Advertencias: Este fic es un R27 y contiene menciones y roces de AG, 8059, D18, XS, 10069, 6927 y otras.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! No me pertenece, así como tampoco sus geniales personajes. Son propiedad de Akira Amano.
Aclaraciones:
–Hablan los personajes. –
–Hablan los personajes en italiano. –
"Recuerdos"
'Pensamientos'
Mensajes de texto. (También dependerán del idioma)
Capítulo 2
Convivencia
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Aria había desaparecido por la puerta con una sonrisa plasmada en sus labios, convencer a Reborn de cuidar a Uni no había sido nada del otro mundo, sobre todo cuando le mencionó por casualidad que compartiría la casa con Tsunayoshi por tres semanas.
"–¿Eso es lo único que debo hacer, Aria? –había preguntado él con un tono sereno tras hacerle la petición. La joven madre se había limitado a sonreír con parsimonia, antes de inclinarse un poco hacia adelante en la silla.
–Sí, no es la gran cosa, en realidad. –siguió ella. –Pero me gustaría informarte que últimamente se ha estado enfermando con mucha frecuencia, así que preferiría no sacarla de la casa. No te preocupes, habrá alguien más ayudándote, es un chico al que considero mi hermanito, su nombre es Sawada Tsunayoshi y… –
Reborn la miro con repentino interés. –Lo conozco, ayer tu madre me lo presentó. –
Una sonrisa se extendió por el rostro de la joven. –Oh, entonces esto hará su convivencia más llevadera. Mamá y yo partimos esta misma tarde hacia Italia, así que tendrán la oportunidad de establecer horarios de cuidado. –
Lo siguiente de la plática pasó por completo desapercibida para Reborn, hasta que finalmente Aria comprendió que su misión estaba cumplida. Con una excusa, ella abandonó la oficina y lo dejó solo."
Aquello sería interesante en más de una forma. Sin duda las siguientes semanas serían muy entretenidas, vivir con ese chico parecía la oportunidad perfecta para olvidar sus problemas amorosos no correspondidos. Sin embargo, sabía a la perfección que Fon siempre reinaría sobre sus sentimientos…incluso cuando él ya se había enamorado de alguien más.
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Recorrió aquel camino conocido con pesadez. Sus piernas lo guiaban por el sendero automáticamente, mientras su cerebro trabajaba a mil por hora luego de su pequeña visita a Luce.
De ninguna manera creyó posible que en algún punto de su estancia en Japón tendría que convivir con una persona como Reborn Arcobaleno. Una persona desagradable que le recordaba vagamente a…su ex-novio. Tsunayoshi soltó una maldición en voz baja y decidió cruzar la calle antes de que el semáforo volviera a cambiar.
Debía estarse volviendo loco sí ahora comenzaba a recordar sus amores del pasado. No por nada había optado por dejar Italia y comenzar de cero en Namimori, en dónde su mejor amigo de la infancia y su novio vivían.
Con paso tranquilo el castaño llegó hasta un conocido restaurante de sushi, el cuál era propiedad del padre de su amigo. Con naturalidad deslizó la puerta de madera e ingresó sin mayores preámbulos.
–¡Bienvenido! –el grito de Yamamoto Tsuyoshi lo hizo sonreír. Momentos después el hombre asomó la cabeza por la puerta de la cocina. –Oh, pero si es Tsuna, ¿Cómo te va? ¿Quieres algo de comer? –le sonrío amistoso.
–Sí, lo de siempre estará bien, Tsuyoshi-san. –el castaño tomó asiento en una de las mesas. –¿Se encuentra Takeshi? –
–No, dijo que tenía un examen hoy, así que Hayato tampoco se ha parado por aquí. –respondió desde la cocina.
–Ah, es cierto, casi lo había olvidado. –suspiro resignado, apoyando su codo en la superficie de madera.
–¿Tú no fuiste? –
–No, Akizuki-sensei me ha exentado, así que preferí descansar de la escuela hoy. –
Y vaya que le haría falta antes de comenzar a convivir con el Arcobaleno. Por algún motivo creía que Luce lo estaba utilizando como una especie de conejillo de indias, su híper intuición se lo decía, pero no podía simplemente sospechar de la mujer a la que consideraba una segunda madre. Mucho menos cuando fue ella quién lo ayudó cuando decidió vivir en Japón.
–Pareces tenso, Tsuna ¿Qué pasa? –la amable voz de Tsuyoshi sobresaltó al castaño. Un segundo después el menor se relajó nuevamente y miro al hombre que le servía su sushi y una taza de té negro.
