Disclaimer: Los personajes son propiedad de Masashi Kishimoto, yo sólo los utilizo, sin fines de lucro, para entretener a mi público.

EDIT 20/04/2017: Capitulo 2 reescrito y con un poco más de contenido.


Baño

El rato que estuvieron solos se la pasaron platicando de las cosas que habían sucedido a lo largo del día mientras Itachi revisaba que la tarea que había hecho su hermana estuviera toda correcta. No era requerido ni una orden, ni nada por el estilo, pero al pelinegro no le gustaba que Sakura tuviera problemas con las instructoras, así que se aseguraba de que todo estuviera bien. Si algo estaba mal se lo indicaba a ella con paciencia y cariño, un trato completamente opuesto al que se recibía durante clases, donde se les gritaba en la cara y eran ridiculizados frente a todos. No que le pasara eso a Itachi, pero una vez Sakura llegó corriendo al aula de él, interrumpiendo la clase, llorando, porque se había equivocado en algo durante la lectura y la instructora le había gritado, asustándola, y la había humillado frente a toda la clase llamándola torpe y tonta. Solo esa vez bastó para que Itachi asumiera la responsabilidad de revisar la tarea de Sakura todos los días, y obviamente ayudarla cuando tuviera alguna duda.

Las hermanas parecían estar tardando más de lo usual y para cuando Itachi había terminado de revisar la tarea, ellas aún no llegaban. Comenzó a preparar la canasta con los objetos de aseo personal para cuando la monja llegará por ellos para ir al baño a tomar una ducha. Después de todo eran aproximadamente las 7 de la tarde y ya comenzaba a oscurecer. Esperaba que llegaran cuanto antes porque pronto se iba a volver más frío conforme más anocheciera.

Después de unos cuantos minutos más, unos nudillos tocaron la puerta estruendosamente y escucharon el tintineo de unas llaves, como el seguro se abría por fuera y como se movía la perilla de la puerta. Era un par de monjas que había llegado por ellos.

-Muévanse, mocosos, que no tenemos todo el tiempo –gritó la mujer que tenía una verruga cerca de la nariz. No tenían ellos porque sufrir las consecuencias de que esas mujeres hubieran llegado tarde, pero no había de otra que quedarse callados y hacer caso.

Ambos salieron apresurados, siendo seguidos de los 4 ojos agresivos y amargados. Las monjas volvieron a cerrar la puerta con llave y comenzaron a caminar apresuradamente por el pasillo. Sakura apenas podía seguirles el paso con sus pequeñas piernas, así que Itachi tuvo que alzarla y cargarla para avanzar al mismo ritmo que las mujeres mayores.

Los pasillos ya estaban un tanto oscuros, los focos estaban sucios, viejos, y apartados unos de otros en los pasillos, creando sombras largas. El eco de los pasos resonaba altamente en las paredes frías y agrietadas. Pequeños haz de luz salían de debajo de las puertas. Uno que otro sonido de chapoteo ahogado que se escapaba por debajo de las puertas. El ambiente era húmedo, lúgubre y un tanto aterrador para Sakura quien se aferró con fuerza de la ropa de su hermano y escondió su rostro en el cuello de él. Este simplemente la apretó un poco más contra su cuerpo, tratando de transmitirle seguridad.

El par de monjas llegó hasta una puerta con una pequeña placa que decía el ominoso número trece. Ambos chicos sabían que a nadie le gustaba ese baño por el número que tenía, que indicaba mala suerte. Nadie quería usarlo porque habían rumores acerca de cosas extrañas que pasaban en ese baño, e incluso rumores de que a las personas que se bañaban ahí les empezaban a suceder tragedias. Pero a Itachi, quien no era para nada supersticioso, le importaba más el hecho de que ese baño no tenía foco en el techo por lo que se tenía que usar una pequeña lámpara de baterías. Sakura estuvo a punto de hablar para quejarse, pero inmediatamente Itachi la calló poniéndole un dedo sobre su boca y dándole una dura mirada. Por como las monjas les habían hablado antes, lo más sabio era callar y hacer caso.

Eso la hizo sentir pequeña, culpable y triste. Su hermano era muy bueno pero a pesar de hacer todo lo que hacía por ella, era una persona de poca habla y cortas palabras, ojos un tanto fríos, y a veces, sólo a veces, un poco intimidante. Sakura sabía que esa era la personalidad de su hermano, pero no por eso dejaba de dolerle cuando recibía un gesto de esos y no es que pasara seguido, al contrario, eran muy pocas las ocasiones que podía recordar en que Itachi no la había tratado de la manera más dulce posible, pero le dolía. Aun así debía comprenderlo, no debía ser egoísta ni pedir más de lo que su hermano ya le daba. Itachi, a pesar de ser tan maravilloso como lo era, seguía siendo un humano con límites, y eso era algo que bien había comprendido años atrás cuando había ocurrido el gran incidente.

Como fuere debía callar. Se tragó las palabras, limpió sus ojos de todo resto de lágrimas acumuladas en estos y se dejó llevar en silencio.

