-Niichan…-
Edward Elric abrió los ojos de golpe dando un pequeño sobresalto al darse cuenta que se había dormido sobre el escritorio y que ahora, su hermano, con la forma de aquella armadura y su superior, el alquimista de la flama, al lado de este, levantando una ceja curioso.
-Te quedaste dormido niichan…-
-Lo siento…-
-Deberías descansar más niichan…-
Una voz suave, diferente a todas las que Edward recordaba últimamente llegó a sus oídos, girándose lentamente, sin poder creerlo.
-…Yue… ¡Yue!-
Desde el umbral de la puerta, le observaba un joven de su edad, cabellos largos y platinados que le llegaban por debajo de la cintura, ojos de un suave color lavanda y un rostro angelical, andrógino adornado con una bella y dulce sonrisa. Su vestimenta era el uniforme reglamentario militar color azul, y encima de este traía un abrigo parecido al de Edward solo que este era blanco y en la espalda llevaba una luna creciente dentro de una estrella de ocho puntas en color azul claro.
La reacción fue instantánea, como pocas veces el mayor de los hermanos Elric se abalanzó y abrasó a esa persona feliz y a su vez fueron ambos adolecentes abrazados por la armadura que era ahora Alphonse.
-Siento no haber llegado antes… pero el taisa no me dejaba volver de la misión...- el platinado le hecho una miradita acusadora a su superior.
Por otro lado Mustang miraba divertido la escena, si tenía conocimiento de que aquellos tres jóvenes y su cercanía y amistad… y también tenían presente aquel recuerdo de años atrás en una enfermería a media noche.
-Tengo entendido que Yue acaba de ser aceptado como alquimista estatal…-
El doctor, con su cabello platinado y cubriéndole un lado de la cara analizaba con cuidado al taisa mientras vendaba una herida de bala hecha horas atrás.
-Debe estar orgulloso de su hijo…-
-Lo estoy... claro que si... yo he sido su maestro…-
Los vendajes apretaron el pecho del pelinegro haciendo que esos ojos oscuros se clavasen en los del doctor.
-Debe prometerme Taisa...- dijo en un susurro peligroso – Que Yue no estará cerca de Edward y Alphonse… hasta que yo le indique que no hay peligro... de lo contrario...-
La presión se volvió más fuerte, tanto que la sangre de la herida empezó a formar una flor escarlata en el blanco paño.
-Ya no quedará pueblo, ni habitantes, ni siquiera tierra que proteger...-
Así como la presión había empezado, se detuvo, dejando respirar de nuevo al pelinegro en aquella muda promesa.
-Bienvenido Tsukishiro- le dedico esa sonrisa de orgullo que tenía para todo su equipo mientras el albino se soltaba suavemente del abraso acariciando la mejilla de la armadura y mirándole con cariño, un "buscaremos la solución a esto" silencioso pero que Alphonse entendió, después de todo, se había criado junto al albino.
-Me alegra por fin poder llegar y que ustedes estén, cada vez que regresaba en alguna misión el taisa les enviaba a la otra punta del país, y así todos estos años, pero... pero... no veía la hora de poder encontrarlos…-
Estaba feliz, demasiado feliz de al fin reencontrarse con sus dos hermanos, su única familia ya que no consideraba familia a aquel platinado, frio y cruel que le entrenaba y se hacía llamar su padre, para nada, su familia eran Edward y Alphonse Elric.
-Yue… - la teniente rubia le sonreía de forma cariñosa, bueno después de todo ella se había encargado de velar por el chiquillo mientras que Mustang velaba por los dos hermanos Elric, por lo que le tenía cierto aprecio al joven – No te entretengas tienes trabajo..-
Le entregó una carpeta y el chico no tardó en abrirla y fruncir ligeramente el seño.
-Vaya…-
-Como primera instancia deben dirigirse a la mansión Noir, él les dará lo necesario-
- ¿Deben?-
-Así es, ustedes dos lo acompañaran…-
Yue sonrió feliz, Al parecía animado pero Edward no tanto, quizás… solo quizás el rubio quería quedarse cerca de su superior… pero eso nadie podía saberlo, por lo que carraspeo y asintió, tomando la carpeta de Yue y leerla.
-Desaparición de adolecentes… -
Yue asintió serio mientras entrelazaba sus delicados y finos dedos con los de la armadura.
-Vamos onichan, niichan… no debemos perder tiempo…-
Los tres desaparecieron rumbo a la estación de trenes ante la mirada fija del pelinegro.
-Joo… no he llegado a saludar a Yue…-
Roy apenas si movió su mirada y el poso en su rubio subordinado para luego ver a los tres jóvenes alejarse y desaparecer, reprimiendo el impulso de correr y aferrar al mayor de los Elric… impulso desconocido, reprimido y casi ignorado por el pelinegro que no iba a permitirse jamás aceptar aquellos sentimientos potencialmente peligrosos.
-Tendrás tiempo luego... esta vez ha llegado para quedarse-
Ya tenía el permiso del alquimista blanco para que los tres amigos se reuniesen al fin…
Y así es como comienza esta historia, la llegada del Alquimista Lunar...
