Capítulo 2º

Este quiero dedicarlo a Mariava que a pasitos cortitos y sin meter prisas, decidió dedicarme siempre su apoyo y su confianza, nena espero que te guste...

Entró con dos pasos decididos pero silenciosos, y cerró de una manera aún más sigilosa la puerta; volvió su mirada al frente y lo que vio, fue una mesa vacía y algo revuelta; buscó con la mirada abarcando todo el despacho y ahí estaba él, el ogro, de espaldas a ella, mirando a través de las cristaleras, sin moverse como una estatua, las manos en los bolsillos, la cabeza recta, la espalda enorme, era como decirlo demasiado... Bella no encontraba las palabras... pocas veces le había sucedido eso.

Siguió así unos minutos, mirando en silencio, igual que el ogro, examinando aquel espécimen sin perturbar sus pensamientos. Le habían dicho que pasase, ella había tocado la puerta y él le había dado permiso desde el otro lado, así que era él el que tendría que romper el silencio, hablar, ladrar o gruñir, ella no sería quien le daría motivos.

Pasados unos minutos más optó por acercarse a la ventana donde el Sr. Piedra

Estatua parecía haber quedado hipnotizado, se colocó a su costado a tres pasos de él y dirigió su mirada a través del ventanal hacía el mismo lugar que él lo hacía

Un olor y una respiración suave inundaron tanto su olfato como su oído indicándole que estaba ¿acompañado?...

Edward: ¿que está mirando?

Bella: lo mismo que usted, llevo aquí 10 minutos y no se ha dado cuenta de mí presencia, por lo que deduzco que cualquier cosa que sea lo que esté mirando será bellísimo o inusual o de un interés incalculable, por ello me gustaría verlo.

Edward sonrió, no se esperaba ni que tan siquiera esa chica con vaqueros que aparentaba tranquilidad, fuera a contestar, no la había visto si quiera, no sabía ni como era, solo veía algo de su perfil tapado con su melena, eso sí un precioso pelo, algo revuelto y poco domado, y una figura bonita enfundada en un vaquero desgastado, precioso culo, pensó.

Edward: ¿Es usted Isabella Swan?

Bella: Si Sr. Cullen

Edward: ¿Por qué se presentó a esta entrevista?

Bella: Hace dos horas pensaba que sería una gratificante experiencia que aportar a mis estudios, que aprendería cosas de quienes han llegado ya a la cima del poder, que quedaría impresionada al ver a un tiburón de las finanzas, nadar en su hábitat.

Ahora sólo estoy aquí para conocer al ogro que ha conseguido atemorizar a un montón de chicas, seguramente muy bien preparadas, para desempeñar este puesto, y además siento curiosidad por ver el fenómeno al otro lado de la ventana.

Edward volvió a sonreír.

Edward: ¿Qué le hace diferente a ellas Srta. Swan?

Bella: Pues algunas razones.

Diciendo esto Bella se giró, si iba a decirle lo que la hacía diferente de las demás, quería decírselo a la cara, mirándole sin titubear, hacer ver al ogro, que ella también podía ser una fiera.

Pero no estaba preparada para lo que vio, ambos no lo estaban. Sus ojos se encontraron en un cruce de miradas que profundizaban más allá de sus pupilas; sus torsos crecieron tomando aire como para una batalla, las manos de él se hicieron puños en los bolsillos de su pantalón, las de ella se recogieron a la espalda, prohibiéndole tocar, abrazar, y acariciar, y sus bocas, expresaron la de él una sonrisa torturada, y la de ella en prisión contenida, todos los sentimientos que dos almas gemelas quieren expresar.

Bella tuvo que hacer frente al control que perdido quedaba en ella, para examinar nuevamente su mente. Sonreír interiormente, ante la evidencia clara, el mundo del revés, mariposas en el estómago y preguntas, muchas preguntas.

Obviando todo eso, se propuso contestar, no quería que aquel hombre, sintiera la batalla ganada, no quería ser vencida por el ogro.

