Aquí viene otro fic de la mano de Lica y Kaorumar. Este fic tiene ideas sacadas de muchos libros y muchas series y hemos decidido mezclarlo todo a ver que sale con el mundo de Rurouni Kenshin. Esperamos que sea de vuestro agrado y como siempre decimos… Comentad! Agradecemos mucho vuestros comentarios, constructivos o destructivos.

Muchísimas gracias por los Favs, los Alert y en especial por los Reviews. Nos ha ilusionado muchísimo que la historia tenga tan buena aceptación.

Pajaritoazul: ¡SÍ! Kenshin es uno de esos males y pronto descubrirás qué mal es en concreto y… ¡SI! Kaoru es lo contrario, pero eso ya se veía venir ¿verdad…? Pero… ¡NO! No apareció en su casa por eso jajaja Try Again… Sí, Misao es una loca, y vas a ver la que va a liar en todos los aspectos en este fic. Muchas gracias por tu siempre buen comentario. (Kaorumar) / Bueno… No tengo más nada a agregar. Kaorumar ya dijo todo y yo ya te mande una PM en la versión en PT, por eso. Gracias flor. Y espero con ganas tu nueva review. :3 by Lica

Lady-Cin: Pues… Kenshin sigue siendo Battosai, pero si tienes razón en que en el pasado dejó de serlo. ¿Por qué ha vuelto a serlo? Eso ya se verá más adelante. Por otra parte, Kaoru no fue enviada al futuro. Esta Kaoru nació en esta época y nada sabe de la Era Meiji y mucho menos del Bakufu. Muchísimas gracias por comentar, espero que este capítulo te guste y te empiece a resolver algunas dudas. (Kaorumar) / Bueno, antes de todo, gracias por comentar en la fic. :) Segundo. No… Aunque me pareció un tanto divertida tu idea, no es lo que pasa acá. Digamos que Misao si fue importante, pero no tenía idea de lo que realmente pasaria. Y sobre Kaoru, mi co-autora ya dijo todo. Nada más a agregar. Diría que esa Kaoru no podria estar más perdida, pobre. u.u by Lica

Taishou: Nooo, nada tiene que ver con la hora en que lo abrió jajaja. Tendrás que seguir jugando a la lotería, esta vez no te tocó. Muchísimas gracias por comentar. (Kaorumar) / Que más decir? Nada. Es eso… Pero animate… Luego lograras a entender… Eso está más loco que el Coringa que es más loco que el Batman. XD jajaja. By Lica

rositalavarenga: Como puedes ver no nos hemos retrasado mucho. Aquí tienes el siguiente capítulo. Espero que te guste incluso más que el anterior. Muchísimas gracias por comentar, como te dije por Facebook, nos hace mucha ilusión recibir vuestros comentarios y opiniones. (Kaorumar) / Así me gusta… Esas chicas lindas que me escriben lindas reviews. jijijijiji… A ver que dice ahora. :D. By Lica

Inej G: UI… ¡casi! Casi lo adivinas… ¡Has estado muy muy cerca! Buen ojo, pero tienes que mirar un poco más allá. Muchísimas gracias por comentar. (Kaorumar) / Pasó muuuy cerca, pero no. u.u Yo dije que seria dificil ese reto… Pero todo apenas empieza. :D Y yo diria que Misao no es tan inútil así. ;) By Lica

Pjean: Si… te has acercado también. Muchísimas gracias por comentar, espero que este próximo capitulo te aclare algunas cosas. (Kaorumar) / Ay… Esas personas lista le llenan de orgullo. *u* Buen camino. ;) Gracias por venir. :) By Lica

rogue85: Solo puedo decir… ¡Vuelve! Muchísimas gracias por comentar. (Kaorumar) / Mi señora Bracho… Siempre tan lista y observadora. Amó sus comentarios tan llenos de perspicacia. Ya te dije y vuelvo a decir… Vuelve mujer… Te extraño. u.u XD By Lica

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02. HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA

Temblores.

Todo su cuerpo temblaba como una hoja.

Estaba seguro de estar soñando. Estaba fuera… Quizá había muerto al fin. Al fin…

Podría descansar.

Podría abandonar la lucha.

Estaba seguro de estar muerto, pero… ¿Por qué aún muerto podía sentir el dolor en sus músculos? ¿Por qué su cuerpo ardía, preso de todas las heridas sufridas durante tanto tiempo?