–No es nada, Tsuyoshi-san. Es solo que Luce-san me ha pedido un favor fuera de lo común. –trató de restarle importancia, pero aquel hombre sabía que el joven le estaba mintiendo. Con su usual aura paternal le palmeo la cabeza con suavidad y le dedico una sonrisa reconfortante.
–Ánimo, sea lo que sea, estoy seguro de que sabrás manejarlo. Eres fuerte e inteligente, solo ten fe en ti mismo. –
Sawada lo miro sorprendido, para después sonreírle con calidez. –Gracias. –
Ciertamente tenía la mala manía de estarse comiendo la cabeza cuando algo llegaba a preocuparle, sin duda alguna aquel encargo movería su mundo, pero sería por tan solo tres semanas. Luego del tiempo estipulado, ambos dejarían de verse y sería como si nunca se hubieran conocido. Un plan perfecto, ideado para situaciones desesperadas. Hacer el trabajo, involucrarse solo lo estrictamente necesario y al final del camino despedirse y seguir con su vida. Nada complicado. Solo tenía que confiar en esos pasos y todo saldría bien. Tenía que confiar, como Tsuyoshi le había dicho.
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Había esperado mucho tiempo parado en aquel sitio. Tal parecía que Tsunayoshi era un chico bastante popular en la cafetería por su amabilidad y encanto. Encanto que ni él, Hibari Kyoya, podía ignorar ni negar.
El tiempo de espera había sido de aproximadamente dos horas, hasta que Tsuna lo vio recargado en el poste de luz a las afueras del local. Con una sonrisa cálida y una disculpa dicha con voz sedosa y melodiosa, Tsuna se alejó de sus clientas y salió para encontrarse con él.
–Kyoya. –saludo con alegría. –¿Qué haces por aquí? Creí que estarías en Venecia con Dino-nii. –dijo con sorpresa, recargándose a su lado en la barandilla peatonal. El pelinegro esbozo una sonrisa casi imperceptible.
–Me tomé la libertad de venir porque el caballo tiene cosas que hacer. –respondió tranquilo. –Estaré aquí por poco tiempo, me iré mañana. –
La expresión del castaño se tornó triste. –Qué mal, me hubiera gustado conversar más contigo. –se lamentó. Luego, advirtió Hibari, pareció recordar algo. –¿Tuvo que suspender el viaje contigo por lo de Gesso? –
Hibari lo observo de reojo en silencio. –No te voy a decir nada sobre ese idiota, Tsunayoshi. –siseo con molestia. –Esperaba que no supieras sobre esto. –
El chico tragó saliva y desvió la mirada. –No preguntaba por esa razón. –dijo, nervioso. –Es solo que me llamó la atención el dato. Solo eso. –
Hibari entrecerró los ojos de forma peligrosa. –Sí no tuviera que ir a recoger algunas cosas del caballo, ten por seguro que te mordería hasta la muerte por mentirme. –con su elegante porte se enderezo y sacudió el traje negro que llevaba puesto. Miro nuevamente al muchacho y llevó su mano a su cabeza. –No me gusta que me mientas, Tsunayoshi. Te considero el único herbívoro digno de ser mi amigo como para que lo hagas, ¿bien? –
–L-lo lamento, Kyoya, esa no era mi intención. –se disculpó arrepentido. –Tan solo…es lo de siempre. –le sonrío.
–Morderé hasta la muerte a ese estúpido herbívoro cuando lo vea. –aseguró tras chasquear la lengua. –Te dije, Tsunayoshi, que ese herbívoro te haría daño. No lo perdonaré. –
El castaño lo miro un momento en silencio, para luego esbozar una sonrisa cálida. Tras asegurarse de que nadie los observaba, se retiró de la barandilla y abrazó a Hibari. El pelinegro se limitó a palmearle la espalda y a reprimir una sonrisa.
–…gracias Kyoya. Como siempre eres el mejor. –
No había duda de que en aquel gesto por parte de Hibari había escondida una inmensa preocupación. Desde el principio él y Alaude le habían advertido sobre convertirse en pareja de ese chico, pero tenía que admitir que en ocasiones la terquedad de su familia era hereditaria. Así que se había empeñado en defenderlo y, al final, todo había concluido de la peor manera. Tampoco podía sencillamente culparlo a él, sí desde el principio su intuición también le había advertido que se mantuviera alejado de él. Pero no pudo y salió lastimado…muy lastimado.
