Las advertencias y todo lo demás, sigue siendo lo mismo del primer cap~.

Palabras: 2146.


Capítulo dos: Creer de a poco.

Llevaban ya dos días los dos con la noticia de que un tercer integrante llegaría a su pequeña familia. Yao completamente contenta con la idea parecía incluso ser más feliz que nunca. Iván no podría decir lo mismo, porque aún le costaba creer que eso fuera cierto y aunque correspondía a las sonrisas y a los comentarios que la oriental hacía sobre el nuevo bebé; internamente todavía no era capaz de aceptar que el test de embarazó arrojó positivo.

¡Y tenía razones para no aceptarlo todavía! Por supuesto que sí. Sus manos se enredaron en forma nerviosa en el papel que estaba leyendo desde la mañana mientras pensaba en eso. ¿Tenía razones? Se preguntó detenidamente, intentando llegar verdaderamente al fondo de aquello. De forma inmediata se respondió que sí, que las tenía y que eran motivos de peso para poder no creer aún en la llegada de otro ser.

El motivo era simple y complejo a la vez y éste estaba en la posibilidad de Yao para tener hijos. ¿Cómo era eso posible si Yao era una nación? Se arrugó su boca en un gesto de incomprensión e impaciencia porque la china ya se había encargado desde que todo comenzó en explicarle que ellos si bien no eran humanos, tampoco eran muy diferentes a esas existencias y compartían muchas cosas además de la apariencia. Cosas entre las que estaba el poder procrear.

"Nunca he visto a un país tener un hijo…" había intentado rebatir casi esperanzado con aquella sonrisa nerviosa que no le dejaba en paz desde ese día. Mas Yao, como si hubiera sabido desde mucho antes que le haría aquel comentario, se rió con ligereza y murmuró un "eso es porque no sabes nada de esas cosas, aru" antes de explicarle con lujo y detalle que ellos podían vivir de forma idéntica a los seres que protegían. Exasperado, Iván le reclamó que ya poseía conocimiento de eso y Yao, aún con una sonrisa que podía antojarse de burlesca, siguió con su explicación, terminando en un "pero como nunca los países han intimado tanto como para procrear, no se había visto nada". Y después de eso al ruso le pareció oír algo de que ella era mayor que él y que por eso, sabía más cosas. Aunque eso prefirió hacer como que no había oído nada.

Recordó entonces Iván, que de su boca escaparon palabras de burla referente a la última explicación, aludiendo a que ellos serían los primeros y que Yao literalmente, hirvió en vergüenza que se acantonó en sus mejillas de forma alevosa. Aquella reacción en esa ocasión acabó con todo comentario entre ambos sobre el bebé, porque inmediatamente la china para evitar que Iván siguiera molestándola, se fue.

El ruso sonrió ante el recuerdo de esa conversación y de forma reticente, aceptó que las palabras de ella podrían tener fundamento; especialmente porque era mayor y había vivido muchos más milenios que él. Aún así no quitaba la extrañeza del asunto.

Pero por otra parte, acababa de tirarse completamente solo un argumento que abría las puertas a lo que él no quería creer.

Abrumado, decidió dejar el trabajo que sabía no terminaría ese día y resolvió encaminarse a casa, donde podría beber un largo trago de vodka y relajarse un poco. Necesitaba despejarse con urgencia antes de que la vocecilla de Yao que retumbaba en su cabeza, gritándole aún que sería padre, le volviera loco.

Estando ya en su hogar, se entregó al arte mundano de vagar por el resto de la tarde, disfrutando del ruido lejano de la radio y del vaso de su mejor trago que sujetaba entre los dedos. Con los ojos cerrados y las piernas estiradas, se quedó en un sofá de colores claros, no pensando en nada más que esa era la mejor manera de perder el tiempo y de eliminar el stress. Sin embargo su modorra no duró todo el tiempo que a él le hubiese gustado, pues mientras buscaba una posición más cómoda y terminaba de beberse el vodka de su vaso, el teléfono que se encontraba en la sala sonó; haciendo una mueca de desagrado se vio en la obligación de contestarlo y restregándose un ojo se levantó de su comodidad para atender.

No alcanzó a colocarse correctamente el auricular en la oreja, cuando la voz de Corea le chilló algo que no supo entender por la línea. Tosiendo con un poco de incomodidad aclaró la voz y le preguntó que quería.

