Notas de la autora: Hola a todos! Como se habrán dado cuenta, el capítulo anterior era bastante corto. La verdad es que es como un especie de prólogo, pero se me haría un desorden con los capítulos si lo cambio, lo dejaré así por el momento.

Ojala les guste el segundo capítulo de esta historia. Saludos.

Capitulo II

-Despiértate rápido niña, no estoy de humor.- Hanna comenzaba a abrir los ojos, de manera lenta y muy pausada, lo que causaba la impaciencia de quien le estaba hablando.

Apenas si veía algo, todavía estaba segada por la fuerte y clara luz del sol, pero esto era lo que provocaba una visión más irreal y hermosa del aspecto de su acompañante.

-Por Dios, creo que estoy muerta y veo un ángel.- murmuró frotando sus ojos. Escuchando aquello, el joven le dijo de forma muy grosera:- No seas idiota. Mira que confundir un muerto con un ángel, que va. Dios debe estar probando mi paciencia al enviarme a ayudar a esta mocosa.-

Al escuchar estas palabras, Hanna espabiló completamente, y logró ver con mayor claridad a quien estaba a su lado.

Era una verdadera visión celestial. Un hombre que no aparentaba ser mayor de veinte años, alto y con un cuerpo atlético, poseía unos pómulos afilados, cabello rubio y unos brillantes ojos color del fuego, que en esos momentos brillaban de manera extraña.

-¡¿Qué tanto me miras!?¡Muévete de una vez que tenemos cosas que hacer!- exclamó con un ligero rubor sobre sus mejillas, apenado por la mirada fija de ella.

Hanna no se había dado cuenta que lo había estado mirando tan embelesada hasta que reaccionó y procesó las palabras dichas con anterioridad por él e instantáneamente saltó a la defensiva.- ¡¿Pero y tu quien te crees imbécil, acaso no te enseñaron modales!?¡¿Vienes del infierno o qué!?- respondió de un grito.

-¡No me grites que soy tu guía, niña estúpida!- dijo Athel, ya cansado de la situación, pero sin disminuir su tono de voz.

-¡Seas quien seas me debes respetar!- Hanna iba a patearlo, pero al levantar su pierna, se quedo mirándola con los ojos abiertos.

-¡Dios mió estoy desnuda!¡Y tú me estuviste viendo todo este tiempo! ¡Pervertido!- incluso Dios debió haber escuchado la bofetada que Hanna le propinó a Athel.

Athel tenía los ojos muy abiertos, y se sobaba la mejilla con la mano izquierda. Cuando finalmente volvió a la realidad, frunció el ceño de repente y le respondió cabreado.- Mira que de verdad eres idiota ¡tienes ropa puesta, fíjate!- Athel tenia razón, aunque ella tuviese las piernas descubiertas no significaba que estuviese desnuda, llevaba puesto un short blanco y una camisa de tirantes. Al percatarse de esto Hanna enrojeció de pies a cabeza.

'Perfecto, primer día de vuelta en el mundo humano y ya golpeo a mi guía' pensó avergonzadísima.

Escuchó un suspiro fuerte y lo miró de reojo. Todavía tenía su entrecejo fruncido, pero su mirada se había vuelto menos dura. Su perfil era de verdad hermoso.

-No te quedes ahí parada. Discúlpate.- dijo de forma altanera.

Ella sabia que tenía que disculparse por su error, pero la forma en que la trataba solo hacía que pensara en abofetearlo nuevamente. Levantó su cabeza y con su mirada transmitió todo el odio que creía poseer, ambos se miraron enojados. Los dos

iban a comenzar una guerra verbal, cuando el estómago de Hanna gruñó.

Athel levantó una ceja y la miró con desdén.- Recuerda que yo soy tu guía aquí, lo que quiere decir que yo te diré donde vivirás, lo que comerás y estudiarás.-

Apretando lo dientes y con la cabeza gacha, Hanna masculló un casi inaudible 'lo siento', que bastó para que el otro aflojara la expresión en su rostro.