El olor del jazmín se mezclaba con su propio olor a sangre. ¿Por qué incluso en ese estado, seguía oliendo a sangre?

Estaba en el infierno… esa era la única respuesta a todas sus preguntas. Al fin había muerto y estaba dónde se merecía estar; en un mundo dónde tendría que ver cada segundo de su existencia a la persona por la que había perdido su cordura, por la que había vuelto a matar… por la que había vuelto a ser Battosai.

Dio un paso atrás, con el cuerpo entumecido a causa de la tensión. Sentía su propio latido en sus oídos junto con un fuerte pitido. De pronto, todo se volvió negro.

Kaoru cerró los ojos con fuerza cuando vio caer al hombre frente a ella de forma pesada contra el suelo. Todo su cuerpo había quedado desmadejado, como si realmente acabara de morir ante sus ojos. Asustada, se obligó a moverse. Se acercó al extraño y lo tocó con la punta del pie. No hubo respuesta.

Si le explicara a alguien que un ladrón había entrado en su casa, vestido como antaño, lleno de sangre y se había desmayado ante ella, no se lo creerían. Por qué solo se había desmayado… ¿verdad? Se puso azul de golpe. ¿Y si estaba muerto? Ella nunca había visto un muerto antes… ¡Y en su casa! Eso no le podía estar pasando…

Se agachó junto al sujeto y le dio la vuelta, dejándolo boca arriba. Con manos temblorosas, intentó encontrar el pulso del hombre. - Gracias… gracias buda, gracias. - No estaba muerto, tenía pulso. Corrió escaleras arriba en busca de su botiquín y bajó corriendo. Quizá fuera un ladrón, quizá fuera un asesino a juzgar por la sangre de su espada, o quizá fuera un loco que acababa de escapar de un psiquiátrico, pero no podía dejarlo allí en ese estado.

Cogió un poco de alcohol y unas gasas y empezó a limpiar su rostro. Bajo toda esa mugre, apareció una piel blanca y perfecta, sin impurezas, a excepción de dos grandes cicatrices que cubrían toda su mejilla izquierda y que se entrecruzaban formando una cruz. Sus rasgos eran finos y delicados, casi como los de una mujer, pero la tensión de su mandíbula, la expresión de su cara incluso desmayado y las anchas cejas lo hacían ver extremadamente varonil.

No pudo evitar apartar la gasa y deslizar su dedo índice por la marca que surcaba su cara, y que, estaba segura, debía dolerle muchísimo, ya que parecía no estar bien cicatrizada del todo. Era rugosa al tacto y quemaba.

Observó atentamente el resto del cuerpo del hombre. Estaba sucio y descuidado. Pensó en llamar a una ambulancia, al fin y al cabo lo que menos le interesaba era que ese tipo despertara y quisiera matarla… Pero algo en su interior le decía que no podía hacerlo, y hacía mucho tiempo que había aprendido que de nada servía ir contra sus impulsos. Suspiró cansinamente y pensó. No podía dejarlo en el suelo.

Se levantó y tiró de él hasta el sofá. Agradecía enormemente los entrenamientos con su padre, gracias a ellos tenía una fuerza considerable para ser mujer y aunque el chico no era muy alto ni robusto, era sin duda pesado.

Hizo una mueca. No podía subirlo al sofá con toda esa suciedad… No pensaba manchar su casa ni siquiera por un tío medio muerto. Corrió hasta la cocina, se hizo con una palangana con agua, algunas toallas y volvió al salón, donde se arremangó y se agachó junto al hombre.

Un poco avergonzada a causa de lo que estaba a punto de hacer, empezó a deslizar el Gi hacia un lado, dejando a la vista un torso delgado aunque fuertemente fibrado. Mojó una de las toallas en agua caliente y empezó a limpiar.

Kenshin abrió los ojos despacio. Estaba tendido sobre algo mullido y cómodo. Se tocó los brazos, vendados… Frunció el ceño y miró hacia abajo. Estaba tapado con alguna especie de cobertor y sentía el cuerpo caliente y relajado. Se miró las manos, limpias, sin restos de sangre. Poco a poco, se fue incorporando hasta quedar sentado y su ceño se intensificó más. Recordaba vagamente haber estado en ese sitio… Había aparecido allí y después… Abrió los ojos como platos ante el recuerdo y se levantó de golpe, haciendo que la manta se deslizara por su cuerpo hasta caer al suelo.

— ¡Kaoru!