El coreano con una exclamación de sorpresa que el ruso tomó como una disculpa, le preguntó si Yao estaba con él. Naturalmente y como era obvio, le respondió que no.

Oh…llamaba para felicitarle —dijo Corea con la voz repleta de gritona alegría—. Pero supongo que a ti también puedo hacerlo. Después de todo, eres el que colocó la mitad en eso.

Iván no recibía llamadas de ese país, aún así aquello no era excusa para las palabras sin ningún maldito sentido, que le decía sin parar por el teléfono.

Creo que no te entiendo —aclaró interrumpiendo alguna palabrería que no comprendía.

¿Aniki no te ha contado todavía? —cuestionó el muchacho incrédulo e Iván se preguntó porqué utilizaba ese apelativo masculino. Mentalmente y mientras Corea parecía quedarse en silencio, anotó preguntárselo a Yao cuando llegase. Repentinamente, el muchacho tosió y se rió—. ¡Entonces te contaré! ¡Después de todo, contar las grandes noticias se originó en Corea!

El ruso rodó los ojos y esperó. Pudo escuchar como tomaba aire.

¡Felicidades por tu próximo hijo!

La exclamación le retumbó en la oreja como si ésta fuera un túnel en la que rebotan los ecos de las personas.

No supo a ciencia cierta en qué momento cortó la llamada ni qué comentarios había hecho él o el asiático al respecto. Lo único que su cabeza atinaba a pensar era en cuántas personas sabían ya de eso.

¿¡Y por qué él era el único que todavía no podía creerlo!?

Con casi un tic a punto de dominar uno de sus ojos, se dejó caer en el sofá que ocupaba anteriormente; pensando en qué conociendo a Yao como la conocía, era más que seguro que toda su familia supiera ya de todo el asunto. Y es que ella no se lo guardaría ni aunque la vida dependiera de ello, de eso estaba completamente seguro.

Suspiró y enredó una de sus manos desprovistas de guante alguno en su cabello; para sí razonó que le parecía increíble que fuera el único ser que dudara de todo. Recordó entonces una de las últimas frases que había escuchado atentamente del coreano y su suspiro anterior se convirtió de pronto, en casi un gemido quejumbroso.

"¡De seguro que junto con Aniki, formarán una familia maravillosa!"

Quiso reír rebosante de incredulidad ante aquellas palabras. ¡Era demasiado! Además, ¿Él siendo padre? Más bien. ¿Él y Yao criando juntos a un hijo? La sola idea se le hacía casi inverosímil. No es que no le gustara, al contrario, porque de cierta manera él tenía experiencia como padre al menos de una forma simbólica, es decir, era en alguna medida padre de todos los habitantes de su país ¿No? Pero de allí a realmente criar a un hijo era un paso tremendamente enorme que no estaba preparado para dar. Todavía no, al menos.

El hecho de tener que criar y hacerse cargo de otra existencia de esa manera tan íntima y personal le daba algo de miedo, si era sincero. No podía evitar retorcerse las manos en nerviosismo, como si fuera un crío, ante ese pensamiento y aunque aún no aceptaba del todo el embarazo, parte del él se preguntaba si podría hacerse cargo. Si lo haría bien.

Aquello le daba también razones de peso para no creer en el embarazo. Aunque parte de su ser le decía ya que se fuera preparando a tener entre sus brazos una criatura de escasos centímetros, que le exigiría su amor mediante llantos y le despertaría a medianoche (al menos, según lo que había visto en sus propios ciudadanos). Si, era verdaderamente encantadora aquella visión, pensó mientras su boca se curvaba en un gesto cínico.

Pero como fuera, necesitaba una prueba más demostrativa que el maldito test. ¡Eso era! Para creerlo tenía que ver algún cambio físico en Yao que anunciara, que efectivamente, allí había un hijo.

Con esa idea fija en su cabeza, dejó su rendida posición y volvió a encaminarse al teléfono; allí y siendo presa de una extraña ansiedad, marcó el teléfono de Yao. La voz de ella no tardó en responderle al otro lado.

Estoy en una reunión importante, Iván —dijo ella sin esperar a que le saludara. Se le notaba la voz fastidiada—. Mi jefe está intentando arreglar un asunto de gran relevancia. Llámame después, aru.

