Resumen: John odiaba la época de cambio, plumas y más plumas por todos lados, a veces quería arrancárselas a todas al mismo tiempo para no tener que ver como se caían en cada lugar, y momentos, menos propicios.
Serie: Sherlock BBC
Pareja: John-Sherlock.
Clasificación: Amistad-Romance.
Advertencia: -
Capítulos: Oneshot-Extra.
Palabras: 3,700. (Extra)
Notas: Este fanfic participa en el reto "La maldición del de abajo" del foro "I am SHER locked"
Fecha: 20/04/2014.
Beta Reader:
Disclaimer: Todo lo referente a Sherlock Holmes pertenece a Sir Arthur Conan Doyle.
Asignación: Winglock, donde uno descubra las alas del otro por error.
¿Por qué lo haces?
Extra.
1.
John sostuvo la espalda blanca firmemente, en otro momento, ese tipo de demostración de fuerza sobre su compañero le hubiera llenado de orgullo, pero en esos solo le daba a pensar que estaba sometiendo a Sherlock a algo que este no quería.
Había tenido una larga charla con Ella acerca de todo eso, algo que su doctora vio curiosa, pero a sabiendas que Sherlock no aceptaría una sesión de terapia… no le quedaba otra que ir él en su nombre.
Ella le explico, basada en la poca información que John podía proporcionarle en el caso, como debía actuar. Y que esa compulsión por parte de su compañero no desaparecería de la noche en la mañana. Asegurándole que solo debía de ser paciente y muy comprensible con él.
Bueno, en esos momentos no parecía estar siendo, ni paciente, ni comprensible… pero Sherlock tampoco podía reaccionar como lo había hecho por una simple inyección de vitaminas, algo que necesitaba si quería que sus plumas volvieran a crecer normalmente.
—Cálmate Sherlock, por favor… si te calmas, te dejare ir.
John jadeó sobre una respiración difícil, debido al esfuerzo por retener al detective bajo control. Incluso podía llegar a obviar la inyección de ese día con tal de que su compañero no estuviese nervioso.
Habían llegado a un acuerdo… los dos, y ambos debían respetarlo.
Mientras Sherlock estuviese esperando que sus alas volvieran a una relativa normalidad, algo que no quería que nadie más que John supiera, aceptaría el tratamiento sin rechistar, mientras el rubio no tocara el tema a menos que fuera necesario hacerlo.
El detective seguía ocultándola debajo de su bata, o incluso de sus playeras mientras estaba en el piso con John a su alrededor, y su compañero solo podía verlas cuando lo pedía expresamente, para seguir su evolución.
John consiguió hacer que se calmara lo suficiente, por lo que termino aplicando la inyección de todos modos. Descanso es lo que Sherlock debía tener ahora, bastante mal ya lo estaba teniendo este auto encierro mientras duraba su curación, y el no tener casos que resolver. Ambos necesitaban dormir.
Dejo las charolas cubiertas con refrigerios y algunos emparedados, muchos de los medicamentos que le estaba suministrando a Sherlock conseguían abrirle el apetito, gracias a Dios, así que solo era cuestión de tener bocadillos o fruta en la nevera para que el detective tuviera con que palear el atípico apetito que lo asaltaba.
John se preparo para descansar, dejo la ropa a un lado, en el suelo y sin mucho cuidado. Hacia suficientemente calor en su habitación como para dormir solo con sus short y una de sus muchas viejas playeras.
Sin embargo, como en las últimas noches, su sueño fue más bien ligero. Mantenía una parte de su cerebro siempre alerta, como cuando estaba en plena guerra; solo que esta vez era más importante para él.
Abrió uno de sus ojos cuando los pasos se hicieron un poco más fuertes en las escaleras, y casi por costumbre, busco el display digital de su reloj sobre la mesa de noche. Apenas las tres de la madrugada.
—Sé que estas allí, Sherlock… Entra, la puerta está abierta.
