Yo no soy dueña de ninguno de los personajes descritos en esta historia. Sus dueños son R.A. Salvatore y WotC.
¡ESTA HISTORIA TIENE SPOILERS DE "PROMISE OF THE WITCH KING", si no lo has leído, estás advertido¡Lee bajo tu propio riesgo!
Capítulo 2
La viento comenzó a soplar con fuerza desde el norte, empujando la capa de Artemis hacia delante. Miró con desgano a su alrededor solo para confirmar sus suposiciones sobre el resultado del ataque sorpresa: los aventureros de la puerta de Vaasa habían sido suficientemente capaces de frenar a los invasores.
-No sin algunas muertes- pensó Entreri de forma incómoda. ¿Cuántas veces le daría vuelta al asunto? Apenas había transcurrido media hora y estaba casi seguro de que cada diez pasos el pensamiento volvía a surgir en su mente. Calihye estaba muerta. -Punto final- trató de convencer a su mente para que lo dejara en paz, por lo menos hasta que llegara a la villa de Bloodstone. Ya había hecho los arreglos para que se encargaran del cuerpo de Calihye y que le hicieran llegar sus cosas a la villa y sentía que no tenía nada más que hacer en ese lugar.
Casi por curiosidad se giró y contempló de frente la muralla a lo lejos. Parecía totalmente intacta. Artemis frunció el seño y desvió su vista más al oeste, hacia la única entrada de la muralla. Las puertas estaban en perfectas condiciones. No parecía que hubieran entrado por ahí… a decir verdad la zona frente a las puertas parecía ser una de las menos afectadas. ¿Qué había pasado entonces?
Artemis no se encontraba ahí cuando el ataque había empezado. El estaba en la villa de Bloodstone, junto con Jarlaxle, atendiendo unos asuntos para el Rey Gareth… y uno que otro encargo de la Ciudadela de los Asesinos (lo cual no le caía nada en gracia). Fue entonces cuando el mensaje de alarma llegó hasta la villa desde la Puerta de Vaasa. La gente se organizó rápidamente… aunque la villa de Bloodstone no tenía en si una fuerza militar, muchos no querían quedarse sentados a esperar que lo que estaba atacando por el norte llegara hasta ellos (fuese lo que fuese).
Artemis y Jarlaxle por su parte habían salido inmediatamente partieron junto con un pequeño grupo hacia la puerta a galope tendido. La oscuridad de la noche no había sido problema para el asesino y el drow. Adelantaron fácilmente a sus acompañantes y hubieran llegado antes de no ser por el mal estado del camino. Una sensación de preocupación había abrumado al asesino y al parecer sus instintos estaban en lo correcto… para la desgracia de Calihye.
Artemis miró el cielo tratando de adivinar la hora pero la luna y las estrellas estaban cubiertas por una capa de nubes grises, advirtiendo la probable llegada de una tormenta. El viento frío y fuerte parecía confirmar esa noción. -Pasada la media noche- fue lo único que pudo pensar. Artemis sacudió la cabeza, solo le faltaba que la tormenta lo sorprendiera de camino a la villa. La idea de quedarse un poco más en la Puerta de Vaasa no le parecía amena, no por el momento.
Antes de llegar al final de los campamentos, pudo ver claramente que los soldados de la Puerta habían conseguido atrapar a algunos de los invasores. Información era lo que necesitaban en esos momentos, concluyó. Esperaba que consiguieran nombres de responsables y lugares. Si se negaban a hablar, estaría encantado de prestar sus servicios y (si tenía suficiente suerte) podría convencer a Jarlaxle de revelarles algunas ideas en cuanto a torturas drow. Después de eso, con algo tiempo y recursos, podría darles una visita personal. La idea le apeteció tanto que no pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro.
Con aquello en mente llegó por fin a una zona despejada y sacó una figurilla de obsidiana con forma de un caballo de apariencia malévola. La puso en el suelo y dio un paso atrás mientras decía la palabra de activación "Blackfire". En ese instante unas llamas oscuras y púrpuras surgieron del suelo y rápidamente se formó un caballo negro que parecía hecho de niebla. De su nariz salía un vapor fétido y sus ojos rojos parecían estar llenos de odio. Sin hacer caso a aquellos detalles, Artemis se dispuso a montar a aquella bestia que le había proporcionado Jarlaxle meses atrás. "A casa" musitó el asesino sin mucha emoción. Movió un poco las riendas y el animal comenzó su trote hacia el sur. Cada vez que sus cascos golpeaban el suelo parecían producir flamas lo cual le daba una apariencia bastante imponente.