–Hm, ya lo sé. –con una delicadeza que solo aplicaba con él, Hibari lo separó de sí y le acarició el cabello. –Volveré en poco tiempo, puede que incluso traiga al caballo conmigo. Has estado haciendo un muy buen trabajo tú solo, por lo visto. Me alegra ver que a veces puedas comportarte como un omnívoro. –
Tsuna soltó una tenue risita.
–Es bueno ver que se divierten, niños. –la voz de Aria sobresaltó al castaño. Hibari se limitó a fulminarla con la mirada. –Oh, no me veas así, Kyoya. Tienes que admitir que mi plan funcionó a la perfección. –
–Eh, Aria-nee, es mejor no recordarle algo como eso a Kyoya. –murmuro el menor nervioso. –Aún se enfurece cada que le recordamos como termino con Dino-nii. –
–¡Oye! De lejos se notaba que estaban hechos el uno para el otro. –continuó diciendo. –Así como Enma y Fon. –
El pelinegro frunció el ceño y Tsuna sintió de pronto un tirón en su brazo que lo apartó del medio. Con cara de horror, el castaño comprobó que Aria había logrado enfurecer a su amigo, mientras ella se limitaba a soltar risitas llenas de diversión.
–¡Sí pelean aquí harán enfurecer a Luce-san! –soltó al ver como Aria y Hibari se preparaban para comenzar a atacarse. Con esa frase ambos se congelaron en sus sitios y recuperaron la compostura. Miraron al chico y fue Aria quien le sonrío alegre.
–Matas mi diversión, Tsuna. –resopló sin cambiar su expresión. –Pero admito que tienes razón. Luego quien pagara las consecuencias serás tú. –
–Hm, me voy. –anunció el pelinegro. –Nos vemos luego, Tsunayoshi. –miro a Aria por encima del hombro y se retiró sin decirle nada. El castaño asintió en silencio y se giró para observar a la mujer.
–¿Y bien? ¿Qué fue todo eso? Es raro verte buscándole pelea a Kyoya. –con expresión seria se cruzó de brazos, esperando una explicación convincente. Aria soltó una risita.
–Necesitaba hablar contigo sobre lo de Reborn, pero sí Kyoya me oye no se irá. –se encogió de hombros. –Estoy segura de que querrá quedarse para cerciorarse de que su pequeño herbívoro este a salvo. –
–No me molestaría, en realidad. –susurro el otro en voz baja. –Y bueno, ¿Qué quieres decirme acerca de Arcobaleno-san? –pregunto resignado. –¿Acaso tendré suerte y se negó a cuidar a Uni? –
Aria sonrío divertida. –No, aceptó muy rápido, de hecho. Lo que quería decirte es que hoy a las seis mamá y yo partiremos al aeropuerto, así que tú y él deben estar ahí a esa hora. –
–Ah, de acuerdo. Entonces le pediré el favor a Haru de que cierre el café por mí. –
La mayor le palmeo la cabeza con cariño. –¿Está mi mamá? Quisiera preguntarle algunas cosas antes de irme a preparar sus cuartos en la casa. –
–Sí, está en la parte trasera con Uni y con Gamma-san. –respondió él con pesadez. –Dijo que él se haría cargo en el tiempo que ella no estuviera. –
Aria asintió y siguió a Tsuna al interior de la cafetería. Con paso parsimonioso la mujer desapareció por el pasillo que conducía al almacén, y el castaño se acercó a la barra para ayudar a Sasagawa Kyoko, quien trataba de balancearse con dos grandes bandejas llenas de pastelillos y cafés.
–Deja que te ayude, Kyoko-chan. –
La muchacha lo miro con alivio y asintió. –Gracias, Tsu-kun. –musitó sonriéndole. Ambos se encaminaron a la mesa indicada por la joven y depositaron los pedidos con una sonrisa amable y educada.
–¡Hahi, necesito ayuda-desu! –Miura Haru sostenía, milagrosamente, tres bandejas con platos y tazas sucias. El primero en notar que el piso de esa sección estaba mojado fue Tsuna, quien de inmediato acudió a la ayuda de la castaña, seguido de cerca por Kyoko. –G-gracias-desu. –suspiro cuando sintió menos peso y peligro.
–Ten más cuidado, Haru-chan. –regaño Kyoko. –Traes cuchillos y tenedores aquí, podrías haberte caído y lastimado. –
–Eso sin agregar que podrías haber quebrado la vajilla y aumentar el daño. –señaló Tsunayoshi.
