¡Hola! De regreso a esta historia. La "primera vez" explicita de este capitulo es "ver a alguien sin ropa" y la implícita es "saber cosas del pasado".
Este capítulo en realidad iba a ser la primera vez de otro tipo de cosas. Pero al final quedo muy largo y no me convenció. Creo que quería darle más espacio a la relación.
Ignoro si el clue de prendas existe, pero creo que sería algo divertido de jugar. Las reglas son como yo recuerde de hace años que jugué. No se si ya cambiaron en algo.
Sin más retardo, aquí esta el capítulo.
"Y las historias en la piel"
El Dr. Watson estaba sentado en su sillón tranquilamente leyendo. Aunque no estaba seguro que su tranquilidad duraría. Sherlock había salido por la mañana, probablemente por que estaba involucrado en algún caso de suma importancia, y si el detective consultor estaba involucrado en un caso, eso significaba un desfile de cosa extrañas, una más extraña que la anterior, y un remolino de energía en cuanto llegara. Por lo que no se sorprendió cuando la puerta del 221B se abrió con estruendo depositando a un alterado pero sonriente Sherlock en la sala.
―John,¿existe el clue* de prendas?― El detective estaba bastante sonriente.
―¿Qué dijiste?―Si, su amigo acababa de perder la cabeza. Odiaba el juego, (que a veces "apuñalaba" por diversión) ¿y ahora le preguntaba que si existía un clue de prendas?
―Que si existe el clue de prendas. Ese juego en donde intentas de...―Sherlock iba a explicar en que consistía el juego. Bueno, lo que sabía en que consistía, que estaba claro que era una basura pero eso no era lo importante en esta ocasión
―¡Entendí la primera vez!― John sabía perfectamente que si no quería recibir una enciclopedia del año en que el clue se creo y cosas por el estilo debía parar a su amigo. A veces podía dedicarle horas a la explicación de hechos que el creía eran aparentemente sencillos.
―Bueno, ¿y entonces por que no respondes?―Don "no se leer el ambiente" realmente parecía necesitar la respuesta. Si no, no se hubiera molestado en preguntar. O al menos eso era lo que pensaba John.
―Por que estoy intentado recordarlo. Supongo que si, que esa es una posibilidad...―Y ante un asombrado médico militar, Sherlock se acerco a la pared en donde estaba clavado el juego que el detective consideraba políticamente incorrecto.
―Perfecto, entonces vamos a jugar― Y dicho eso, "desapuñalo" el tablero y se puso a buscar las piezas y las cartas en la caja que habían quedado arrumbadas en alguna parte del departamento que compartían ambos.
―¿Tu y yo? ¿por qué? ― A John comenzaba a salirle un miedo irracional. ¿por qué ese juego? ¿por que ahora? ¿por que de prendas?. Sintió un escalofrió recorrerle la espalda. Si perdía el orgullo, ganaba sonrisas. Y si ganaba en estrategia, perdería la cordura. Un juego más que peligroso.
―Por que sinceramente la visión de mi gordo hermano desnudo no es algo que me plazca. Y no te emociones John, es para un caso...― Sherlock había temblado un poco a la mención de Mycroft. Pero se había puesto a leer con detenimiento las reglas del juego.
―¿No crees que te estas tomando esto muy en serio?― Lo que John quería decir es "¿en serio nos vamos a tener que quitar la ropa?" . Pero no necesitaba ser brillante para entender que era algo "elemental" en un juego de prendas.
―No, ya te dije que es un caso. Últimamente las mujeres se han vuelto más imaginativas a la hora de asesinar. Me esta costando trabajo ver algunos detalles. Listo.― Dicho eso, guardo el instructivo en la caja y se puso a acomodar las cosas.
La vez anterior que habían intentado jugar, John recordaba con toda claridad que Sherlock ni siquiera se había tomado la molestia de leer las mismas. Lestrade, Molly y el propio John le habían hecho un resumen rápido del modo de juego. Lo que le había hecho creer a Sherlock que acusar el cadáver de ser su propio asesino era lo más lógico.