Después de que ambos entraron en el baño e Itachi puso a la pelirrosa en el suelo, las hermanas azotaron la puerta con fuerza y la cerraron con llave después de decirles que tenían 20 minutos para terminar y que no olvidaran limpiar el baño al acabar. Estaban encerrados y a oscuras. Sakura, asustada, se aferró a las piernas de su hermano con fuerza, tanto que a Itachi le parecía molesto y un poco doloroso, mas no reparó en ello.

-Sakura, apártate, necesito buscar la lámpara y si no me sueltas no podré –ordenó él con voz seria. La verdad es que a él tampoco le agradaba el cuarto, no porque tuviera miedo (simplemente no creía en ello y le parecía una soberana estupidez esparcir rumores de cosas no reales), sino que poca iluminación afectaba todas sus acciones.

A tientas buscó la lámpara pues sus ojos aún no se acostumbraban a la oscuridad. Golpeteo con su mano y brazos con sabrá Dios qué cosas hasta que sintió lo que buscaba. Inmediatamente lo prendió y esperaba una gran iluminación, pero lo único que recibió fue una iluminación pobre, similar a la que daban las velas pequeñas que usaban en la misa de navidad. Le hacían falta baterías nuevas al aparato, baterías que las hermanas no se tomaban la molestia de cambiar, y eso le hizo fastidiar de nuevo.

El baño era pequeño con apenas una tina. Las paredes estaban cubiertas de mosaicos y el suelo era solo piso de cemento sin mosaicos ni alfombra ni tapetes ni nada por el estilo, solo suelo con hoyitos llenos de tierra y polvo acumulados, moho y mugre en las esquinas y entre los mosaicos. El sarro llenaba la tina y las llaves de esta, donde aparte había más moho haciéndolo ver verde negruzco.

-Vamos, desvístete que se nos acaba el tiempo –volvió a ordenar mientras él se quitaba la ropa con rapidez. Sakura intentó hacerle caso sin mucho éxito y el pequeño vestido que había usado ese día se le atoró en la cabeza. Itachi suspiró con una pequeña sonrisa en su cara, su hermanita era pequeña, torpe, y tan adorable. No importaba cuan molesto o fastidiado estuviera, ella siempre era capaz de sacarle una sonrisa. Inmediatamente bajó el vestido poniéndolo en su lugar de nuevo y le desabrochó los botones mientras le indicaba que tenía que asegurarse de hacer eso cada que quisiera quitarse la ropa para que no se le atorara en la cabeza, luego se lo sacó por completo y su hermanita quedó sólo con su ropa interior. Itachi se agachó e igual se la sacó, así quedaron completamente desnudos los dos.

Por un momento, Itachi se quedó observando con mirada fija el menudo cuerpo de su hermana. Frunció el ceño, preocupado y frustrado. Ellos tenían una disposición natural a ser delgados, o al menos así lo recordaba de los años en que habían estado con sus padres, pero el cómo se veía Sakura ahora era preocupante. Sus costillas eran notorias, al igual que su clavícula y hombros, su estómago sumido, sus pequeñas piernas tan o más delgadas que los brazos de él mismo, y ni qué decir de sus brazos que parecían ramitas de árbol. Con razón pesaba tan poco cuando la cargaba, parecía pura piel y huesitos. Con la misma mirada preocupada y analizadora observó su propio cuerpo y vio exactamente lo mismo, no alcanzaba a verse la clavícula pero si veía los huesos de su cadera y como estos resaltaban. Tal vez era por la iluminación, pero durante un momento se vio a sí mismo como un simple esqueleto y nada más.

Itachi dejó el momento de observación para otra ocasión, el tiempo seguía corriendo y la cantidad que tenían de éste era limitada.

Se dirigió a la tina y abrió al máximo el grifo del agua caliente el cual estaba a la derecha. Itachi ni si quiera se molestó en abrir la otra llave pues el agua que salía era apenas tibia. No era secreto que los calentadores del orfanato no daban abasto para todos los niños y la poca agua que lograba salir tibia se acababa pronto. Puso el tapón en el fondo de la bañera para que el agua tibia se acumulara.

Le dio su mano a Sakura para que esta se apoyara en él y entrara a la bañera y comenzó a mojarla con rapidez para que esta no tuviera tanto frío. Le indicó que cerrara los ojos y se echó sobre la mano un poco de shampoo para niños, de ese que huele a chicle. Talló con suavidad el rosado cabello de su hermana y aunque nunca se lo dijera, le encantaba el color y la sensación de su sedoso cabello, aunque no era fan del olor a chicle. La espuma era abundante y el aroma del shampoo ya inundaba la habitación. Le enjuagó el cabello y comenzó a enjabonar la esponja, le indicó que se parara y ella obedeció temblando de frío. Con rapidez talló delicadamente todo su cuerpo -tan pequeño y delgado- para después enjuagar la y sacarla de la bañera. Con apremio y ternura tomó la toalla y con esta empezó a darle pequeñas palmadas para secarla. Finalmente le enredó la toalla tratando de cubrir todo su cuerpo para que no tuviera frío mientras él se bañaba.

