and even though I don't like to act like my powers are some show or novelty, you want a magic show?
Bonus: "You asked me to make the room feel like we were outside on a bright day and we're now having the picnic we planned on our bed."
―Don't let me down. Ending 18 de FT.
―Cold Cold man de Saint Motel.
―As always. Cumbres borrascosas: "Pues este es tu día, más o menos, solo que con nubes, pero tan suaves y apacibles que resulta más bonito que si hubiera sol".
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