―Bueno, jugamos y ¿como hacemos el resto?―Dijo el detective perdido entre las reglas del juego normal y el de prendas. Al parecer la única manera de terminar con aquella locura era hacerle caso a Sherlock, pero John no dejaba de estar nervioso. En uno de los últimos experimentos del detective, este lo había besado apasionadamente y sentía aun el contacto de esas manos sobre su rostro. No quería ni pensar en verlo desnudo. Aunque claro, no sería la primera vez, con la convivencia era algo que se podía dar en ocasiones, pero una cosa era la especulación de lo que había debajo (nunca se había fijado "de es manera" en su compañero de departamento) y otra ver como caía la ropa poco a poco. Por que nunca se había fijado en su amigo sentía el ambiente diferente¿verdad?.Aunque no era algo malo que estuviera cargado de lo que más le gustaba a Sherlock: reto y misterio.
―Pues... cada suposición correcta es una prenda ¿te parece?. Es decir, si yo adivino alguna de las cartas en tu mano, te quitas una prenda. Si tu lo haces con mi mano, yo me quito algo. Si alguien adivina rápidamente las 4 cartas al centro, serán dos prendas. Y si con eso no acabamos, pues otra ronda hasta terminar. ¿que tal?―John había inventado las reglas lo más rápido que había podido. Y todo con la esperanza que, como la vez anterior Sherlock apestará en el juego, se fastidiara y todos conservaran su ropa pegadas a las partes del cuerpo que deberían de ir.
―Pues... me parece bien. Suena lógico― Y sin decir más, se puso a repartir cartas, y colocar fichas y demás del tablero. Una vez, hecho eso comenzó el juego.
―Una pregunta...¿por qué soy el único desvestido aquí?―Había pasado un corto tiempo, llevaban apenas dos rondas y a John solo le quedaba la ropa interior puesta,misma que tapaba desesperadamente con una almohada del sillón, mientras que Sherlock solo se había despojado de la bufanda, el abrigo y los zapatos.
―Por que, sinceramente John, apestas jugando―Sherlock lo miraba con un aire de superioridad. Y John no entendía como había pasado de no saber ni una gota del juego a ser un experto en el.
―¿Donde aprendiste a jugar?― John estaba seguro que había fingido demencia y que ya había jugado anteriormente algo parecido. No había otra explicación.
―¡Acabo de aprender! Pero el juego no tiene chiste, solo se trata de descartar opciones obvias y lógicas. Es pan comido.―Ahora resultaba que Sherlock había probado que si, que los juegos de acertijo eran lo suyo. Bastardo con suerte.
―¿Estas haciendo trampa?―Tiro a la desesperada John. Era la única manera que alguien, que se había rehusado a jugar en anteriores ocasiones por encontrarlo "burdo" ahora resultara ser todo un experto.
―No, no estoy haciendo trampa, es legal―Dijo Holmes. Con lo que a Watson le asalto la duda. Osea, tal vez estuviera haciendo alguno de esos trucos del palacio mental sin que se diera cuenta. O mirando sus cartas. Y Sherlock no tenía miramientos en hacer cosas que rayaban en la ilegalidad con tal de conseguir su información.
―¿Ya habías jugado antes?― Se le ocurrió preguntar a John, para tantear el terreno si de verdad se trataba de suerte o era una trampa. Estar casi completamente desnudo enfrente de un muy vestido y engreído Holmes no le ayudaba en nada a su ego.
―¿Te refieres al clue o al juego de prendas?― Sherlock revisaba el tablero con una maliciosa sonrisa en el rostro. Esa que le decía a John que su suposición no había estado tan lejos de la verdad. A veces no creía lo mucho que se le habían pegado las manías del detective dentro de la convivencia con este. Ahora hasta hacía deducciones acertadas.
―A ambos. Sobre todo al de prendas. El clue lo jugaste conmigo― Cuando se detuvo un momento y oyó su comentario, Watson se dio cuenta de lo celoso que sonaba. Quería ser el primero en la vida de Sherlock en muchos aspectos: el primero en acompañarlo en sus aventuras, el primero en ser considerado como amigo, el primero en entenderlo, el primero en besarlo. Esta bien, quizás la última había sido un desliz en el hilo de pensamientos. Pero básicamente, quería , por alguna y masoquista razón, formar parte de la vida del único e irreemplazable detective consultor.
―John, ¿de donde crees que salio la calavera? A veces la gente tiende a olvidar el hecho de que fui a la universidad como cualquier otra persona.― Sherlock dejo de ver el tablero y puso los dedos bajo su barbilla. Recordó con exactitud como en una jugada maestra de poker, el friki del laboratorio de química le había ganado a todo el equipo de medicina la calavera. Era una persona, o había sido una persona, y la utilizaban para aprender. Pero Sherlock la quería para experimentar y para no compartir nada. No se le daba mucho eso de compartir.