–L-lo siento. –
Los tres caminaron cuidadosamente a la cocina, en dónde depositaron la vajilla sucia y tomaron la recién lavada.
–En cinco minutos tengo más vajilla limpia, chicos. –anunció Skull, girando un poco la cabeza. –¡En poco tiempo lograré pagar mi deuda con Luce! –anunció con alegría.
Skull Nuvola era un pobre chico con la peor suerte del mundo, sin lugar a dudas. Desde los diecisiete que había decidido que no quería estudiar y se había dedicado a las carreras de motocicletas, en dónde, por cierto, era bastante bueno. Su relación con Luce Giglio Nero se dio gracias a que un día, mientras Skull conducía sin haber dormido durante toda la semana, impacto contra el frente de la cafetería. De forma responsable, Skull había jurado que pagaría los daños, a lo cual Luce le ofreció trabajar ahí en lo que aquello sucedía. Del incidente a la fecha ya habían pasado casi dos años, pero el motociclista parecía realmente cómodo trabajando con ella.
–Oh, me alegro mucho, Skull-san. –sonrío Kyoko.
Tsuna lo miro con tristeza. –¿Y te irás? –pregunto mirándolo. El mayor le sonrío.
–No. Lo he estado hablando con Luce y hemos quedado en que trabajare aquí por la tarde y en la noche como motociclista. –dijo, cerrando el grifo de agua y secando el último vaso. El castaño se animó.
–¡Me alegra escucharlo! –
–Un cappuccino en la mesa tres, lo han pedido especialmente de ti, Sawada. –Kurokawa Hana asomó la cabeza por la puerta, sosteniendo un papel entre sus dedos. –¿Lo podrías entregar tú? –pregunto.
–¡Ah sí, enseguida voy! –se detuvo antes de marcharse a prepararlo. –Por cierto, Haru ¿Podrías hacerme un favor? –
La castaña parpadeo y asintió. –Sí, el que quieras Tsuna-san. –
–¿Podrías cerrar hoy el café por mí? A partir de mañana Gamma-san lo hará. –
–¡No te preocupes-desu! ¡Haru se encarga! –
Tsunayoshi le dedicó una sonrisa agradecida antes de salir de la cocina. Con paso tranquilo se dirigió a la barra y preparó el cappuccino clásico que venía en la hoja que Kurokawa le había dado. Con una sonrisa le dio el último toque y lo coloco en una bandeja antes de encaminarse a la mesa tres.
Con una sonrisa en los labios el muchacho se posicionó frente al cliente. –Su pedido… –la sonrisa se borró y en cambio apretó los labios. –…Arcobaleno-san. –
Reborn alzó la mirada y esbozó una sonrisa maliciosa. –Oh, realmente has venido, Sawada Tsunayoshi. –sin esperar a que el Sawada le diera su bebida, el pelinegro extendió el brazo y la tomó el mismo. Ante la mirada sorprendida del menor, Reborn le dio un sorbo y lo observo. –No me cansó de tu cappuccino. –
–¿Por qué estás aquí? Creí que Aria-nee había dicho que nos veríamos en su casa a las seis. Y son las… –el chico observo el reloj de la pared de enfrente. –Cinco. –
–Lo sé. Pero saldrás en media hora ¿no? –le dio otro sorbo. –Así que pensé en llevarte hasta allá. Se agradecido. –
Era oficial, se negaba a convivir con él tres semanas. Sus nervios no lo soportarían. Ese hombre lograba desquiciarlo en menos de un minuto con su arrogancia.
–Ah, gracias, pero no. –Tsuna dejo caer su brazo a su costado con todo y la bandeja, mientras observaba a Reborn beber su café. –Preferiría llegar con mis propios medios. –esbozó una sonrisa forzada. –Aun así ha sido muy amable de su parte el pensar en alguien más. –
'Qué no sea usted´ Pensó con amargura.
El pelinegro lo vio alejarse con paso sereno, mientras, sin poder evitarlo, el interés que sentía por él comenzaba a crecer. Sonrío.
–¿Quiere que le cobre? –Hana se había acercado cuando vio a su compañero de escuela y trabajo regresar molesto. Quizás no había sido del todo una buena idea aceptar las peticiones de ese hombre. –Dudo que Sawada vuelva. –
Reborn se encogió de hombros y le entrego el dinero. –Quédate con el cambio. –
Kurokawa rodó los ojos y asintió, alejándose de la mesa y entregándole el dinero a Haru para que lo guardase en la caja. Reborn por su parte salió de la cafetería, no sin antes observar a Tsuna que atendía a otras clientas.