-Con eso basta por ahora. Vamos a prisa que debo mostrarte donde vivirás. ¿Alguna duda?- preguntó sonando más amable de lo que parecía minutos antes. Su voz era suave, pero grave, como el sonido del agua tocando las rocas.

Sacudió la cabeza sacando afuera sus extraños pensamientos y como olvidando su pelea anterior ablandó su tono de voz y preguntó:- ¿Dónde estamos ahora?- Estaban en un callejón situado entre dos edificios, que por suerte dejaban pasar la luz del sol. Pero la verdad que no entendía que hacían ahí.

-Estamos detrás de lo que será tu nueva escuela.- dijo con una sonrisa. 'Vaya, si sonríe de verdad parece un ángel' 'Diablos, deja de pensar en eso'

-¿Mi nueva escuela? ¿Cómo se llama?- preguntó con curiosidad.

-Desde mañana asistirás a Millenium High School. Agradece que vivirás en un apartamento cerca. Yo se lo recomendé a Dios.- dijo mostrándose orgulloso de sí mismo. Aunque Hanna no tenía ni la más mínima idea de que clase de lugar era ese, pero si Dios la había trasferido ahí, no debía de ser un lugar donde practicaran el bullying.

-Vamos a tu apartamento. No olvides tu dirección, vivirás al lado del Terrace Capital de New York. Es un lugar muy amplio. Está en la 65 de la calle Brodway.- Para ella esto era chino básico, pues no entendía nada. Ella había nacido en Texas y ahora iba a comenzar a vivir en New York, asistiría a una escuela neoyorquina y viviría en uno de esos extraños edificios al lado de una compañía extraña. Esto de verdad era un gran cambio.

-¿Tu vivirás conmigo?- dijo en voz baja sonando un poco tímida, pero Athel la escucho claramente.

-No, no viviré contigo. Yo trabajaré como maestro en tu instituto, por lo que no sería bien visto que viviésemos juntos Han.- '¿él me llamo Han?' pensó extrañada. Luego, al caminar por la calle Broad, ella pudo ver lo enorme que era su nuevo colegio.

-¡Wow, esto es de verdad increíble!- comentó entusiasmada mientras miraba la fachada de la institución.- No sabia que esta fuera una escuela de arte. Me sorprende, en mi vida pasada no tenía ningún talento artístico, ni siquiera era buena en deportes.- no se recordaba a sí misma realizando alguna actividad que no fuera estudiar o realizar sus deberes.

- Sigamos caminando así llegamos rápido a tu apartamento. Tengo cosas que hacer luego de enseñártelo.- dijo Athel.

-¿Qué se supone que un guía, o más bien un muerto, deba hacer en la tierra?- preguntó Hanna observándolo de manera suspicaz.

-Ocúpate de tus propios asuntos, niña alone.- contestó cortando rápidamente el tema.

...

Al llegar a su apartamento Hanna no pudo hacer más que correr de acá para allá. Dios no se andaba con pequeñeces, puesto que el lugar era increíblemente espacioso, lleno de ventanales que iluminaban las blancas paredes de un suave color rojizo debido a la puesta de sol.

-¡Esto es lo mejor que me paso en la vida!- exclamó agitada mientras saltaba sobre los cojines de su nueva cama.

-Recuerda que tu vida recién comienza y no debes olvidar para que has venido de nuevo aquí.- habló Athel con una mirada un poco severa en su rostro, apoyado en el marco de la puerta.

- Si, si, claro, cállate y ve a cumplir con tus asuntos guía-muerto-misterioso.- contestó no dándole importancia a sus palabras.

-Tsk... recuerda no divertirte demasiado, a ver si mueres de nuevo sin haber hablado con alguien vivo.- luego de este último comentario, Hanna que había estado de espaldas en todo momento, dejó de sentir su presencia.

En frente a su cama, había un espejo, al ver su reflejo quedo sorprendida. ¡Era muy bonita!