Después se metió él a la bañera a bañarse tan rápido como podía porque el agua tibia ya se había acabado. Su largo cabello negro reposaba mojado pegándose a su espalda mientras lo tallaba apresuradamente. El agua que se había juntado en la bañera ya estaba fría y estaba temblando, trataba de impedirlo, pero su cuerpo necesitaba calor.

Sakura notó que su hermano tenía una gran mancha entre morada y verde en su muslo. Un gran moretón que de seguro le dolía, y ella se había aferrado a su pierna con fuerza anteriormente probablemente lastimándolo. Se sintió culpable. Seguramente él se había hecho ese moretón cuando robó la comida.

-Te ayudaré para que acabes pronto, Itachi –dijo ella tomando la esponja y enjabonándola, luego empezó a tallar la espalda de su hermano. Su piel era blanca y suave.

Realmente no había sido de mucha ayuda, ella movía la esponja con tanto cuidado que parecían más caricias etéreas que otra cosa, pero Itachi jamás le diría eso a su hermana, en vez de eso le agradeció y terminó de enjuagarse. Se envolvió la toalla alrededor de su cuerpo y empezó a enjuagar las paredes de la bañera de toda espuma que pudiera acelerar el proceso del sarro, y a juntar sus cosas en la canasta que había llevado. Cuando finalmente acabó, la puerta fue abierta, él apagó la lámpara y fueron escoltados de nuevo a su habitación por el mismo par de monjas que los habían llevado.

Sakura iba nuevamente en sus brazos, el calor corporal de Itachi se sentía tan bien y tan tibio, reconfortante. Siguieron el camino, ella cabeceando ya por el cansancio y la relajación que tuvo el baño sobre su cuerpo más la comodidad y calidez de estar en los brazos de su hermano.

Al llegar a su habitación, él prendió la luz, puso la canasta sobre una mesita en una esquina de la habitación y rápidamente le puso el pijama a Sakura que consistía sólo en una camisola blanca que le llegaba por debajo de las rodillas. Seguido de eso, se puso él su propia camisola. Nada fantástico, ni lindo, ni caliente, y aunque no le gustaba porque con su cabello suelto y largo parecía y ya varias veces lo habían confundido por una niña, eso era lo que el orfanato les proporcionaba. Además por más simples que fueran, igual Sakura lucía adorable en ella, especialmente porque a ella le quedaba grande.

La habitación estaba fría y lucía un tanto vacía sin muchos muebles ni decoraciones. A veces Itachi se preguntaba cómo sería su cuarto si viviera con alguna familia, cómo sería el cuarto de su hermana, o si estarían en la misma habitación. Le gustaban los animales y quería tener un perro con el cual jugar en el patio, o ir al parque tomando de la mano a Sakura, comer un helado y regresar al atardecer. Ser abrazados por una madre cariñosa, ser regañados por un padre estricto, pero que al final de cuentas los quisiera. Duchas calientes. Una familia. Lo único que él deseaba era la felicidad y el bienestar de Sakura, y sabía que una familia era la forma de proveerlo.

Sakura se estaba quedando dormida, y no la culpaba, él también se sentía cansado y con sueño, pero si no le secaba el cabello a su hermana ella podría enfermar. Sobre las camas unidas, la sentó sobre sus piernas y con la toalla comenzó a secar el rosado cabello. Sakura simplemente no había aguantado y se quedó dormida así, sentada y sintiendo el masaje en su cabeza. Itachi ya no tuvo corazón para despertarla.

Sakura rompió la promesa que había hecho sobre hacer una oración larga y especial por lo que su hermano había hecho. Olvidó pedir perdón en el nombre de su hermano por el pecado que cometió, robo consciente y disfrutado. Mas ella ya estaba inconsciente y era tan solo una niña pequeña, inocente e ignorante que deseaba su hermano fuera absuelto. Sakura pensaría después que tal vez, si se portaban bien en el futuro, la culpa se iría de encima de sus pequeños y delgados hombros aun si ella hubiese olvidado su plegaria.

Cuando Itachi terminó de secarle el cabello a Sakura lo suficiente como para que no enfermara, la acostó en la cama con sumo cuidado de no despertarla y la cobijó. Debía secar su propio cabello también, hizo el además de tallar su propio cabello tan negro para secarlo, pero estaba demasiado agotado y él ya comenzaba a cabecear al igual que su hermana minutos antes. Rendido, sin poder aguantar más, tomó una liga, se hizo un moño, apagó la luz y se acostó junto a su hermana, acercándola a su cuerpo y abrazándola protectoramente. Estar así junto a ella cada noche era de las cosas de las que jamás se cansaría, sentirla dentro de su abrazo, sentirla respirar quedamente, ver su rostro relajado y angelical.

Contemplándola y pensando en una familia, poco a poco, se fue quedando dormido.