Kaoru, que había estado entretenida mirando la extraña espada que portaba el tipo, dió un respingo ante el grito y corrió hacia él. Quedaron uno delante del otro, mirándose aturdidos sin tener nada que ver el aturdimiento de uno con el del otro.

Kenshin la miraba estupefacto porque ahí estaba… Kaoru, viva, frente a él, después de un sinfín de batallas. No podía decir cuánto tiempo había pasado porque de dónde venía no había día y tan solo tenía la vaga sensación de las horas que pasaban mientras él peleaba casi sin descanso.

Kaoru, en cambio, no podía dejar de admirar el cuerpo desnudo del chico. Mientras lo había estado aseando se había dado cuenta de que era musculoso y fuerte. Todo su pecho, sus brazos, espalda y piernas estaban llenos de antiguas y nuevas cicatrices, pero ninguna era tan brutal como la de la cara. Sus manos eran grandes a pesar de ser en general delgado y… no solo sus manos eran grandes. Fijó su vista casi de forma instintiva en su miembro y se puso como un tomate. ¡Eso era desproporcionado!

— ¿Qué haces con mi espada?

La pelinegra se puso más roja si era posible y sacudió la cabeza. - Tenía que limpiarte y…

Kenshin la interrumpió, esbozando una tensa sonrisa, casi divertido con la situación.

— No… Kaoru, me refiero a mi katana. ¿Qué haces con mi katana?

Kaoru cayó de pronto en la cuenta de que se refería a la espada de verdad y no a su miembro el cual parecía estar bastante alegre de verla y tuvo ganas de que se la tragara la tierra.

— Yo… solo la miraba. ¿Por qué llevas una espada?¿Y por qué tiene el filo del revés?

Era absurda toda esa situación. Tenía a un extraño en su casa, desnudo, venido de no sabía dónde, y todo lo que se le ocurría era preguntarle por la katana.

— Tú ya sabes por qué llevo esa espada, Kaoru.

Y ahí volvía de nuevo a hablarle como si fueran conocidos de toda la vida… Lo vio dar un paso hacia ella y por inercia, lo apuntó con la espada.

— Quieto desconocido. Un paso más y no dudaré en usar contigo tu propia espada.

Kenshin alzó una ceja. ¿Desconocido? ¿Usar con él su propia espada?

— Kaoru… soy yo.

Que pesado era ese tío. Era él… sí, pero ella no sabía quién era él. Apretó con más fuerza la espada en la mano y empezó a temblar como una hoja cuando él se acercó unos pasos más. Demasiado cerca…

Kenshin negó con la cabeza, cerrando el espacio que los separaba y le quitó la katana de las manos con un rápido movimiento. Seguidamente, la lanzó sobre el sofá y quedó cara a cara frente a ella.

— Si fueras a usar la espada contra mí no me habrías curado. Has perdido facultades, Kaoru. Y ahora… dime, ¿qué hacemos aquí?

Kenshin sentía ganas de abrazarla. Su olor lo estaba volviendo loco, su cercanía era mucho más de lo que podía soportar. Verla bien y viva frente a él… Había sufrido tanto con su pérdida… Pero ella parecía no recordarlo y ese lugar en el que estaban…

— Es mi casa.- O ese hombre era tonto, o realmente estaba loco. Kaoru no entendía nada de lo que estaba pasando. - Ahora en serio, deja de jugar - Se alejó un paso de él - ¿Quién eres?

Kenshin frunció el ceño. Al parecer era verdad que no lo recordaba a juzgar por la sinceridad en el tono que empleaba.

— Soy Kenshin. Kenshin Himura… ¿No me recuerdas, ¿verdad?

Kaoru negó con la cabeza despacio aunque estaba segura de que, de haberse cruzado con un tipo así alguna vez en su vida, no lograría olvidarlo.

— Te estas confundiendo de Kaoru. No soy la que tu buscas.

Kenshin estaba bastante seguro de cuan equivocada estaba ella. Era su Kaoru, la viva imagen, el mismo olor, el mismo nombre… aunque no se comportaba como ella, él sabía que era ella. No podía ser otra. Las casualidades no existían. Aún así, ella estaba siendo sincera y ese sitio en el que estaban…

— ¿Dónde estamos? Sí… - la cortó al ver que iba a saltar de nuevo - en tu casa, pero ¿dónde?

Santo buda que ese tipo había perdido pero bien la cabeza… Y ella tenía que ir a encontrarse con todos los locos siempre.