―¿Desde cuando eres "como cualquier otra persona".Yo no olvido que Mycroft me contó que te graduaste por agradecimiento a que descubriste la infidelidad de uno de tus maestros, no por tu brillante historial de asistencias...―John no olvidaba el hecho de que Sherlock era un humano. Pero "común y corriente" no estaba ni cerca de ser dos adjetivos que se pudieran usar en el detective consultor.
―Era desgastante estar en un salón encerrado con un montón de gente que no tenía ganas de aprender algo que yo ya sabía. No es mi culpa. Al menos si iba a los exámenes, como todas las personas.―Se defendió Sherlock del ataque, moviendo la mano en un gesto desdeñoso.
―Si, pero no todas las personas roban una calavera con quien sabe que artimañas― Había razonado John para evitar que su amigo se perdieran entre sus recuerdos.
―No robada, ganada. Si, y no todas ganan a 35 personas juntas. De hecho, me faltan 3 prendas, en esa ocasión me despoje de una sola. Todavía recuerdo sus caras...―Sherlock había soltado una de esas raras sonrisa de orgullo. Si se sentía orgulloso se causar el mal o de cumplir sus objetivos no estaba claro. Y seguía mirando el tablero, analizando las posibilidades. Aunque, muy en el fondo, sabía que no se iba a equivocar.
John comenzaba a tener un miedo irracional. Si Sherlock ganaba, el estaría medio humillado y desnudo, además de demostrar que era superior. No podía permitir que Holmes ganará en todo lo que hiciera. Si era malo socializando, tenía que ser malo en los juegos de mesa, que era una de las maneras de socializar más comunes. Por fuerza tenía que serlo.
―Bien hagamos algo. Una ronda todo o nada. Si yo gano, haces lo que quiera. Si tu ganas hago lo que tu quieras. Obvio con sus limitaciones éticas y esas cosas.¿Qué te parece?―Dijo Sherlock después de meditar algo. Sus palabras tenía una doble intención, pero su amigo, estaba tan concentrado en algo irracional e irrelevante que no creía que se diera cuenta del plan.
John lo pensó. Sherlock no podía ganar, era malo, iba a deducir alguna cosa imposible por las reglas. Esa era la razón que le faltaran 3 prendas, la ronda pasada se había equivocado en la deducción final. Era una apuesta relativamente segura. Iba tomarle una fotografía y se la enviaría a todo Scontland Yard "Famoso Detective Consultor pierde poderes. Sherlock Holmes no sabe jugar Clue". Oh, si, sería todo un éxito.
―Acepto. Vas a perder Holmes, y lo voy a disfrutar― El juego se había tornado inesperadamente en un campo de batalla. Y John amaba la batalla. Le encantaba salvar vidas, pero disfrutaba la adrenalina de ganar un juego bien jugado.
―Créeme Watson, se que lo vas a disfrutar― Si John no supiera que Sherlock era denso hasta podía haber creído que se trataba de una ironía.
Y así fue comenzó. En esa ronda, John parecía que iba ganar. Había logrado con mucha satisfacción que Sherlock que se quitara la camisa. Le faltaba poco, tenía la seguridad que Sherlock diría un disparate y todo se terminaría.
―Bien mi turno― Sherlock en un movimiento había dirigido su ficha a la casilla de la acusación. John estaba expectante, sabía que la única manera en que acertaría era si descartaba las cartas que tenía John en la mano, de las cuales no había sido revelada ninguna. Sherlock fracasaría. Y el si que lo disfrutaría.
En eso pensaba, cuando, al hacer un movimiento inesperado Sherlock, y ya sin la camisa, John centro la atención en los antebrazos de su amigo. Ahí, visibles desde cualquier angulo, y en ambos brazos (aunque marcadamente en el izquierdo), estaban las muchas marcas de lo que parecería una aguja, sin duda de las múltiples veces que su amigo se había inyectado alguna droga. Cuando se fijo en ello, Watson sintió una oleada de pena y de ira. ¿por qué siendo tan inteligente se dañaba así? Y fue cuando, por un segundo, pensó que Sherlock no contaba con mucha gente que lo apoyara de verdad.
