¡Vamos con el segundo capítulo! Hice algunos arreglillos en el primero, nada muy importante, pero había frases que había que cambiar.

Disclaimer: estoy pensando en teñirme rubia, a ver si así me confunden con JK, pero todavía me faltan sus millones... ¿alguien interesado en el fraude bancario a gran escala?


En el primer piso las cosas están medias revueltas. Alguien encogió todos los muebles del salón y ahora Lucy y tía Ginny están buscando un lugar para dejarlos y que no se pierden. Entretanto Teddy, con una cara de profunda concentración, traslada la mesa de la cocina, alargada con magia, mientras James y tío George intentan ayudarlo. Intentan, porque lo único que consiguen es que la mesa se bambolee de un lado a otro y que Teddy haya comenzado a gritarles. En la cocina deben estar todos como locos, terminado de preparar la cena y evitando que mi papá empiece a picotear de los diversos guisos que mi abuela cocinó. Todos gritan, todo es desorden, y Scorpius y yo estamos en el medio.

–¿Qué es todo esto? –pregunta mi amigo con cara de espantado.

–Ya te lo dije, la cena de bienvenida –digo con exasperación–. Esta y la cena de navidad son sinónimo de anarquía; la abuela se empeña en que comamos todos en la misma mesa pero, como no podemos hacerlo afuera por el frío, hay que hacer algunos arreglitos.

Scorpius está completamente anonadado y no lo culpo; la mesa del comedor de su casa es probablemente capaz de acomodar a mi familia y la suya con espacio de sobra.

–¡Mary Rose Weasley! –exclama una voz atronadora.

Me estremezco, estoy en problemas.

–¡Hola, abuela! –digo con voz de niña adorable– No te había visto.

–Claro que no me habías visto, si apenas llegas lo primero que haces es salir disparada a quién sabe dónde –tiene las manos en las caderas y, a pesar de ser más baja que yo, me produce un miedo terrible–. Creí que tus padres te habían educado mejor.

Me siento fatal.

–Es que con el caos que había yo… –empiezo a decir, pero ella no me hace caso.

–Scorpius, querido –dice, acercándose a él y dándole un abrazo que él recibe como si nada, ya con su sonrisa de "aquí vengo yo" de vuelta en la cara–, ¡qué bueno que estés aquí! Hace mucho tiempo que no te veía.

–Desde el verano, señora Weasley –responde él–. Ya empezaba a echar de menos la Madriguera.

Mi abuela ríe, encantada; Scorpius le cayó bien desde que lo conoció, apellido y todo. Es que él sabe cómo ganarse a la gente, le sale natural. Por algo es Slytherin…

–Ay, si eres encantador –dice ella, muy contenta–, ¿por qué no vas a sentarte mientras yo hablo con mi nieta?

Scorpius se va sin ni siquiera mirarme, el muy maldito, y me deja con mi abuela, que cambió su expresión de señora mayor de lo más simpática a fiera carnívora.

–No puedo creer tu actitud, Rose –dice con severidad–. Yo que estaba tan ilusionada de que vinieras y, cuando lo haces, te vas corriendo sin siquiera mirarme. ¡Y para remate ni me ayudas a preparar la cena!

Me siento horrible porque, obviamente, tiene razón; fui una niñata inmadura.

–Perdona, abuela, de verdad lo hice sin intención –su expresión no cambia, así que decido ser sincera con ella–. Lo que pasa es que estoy un poco nerviosa por esto de haber invitado a Scorpius, ya sabes cómo son en la familia…

–Elabora.

Empiezo a retorcerme el cabello.

–Es que apenas llegamos todos empezaron con eso de que Scorpius y yo estamos secretamente enamorados… Luego está papá, tú sabes cómo se pone, y para ponerle la guinda al pastel se viene la comida, dónde todos se la van a pasar molestándonos e interrogando a Scorpius por ese estúpido rito de iniciación que hacen. Es que me desespera, ¡eso es solo para los novios y él es mi amigo! –tomo aire– Así que perdona, abuela, pero no pude evitar salir pitando.