Como toda respuesta, John escucho el leve crujir de las viejas bisagras, antes de que el otro lado de la cama se hundiera ante el peso de su compañero. Sonrió al abrir las cobijas para que Sherlock pudiera meterse debajo de estas, parecía que eso era algo que estaba destinado a repetir, como si la sola idea de para que servían las cobijas de una cama se hubiera borrado intencionalmente de la mente del detective.
—No lo he hecho… estuve a punto, pero no lo hice John.
—Tranquilo, lo sé… sé que eres fuerte. Solo relájate. Deja tus brazos alrededor de mi cuello, así está bien. —John llevó los brazos de Sherlock hasta donde le había dicho que los dejara. Sabía que su compañero estaba teniendo un tiempo muy difícil, acostumbrado a sucumbir al deseo de arrancar una por unas sus plumas, apenas están iban creciendo. —Solo no arranques las mías. —Solo fue una broma, una broma que John supo que no era buena, apenas acabó de hacerla.
—Jamás pensaría en hacerlo, John… nunca. —Sherlock, sin embargo no se oyó ofendido, si un poco dolido. —Son tuyas, ¿Por qué haría algo así?
—Solo bromeaba, Sherlock lo siento… sé que no lo harías.
El detective asintió a las palabras y simplemente continúo con sus brazos estirados a los lados de la cabeza rubia, acariciando las plumas de John distraídamente.
—Lo has hecho extremadamente bien.
—No del todo…
—Nadie dijo que iba a ser sencillo, sin embargo lo has hecho espectacular estas semanas.
John murmuró contra la sien izquierda del detective, sintiendo como sus músculos lentamente se iban relajando. Sabia lo difícil que estaba siendo para su compañero, pero mientras Sherlock entendiera que podía venir con él cuando sintiera necesidad de volver a 'lastimarse', todo podía ir un poco mejor cada día.
2.
La primera vez que Sherlock apareció, ya con sus alas luciendo 'normales', la escena de crimen parecía reducida a eso, un pensamiento en conjunto de los policías de Scotlan Yard, de Donovan y de Lestrade que decía al unisonó: Sherlock un alado.
El detective hubiera preferido evitar ese momento, pero John le había dicho que debía buscar en que ocupar su mente, salir y seguir con su vida normalmente. No había necesidad de seguir ocultando sus alas, y solo alguien versado –como en su caso– en medicina, podía notar el abuso que esas extremidades habían sufrido en años anteriores.
Además, John sabia que para que todo tuviera sentido, Sherlock debía acostumbrarse a ellas de manera natural; debía dejar de ver y sentir como si no fueran suyas. Eso era algo que estaba logrando dentro del apartamento, a pesar de que a veces parecía molesto y aun no calculaba bien la envergadura de las mismas, las pocas veces que se le ocurría desplegarlas para verlas en detalle.
—Tienes cinco minutos. —Le había dicho Lestrade por lo que Sherlock había bufado y gruñido en desacuerdo, además de quejarse de que obviamente necesitaría algo más de tiempo.
—Estaremos bien… —John murmuró, haciendo que Greg simplemente los dejara solos. Aunque el rubio sabia que luego vendrían las preguntas en forma de invitación a salir a tomar algo, por parte del Inspector. —No puedes quejarte, no salió tan mal… Obviamente no me estoy refiriendo a Sally, así que ella no cuenta.
Sherlock tuvo un ligero temblor en sus labios mientras recorría el lugar con la vista, Sally Donovan no apartaba sus ojos de ellos, más bien de él. Pero cualquier cosa que ella pudiera decir acerca de ese u otro tema, la verdad es que lo tenía sin cuidado.
Caminó junto al cuerpo antes de hincarse en el suelo, para ver de cerca.
—Solo levántalas un poco, o las llenaras de barro. —Oyó la voz de John murmurar entre dientes. Apenas las acomodó, tratando de que no molestaran su desempeño en la escena, siendo que a veces las olvidaba por completo.
—Molestas.
—Son útiles, a veces.