Bella: Sr. Cullen, sea cual sea el resultado de esta entrevista caso de que me concediera el privilegio de tenerla, yo no lloraré. No sentiré pena de mi misma por no conseguir el puesto, no me sentiré abatida. Usted no ganará y yo no perderé; seguiré siendo la misma que entro hace escasos minutos, pero no habré firmado un contrato que me atará a esta Empresa durante 6 meses; no aprenderé nada nuevo, pero tampoco dejaré de ser lo inteligente o estúpida que ya era; dentro de cinco minutos usted no se acordará de mí, ni yo de usted (sabía que mentía, quería pensar que mentía), el mundo no se parará, seguirá dando vueltas (no era cierto su mundo se detendría, no rodaría más al son de la vida), y este tiempo no dejará de ser nada ni en su vida ni en la mía.

Mientras ella habló, Edward sólo pudo mirar sus ojos y su boca, le costaba casi trabajo respirar, ¿quién era aquella mujer que con esos aires de gigante, hacia tambalear su equilibrio? ¿Con qué derecho hacia una disertación de lo que pasaría, mientras que él hacia un esfuerzo sobrehumano por no besarla?

Libre, fuerte como una heroína permanecía frente a él, tan lejos y tan cerca, solo a dos pasos cortos, erguida y con la cabeza alta, orgullosa, preciosa, tan bella que mirarla era casi irreal, intangible, prohibida.

Sonrió en su interior nuevamente, pensó en Alice, "tiene que existir una mujer en alguna parte y rezaré para que aparezca pronto y ver como arrastras tu precioso culo y pones el juego tu corazón hasta conseguirla"

Bien la suerte estaba echada, era cierto, tendría por todos los medios que conseguirla, ¿pero cómo?, la Srta. Heroína, no era como las demás. Pero él sabía de guerras y batallas, él había vencido muchas veces, él no tenía derrotas a sus espaldas. Así que se aventuró a contestar.

Edward: Voy a concederle esa entrevista Srta. Sabelotodo. Siéntese.

Bella: Se equivoca Sr. Cullen, no lo sé todo, pero yo elijo a mis maestros, y prefiero estar de pie.

Edward: ¿Piensa que la mejor defensa es un buen ataque? Y en cuanto a lo de estar de pie es porque piensa que voy a agredirla, o chillarle y así podrá salir corriendo, ¿no es cierto?

Bella: No he comenzado apenas la primera batalla Sr. Cullen, usted no podría ser jamás mi adversario. Y en cuanto a agredirme, sé que no lo haría jamás, porque en este preciso momento, yo soy todo lo que usted desea y todo lo que usted necesita.

Edward avanzó hacia ella, después de escucharla decir esas palabras, supo que ella sentía lo mismo, ansiaba tocarla y sentir como su cuerpo se fundía contra el suyo.

Bella retrocedió dos pasos quedándose ambos más unidos que antes pero sin tocarse…. sin tocarse pensó ella..., eso no era cierto, sin que nada hubiera sucedido, son sus miradas habían hecho algo más, mucho más.

Bella: Sr. Cullen, todo lo más cerca que estaremos usted y yo será la misma distancia que existe ahora entre nosotros. No creo que el trabajo que usted necesita requiera más proximidad, y caso de que así fuese, me habría equivocado al requerimiento publicado.

Edward: ¿Esa es una de sus reglas Srta. Swan?

Bella: Esa es la más importante, las demás quizás lleguen o no sean necesarias.

Edward: Muy bien, en ese caso yo le expondré las mías y atienda porque son indispensables antes de que firme si lo desea este contrato.

1ª Srta. Swan todo lo más cerca que estaremos usted y yo será la misma distancia que existe ahora entre nosotros.

2ª Su disponibilidad profesional será total, algunas veces las 24 horas del día

3ª Me acompañará en los viajes a cualquier parte del mundo.

4ª Espero que su francés y su italiano sean tan perfectos que incluso sea capaz de corregirme.

5ª Su manera informal de vestirse cambiará desde mañana mismo.

6ª Soy muy exigente con la puntualidad, no permitiré un solo minuto de retraso o espera.

7ª Tratará a mis clientes con una profesionalidad estrictamente rigurosa, sin que exista la menor duda de su competencia y jamás, óigame bien, jamás se implicará mínimamente en algún aspecto personal.

8ª Será mi acompañante en cualquier representación u acto que esta Empresa le requiera.

9ª No admitiré llamadas personales a la oficina, ni de familiares, amigos o amantes.