Por alguna razón, quiso fijarse más en la piel de su amigo. Tal vez por que el juego le había dejado alguna secuela de tedio (entendía un poco la mentalidad de Homes al decir que era muy aburrido) o por simple curiosidad. No solo estaban las cicatrices del brazo, su piel estaba cubierta de raspones, moretones y una infinidad de cosas. Algunos morados, otros verdes. Algunos solo eran una marca obscura en algún punto. Y fue ahí que John se dio cuenta que su amigo era humano, y que podía salir lastimado. No era que creyera que era invencible, pero a veces, entre las camisas y las capas de ropa, esa vulnerabilidad no era tan evidente. Y su curiosidad le gano, cuando vio una cicatriz debajo de una costilla y le preguntó al menor de los Holmes:
―Sherlock, ¿de qué es esa marca que tienes?―Dijo John mientras apunaba al lugar de la marca. Su amigo despego brevemente los ojos del tablero, y después de ver la dirección en donde apuntaba su amigo sonrió y contesto:
―No se... ¿por qué no intenta deducirlo doctor Watson? Usted sabe como funciona el método, deme una explicación. ― Se veía divertido mientras se paraba y se acercaba a John para que este pudiera apreciar la marca. Era como una mancha no muy extensa, de forma redonda.
―¿Te dispararon? No espera... te hirieron con un objeto puntiagudo, ¿un puñal quizás?―John hacía su mejor esfuerzo, pero Sherlock seguía impasible. Afortunadamente John estaba en ese modo doctor que relucía con profesionalismo y la visión de su amigo sin camisa y a escasos centímetros de su cuerpo no lo distraía... tanto.
―Vamos John, podrías hacerlo mejor¿Qué acaso tu no tienes marcas, cicatrices? Todo mundo las tenemos...―John no podía dejar de acordarse de las marcas en los brazos.¿Sería alguna especie de tortura? ¿sería parte de ese pasado obscuro y turbio del cual su amigo no hablaba?
―Claro, a todo mundo algo le ha dejado marca, interna o externa. En mi caso, no estoy orgulloso de algunas externas... Ven, acercate para verla mejor ...―Y de repente, Sherlock se acerco demasiado. La nariz de John chocaba con facilidad contra la piel del detective, pero el estaba asombrado. Las marcas no solo estaban en los brazos, también había cortes en un hombro, raspones, y demás. La piel de Sherlock, a pesar de ser tersa y blanquecina, era una colección de historias en morado.
―¿Ves? Lucen como las de cualquier otra persona.― Intercalo con una triste sonrisa el detective consultor. Eso casi era el lado humano de Sherlock.
―Me rindo, no tengo ni idea¿De qué son? No me vas a decir que todas son resultado de tus actividades ilícitas. Esta, por ejemplo―Dijo señalando la herida que estaba analizando ― tiene cara de tener mucho tiempo.
Cuando volteo a ver el lado que señalaba Watson,Sherlock rió un poco.
―¿Te rindes tan fácil? Pues bueno, no era ningún objeto y tienes razón, fue de hace mucho tiempo. Esa es de cuando estaba buscando abejas en un campamento― Como siempre, John tenía que practicar eso del arte de la seducción, perdón deducción.
―¿Abejas?―La imagen de un niño de cabellos rizados persiguiendo abejas era extraña en la mente de John. Como Sherlock no era muy maduro que digamos, él rara vez pensaba en Sherlock un pequeño y bajito ser indefenso como los niños normales. Suponía que un día simplemente se había levantado y ya tenía el cabello largo, rizado y media más de 1.80 mts.
―Si, me gustan mucho las abejas. Y me subí a un árbol por que Mycroft dijo que había un panal. No había nada, la rama donde me apoye se partió limpiamente a la mitad y me rompí 3 costillas. La herida es de la costilla que se me salto. Espera, esa no es nada...―Y dicho eso se subió, ante la sorpresa de Watson, el pantalón a la altura de los muslos, dejando ver una rodilla nudosa y huesuda atravesada por una irregular marca.
―Esta es de...―Comenzó a intentar explicar Sherlock ante la atónita mirada de su compañero de piso, que antes que soltará una palabra, decidió poner a prueba de nueva cuenta su método deductivo.
―Dejame adivinar,quiero volverlo a intentar. ¿Mycroft diciéndote que no hicieras algún experimento―Se quiso burlar John. Y el creyendo que todas eran producto de perseguir criminales por todo Londres. Los moretones si podrían ser de eso, pero saber que Sherlock siempre había sido Sherlock si impactaba en algo en la imagen que tenía. Eso quería decir que ya no había remedio para sus maneras.