—Siempre dices lo mismos, pero aun no me has dado ni un solo ejemplo de en qué momento lo sean.
No basto que acabara de decir aquello, para que comenzara a llover suavemente sobre ellos, el cuerpo, y toda la escena del crimen.
¡Genial! A los idiotas de Lestrade les tomaría tiempo cubrir el lugar, y él perdería mucha evidencia valiosa, y ni hablar de la pobre manipulación que tendría el resto de la evidencia por parte de Anderson.
Sin embargo, las gotas no llegaron al cuerpo y Sherlock tuvo que elevar su vista para reconocer la razón por la cual eso no estaba pasando.
—Te dije… a veces son útiles. —John le sonrió de lado, oyendo como Lestrade le gritaba a sus hombres, mientras él sostenía sus alas completamente desplegadas sobre el cuerpo, o más bien sobre el detective, específicamente.
Sherlock gruñó, pero no tardo en imitar a John, como si antes de verlo no se hubiera dado cuenta que sus alas podían adoptar una posición similar.
—Aun siguen sin ser de mucha utilidad.
John rio ante el tono desdeñoso, pero sabía que Sherlock estaba medianamente fascinado con el nuevo uso de sus alas. Al menos dejaría de verlas como las cosas que lo habían obligado a cambiar de abrigo.
Por suerte habían conseguido el mismo modelo de abrigo adaptado a 'alados', sino, John ya se veía a sí mismo recorriendo sastrerías que pudieran hacer las adaptaciones necesarias al abrigo actual del detective.
—A veces, también sirven para otras actividades… —John murmuró, más para sí mismo, pero era obvio que estando tan cerca Sherlock lo oiría. —Nada… No me hagas caso.
El detective solo le dedico una mirada de soslayo antes de volver su atención completamente al cuerpo.
Luego de tener toda la información que podía proporcionarle, Sherlock se alejo del cuerpo; por un segundo sus ojos notaron la diferencia entre sus alas y las de su compañero.
—Son más grandes que las tuyas. —Murmuró, en una sentencia suave, haciendo que John parpadeara confuso hasta que entendió de que estaba hablando.
—Bueno, que esperabas, eres mucho más grande que yo, a pesar de que no pesas más de un par de libras. —Bromeó, pero dejo sus alas estiradas, para 'medir' la diferencia entre ambos pares.
Solo las dejaron volver a su estado de descanso cuando Greg se aclaro la garganta muy cerca suyo, en un obvio intento de llamar su atención, y no interrumpir nada de lo que a simple vista parecía ser muy 'intimo'.
—Tu caso es simple y aburrido, Lestrade… Hubiera preferido quedarme en casa. —John suspiró ante lo dicho, y Sherlock solo movió la cabeza negativamente antes de ponerse a hablar de lo que había encontrado en el cuerpo.
Lestrade bufó, al menos, Sherlock cooperaria para terminar el caso, por más quejas que elevara al aire.
3.
John seguía de cerca la mejoría de las alas de Sherlock, incluso después de meses de que estas tenían el 'alta', por decirlo de alguna manera. Sin embargo, el rubio se encargaba personalmente de la alimentación del detective, así como de presionarlo a tomar otros tipos de suplementos y vitaminas, todo para que sus alas no se resintieran aun más.
—No.
—¿No? Creí que teníamos un acuerdo, Sherlock. Y en este está claro que tomarías todo lo que te diera, sin quejas ni negaciones.
Sherlock apenas elevo su mirada por arriba de su teléfono antes de evitar al doctor.
—No. —Volvió a repetir en el mismo tono frio.
—Sherlock…
—No, John. Y NO, es NO.
Sherlock se puso de pie en el acto, leyendo el lenguaje corporal del ex militar, quien no tardaría de arremeter en su contra para hacerle tragar lo que fuera que llevara en ese vaso, a la fuerza si era necesario. Solo que en instante que se puso de pie, de entre su bata y pijama cayeron varias de sus plumas… las más grandes que tenían sus alas.
