Al fin había llegado al orfanato, tal vez el orfanato no era un lugar para una chica de diecinueve años, varias veces me he querido largar de ahí por los malos tratos que recibía de parte de la directora, pero no lo hacía por los niños, por Erika, la niña a la que tome mucho cariño, era la niña a la que llevaba a la escuela todos los días a la misma hora. M e recordaba a mí, sin familia a muy temprana edad, no la dejaría sola, no dejaría que sufriera la soledad como yo lo hice.

-¡Ahí estas! ¡Llegas tarde holgazana! ¿¡Acaso crees que las labores que te tocan se harán solas?- Escuché gritar a la directora, esa anciana se la pasaba regañándome si llegaba un minuto tarde.

-había mucho trabajo, me dejaron salir muy tarde…

-¡Eso no es escusa buena para nada!

-¡deje de hablarme así!

-No me digas que hacer, no eres nada, ¿así es como me pagas por recogerte de la calle?

-No vivía en la calle…

-de todos modos eras una carga para tus tíos, no te querían niña, sin mí no serias más que una callejera, tal vez estuvieras muerta…

-¡Pues estaría mejor así! ¡No la necesito ni a usted ni a nadie más!

Salí corriendo del lugar, me dirigía a mi cuarto a llorar, como siempre lo hacía, era una forma de desahogarme de todo el dolor que sentía y nadie comprendía.

Oí unos pasitos dirigirse hacia mí, yo yacía en la cama, llorando sin consuelo alguno…

-¿Otra vez peleaste con la anciana? Caroline…-escuche decir la tierna voz de Erika

-N-no pasa nada pequeñita, vete a dormir o la directora se va a enojar…-dije limpiándome las lagrimas que aun caían de mis ojos.

La tome de la mano y la acosté en la cama para luego arroparla con las sabanas.

-¿Ella es muy mala contigo verdad?- dijo mirándome con esos grandes y brillantes ojos azules.

-Eso no importa niñita, ahora duerme

-Bueno, buenas noches Caroline, que tengas lindos sueños.

-Gracias Erika- Le dije con tono de tristeza. Desde que mis padres murieron no he tenido lindos sueños, la mayoría eran pesadillas que me despertaban cada noche, con esa angustia y dolor de siempre, con la culpa con la que cargué todos estos años.

La niña al fin se había quedado dormida, bese su frente y acaricie sus cabellos dorados, la mire por un rato.

-Definitivamente no tendrás la misma vida miserable que yo…-dije mientras reflexionaba, no tenía sentido estar viva, la razón de ser en mi vida era Erika, pero no podía depender de la niñita de 8 años a la que tanto quería, así que ¿Por qué seguir viviendo?

-Lo siento Erika…lo siento…aprenderás a seguir sin mi…- le dije besándola en la frente una vez más, no pude contener esas ganas de llorar de nuevo.

Me separe de la niña durmiente y sal i de la habitación aun llorando, tome el cuchillo de la mesa que había en la gran sala del orfanato y lo puse en el bolsillo del abrigo negro que tenia. Me dirigí a la puerta y Salí lo más rápido posible.

-¡Caroline , a donde vas! ¡Regresa malagradecida infeliz!- oí gritar desde la puerta a la directora que había hecho de mi vida una porquería.

Al seguir caminando la voz se oía cada vez más y más lejana. Me dirigía al cementerio de nuevo, no sabía porque, quería que todo terminara ahí.

Llegue a una especie de colina, se veían todas las lapidas, tome el cuchillo que se encontraba en mi bolsillo y lo levante hacia mi cuello.

Aquí se terminaran todos mis problemas…- Dije antes de arrodillarme y mirar al oscuro cielo, era la primera vez que veía el cielo tan detalladamente, se veía hermoso, no recuerdo la última vez que había visto el cielo tan hermoso.

Mi iba a suicidar, me cortaría la vena del cuello, el collar que tenia no sería impedimento, igual el cuchillo lo perforaría.

Entonces empezaron los tristes recuerdo otra vez, mis padres, toda esa gente que me ignoraba, Erika…Erika…Veía a la chica solitaria, a la chica sin amor, me veía a mí.

-Definitivamente tus problemas se van a acabar…te ayudare…lo prometí- escuche una voz masculina diciéndome.

Todo empezó a tornarse oscuro, no veía nada, sentí unos brazos rodeándome por detrás, empecé a sentirme débil, cerré los ojos .

Mi existencia no tenía sentido, no era nada.

Me abrumo la realidad de mis palabras, sentí que lloraba de nuevo pero las lagrima son salían, no sentía nada, solo veía oscuridad, sentía un vacio, estaba en la nada y por duro que fuera, merecía eso y más.