— En Tokio.

Más confundido aún que antes, Kenshin miró alrededor. Tenía que haberse dado un buen golpe en la cabeza. ¿Eso era Tokio? Caminó alrededor, observando cada detalle para ver si algo allí le resultaba mínimamente familiar. Su corazón se paró de golpe al ver la fecha en el calendario. Enero de 2017… ¡2017! Eso tenía que ser una broma…

— ¿Cómo puede ser posible?

Kaoru vio cómo el hombre se desplomaba ante ella y se sentaba en el suelo, abatido, escondiendo la cara entre los mechones de su aún, sucio pelo. Sintió lástima. El tipo parecía estar realmente perdido. Se sentó a su lado casi por inercia y cuando él la miró, la dejó perpleja. Nunca había visto tanto sentimiento en una sola mirada. El ámbar era aún más intenso que antes.

— La última vez que comprobé la fecha… era un 23 de Junio de 1880…

No había engaño en eso. Ambos sabían que el otro decía la verdad y entonces Kaoru cayó en la cuenta. Fue a buscar la Caja de Pandora con la que habían estado jugando Misao y ella y se dispuso a contarle toda la historia a Kenshin.

Cuando terminó su relato, Kenshin parecía más calmado, sus ojos habían dejado de emitir ese fulgor extraño y observaba atento la caja mientras deslizaba los dedos sobre ella.

— Han pasado ciento treinta y siete años…

Y al fin había logrado escapar de ese lugar. Creyó que jamás lo conseguiría… y había sido Kaoru quién lo había liberado. La miró. Aun cuando su cuerpo, su mirada, su olor… todo era el mismo, algo le decía que no eran la misma persona. Esta Kaoru no cargaba con las responsabilidades de la época ni con las muertes a causa de la guerra. Era más infantil, más… inocente, sin contar con que no tenía ni idea de sujetar una espada.

Kaoru por su parte no podía creer lo que sus ojos veían pero no había otra explicación posible. Su juego alocado con Misao había resultado ser verdad y tenía frente a ella la prueba viviente… ¿Qué hacía con él? No podía echarlo porque eso sería como mandarlo directamente a la muerte. Él no conocía ese mundo y ella no era tan cruel. Con un suspiro pesado, decidió, que tendría que hacerse cargo de ese tipo. Ella lo había traído y ella tenía que responsabilizarse. Se levantó.

— Bueno, como parece que voy a tener que hacerme cargo de ti - Kenshin frunció el ceño ante eso, confundido - Será mejor que te des una ducha para acabar de limpiarte mientras yo busco algo de ropa que puedas ponerte.

Kenshin no sabía si debía obedecer, pero si algo tenía claro era que quería mantenerse cerca de Kaoru. Quería averiguar todo sobre ella. ¿Por qué estaba en esa época? ¿Por qué era exactamente igual y a la vez tan distinta? Todo su vida había sido un asesino, ella había sido la única que había aportado luz a su vida. Verla de nuevo era un regalo que aunque no se lo merecía, no pensaba desaprovechar.

La siguió hasta el baño, donde había toda clase de artilugios extraños y la escuchó atentamente mientras ella le explicaba como funcionaba todo.

— Si giras el grifo hacia la derecha es agua fría, si lo giras hacia la izquierda agua caliente. Aquí tienes el jabón y el champú y cuando termines… - Miró como Kaoru se movía de forma segura por la estancia - Te puedes secar con estas toallas. Tienes el pelo muy largo… mmm… - La observó sacar una caja de un armario. - Esto se llama secador. - Frunció el ceño, ¿secador? - Es para secar el pelo. Lo enchufas aquí - Le mostró cómo tenía que meter la extraña cuerda del artilugio en unos agujeros en la pared donde parecía encajar perfectamente. - Y seguidamente aprietas este botón. - Dio un salto hacia atrás, poniéndose en guardia cuando el artilugio empezó a hacer ruido. Al ver que ella no se asustaba y más bien se reía de él, se acercó despacio, poniendo la mano delante y notando como el aparato soltaba aire caliente. Bastante agradable… - El peine lo tienes aquí. - Y después de toda esa cantidad de información en pocos segundos, Kaoru se marchó, dejándolo solo ante el peligro.