Su expresión se suaviza.

–Ay, querida, sé que no es fácil esto de tener una familia tan grande con tanta gente metiéndose en tus asuntos, pero tienes que empezar a enfrentar las cosas de otra manera –murmura, poniéndome las manos en los hombros y sonriéndome con comprensión.

Yo suspiro y asiento con la cabeza, para después abrazarla.

–Gracias por entender, abuela, te prometo que no se va a repetir –la suelto y le doy un beso en la mejilla–. Y, para compensarlo, mañana me voy a preocupar yo de hacer el almuerzo, así podrás descansar un poco de todo este jaleo.

Su sonrisa se hace aún más grande.

–Tú si sabes cómo remediar tus errores, niña –asiente con la cabeza, complacida–. Acepto tu propuesta. E intentaré que no se sobrepasen mucho con el interrogatorio en la cena, pero no prometo nada; cuando están todos juntos no hay quién los pare –iba a darse la vuelta cuando recuerda algo–. Ah, y anda a saludar como es debido a tu abuelo Arthur; al pobre le rompiste el corazón con tu indiferencia.

Y acto seguido se marcha, probablemente para ir a regular el caos de la cocina.

La dinámica de la Gran Mesa Weasley, como nos gusta llamarla, es simple: los mayores están en un extremo, con los abuelos presidiéndolo todo, y la chusma se acomoda como puede. Hay un lugar en el que los dos grupos se juntan y, en circunstancias normales, es la parte más entretenida porque, bueno, mis primos son geniales pero mis tíos también son divertidísimos. En circunstancias normales digo, porque en nuestro caso esto implica estar justo en la línea de fuego, con preguntas y pullas bombardeándonos desde los dos lados. Era obvio que íbamos a quedar ahí, en todo caso, no nos habrían ubicado en otra parte.

–Así que cuéntanos, Scorpius, ¿qué quieres hacer cuando salgas de Hogwarts? –pregunta tío Bill.

Es una pregunta inofensiva, así que Scorpius responde tranquilo.

–Todavía no estoy del todo seguro, pero me parece interesante la Ley Mágica.

–Ah, eso está bien, así podrás mantener a nuestra querida Rosie –dice George (nos tiene prohibido decirle tío) con sorna.

–¿Qué diablos, George? ¡Ya no estamos en el siglo XX! –salta tía Ginny y mi mamá asiente con la cabeza junto a ella–. Ella no necesitará a nadie que la mantenga, será una bruja independiente, capaz de valerse por sí misma.

Entonces empieza un acalorado debate sobre el feminismo y a mí me dan ganas de esconderme debajo de la mesa. Miro a Scorpius y está en las mismas, aunque todavía no ha empezado a ruborizarse (pobrecito, es demasiado pálido, se le nota el rubor enseguida). Pero la cosa no ha hecho más que empezar.

–Cuéntanos un poco más sobre ti, Scorpius –empieza a decir Angelina una vez que se aburren de discutir y recuerdan que tienen un interrogatorio que proseguir.

Lo más divertido de todo este asunto es que no es la primera vez que lo ven; Scorpius ha estado aquí por lo menos otras dos o tres veces y con suerte lo habían mirado dos veces. Con la cantidad de niños que hay correteando por la Madriguera, ¿quién los culpa? No hay tiempo, es uno más. Pero, ¡oh! Ahora que viene con Rose, ¿por qué no preguntarle hasta su grupo de sangre?

–Pregunten lo que quieran –responde él, de lo más valiente.

Que orgullo, y eso que él decía que no tiene nada de Gryffindor.

–¿Cuál es tu equipo favorito de quidditch? –pregunta Molly, que está sentada junto a él y lo mira con cierta malicia.

Mierda.

–Mmmm… ¿No tengo? –responde Scopius, inseguro.

Exclamación de horror colectiva.

–¿Cómo?

–Es que… no me interesa mucho el deporte.

Eso, lo mires por dónde lo mires, es lo peor que se le puede decir a la familia más loca por el quidditch que existe en toda la comunidad mágica. Creo que mi papá casi se desmaya.