-Casa- pensó frunciendo el entrecejo. Para él, la palabra en sí había perdido su significado desde hacía mucho, mucho tiempo. Calimport había sido su 'hogar', incluso Memnon en tiempos mucho más tempranos… antes de que las circunstancias lo obligaran a pelear por su supervivencia. Trató de distraer su mente de aquella época en especial y se concentró en el pasado más reciente.
Cuando Calihye le había dado la noticia de que estaba embarazadasu reacción fue solamente un "Oh" con algo de sorpresa. Pero solo pasaron un par de semanas antes de que el peso de lo que aquello implicaba se asentara bien en su mente. Iba a ser padre. Pero aquella palabra no iba con él… ¿Cómo podíaél serun padre? Era un asesino, de eso no tenía duda. Un destructor de vidas, no creador de ellas.
La casa había sido idea de Jarlaxle. Cuando el drow se enteró de la inminente llegada de un "nuevo Entreri" parecía que había conseguido una nueva gema mágica. Artemis podría haber jurado que estaba más emocionado que él y Calihye juntos, y por momentos aquella repentina efusividad y alegría le hacían meditar si el drow no tenía planeado algo a sus espaldas, cómo solía pasar de vez en cuando.
El rápido crecimiento de la villa Bloodstone había dado pauta a la construcción de algunas nuevas casas. Con el nuevo estatus que habían conseguido el verano pasado, le fue pan comido al drow conseguir una pequeña casa para la futura madre. A Calihye el detalle le pareció demasiado y rechazó el regalo hasta que fuera el momento del parto. Artemis le había entendido perfectamente: temía perder su libertad. Igual que él, la media elfa no apetecía una vida familiar y tranquila. El amor a la aventura y la buena paga de las orejas en la puerta eran demasiado como para abandonarlas así no más. Aunque eso es lo que había comprendido él.
A pesar de ese detalle, ella había dejado en claro que podría encargarse sola del bebé, pero algo en el fondo de Artemis le llevó a insistir en poner algo de su parte. No iba a casarse o algo ridículo por el estilo, pero sentía cierta responsabilidad hacía era su sangre. Quedaron de acuerdo en que él vería que no faltara nada…y con la asistencia de Jarlaxle seguramente sería tarea fácil.
Recordaba todo esto mientras seguía el camino a una velocidad no muy grande. Aunque el caballo mágico podía hacer más que eso, prefería no acelerar. La gente venía en las dos direcciones, unos huyendo a la villa de Bloodstone y otros pocos moviéndose hacia la Puerta de Vaasa. Tal vez tendrían amigos ahí y querían asegurarse de su estado, pensó el asesino sin prestarles mayor atención.
Al parecer la lista de amigos que él había hecho a lo largo de esos ultimos años creció de manera considerable… primero Dwahvel, luego Jarlaxle, y finalmente Calihye… más de lo que jamás se hubiera permitido tener. Todavía podía recordar sus encuentros con Drizzt Do'Urden y cómo se mofó de la amistad que este llevaba con sus compañeros. Pero su visita a la 'preciosa' Menzoberranzan y sus enfrentamientos perdidos con el Drow, habían dejado en Artemis un extraño y terrible vacío. -Aunque aquello no salvó a Drizzt- pensó el asesino.
Hasta donde a él concernía, Drizzt estaba en el más allá con su ridícula diosa del bosque y su pony cuernudo jugando a ser un héroe de la justicia y la bondad. "Puras patrañas" murmuró entre dientes…pero a pesar de eso, las palabras del drow resonaban como un débil eco recordándole de vez en cuando que su vida era una mentira, que carecía de sentido. Si se encontrara con el fantasma del drow ¿Qué le diría¿Le diría qué ahora tenía una hija, algo qué proteger? Negó con la cabeza desechando la idea de su mente. Encontrarse con Drizzt de nuevo -¡… Ni que estuviera vivo!- pensó con sarcasmo concentrándose mejor en el camino. Ya había pensado demasiado por esa noche.