―No, Barbaroja intentando defenderse― Contestó simplemente Sherlock. Después de crecer pegándose en los muebles y raspándose las rodillas en sus aventuras de piratas, al menor de los Holmes no le dolían mucho los golpes menores. Y las heridas de gravedad, bueno, le desesperaba que limitaran sus movimientos.
―¿Barbaroja?¿Era una persona, un criminal o qué?― Un momento, ¿Sherlock había jugando como un niño normal alguna vez? Definitivamente le pediría a la Sra. Holmes o a Mycroft una fotografía. Para recordar que Sherlock fue un niño. Si, era algo que iba a hacer.
―Mi perro, al que pise y se vengo con esta. Todas tienen algo que contar. Matraces que explote en mis clases, chicas a las que no les gustaron mis respuestas, hombres que tampoco les gustaron mis deducciones, y como siempre no observas.., si no te hubieras dado cuenta de la verdad de todas ellas ―Sherlock paso los dedos con melancolía por la de Barbaroja. Todas esas heridas, le recordaban los tiempos en donde nadie le juzgaba y podía ser feliz. Los nudos en los dedos por tocar violín, las noches en vela leyendo libros de piratas, la búsqueda eterna de panales, en fin, Recuerdos hermosos.
―¿A qué te refieres?― John ya estaba sintiendo la irritación habitual de cuando Sherlock era Sherlock.
―La piel de una persona, habla mucho de ella. ¿recuerdas que cuando te vi por primera vez te dije lo de Afganistan? Todo por la piel―Y dicho eso, acerco su mano a la marca desvanecida que el sol había dejado en John y empezó a recorrer con uno de sus largos dedos la muñeca del militar. John sintió una descarga eléctrica.
―Si, recordaré esos detalles de la piel la próxima vez―John se estaba tensando. Era solo un dedo, uno solo contra su piel y el corazón de repente había bombeado demasiado fuerte, demasiado rápido, retumbando en sus oídos, ¿y mientras? Su amigo impasible, jugando con la prueba de su deducción acertada. No era la primera vez que había algún contacto, pero era la primera vez que sentía algo por ese contacto.
Después de una enigmática sonrisa, Sherlock decidió continuar con el juego, así que se sentó en el lugar que siempre ocupaba en el sillón.
―Quiero hacer una acusación― Dijo Sherlock con su profunda voz de detective consultor profesional.―Fue el Señor Mostaza, mató a la señora Blanca,en la cocina, con el candelabro. Y era evidente que tenía un amorío con la Señorita Escarlata, problemas en la pierna izquierda resultantes de su escasa actividad física y que escogió el candelabro por que estaba visiblemente inconforme con su matrimonio y el poco brillo de su carrera como militar. En pocas palabras, fue un crimen por tedio, igual que este juego― Y dicho eso, ante la mirada perpleja de John abrió las 4 cartas del centro del tablero para descubrir que eran exactamente las que el había mencionado.
Y era así como Watson estaba acabado. Bastardo de...ahora, sabía que Holmes y su macabro sentido del humor lo obligarían a humillarse. Bien, los soldados jamás agachan la cabeza. Así que se puso de pie, dispuesto a despojarse de su escasa dignidad enfrente a aquel ridículo e inteligente detective.
―Bien, creo que se que es lo que quieres...― Y estaba a punto de retirarse la ropa interior cuando Sherlock lo detuvo.
―Espera, ¿qué estas haciendo John?― Sherlock lo miraba con cierto aire horrorizado. Tenía los ojos abiertos de par en par y no entendía que ocurría.
―Pues obvio, darte el gane...―Watson se había quedado mudo ante la reacción exagerada de su compañero. ¿Pero qué esa no era la finalidad del juego?
―No, no Dr. Watson, para avergonzarlo no me es necesario eso. Puede vestirse―Sherlock ya se había colocado de nueva cuenta la camisa. Y se la estaba abotonando. John no entendía. Hasta donde él sabía, los juegos de prendas estaban diseñados para terminar desnudos completamente y si la oportunidad se daba, tener sexo. Había estado francamente nervioso durante toda la partida por que pensó que esa era la intención de su compañero de habitación. El anterior experimento dentro de un caso había resultado en que lo había besado. Y bueno, suponía que por ahí iba la cosa. ¿O era lo que interiormente deseaba? Bah, tonterías el no era gay, Sherlock estaba casado con su trabajo y la única cosa que lo seducía era el trabajo. Bueno, tal vez por eso malinterpreto absolutamente todo, por que estaba seguro que esto tenía que ver con el trabajo ¿o no?