–Mala cosa, Malfoy –dice Dominique, que es una especie de loca maniática del deporte ese–, no sé cómo vas a arreglar ese desliz…

–A ver, ¿al menos sabes quiénes son las Arpías de Holyhead? –grita James desde el otro extremo de la mesa, siempre dispuesto a ayudar (nótese el sarcasmo).

Está perdido, lo van a linchar. Eso es lo que pienso mientras lo miro, desesperada, rogando que haya estado prestando atención durante alguna de nuestras conversaciones sobre mi familia. Él me devuelve la mirada, frunciendo el ceño en profunda concentración.

–¿No jugó una de tus tías en ese equipo?

La respuesta es lo suficientemente buena, así que respiro con alivio. Es que tía Ginny es una leyenda en la familia, así que el conocer su historia profesional (cazadora estrella de las Arpías de Holyhead) es una especie de requisito si se quiere tratar con esta gente. Satisfechos, dejan el tema y siguen con el interrogatorio entre cucharadas de puré de patatas y bocados de pavo. Preguntas tontas con el objetivo de molestarlo, vamos, nada demasiado terrible hasta que Fred decide abrir la boca.

–¿Y cuáles son tus intenciones con Rose?

Ahora sí consiguen que Scorpius se ponga fucsia. Se hace el silencio en la mesa, todos están esperando su respuesta. Veo a Albus, quién no ha abierto la boza en toda la cena, mirándonos con pena, a Hugo riéndose por lo bajo y a mi padre matando a Scorpius con la mirada.

–Yo… este…

Scorpius ni siquiera me mira, su vista está clavada en su plato, como si esperara encontrar ahí la respuesta que busca. Estoy convencida de que habría seguido así un buen rato de no haber sido por la intervención de mi abuela.

–¡Ya es suficiente! –exclama, haciendo que todas las miradas se fijen en ella– Dejen al pobre muchacho tranquilo, ya lo torturaron bastante.

Acto seguido procede a preguntarle a mi tío Charlie, recién llegado de Rumania, cómo le ha ido en su trabajo y las cosas se tranquilizan. Algunos nos lanzan una que otra sonrisita de suficiencia, pero dejan de molestarnos y yo doy gracias a Merlín por tener una abuela tan benevolente. Me sentía tan incómoda que ya estaba empezando a considerar hacer alguna estupidez y, en una familia como la mía, esas cosas te las sacan en cara hasta que te mueres.

Comemos hasta que nos hartamos y, para cuando terminamos de engullir el postre, ya estamos todos medios adormilados. Hacemos un brindis y después nos paramos todos velozmente; más vale ordenar rápido para poder irse a la cama.

Mientras ayudo a retirar los platos veo a Scorpius hablar con tío Harry. Me pica la curiosidad, pero no alcanzo a preguntarle nada porque, apenas estoy lista, Albus lo intercepta y se lo lleva a su habitación. Me resigno a hablar con él mañana.

Por suerte, el cuarto que comparto con Roxanne y Lily está en el segundo piso, porque no me creo capaz de caminar más sin desmayarme de sueño. Abro la puerta y, para mi desgracia, me las encuentro en plena cotilleo.

–¿Cómo son capaces de mantenerse despiertas? –exclamo, incrédula, para acto seguido lanzarme sobre una de las camas con un gruñido– Después de toda esta comida lo único que quiero es dormir.

Lily y Roxanne, sentadas en la parte de arriba de uno de los camarotes, me miran, una frunciendo el ceño y la otra con condescendencia.

–No seas aguafiestas, Rose, con Ro nos estamos poniendo al día –dice Lily, que tiene una manía de ponerle sobrenombres a todo lo que respire–, deberías mostrar más espíritu familiar y unirte a nosotras.

Yo resoplo y procedo a ponerme mi pijama en silencio, sin hacerles caso.

–Vamos, ¡habla con nosotras un rato! –ruega Roxanne mientras pone cara de perro mojado– Aunque sea para contarnos que está pasando con Malfoy.