10ª Desde el mismo momento que estampe su firma en ese contrato, se convertirá en mi prisionera. ¿Lo sabes Isabella? ¿Verdad?, Isabella serás mía.

Bella escucho atentamente, muy atentamente cada una de las reglas que él fue enunciando sin tan siquiera dudar, y sintió como cada una de sus reglas la acercaba más a él.

Aceptar era inevitable, era impensable salir de allí y hacer como si nunca hubiera existido.

Sin dudarlo un segundo más contesto.

Bella: Sr. Cullen la segunda regla para aceptar este trabajo ya la he encontrado.

Jamás vuelva a tutearme mientras nuestra relación sea profesional, nunca lo hará ni delante de la gente, ni a solas. En cuanto a su décima regla Sr. Cullen, estoy convencida de que seré suya, no lo he dudado ni un solo instante, pero ¿sabe qué? yo Isabella Swan decidiré cuando.

En ese mismo momento Bella se dio la vuelta y se encaminó hacia la puerta del despacho para salir. Edward avanzó hacia ella lentamente, hasta que gritó su nombre.

Edward: Srta. Cullen usted elegirá cuando, yo decidiré como.

Bella no se volvió no tenia en ese momento más fuerzas para continuar. Como dos contrincantes ellos habían establecido sus normas, ninguno de los dos las incumplirían, eso significaba aceptar la tortura, el deseo, la lujuria contenida. Luchar contra la necesidad de estar juntos, ocultar ante los demás lo que sentían y por supuesto en medio de todos esos frentes concentrarse y trabajar.

Edward volvió a dirigirse a Bella.

Edward: Mañana estará aquí a las 9 en punto, entrará justo detrás de mí al despacho cuando yo llegue preparada para las órdenes del día. En tres días saldremos de viaje para Roma, la estancia será de 48 horas. Los pasajes así como las reservas del Hotel los hará la Srta. Fendon. Tendrá que asistir a dos cenas de negocios en representación de la empresa con representantes de otras de ellas, no se exigirá etiqueta, pero tendrá que acudir convenientemente equipada.

Silencio un silencio que inundó su alma, y entonces contestó, seguía sin volverse.

Bella: A sus órdenes Sr. Cullen ¿algo más?

Edward lo pensó sabía que no debía decirlo pero no pudo controlarse y lo soltó.

Edward: Srta. Swan ¿si yo soy el ogro?, ¿qué animal la identificaría según su opinión?

Bella se volvió lentamente, sigilosa y expectante, pero muy firme, sabía que volver a mirarlo significaba temblar, resquebrajarse, pero como ventaja sabía que él, estaba igual.

Bella: Sr. Cullen soy Lady Halcón, de día trabajaremos y en las noches no me tendrá, nuestros caminos no se encontrarán, usted podrá domarme teniéndome atada a su guante de piel, podrá tenerme prisionera mientras tape mis ojos con capucha, podrá ordenarme ir hasta el cielo y otear otras presas, podrá silbarme para que vuelva a su puño, pero si no es el mejor halconero, si no me da todo lo que necesito, todo lo que deseo, sino me cuida y me mima, sino me da el lugar que me corresponde, y sobre todo si se fija en otros halcones, un día no regresaré y el cielo libre será mi mundo.

Y dicho esto salió del despacho ardiéndole el alma, el sólo hecho de pensar que pudiera no dedicarle todo su pensamiento, todo su tiempo o toda su fidelidad le dolía, así que dejó claro todos los puntos.

Edward la vio cerrar la puerta, orgullosa y distinta, única y suya, y supo entonces que la partida había comenzado. Una partida en guerra de voluntades, dos almas que podrían después del dolor del control encontrar el paraíso y completarse o torturarse para el resto de sus vidas.

Sonrió, la suerte estaba echada, no había más que pensar no había otra posibilidad, la dicha o el dolor dependería solo de ellos, pero sabía que solo con su imagen, que sólo con su compañía, que solo con saber que ella sufría de la misma manera por la carencia, por no poder abrazarse, por no poder amarse, por no tocarse, por no unirse formando uno solo, sería más que suficiente para el resto de sus vidas. Tenía que conseguir que ella lo entendiera, que llegara a amarlo, que no tuviera necesidad de batalla, porque de antemano la tenían ganada los dos.