Kaoru no podía parar de reír mientras escuchaba como Kenshin se peleaba con el grifo de la ducha y con todo lo que tenía alrededor, aunque, siendo sincera, sentía lástima. Tenía que ser muy duro aparecer de pronto en una época en la que no concias nada. Si fuera al revés, ella estaría aterrada, pero él solo se mostraba saludablemente molesto.

Aprovechó que estaba sola unos minutos para coger el teléfono y llamar a Misao, que contestó con voz soñolienta.

— ¿Kaoru? ¿Qué pasa? Son las cuatro de la mañana…

Kaoru se quedó sorprendida por la hora. No se había dado cuenta de que era tan tarde, pero sinceramente… le daba igual. Misao la había metido en ese embrollo y Misao tenía que ayudarla a salir de él.

— Houston, tenemos un problema… El conjuro ha funcionado, Misao.

Misao, que estaba tumbada en su cama, tapada hasta la coronilla, se deshizo con rapidez de las mantas y se sentó en la cama, olvidando la hora y la molestia que sentía.

— ¿Cómo dices?

— Qué ha funcionado. Tengo aquí a un tipo que al parecer proviene de 1880. Tendrías que verlo… estaba todo sucio, lleno de sangre. Vestía como los antiguos samurai. ¡Y está lleno de cicatrices!

Misao no podía creer nada de todo eso. Su amiga estaba de broma.

— ¿Y pretendes que me lo crea? Podrías haber esperado a mañana para burlarte de mí, ¿sabes? Tengo que levantarme temprano, trabajo.

Kaoru cogió aire o mataba a su amiga.

— No es ninguna broma. Te estoy diciendo que lo tengo aquí, en mi casa. Lleva una espada japonesa, muy extraña y dice llamarse Himura Kenshin.

Misao frunció el ceño. Su amiga parecía estar siendo sincera y… ¿De qué le sonaba el nombre de Himura Kenshin? Sacudió la cabeza. Si todo eso fuera cierto, habrían liberado todos los males del mundo, no a un samurai en su casa…

— Deja de tomarme el pelo, Kaoru y… - calló de golpe al escuchar una voz masculina al otro lado de la línea del teléfono.

— Kaoru, ¿me decías algo?

A Kaoru estuvo a punto de caérsele el teléfono de las manos cuando vio a Kenshin recién duchado, frente a ella. Su piel era mucho más reluciente que antes, sus ojos más suaves, y el pelo… ¡Santa Madre! era pelirrojo…

— Misao… - tragó saliva antes de seguir hablando - Tengo que colgarte. - Y lo hizo, dejando a una Misao muerta de ganas por saber más.

Kaoru se levantó y se acercó a Kenshin, mirándolo de arriba a abajo. ¡Qué espectáculo! Por su bien, tenía que cubrirlo con algo, ¡ya! Cogió la ropa que solía usar su padre cuando iba a verla y se la plantó sobre el pecho.

— Vistete.

Kenshin frunció el ceño al ver los extraños ropajes que le ofrecía, muy parecidos a los que llevaba ella, y la miró de nuevo.

— ¿Quién es Misao?

Él no había visto a nadie alrededor… El nombre de Misao le sonaba. Se lo había escuchado decir a alguien en el lugar del que procedía.

— Una amiga. Hablaba con ella por teléfono.

Kenshin frunció aún más el ceño. Había visto algún teléfono en su vida… pero no se parecía en nada al que ella tenía en la mano. Encogiéndose de hombros, empezó a vestirse y Kaoru tuvo que hacer un gran esfuerzo para no perder la paciencia mientras le enseñaba cómo tenía que colocarse la ropa.

Kaoru le mostró a Kenshin dónde podía dormir y seguidamente se fue a su cuarto. Tenía que dormir… si es que era capaz de hacerlo.

Kenshin se sentó despacio en la cama de estilo occidental de la habitación de huéspedes y por primera vez en toda esa noche, pensó en los acontecimientos vividos. No sabía porqué estaba allí exactamente ni cómo habían conseguido esas dos chicas liberarlo, pero no podía dejar de dar vueltas al parecido entre su Kaoru y ésta Kaoru.

Cerró los ojos, acomodando su espada en su hombro y rememoró la primera vez que había visto a Kaoru en su vida.

" 1879, año once de la Era Meiji.

Llevaba diez años vagando.

Hacía poco que había llegado a Tokio y de pronto una chica llena de coraje, con una espada de madera en la mano, lo amenazaba con destrozarlo por haber acabado con la reputación de su escuela, la escuela Kamiya Kasshin. Claro que… él no había sido el que había acabado con su reputación… sino un falso Battosai.