Lily empieza a reírse con ganas.

–La cena estuvo entretenidísima, ¡es que las caras que ponían ustedes dos eran oro puro!

–Qué bueno que te divierte el sufrimiento ajeno, Lily, pero a mí no me hizo ninguno gracia; me sorprende que Scorpius no haya salido corriendo.

Roxanne empieza a reírse también y su risa es tan contagiosa que no puedo evitar sonreír un poco.

–¿Sabía al menos en qué se estaba metiendo?

Asiento con la cabeza.

–Más o menos… –me lo pienso un poco–. O sea, se lo advertí, pero quizás no lo hice lo suficiente.

Roxanne deja de reírse y me mira con una sonrisa de oreja a oreja.

–Te debe querer un montón.

–Sí… –respondo sin pensar, pero al darme cuenta de lo que implica mi afirmación, me retracto rápidamente –. Es decir, no, no de esa manera. Me quiere, pero como amigo, nada más.

Lily empieza a reírse de nuevo, pero mi otra prima parece sorprendida.

–¿O sea que no son novios? –pregunta, extrañada– Vaya, de verdad lo parecían. Y bueno, después de todo lo que pasó en la cena pensé…

–Pues pensaste mal –digo con brusquedad. Roxanne me mira ofendida, sus labios formando una línea, por lo que empiezo a halar con más suavidad–. Perdona, es que todo este asunto me tiene media cansada.

Ella asiente la cabeza, comprensiva (por algo somos tan amigas), pero Lily decide volver al ataque.

–¡Entonces deberían admitir que se gustan y así acabar con todo el mal rollo!

Parece la presidenta del fanclub de Rose y Scorpius.

No me digno a contestarle, en su lugar me meto a la cama y me tapo hasta la barbilla, dándole la espalda. Me quedo dormida enseguida.

No me despierta ni la llegada de Lucy a la habitación ni su subida al camarote, lo que finalmente me hace salir de mi sopor es el viento, que me sobresalta y hace que casi me pegue con la cama de arriba. Intento quedarme dormida de nuevo, pero ya es demasiado tarde: me he desvelado.

Frustrada, me levanto y me dirijo hacia la ventana. Abro la cortina para intentar calcular qué hora es, pero solo veo oscuridad. No hay ninguna estrella, así que el cielo debe estar nublado, y el viento mueve las formas oscuras del paisaje de un lado a otro. Al no tener nada que hacer, decido bajar al salón, donde no tendré que preocuparme por si despierto a alguien.

Salgo de la habitación lo más silenciosamente que puedo y en cuanto bajo las escaleras, con cuidado de no hacer crujir mucho los escalones, veo una figura desparramada en uno de los sofás, recientemente devueltos a su tamaño original.

–¿Scorpius? –susurro.

Él se sienta de un salto y me mira, asustado, hasta que me reconoce.

–Rose –me hace señas para que me siente a su lado–, ¿tú tampoco podías dormir?

–Me despertó el viento y me desvelé –respondo, acomodándome a su lado.

Nos quedamos un momento en silencio hasta que yo hablo de nuevo.

–¿Estás bien? –Scorpius me fulmina con la mirada y yo pongo los ojos en blanco– Me refiero a si mi familia no te dejó con daño psicológico de por vida.

Se ríe por lo bajo, lo que me tranquiliza un poco.

–Si te soy sincero, creí que iba a ser peor.

–¿De verdad? –pregunto aliviada. El asiente con la cabeza– Ay, Scorpius, eres tan bueno conmigo; yo en tu lugar habría salido corriendo.

–Lo consideré –dice sonriendo de lado–, pero después me diste pena.

–Vaya, eres todo un Hufflepuff.

Me río un poco de su expresión ofendida, pero después me acuerdo de que quería preguntarle algo.

–Hey, ¿de qué estabas hablando con mi tío después de la cena?

–Ah, eso –dice algo incómodo–. Pues me felicitó por lo bien que me había tomado todo ese asunto del interrogatorio.

–¿Y nada más?