John se congelo en el acto, y Sherlock lo hizo otro tanto.
—No es lo que parece, se cayeron solas John… de verdad, lo juro.
El rubio no hiso más que ver el suelo, era imposible no distinguir las plumas oscuras, incluso sobre la alfombra maltratada.
Solo se agacho para dejar el vaso que había traído consigo sobre la mesa del centro, no estaba dispuesto a ir hacia atrás en todo lo que ambos habían logrado, y no podía dejar de pensar que Sherlock había tenido tiempos muy difíciles… así que gritar o desesperarse por eso era algo que no estaba dispuesto a hacer.
Con un suspiro hondo recogió dos de las cinco plumas que estaban a los pies de su compañero.
—Siéntate, Sherlock. —A pesar de que era una orden, John trato de ser suave al modular su voz. —Vas a sentarte y vas a tomar los suplementos.
El detective solo asintió, no muy deseoso de que entre ellos se desatara una pelea. Tomo el vaso que John extendía hacia él, esta vez, sin ningún tipo de resistencia. Ni siquiera se animo a poner mala cara cuando se dio cuenta de que John le había mentido y no eran suplementos los que le había dado a beber.
—Si tú insistes en comportarte como niño, como niño te voy a tratar, Sherlock. —John suspiró resignado, sentándose a un lado del detective. —Sin embargo no voy a gritar, ni hacer escándalo por esto…
—Se cayeron solas, John…
—Sherlock, no es época de muda, y las plumas no se caen por que sí simplemente. No, no te estoy acusando… Hay miles de factores que pueden estar en juego, porque yo creo… y quiero que me oigas bien, Sherlock. Creo que si en algún momento tú hubieras tenido el súbito arranque de hacer algo por el estilo, habrías venido conmigo, ¿no es así?.
El detective lo observo por un instante antes de desviar sus ojos hacia otro lado, en el cual no estuvieran los ojos azules, recordándole la devoción y la fe que ese hombre tenía en él.
—Sí. —Fue lo único que contesto su compañero, dejando caer su rostro entre sus rodillas, aun escondido de la mirada férrea.
—Bien, solo quería saber eso… Sabes que puedes contar conmigo, mas en este tema.
Apenas los rizos negros le informaron a John que su compañero estaba dando su afirmación a esa firme e incuestionable lealtad de siempre. Una sonrisa surco sus labios, deseoso de entrelazar sus dedos en el sedoso cabello.
—Lo has hecho maravillosamente bien, Sherlock. Jamás dude de ti.
Se contento con un leve apretón sobre el hombro del detective, antes de ponerse a levantar las demás plumas, solo que Sherlock lo detuvo antes de que siquiera pudiera moverse del sillón.
—¿Sherlock?
—Lo siento, John.
—¿Qué es exactamente lo que sientes?
Sherlock negó suavemente, antes de que con un suspiro hondo levantara su cabeza para enfrentar a su compañero y amigo.
—No se cayeron solas… me las quite. —Apretó los labios a la espera de la desilusión en los ojos azules, pero esta jamás llego a reflejarse en ellos. —Solo eran para un experimento, yo quería…
—Está bien, basta Sherlock.
John se vio en la necesidad de cerrar sus ojos y obligase a estar sereno, aun con la idea de que gritar o llevar a Sherlock a una regresión, sería lo último que ayudaría a la situación de su compañero.
—Todo está bien.
—Pero te mentí…
—Pero aun así, ahora me estás diciendo la verdad. Eso vale, Sherlock. —John suspiró pesadamente, antes que una sonrisa temblara en sus labios. —Solo faltaban unos meses para la muda, si querías experimentar con tus plumas como lo hiciste con las mías, solo debías esperar un poco…
El regaño fue más liviano de lo que Sherlock se espero, algo que lo asombro y lo alivio en parte iguales. En esos momentos su compañero parecía estar hablándole como si él realmente fuera un niño, y al parecer no tenía motivos para ofenderse por tal trato.
—Lo siento.