–Siéntanse cómodas, ahora mismo les preparó su chocolate. –
'Que amable´ Pensó el pelinegro con sorna, mientras se marchaba con las manos metidas en las bolsas de su pantalón negro.
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–Las reglas son muy simples. –la voz de Aria sonó autoritaria. Luce soltó una risita al ver a su hija y se sentó a un lado de Uni. –Tsuna ya las conoce, Reborn, pero las repasare para ti en lo que llega. –
Sentado en el sillón doble, con las piernas cruzadas y el sombrero fedora sobre su rodilla, Reborn contemplaba a su interlocutora con aburrimiento. –No es necesario si él ya las conoce. –restó importancia. –Además Uni sabe que debe comportarse en tu ausencia, ¿no es así? –la miro con una sonrisa.
La niña asintió contenta. –Sí, mamá, seré una buena niña. –aseguró.
Aria suspiro con pesadez, mientras escuchaba el sonido del timbre resonar en toda la estancia. Luce se levantó del sillón y Uni decidió sentarse a un lado del Arcobaleno, mientras madre e hija se giraban para vislumbrar la figura del castaño, quien, habiéndose cambiado su usual traje de la cafetería, ahora vestía unos pantalones de mezclilla y un suéter naranja con un veintisiete bordado en el pecho.
–Buenas tardes. –saludó con una sonrisa forzada. –Siento haberme retrasado, pero mi compañero de piso me tenía algunas preguntas. –se excusó, sentándose en dónde anteriormente habían estado abuela y nieta. Uni corrió hacía él con los brazos extendidos.
–¡Onii-chan, onii-chan! –llamó cuando el mayor la hubo tomado en brazos y sentado en su regazo. –¿Verdad que ya te sabes las reglas, onii-chan? –
Sawada parpadeo confundido. –¿Reglas? –miro a Aria. –¿De cómo cuidarla? Sí hablas de eso ya me las has dicho antes. –
La mujer suspiro. –Sí, esas. ¿Traes tus cosas? –
El castaño asintió. –Las he dejado en la entrada. –
–Muy bien, tu habitación será la de siempre en el segundo piso. La de Reborn está al lado. ¿Alguna duda? –pregunto Aria. Tsuna negó con la cabeza con claro disgusto y Reborn guardo silencio, poco interesado. –Cualquier duda, Reborn, Tsuna sabe lo que se debe y no hacer. Recuerda ser amable y no molestarlo. Uni… –la miro directamente. –Pórtate bien con Tsuna y no le des problemas ¿bien? –
La pequeña asintió. –Sí, mamá. –
–Los llamaré en cuanto pueda. Regresaremos pronto, ya lo verás. –le sonrío Aria al castaño, quien asintió en silencio, sin moverse.
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–Oye, Mammon, ¿Dónde está Reborn-kora? –la pregunta salió de sus labios con curiosidad, mientras tomaba asiento en las sillas de terciopelo índigo que había frente a su escritorio. –Fui a su oficina para preguntarle algo y ya no estaba-kora. –
Mammon Spade alzó la vista de sus documentos y miro a Colonello con fastidio. –¿Y a ti que te hace pensar que lo sé? Y, sí lo supiera, obviamente no te lo diría gratis. –
El rubio chasqueo la lengua y se cruzó de piernas. –No tienes que ser tan amargada-kora. –se quejó con tono infantil. –Ya te estás pareciendo a Lal-kora. –
–Sí no quieres que esa información salga de aquí más te vale pagar una cuota por mi silencio. –lo miro con malicia. –Te enviare el precio por correo. –
Colonello abrió la boca y la volvió a cerrar. Ciertamente no le convenía que su prometida se enterara de algo así, ella era bastante capaz de aventarle la boda por la cara y no casarse como venganza, así pues, se limitó a mirar a la otra con resentimiento.
–Más te vale no abusar y cumplir con tu mantener tu silencio-kora. –
Mammon sonrío bajo la curiosa capucha que solía utilizar. –Jeh, veamos cuánto pagarías porque tu preciosa Lal se casé contigo. –
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La puerta se cerró delante de ellos con un suave chasquido, que sin duda anunció a Tsunayoshi el inició de su convivencia con Reborn Arcobaleno. Con la espalda recta y los hombros tensos, el castaño se giró para mirar a la niña y al pelinegro.