Después de un largo rato de cabalgata divisó las luces de la villa. Solo faltaban algunas horas para el amanecer, pero la gente se mantenía alerta por cualquier eventualidad o noticia de la Puerta de Vaasa. Artemis reconoció un par de Guardias del rey Gareth que salían a su encuentro. Ellos fueron quienes le habían avisado en primera instancia del incidente en las puertas. Frenó lentamente hasta llegar con ellos y desmontó, disipando a la bestia mágica. Los guardias se le quedaron mirando unos segundos con curiosidad.
"¿Cómo está todo allá? Han llegado algunos heridos pero nada más" preguntó el más alto de los dos.
"Tienen ya las cosas bajo control, nada de qué preocuparse" dijo sin mucha emoción el asesino.
"El señor Jarlaxle llegó hace no mucho, con un bebé…" comentó el otro guardia pero lo cortó en seco Entreri.
"Si, tengo que retirarme, me esperan" sin más, dio media vuelta y caminó con cierta prisa hacia el este de la villa. Dejó a los guardias encogiéndose los hombros mejor preocupándose en recibir al resto que apenas venía llegando. La gente se encontraba en el umbral de sus hogares, algunos todavía en su ropa de noche envueltos en sabanas mientras hablaban con sus vecinos sobre aquel terrible evento. Las puertas suponían la seguridad del valle de Bloodstone ¿Qué pasaría si no era así?
Artemis caminó un poco más hasta que llegó al borde del río Beaumaris. Ahí se encontraban algunas casas que parecían relativamente nuevas y se dirigió a una en especial. La casa tenía dos pisos, fachada de madera y aunque no era grande, Entreri no podía quejarse. Cruzó el vago intento de jardín con el que el invierno no había tenido piedad y llegó hasta la puerta. Ésta se abrió sin que tuviera que tocar y del otro lado pudo ver a Jarlaxle invitándolo a pasar.
"¿Cómo te fue en el viaje?" preguntó con una sonrisa como si nada hubiera pasado.
"Nada en especial" no se sentía con ganas de charlar demasiado. Entró a la casa y cerró la puerta detrás de sí. Solo había una vela iluminando la habitación de entrada que consistía en un par de sillones y un comedor. Más allá se alcanzaba a distinguir unas escaleras de madera al segundo piso y lo que parecía ser un pequeño pasillo que daba a la cocina y un par de cuartos más. El resto estaba en penumbras, lo cual no era problema para ninguno de los dos.
"Yo tuve una compañía bastante amena" indicó de manera casual el drow sentándose en uno de los sillones que él mismo había conseguido. A decir verdad, la mitad de las cosas que ahí se encontraban eran gracias a Jarlaxle. Artemis no se había interesado en aquellos detalles ya que simplemente no pensaba pasar mucho tiempo en ese lugar, solo lo estrictamente necesario. Al final las cosas parecían que no iban a ser como las tenía planeadas.
"Debió ser una charla muy interesante" comentó con sarcasmo Entreri. Jarlaxle no pudo evitar una leve risa "¿Está arriba?" preguntó al drow, quien sonrió y asintió con la cabeza.
"En el cuarto principal" se levantó y se dirigió hacia las escaleras mientras Artemis tomaba la vela y le seguía. El segundo piso solo consistía en una sala de estar, la alcoba principal y un cuarto de baño. El elfo oscuro se movía tan silenciosamente como podía esperarse y abrió con lentitud la parcialmente cerrada puerta de la alcoba. Movió el brazo indicándole a Artemis que pasara. Este lo hizo sin hacerlo esperar.
La pequeña estaba dormida envuelta totalmente en suaves y calientes cobijas en medio de la cama. Por un instante la cama le parecía inmensa para la bebé. -Totalmente indefensa- se dijo Artemis como si no se lo creyera. Dejó la vela en la mesita de noche y se paró al lado del lecho inclinándose un poco hacia delante como viendo el fondo de un muy profundo pozo. La bebé no tenía ni rastros de manchas de sangre y todo sugería que se sentía cómoda y segura. Ahora que la veía de manera mas detallada, notó el cabello oscuro y tupido en su cabeza. No recordaba si le había visto los ojos pero estaba casi seguro que debían ser oscuros como los suyos. Tuvo el repentino impulso detocar a la pequeña y acercó lentamente su mano, pero Jarlaxle lo detuvo sosteniéndolo del hombro.