Después de eso, le había ofrecido alojamiento, sin importarle quién fuera él. Sin conocerlo…"

Y en el presente la situación había sido tan parecida… Kaoru lo había amenazado con su propia espada y seguidamente le había permitido tomar un baño y le había conseguido ropa y un lugar dónde descansar.

Era como si estuviera recibiendo un castigo… como si alguien quisiera que pasara de nuevo por lo mismo. O quizá era una segunda oportunidad para poder arreglar todo lo que había hecho mal en el pasado. Quizá… quizá en esta ocasión podía cambiar las cosas.

Se levantó de golpe de la cama y caminó hasta la habitación de Kaoru. Al abrir la puerta, la vio dormida. Su relajado rostro estaba cómodamente apoyado en el cojín y su pelo azabache estaba esparcido por las blancas sábanas. Sin poder remediarlo, se acercó y se metió despacio en la cama, tras ella. La abrazó y pegó a su cuerpo, oliendo su aroma. Por dios… cuánto la había echado de menos...

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Habían pasado unos quince minutos desde que estaba sentada en aquella plaza, mirando las flores sin realmente verlas. Concentrada pensando en todo lo que había pasado aquella madrugada. Despertar con aquel hombre abrazándola mientras dormía complacido, la había dejado desconcertada.

No podía negar, el hombre tenía lo suyo; era guapo a morir, delgado, pero fornido a la vez, portaba un par de ojos que quitaban el aliento y las otras partes de su anatomía... prescindían de comentarios. Enrojeció al recordarlo desnudo. Sus brazos eran calientes y la llenaban de una seguridad que jamas antes habia sentido con nadie. Suspiró. No tenía ni idea de lo que debía hacer de ahora en adelante. Cuando despertó y lo vio dormido, no tardó en desaparecer por temor a dar la cara. Tampoco tuvo voluntad de apartarlo de ella, y eso, fue lo que más la sorprendió.

Salió a buscar pan para el desayuno, llamó a Misao para quedar con ella, y dejó todo listo para cuando su invitado despertara. No quiso llamarlo, pues parecía como si él no hubiera dormido en mucho tiempo. Miró una vez más el reloj de muñeca y cuando elevó la cabeza, encontró su, siempre sonriente, amiga llegando con dos vasos desechables de cappuccino de Starbucks en las manos.

La recién llegada la abrazó antes de entregarle el suyo y ocupar el lugar a su lado en el sillón de la plaza.

— A ver Misao… Explicame ¿por qué aquí y no en tu trabajo?

La muchacha casi se atragantó con la pregunta y tras pensar de forma rápida, contestó con una sonrisa forzada.

— Aquí es más tranquilo y silencioso, podemos hablar con más tranquilidad. Allí hay demasiado movimiento.

Kaoru no se lo creyó ni por un segundo, pero pensó que no era el momento adecuado para discutir eso. Volvió a mirar a su amiga y cambió de tema.

— ¿Averiguaste algo?

— ¿Ahora si crees que existe la magia? - Sonrió Misao, altanera.

— No tengo otra alternativa, por más que me parezca totalmente ilógico. - suspiró.

— Más ilógico aún te va parecer ahora. Sí, averigüé, y el tipo es alguien muy importante del pasado. ¡Es Battousai! - Encaró a su amiga en espera de alguna reacción.

Kaoru abrió enormemente los ojos y la boca de la sorpresa, cosa que Misao interpretó por su noticia, luego perdió su amplia sonrisa cuando escuchó a la de ojos zarcos contestar.

— ¿Quién es Battousai? - Pestañeó, mirando a Misao.

— ¿No te acuerdas de la leyenda de Battousai? Es el mayor samurai de toda la era Tokugawa... - Kaoru empezó a recordar la historia que escuchó una vez a su profesor narrar en una clase sobre leyendas. - Entonces… Ese... - Misao no supo cómo interpretar la cara de su amiga. - Dicen que después de la guerra del Toba-Fushimi, desapareció. Otros dicen que lo mató el propio gobierno y otros, para sentirse poderosos guerreros, dicen que ellos mismos acabaron con su vida. Pero nadie pudo comprobar nada.

— A bueno… Y ¿cómo sabes que es él? - Kaoru se mostró ahora más atenta que antes.