Scorpius se demora en contestar, por lo que me doy cuenta enseguida de que no me lo está contando todo.

–No.

–Ajá –lo miro con escepticismo, torciendo el gesto.

Scorpius suspira, frustrado.

–No tengo que contarte todo, ¿lo sabías?

–Lo sé, pero generalmente eso es lo que hacen los mejores amigos.

Soy una manipuladora de mierda, lo tengo clarísimo, pero es que me desespera que me oculten cosas.

Él no dice nada por un momento, pero después de mirarlo un rato me doy cuenta de que parece avergonzado. Entonces hace algo que me sorprende un montón: me toma de la mano. No es como que no lo haya hecho antes, aunque en un principio Scorpius odiaba que lo tocara, con el tiempo se fue acostumbrando a mi manera de demostrar afecto. Ahora somos bastante cariñosos el uno con el otro, es que soy una persona muy física.

Pero este contacto es distinto; por alguna razón se siente mucho más íntimo.

Quizás sea la oscuridad, tal vez sea los pasados acontecimientos de la noche o, a lo mejor, es la manera en que observa, con un brillo extraño en la mirada; el punto es que siento una curiosa sensación en el estómago.

–No tengo por qué contarte todo –repite, con mi mano todavía agarrada y mirándome a los ojos.

Yo me quedo muda, demasiado sorprendida para hablar.

–Mira, Rose, no es que no confíe en ti, pero es algo que simplemente no me siento cómodo diciéndote.

Su voz es de una suavidad a la que no estoy acostumbrada y salgo de mi estupor para, como la completa idiota que soy, decir:

–¿Te sientes bien?

A pesar de la oscuridad, estoy segurísima de que Scorpius debe estar ruborizándose. Así de bien lo conozco.

–¿Qué? –susurra alarmado, soltando mi mano y alejándose un poco de mí.

Me duele un poco que lo haga, pero una vez que empiezo ya no paro.

–Estás raro desde que llegamos a la Madriguera, ¿seguro que estás bien? Porque no estás actuando como de costumbre, estás siendo… –me quedo pensando un minuto– ¡Demasiado bueno! –exclamo triunfante (en un susurro, claro, no soy idiota), satisfecha de finalmente haberme dado cuenta de lo que me había estado molestando.

Scorpius me mira profundamente ofendido.

–¿Estás diciendo que no soy una buena persona?

–¡Claro que no! –me apresuro a decir–. Lo que pasa es que generalmente eres más, no sé, ¿más malo conmigo? Más sarcástico, más burlón… Me estás tratando demasiado bien.

Le toma un tiempo recuperarse de mi declaración.

–Yo… Lo que pasa es que… –empieza a decir Scorpius, pero se arrepiente y empieza de nuevo–. Mira, Rose, yo actúo como me apetece actuar y si ser amable contigo es lo que me nace, pues soy amable contigo, ¿tienes algún problema con eso? ¿Quieres que te trate mal? Porque también puedo hacerlo.

Su expresión es desafiante, está cruzado de brazos y lo noto tenso. La situación me parece tan absurda que empiezo a reírme por lo bajo.

–¿De qué te ríes? –pregunta, desconcertado.

–De lo raros que somos –respondo, con una sonrisa enorme.

Acto seguido me acerco más a él y me acurruco a su lado. Él parece tenso al principio, pero después se relaja y apoya su cabeza sobre la mía. Nos quedamos así, hablando de vez en cuando y esperando el amanecer que, probablemente, ni siquiera notemos por el mal tiempo que hace afuera. No sé en qué momento me quedo dormida, pero lo hago, cómoda como estoy junto a mi mejor amigo en todo el mundo.

Me despierta la voz aguda de Lily.

–Aaay, ¡pero miren que tiernos los tortolitos!

Abro los ojos, sobresaltada, y me encuentro con la mitad de mi familia mirándonos.

Mierda, ahora sí que las cagamos.


¿Y? ¿Qué tal? ¿Alguien tiene una familia como la de Rose? Porque yo conozco varias... ¡déjenme saber en los reviews!

¡Un besote a todos!