Tenía el cabello negro lacio y este le llegaba a la cintura. Su tez era rosada y de ella resaltaban dos ojos color jade que brillaban con vitalidad rebosante.

Miraba su reflejo y no podía creerlo. Piernas delgadas, cintura pequeña y su busto...-¡¿Y mi busto?!- preguntó mirando al techo. No era precisamente un pecho grande, era bastante pequeño, pero eso era lo de menos.

-Creo que ni en diez vidas lograré que Dios me regale un busto decente.- dijo haciendo un mohín.- Estoy muriendo de hambre, espero que haya algo para comer, hace dos mese que no como.- Rió suavemente y comenzó a caminar en círculos de manera nerviosa.

Tenía una sensación extraña que no se iba, debían ser los nervios y el miedo a lo que vendría.

Se acercó al minibar de la cocina y encontró un gran pedazo de tarta. Olía increíble. Su hambre era tan grande que se la comió fría y en tres bocados.

Luego de esto, el sueño se apoderó de ella y quedó completamente dormida sobre los sillones del living.

...

-Levántate, ya es hora. Si no abres los ojos llegarás tarde.- La voz de Athel sonaba muy distante. Hanna sintió que algo la sacudía por los hombros e inmediatamente abrió los ojos asustada

-Oye, no me veas así, vístete rápido que llegaremos tarde.- dijo mostrándole una falda gris con una camisa blanca.

Hanna tomó estas prendas entre sus manos y lo miró aún con los ojos entrecerrados, no podía ni levantarse del cansancio que sentía.

-¿Qué tanto lo miras? No creo que muerda. Póntelo y ve a la cocina así desayunas.- le dijo mirando aun su expresión de dormida.

-¿Tu me acompañaras en mi primer día?- preguntó bostezando

-Vaya niña despistada resultaste ser. Te he dicho que yo seré maestro en tu escuela, ¿acaso nunca me vas a escuchar?- la observó durante un rato, hasta que se levantó del lado de la cama y se fue de su habitación.

-Este sujeto es extraño-murmuró mientras se colocaba la ajustada falda de su uniforme, sobre su camisa. Se colocó la corbata y los zapatos, luego de esto, al llegar a la cocina encontró una nota que decía:

'Tuve que salir primero, recuerda que no es bueno

que nos vean juntos. Desayuna tranquilamente.

Debes estar allí a las 7:45. no llegues tarde. Tu salón

Es el 1-b.'

Su caligrafía era perfecta, no podía negarlo.

Tomó un poco del café que él le había preparado y al ver que el reloj marcaba las 7:37 dejó sobre la mesa la mitad de un croissant. Recogió su saco negro y cerro la puerta del apartamento con llave.

Camino en línea recta por la calle Broadway, dobló a su derecha pasando el 'Café Bravo' y camino dos cuadras hasta la calle Broad, pasando Beaver St. se encontraba su escuela.

Las piernas le temblaban por los nervios, ya se encontraba frente al edificio sin animarse a entrar o siquiera moverse. De repente sintió un fuerte golpe en la espalda que la arrojó al suelo. Escuchó una voz femenina que se lamentaba despacio, al parecer una joven la había llevado puesta mientras hablaba por teléfono. Está se encontraba sentada recogiendo su celular.

-Disculpa, no te vi, venía enviando un mensaje.- Hanna la miró sorprendida, ¡era una joven bellísima! Tenía el cabello castaño claro, atado en un moño desarreglado, vestía su uniforme de manera mas casual y tenía sus labios apretados haciendo una mueca, "¡Que mona!" pensó emocionada.

-D-d-discúlpame tu a mí, no debí quedarme parada en frente de la puerta.- exclamó avergonzada

La joven sacudió su pollera, luego estiró su mano de manera amigable y con una sonrisa le dijo:-¡Mucho gusto! Soy Ellaine, voy a primero de instituto. ¿Cómo te llamas tu?-

-Y-y-y-y-y-yo me llamo Hanna. E-e-e-el gusto es mío.- era la primera vez que una chica le hablaba en forma tan amigable, no podía contener su nerviosismo y comenzó a tartamudear.