— Por su nombre. Algunos dicen que su verdadero nombre era Himura Kenshin. La fecha también coincide, entonces… Sólo puede ser él. - Concluyó.

Kaoru caviló la información y encontró sentido en ella, luego se levantó y Misao la imitó.

— Tengo que volver. Él está completamente perdido, no tiene idea de dónde está parado.

La de ojos verdes la agarró del brazo, obligándola a mirarla.

— Kaoru, ya te paraste a pensar que si él salió de la caja de Pandora... ¿es uno de los males del mundo? - Miró a su amiga expectante.

La de ojos zarcos la observó con confusión y luego empezo a reir.

— Ay Misao, ¿de dónde sacas esas cosas?

— ¿Deberás, Kaoru? Después de todo eso, ¿aun dudas de mi?

Kaoru tuvo que darle la razón en eso, y, más confundida que antes, se vio obligada a callar. Su amiga estaba en lo correcto, ya no podía dudar de nada de todo eso. Pero, ¿un mal del mundo? No. Kenshin parecía alguien tan dulce y gentil... No podía verlo como un mal. Volvió a enfocar su mirada en su amiga quien la observaba con atención.

— No creo que haya algo de mal en él. - Contestó decidida.

— Eso, amiga mía, lo descubriremos. ¡Vamos! - Tiró del brazo de Kaoru mientra caminaba.

— ¿A dónde nos vamos? - Respondió incrédula la de ojos índigo.

— A tu casa, a conocer el famoso espadachín. - Sonrió divertida Misao, como si todo eso fuera una aventura.

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Kenshin despertó con la luz del sol calentando su rostro y sonrió de placer. Hacía ciento treinta y siete años que no sentía la luz del sol en su piel. Era como un sueño hecho realidad.

Abrió los ojos y miró alrededor, frunciendo el ceño. Poco a poco, las imágenes de la noche anterior vinieron a su mente. Esa casa… Tokio… la libertad, y por supuesto, Kaoru.

— Una segunda oportunidad… - Se repitió para él mismo.

Miró hacia un lado, esperando encontrar a la mujer, pero solo estaba la forma de su cuerpo en esa cómoda cama y el olor del jazmín impregnando las sábanas. Asustado, se levantó como un poseso y bajó las escaleras de la casa hasta toparse con una puerta que se abría.

Misao y Kaoru entraron a la casa, aún haciendo especulaciones sobre la procedencia de Kenshin cuando lo vieron allí plantado frente a ellas. Kaoru le sonrió, e iba a darle los buenos días, pero de pronto, una Misao completamente desconocida, se abalanzó como una energumena sobre el pelirrojo.

— ¡Tú! ¿Te crees que puedes aparecer así como así y trastocarnos la vida a todos? ¡¿Quién te has pensado que eres?! Miserable…

Kaoru corrió hacia su amiga, apartandola del pelirrojo que la miraba no demasiado sorprendido ante esa reacción.

— Pero Misao… - la increpó Kaoru - ¿Se puede saber qué demonios te pasa?

Misao seguía tan rabiosa y llena de ira que ni siquiera podía articular dos palabras seguidas. Kaoru buscó la mirada de Kenshin para ver si estaba bien y lo que vio la dejó lívida. Había dolor en esos ojos ambarinos. Mucho dolor.

— ¿Kenshin…?

Kenshin negó con la cabeza, escondiendo la mirada tras su flequillo. Se había temido que pasara eso… por alguna razón que no llegaba a comprender, a Kaoru no le había hecho efecto, pero a esa chica, que parecía ser la amiga de la pelinegra, sí.

— Es la maldición.

Kaoru se lo quedó mirando, estupefacta. ¿Maldición? ¿Qué maldición…?

CONTINUARÁ

Y aquí otro capítulo más finalizado que esperamos que os haya gustado y que os anime a seguir leyendo esta loca historia.

Sin más que añadir… El reto del capítulo:

¿Por qué pensáis que Kenshin acabó metido en la Caja de Pandora?

Y los regalos que proponemos si adivináis el reto, a escoger, son:

1 - Colaboración en algún fic.

2 - Oneshot con las parejas y el tema que se desee.

3 - Dibujo personalizado de los personajes que se deseen.

4 - Fondo de pantalla para PC con los personajes que se deseen.

5 - Fondo de pantalla para móvil con los personajes que se deseen.

6 - Portada para tu fic.

¡Vamos que lo regalamos! A ver quién acierta.