—¡Pero Yao, esto es más importante aún! —replicó haciendo un ligero puchero que obviamente nadie podía ver. Con satisfacción esperó y escuchó un suspiro frustrado que le daba la palabra—. ¿Cuánto tardará en que te crezca el vientre?

Esperó varios segundos, una fina e inocente sonrisa adornando sus rasgos.

Tu…

Arrugando las cejas se preguntó porqué la voz de Yao sonaba furiosa. ¡Si lo que había hecho era una simple pregunta de importancia vital!

¿Yo, Yao? —aventuró a decir, creyendo que ella no encontraba las palabras correctas para explicarle.

Mas la oriental masculló algo en su idioma (algo que definitivamente a Iván no le sonó agradable) y la llamada se cortó.

¿Yao-Yao, estás allí?

Solamente el pitar intermitente del aparato telefónico escuchó sus palabras.

Encogiéndose de hombros, el ruso pensó que la llamada se había cortado por algún motivo desconocido y esperó a que la china le llamara. Obviamente esto no ocurrió jamás porque fue la misma mujer que cortó la llamada ante la pregunta tan fuera de lugar. Pero Iván eso no lo sabía.

Con su duda aún colgando en su cabeza, Iván se quedó cerca del teléfono, esperando alguna llamada de Yao. ¡Por qué sabía que tendría que llamarle para responderle! Puesto que de esa respuesta dependía la prueba definitiva para creer todo ese asunto del embarazo.

Aunque llegó la noche e Iván aún en la misma sala, optó por esperar a que la misma oriental llegara a casa. Por fortuna, ella apareció alrededor de las ocho, con los ojos brillantes de cansancio que lo único que indicaban, era que quería dormir hasta el final de los días.

El ruso, haciendo caso omiso a eso la recibió sonriendo, preguntándole en un ligero reproche, porqué no le llamó nunca.

—No tenía por qué hacerlo, Iván —musitó ella mientras se dirigía a la cocina, seguramente a preparar algo de té o a hacer la cena. Por turnos de convivencia que acordaron, le correspondía hacerlo ese día—. No iba a responderte eso tan estúpido.

Él, haciendo caso omiso de las últimas palabras, le rebatió que eso no era estúpido ni nada, sino que le causaba curiosidad saberlo. Yao, desde la otra habitación y en medio del ruido que provocaba sacar implementos para cocinar, le respondió con evidente sorpresa que eso no se lo esperaba y era de lo más seguro que aquella revelación influyó en ella, porque se asomó un instante a donde Iván estaba.

—Depende mucho de la mujer, aru —comenzó a decir en el momento que se colocaba un delantal blanco—. Pero generalmente se comienza a notar alrededor de los tres meses —aclaró y mientras Iván le miraba con la boca ligeramente abierta una sonrisa cariñosa surcó sus rasgos y se llevó sin notarlo, una mano a su vientre plano—. Falta mucho para eso, aru. Así que por mientras, deja de hacer el vago y ayúdame a anudarme esto.

Él le hizo caso y se le acercó. Cogió las esquinas de las tiras de tela que Yao le ofreció y comenzó a anudarlas lentamente en su espalda, en la base de su cuello. Desde allí y siendo él varios centímetros más alto, podía verla y su vista se detuvo unos instantes en su abdomen delgado y plano. Sin poder evitarlo, imaginó ese lugar abultado, contorneado en un círculo que guardaba con celo a una vida. Su mirada se suavizó y su sonrisa se ensanchó ante la imagen de Yao con los signos físicos del embarazo. Reparó en que ella seguía teniendo una mano posada allí y sintió el impulso de tocarla con la misma delicadeza que la asiática lo hacía en ese minuto.

Por ese pensamiento, se removió ligeramente, pero estaban tan cerca que Yao pudo sentirle. Girando la cabeza, le sonrió.

—Quiero ver cuando eso pase —declaró él sin pensarlo.

Yao sorpresivamente le tomó una mano y la posó donde ella tenía aún la suya.

—Falta aún, pero el tiempo pasará volando, aru.

Y esa imagen, más todo lo que acarreaba el proceso de esperar un hijo, le ilusionaba un poco y de a pedacitos, derribaba toda su muralla de incredulidad.


Ay, Iván, esto ni siquiera está comenzando y me la paso tan bien imaginándote en esta situación. 8D.

Gracias por leer, gente ;3.