–Muy bien, me parece que la hora de preparar la cena llegó. –anunció sin despegar su vista de Uni, quién asintió con una enorme sonrisa. –¿Qué estaría bien preparar? –
–Café y pastel. –respondió Reborn rápidamente. Tsuna lo fulminó con la mirada.
–Luce-san me ha dicho que no te deje consumir tanta azúcar y cafeína. Por lo tanto nada de pasteles. –dictaminó el muchacho, dirigiéndose a la cocina seguido de la menor y el Arcobaleno. –Además, Uni tiene que comer bien. –
–¿Me estás dando órdenes? –pregunto el mayor con desdén.
–Es parte del reglamento de Aria-nee. –sonrío inocente. –Así que mientras esté aquí no habrá pasteles. –
Reborn se cruzó de brazos y se recargó en el marco de la puerta. –No tengo que obedecerte y lo sabes ¿no? –
Tsuna saco algunas verduras del refrigerador y lo cerró con la ayuda de Uni. Con parsimonia las dejo sobre la tabla para picar y saco un cuchillo del cajón a su izquierda. –Como ya he dicho antes, Arcobaleno-san, son órdenes de Aria-nee y de Luce-san. Sí hay alguna queja trátala con ellas. –
El pelinegro esbozó una sonrisa. –Oh, ya veo. Y yo que creí que habría una convivencia pacífica. –musitó con un fingido tono de pena. –Qué lástima. –
Aquel tono provocó en Tsunayoshi un escalofrió de advertencia. Casi podía escuchar en su mente una alarma que indicaba peligro. Sin duda se arrepentía de no haberle dicho que no a Luce, de alguna forma él y su amigo habrían buscado la forma de pagarle a Aria el dinero que se había gastado en los tres meses de alquiler. ¡Pero no! Su fuerte instinto del deber lo había empujado a aceptar porque se sentía obligado a pagar un favor no pedido.
Presentía que el haber aceptado lo metería en muchos, muchos problemas.
'¿Pero en que me metí?' Se preguntó cuando escucho los pasos del mayor alejándose con dirección a la sala. Aquella convivencia sería…desastrosa, estaba seguro.
–Onii-chan ¿Qué harás de cenar? –pregunto Uni con inocencia, sentada en una de las sillas de la cocina. El muchacho giro un poco el rostro y le sonrío ligeramente.
–Quizás haga un caldo de verduras con arroz y carne. –
La pequeña asintió emocionada. La única persona en el universo capaz de hacer que Uni Giglio Nero comiera verduras era Sawada Tsunayoshi. Así que poco le molestaba que su cena fuera en base de verduras y comida sana.
Reborn, por su parte, decidió esperar por su comida en la sala, mientras ideaba la mejor forma de torturar a su compañero temporal de vivienda. Con una sonrisa maliciosa, el pelinegro comenzó a diseñar su plan. Tras una media hora el Arcobaleno fue interrumpido por Uni, quien lo llamaba para cenar.
Sorpresivamente para el castaño, la cena transcurrió con una normalidad que lo alertó. Por ello, luego de acompañar a la pequeña hasta su alcoba y de leerle un cuento, Tsuna volvió hasta su habitación cautelosamente, temiendo encontrarse con él. Se acostó en su cama con cansancio, sin darle importancia a que comenzaba a quedarse dormido por el agotamiento y que en ningún momento se cambió la ropa por el pijama.
Su único deseo era dormir, y que toda aquella locura de Aria no saliera tan mal como lo creía que saldría.
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Continuara~
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¡Hoooolaaaa!
Aquí estoy yo de nuevo con otro capítulo, espero les haya gustado :D
En fin, no entretengo más y paso a los agradecimientos para las lindas personitas que comentaron la historia.
jagerinxjinx: ¡Hola, me alegra que te guste la historia! Espero el capi de hoy también te haya gustado, un abrazo :)
Flor Carmesí: ¡Hola! Jaja, ya veremos, Colonello hará todo lo que este a su alcance :)
C.C.C.2610: ¡Hola! Jeje, me alegra que te interese la historia, espero publicar el siguiente capi la próxima semana, el viernes. ¡Espero el capi te haya gustado, gracias por comentar!
Y para todos los demás lectores que no comentan, pero leen, ¡Les agradezco que lean el fic, me hacen muy feliz! :D
Sin entretenerlos más, les deseo un buen fin de semana y espero estén todos muy bien.
Nos leemos en la próxima.
Ciao, ciao :)