-¡Santo cielo! ¡Mira la hora!- exclamó Ellaine llevándose la mano a la boca.- ¡Apresúrate Hany o llegaremos tarde!- dijo tomando su mano y arrastrándola por los pasillos de la escuela en una carrera frenética por llegar a tiempo.

-No pueden correr en los pasillos de la institución.- dijo al rato una voz conocida a sus espaldas.

-¡Santo cielo! Profesor Crimm, ¿qué hace tan temprano aquí? Por lo general usted suele venir al mediodía para clases de dibujo.- Hanna volteó y quedó realmente sorprendida al encontrarse nada mas y nada menos que a Athel, vestido con traje y con sus cabellos rubios peinados hacia atrás sujetos en una coleta.

-Señorita Hels, ¿acaso yo tengo prohibido llegar a esta hora?- dijo mirando desde su altura a ambas estudiantes. Ellaine negó con la cabeza, a lo que éste respondió:- Hmph... me parece perfecto. Además debo presentar a la nueva estudiante.- finalizó mirando a Hanna.

- ¡¿Hany es nueva!?- preguntó sorprendida observándola con sus ojos pardos.

-Etto... si, so-o-oy la nueva je je.- dijo rascando su cabeza

-Al parecer la señorita Lupher y tu ya se conocen.- comentó mirando con burla a Han.- Debemos dar por finalizada la charla. Hels, ingresa al salón tu primero. Tengo algo que hablar con ella antes.- dijo cortando la conversación.

Ellaine Hels le guiñó el ojo a Hanna y continuó su camino hasta llegar al salón 1-b, el mismo al que asistiría ella.

-¡¿Cómo puede ser que te conozca si recién llegamos ayer!?- preguntó en un susurro.

-He estado enseñando por casi dos meses aquí. Dios me envió mucho antes para ir ablandando el terreno. No te pongas nerviosa, ahora vamos a ir a tu salón así te presentas.- la tomó de la muñeca y la dejó parada frente a la puerta del salón. El ingresó primero e hizo callar a unos cuantos chicos.

-Buenos días, jóvenes.- dijo de forma graciosa

Profesor no se haga el viejo, apenas tiene cuatro años más que nosotros!- comenzaron a gritar las chicas del salón.

Exacto! ¡Considere tener una cita con alguna de nosotras!- dijeron las chicas del fondo con pequeños grititos.

-Las políticas de la escuela no me lo permiten y además podría ir preso.- dijo sonando divertido. –En fin, hoy vine temprano porque me asignaron la tarea de presentarles una nueva compañera. Por favor pasa.- Dijo mirando en dirección a la puerta e hizo señas para que ella entrara.

Hanna ingresó en el curso y se hizo un silencio extenso, Athel tosió como incentivándola a comenzar. Tenía miedo que no le salieran las palabras. Pero tomó una gran bocanada de aire y por fin habló.

-Mi nombre es Hanna Lupher, tengo 15 años y vivo en New York desde hace dos años. Mis colores favoritos son el verde y el lila y espero que nos llevemos bien. Cuiden de mi a partir de ahora.- al decir esto terminó con una sonrisa.

A lo lejos escuchaba a algunos de sus compañeros murmurar cosas sobre su aspecto o sobre su acento.

'Es bonita' 'Mira que lindo cabello' 'Hoy quiero comer fideos' 'Su nariz es pequeña'

'Un momento... ¡¿Fideos!?¿Quién es el idiota?' pensó descolocada.

-Tu asiento será a partir de hoy... Hm... Déjame ver... ¡Eso es! ¡Al lado de Mei Feng!- dijo señalando a una muchacha con los ojos rasgados.

Hanna camino por el pasillo formado por los escritorios y en un momento tropezó con el pie de alguien. No llegó a tocar el suelo debido a que su profesor la sostuvo.

-Alguien despierte a Anthony y dígale que se siente bien.- sentenció con mirada feroz.