—Está bien, solo no vuelvas a darme esos sustos. —John se puso de pie con evidente cansancio, pero antes de alejarse del todo del sillón, dejo bajo los rizos negros un húmedo beso. —Ah, y de mas esta decir que desde ahora te vigilare más de cerca, Sherlock Holmes.
El detective lo vio alejarse, tranquilo y sin darle una segunda mirada. Toco distraídamente el lugar donde John había dejado el beso, no era la primera vez que lo hacía, pero en veces anteriores no había sentido la misma sensación.
Sonrió volviendo su atención a las plumas dejadas sobre el sillón, a un lado de su cuerpo; al menos, las palabras de John significaban que pasaría noches nuevamente en su cuarto. No le importaba ser obligado a dormir si John estaba con él.
4.
John corría como loco, casi sin escuchar como Sherlock lo llamaba, fuerte y claro. El doctor no iba a detenerse, no sabiendo que el detective no dejaría de seguirlo hasta que por fin él se detuviera.
No intentaba escapar de su compañero, no era tan estúpido como para no saber que Sherlock conocía cada rincón, cada esquina y callejón de Londres, era imposible para él hacer una cosa así. Así como también le estaba costando mantener esa pequeña pero muy necesaria ventaja, después de todo no podía hacer mucho con una pierna mala –cojera psicosomática o no–, contra las largas y agiles extremidades del detective.
—¡John! ¿Qué demonios te sucede?… ¡Maldición, John Hamish Watson!
John lo oyó jurar, y no pudo evitar reír ante ello. No había muchas cosas que lograran que Sherlock maldijera.
Tomo la vuelta equivocada, y por poco Sherlock lo alcanza; fue su risa la que hiso voltear al detective hacia donde estaba, luego de encontrar la escalera de emergencia hacia el techo del edificio.
—No veo la razón por la cual estas riendo, John… ¡Definitivamente, volverás a ir a terapia!
—¡Dijiste que me terapeuta no servía! —John jadeó, pero continuó su ascenso hasta llegar al techo, tan solo esperando la llegada de su compañero.
Sherlock bufó y gruñó algo que no llego a oídos del doctor, y de todos modos, nada de lo que el detective dijera le haría borrar esa amplia sonrisa de sus labios.
—Bien. ¿Cuál era el punto de toda esta carrera? ¿Mostrarme lo estúpido e idiota que me veo haciendo lo mismo? Porque si es así… has tenido excito.
John rio, apenas separado unos metros de su compañero. Se limito a negar, pensando que Sherlock se acercaría a él, pero el detective solo parecía estudiarlo de lejos.
—Solo quise correr… ¿No es una noche muy bonita para hacer ejercicio?
Las cejas de Sherlock se elevaron, creyendo que el simple hecho de haber vivido con él esos últimos años, había sido suficiente para volver loco a cualquiera, incluso a alguien tan fuerte como John.
—Sí, muy hermosa… pero creo que ya debemos regresar, John. Y tú, necesitas comer y dormir. —De golpe Sherlock se calló a sí mismo, eso había sonado muy a su madre, y eso le valió un leve estremecimiento en todo el cuerpo.
—Ok. Lo haremos así… pero antes creo que quieres saber por qué te hice correr detrás de mí. ¿No es así, Sherlock?
John no espero una contestación verbal. Con una amplia sonrisa aun en sus labios, el rubio subió a la cornisa del edificio sin mucho esfuerzo, sabía que tenía la completa atención de su compañero sobre él, tal vez estuviera deduciéndolo, como siempre.
—No tengo idea de lo que estás haciendo, John… pero será mejor que bajes de allí.
—Oh, si… —Aceptó de buena gana, pero su cabeza estaba negando suavemente a las palabras de Sherlock. —Solo mira esto.
Y sin más se dejo caer. Sherlock no tardo en llegar a la cornisa, justo para ver la cabeza rubia aun allí, a pocos metros de distancia. John le sonrió, sus alas completamente desplegadas, y moviéndose lentamente, mientras lo sostenían en esa rara pero efectiva demostración.