―¿Para qué querías jugar ―Mientras se colocaba todo de nuevo, John intento preguntarle su motivación a Sherlock. No era lógico que jugaran a ese ridículo juego, en donde el detective inesperadamente se había convertido en alguien muy bueno.
―Es que necesitaba encontrar una razón para que, voluntariamente un grupo de personas quedara en diferentes estados de desnudez. Bueno, se me ocurrió un juego de prendas, pero como no había cartas cerca de la victima, supuse que no había sido poker. Y nos llevó 30 minutos a dos personas quedar prácticamente desnudas, así que al asesino le llevó una hora más o menos el crimen. Listo, le hablaré a Lestrade. Esto fue como de 7, me hizo ir a la escena del crimen por que pensó que era un crimen en masa. Resulto ser un solo asesinato y 5 personas drogadas. Bah, no se ni por que me moleste. En fin...
El médico miliar estaba francamente receloso. No solo se había vestido, ahora ¿compartirían el té o que cosa?. Una vez que terminó de colocarse sus cosas, decidió sentarse en su sillón sin apartar sus ojos azules del tinte morado que tenían los de Sherlock. Tal vez reflejo al color de la camisa que portaba.
―¿Cómo vas a cobrar tu juego?― Preguntó Watson. El ambiente se había tensado con una emoción diferente. Era como si fueran un gran gato de bufanda azul y un ratoncito con traje militar persiguiendo quien sabe que cosa.
―¿Cobrar el juego?― Sherlock no entendía nada de nada. Ya se había acabado ese juego, ¿ a qué se refería John? Que el recordara el juego no incluía billetes falsos.
―Si, ¿qué quieres de premio?―John no sabía como decir las cosas. ¿Y si su compañero de piso pedía de premio algo que no podía darle? O que quizás si quería darle. Bueno, todo había sido por un caso, pero nunca se sabía.
―En esta ocasión nada. Al fin, después de algunos años pude ver tu cicatriz de la herida de bala. Con eso me basta― Y fue ahí cuando Holmes esbozó una de esas raras sonrisas sinceras. John quedo desconcertado.
―¿Para que querías ver la cicatriz de mi herida?―John no entendía por que del repentino interés en una antigua marca de una antigua herida que no dolía nada.
―Por qué mis ojos querían ver el daño que había causado tu cojera psicosomática―Sherlock se reía ahora de aquella historia.
―¡Si me dispararon!― Se defendió John. Lo sabía, pero sus recuerdos no eran muy claros. Solo recordaba haber estado tirado en el campo de batalla y que al despertar le dolía todo. No supo muy bien donde había quedado la herida hasta que ya estaba de regreso en Inglaterra con una dolor agudo que el solo pudo definir que venía de la pierna. Hasta encontrar la cicatriz del hombro. A cualquiera le podía pasar en su opinión.
―Si, ya vi la marca. Pero, me dio risa que escogieras la pierna de entre todas las coas que te podían haber dolido. Tu terapeuta estaría orgullosa de qué algo te hizo cambiar de manera de parecer ―Y se había instalado ahí la sonrisa en el rostro del detective consultor.―Me da gusto que la adrenalina hiciera que cambiaras de parecer sobre el dolor―Sherlock no podía haber pedido mejor compañero de piso, y que pudiera estar en sus pesquisas sin bastón era fenomenal.
―Si, la adrenalina tuvo gran parte que ver...― "Y tus extrañas manías otro tanto" quiso agregar el doctor militar. Pero se guardo el comentario. Ya le había dado demasiadas satisfacciones a su terapeuta.
―Bueno, al menos no fue una perdida de tiempo este horrible juego... ―Sherlock ya vestido seguía mirando al tablero como si comiera personas.
―Permiteme, este juego apesta― Y John, ya también completamente arreglado, paso sobre su amigo, tomo el cuchillo y re-apuñalo el tablero a la pared.
Como siempre, Sherlock tenía razón en las marcas. Y en haber marcado con un cuchillo ese tablero.
*Clue/Cluedo. En español a veces llamado ¿Quién es el culpable?.