Anthony era el joven que se sentaba delante de Mei Feng, estaba completamente dormido y estirado sobre su asiento, lo que provocó que Hanna lo llevara puesto.- y tú fíjate por donde caminas Lupher, no voy a estar siempre para cuidar que no te golpees.

Han asintió rápidamente y se sentó junto a la joven China, esta la miraba fijamente de manera indescifrable

-Hm... Soy Hanna. Mucho gusto Mei.- dijo con una sonrisa forzosa, la asiática la estaba poniendo nerviosa. Ésta asintió levemente y giró su torso mirando hacia delante.

'¡¿La china me ignoró!?' Pensó enojada.

Oye! Meichulin no habla español.- dijo la chica de atrás. Tenía el cabello oscuro y grandes ojos marrones adornados con unas largas pestañas, su expresión era muy amable.- Me llamo Dasy Cafkan, un gusto Hani.

Al parecer a la gente de esa escuela le gustaba ponerle apodos extraños, ¿que su nombre era lo suficientemente corto como para que le agregaran letras al final?

-Gracias, ¿tu compañera está dormida?- al lado de Dasy estaba acostada sobre sus brazos una chica cubierta de una cascada de bucles color cobre.

-Colett siempre duerme, es que se queda haciendo sus trabajos hasta tarde y además va a una academia de danzas. ¿Tus padres viven aquí en New York contigo, donde está tu casa?- esta chica preguntaba muy rápido y no daba respiro a Hanna.

-Dasy, no hables tan rápido, mira su expresión, no entiende nada de lo que dices.- dijo el joven de adelante que resultó ser Anthony. Era un joven de cabello oscuro y ojos negros, alto y delgado, bastante atractivo. Tenía una sonrisa despreocupada y al costado de su mejilla se formaba un hoyuelo cuando hablaba.- Discúlpame, por mi causa tropezaste.-

-No hay cuidado, la culpa fue mía por no mirar. Pero... aquí todos tienen sueño parece.- dijo Hanna extrañada por la situación.

Cuando el profesor salio del salón, Ellaine se levanto de un golpe de su asiento y se dirigió al de Hanna corriendo con una sonrisa.

-¡Hanyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!- gritó mientras la abrazaba. Anthony al ver llegar a Hels comenzó a ruborizarse y reír de forma nerviosa.-Hola Anthy, Colly, Daili y Meimeimei.- saludó con alegría a todos los que la rodeaban. Para Hanna era increíble la capacidad que Ellaine poseía para inventar apodos extraños.

La chica que estaba dormida levantó la cabeza, usaba anteojos de marco y negro y tenía una mirada dulce, pero muy somnolienta.- Por favor Elly, no grites.- le dijo mirándola en forma de reto.

-H-h-hels, ¿recuerdas si hay tarea de español?- preguntó el único joven del grupo.

-¿En esta academia enseñan español?- preguntó Han con sorpresa.

-¡Oh, no! Lo que sucede es que Anthy, Colly , Meimeimei y yo vamos juntos a una academia de español cerca de mi casa.- respondió rápidamente y con voz chillona Ellaine.- Si recuerdo bien, no debemos hacer nada, pero si quieres puedo enviarte un mensaje si hay algo.

Por la puerta entró caminando un joven rubio de ojos azules, alto y elegante éste fue en dirección al asiento de Hanna. La miró de pies a cabeza con desprecio y habló:- ¿No sabes que ese es mi asiento, campesina?- Hanna abrió sus ojos sorprendida, pero como siempre, su genio y orgullo pudieron más.

-¡¿Y tú quien mierda te crees, idiota!?- le gritó mientras agarraba el cuello de su camisa. Hanna enojada era imparable.

-¡No me toques mujer del campo!¡Soy el hijo del director, y basta un chasquido de mis dedos para que te echen, plebeya!

Hanna se había metido en un gran lío, apenas comenzaron las clases. Si no aparecía Athel, iba a estar en problemas...

Continuará...