Sherlock permaneció observándolo, John simplemente permanecía suspendido, ascendiendo lentamente, hasta que la totalidad de su cuerpo había pasado la altura de la cornisa. Con tranquilidad extendió su mano, una mano que Sherlock no dudo en tomar, pero que así como la tuvo asida entre las suyas, tiro de ella hasta que John estuvo entre sus brazos, y sobre el suelo firme.
—¿Acaso estás loco?
—Bien… ya sabes lo que se siente. Espero que esto te haga aprender algo. —John cerró sus ojos, simplemente dejándose rodear por los largos brazos, mientras que los latidos del corazón del detective, sonaban fuerte contra su pecho. —Es exactamente lo que yo siento cuando te arrojas sin medir las consecuencias.
Su compañero negó, y tenía más de una buena excusa para rebatir las palabras del doctor, pero por alguna razón estas simplemente no quisieron salir. Alejo a John lo suficiente como para ver sus ojos.
El rubio le sonrió de lado; sus alas aun estaba extendida, y sus pies no estaban tocando el suelo, ya sea por el agarre de Sherlock, como el movimiento lento pero constante de sus alas.
Sherlock aflojó la fuerza de sus brazos, dejando que John se moviera entre ellos, pero aun así, sus pies no volvieran a tocar el piso.
—Dijiste que tus alas te sostuvieron hasta los 24…
—Bueno, en realidad… no lo volví a intentar luego de esa edad. La 'novedad' de volar se te acaba pasando la adolescencia en realidad.
—Casi cuando tus alas dejan de sostener tu peso… la mayoría de los casos.
John asintió, recordando que había tenido una cuota bastante esperable de miedo cuando lo intento. Claro que no se tiro de ningún edificio en ese momento, aunque también había corrido el riesgo de romperse el cuello, todo para averiguar si aun podía volar.
Apenas sus pies estuvieron una vez más a la altura de los de Sherlock, el detective dejo ir completamente su cuerpo de su agarre.
—Espero que no estés pensando…
John negó, sosteniendo su mano, cuando su compañero quiso acercarse a la cornisa.
—No, solo estaba mostrándote, que en algunos casos no son del todo una molestia… Podríamos decir que las mías no son 'inútiles'.
Sherlock lo observo de lado. John supo que en ese momento su mente estaba trabajando a su máxima velocidad, y si a toda esa revelación se le suma el hecho de que el último caso resuelto aun esta rezumando en sus venas… ¡Oh, Dio¡ John sería sometido a todo tipo de pruebas.
—Y no… No al menos ahora, Sherlock. De día y en un lugar mejor, donde no nos arresten… y podre mostrarte para lo que sirven.
Sherlock sonrió, sus alas se estiraron hasta casi cubrir a John junto con su propio cuerpo, en volviéndolos suavemente.
—Incluso en esas otras actividades, que al parecer aun no te atreves a decirme.
John carraspeó, y estuvo más que agradecido porque fuera de noche, y porque Sherlock los estuviera cubriendo, porque de otro modo se hubiera notado en un segundo que estaba ruborizado.
—Tal vez… Quizás cuando acabes de crecer. —Sentenció riendo. —Ahora sí, vamos a casa… te espero abajo.
—¡John!
Sherlock maldijo por segunda vez en esa noche, y no tardo en buscar las escaleras para seguir a su compañero.
Fin del Extra.
Notas Finales: Hasta aquí este pequeño compilado de viñetas, y no… no hay más. Hasta acá es lo que tenía en mente, y solo eso salió, ni más ni menos.
Lo siento si en la última entrega John parece muy OoC, pero es que eso de tener que ser él quien demuestra algo con hechos, a nada menos que el mismo Sherlock, lo tiene un poco –demasiado– exaltado XD. ¿Sherlock también está algo OoC?
Bien, acabado este desafío, pasemos a otras cosas…
¿Gusto o no? Para decirme un Review o un PM.
Besos.