"No pensarás cargarla así como estás ¿verdad? Me costó trabajo limpiarla " explicó Jarlaxle por medio del lenguaje de señas de los drow. Artemis se miró y recordó que estaba cubierto por la sangre de Calihye. Sus manos, sus antebrazos, parte de las piernas se habían manchado por el charco de sangre y ni decir de su pecho, en donde había tenido a la criatura hasta que Jarlaxle la había tomado… quien por cierto, estaba totalmente inmaculado. "Ve y lávate, dejé un cambio de ropa en el baño" explicó el drow con una sonrisa admirable.
Artemis resopló levemente y asintió saliendo del cuarto. En el baño, la tina estaba ya lista con agua, una barra de jabón y un cepillo. Lentamente se desvistió y aventó la ropa manchada hacia una esquina; tenía la impresión de que no volvería a usar jamás esas prendas. Se enjuagó primero el exceso de sangre y luego se metió completo en la tina. Poco a poco el agua tomó una leve tonalidad rosa, combinándose con la espuma blanca del jabón. –La sangre de ella- susurró en su mente mientras se frotaba. Cuando estuvo seguro que estaba lo más limpio posible salió de la tina y tomó una toalla colgada de un gancho en la pared. Ahí mismo estaba un espejo mediano y una silla, dónde Jarlaxle había puesto su ropas limpias. Terminó de secarse y se envolvió la toalla a la cadera mientras fijaba la vista en su reflejo.
¿Qué haría ahora? Él no sabía nada de niños. Aunque dijeran que todos habían sido niños en un tiempo… su caso fue muy diferente. Sus diez primeros años no podía catalogarlos como los mejores de su vida. No con el hombre que había tenido como padre, ni por tío… Casi por reflejo apretó los dientes. Había sido un niño que no sabía, que no podía defenderse. Artemis se había quedado solo, su madre muerta no pudo evitar el destino que le esperaba. De pronto la realidad lo golpeó como si fuera un gigante de hielo.
Su hija solo lo tenía a él… Estaba sola. ¿Nadie más la protegería? No, no estaba sola, él no la dejaría sola. No permitiría que tuviera que pelear por sobrevivir en medio de las calles de alguna maldita ciudad. No iba a dejar que nadie le pusiera un dedo encima. No como a él…. iba a destripar al desgraciado que lo hiciera, tan lentamente que hasta él se aburriría. Lo abrumó la posibilidad de no llenar sus propias expectativas, de fallarle. No cometería los mismos errores de su padre y su tío. Él no la traicionaría, nunca la abandonaría, era su sangre. Era… él.
El aire le faltó por un leve segundo. Miró hacia el suelo y se apoyó con una mano en la pared. Se recuperó rápidamente y empezó a cambiarse con las nuevas ropas que Jarlaxle le había dado. Ya no quiso pensar más. Haría lo que pudiera, eso era todo lo que podía prometerse.
Terminó de cerrarse la camisa mientras pasaba de nuevo a la alcoba principal. Jarlaxle estaba sentado con la bebé en los brazos dándole leche en una mamila de cristal. Algo le decía a Artemis que no era la primera vez que lo hacía.
"Tenía hambre y despertó" habló en voz baja el drow. Entreri se acercó un poco dándose cuenta que la pequeña estaba con los ojos abiertos. Tenía curiosidad…
"Ojos oscuros" confirmó sus suposiciones.
"Si, y solo espero que no haya sacado tu sentido del humor ¡sería una verdadera lástima!" declaró con sarcasmo Jarlaxle. Artemis solo encogió los hombros y se sentó en la orilla de la cama observando con curiosidad al drow.
"¿Ya habías cuidado de niños antes?" la posibilidad parecía tan lejana pero aún así lo preguntó.
"Podría decir que un par… hubo algunos en Bregan D'aerthe que llegaron muy pequeños" comentó sin prestar mucha atención al asesino. "Te esperan largas noches, amigo mío" alzó la vista y le sonrió de manera irónica. Se levantó y con cuidado pasó la pequeña a los brazos de Artemis, quien no tenía la mas mínima idea de cómo sostenerla. Después de algunos intentos encontró la manera correcta cuando Jarlaxle le dio su aprobación con una sonrisa.
"No puede ser tan difícil" concluyó a secas Artemis recibiendo la mamila de Jarlaxle. Éste no pudo evitar una risita al oír al humano. En su cara parecía estar escrita la frase –No tiene idea-
¡He aquí el segundo capítulo! Espero que les haya gustado
